Disclaimer: El mundo de Harry Potter pertenece a JK Rowling y la historia original a WickedlyAwesomeMe.
NO TENGO PALABRAS PARA EXPRESAR MI VERGUENZA! SIGUIENTE CAPITULO DENTRO DE UNA SEMANA O DOS. LO JURO. GRACIAS POR TODO!
Capítulo 14: Lo que en realidad debió de haber pasado (Parte I)
Primer año.
Un Draco Malfoy de 11 años estaba bastante irritado en este momento. Sus ojos estaban cerrados mientras que recargaba la cabeza contra la fría ventana del compartimiento. Una frustrada mueca estaba en su pálido rostro. ¿La razón de su irritación? Los dos estudiantes de primer año (cómo él) que estaban sentados frente suyo.
'En serio, se ríen como un par de niñitas chifladas' pensó molesto mientras abría ambos ojos y miraba a Vincent Crabbe y Gregory Goyle.
–¿Podrían callarse por favor? –exclamó. Crabbe y Goyle sólo lo miraron sorprendidos. Cómo si no entendieran lo que Draco les decía. Los ojos del pequeño Malfoy se posaron en el pequeño sapo que estaba entre las manos de Crabbe. –Dejen al sapo. Él no les hizo nada. ¿Háganle un favor a esa cosa, si? Nació como un simple sapo. No lo dejen morir en sus estúpidas manos. –ordenó. Crabbe y Goyle, siendo los morones obedientes que eran hacia Draco, dejaron ir al pobre sapo y éste brincó en su compartimiento. Goyle abrió la puerta del compartimiento y dejó salir al sapo. Ver al animal hizo reír a Crabbe y Goyle de nuevo, irritando aún más a Draco.
–No puedo creer que estoy atorado aquí con estos dos idiotas. –murmuró Draco mientras enterraba la cabeza entre sus manos. Estaba cansado. En verdad lo estaba, porque ayer su padrino, Severus Snape, fue con él al Ministerio de Magia para firmar todos los documentos legales que le otorgaban todos los bienes de la familia Malfoy. Sí, sus padres estaban muertos.
El padre de Draco, el infame Lucius Malfoy, fue descubierto como uno de los más fieles seguidores de Voldemort, un mortífago. ¿Y cómo descubrió esto el Ministerio de Magia? Su único hijo se lo confesó al Ministro de Magia, Cornelius Fudge, hace unos cuantos meses. Lucius Malfoy recibió el beso del Dementor una semana después del descubrimiento.
Narcissa Malfoy, por otro lado, lloró por la muerte de su amado esposo hasta el punto de volverse loca. Fue enviada a San Mungo dado que los sanadores declararon que era peligroso, especialmente para Draco, si continuaba viviendo en la Mansión Malfoy. Un mes después de que fue internada, murió.
Ahora, Draco estaba completamente sólo. Era un huérfano. Dado que el pequeño niño aún era muy joven para vivir por su cuenta, su padrino tomó toda la responsabilidad para ser su guardián legal, con lo que Draco se sintió muy agradecido, ya que era muy cercano a su tío Severus.
Sus pensamientos fueron interrumpidos cuanto la puerta del compartimiento se abrió.
–¿Disculpen, alguno de ustedes ha visto un sapo? –una pequeña voz femenina preguntó a los tres.
Draco miró a la pequeña intrusa, planeando mirarla feo hasta que ella se fuera. 'En serio,' pensó. '¿Por qué todo mundo se preocupa en ese estúpido sapo?' Una vez que los ojos de Draco se posaron en la niña, la miró sorprendido.
–Pero qué…
–Repetiré mi pregunta. –dijo, frunciendo el ceño. –¿Alguien ha visto un sapo? Un niño llamado Neville lo perdió. Mmm… el nombre del sapo es… Trevor. Sí, Trevor.
Crabbe y Goyle continuaron riendo como niñas ante esta niña con un sentido de autoridad en su aura. Draco la miró, examinándola de pies a cabeza. 'Cabello esponjado… grandes dientes… preguntando por un sapo' El rubio jadeó, abriendo y cerrando la boca.
–¿Estás… estás bien? –preguntó la niña, mirando a Draco con sospecha. –¿Tan difícil de responder es mi pregunta?
–N… no. ¡No! –dijo ruidosamente, sorprendiendo a la niña. Draco se puso de pie y dio un paso hacia adelante.
Ella sonrió insegura.
–Okay… –dijo. –Pero honestamente, para mí, no te ves nada bien. Te ves algo… pálido.
–Es… estoy bien. –murmuró suavemente, con los ojos aún pegados en la pequeña niña. Sí, ella debía ser. Ella es la niña a la que le prometió a Hermione sería su amigo. Pero lo que le sorprendía tanto era otra cosa… '¡Hermione no me dijo que la niña se parecía tanto a ella!' Pensó. –Y sobre tu pregunta, sí vimos al sapo.
La niña que se parecía tanto a Hermione se iluminó.
–¡Oh, gracias a Merlín! –exclamó. –He estado ayudando a Neville un buen rato pero la gente a la que le he preguntado no ha visto a Trevor. –miró alrededor. –¿mmm… dónde está Trevor?
–¿Quién? –preguntó Draco, aún sorprendido.
–Trevor. El sapo. El sapo de Neville. –repitió, frunciendo el ceño.
–Oh…. Mmm…. Ellos. –apuntó a Crabbe y Goyle, quienes le sonrieron tontamente a la niña. –lo dejaron ir. Pero no tengo idea de a dónde fue.
La niña jadeó.
–¡No puedo creer que aún tengo que seguir buscando! –exclamó.
–¿Mmm… quieres que te ayude? –le ofreció suavemente el rubio… tímido.
La niña sonrió.
–Claro. Gracias. –dijo.
–De nada. –respondió Draco con una sonrisa. No pudo notar el rubor que estaba en las mejillas de la niña, lo que hizo sonreír de lado a Draco.
–Por cierto, –estiró su mano derecha. –Mi nombre es Granger. Hermione Granger.
La quijada de Draco cayó. 'Hermione. Hermione. ¡Hermione!' pensó. '¡Hermione no me dijo que la niña del tren se llamaría igual que ella!'
La sonrisa de la pequeña niña vaciló mientras miraba su mano aún en el aire.
–¿No vas a estrecharla? Sino para bajarla. –dijo frunciendo el ceño.
Draco de inmediato tomó su mano derecha y la sacudió ansiosamente.
–Lo siento, lo siento, es sólo que… me recuerdas a alguien. –le dijo honestamente.
–¿Oh, conoces a alguien que se llama Hermione también? –preguntó.
–Sí.
–Genial. –dijo, sonriendo ampliamente. –Aún no sé tu nombre.
–Oh, Draco Malfoy. –dijo el rubio.
–Bien, entonces, Draco Malfoy, ¿me podrías ayudar por favor a buscar el sapo de Neville? –preguntó Hermione, con una sonrisa en su rostro.
Draco le regresó la sonrisa.
–Claro.
–Okay, vamos. –y con eso, Hermione Granger desapareció de la puerta de su compartimiento.
El rubio miró a sus acompañantes.
–Ya no me sigan. ¿Está claro? –preguntó.
Crabbe y Goyle sólo lo miraron.
–¡Por el amor de Merlín! –exclamó Draco y corrió para alcanzar a la persona que había conocido… Hermione Granger. –Hermione Granger… –murmuró mientras la seguía con una pequeña sonrisa. Incluso aunque aún no llegaban a Hogwarts, su primer viaje en el tren ya era memorable.
Draco estaba caminando en los oscuros pasillos de Hogwarts en medio de la noche. Fruncía el ceño cada vez más con cada paso que daba. Sus nuevos compañeros de casa eran raros en su opinión. Sí, lo recibieron cuando el sombrero seleccionador anunció inmediatamente que pertenecía a Slytherin, pero la manera en que lo hicieron casi asustó a Draco. Que no se mal entienda. Le gustaba su casa pero… sus compañeros… ¡Crabbe, Goyle, y Pansy Parkinson también lo eran!
