Todos los personajes pertenecen a J.K. Rowling.

Capítulo XIII: Una verdadera segunda oportunidad.

—¡Lo consiguió!

Minerva McGonagall entró al despacho con una enorme sonrisa. Se paró en seco sin embargo, y recobró la compostura: Kingsley Shakebloot, el ministro de magia, estaba ahí, junto a Harry Potter.

—Buenas tardes, profesora McGonagall—saludó Kingsley con semblante tenso—. Debo suponer por su efusividad que Severus Snape está mejor.

Minerva ser repuso de su euforia inicial y miró al ministro con seriedad.

—Es así, Kingsley. Jessica Nichols consiguió sacarlo de ese lugar y lo más seguro es que lo haya llevado a su casa.

—¿Cómo está, Minerva?—inquirió Dumbledore.

—Bien. Bueno, debe estar hecho un lío por dentro, pero inmediatamente después de escucharla los sortilegios cesaron, tardaron mucho en hablar, y finalmente salieron a la calle. Les lleve el coche.

—Precisamente a eso vengo, profesora—intervino el ministro—. A hablar sobre los sortilegios. Desde que recibimos en el ministerio el aviso del uso de la magia en la casa de la muggle, hay mucho alboroto. Quite la concesión del caso al departamento de Magia Accidental y se lo entregué a Harry. Sin embargo, han hecho preguntas, me temo que si Snape sigue haciendo magia pronto se sabrá que se trata de él.

—Debes evitar eso, Kingsley—dijo Dumbledore—. Por lo menos hasta que Severus quiera venir a hablar conmigo y, por supuesto, decide volver al mundo mágico. Es un hombre inteligente y sé que no hará más magia, sabiendo los riesgos que corre.

—En eso se equivoca, profesor Dumbledore—apuntó Harry—. Hace media hora hizo magia, con su varita. Veo que se la han devuelto—concluyó mirando la cajita de cristal vacía.

—Hemos restaurado el rastro—explicó Kingsley—. No es ilegal teniendo en cuenta el hecho extraordinario de que, según Harry, Snape regresó de entre los muertos.

—Es la verdad, ya te lo expliqué—se defendió el muchacho—. Yo mismo vi que Snape murió, puedes preguntarle a Ron y a Hermione, estaban conmigo. Y seamos honestos ¿quién sobrevive a una mordedura de una serpiente como Nagini? Con todo ese veneno y precisamente en la yugular…

—Estoy tentado a hablar con algún inefable—habló el ministro de nuevo—. Sin embargo, eso no es todo. Harry me ha dicho que la policía muggle está investigando quién es Severus Snape. Además, ha interceptado las llamadas del aparato telefónico de Jessica Nichols. Muchas de ellas pertenecen a una tal doctora Tibbins, la última no dejaba lugar a dudas de que se presentaría en la casa de esa mujer para comprobar el estado físico y mental de su paciente. Entiendan que con todo este suceso el Estatuto de Secreto corre peligro.

—No podemos permitir que vean a Severus ahora. Puedo ir inmediatamente a modificarle la memoria a la doctora Tibbins. Y al investigador, y al tipo que quiere expropiar la casa de Severus…

—Tranquilícese, profesora—dijo serenamente el ex auror de raza negra a Minerva—. Harry se encargará de todo eso.

—Así que sólo nos queda esperar que Snape quiera venir a verlo, profesor—señaló Harry mirando el retrato de Dumbledore.

—Es lo único que espero, mi muchacho.

O—O

Dos días después de que Jessica sacara a Severus de la casa de las Hilanderas, ésta recibió la visita de Clarisse.

La rubia saludó cortesmente al hombre que estaba sentado en la mesa, pero mucha de la confianza y amistad que había surgido entre ella y Severus se esfumó por, lo que Clarisse consideraba, el daño que le estaba haciendo a su mejor amiga.

Para no incomodar a Severus, Jessica invitó a Clarisse a platicar al parque. Conocía de sobra las reacciones de su amiga, y no dudaba que le comenzara a echar una eterna perorata al hombre. Eso era lo que menos necesitaba.

