Los Pingüinos de Madagascar de DreamWorks no me pertenece, los personajes originales son obra de Tom McGrath y Eric Darnell.


Hola, les dejo el epílogo, espero que les guste.

Comento sobre él al final.


Epílogo

Ya habían pasado varios meses desde que aquello tuvo lugar, y aun así, las pesadillas no dejaban descansar a Cabo.

Sintió la necesidad de gritar pero nada salió de él. Los sonidos, los gritos, las voces, su muerte… Todo cruzó por su cabeza al mismo tiempo ¿Por qué no podía olvidarlo ya? ¿Por qué su cerebro se rehusaba a superar todo aquello? ¡¿Qué rayos quería de él?!

-Cabo…- Intentó abrir los ojos al escuchar aquella voz llamarlo pero simplemente no pudo, había alguien sobre su cuerpo, y entonces entendió, su pico era sujetado por aquel ser, y sus ojos eran obligados a mantenerse cerrados. Sintió miedo. –Cabo.-

Volvió a ser llamado y se removió en su lugar ¿por qué no podía despertar? ¿Por qué, quien fuera que lo estuviese llamando, no lo dejaba tranquilo? Quiso comenzar a llorar, cuando sintió como su cabeza era acariciada, y a lo lejos, la voz de Skipper resonó.

Debía ser fuerte. Más fuerte que nunca y enfrentarse con valor a lo que estuviese sobre él.

-¿Quién eres?- preguntó, sin darse cuenta de que todo aquello estaba ocurriendo en su mente, y que por eso podía hablar aunque su pico estuviese siendo sujetado.

-Soy yo, Cabo ¿ya me olvidaste?- el corazón se le detuvo.

¿Realmente era ella? ¿Realmente estaba Alba sobre su cuerpo, sujetándolo? Pero ¿cómo? Si ella estaba muerta, no tenía sentido… ¡No tenía sentido! Estaba soñando, sin duda alguna.

-Alba… tú…-

-Vuelve al principio y entenderás todo.-

-¿Volver?-

-En el principio encontrarás la respuesta a tus preguntas.-

Sus ojos se abrieron. Sus tres amigos estaban a su lado con miradas angustiadas que se relajaron cuando recibieron la mirada del pequeño. Se levantó despacio, dejando caer el trapo húmedo que había estado sobre su frente.

-Kowalski- llamó Skipper, y su teniente de inmediato se acercó a Cabo.

Colocó su aleta sobre la frente del menor, escuchó los latidos de su corazón con el estetoscopio y revisó la reacción de sus pupilas a la luz de una pequeña lámpara –Parece que la fiebre ya bajó, Skipper- informó -¿Cómo te sientes, Cabo?-

-El principio…- Skipper y Kowalski se miraron alzando una ceja, y luego regresaron la mirada hacia el menor del equipo -¿cuál es el principio?-

-El principio es el primer acontecimiento de un suceso. El primer momento de la existencia de algo.- Respondió Kowalski, sintiendo de inmediato como la aleta de Skipper se estrellaba contra su nuca.

-¿Estás bien, joven Cabo?- cuestionó Skipper, recibiendo el observar del aludido.

-Necesito ver a Julien.-

-¿Qué? Pero…-

-¡Por favor!- gritó. Momentos después, se cubrió el pico con las aletas y bajó la cabeza, sintiéndose mal por gritarle, después de todo, él no tenía la culpa.

Skipper se dio media vuelta, sin decir nada más y salió del lugar. Cabo se sentó en la cama y se abrazó de Kowalski. Seguramente había enojado a su líder, pues no solía salir nada más así del bunker.

Permaneció abrazado del teniente un momento, hasta que la voz de Skipper llamándole lo hizo separarse de su amigo. -¿Querías verme, monjita?- preguntó Julien con las manos en la cadera y Skipper de pie a su lado; las heridas en ambos ya casi habían desaparecido, y en su lugar, sólo quedaban pequeñas cicatrices.

El pequeño gordito sonrió. Sin duda su líder era el mejor padre que hubiese podido pedir. Finalmente se puso de pie y se acercó al lémur –Dime, Julien ¿qué fue lo primero que pasó después de que encontraras el guardapelo?-

Todos se sorprendieron, incluso el aludido, que dio un paso atrás. El trauma que había vivido seguía latente en su corazón. Skipper le puso la aleta en la espalda y le sonrió en señal de apoyo, transmitiéndole seguridad.