El rubio gimió suavemente mientras ignoraba los retratos que lo miraban al pasar. Hogwarts en la noche, descubrió, era bastante espeluznante. Draco hizo una nota mental de traer a Crabbe y Goyle la siguiente vez. Honestamente no le importaba si le daban la detención más rápida en toda la historia de Hogwarts. Sólo… sólo quería caminar… pensar. Más que nada sobre una cierta niña de cabello esponjado y grandes dientes que conoció en el expreso de Hogwarts y que se parecía enormemente a la adolescente que conoció hace unos años.
Draco frunció el ceño ante la imagen de la pequeña niña en su cabeza. Hacía sólo un rato, Hermione Granger fue seleccionada en Gryffindor, haciendo que el corazón de Draco se quebrara un poco. Pero dado que la Hermione del pasado le hizo prometer que sería amigo de esa niña, y Draco lo haría como había prometido. Pero, ¿cómo lo haría cuando él estaba en Slytherin y ella en Gryffindor?
Antes de que sus pensamientos continuaran, un sonoro suspiro se escuchó. Draco se giró inmediatamente y sacó su varita.
–¿Quién está ahí? –dijo. El corazón de Draco se aceleró. –¡Lumus! –exclamó y movió la varita hasta que vio a alguien. Draco se acercó lentamente, con la varita lista hasta que estuvo a unos centímetros del intruso. El rubio jadeó cuando lo reconoció. Era Hermione Granger.
–¿Draco? –preguntó ella, entrecerrando los ojos para ver mejor.
El rubio suspiró y sonrió. La pequeña Gryffindor estaba sentada en uno de los escalones de Hogwarts.
–Hey, –susurró, acercándose a ella. Se sentó a su lado. –¿Qué haces aquí?
Hermione frunció el ceño y bajó la mirada a sus pies.
–Quiero estar sola. –susurró tristemente. Draco notó el tono de su voz.
–¿Tú primer día de escuela fue tan malo? –preguntó Draco suavemente, su sonrisa desapareciendo para dar paso a una mueca. Para su sorpresa, la niña a su lado comenzó a sollozar. Los ojos de Draco se llenaron de sorpresa y su boca se abrió. –¿Estás… estás llorando, Hermione?
A su lado, Hermione se limpió las lágrimas de su rostro.
–Lo siento. –dijo suavemente.
–Umm… yo… es decir… –Draco tartamudeó nerviosamente. –¿Hice algo malo?
Ella dejó salir una pequeña sonrisa y sacudió la cabeza.
–No, no hiciste nada malo. –le aseguró, limpiándose el rostro. –Es sólo que… es que… –comenzó a llorar. –¡Extraño a mamá y a papá! –chilló y se cubrió el rostro con las manos. –¡Y no le agrado a nadie en mi nueva casa!
–Eso… no es verdad. –respondió Draco herido.
–¡Si es verdad! –exclamó levantando el rostro. Miró a Draco a los ojos. –Después de la cena, una niña de primer año me dijo directo a la cara que era una muggle mandona con dientes de castor y que no quería ser mi amiga.
–Eso dolió. –dijo al tiempo que descubría otra similitud de esta Hermione con la del pasado. Ambas eran hijas de muggles.
Hermione sollozó aún más fuerte.
–¡Sí, claro que dolió! –sollozó suavemente. –A nadie le agrado aquí. Quiero irme a casa.
–Yo creo que eso no es verdad. –repitió de nuevo.
–Está bien, –dijo mirándolo asesinamente. –Si eso no es verdad, ¿entonces a quien le agrado?
–A mí. –susurró. –A mi me agradas.
Hermione parpadeó varias veces.
–¿Qué? –preguntó con los ojos llenos de sorpresa.
–Quiero… quiero que seas mi amiga. –susurró Draco.
–¿Lo juras? –preguntó Hermione, con una pequeña sonrisa formándose en sus labios.
–Sí. –juró.
–¿En verdad lo juras? –preguntó Hermione.
Draco suspiró.
–Sí.
–¿Aunque tú seas un Slytherin y yo una Gryffindor?
–Sí. –dijo Draco, rodando los ojos. –En verdad no me importa en lo absoluto la casa en la que estás.
–¿Incluso aunque tus compañeros te condenen por el resto de tu vida porque eres amigo de una Gryffindor?
El rubio rodó los ojos.
–Ya te dije que eso no me importa.
–¿En verdad lo juras? ¿Deberitas?
–¡Por el amor de…!
Hermione rió.
–Es lindo. –respondió. –Aunque pensé que no querías ser mi amigo.
Draco se sonrojó ligeramente.
–Es mejor que vayamos a nuestras salas comunes. –dijo rápidamente. –Tal vez nos vea un maestro y nos castigue.
La pequeña Gryffindor asintió y se puso de pie.
–Okay. –dijo. –Buenas noches, Draco.
–Buenas noches, Hermione. –respondió. Entonces ambos caminaron en direcciones opuestas.
–¡Es tu maldita culpa, Weasley! –gritó Draco enojado mientras asesinaba con la mirada a su pelirrojo compañero. Entonces miró a Harry. –¡Y tú no hiciste nada, Potter! ¡¿Y te haces llamar el vencedor del Señor Tenebroso?!
Ron rodó los ojos.
–¡Oh, no seas tan melodramático, Malfoy! –respondió Ron jadeando. Ya llevaban algunos minutos corriendo hacia el baño de niñas. Y la razón era que tenían que salvar a Hermione Granger.
Draco murmuró un "estúpidos idiotas" o "que se vallan al infierno".
–Okay, ya no peleemos por favor. –Harry jadeó. Aparentemente se estaba quedando sin respiración también. –Tenemos que concentrarnos en cosas en más importantes. –Harry miró a Ron, quien fulminaba al rubio con la mirada. –Tenemos que salvar a Hermione.
Justo entonces, un fuerte grito se escuchó en los vacíos pasillos. Los tres chicos reconocieron la voz de inmediato.
–Hermione… –susurró Draco y entonces corrió más rápido.
–¡Draco Malfoy, vuelve en este mismo instante! –gritó Harry al tiempo que veía como su compañero hacía algo impulsivo para salvarla. ¡Y era un Slytherin! –¡Ron tenemos que ir con él!
Una vez que Draco llegó al baño de mujeres, su boca sólo se abrió de la impresión. Parpadeó rápidamente al no poder creer lo que estaba viendo. Ahí, debajo de un lavabo, estaba una asustada Hermione gritando por ayuda porque el troll la estaba atacando. Draco salió de su shock al tiempo que Hermione gritaba porque el troll había roto el lavabo debajo del cual ella estaba. Hermione corrió de inmediato a uno de los cubículos de sanitarios, pero el troll continuaba siguiéndola.
–¡Hermione, cuidado! –gritó Draco.
Hermione miró alrededor y una mirada llena de alivio cruzó por su asustado rostro cuando lo vio.
–¡Draco! –exclamó y entonces gritó de nuevo porque el troll había golpeado sus escondite.
Justo entonces llegaron Harry y Ron. Sus reacciones fueron las mismas que la de Draco una vez que vieron el desastre que había provocado el troll en el baño de mujeres. Ambos atacaron al troll cuando vieron que Draco intentaba pelear contra él. Una mirada llena de culpabilidad cruzó por el rostro de Ron cuando vio el rostro asustado de Hermione.
–¡AHHH! –exclamó Harry cuando brincó a la espalda del troll y le picaba una de las fosas nasales con su varita. El troll gruñó y giró una y otra vez, con Harry en su espalda. –¡Hagan algo! –les gritó a Ron y Draco.
–¡¿Qué?! –gritaron al mismo tiempo.
–¡Lo que sea! –gritó Harry. –¡Whoa! ¡Deja de moverte, estúpido y asqueroso troll! ¡Hagan algo! ¡Ahora!
Debido a la desesperación y el pánico, Draco hizo la primera cosa que vino a su cabeza. Golpeó al troll donde sabía que dolería. Grandes lágrimas rodaron por las mejillas del troll al tiempo que se hincaba en un intento de aliviar el dolor.
–¡Ronald Weasley, haz algo ahora! –gritó Draco.
Ron comenzó a entrar en pánico. Pero entonces, cuando vio el mazo del troll, una idea cruzó por su mente. Sacando su varita, el pelirrojo se aclaró la garganta y apuntó hacia el arma.
