The Perfect Girl
-¿Qué haces aquí?-
-¿No puedo pasearme por el jardín a estas horas?- Habló de manera amable hacia su interlocutor, quien no hizo más que lanzarle una mirada un tanto desconfiada. –No me vas a decir que también tengo prohibido venir por aquí¿verdad?-
-Ah, claro que no. Haz lo que quieras.-
-Si, gracias.-
Por su parte, prosiguió con su tarea de limpiar las ventanas. Anna había establecido una nueva manera de impartir responsabilidades sin tener que armar una comitiva previa. Su idea había sido aplicada con ayuda de las creativas habilidades de Tamao y con los recursos que Pilika adquirió en la papelería que quedaba cruzando el puente. Finalmente, el resultado fue que, después del desayuno, cada quien debía acercarse a la atractiva cajita de cartón en medio del pasillo y sacar un papelito que le diría lo que debía hacer. Si, práctico.
Sin embargo, nadie dijo que sería justo: a Yoh le tocó una semana completa la misma lista de deberes y él ya estaba cansado de tener treparse al techo tan solo para limpiar un tragaluz ya limpio. No era que se quejara tampoco, pero…
Estaba harto.
Por otro lado, los accidentes tampoco se hicieron esperar y Lyserg fue el primero en caer víctima de lo peligroso que es limpiar las ventanas del segundo piso sin una protección adecuada. El chico había caído desde la escalera en la que estaba y, como consecuencia de tremenda caída, se había roto una pierna. Anna, por supuesto, sugirió un arreglo de lo más rústico y rápido pidiendo ayuda a Horokeu, quien era conocido, desde el año pasado, por reparar sus huesos dislocados por su propia cuenta. Si, bueno, el chico le temía a los hospitales y Ren, simplemente, se hacía el delicado.
Pero regresando a la anécdota anterior. Lyserg no había sufrido una fractura común, no; la fractura que le había tocado por pura suerte involucraba su carne y pellejo así que la pobre srta. Anna perdió la oportunidad de dar solución al problema.
-Debiste tener más cuidado, Lys.-
-Lo siento.- Habló el chico. -Pero sucede que me enredé con la escalera y—
-Y el Hoto pudo arreglarte la pierna.-
-¡Pero si se le veía todo el hueso, Anna!- Exclamó Yoh algo alarmado, señalando la ahora enyesada y levantada pierna del peliverde. –Horo Horo no es un especialista, él solo no pudo haber arreglado nada.-
-Igual, la cuenta nos va a salir carísima, Yoh.- La mayoría suspiró mientras Anna se dirigía a un apenado Lyserg. –Genial momento para accidentarte, Peter Pan, no debiste pensar en volar¿sabes?-
-…-
-Annita, creo que mejor nos vamos.-
-Si, lo que sea.- Habló. Luego, miró a Jeanne. –Supongo que querrás quedarte¿verdad?- Le preguntó con su típica actitud sabionda que ya no afectaba a nadie allí presente. Por su parte, la chica de ojos carmesí permaneció en silencio. ¿Quedarse con Lyserg¿Ahora que su—
-Anna, si no es molestia, creo que debería ser yo quién debería quedarse.- Todos voltearon a verla. –He trabajado aquí como voluntaria y sé cómo funciona todo esto.-
-Hmn… es verdad.- Dijo la rubia. –Si Jeanne no se opone…-
-¡No, no! Ella será una mejor compañía que yo.- Exclamó con una sonrisa, lo cual captó la inmediata atención del joven de China. Este entrecerró los ojos durante unos instantes preguntándose si su entusiasta cambio de actitud tenía algo que ver con la preocupación que mostró a verse envuelta en el rollo del cuidado nocturno de Lyserg.
Ren suavizó su expresión y, sin preguntar, se salió de la habitación. Afuera de la misma estaban Horo Horo junto con Hao y su hermana. Habían salido a buscar algo de comer mientras los demás veían al Lys.