-Bueno…- titubeó –cuando lo abrí, comencé a sentir que perdía el aire, y mi cuerpo se puso pesado. No me sentía de ninguna manera, en realidad, como si no tuviera sentimientos.-

Cabo se rascó la parte inferior del pico, eso no le traía nada a la mente. Ese era el principio ¿no? Todo comenzó cuando Julien encontró y abrió esa cosa del averno; Alba le dijo que ahí encontraría las respuestas, entonces ¿por qué no le traía nada a la cabeza? Quizá sólo había sido un sueño.

-¿Cómo fue que lo encontraste, Cola anillada?- la pregunta de Skipper hizo que la mirada de todos, incluso la de Cabo se fijaran en él –No sé qué está pasando, pero Cabo necesita saber qué pasó al principio, así que dinos.-

El rey lémur se mantuvo en silencio un momento, y después comenzó a hablar –No lo sé, no lo recuerdo- dijo un poco cabizbajo. Les debía la vida a esos cuatro pingüinos, en especial al de cabeza plana, y desde el fondo de su corazón deseaba poder ayudarlo, pero no lo recordaba. –Lo siento.-

-Descuida. Perdón por preguntarte estas cosas extrañas. Ya te puedes ir.- Le indicó Skipper. Julien asintió con la cabeza para después comenzar a caminar hacia la salida.

-Bueno, Cabo, tal vez podamos…-

-Oí mi nombre- comentó de pronto Julien, haciendo a los pingüinos mirarlo extrañados. El recuerdo había vuelto fugazmente a su cabeza, como cuando el sol atraviesa las nubes oscuras que auguran lluvia. –Escuché que alguien susurró mi nombre, y cuando me giré, vi en el suelo el destello de algo, y ya saben que me gustan las cosas brillantes, así que lo recogí. Y no recuerdo más.- Dijo para luego abandonar el lugar.

-Entonces…- susurró Kowalski –él también escuchó voces.- Miró hacia el menor del equipo, que parecía razonar. -¿Qué es lo que quieres saber exactamente, Cabo? Llegaremos a una respuesta más rápido si nos lo dices.-

-Es que no estoy seguro, Kowalski, pero…- Cabo cerró los ojos, las palabras de Alba no dejaban su cabeza –Volver…- pensó. –Voces…- resonó en su cabeza la voz susurrante del científico -al principio…- Escuchó el patinar de las llantas de un auto, un estruendoso golpe y… voces. Por su mente volvió a pasar aquel horrible accidente en el parque; Al ver de nuevo el choque, notó algo que con los días había olvidado –su mirada…- se dijo, recordando como una joven tenía la vista fija en él, su mirada pedía ayuda. Abrió los ojos de golpe y miró hacia la nada –ese fue…- musitó segundos antes de que sus piernas se negaran a sostenerlo más. Skipper logró sujetar al pequeño entre sus brazos antes de que golpeara el suelo.

-¡Kowalski, haz algo!- gritó con desesperación el líder, sintiendo el cuerpo de Cabo arder en fiebre y tan débil como un trapo.

-¡Rico trae más agua!- ordenó el teniente mientras ayudaba al comandante a transportar al menor a su cama, con el corazón lleno de angustia.


Estaba en la nada. De pie en la oscuridad.

Una tenue luz se hizo presente, justo enfrente de él, y aunque todo a su alrededor estaba oscuro, podía ver una casa pequeña, con muebles pequeños, para no más de 4 personas. Era tan graciosa y linda, parecía una casa de muñecas.

Las paredes eran color verde pistache, lisas, y de ellas colgaban los retratos de una joven a la que no podía ver con claridad, pero que a pesar de eso, le era extrañamente familiar; de un hombre canoso (aunque su rostro no pertenecía a alguien de la tercera edad) delgado pero no flaco, con una barba de candado como la de aquel oficial loco de control de animales, con ojos de color oscuro; también había retratos de un niño pequeño, de cabello negro y lacio, no rebasaba los 6 años de edad, su tez era oscura y sus ojos azules; y por último, una mujer hermosa de largo cabello rubio y ojos que le recordaban al mar.