–¡Wingardium Leviosa! –gritó. El mazo flotó arriba de la cabeza del troll. Ron movió su varita y el mazo cayó justo arriba de la cabeza del troll, dejándolo inconsciente de inmediato. El troll cayó con Harry en su espalda.
Ron lo miró sorprendido.
–Lo hice. –susurró.
Todo estuvo en silencio al principio, excepto por las pesadas respiraciones de los tres ocupantes del baño y de la castaña que lloraba suavemente. Harry se movió y sacó su varita de la nariz del troll, con una mueca de asco en su rostro mientras miraba a la varita llena de moco de troll.
Draco corrió hacia Hermione y la ayudó a levantarse. La castaña lo abrazó fuertemente y lloró de nuevo. El rubio, sorprendido, se puso rojo de pies a cabeza.
–¡Oh, estaba tan asustada! –dijo mientras su agarre del Slytherin se intensificaba.
–Tranquila, todo terminó. –la consoló.
Entonces, la profesora McGonagall llegó junto con el profesor Snape y el profesor Quirell.
–¡¿Qué pasó aquí?! –gritó sorprendida la jefa de la casa de Gryffindor. Sus ojos se posaron en las culpables muecas de culpa en los rostros de Harry y Ron, e instantáneamente entrecerró los ojos ligeramente. –¿Sr. Potter, Sr. Weasley, ustedes hicieron esto?
Los dos Gryffindor miraron al suelo.
–Mmm… de hecho, profesora, fue mi culpa. –susurró Hermione mientras soltaba a Draco. –Yo… no tuve cuidado, profesora McGonagall. Lo siento.
La profesora de transfiguración se veía sorprendida.
–Bien entonces, señorita Granger, cinco puntos menos para Gryffindor por hacer algo estúpido que los puso en riesgo a todos. –dijo. Entonces miró a Harry y a Ron. –Y cinco punto a Gryffindor por cada uno de ustedes por… derrotar al troll.
–Y cinco puntos a Slytherin por ayudarlos. –añadió el profesor Snape mientras miraba al sonriente Draco Malfoy.
–Si, si, ahora ya váyanse. –dijo la profesora McGonagall. –Vuelvan a sus dormitorios y nosotros no encargaremos de este desastre.
Los cuatro obedecieron y salieron del baño.
Y esa noche, una especial y fuerte amistad se formó entre los cuatro especiales estudiantes.
–¡RON! –Hermione gritó al tiempo que el caballo que Ron estaba montando era despedazado por la reina del oponente. Corrió rápidamente hacia su amigo caído y tomó su brazo herido. Draco también corrió hacia ellos. Por la esquina de los ojos, pudo ver como Harry se iba a acercar a ellos, pero Draco lo detuvo.
–¡No, Harry! –exclamó Draco mientras miraba al frenético Gryffindor. –¡Debes ir y pelear contra Tú–sabes–quien!
–Pero… no puedo dejarlos aquí. –dijo Harry. –Ron está herido… Hermione y tú son… no puedo dejarlos aquí.
Hermione miró a Harry con lágrimas en los ojos.
–Draco tiene razón, Harry. –dijo. –Protege la Piedra Filosofal de Tú–sabes–quien. Debes de continuar sin nosotros.
–Sí, Harry. –concordó Ron, con muecas de dolor. –Es… sólo un rasguño.
–¿Están seguros? –preguntó Harry.
Los tres asintieron.
–Puedes hacerlo, Harry. –dijo Hermione. –Eres fuerte. Sé que puedes hacerlo.
Una mirada determinada apareció en el rostro de Harry.
–Está bien, entonces. –dijo. –No los decepcionaré. –Y entonces, Harry caminó hacia la puerta de madera para enfrentarse a Lord Voldemort.
Hermione sollozó mientras ayudaba a Ron.
–Vamos, deja de llorar chiquilla tonta. –gruñó Draco mientras se levantaba. –Iré por ayuda. Quédate aquí y cuida de Ron.
Hermione le lanzó una mirada asesina.
–¡No estoy preocupada por Ron! –protestó.
–¡Hey! –exclamó Ron. Parecía que le había afectado lo que Hermione había dicho.
Hermione miró a Ron tímidamente.
–Es decir… si, me preocupo por Ron, pero Harry… –comenzó a llorar de nuevo. –Harry tiene que pelear… tiene que pelear… con… Vold…vol..Volde… Voldemort. –los tres se estremecieron ante el nombre.
Draco suspiró.
–Tú sabes que él es el único que puede vencer a Tú–sabes–quién. –le dijo el Slytherin a su mejor amiga.
–Lo sé. –susurró.
Draco le dio una palmadita en la cabeza y le dio una pequeña sonrisa.
–¿Por qué cada vez que estoy contigo estás llorando? –preguntó.
Hermione rió suavemente.
Draco sonrió.
–Ahora, quédate con Ron mientras voy por ayuda. –Draco comenzó a correr pero Hermione lo detuvo.
–¡Draco! –gritó.
Draco miró a Hermione.
–¿Si?
–Ten cuidado. –susurró.
El rubio sonrió de nuevo.
–Si… lo tendré.
Segundo año:
–¿Qué está pasando aquí? –preguntó Hermione, mientras ella, junto con Ron, corrían junto al equipo de Quidditch de Gryffindor (que incluía su mejor amigo, Harry Potter). La castaña también veo a su otro mejor amigo, Draco Malfoy, quien aparentemente era parte del equipo de Slytherin.
–Se suponía que usaríamos la cancha para practicar, Hermione. –dijo Harry al verla. –Pero ellos, –apuntó un dedo hacia los sonrientes Slytherin (excepto Draco, por supuesto) –Nos dicen que el profesor Snape les dio permiso para utilizar la cancha.
Hermione miró a Draco en confirmación. Todo lo que el Slytherin pudo hacer fue encogerse de hombros y susurrar un "lo siento".
–Te estoy diciendo, Pucey, a nosotros nos dieron primero el permiso. –Le dijo Oliver Wood, capitán del equipo de Gryffindor a Adrian Pucey, capitán de Slytherin.
–Sí, claro. –bufó Pucey. –Pero lo siento, Wood, tu tiempo se terminó. Es nuestro turno.
Oliver rodó los ojos y apretó las manos en puños.
–Es. Nuestro. Turno. –dijo apretando los dientes.
–¡Mentira! –dijo el capitán de Slytherin con una sonrisa.
–¡Hey, ya lo escuchaste! –exclamó Ron, dando un paso hacia adelante valientemente. –¡Es nuestro turno, maldito Slytherin! ¡Haznos un favor y piérdete! Quieren jugar.
–Estúpido Weasley. –dijo Pucey alzando una ceja. –Tú ni siquiera eres parte del equipo de Gryffindor. Wood nos hizo un favor a todos porque no te reclutó.
Ron se puso de una horrible tonalidad de rojo. Sacó su recién reparada varita y la apunto hacia Pucey. Hermione tomó la mano de Ron y lo forzó a bajar la varita para que no lastimara a nadie.
–Ron, no vale la pena. –susurró Hermione. –Algo malo puede pasar si haces algún encantamiento con tu varita. Entonces miró a Draco. –Haz algo. –susurró.
–¿Qué? –susurró Draco nerviosamente.
–¡Lo que sea, estúpido! –respondió Hermione. Draco sólo se encogió de hombros, lo que hizo que Hermione se frustrara.
–¿Ya terminamos de charlar, entonces? –preguntó Pucey. –Porque nuestro equipo en verdad quiere jugar, sabes.
Hermione le lanzó una mirada asesina.
–Adrian Pucey, ya has escuchado a mis compañeros. Ellos fueron los primeros en tener el permiso por la profesora McGonagall. Acepta ese simple hecho y jueguen en otro lado.
–¡Nadie te pidió tu opinión, asquerosa sangre sucia! –exclamó Pucey. Todos, excepto Harry, jadearon en sorpresa. Hermione miró a Pucey y parpadeó varias veces. Después de que se recuperó del shock, una lágrima resbaló por su mejilla, y ni siquiera se molestó en limpiarla. Adrian parecía satisfecho con lo que hizo.
