Perdonen la demora, es que tenía otras responsabilidades hoy y ahora me doy el tiempo de actualizar ^^; ¡Hola muchachos! Espero que les guste este episodio... la verdad no tengo muchas ganas de hablar ahora, ya que estoy pasándola genial en un musical de YT (ya saben...), así que subo estoy y me pongo los auriculares y chau xDDDD... Nah... mentira, pero ya estoy cansada y eso... Así que empecemos y terminemos de una vez xD
El Código Maestro
Capítulo XI
El cabello verde del joven se mimetizaba entre el follaje de la vegetación en los suburbios de la Gran Manzana. Ferb corrió varias cuadras sin que nadie percatara su presencia. Se impresionó de la vastedad de la enorme metrópolis mundial. Con sigiles cruzó calles y autopistas, unas tan tranquilas y en otras los autos eran conducidos como un enjambre de abejas saliendo de un panal.
Iban a ser las doce del mediodía, cuando se detuvo para respirar cerca de un semáforo en rojo. Mientras recuperaba aire, oculto entre los arbustos para evitar sospechas vio como varios vehículos y medios de transporte se detenían dejando pasar los peatones.
Con su oído agudo, prestó atención, al oír que cerca de allí el sonido de que alguien golpeaba algo repetidas veces. Curioso levantó la vista y vio como el portaequipaje de un carro negro se levantaba y se cerraba como si fuera por fuerza voluntaria.
Todavía no apartaba la mirada, cuando el semáforo dio en verde y el vehículo retornó su marcha, en dirección del inminente Empire State.
Viendo como se alejaba cada vez más, para luego doblar en una curva, empujó a un niño menor que él con su bicicleta a su escondite.
- ¡Niño! Dame tu bicicleta…
- ¡Si lo haces le diré a mi mamá!
- Eh… eh… entonces… -Ferb revisó el bolsillo de su pantalón, sacando unos pocos billetes –Te doy 10 dólares por tu bicicleta –el pequeño miró con desconfianza el dinero. El peliverde volvió a meter la mano -¿Qué más quiere que te dé? ¡Solo tengo este chicle…!
No alcanzó a terminar la oración, porque el niño le arrebató el caramelo y se alejó corriendo de ahí, sin su bicicleta y sin aceptar los dólares que le había ofrecido Ferb.
Confundido, se montó en la bicicleta, y siguiendo al auto pedaleando en un parque. Todavía alcazaba a ver como la tapa del portaequipaje se elevaba y sacudía.
Ya después de un largo trecho recorrido, el carro se estacionó en el edificio que justo el chico había adivinado. Poderoso e imperioso, se alzaba a las cabezas de todos los neoyorkinos el famoso edificio Empire State. Ferb había oído mucho de aquella construcción, aunque sería normal que él pensara que el que había construido con su hermano era mil veces más grande y mejor que aquella pequeñez tan insignificante, se sintió tan admirado por la descomunal edificación, que había servido de meta e inspiración para ambos.
Dejando de lado el asombro, corrió directamente al portaequipaje del automóvil negro cuando sus ocupantes se bajaron de él, levantando la tapa y para su desilusión era solo un gánster amarrado de pies y manos pidiendo auxilio.
- ¡Ups! Lo siento, persona equivocada –se disculpó el chico.
Volvió a cerrarlo, cuando se puso a pensar dónde estaría Isabella. Mientras reflexionaba, se detuvo otro vehículo, idéntico al anterior, también la puerta del portaequipaje era golpeado con insistencia. Se bajaron del auto dos personas, ambos le trajeron a la memoria unas cuantas imágenes que solo parecía haber visto en sueños. Luego de una suave migraña las olvidó, realizando la misma operación, abrió con lentitud para no hacer ruido la puerta, y ahí estaba, toda despeinada pero viva, Isabella.
- ¿Ferb? –se impresionó aquella, un poco enceguecida por la luz.
- Isabella…
- ¿Q-qué haces aquí?
Iba a contestar, cuando volvieron las dos personas las cuales iban en el auto. Un señor canoso, robusto y con uniforme aparentemente militar junto a un muchacho, de cabello rojo oscuro y una bata de laboratorio blanca.
Antes que pudiese sacar a la morocha del auto, esta lo empujó, haciendo que la tapa de cerrara de golpe y él tuvo que esconderse nuevamente en un basurero lleno de inmundicia.