-¿Cómo está?- Preguntó el Asakura. Sabía que no había sido grave y que lo tendrían de vuelta en casa en unos días. -¿Ya saben cuándo saldrá?-
-No, pero supongo que le darán de alta el sábado. Sólo son 4 días.-
-Ah, genial.-
-Por cierto, Hao¿puedo hablar contigo?- Mirada a los Usui. –Lo siento, en privado.- Comentó, lo cual provocó que Horokeu quedara con una de sus papitas a medio comer. Pilika sólo lo observó con una ceja elevada. ¿Qué tanto misterio?
-¿En privado?- Repitió Horo, Ren rascó la parte trasera de su cabeza. –A ver, a ver¿por qué tanto misterio, eh?- Atacó de frente, acercándose al más pequeño de los tres. Ren lo observó con algo de aburrimiento y, sin más, se llevó a Hao del brazo a un lugar alejado. El chico abandonado gruñó por lo bajo. -¿Por qué…?-
-Ah, sepa, hermano.-
Ciertamente, Pilika y él eran hermanos, pero la chica era un poco más avispada y había superado con satisfacción su gusto por Ren. Sin embargo, su hermano parecía haberse quedado en el inicio de la carrera de los 100 metros hacia la seguridad y aún se debatía entre avanzar hacia una relación basada en la confianza o estancarse en una relación basada en una amistad de años que no soporta ni una miradita fuera de lugar. Valla, Pilika se sentía tan… afortunada.
Por otro lado, exactamente doblando la esquina de aquel pasillo, Ren detuvo al pelilargo sentándolo en una de las sillas que habían por allí. Hao quedó con su cara de '¿qué mierda te pasa?' mientras el chino se cruzaba de brazos y lo observaba sin decir nada.
-¿Qué mierda te pasa, Ren?- Preguntó. Intentó pararse pero el pie de Ren en su pecho se lo impidió. -¡Bueno! Pero que sea rápido porque aún no entré a ver a mi verdecito.-
-Mi verdecito, mi verdecito…- Pausa para incrementar la fuerza de su pie en el pecho del chico. -¡Eres un cínico, Asakura!- Exclamó. Hao resintió la presión, empujando el pie del chico lejos de él. Este mantuvo el equilibrio.
-¡¿Qué te pasa?!-
-¡¿Cómo que qué me pasa¡¿Pensaste que no me iba a dar cuenta?!-
-¿Ah?-
-¡No te hagas el menso ahora!- Le espetó acercándose al pelilargo. Se apoyó en las abrazaderas de la silla para así acercar su rostro arrugado hacia el suyo. -¿Qué demonios está pasando con la hipócrita de Jeanne?-
-¿Hipócrita¿Jeanne?... ¿Qué?-
Ren apretó los ojos antes de volver a mirar el rostro confuso del muchacho frente a él. Tenía la corazonada de que este pedazo de desperdicio con buen trasero sabía de lo que estaba hablando, pero, al parecer, se hacía el desentendido. Bueno, intentó relajarse para poder exponer su idea de una manera más… apreciable.
-¿Qué te traes con la zorra de las faldas cortas?-
-¿Con Jeanne?- Ah, parece que así si entendió. -¡Yo no tengo nada con ella¡Ni siquiera hablamos!-
-Ah, pues parece que ayer su relación mejoró.- Habló sarcástico mientras se cruzaba de brazos. Hao, por su lado, impuso su expresión confusa y se levantó de la silla en la que estaba. Ren esperó a que se le acercara.
-Ren, sé que Jeanne no te cae bien por lo que sucedió con el Hoto, pero eso no quiere decir que me valla a pasar lo mismo.-
-No me importas tú, me importa Lyserg.- El Asakura enarcó una ceja. –Él aún piensa que es la mujer más dulce y pura sobre la Tierra, pero la realidad es que ¡es un completa perra!- Terminó gritando, captando la atención de algunas personas que transitaban por allí de casualidad. Hao pasó una mano por su cara intentando entender este pequeño escándalo protagonizado por Ren Tao, es decir, nunca pensó que se mostraría así tan… rencoroso y vengativo.