–¡Pagarás por eso, Pucey! –exclamó Ron, apuntando su varita hacia el capitán de Slytherin. –¡Traga babosas! –Pero entonces, el hechizo se regresó y Ron voló hacia atrás. El equipo de Gryffindor corrió a su lado. Hermione se arrodilló y lo sacudió ligeramente.
–¿Estás bien, Ron? ¡Di algo! –sollozó Hermione.
–¡Hey! ¡Es suficiente! –dijo Draco mientras corría hacia sus amigos.
–¡Malfoy, vuelve en este instante! –ordenó Pucey. –¡Soy el capitán del equipo y te ordeno como tu líder que regreses!
–¡No! Ya los escuchaste, Pucey. Ellos fueron los primeros en obtener el permiso.–dijo Draco. –Creo que sería mejor que lo dejáramos para mañana o para esta tarde.
Adrian entrecerró los ojos.
–¿Estás de su lado, Malfoy? –preguntó.
Draco alzó su barbilla y miró al capitán a los ojos.
–Sí. ¿Y qué?
–Bueno, pues entonces estás fuera del equipo, Malfoy. –dijo. –Encontraré a alguien que esté mejor capacitado para ser el buscador de Slytherin.
El rubio dejó salir una pequeña carcajada.
–No puedes sacarme del equipo, Pucey. –le dijo confiadamente al Slytherin. –Yo fui recomendado por el profesor Snape. La última decisión siempre será la de él.
La mirada de Pucey se oscureció mientras la sonrisa de Draco crecía.
Adrian miró a sus otros compañeros.
–Vamos, equipo, tenemos que irnos. –ordenó. –Podemos atrapar sus sucios gérmenes. –Y con eso, el equipo de Slytherin, menos Draco, se fueron del campo.
–¡Espera, Pucey! –gritó Draco, deteniendo al Slytherin.
–¿Ahora qué, Malfoy? –preguntó molesto.
Draco apunto su varita y la sacudió. Y entonces, un hechizo golpeó a Pucey directamente en el pecho. El capitán de Slytherin se tornó en una brillante tonalidad de púrpura con verde, y entonces, justo como Ron, comenzó a vomitar babosas. Los Gryffindor jadearon en sorpresa y miró a Draco sorprendidos. Draco le dirigió su sonrisa hacia Ron.
–Creo que eso es lo que querías que pasara, Weasley. –dijo el rubio. –Me debes una. Ron rió, pero entonces vomitó de nuevo. –Harry. –dijo, aun mirando a Hermione. –Lleva a Ron con Harry. Él puede ayudarlo.
–Está bien. –dijo y ayudó a Ron a levantarse.
Oliver Wood puso una mano sobre el hombro de Draco.
–Gracias, Draco Malfoy. –dijo. –No eres tan malo, sabes.
Draco sonrió.
–¿Qué? ¿Creías que sería como los demás Slytherin? –preguntó.
El capitán de Gryffindor sonrió tímidamente como confirmación. Y entonces, miró a su equipo y ordenó.
–¡Muy bien todos, monten sus escobas y vamos a practicar! –y con eso, sólo Hermione y Draco quedaron ahí. El Slytherin se acercó a su mejor amiga y se agachó frente a ella.
–¿Hermione, estás bien? –preguntó.
Hermione sacudió la cabeza. Draco suspiró y la ayudó a ponerse de pie. Juntos, entraron al castillo. Mientras caminaban por los largos pasillos, la cabeza de Hermione permanecía gacha, con los ojos pegados al piso, pero Draco sabía que aún seguía llorando.
El rubio suspiró. Lo había hecho. Había hecho oficial para sus compañeros que sus mejores amigos eran de Gryffindor, pero no unos Gryffindor cualquiera, sino Harry Potter, Ron Weasley y Hermione Granger. No lo tomen a mal. No es que estuviera avergonzado del hecho de que fueran sus amigos. Es sólo que… él sabía, muy dentro de él, que cuando vio por primera vez a Hermione Granger que sus compañeros lo mirarían feo por fraternizar con el enemigo. Pero ahora, parecía no importarle. Todo lo que importaba era que su mejor amiga estaba llorando por lo que su compañero le había dicho.
–Me llamo 'sangre sucia'. –susurró Hermione, rompiendo el silencio.
–Creo que escuché eso, Hermione. –susurró Draco.
Hermione levantó la cabeza y miro a Draco a través de las lágrimas.
–¿Sangre sucia significa exactamente eso, no? –preguntó la Gryffindor. Cuando Draco no respondió, continuó. –¿Es nombre bastante tonto para los hijos de Muggle, no es así? Para alguien sin padres mágicos. –Hermione miró el suelo de nuevo. –Alguien… alguien como yo.
Draco pasó saliva nerviosamente.
–Sí… ¡Es decir, no! –exclamó. –Mira Hermione, ignora a Pucey. Él es así, especialmente con los Gryffindor. Confía en mí. He vivido con él casi dos años. Es sólo que tiene esta habilidad para… sacarte de quicio. –Hermione continuó llorando, lo que hizo a Draco suspirar. –Hermione, –dijo parándose frente a ella. –¿No eres una sangre sucia, Okay? Los de mi tipo tienden a ser… groseros con la gente que no son como nosotros… como los sangre pura. –El rubio miró el suelo, agradecido de que estuvieran cerca de las mazmorras de Slytherin. –¿Espérame aquí, si? –Draco corrió y entró a su Sala Común.
La castaña lo esperó, aunque las lágrimas seguían bajando por sus mejillas. Y entonces, Draco volvió. Hermione alzó la vista mientras él caminaba hacia ella, con una enorme sonrisa en el rostro.
–Adrian Pucey es un idiota, Hermione. –dijo Draco, casi inaudiblemente. –Pero recuerda esto. Él no puede pensar en un hechizo que tú no puedas hacer. Tú eres diez veces mejor que él en muchas, muchas cosas. Así que… sólo olvídalo.
Hermione le regaló una pequeña sonrisa.
Entonces, el rubio le mostró algo… algo que hizo que su sonrisa se ensanchara.
–¡Oh, Draco, es adorable!–exclamó mientras Draco le pasaba un osito de felpa. Hermione lo abrazo fuertemente contra su pecho. –¿Cuál es su nombre?
–Sr. Botones. –dijo Draco tímidamente. –Digamos que… una persona muy importante me lo dio como regalo de cumpleaños.
–Oh, –dijo Hermione, con la sonrisa vacilando. –¿Y me lo estás regalando?
Draco se rascó el cuello.
–Sí. –dijo. –¿No te gusta?
–¡Claro que me gusta! –dijo mientras le daba un beso en la frente al Sr. Botones. –Pero… parece que es importante para ti, Draco. No lo aceptaré. –le extendió el osito a Draco, pero éste no lo aceptó.
–No seas tonta, Hermione. Es tuyo. –dijo Draco. –Sí, él es importante para mí, pero ahora, tú lo necesitas más que yo.
Hermione sonrió y besó de nuevo la cabeza del Sr. Botones.
–Gracias. –dijo sonriendo ampliamente. Draco le sonrió de vuelta. –Draco… –dijo.–¿Por qué siempre me haces sentir mejor?
La sonrisa de Draco desapareció.
–¿Lo hago? –preguntó mientras fruncía el ceño.
–Sí… es decir, –Hermione bajó la mirada a sus pies. –Me haces sonreír cuando estoy llorando. ¿Por qué?
–Yo… realmente no lo sé. –dijo honestamente.
Hermione suspiró.
–Espero que algún día sepamos la respuesta. –dijo. Y entones, dejó salir un enorme jadeó.–¡Oh, es hermoso! –dijo mientras miraba al cuello de Draco.
–¿Qué? –preguntó. Y entonces, vio su collar, expuesto. Parecía que Hermione lo había visto. –¿Oh, esto? –dijo, apuntando el anillo. –También me lo regaló alguien muy importante.
–¿Una chica? –preguntó la castaña, mirando fijamente a Draco. –El anillo se ve algo…afeminado.
El rosto de Draco se tornó rojo.
–Si… –respondió. –Fue… su regalo por mi décimo cumpleaños… el mejor cumpleaños que he tenido.
Hermione miró al anillo nostálgicamente.
–¿Puedo… puedo tenerlo? –preguntó lentamente en un susurro.