- A ver, linda nena. Es hora de dormir con los angelitos –dijo con malicia aquél hombre de cabello blanco, y llenando un pañuelo con un líquido transparente, lo presionó contra la cara de Isabella sin que esta pudiera gritar antes, cayendo profundamente dormida.
- ¡Cloroformo! –gritó con horror Ferb, para error suyo, porque el hombre se volteó buscando quién lo había dicho. ¡Lo había oído! Trató de no hacer ni el más mínimo ruido, ni siquiera respirando, y para su alivio, este no lo descubrió.
- ¡Vamos, Carl! ¡Mete a la mocosuela en el saco!
El interno dudó unos momentos, causando el enojo del mayor.
- ¡Échala aquí!
- P-pero señor… ¿la gente no nos verá?
- ¡Ignorante! Lo que menos se van a dar estos estúpidos será en nosotros, simples forasteros. Esto de gente en portaequipajes se ve aquí todos los días y no hagas más preguntas tontas ¡Obedece!
Resignado, Carl tuvo que obedecer. Cargó a Isabella y la metió en el áspero saco. Monograma se la echó bruscamente al hombro, sin siquiera pensar en la comodidad de la niña.
Ya el grupo ingresó por la entrada. Ferb los siguió silenciosamente por los pasillos, sin llamar la atención de los secuestradores. Atravesando puertas, oficinas, subiendo escaleras y el centenar de pisos hasta llegar al último escalón, era obvio que no habían usado los ascensores para no llamar la atención entre tanta gente. En aquél piso había una especie de bodega, sostenida de columnas de un hierro negro y resistente. Un poco mareado, tal vez por la altura o por la impresión de la estructura, se deslizó entre los pilares para de nuevo esconderse cubriéndose la espalda con uno de ellos
- Ya Carl… aquí es…
- ¿Qué?
- ¡Ayúdame ahora a llevarla hasta la antena!
- O-o sea… ¿está pensando en…?
- ¡La vamos a amarrar con estas cuerdas! –y le lanzó al interno unas sogas. Este quedó perplejo –Veremos si mereces ganar mi puesto cuando me retire… ¡Hazlo, o si no…!
Una vez más, el chico tuvo que hacer todo sin reclamar. Sabía que ordenes de Monograma, eran órdenes, nadie podía contradecir ni una sola palabra que saliera de su boca. Una vez más levantó a Isabella, escalando hasta llegar al límite que tenía el gran edificio, y atrás lo vigilaba el mayor, con mirada amenazadora, cuidando que todo lo hiciera al pie de la letra, sin errores.
El niño peliverde se quedó allí, observando atentamente. Sabía que si se atrevía a enfrentarlos solo, podría salir perdiendo, después de todo, eran dos contra uno, y parecía que el que parecía ser un simple anciano, tenía aires de ser de todo, menos débil, pues su cuerpo maceteado lo demostraba.
- Al menos ya sé la ubicación de Isabella… -dijo para sí mismo Ferb. Invisible como una sombra en la oscuridad, bajó nuevamente las escaleras, para buscar ayuda de Doof o Vanessa, cualquiera de los dos, pero se llevó una sorpresa ya que no tenía en mente solo a una sola persona.
Ya había llegado el muchacho al primer piso, cuando chocó contra alguien y ambos cayeron al suelo. Ferb se sobaba la nariz, aún la sentía adolorida por la pelea con Phineas. Al abrir los ojos, se sorprendió que su mismo hermano se encontrara allí, solo que su nariz estaba doblada por el choque.
- ¿Ferb?
- ¿Phineas? ¿Q-qué haces aquí? ¡Será mejor que vuelvas por donde viniste!
- Hermano, yo solo venía a…
- ¡No me digas hermano! –gritó resentido el peliverde. Este se sintió extraño en decirlo en voz tan alta, ya que nunca le había hablado así a Phin –Esto es asunto mío, así que vete de aquí.
El pelirrojo, un poco abrumado por el modo en que le había gritado su hermanastro, dio media vuelta y caminó solo por la calle, como si fuera un perrito echado de la casa por su dueño. Ferb trató de ser duro, sin ser compasivo. Irónicamente, justo en ese momento se puso a llover, dejando todo empapado a Phineas. Todavía Ferb intentaba no doblegarse, pero la cosa ya llegó al colmo, cuando pasó un taxi por la calle, levantando el agua de un charco y dejando al niño todo lleno de barro y agua.