Si, parece que no estuvo en la estancia del padre.
-Verás, no quiero que Lyserg pase por lo que yo.-
-Yo quiero a—
-No lo sé, tampoco sé que es lo que él siente por ti, pero espero que por lo menos la palabra "bien" esté implicada.- Y sin más, se encaminó para reunirse con los demás, al parecer, ya se estaban yendo. Hao Asakura no espero ni un segundo más para llegar hasta el grupo que se conglomeró en la puerta de la habitación del accidentado.
-¿Ya nos vamos?- Preguntó el pelilargo a Anna. Esta asintió.
-Si, pero Tamao se quedará con Lyserg esta noche.-
-Y¡¿porqué yo—
Entonces, Anna lo jaló de la oreja antes de que terminara de reclamar contra la decisión ya tomada.
-Nos vamos, Tamao. Si necesitas algo, sólo llama a casa.-
-Si, no se preocupen.-
Esa misma noche, un par de jóvenes decidió tomar un baño bajo el cielo estrellado en las aguas termales. El ambiente estaba un poco frío y un refrescante pero cálido baño era lo que se necesitaba para liberar tensiones y aflojar los músculos por los esfuerzos de la mañana.
Ren había tenido la idea de hacer aquello, ya que al llegar a casa lo único que consiguió fue una nueva discusión con Hao como consecuencia de su conversación en uno de los pasillos del hospital, unas ganas enormes de partir el cuello de la muy hipócrita de la doncella y una discusión más con su novio Horokeu por el mismo motivo: la conversación con Hao en el hospital.
Estaba cansado y, verdaderamente, no dudaría en mandar al diablo a cualquiera que siquiera lo mirara. Sin embargo, le había pedido al ainu que lo acompañara en ese, probablemente, largo baño. Si bien estaban algo peleados, esta era la ocasión perfecta para arreglar sus siempre tormentosas diferencias y terminar jodiendo en la habitación que compartían.
-Hn…-
-¿Te sientes bien?-
-No, pero eso si se siente bien.- Comentó, luego de aquel murmullo y de la pregunta salida de los labios del peliazul. Se acomodó en el pecho de su novio en cuanto sintió que, por fin, sus músculos habían cedido. Aquellos duros nudos en sus hombros empezaban a deshacerse. –Gracias.- Habló, recibiendo un abrazo por parte del chico que le había impartido algunos masajes prometedores.
-Oye, Ren…-
-¿Quieres hablar otra vez de lo mismo?-
-…-
-¿Quieres saber porqué hablé con el idiota en privado?-
-…-
-¿Quieres saber si tiene que ver contigo?-
-…-
-De acuerdo, te lo diré y la respuesta a la última pregunta es "parcialmente".- Horo Horo se detuvo en lo que hacía: besar suavemente el cuello mojado del chico menor que él. Había hecho lo mismo desde que le habló y a cada una de sus preguntas respondió con una mordida moderada mientras que sus manos viajaban desde sus hombros hasta su abdomen y más allá.