–¡No! –exclamó Draco, apretando el anillo entre su palma. –Si te doy esto, entonces… significaría algo más. –la última parte la dijo en un susurro.
–¿Qué? –preguntó.
Draco tragó nerviosamente.
–Mmm… ¿podemos… podemos visitar a Ron? –preguntó, cambiando el tema. Rogó a Merlín porque Hermione recordara la situación actual de su amigo. Afortunadamente, lo hizo.
–¡Oh! ¡Ron! –dijo. –Vamos, Draco. Vayamos con Hagrid. –Hermione abrazó al Sr. Botones fuertemente y comenzó a correr hacia la salida del castillo. Draco dejó salir un enorme suspiro de alivio cuando la siguió.
Harry, Ron y Draco entraron a la enfermería tranquila y solemnemente, con los ojos puestos en Hermione. Estaba petrificada. El profesor Dumbledore les dijo que fue encontrada petrificada junto con Penélope Clearwater, una prefecta de Ravenclaw.
Los tres chicos de acercaron a la cama de Hermione, sin alejar la vista de su amiga.
–Esto…esto es horrible.–dijo Ron en un susurro mientras tragaba nerviosamente y tocaba la mano endurecida de Hermione. –Esto es malditamente horrible.
Harry miró alrededor y vio a todos los que estaban petrificados en la habitación. Estaba Colin Creevey, aunque Harry ya no podía ver su cámara. Estaba Justin Flinch–Fletchey y Nick casi–decapitado, quienes fueron petrificados al mismo tiempo y el mismo lugar. Estaba Penélope Clearwater, y por supuesto, Hermione. Harry contó en su cabeza cuando eran. Todos juntos eran seis.
–¿Hey, qué es esto? –dijo Draco repentinamente, rompiendo el silencio. Estaba sosteniendo la mano derecha de Hermione y se sorprendió cuando encontró un papel doblado entre ella. El Slytherin lo sacó y se lo dio a Harry.
Abrió el pedazo de papel y todo lo que vio fue la letra de Hermione.
–Tuberías. –susurró. –Eso es lo que dice.
–¿Tuberías? –preguntó Ron. –¿Por qué en el nombre de Merlín, Hermione escribiría 'tuberías' en un pedazo de papel?
–Tal vez significa algo. –dijo Draco. Tomó el papel de la mano de Harry. –Tuberías… tuberías… tuberías… –giró el papel y se sorprendió al encontrar que otra palabra también estaba escrita del otro lado. –Basilisco… –susurró y después jadeó.
–¿Basilisco? –preguntaron Harry y Ron al mismo tiempo.
–Un basilisco es una serpiente gigante. También es conocido como el Rey de las Serpientes. –le dijo Draco a sus mejores amigos. –La mirada del basilisco es mortal. Mueres instantáneamente si lo miras directamente a los ojos.
–¿Me estás diciendo que…?
–Sí, Harry, creo que el basilisco hizo esto. –dijo Draco, indicando hacia los demás petrificados. –Hermione lo había descubierto, pero desafortunadamente fue petrificada por el basilisco.
–¿Petrificada? –preguntó Ron. –¿Cómo es que están petrificados?
–Porque, Ron, no lo miraron directamente a los ojos. –le explicó Harry. –Colin lo vio a través de la cámara, así que no lo vio directamente. –Justin tal vez lo vio a través de Nick casi–decapitado. Aunque el caso de Nick es peor porque vio al basilisco directamente, no puede morir. Ya está muerto. Hermione… ¡Ella estaba sosteniendo un espejo! –exclamó Harry mientras sostenía la mano donde Hermione tenía el espejo. –Penélope pudo haberlo visto por ahí también.
–¿Y qué hay de la Sra. Norris? –susurró Ron, mirando a Flinch por la esquina de los ojos.
–Recuerda que vimos agua ahí, Ron. –Draco continuó. –La Sra. Norris lo pudo haber visto por el reflejo del agua.
Ron se rascó el cuello.
–Okay… ¿Entonces por qué Hermione escribió la palabra 'tuberías' también en el papel? –preguntó.
–Tal vez… –dijo Draco.
–¡El basilisco se está escondiendo en las tuberías! –exclamó Harry. –¡Hablo parsel, recuerdan? ¡Puedo entender el lenguaje de las serpientes y el basilisco es una! –El Gryffindor suspiró en alivio. –Ahora entiendo porque escuchaba las voces en las paredes, el basilisco estaba comunicándose conmigo. Recuerda que hay tuberías en las paredes también, Ron.
–Oh. –dijo Ron entendiendo. –Entonces… ¡Tenemos que encontrar una manera de entrar a las tuberías!
–Sí, tienes razón, vamos. –Harry se dirigió a la salida, con Ron en sus talones. Harry se detuvo y miró atrás. Draco aún seguía sentado en la cama de Hermione. –¿No vas a venir, Draco?
El rubio lo miró y sacudió la cabeza.
–Me quedaré con Hermione. –dijo. –Tal vez pueda ayudar a Madam Pomfrey con el antídoto.
–Okay, entonces deséanos suerte. –dijo Harry.
–¡Cuida a Hermione! –dijo Ron mientras salía.
Una vez que se fueron, Draco miró de nuevo a Hermione con el ceño fruncido.
–Eso te ganas por ser malditamente inteligente, Granger. –le dijo a la castaña y tomó de nuevo su mano. –Debiste de por lo menos habernos pedido que te acompañáramos, y te pudimos haber avisado del basilisco. Estúpida valentía Gryffindor.
Después de una pausa, Draco recargó su cabeza junto a Hermione.
–Despierta, Hermione. –susurró… rogó. –Sí, Harry y Ron están aquí para acompañarme pero sé que estarán ocupados intentando matar al basilisco y salvando a la hermana pequeña de Ron. Y además, es muy diferente sin ti.
Draco suspiró y se enderezó. Sacó al Sr. Botones de su túnica y se lo enseñó a Hermione.
–Ves, traje al Sr. Botones. Él te hará compañía mientras yo ayudó a Madam Pomfrey. –dijo Draco y puso al osito de felpa a su lado. Se puso de pie. –Estaré aquí pronto, Hermione. Ya te estoy extrañando. –susurró y se inclinó para darle un beso en la frente.
El Slytherin habló con Madam Pomfrey, y juntos, lograron hacer el antídoto.
Harry y Ron derrotaron exitosamente al basilisco y salvaron a Ginny Weasley. Todos los que fueron petrificados fueron despertados exitosamente. Al final, la Cámara de los Secretos fue cerrada de nuevo; el heredero de Slytherin, quien realmente era el alma y el recuerdo de Tom Marvolo Riddle o Lord Voldemort desapareció, y todos estuvieron a salvo de nuevo.
Tercer año:
–¡DRACO MALFOY! –Hermione gritó mientras entraba a la Sala Común de Gryffindor. Nadie estaba ahí, excepto su mejor amigo, Draco Malfoy. Incluso aunque era un Slytherin, tenía acceso a la Sala Común de Gryffindor porque la Dama Gorda confiaba en él desde que supo que era mejor amigo de Harry Potter.
Draco alzó la vista de su libro y miró a Hermione, rodó los ojos y regresó a su libro. Harry y Ron lo habían dejado para ir a la biblioteca (lo que sorprendió bastante a Draco) para una investigación.
–¿Cuál es tu problema, Granger? –le preguntó, sin alejar la vista del libro. Hermione tomó el libro de sus manos. Draco gruñó y le lanzó una mirada fulminante a la castaña. –¿Hermione me estás molestando, no puedes ver eso? –preguntó.
–¿Dónde está Crookshanks? –exclamó.
–No te atrevas a acusarme. –dijo Draco mientras su mirada se oscurecía. –No le hice nada a tu precioso gato, Granger. Seguí tu orden. Lo dejé en paz.
Hermione dejó salir un sonido molesto.
–¡Ambos sabemos que odias al maldito gato, Draco! ¡¿Dónde está?! ¡Dime dónde está! –gritó.
–¡Ya te dije que no le hice nada a tu horrible gato, Granger! –gritó Draco en respuesta.
