De repente noto cómo algo me agarra de la camisa y empiezo a volar... Patamon... Yo suelto un grito de dolor ya que de esta forma la camisa choca directamente con la herida.

—Lo siento, pero no tengo otra manera de transportarte, y me niego a dejarte morir sin hacer nada.

—N-no deberias ayudarme, por mi culpa tuviste que morir...

—No me importa morir por un amigo, esa es la forma más noble de hacerlo. Además, yo tabién quería luchar Kaito, no fue tu culpa.

—P-Patamon...

Apenas hemos recorrido unos escasos metros cuando a Patamon le fallan las patas y caigo de golpe al suelo. No era demasiada altura así que estoy relativamente bien... es decir, tengo un agujero enorme junto a la clavícula, el caerme desde cierta altura no es nada en comparación.

—L-Lo siento Kaito, y-yo... no soy capaz.

—N-no importa, lo has intentado— respondo acariciándole la cabeza y acto seguido cierro nuevamente los ojos, supongo que esta vez ya será la definitiva.

—¡Kaito!— oigo de repente a una voz demasiado conocida... no puede ser... ¿papá? Pero es imposible... ¿a caso estoy sufriendo alucinaciones?

Noto cómo alguien me abraza y unas gotas resbalan por mi cara. No, no son mis lágrimas, yo carezco de fuerza hasta para llorar, son sus lágrimas suicidas que se precipitan sobre mi rostro...

¿Entonces es real?

Me parece oirle hablar con alguien... creo que ha llamado a una ambulancia...

—Aguanta, por favor...— pide de manera casi inaudible, el llanto no le permite apenas hablar. Y digo yo... ¿por qué no puedo simplemente morir y librarme de este horrible dolor? Supongo que eso sería algo egoísta por mi parte, mi muerte traería dolor a mis familiares y amigos... bueno, sólo a mis familiares, no creo que esa panda de imbéciles interesados a los que yo llamo amigos se vayan a afligir lo más mínimo por mí... ¿Pero y qué pasa si soy egoísta? ¿Al fin y al cabo no lo he sido siempre? ¿Por qué cambiar justo ahora? ¿Por qué cambiar justo en esto?

Oigo unas sirenas a lo lejos, sin embargo antes de que la ambulancia llegue yo ya he perdido la consciencia.

...

—Duele— murmuro antes siquiera de abrir los ojos.

—¿K-Kaito?— pronuncia una voz... Tsubasa. Creo que no me queda otra que resignarme a separar los párpados, y así lo hago, encontrándome con la sorpresa de que estoy en una cama de hospital, con mi hermano sentado al lado y agarrándome la mano.

—¿T-Tsubasa?— digo yo sin poder evitar que las lágrimas salgan. Está vivo, lo he conseguido, está vivo.

—¿Eh? ¿Qué te pasa? ¿Por qué lloras?— pregunta pero yo en vez de responder trato de incorporarme un poco para abrazarle, lo que provoca que sienta un dolor indescriptible en la herida. Grito.

Inmediatamente mamá y papá entran en la habitación alterados.

—¿Ha ocurrido algo, Tsuba...?— comienza a decir papá pero se detiene al verme despierto.

—Gracias al cielo, te has despertado— dice mamá.

—¿De dónde habéis salido?—pregunto.

—Estábamos fuera, hablando con él médico.

—¿Cómo me encontraste?

—Antes de irte... ¿no lo recuerdas? Antes de irte te pregunté el día y el lugar.

—Pero sólo me dio tiempo a decirte que había sido en el parque y el día 16...

—Pero ya me habías dicho que venías del 2023, sólo me faltaba el mes así que desde que comenzó el año he estado esperándote en ese lugar.

—Pero estamos en junio... ¿Llevas seis meses haciendo esto?

—Es que eres mi hijo...

—No entiendo nada— interrumpe Tsubasa.

—¿No se lo habéis contado?

—No sabíamos cómo hacerlo...

—Papá, te recuerdo que si no me hubieses ocultado información arreglar esta época hubiese sido mucho más fácil. Tenéis que contarnos las cosas...

—Supongo que tienes razón...

—Aunque eso puede esperar a mañana... ahora quería pediros un favor...

—¿Eh?

—¿P-Podéis darme un abrazo? C-creí que no podría volver a hacerlo nunca— digo estallando nuevamente en lágrimas. Mamá y papá se miran sonrientes y Tsubasa arquea la ceja confundido para segundos después saltar los tres a mis brazos. El contacto hace que la herida duela aún más, pero contengo el grito, la cálidez que siento es mucho mayor que el sufrimiento.