- ¡Oh, por Dios! Está bien, Phineas. No tienes por qué irte.
- ¿En serio? –exclamó sobresaltado el chico. Entonces dio saltitos de alegría como si fuera un niño pequeño. Corriendo se acercó abrazando a su hermano, sin dejarlo respirar -¡Gracias, Ferb, mil gracias! ¡Fui un tonto en tratarlos así, perdóname por favor!
- Phineas… -trató de hablar el peliverde en un hilo de voz algo delgada.
- ¿Podrías soltarme?
El chico dejó de abrazarlo. Era obvio que había aplicado tanta fuerza que lo había estado ahogando. Avergonzado, bajó la cabeza, mientras Ferb respiraba bocanadas de aire.
- Lo siento, hermano… solo… olvídalo… bueno… ¿estás haciendo?
El muchacho levantó la cabeza para observar a Phineas. Este de desconcertó por la forma en que lo veía su hermanastro.
- ¿Y bien?
- ¿Y bien qué?
- Todavía no me respondes.
Ferb dio un suspiro de cansancio y se apoyó contra un poste de luz.
- Mira Phineas, tal vez nos molestamos por un momento, eso pasa entre los hermano, mas… es mejor que no estés aquí.
- ¿Cómo, cómo? –frunció el ceño Phin –O sea, vine aquí para ayudarte para recibir un "no" por respuesta ¡Eso no lo voy a aceptar!
- Phineas, yo…
- No, Ferb. Ya estoy aquí, verás que no soy el niñito pequeño que era antes. Ya cambié, la gente cambia, tú has cambiado…
- Pero eso no era lo que quería de…
- Primero escúchame, soy tu hermano y estaré contigo en las buenas y en las malas, te guste o no… a menos que no sea tu hermano… eso es lo que me había dicho antes, ¿no?
Para ser Nueva York, un silencio mortal inundó aquél lugar donde se encontraban ambos. Nadie tuvo el valor para decir una palabra, cuando se oyó en la ciudad un grito que parecía provenir de una chica, en la cima del edificio.
- ¡Es Isabella! –dijo Phineas, y se disponía para entrar por la puerta giratoria, cuando Ferb lo echó al suelo con todo su cuerpo aplastándolo encima -¿Qué haces?
- ¡No vayas! –lo sujetaba con fuerza para que no se escapara de él.
- ¡Pero Ferb…!
- ¡Phineas, es por esto que no quiero que vayas! ¡Ya perdimos a Isabella! Si sigues arrebatándote de esta forma, te capturarán como lo hicieron con ella, o peor ¡Terminarían haciéndolo con todos! Así que te quedas aquí, no te muevas. Yo iré a por ella, hasta entonces espera aquí.
- ¡Isabella no es solo tu mejor amiga, también es la mía y no la abandonaré! Sí o sí subiré contigo, por último si no lo hago por ti, lo haré por ella.
- L-lo… lo siento, hermano… pero tendrás que quedarte aquí, es demasiado peligroso…
Dejando desconcertado al pelirrojo, partió de nuevo a subir las aparentes largas escaleras, cuando recordó que estaba el ascensor. Rápidamente se subió a este, que iba subiendo a la velocidad de un rayo varios niveles sin sentirse ni una sensación de vértigo.
"Fue lo correcto en dejar a Phineas fuera de esto… tal vez necesitaba ayuda, pero él no es la persona en la que estaba pensando para recibirla. Al menos creo que ya no estarán esos tipos, y si están… pues… aprovecharé el momento en que se den el más mínimo descuido para rescatar a Isabella" –pensaba Ferb.
Más le valía entonces tener a su hermano a su lado, porque no sabía lo que pasaría cuando llegara a su destino.
Se abrieron las puertas automáticas del ascensor, cuando delante de él estaban Carl y Monograma. Ferb entró en un estado de shock, sin saber qué hacer. Cuando se recuperó, metió su mano en el bolsillo de sus jeans para sacar una peineta oscura, colocándola encima de su barbilla, como simulando un bigote, pensando que era un tonto por haber intentado pasar inadvertido con algo tan insignificante, para su sorpresa, su plan improvisado había funcionado.