-¿Por qué estabas tan enojado cuando volviste?-
-Todo es culpa de la maldita entrometida de Jeanne.-
-Ah, ella.- Interrumpió el chico. Ren no dijo nada. –Supongo que tiene que ver con lo que sucedió el…-
-Si, el día en que fingió estar ebria solo para coger contigo.-
-…Ja, ja, ja.- Si, no pudo evitar reírse. De pronto, había recordado la muy rabiosa reacción de Ren al verlos a ambos en una situación de lo más comprometedora en la cama de ambos. Casi la mata… -Casi la matas.-
-¡Arg, escucha! El punto aquí es que creo que quiere aprovechar la ausencia de Lyserg para hacer lo mismo con Hao.-
-¿Cómo dices?-
-Eso, lo que oíste; y no me extrañaría que, esta vez, sí llegara a pasar.- Terminó con voz cruda. Horokeu esperó a que su pequeño gatito dijera algo más, ya que, al parecer, la hornilla ya estaba lo suficientemente caliente. –Hao no tiene ni pizca de moral y va a tomar lo que venga, así es.-
-…Pero Hao parece haber cambiado.-
-¿Cómo lo sabes?-
-¿El que esté con Lyserg no es una prueba algo, no sé, 'contundente'?-
-¿Contundente?-
-Si, contundente.-
Ren se giró para verlo a los ojos, los cuales se mostraban tan limpios y sinceros como siempre. Se acercó a su rostro y, apretando su cuello, besó sus labios por unos cuantos segundos. Sonrisa de ambos.
-Esa es mi palabra…-
-o.o.o.o.o.o-
-Entonces, supongo que está bien así.-
-¿Supones?-
-Si, no puedo asegurarte nada, Hao.- Se explicó el chico peliverde mientras terminaba de guardar algo de la ropa limpia que Tamao le había alcanzado. Hao, por su parte, lo había estado esperando en su habitación. –Si bien hemos conversado y llegado a un acuerdo…- Pausa pensar un segundo. –No sé cual valla a ser el resultado de todo esto; sigo estando sorprendido.-
-Inglés¿porqué te complicas tanto?-
-Solo digo lo que pienso, es tu problema si no lo entiendes.-
-…- Hao frunció el ceño antes de chasquear la lengua y, al parecer, rendirse ante las palabras de Lyserg. No habían pasado menos de un día desde que acorraló a Lyserg en uno de los pasillos de la pensión y le dijo que quería salir con él. El pobre aludido casi deja de respirar ante el ataque, pero el beso que le atinó el pelilargo lo devolvió a la vida… parcialmente. Su cerebro aún estaba un tanto atrofiado por el incidente.
-¿Qué decides?-
-Está bien.- Habló al tiempo que se levantaba del dintel de la ventana y se acercaba a la figura de brazos cruzados que lo observaba desde el otro lado de la habitación. Pudo llegar hasta él, estirar una de sus manos y dejar que esta delineara aquel blanco y suave rostro que no hacía más que mirarlo con seriedad. Posó su pulgar sobre sus labios, para luego instar a que los abriera y dejara expeler un poco de aire. Hao sonrió un poco. –Eres tan hermoso, no sé porqué te extraña el que me fije en ti.-
-…- Lyserg apartó la mano de Hao de su rostro antes de que siguiera con las caricias incitadoras. No quería decirlo ni caer tan fácil, pero, desde que vio al sujeto en la pensión, le pareció realmente perturbador, muy atractivo al saberse de su naturaleza cruel. Lyserg se sentía miserable cada vez que lo rechazaba, de verdad.
Fue por eso que, dejando de lado por un minuto sus pasos correctos, decidió tomar entre sus dedos los cabellos largos del muchacho que caían por su pecho hasta llegar casi a su cintura. Muy lindos. Deslizó la yema de sus dedos entre las hebras delgadas, pensando en cómo podían ser tan suaves al tacto. Logró avanzar hasta los mechones que caían sobre su rostro deliberadamente, esperando por alguien que los apartara para rozar la piel que allí estaba.
Si, seguía con una cara seria aunque sus acciones denotaban lo cálido que se sentía en esos momentos.
-No me sorprendería…- Pausa para acercarse un paso. -…que estuvieras mintiendo.- Su nariz rozó la ajena, haciendo previos antes de unir sus labios con los del rostro que tenía frente a él. No pasaron ni dos segundos para que el otro cuerpo lo abrazara con fuerza y lo aplastara contra el armario que él mismo acababa de cerrar.