Parecía una familia encantadora, pero el ambiente de la casa era extraño, podía sentirse una gran tristeza, aunque la joven sonreía, quién sabe por qué.

El pingüino, dominado por la inconsciencia a causa de la fuerte fiebre, escuchó como alguien tocaba a la puerta de aquella casa, un golpe suave y temeroso; la joven corrió, poniendo la sonrisa más grande que sus rojos labios le permitían, para abrir la puerta. Afuera, estaba aquel niño pequeño de los retratos, quien en cuanto su hermana abrió la puerta y entró en sus fauces, se abalanzó sobre ella, abrazándola con gran cariño y casi al borde del llanto.

Un llanto de alegría.

La madre se acercó a sus hijos para abrazarlos también. –Si se aman tanto ¿por qué el ambiente es tan triste?- se preguntó Cabo desde algún lugar en su mente.

-¡Mira, mira!- Gritó el niño mostrándole a su hermana mayor un guardapelo que colgaba de su cuello –me lo regaló papá y tiene su foto dentro, dice que mientras tenga esto, siempre estaremos juntos.- La joven compuso una expresión de desagrado, pues sabía que su padre sólo intentaba conseguir puntos a favor con el niño, para el momento del juicio por su custodia.

-Es muy bonito, Freddy. Tal vez luego yo me compre uno igual y ponga una foto tuya y de mamá en él. Ahora ven, mamá nos preparó la cena.- le dijo a su pequeño hermano, ayudándolo a cargar su equipaje.

-YUPIII ¿qué cenaremos, mami?- preguntó con dulzura el niño, ahora abrazado de las piernas de su madre.

-Preparé su comida favorita: sushi de atún- un "viva" retumbó por toda la casa, así pues, la familia fue a la mesa para cenar; después se sentaron en el sofá, y la mujer puso una película en el DVD.

Cuando la película iba cerca de la mitad, la mujer de rubio cabello escuchó sonar el teléfono de la cocina y se levantó para ir a contestarlo.

Poco tiempo después, las patatas en el tazón de botana se habían terminado, por lo que, tras perder en el "piedra, papel o tijeras" el pequeño niño se levantó y se dirigió a la cocina para conseguir el preciado bocadillo.

Antes de entrar al lugar, pudo escuchar cómo su madre gritaba con desesperación -¡Estás violando la orden de la corte!- la escuchó decir, y poco después guardar silencio, como si alguien le respondiese -¡No puedes hacer eso, Michael, carajo! ¡Soy su madre!- de nuevo, más silencio.

Freddy no quiso escuchar más, pues a pesar de su corta edad, entendió muy bien lo que los gritos de su madre anunciaban y así, dejó caer el tazón, que se rompió en mil pedazos y subió las escaleras que conectaban con su cuarto.

-¿Freddy qué pasó? ¿A dónde vas?- preguntó angustiada la joven (a la que ahora Cabo podía identificarle el cabello, que era castaño y con luces), al notar como su hermanito lloraba y subía con desesperación las escaleras, mientras arrojaba el guardapelo al suelo para después encerrarse en su habitación.

Se puso en pie y se dirigió a la cocina, donde pudo escuchar la conversación a gritos que tenía su madre, seguramente, con su padre.

Ella salió de la cocina tras verse obligada a acceder en llevarse al menor de sus hijos con su padre el sábado en la mañana; tenía el rostro lleno de lágrimas y una expresión dolorosa en los ojos -¿Me escuchaste…?- le preguntó a su hija al encontrarse de pronto con su mirada.

La joven permanecía de pie y con la cabeza baja. -Sí, mamá…- respondió a secas –tiene una orden de la corte ¿cierto?-

-Sí, dice que soy un peligro para él. Su nueva esposa le sugirió apelar por la custodia total.-

-¡Eso es estúpido!- gritó mirando de frente a su madre –Hace meses que no tomas una sola gota de alcohol ¡Él sólo se deja manipular por esa tipa! Te estás esforzando mucho por reparar los errores de tu alcoholismo, no entiendo qué le pasa por la cabeza para no notarlo…- la conversación entre la joven y su madre continuó por un buen rato, pero Cabo no fue capaz de escucharla toda, ya que en su mente, el sonido iba y venía, así como las imágenes, como si el tiempo no existiese.

