Seguiste caminando, ahora mirando a todos lados con la guardia alta. Tanto tú como la planta notabais que algo había, pero no se dejaba mostrar, no quería. Tal vez te estuviese espiando, vigilando o acechando. Lo único que había eran árboles a tu alrededor, y eso era mucho más tenebroso sabiendo que había ALGO por ahí.

-¿Conoces algún lugar seguro...? -Murmuraste, para que esa cosa no detectase tus intenciones.

-No. Todos se fueron -Asentiste. Y aceleraste el paso, ni siquiera te paraste a mirar el paisaje que había tras de ti, tu intención ahora era huir.

Ni siquiera te paraste a mirar los puzzles de los que tanto te mencionó Frisk, en parte porque Papyrus te hizo repetirlos, y porque no estabas de humor para observar. Caminabas tan rápido, que incluso te tropezaste en un suelo de hielo. Flowey se rió por lo bajo, pero le ignoraste. En el fondo era una caída demasiado tonta y descuidada por tu parte.

Al poco tiempo encontraste unos spaguettis congelados con un microhondas al lado, y una nota de Papyrus en él. Una lágrima se derramó por tu cara mientras observabas aquel escenario, en el fondo extrañabas la risa tonta de ese esqueleto. En realidad, los extrañabas a todos. Una parte de ti se sentía mal por haberles dejado sin explicarles nada pero...

-¿Otra vez? -La planta se quejó en alto al ver que de nuevo llorabas. Sacudiste la cabeza y abrazaste mas fuerte la planta mientras seguías tu camino. Por suerte, aquello que os había asustado no daba señales, menos mal. Podías respirar más tranquila y desacelerar el paso. Pero te hacía pensar en qué había ahí abajo, en teoría todos subieron a la superficie, según Flowey. Pero tal vez había alguien que no le gustaba y preferiría estar ahí abajo, aunque podría haber saludado al menos... A lo mejor era alguien bromista, un bromista con mal gusto.

Tras una hora de caminata, empezaste a divisar edificios a lo lejos, y fuiste directa hacia allí. Fue entonces cuando encontraste un cartel y te acercaste para leerlo: Snowdin. Habías llegado a la ciudad de los hermanos esqueleto. Y su nombre le hacía justicia, estaba todo nevado. Caminabas lentamente por la pequeña ciudad. En su momento seguramente habría sido un bonito pueblo, pero ahora todo estaba muerto. Daba hasta mal rollo. Abrazaste más fuerte a Flowey, intentando encontrar seguridad. ¿Te protegería si algo sucedía?

Fue entonces cuando encontraste una casa cuyas descripciones se asemejaban a las que te dijo Papyrus sobre su antigua casa: Bandera pirata, pegatina de "STOP" en la puerta, y un cobertizo al lado. A Flowey no le gustó ni un pelo que decidieses pararte en la casa e intentar abrir la puerta, parecía que ese monstruo odiaba a todos, aunque no supieras la razón.

La puerta estaba cerrada, obviamente aunque abandonasen Underground no iban a dejar que alguien se metiese ahí. Dejaste de insistir, y cuando te diste la vuelta para seguir tu camino, suspirando, escuchaste un pomo desbloqueándose y una puerta abriéndose lentamente. Echaste dos pasos para atrás alarmada, con el corazón a mil por hora.

-Flowey, dime que has sido tú -La planta también miraba a la puerta, con los ojos entrecerrados.

-Ojalá pudiera decirlo. -Soltaste una maldición, intentando pensar con claridad, pero el miedo lo evitaba.

-¿Entro... O no? -Flowey se encogió de hombros. Obviamente le importaba poco lo que hicieras.

Decidiste empujar la puerta, y esta se abrió con demasiada fuerza, chocando con la pared. Ni siquiera habías empujado tan fuerte. Estabas muerta de miedo. Pero ahí dentro no había nadie, o al menos no le veías entre tanta oscuridad. De pronto, Flowey empezó a emanar luz, alumbrando todo el interior de la casa.

-Por Asgore, gracias -dijiste. Tu compañero ni se inmutó, pero en el fondo había hecho un buen acto por ti, aunque fuese borde debías agradecérselo.

Con mucha lentitud decidiste entrar en el hogar, el cual estaba muy frio. La puerta se cerró tras de ti con un portazo y tú gritaste de miedo dando un brinco. Escuchaste que la planta te llamaba "gallina" por lo bajo, pero no se lo ibas a recriminar. En parte tenía mucha razón. Tu corazón parecía que estaba a punto de salir volando de tu pecho, y apretabas tanto la maceta que temías destruirla. Necesitabas calmarte, porque la mente humana tendía a imaginar cosas si uno estaba muy asustado. Intentaste controlar tus pensamientos, cuando de pronto, una masa empezó a moverse desde una esquina del salón. Tu mente se quedó en blanco, y Flowey parecía también asustado. Contenías la respiración, y tus pies estaban congelados. "¡VAMOS, MUÉVETE!", gritaba tu instinto, pero nada, no reaccionaba. Estúpido cuerpo. ¿Y si era una alucinación? No, Flowey también estaba muerto de miedo. Oh, mierda, mierda, mierda.