—¡No puedo creer que siga ahí!— exclamó indignada Clarisse en cuanto se sentaron en una de las bancas—. No necesito que me cuentes con pelos y señales lo que ha pasado, pero por tu cara, y la de él, puedo suponer que la bronca estuvo verdaderamente fatal.

—Pues sí— reconoció Jessica—, pero no por las razones que piensas. Sev descubrió su pasado, logró recordar.

Clarisse guardó silencio un instante, verdaderamente sorprendida, pero inmediatamente volvió a hablar:

—¿En serio? Vaya, debió ser muy fuerte para él… para ambos. ¿Me contarás?

Y Jessica asintió. Por supuesto que no le contó que Severus era un mago, tampoco que ella había conocido un mundo extraordinario (¡Qué había visto un verdadero fantasma un retrato que hablaba!). Se las arregló para contarle la verdad a medias, aunque también omitió que el hombre había cometido muchos crímenes. Y Clarisse se conformó con la anacrónica explicación; sabía que Jessica no le estaba contando toda la verdad sobre Sev, pero tampoco podía reprochárselo.

—¡Dios! Pobre hombre… Así que sí estaba enamorado de Lily, debió ser horrible para él cuando ella murió. Aunque, ahora entiendo la nota que salió en el períodico hace una semana.

—¿Qué nota?— inquirió la castaña alarmada.

Clarisse contuvo una sonrisa y sacó de su abrigo un diario doblado, se lo tendió a Jessica y ésta leyó ávidamente la nota que Clarisse le había señalado.

SE VENTILA FRAUDE EN MULTINACIONAL LONDINENSE

El pasado fin de semana se descubrió un fraude en la empresa BigHome. Cuatro arquítectos falsearon los costos de material que serviría para ampliar la fábrica de taladros Grunnings. Vernon Dursley, director de la empresa afectada, señaló como cabecilla del fraude a Michael Brooks, al mando de la construcción …. Brooks, en declaración oficial, hizo énfasis en que no recordaba absolutamente nada y que seguramente sus detractores le estaban tendiendo una trampa. Sin embargo, las pruebas afirman que el material era defectuoso. … Michael Brooks y sus tres compinches esperan sentencia, la que no será menor a cinco años en prisión…

Jessica dejó de leer. No podía alegrarse por el destino de Michael, pero tampoco pudo evitar dejarse seducir por la fuerte carcajada de Clarisse. Si Michael era (en un hecho incréible) sincero y no recordaba nada, eso era seguro porque a Minerva Mcgonagall se le había pasado la mano al hacerlo olvidar.

Clarisse mejoró el ánimo de Jessica y continuaron charlando, hasta que la rubia le contó lo que le había pasado a ella durante esas semanas, y la propuesta que podría cambiar la vida de Jessica una vez más.

O-O

La misma noche en que habían regresado a casa, Severus, en la oscuridad de su habitación y sin poder dormir, recibió la visita de un gato plateado: el patronus de Minerva McGonagall.

"Necesita hablar contigo. Hemos conectado la red flú a casa de Jessica" fue todo lo que dijo la voz de la bruja para segundos después dejar en el suelo, tras su rastro luminoso, una bolsita con lo descubrió después eran polvos flú.

Ahora observaba a través de la ventana, tratando de poner en orden sus ideas. Sabía que ya estaba de más en la casa de Jessica, que aunque ella cumpliera y le cuidara, no podía verlo igual que antes. Nunca sería igual. Lo que no quería era seguir viéndola con miedo, y no era miedo hacía él como mago, sino como persona. No tenía idea de lo que Dumbledore o McGonagall le habrían contado, pero la forma en que lo miraba era desalentadora: decepción.

Sin embargo, la respuesta estaba ahí, en sus manos que jugueteaban con su varita mágica y la bolsita de polvos que atrajo su mirada: Tenía que hablar con Dumbledore.