La joven (de la que ya podía distinguir un poco más, pues ahora le era obvio que su piel era muy blanca) estaba de pie en el patio, no podía identificar su rostro, pero era obvio que estaba llorando. Tenía sujeto el guardapelo en su mano izquierda, y por la poca luz que la iluminaba, Cabo pudo suponer que era de madrugada. Quizá eran cerca de las 3:00 am.

¿Qué estaba haciendo esa joven a la mitad de la noche en el patio? ¿Por qué parecía temblar de ira? ¿Y qué era esa extraña figura sobre la que estaba parada? La respuesta a sus preguntas no tardó en llegar, cuando la joven alzó el rostro y toda su fisionomía quedó clara para el pingüino.

Estaba usando una blusa blanca con el dibujo de una lechuza, y tenía ojos tan oscuros que lucían negros ¡Cabo conocía perfectamente esos ojos! Pues la había amado tanto, que pasó mucho tiempo mirándolos.

Era Alba.

De pronto, su corazón se detuvo, mientras cientos de imágenes comenzaron a cruzar por su cabeza a toda velocidad, asqueándolo y provocándole cierto mareo. A pesar de ello, pudo identificar lo suficiente: una estrella extraña, una lechuza esculpida con papel, un automóvil rojo, el accidente, al pequeño Freddy vestido de marinero siendo calcinado durante la explosión de los autos, el guardapelo, la legión de demonios y su mirada… la mirada de angustia, miedo, dolor y culpa en Alba, y todo le quedó perfectamente claro.


-¡Fue ella!- gritó desesperando abriendo los ojos de golpe, preocupando más a sus amigos.

-Cabo, tranquilízate, todo está bien fue sólo un sueño.- intentó volver a recostarlo Kowalski, pero el menor logró burlar su agarre y ponerse de pie.

-No, Kowalski, sé que no fue sólo un sueño- dijo con la voz temblorosa y luchando por mantenerse de pie, pues la fiebre le hacía sentir que el mundo bajo su patas estaba moviéndose bruscamente -¡Alba no era una lechuza, era una humana! Fue su alma la que se presentó ante nosotros como una lechuza porque tenía un asunto pendiente aquí- se acercó a su líder y aunque perdió de nuevo la fuerza de sus patas, consiguió sujetarse del cuerpo de Skipper. –Tienes que creerme, por favor- comenzó a llorar con los ojos fijos en él –no fue sólo un sueño ¡yo lo vi!-

-Te creo, Cabo- le dijo dulcemente acariciando su cabeza -¿Qué fue lo que viste, cuéntanos?-

El menor tomó aire y lo dejó salir en un suspiro, intentando tranquilizarse para poder comenzar a hablar –Alba tenía problemas en su hogar, sus padres estaban divorciados, pero vi que tenían peleas por la custodia del hermano de Alba. Así que ella se llenó de odio por su padre, y en un arranque de ira, tomó el guardapelo que éste le había regalado a su hermano, mató a una ardilla y usó su sangre para dibujar una estrella dentro de un círculo en su patio. Maldijo mil veces a su padre e invocó a aquellos demonios. Pero Alba jamás pensó que las cosas saldrían mal y que aquella legión que invocó terminaría dentro del cuerpo de su hermano…- cerró nuevamente los ojos mientras continuaba con su relato, tal y como lo había visto.


El pequeño simplemente ya no era el mismo, esos seres lo habían cambiado del todo.

Alba se sentía culpable y anhelaba remediar su falta, pero no sabía qué hacer, así que, lo único que logró ocurrírsele, fue convencer a su madre de llevarlo a un Templo, y esperar que le realizasen un exorcismo.

Ambas mujeres metieron en el auto (un auto rojo) al niño, que ya pataleaba y maldecía, haciendo horribles sonidos guturales, y saliendo de su garganta el sonar de varias voces (tal, y como Julien lo hizo poco tiempo después.) El corazón de la joven se llenó de angustia, al darse cuenta del grave error que había cometido.