-¿En qué piensas?-
Hao abrió los ojos al instante que escuchó la voz. Elevó la mirada a lo que parecía ser una figura delgada de cierto individuo del que había sido advertido hace unas horas. Parpadeó para despejarse: al parecer se había quedado dormido.
-¿En qué pensabas?- Repitió, a lo que Hao suspiró.
-No pensaba, estaba dormido.- Le respondió. Jeanne, quien lo había venido observando desde hace unos minutos, sonrió ante su escueta respuesta. Ahora, Hao Asakura se había levantado de su solitario asiento en el pasillo del jardín para empezar a avanzar. -¿Qué quieres?- Le preguntó al sentirla detrás de él.
-Nada, solo pasaba por aquí.-
-Y¿ahora vas a donde yo?-
-Dependiendo a donde vallas, tal vez.-
-…- Hao le lanzó una mirada curiosa por encima del hombro sin dejar de caminar. Pocos segundos bastaron para que llegara a la puerta de la cocina y como no había comido por motivos que implicaban la presencia del verdecito, decidió entrar y buscar algo que pudiera resultarle apetecible. Por su parte, la muchacha hizo lo mismo. –Deja de seguirme¿si?-
-No te estoy siguiendo, Hao, solo es casualidad el que también venga a la cocina.- Le explicó con normalidad. Abrió una alacena cercana y sacó un pote de galletas. –Pero si estás cubierto de narcisismo, hombre.-
-Muy graciosa.-
-Dime que miento.- Atacó con fuerza antes de morder la primera galleta. –Dime que no te gusta que te alaben; dime que no utilizas a los demás para satisfacción propia; dime que no andas con Lyserg por sucio placer; dime que… no sigues siendo el mismo miserable pervertido de hace 5 años.- La galleta se había deshecho en su boca, más las palabras que habían salido de la misma había corrido hasta los oídos del joven pelilargo y ahora lo obligaban a quedarse estático, mirando con el ceño fruncido a la muy metiche de Jeanne. –Vamos, Hao, contéstame.-
Bueno, lo había atacado con fuerza, bastante astuta, bastante ávida para las preguntas, pero, si lo pensaba bien, solo eran factores externos y recuerdos lo que la hacían verse tan… fuerte.
Hao sonrió de lado.
-Dime, dime, dime, dime.- La imitó. Jeanne elevó una ceja. –Búscate un libro y no jodas, por los grandes espíritus.-
-…-
Al Asakura le tomó un par de minutos prepararse un emparedado de jamón y sacar una soda de la nevera, pero bastó solo medio segundo para soltara todo al suelo. Jeanne, quien se había quedado callada mirando, ahora lo tenía atrapado contra la puerta de la nevera al tiempo que apretaba con bastante furia descontrolada ambos costados de su cuello. Si, aquellos por donde se siente la rítmica línea de vida correr.
El muchacho de cabellos largos abrió los ojos como platos antes de sentir como la potencia del agarre casi lo dejaba sin aire. Un sentimiento de sofocación lo invadió; sus manos se abrieron automáticamente y subieron lentamente para, así, tomar los cabellos de la sujeta que pretendía iniciar un ritual bastante serio contra él.
Fueron mínimos los segundos empleados para poder liberarse del apretón. Hao jaló con fuerza los cabellos de la nuca de la mujer quien profirió un grito de dolor. Su cabeza cayó hacia atrás, lo cual la dejó sin sentido por unos instantes. Apretó los ojos de dolor mientras Hao Asakura le daba la vuelta y la estampaba contra la pared más cercana a ellos.