Con más firmeza finjida que decidida, cogió la bolsita, aferró su varita y bajó hasta quedar frente a la chimenea en la sala. Miró sin ánimo el par de tristes botas navideñas que Jessica había colocado como único adorno en la corniza; extrajo un pellizco de polvos y se adentró agachado en la nada espaciosa hogera. Musito apenas "Hogwarts" y una llamarada de flamas verdes lo envolvió obligándolo a cerrar los ojos.

Cuando el vértiginoso viaje concluyó y fue lanzado hacía el exterior, abrió los ojos para encontrarse de frente con la directora del colegio.

—¡Severus Snape! Era ya hora de que te aparecieras— le recriminó la enérgica mujer con su invariable gesto ceñudo. Sin embargo, no tardó ni dos segundo para cambiar su expresión por una débil sonrisa—. Te ves mucho mejor que la última vez que te vi. Adelante, él te espera.

Severus vio cómo McGonagall salía del despacho, para enseguida posar la vista en el retrato de Albus Dumbledore, que le miraba… emocionado, no podía definirlo de otra manera.

Los retratos de los demás directores abrieron los ojos, como hacían cada vez que algo importante sucedía.

Adelantó sus pasos hasta llegar frente al anciano tras el marco, y al ver que Dumbledore iba a decir algo, se adelentó:

—¿Qué le dijeron?— preguntó dejando a Dumbledore confundido—. No espere que venga aquí para ser inmolado, porque ni lo merezco ni lo necesito. Sólo quiero saber qué fue lo que dijeron a ella, porque cuando me vaya de su lado, quiero hacerlo con la tranquilidad de que me odia porque sabe lo que en verdad fui, y no tenga en la memoria un retrato ínequivoco.

Dumbledore se sorprendió con aquellas palabras. Severus Snape, después de tantos años, volvía a demostrar sus sentimientos. Y lo que era mejor: volvía a estar enamorado. Debía dejar las palabras de alivio que había estado meditando mientras esperaba a Severus para más tarde.

—¿Ella te odia?—inquirió escéptico mientras adoptaba su típica pose de mirarlo a los ojos fijamente y cruzar las yemas de sus dedos.

—Me teme. Y no es porque tenga esto—aclaró Severus mostrándo su varita—. Supongo que se regodearon al contarle que su pobre Sev había sido un ser despreciable cuando vivía aquí…

—Te equivocas— interrumpió el anciano—. Todo lo que ella sabe sobre Severus Snape lo ha leído de la mano de Rita Skeeter. Por tu expresión deduzco que no te ha contado que descubrió que eras un mago mucho antes que tú mismo.

"Yo tuve el atrevimiento de contarle algo más sustancial sobre ti, cosas mucho más importantes para que pudiera comprenderte. No te teme, simplemente no te conoce realmente, porque tú no lo has querido. Mucho menos te odia, prueba máxima es que no te ha abandonado, ni huyó de ti cuando tuvo la oportunidad.

Todas las palabras que Severus hubiera querido decirle al viejo metiche se fueron al carajo. Jessica había descubierto antes… ¿Por qué no se lo había dicho?

—Me alegra sinceramente que hayas podido volver a amar, Severus. Pero me alegra más que no te hayamos perdido durante la batalla de Hogwarts, que pudieras cumplir tu promesa y demostrarle a Harry lo que tenía que hacer.

Severus quedó desarmado, se desplomó con hastío en el asiento directivo que ocupara durante el tormentoso año que ocupo el puesto. Miró la espada de Grodic Gryffindor, tan brillante como siempre, bajo el dorado marco de su interlocutor.

—¿Qué ocurrió?— atinó a preguntar.

Dumbledore le contó los detalles que se había perdido. Severus rodaba los ojos cuando le hablaba del valiente Harry Potter y sus inseparables amiguitos. Aunque en su interior, cosa que jamás reconocería, se alegraba de lo que había pasado.

—El único misterio que nos queda por resolver eres tú.

Severus miró adustamente a Dumbledore.

—Yo tampoco lo sé. No sé por qué estoy con vida, no sé por qué no me estoy pudriendo en el infierno.

—Tal vez, Severus, lo que sientes ahora tenga algo que ver. Quizás sea una consecuencia directa de lo que hiciste antes de morir…

—No lo merezco—cortó el pelinegro con amargura.