Entró a la parte trasera del auto y luchó por mantener quieto al pequeño, que debido a los moretones, la sangre, y la hinchazón de su rostro (provocado por una automutilación), lucía como alguien totalmente diferente, aunque ella en el fondo, sabía que su hermanito seguía ahí dentro. Luchando por salir y vencer todo el dolor que seguramente estaba sintiendo.

Poco faltaba para llegar a su destino, estaban atravesando la avenida de Central Park, cuando la mujer, la madre de Alba, perdió por completo el control del auto. El vehículo aceleró su velocidad y los frenos no respondían, mientras que el volante se giró, haciéndolos entrar a una calle que circulaba en sentido contrario al de ellos, pasando justo entre el parque y el bosque.

Otro automóvil circulaba con normalidad por la misma calle, y lo inevitable sobrevino.

En una fracción de segundo, antes de que la gran explosión tuviera lugar, Alba cruzó sus ojos con los de él.

Había un pingüino ahí, en Central Park, mirándola justo a los ojos. No supo de qué se trataba, pero ese pingüinito tenía algo especial; tal vez un sexto sentido, tal vez una gran sensibilidad, o tal vez, sólo un inmenso corazón. Como fuera, clavó sus ojos en él, logrando penetrar en su alma, y de alguna manera, formando un vínculo con él, que aunque ella no lo supo en ese momento, la traería de vuelta, y le otorgaría su segunda oportunidad.

El auto explotó.


-El guardapelo, el techo del vehículo rojo y Alba (con un brazo roto y ya sin vida), salieron despedidos hacia el bosque. Su alma quedó atrapada en éste mundo hasta que remediara lo que había hecho… después ella logró de alguna manera comunicarse conmigo…- A pesar de que acababa de verlo, con tal claridad, no podía creerlo.

Sus amigos estaban perplejos. –Ajá…- fue lo único que la impresión dejó salir de la garganta de Rico.

-Ella sólo quería recuperar el guardapelo, pero... bueno, ya saben.- Se llevó las aletas a la cabeza, sujetándola con fuerza, haciéndose presente en su cerebro todos los sucesos de los meses pasados. Volvió a escuchar aquellas voces que lo atormentaron luego del accidente, y que ahora entendía, eran las mismas que llegaron a emanar de la garganta de Julien.

Todo se aclaró como el agua en su mente, aquella pesadilla que tuvo el día posterior al accidente, y que había olvidado cuando Skipper lo despertó, era la misma que acababa de tener, y estaba completamente seguro, de que no era un simple sueño.

Sintió como era abrazado y acariciado. Se conmovió.

No sabía si Skipper y el resto había creído en su historia, pero por alguna razón, no le importaba en lo más mínimo. Sus amigos realmente se esforzaban por hacerlo sentir bien y seguro a pesar de todo. Correspondió el abrazó triple que recibía, y por fin, sintió como todo aquel horrible asunto había llegado a su final, pero sin duda, había aprendido una valiosa lección.

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Un guardapelo reposaba en el suelo, estaba cubierto de polvo y lucía abandonado. Había estado tirado en el bosque desde hacía meses.

El viento comenzó a soplar, cada vez más fuerte hasta volverse bravío, haciendo resonar las hojas de los árboles en una leve y tétrica melodía; y sin más, dejando en claro su poder, el guardapelo se abrió.

FIN


¡Waaa! Me hace sentir llena de emoción que éste fic llegue a su final porque ¡es la primera vez que termino un fanfic! (Si observan mi perfil, verán que la mayoría de las cosas que escribo son oneshot xD) así que me emociona y entristece a la vez. También es la primera vez que escribo en el género de horror (normalmente soy de escribir angst, aventura y fantasía.)

Bueno, quiero agradecer a todas las personas que siguieron mi fic hasta el final, y también gracias por todos los lindos reviews que he estado recibiendo ;3; de verdad me hacen sentir muy bien, y me motivan a seguir escribiendo.

Quiero contarles que ahora que ya terminé con éste fic, se viene otro (bastante más corto xD) ojalá también se pasen por él y le den un vistazo, (aunque ese es trágico, desde ya les advierto xD). ¡Estén al pendiente!

Bien, espero que tanto el epílogo como el fanfic completo haya sido de su agrado y me sigan dejando sus hermosos reviews. eue

¡Hasta la próxima!