-¡¿Qué te pasa?!- Le gritó de manera histérica, respirando con ansia el aire que se presentaba. Apretó un poco más su rostro contra la pared de madera, obligándola a expeler un gemido de dolor. -¡¿Pretendías matarme o qué demonios?!-
-¡Déjame!- Lloriqueó ella, forcejeando obviamente. Sus manos la ayudaban a no quedar por completo contra la pared, pero la presión impuesta sobre su cabeza era demasiada. Dolía. -¡Déjame de una maldita vez!-
-¡NO!- Le volvió a gritar. -¡¿Cuál es tu maldito problema conmigo?!-
-¡Lyserg!- Logró articular. Hao arrugó la nariz en cuanto la escuchó. ¿Qué diablos tenía que…? Ah, claro. -No quiero…- Pausa para tomar aire. -¡No quiero que tenga ni mínima relación con un bastardo como tú¡Eso es lo que me pasa!- Ella respiró con dificultad, ya que algunas lágrimas empezaron a caer por la comisura de sus ojos rojos. Hao no dijo nada porque sabía que aún no terminaba su discurso. –El ha sufrido como no tienes una maldita idea¡todo por tu causa! Le quitaste todo, Hao, todo…-
-…-
-Lo quiero tanto, demasiado…- Un sollozo moderado salió de sus labios. Sintió que el sujeto aflojaba el agarre en su cabeza, mas no retiraba la mano. Jeanne lo miró por sobre su hombro. –Ha estado conmigo desde tu supuesta muerte, tratando de ser quien no pudo ser por tu causa...-
Sin motivo aparente, Hao ignoró lo último que dijo y se apresuró a despejar la primera duda que cayó a su cabeza.
-¿Estás tratando de decir que ustedes dos están…?-
Ella sonrió amargamente, negando con la cabeza.
-Lo intenté, pero Lyserg solo me ve como una hermana mayor… casi como su madre.-
-Ah, qué bueno.- Habló. Jeanne volvió a observarlo por sobre su hombro, pero esta vez fue una mirada de total resentimiento. ¿Qué clase de persona era esa¡No le había afectado ni un poco todo lo que había dicho¡Había llorado incluso! El chico la dejó libre antes de volver a pronunciar palabra. –Ciertamente, esta fue una plática inusual.-
-¿Qué?-
-Nada, nada. Me refiero a que fue una plática interesante, ya sabes, con los intentos de asesinato y tus lloriqueos.- Pausa para pasar un mechón de cabello detrás de su oreja y continuar. –Ahora, deberé cuidarme las espaldas en mi propia casa, Jeanne.-
-¿Piensas que voy a intentarlo de nuevo?- Preguntó con curiosidad ante la imagen poco perturbada del Asakura. -¿Crees que…?-
-Mientras siga con el inglés, claro que si.- Respondió de inmediato, convencido. –No solo eres una zorra, sino que también estás demente.- Una sonrisa socarrona se ablandó en el rostro de la muchacha.
-Mira quién habla de dementes.-
-Ah, no te creas, yo ya superé esa etapa de demencia, créeme.- Dijo mientras asentía y elevaba las cejas en dos perfectos arcos negros. La chica frunció el ceño ante sus palabras. –Además, creo que todo lo que acaba de pasar demuestra quién es el demente aquí.-
-Tú obviamente.-
-¿Yo?- Se auto señaló. –¿Fui yo quién intentó asfixiar al otro?- Silencio por la otra parte. –Valla, debo tener una perspectiva bastante mala¿verdad?- Comentó con un dejo de sarcasmo ante la cara de molestia que extendía la muchacha.
Realmente, las cosas no habían salido como en un principio se habían planeado en su mente, pero, por lo menos, había podido decir todo lo que quería y sentía hacia el sujeto que causaba tanta repulsión en su persona.
Jeanne atinó a apretar los dientes antes de poder abrir la boca.
-De acuerdo, olvidemos lo que sucedió aquí.- Y alisó su camisón de dormir. Hao parpadeó.
-¿Así nada más?- Preguntó. Jeanne lo encaró con fastidio.