–¿Horrible? ¡¿HORRIBLE?! ¡¿Acabas de llamar horrible a mi gato?! –gritó y se agachó para mirarlo directamente a los ojos.
–¡¿Y qué si lo hice?! –gritó Draco, cruzando los brazos frente a su pecho.
Hermione apretó los dientes.
–Mi. Gato. No. Es. Horrible. –dijo molesta. –Ahora dime dónde encerraste a Crookshanks y todo estará bien, Draco.
Draco dejó salir un largo suspiro.
–¿Cuántas veces tengo que decirte que ya no encierro a Crookshanks? –le preguntó. –Pregúntale a Ron. El también odia a tu maldito gato. Y piensa en esto. ¿Quién no odia a tu maldito gato?
Hermione tomó a Draco por el cuello de su camisa y lo jaló hacia ella rápidamente. El rubio parpadeó rápidamente y la miró sorprendido.
–Dime dónde está Crookshanks. –dijo en un suave susurro mientras le permitía a Draco ponerse de pie. Hermione lo bajó un poco para que estuvieran a la misma altura.
–No lo escondí. –susurró Draco, con los ojos fijos en sus rojos y abiertos labios.
–¡¿Dónde está?! –gritó Hermione.
–Granger, –dijo el rubio aun susurrando, mientras apartaba a sus ojos dolorosamente de esas dos cosas tentadoras. Miró a Hermione a los ojos. –Si no te callas, haré algo que no te gustará.
–¡NO ME INTERESA! ¿DÓNDE ESTÁ MI…? –Hermione no tuvo la oportunidad de terminar la oración porque, repentinamente, los labios de Draco chocaron contra los de ella. Tan pronto como sucedió, Draco se alejó, aunque su mano derecha seguía en el cuello de Hermione.
Draco miró a Hermione, quien lo miraba sorprendido.
–Ves… –susurró mientras veía como Hermione parpadeaba. –Te dije que si no te callabas iba a hacer algo que no te gustaría. –Antes de que la castaña pudiera hacer algo o reaccionar, Draco posó gentilmente sus labios sobre los de ella.
Aunque esta vez, para la sorpresa de Hermione, Draco ladeó su cabeza y comenzó a mover sus labios contra los de ella. Su mano estaba en la parte de atrás de su cuello y bajó hasta su cintura y la acercó más a él, ganándose un suave quejido de la castaña. Para ella, el beso que le estaba dando ahora no tenía el propósito de callarla.
Pero entonces, se encontró a sí misma cerrando los ojos y rindiéndose ante el beso. ¿Cómo podría no hacerlo cuando sus labios sabían a chocolate? ¿Cómo no podía hacerlo si el maldito besaba tan bien? ¿Cómo podría no hacerlo si la hacía sentir tan cómoda? Las manos de Hermione se aferraron a la camisa de Draco. ¿Cómo podía detenerse de besarlo cuando la sentía sentir algo? Electricidad. Chispas.
Hermione dejó salir un enorme jadeó y lo empujó. Bastante fuerte. Draco la miró confundido, parpadeando rápidamente mientras la miraba.
–Yo… –comenzó.
–No. ¡No lo hagas! –gritó Hermione, cubriéndose la boca con una mano.
Entonces, un Ron bastante molesto, seguido por Harry, entró a la sala común de Gryffindor. Al ver a Hermione, el pelirrojo jadeó ruidosamente.
–¡Hermione! ¿Podrías por favor detener a tu maldito gato de perseguir a Scrabbers? Tú precioso Crookshanks lo está persiguiendo de nuevo en el Gran Comedor. ¿Podrías detener al maldito gato antes de que haga algo… malo a mi rata? –preguntó, frunciendo el ceño debido a la frustración.
Hermione se volvió aún más roja al saber que había acusado a la persona equivocada.
–Hermione… –dijo Draco, poniendo su mano sobre su muñeca.
La castaña, al sentir de nuevo las chispas, brincó de la impresión, y sin pensarlo, golpeó a Draco. Muy tarde se dio cuenta de que le había puesto mucha fuerza al golpe, porque escuchó el doloroso impacto de su puño contra su mandíbula.
En la esquina de sus ojos, pudo ver como la boca de Harry y Ron se abría al mismo tiempo de la impresión. Se hubiera reído en otra ocasión, pero ahora no estaba de humor para ello. Hermione también abrió la boca sorprendida. Draco la miró incrédulo.
–Yo… –dijo Hermione, con la angustia y confusión evidentes en su voz. No sabía qué hacer ahora. Así que hizo la única cosa posible. Salió corriendo de la Sala Común.
Al principio, los tres se quedaron en silencio. Hasta que Harry lo rompió.
–Whoa. –dijo mientras miraba como Draco se masajeaba la mandíbula. –Eso fue… fue…
–Cállate, Potter. –dijo Draco mirando a Harry asesinamente. –¡No te atrevas a continuar!
–¿Por qué demonios Hermione te haría algo, Draco? –preguntó Ron, inmediatamente olvidando el predicamento anterior sobre su amada rata.
El rubio cerró los ojos y suspiró en frustración.
–Digamos que me acusó equivocadamente de lastimar a su amado gato. –murmuró suavemente.
–¿Con un golpe? –dijo Harry, aun sorprendido. –¿Por qué haría eso?
Draco sacudió la cabeza.
–Por favor, déjenme… ouch… solo. –dijo mientras salía de la sala común. –Iré a la enfermería. Creo que tengo un hueso roto.
Ron miró a Harry.
–¿Cuál es su problema? –preguntó.
–No me preguntes, Ronald. –respondió Harry. –No creo que lo tengan.
El pelirrojo se encogió de hombros.
–¿Quieres comer algo? Me estoy muriendo de hambre. –dijo.
Harry suspiró y rodó los ojos.
–Lo que sea, Ron.
Hermione suspiró mientras veía de nuevo su reloj. Estaba sentada en una banca vacía, esperando a que su madre pasara por ella. 'Mamá está retrasada', pensó con el ceño fruncido y miró alrededor de la estación de King Cross. Para su infortunio, la gente en King Cross era cada vez menos. La castaña suspiró de nuevo y se masajear la frente ante el dolor de cabeza que comenzaba a formarse ahí.
Recargó el codo en su rodilla y posó su frente en la mano. Había sido un año agotador, en su opinión. Sus aventuras este año fueron más cansadas que los anteriores. Descubrir que Scrabbers era en realidad el viejo amigo del padre de Harry, Peter Pettigrew; conocer al infame Sirius Black, quien fue acusado erróneamente de asesinar muggles; usar el gira–tiempo con Harry para salvar a Buckbeak y Sirius; y peligrosamente surcar en los cielos montados sobre un hipogrifo. Era demasiado.
Pero realmente, nada era comparado con el verdadero problema que tenía.
Después de que eso sucedió, comenzó a evitar a Draco el resto del año. Era dolorosamente obvio dado que Harry, Ron y Ginny lo notaron. Era dolorosamente obvio porque muchos Slytherin (quienes odiaban a Draco por juntarse con Gryffindors y sangre sucias) lo notaron.
Hermione dejó salir un enorme suspiro. Sentía lo que había pasado, pero no podían culparla por la situación actual. Él la arruinó. Él arruinó su maravillosa camaradería. Hermione estaba contenta con tener al mejor que amigo que pudiera tener, pero entonces, con esos dos besos, él lo arruinó. Lo maldijo suavemente. Todo era realmente su culpa.
Hermione se masajeó de nuevo la frente.
–Hey.
La Gryffindor brincó en su asiento y levantó la vista abruptamente. Entrecerró los ojos y entonces, bajó la mirada. Sus manos estaban sobre su regazo, en puños. Una testaruda mueca era evidente en su rostro. 'Cómo se atreve a… a… ¡a mostrar su rostro!' Gritó Hermione en su mente al ver a Draco.
El rubio suspiró y se sentó junto a ella en la banca. Se aseguró de que hubiera suficiente espacio entre ellos para no incomodarla. Draco sabía que aún estaba molesta con él. Su reacción cuando lo vio hace unos instantes fue prueba suficiente. Pero no se rendiría. Era verdadera, definitiva, agonizante y dolorosamente difícil de evitarla cuando ella estaba en la misma habitación que él. Su pelea no había sido pequeña, lo sabía. No era como las que habían tenido antes. Era algo… algo que no podía entender. Draco sabía que tenía que disculparse ahora, o Hermione no le volvería a hablar en su vida.