- ¡Buenas tardes, señor! –lo saludó el mayor, sin haberse percatado de otro más mínimo detalle del muchacho.
Mas Carl miró desconfiado a Ferb. Al niño le salían gotitas de sudor por los nervios que le causaba pensar en que sería descubierto y delatado. El joven pelirrojo lo observó de pies a cabeza, hasta que en su rostro hubo un gesto de haber sabido quién era, pero en vez de decirle a su jefe, fue indiferente al tema en absoluto.
- Vamos, idiota. Ahora tenemos que cuidar la entrada a ver si vienen –le ordenó Monograma.
- Sí, señor –y antes de salir, se volteó para guiñarle el ojo en señal de suerte.
Al peliverde le dieron unas ganas de morir en ese momento por el susto que había pasado.
Retornando a su misión, volvió a presionar el botón de subida, ya que del miedo, no había podido moverse por la forma en que lo miraba el interno. Ahora que el peligro ya no estaba, con calma esta vez fue elevado por la máquina para llegar a la cima del Empire State.
Al bajarse del ascensor, corrió hasta llegar a la escalinata exterior, que llevaba a la antena que servía de pararrayos al edificio. Había que actuar rápido, algunas nubes se estaban haciendo presentes y el viento norte daban la noticia que se avecinaba una fuerte tormenta, típicas de la Gran Manzana.
Ya junto a la morocha, quien ya había recuperado nuevamente la conciencia y con la boca tapada con un pañuelo (que solo dejaba emitir chillidos), se dispuso a desatarla antes que cayera un relámpago en la antena.
- ¡Agch! –tosía la niña, algo sofocada por la mordaza.
- ¿Estás bien, Isabella?
- Seh, creo que sí…
- OK, entonces levántate y vámonos rápido de…
Antes que pudiera terminar de dar la orden, delante de ellos se levantó la imponente figura de Monograma, seguida por la del becario, quien mostraba en su rostro un gesto de tristeza, por no haber retenido a su jefe el tiempo necesario.
- Ah, ya veo, tú debes ser Ferb Fletcher, ¿no?
El peliverde no respondió nada, solo observó fijamente a los ojos con una mirada de odio. Aún así, él estaba sorprendido que supiera su nombre, además de lo conocido que le parecía ser aquél hombre que no recordaba en dónde podía haberlo visto.
- Sí, sí lo eres; sé quién eres y cómo eres…
- Pero… ¿cómo lo sabes?
- Las respuestas vendrán a su tiempo, pero ustedes no se van de aquí de ninguna manera –entonces sacó de su espalda una pistola y fijó el blanco amenazante sobre Isabella.
- No se atrevería… -desafió Ferb.
- Si no cooperas, será mejor que te despidas de la muchachita...
El joven de doce años se quedó quieto e inmóvil, para no darle ninguna razón al hombre para que disparara y dañara a su mejor amiga…
Continuará...
Awwwwwww, shueñito :'D...
RESPUESTAS!
juli4427: Seh... bastante te demoraste xDDDDDD... ¿En serio crees eso? Se me hace que lo escuché por alguna parte, pero no me acuerdo xDDDD. Y Monograma puede ser un buen villano si se lo propone, por eso lo puse... y sí, tardará demasiado... creo ^^;... y bueno, a la basura el Sicomorfo *lo dibuja en un papel y lo bota en un bote de basura*
Lilian-chan123: ¿Tú? ¿Sicópata? No tanto como yo *risa malévola* y gracias por leer :3
Guest: No, no le pasará nada... ¿o sí? *risa malévola*
Doof-fan: CONI 8D! Jajaja, gracias querida por seguirme :'D, no me siento abandonada... así que te lo agradezco de antemano que me apoyes :), y esa parte también me gustó xDDDD
kuku: Sí, toooooodo es un flashback... todavía no llego a la parte en que el recuerdo termina, así que seguiré lo más que pueda ;)
eduardo: NO, chupa el perro *lalalalalalala* ¡Mentira xDDDD! Maldito Germán que me influye... como sea... no, pensaba en eso, pero creo que eso lo dejaré para otro fic...
vale123456789: Sí, se van a reconciliar, pero muuuuy adelante xDDDD. Como sea... ¡Te extraño hermanita .!
Y aquí termino porque me duele la nuca Dx... buenas noches y espero que duerman bien... con lo aburrido que es este cuento xDDDD
¡Adiós!