-Si, así nada más.-
-Ah, por mí genial, pero te agradecería que dejaras de acecharme si no es mucha molestia.-
-Cállate.-
-No, en serio, porque si pretendes tirarte al hielito, pelear con el chino y matarme a mí, no sé que rayos quieras hacerle a la pequeña Tamao.– Se aceleró en las últimas palabras, denotando falso temor ante las burlas implicadas. Se pausó un segundo para suspirar y negar con la cabeza. Si, típico signo de resignación anticipada. –Creo que tienes problemas, chica.-
-¡Cállate ya!- Le espetó de repente. Luego, desvió la mirada, suavizándola. –Lo que sucedió con Horokeu solo fue… solo fue…-
-Te gusta¿verdad?-
Un sonrojo invadió sus mejillas antes de que su lengua saliera en su defensa. Hao, por su parte, emitió una risita bastante picarona antes de tomar por la barbilla a la muchacha para que lo mirara a los ojos.
-¿Sabes?- Ella respiró ante su tono de voz. -Ren no está muy feliz en estos momentos.-
-…-
-Te odia tanto que hasta podría, no sé, matarte.- Sonrisa amplia. Aja, yo pensaría que está bastante mal si lo viera sonreír así frente a mí, sin embargo, ella comprendió la directa indirecta antes de que al sujeto se le ocurriera narrarle las palabras que, a simple vista, el chino Tao no expresaba. Siendo sinceros, él tenía razón: Ren quería matarla; la detestaba desde el incidente de hace dos semanas.
Hao la soltó al verla relajar su expresión. Jeanne respiró un poco.
-No puedo evitarlo, no sé qué me sucede.-
-Ah, sólo es que te gusta el hielito, no estás enferma o algo.-
-Eso ya lo sé, idiota.-
-Ay, pero qué grosera.- Jeanne bufó cruzándose de brazos. De pronto, el Asakura emitió una risita semi-demencial. –Oh, Dios, Ren se ve tan gracioso…-
-¿Ah?-
Entonces, volvió a reír.
-Acabo de imaginarme su expresión cuando sepa que andas tras su novio.- Y volvió a reír. –Gritará algo como "¡¿QUÉ?!" y, luego, se levantará de la mesa dispuesto a destazarte con una sola mano.- Jeanne elevó una ceja. –De acuerdo, me callo, pero pasa que soy de las personas que les gusta compartir.- Y, finalmente, sonrió de manera limpia, inclinando un poco la cabeza.
La chica frente a él no pretendía seguir oyendo sus tan sarcásticas palabras, sabía que solo se estaba burlando de su persona de manera inteligente. Era odioso. Jeanne respiró con fuerza y cerró los ojos antes de darse la vuelta con el objetivo de largarse de allí.
-Mejor me voy a domir.-
-Que duermas bien.- Le respondió, siendo Jeanne la que observó la manera en que la despedía: con ojos fijos y una mano elevada. No, aún no se confiaba. Hao seguía siendo dueño de cierta maña intimidante. –De verdad, deseo eso.- Dijo con algo de miedo en sus palabras.
¿Miedo? Claro.
La muchacha soltó una risa desde el fondo de su garganta. –No temas por tu vida, no vale el esfuerzo.-
-Ah, bueno.-
Hao bajó la mano que aún permanecía en el aire y, como si nada hubiera pasado, rascó su mejilla con pereza. Una ligera brisa los hizo darse cuenta en el muy inútil silencio en el que se había sumido, sin embargo, ninguno de los dos hizo algo por remediarlo.
Hasta que la chica de cabellos platinados se mostró curiosa.
-¿Mañana irás a ver a mi Lyserg?-
-¿Tú Lyserg?- Hao sonrió de lado ante lo sinvergüenza de sus palabras. Bueno, al parecer, no se cansaría de apropiarse de todo lo ajeno. –Ay, Jeanne, tú no cambias; pero sí, iré mañana temprano.-
-¿Vamos juntos?-
Hao rodó los ojos.
-Loca…-
Fin.