Draco tomó al Sr. Botones en busca de apoyo. Sí, tal vez era inanimado y todo eso, pero el Sr. Botones era importante en su amistad con Hermione. Desde que ella le había dejado de hablar, le había regresado el osito de felpa, y aunque quisiera negarlo, eso lo había herido bastante.
El Slytherin tomó una enorme bocanada de aire.
–Está bien, ¿me vas a hacer decirlo, no es así? –dijo valientemente. –Bien. Entonces… lo siento. –Ahí estaba, lo había dicho, y demonios, sentía como ya tenía un peso menos de encima.
Hermione aún se negaba a mirarlo. Ahora tenía los brazos cruzados sobre su pecho.
Draco suspiró y puso al Sr. Botones entre ellos. El rubio sabía que lo haría era estúpido, pero eso no lo detuvo.
–Perdónalo, Hermione. –dijo el Sr. Botones, aunque sonaba demasiado como la voz de Draco. –En verdad lo siente. Por favor, perdónalo. –Draco acercó al osito al brazo de Hermione. –Perdónalo. Perdónalo. Por favor. Perdónalo, ¿si? –dijo Draco a través del Sr. Botones.
Y para su gran alivio, Hermione dejó salir una pequeña risita. Fue breve, pero aún así, era su risa. Draco sonrió ampliamente y suspiró.
–Merlín, Hermione, yo… –no tuvo la oportunidad de terminar la oración porque Hermione le había arrebatado al Sr. Botones. Draco vio como la castaña le daba pequeños besos en la frente al osito y no podía negar el agrio sentimiento que lo invadió.
–Oh, Sr. Botones, como te extrañé. –dijo Hermione mientras abrazaba fuertemente al oso.
–¿Pero qué…? ¡Hermione! –exclamó Draco en frustración. –¿Qué es lo que quieres ahora, huh? Está bien, lo diré de nuevo. ¡Lo siento! –alzó las manos al aire y dejó salir un ruido molesto. –¿Qué más quieres que haga? ¿Qué me arrodille y suplique? Porque si eso quieres que haga, lo hare. –se puso de pie.
Hermione lo miró, sorprendida, y después suspiró.
–No, siéntate. –le ordenó. Draco obedeció y se sentó de nuevo en la banca. Aunque esta vez, el espacio entre ellos era menor.
El rubio miró a Hermione, esperando a que hablara.
–Granger… sólo di algo. –dijo.
–Algo. –dijo Hermione, mirándolo sin expresión alguna.
Draco se golpeó la frente.
–¡Hablo en serio, Hermione! –exclamó. –Estoy diciendo…
–¿Qué no significaron nada, cierto? –preguntó repentinamente.
–¿Qué?
Hermione suspiró y recargó su barbilla en la cabeza del Sr. Botones.
–Esos… –tragó saliva nerviosamente. –Besos, ¿no significaron nada, cierto? Dímelo honestamente, Draco.
Draco la miró nerviosamente y bajó la vista. No podía negar lo que había sentido cuando la besó. Pero, ¿en serio significaban algo para él? ¿Lo que fuera? El rubio suspiró.
–No. –dijo cortantemente. ¿A quién demonios trataba de engañar? –Sólo fueron para que te callaras.
La Gryffindor sacudió la cabeza.
–El segundo no parecía tener el propósito de callarme. –dijo Hermione.
–Dije que no significaron nada, Granger. –Sabía que estaba mintiendo.
–¿En serio? –preguntó Hermione sorprendida.
–Sí.
–¿En serio, en serio? –preguntó de nuevo.
Draco dejó salir un suspiro exasperado.
–Sí.
–¿Estás seguro?
–¡Ugh, Granger! ¿Qué quieres que diga? ¿Qué significaron algo para mí, huh? –preguntó desesperado.
Hermione sólo sonrió.
–No. –dijo. –¿Pero estás verdaderamente seguro?
–Cuantas veces tengo que…
La castaña comenzó a reír.
–Está bien, está bien. –dijo. –Te perdono.
Draco la miró sorprendido.
–¿Qué dijiste? –preguntó, acercándose a Hermione.
Hermione suspiró mientras sonreía.
–Dije que te perdono. ¿Estás feliz ahora?
Draco le regaló una enorme sonrisa.
–Bastante. –respondió. Extendió su mano derecha. –¿Amigos de nuevo?
Hermione miró la mano extendida de Draco. Alzó la mirada hacia su rostro y de nuevo a la mano. Y entonces, la tomó lentamente y la sacudió.
–Mejores amigos. –lo corrigió, con una pequeña sonrisa, ahora evidente en su rostro.
Draco no pudo evitar sonreír.
Repentinamente, Hermione envolvió sus brazos alrededor de Draco y lo abrazó fuertemente.
–¡Oh, cómo te extrañaba! –exclamó mientras reía. –¡Te extrañé mucho! ¡Siento haber sido tan testaruda!
El rubio le regresó lentamente el abrazo, poniendo sus manos sobre su cintura y su barbilla sobre la cabeza de Hermione.
–Yo también te extrañé. –susurró, cerrando lentamente los ojos. Pero entonces, los abrió repentinamente. Se estaba dejando llevar demasiado. Rompió el abrazo, no queriendo hacer algo que incomodara a Hermione.
–¿Así que… aún irás a mi casa en las vacaciones? La invitación sigue en pie.
Hermione sonrió.
–Por supuesto.
De nuevo, Draco no pudo detener su sonrisa.
Cuarto año:
Hermione suspiró mientas continuaba bailando con el extraordinario jugador de Quidditch, Viktor Krum. No podía evitar sonreír cuando notó que algunos chicos la estaban mirando. Por mucho que odiara admitirlo, le gustaba la atención que estaba recibiendo, especialmente por parte de los chicos. La manera en que sus ojos se abrieron de sorpresa una vez que la vieron bajar por las escaleras, la hizo sentir bastante bien. El vestido que su madre le había enviado le quedaba perfecto y su cabello estaba recogido en una coleta suelta con algunos mechones cubriendo su brillante rostro. En pocas palabras, estaba hermosa.
Viktor la hizo girar y la miró a los ojos. Hermione sonrió cuando sus ojos brillaron de admiración. En su opinión, el buscador búlgaro era dulce. Le había gustado la manera en que le había pedido que fuera su cita en el baile. Le había gustado la razón que le había dado, por la cual cada que ella iba a la biblioteca él estaba ahí. Le gustaba tener su atención. La emocionaba hasta los huesos.
–Eres hermosa. –susurró Viktor, haciendo que Hermione se sonrojara.
–Gracias, Viktor. –le respondió sinceramente. Sí, Viktor Krum definitivamente era encantador. Muy, muy encantador. Incluso aunque no pudiera pronunciar su nombre correctamente. Pero eso no importaba. Incluso aunque fuera tres años mayor que ella. Simplemente era dulce y encantador.
Pero algo faltaba. Hermione podía sentirlo. Su frente se arrugó de nuevo ante el pensamiento. '¿Qué? ¿Qué es lo que falta?' se preguntó a sí misma al tiempo que Viktor la hacía girar de nuevo. La acercó más a él. 'Algo falta. ¿Pero qué es?'
Sus pensamientos fueron inmediatamente olvidados una vez que sus ojos se posaron en el vibrante cabello rubio de su mejor amigo. Hermione sonrió triunfantemente cuando él rodó los ojos. Hermione le sacó la lengua y dejó que Viktor la hiciera girar de nuevo, sin romper el contacto visual con Draco.
La sonrisa de Hermione creció. '¡Toma esa, Draco!' pensó para sí misma. '¿Quién dijo que nadie me invitaría al baile, huh? ¡Alguien lo hizo!'
Hermione estaba molesta su mejor amigo. ¿Y la razón? Él se molestó cuando descubrió que era la cita de Viktor Krum. Le dijo que estaba fraternizando con el enemigo. Le dijo que estaba traicionando a Harry porque era la cita de un estudiante de la escuela rival. Todo lo que Hermione hizo ante sus palabras fue rodar los ojos. Sabía la verdadera razón por la cual estaba molesto con ella.