—Una vez pediste una segunda oportunidad. Puede ser que ésta sea tu verdadera segunda oportunidad. Vives, sientes, vuelves a aprender, a ser un humano digno. ¿Qué más mágia y milagro pides? Ya no te preguntes por qué estás vivo, lo estás y es lo que importa. Sé feliz, sé todo lo feliz que no pudiste ser antes. No la dejes ir y no te alejes de ella, porque más no se te dará. No sólo es una oportunidad de vida, Severus, aprovecha todo lo que ella conlleva.

Ambos guardaron silencio por un buen rato. La confusión de Severus había menguado. Dumbledore, como casi siempre, tenía razón ¿Ya qué más daba el por qué? Importaba el ahora. Y por primera vez desde que Albus Dumbledore conoció a Severus Snape, le vio sonreír, sonreír sinceramente, sin esa nube de rencor y dolor en sus ojos. Lo vio, por primera vez, con su alma intacta.

—¿Le digo a Minerva que llame al ministro y a la prensa?—preguntó Dumbledore.

Severus se levantó del asiento y caminó hasta quedar frente al ventanal, desde donde apreció, con toda la belleza que poseían, los imponentes terrenos de Hogwarts cubiertos por la espesa nieve invernal. Suspiró largamente y al fin volvió el rostro hacía Dumbledore.

—Necesito hablar con ella.

Cuando McGonagall se adentró al despacho, Severus la miró con respeto.

—¿Te encuentras bien?—inquirió la bruja, pensando que Albus había terminado por volverlo loco.

—Necesito pedirle un par de favores. El primero, que me ayude a sacar todo el dinero que tengo en Gringotts, y cambiarlo por libras… dinero muggle. Lo segundo, quiero dar un paseo por Hogwarts, sin la interrupción de nadie.

McGonagall entrecerró los ojos, pero al fin accedió a las extrañas peticiones. Después de un rato, y todo dispuesto para que Severus pudiera libremente pasearse por Hogwarts (Había optado por llamar a junta extraordinaria a los profesores, y a encerrarse en las Salas Comunes a los alumnos que quedaban), le miró perderse por el pasillo principal y adentrarse al camino que conducía a las mazmorras.

—No le entiendo…—murmuró cuando hubo vuelto con Dumbledore.

—Se despide, Minerva. Se despide.

McGonagall terminó por comprender: Severus no volvería a Hogwarts, ni al mundo mágico.

Hizo unos cuantas resoluciones vía red flú con el ministro Shakebloot que, muy sorprendido, recibió una escueta respuesta a sus preguntas:

—Severus Snape ha muerto, Kingsley. Publicalo oficialmente.

Y Kingsley Shakebloot, con una incipiente sonrisa, hizo oficial el veredicto en las aras del Ministerio de Magia, al mismo tiempo que la Cámara en Gringotts que había pertenecido a Severus Snape, era vacíada y cambiada por graciosos billetes muggles de altas denominaciones.

Al atardecer, todo el mundo mágico se enteraba de la noticia: Severus Snape era declarado oficialmente muerto, y su recientemente construida tumba en el Cementerio de Hogwarts, era galardonada con la Orden de Merlín 1o Clase.

El único que no recibió con tanta emoción aquella noticia fue Harry Potter (a quién le habían dado la semana libre en el Ministerio para ocuparse de los muggles que acechaban a Snape), que le dedicó una mirada cómplice a Ginny. Snape se había ido, y él no podría agradecerle nada. Otra vez como al principio.

N/A:

Y aquí vengo de nuevo sin intentar dar excusas por la tardanza… Vale, una pequeña: ¡Ya soy Licenciada Dramaturga!! ¡Ujú!

Bueno, no más autoaplausos y ofrezco una sincera disculpa para quienes siguen la historia. Gracias!! Ya nada más faltan dos o tres capítulos (incluyéndo el epílogo), así que ya no es mucho. Si notan algún dedazo o algo así, sorry, pero cambié de ordenador y aún no tiene word.

Miles de besitos y no olviden comentarme qué les ha parecido la resolución de Sev.