La masa negra se acercó a ti, y a un metro tuya, podías escuchar que decía algo, pero tu mente no llegaba a decodificar qué decía. Mientras interactuaba todo su ser temblaba, al principio era tan solo un pitido, el cual hacía algo de daño a los oídos y era molesto. Luego, esos sonidos eran los mismos que emitían los susurros lejanos. Poco a poco al parecer la masa conseguía la capacidad para comunicarse.

Entre todos esos susurros pudiste identificar algunas palabras.

-"Peligro", "anti-void", "él", "buscando"- ¿Qué? ¿Peligro? ¿Anti-void? ¿Peligro del anti-void? ¿Qué es eso? ¿De él? ¿Busca el anti-void?

-"Enemigo", "salvo", "aquí". ¿Estarías a salvo aquí? ¿O estaría el enemigo a salvo aquí?

10101010101101101011 ¿?¿?¿?

"L4 hum4n4 n0 c0mpr3nd3", p3ns0,
D3c¡d¡0 h4bl4r m45 5¡mpl3,
P4l4br45 c0rt45,
-35t45 3n peligro.3l anti-void t3 4c3ch4, él t3 35t4 buscando,
-enemigo fu3r4. 35t45 4 salvo, 35c0nd3t3 aquí,
L4 hum4n4 p4r3c3 h4b3r c4pt4d0 3l m3n54j3,
-¿Me ASDAONIONI SDINASDOIH ayudar? -4s¡3nt3. y l4 hum4n4 ¡nt3nt4 4c3rc4r53, 3l s3 4l3j4, hum4n4 c4pt4 3l m3n54j3: N0 t0c4r.
-¿Quién ONIAAaoni? -3l n0 c0mpr3nd3. Qu3d4r53 qu'3t0,
-¿Quién ereFFF? -Pr3gunt4 p0r 3l,
-S0y amigo -l4 hum4n4 l4d34 l4 c4b3z4. C0mpr3nd3 ¡nt3nc¡0n.
3ll4 m¡r4 4 5u 4lr3d3d0r,
t0d0 3mp¡3z4 4 d3s¡nt3gr4r53. h0r4 d3 c43r,

111101001010101010 TÚ

La masa desaparece con un gran pitido que hizo que te arrodillases en el suelo tapándote las orejas y apretando los dientes. Ese ruido molesto desapareció a los segundos, al igual que el ser. Flowey estaba en el suelo, casi se estampaba contra él pero hizo que su magia lo sostuviese y lo dejase delicadamente. Cuando miraste hacia donde la masa había estado, tan solo quedó un humo negro que se desintegró en cuestión de segundos. ¿Qué había sido todo eso?

-Ten más cuidado, niña. -Dijo, recogiendo la tierra que se había caído.

Cuando todo el dolor desapareció, te disculpaste por lo bajo y recogiste a la planta del suelo, incorporándote.

-¿Tienes alguna idea de qué era eso? -Dejando la maceta en la mesa del salón, empezaste a mover los brazos en el aire, justo donde había estado antes la masa.

-No. -Emitiste otra maldición por lo bajo, y observando bien todas las esquinas, debajo del sofá, y las escaleras, te encaminaste a la cocina con Flowey, quien daba luz en la casa.

La cocina estaba en igual estado que el resto de la casa, lleno de polvo y desolado. No había comida, ni electricidad, justo igual que la casa de Toriel.

Suspiraste, y volviendo al sofá tras tomar a Flowey, sacaste las cosas de tu mochila: Comida y agua que recogiste de aquel lago en las ruinas. Tenías mucha hambre debido al miedo, así que tras ver la comida como si hubiesen pasado años desde que provaste bocado, te dispusiste a comer. Intentaste darle un trozo a tu compañero pero él se rehusó, afirmando que solo necesitaba luz y agua, por lo tanto, mojaste su tierra con el contenido de la botella. Ni siquiera te dio las gracias.

-De nada, eh -murmuraste mientras recogías tus cosas, y te disponías a explorar (sin permiso, por cierto) la casa de Sans y Papyrus; bueno, su antigua casa. En parte te picaba la curiosidad saber más sobre el esqueleto perezoso, aunque sonase como una acosadora, querías mirar su habitación sin sentir la presión de que te podían pillar, saber cómo era su vida anterior.

En realidad no había nada interesante, para tu decepción. Papyrus tenía una habitación exactamente igual a la de la superficie, una cama con forma de coche, una alfombra con fuego, poco más. Al parecer las estanterías y las mesas estaban vacías, todo lo que había ahí anteriormente se lo llevó arriba.

La de Sans cerrada con llave, como siempre. Ese hombre era todo un misterio, y eso era lo que hizo que primero te interesase, luego llegó todo lo demás. "Maldita sea", murmuraste al ver que tu plan de exploración había fallado. Chasqueando la lengua volviste abajo. Flowey había tenido que ir contigo durante tu exploración, y al igual que tú parecía decepcionado y aburrido. Sin nada que hacer ahí, y viendo que el lugar era seguro, decidiste abrazarte a ti misma y hablar con Flowey, tal vez podías sunsacarle algo respecto a Underground.

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justO cuandO Ella EntrÓ En la casa, intEntÓ 110101000. Estaba EncERRada, pOdía atacaR sin quE nadiE 000001.

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