Había desafiado a su inflado ego. Y eso la hacía sonreír. Una hora antes del baile, Draco le pidió que fuera su cita. Pero dado que Viktor se lo pidió dos días antes, Hermione, siendo amable, accedió a ser su cita. Así que, cuando Draco le pidió que fuera su cita, a la castaña no le quedó otra opción más que rechazarlo. Y, como sabrán, ninguna chica rechaza a Draco Malfoy. Y eso fue un duro golpe para su ego.
'De todas maneras es su culpa' pensó Hermione al tiempo que Viktor la pisaba.
–¡Ouch!
–¡Lo siento tanto, Herrmionee! –exclamó el estudiante de Durmstang, sorprendido. –¡Lo siento tanto!
–No, no, está bien, Viktor. –dijo, masajeándose el pie. Por la esquina de los ojos, vio a Draco reír. La castaña le lanzó una mirada asesina. Tomó la mano de Viktor y comenzaron a bailar denuevo.
'¿Pedírmelo una hora antes del baile? ¡Por favor! ¿Quién en su sano juicio hace eso?' gritó en su mente mientras miraba de nuevo a Draco. El Slytherin se la regresó contento. Aunque su mirada era más oscura que la de Hermione.
La canción se detuvo. Viktor la miró y sonrió.
–¿Te gustaría algo de ponche, Herrmione? –preguntó.
Hermione se estremeció un poco ante la pronunciación. No era que no le gustara, era sólo que sonaba extraño. La hacía sentir… extraño. Forzó una sonrisa.
–Eso suena bien, Viktor. –dijo.
–Trraeré algo. Esperra por mí. –dijo. Y con eso, desapareció de su vista.
La castaña suspiró y miró hacia la entrada principal del Gran Comedor. Caminó hacia el, notando las miradas que recibía de alguno de los ocupantes del ruidoso salón. Escogió una banca cerca del Lago y se sentó. Para su sorpresa (y diversión), pudo ver como el calamar gigante me movía al ritmo de la música dentro de Hogwarts. Parecía que hasta las criaturas también estaban festejando con ellos.
Hermione rió suavemente y miró al cielo, intentando localizar las constelaciones que conocía. Conocía el a Orion, y a las Tres Marías, su cinturón. Vio a Sirius, Cassiopeia y muchas, muchas más. La castaña suspiró y cerró los ojos, recargando la cabeza contra la banca. Una suave brisa sopló contra su rostro.
–¿Te diviertes?
Los ojos de Hermione se abrieron al instante y los rodó en cuando se enfocó en el intruso.
–¿Ahora qué quieres, Draco? ¿Fastidiarme por fraternizar con el enemigo? –preguntó molesta.
–Bueno, eso es lo que haces, Herrmionee. –dijo Draco, enfatizando su nombre. Pudo notar como Hermione se estremecía por el nombre. Y eso lo hizo sonreír.
–Deja de llamarme así. –dijo frunciendo el ceño.
–Pero así es como el querido Viktor te llama. –respondió el rubio.
–Tú no eres Viktor, así que deja de llamarme así, Malfoy. –dijo Hermione.
–¿Oh, así que estás del lado enemigo? –dijo Draco, molesto. –Bailaste con él incontables veces, Granger. ¿Ahora que sigue? ¿Besarlo bajo la luna? Es ridículamente romántico si me lo preguntas.
Hermione se sonrojó, pero como estaba oscuro, Draco no pudo verlo.
–¿Cuál es tú maldito problema, Draco? Desde que te dije que no te molestaste conmigo.
–Ese es exactamente mi problema, Hermione. Me rechazaste. –dijo Draco alzando la voz. –¡Y todo porque le dijiste que sí a ese idiota!
Hermione no podía creerlo. Desde que Draco había descubierto que el único e inigualable Viktor Krum iba a visitar Hogwarts, no podía dejar de hablar de él. Pero ahora, no podía creer que estuviera insultando a su cita.
–¡Pero esa no es mi culpa, Draco! –gritó y se puso de pie, mirándolo desafiante. –¡Me lo pediste una hora antes del baile!
–Pero… ¡Eso es porque pensé que no tendrías una cita! –respondió Draco.
–¡Pero alguien me lo pidió! ¡Y es tú culpa!
–¡NO! –exclamó Draco. –No lo es. Es tú culpa. ¡Le dijiste que sí al enemigo!
–¿Por qué sigues llamando a Viktor 'el enemigo'? ¡Es como si lo consideraras peor que Tú–sabes–quien!
Draco cruzó los brazos frente a su pecho.
–Porque eso es lo que es. Un enemigo. –dijo. –Y estás coqueteando con él.
–¡No estoy coqueteando! –gritó Hermione indignada. –¡Simplemente estaba siendo amable! ¡Me lo pidió dos días antes del baile!
–¿Y es mejor que decirle que sí a tu mejor amigo? –preguntó el rubio, mirándola a los ojos.
Hermione dejó salir un ruido molesto.
–¡¿Qué es lo qué quieres, huh, Draco?! –gritó, alzando las manos al aire en frustración.
–¡Baila conmigo! –exclamó.
–¡Bien! –gritó Hermione.
–¡Bien! –respondió.
Ambos jadearon en busca de aire. Un tenso silencio estaba entre ellos. La mirada de Hermione flaqueó cuando se dio cuenta de lo que Draco le había pedido. Qué que bailara con él. Millones de mariposas comenzaron a volar en su estómago mientras parpadeaba rápidamente y rompía el juego de miradas que estaba teniendo con el rubio.
–Baila conmigo. –repitió Draco, aunque esta vez, lo dijo en un susurro.
Hermione lo miró a los ojos y estaba incómodo con la situación actual. Hermione levantó sus manos para que él pudiera ponerlas en la posición correcta. Pero ambos parecían recios a tocar el cuerpo del otro, haciendo que Hermione comenzara a impacientarse.
–¡Oh, por todos los cielos! –exclamó mientras ponía su mano en el hombro de Draco. Sintió cuando él la sujetó de la cintura y un fuerte sonrojo invadió sus mejillas. De nuevo, estaba agradecida de que el lugar estuviera oscuro. Pero no se dio cuenta de que amigo también estaba rojo de pies a cabeza. Cuando Draco tomó su mano, una fuerte corriente recorrió el cuerpo de Hermione.
'Chispas, chispas, chispas' pensó Hermione una y otra vez. Aunque tampoco tenía idea de que Draco también las sentía.
La respiración de Hermione comenzó a volverse irregular en cuando olió la colonia de Draco. Hermione se mordió el labio inferior. Olía condenadamente bien. Sintió como la acercó más a él y sorprendentemente, lo dejó hasta que estuvo ligeramente recargada contra él. Su cabeza terminó recargada contra su cuello mientras la barbilla de Draco estaba recargada en su cabeza.
Comenzaron a bailar frente al lago. Incluso aunque no se escuchaba música desde el castillo, continuaron bailando, pretendiendo que el sonido de los grillos era su canción.
En algunas ocasiones, Draco haría girar a Hermione. En otras, bajaría la cabeza de Hermione hasta que casi tocara el suelo. Pero entonces, ella volvería a sus brazos de nuevo. Su cabeza terminaría contra su cuello y la barbilla de Draco en su hermoso cabello.
Y bailaron. Hermione cerró los ojos mientras lo dejaba guiarla. Draco también cerró los ojos mientras sonreía porque ella lo había dejado guiarla.
Draco intensificó su abrazo. Un suave suspiro salió involuntariamente de sus labios. Recordó aquella vez en la que bailó con la Hermione del pasado. Recordaba lo que había sentido cuando su mejilla estuvo recargada contra su estómago. Recordaba lo maravilloso que se había sentido. Pero esta vez… el sentimiento era mejor… era más poderoso.
La mano que sostenía su cintura se aferró inconscientemente a la cintura de Hermione. Para su sorpresa, Hermione lo dejó. Una pequeña, muy pequeña sonrisa, comenzó a formarse en sus labios. La acercó aún más a él, queriendo sostenerla más fuerte. No sabía por qué, pero se sentía muy posesivo.
–Hermione… –susurró.
–¿Hmm? –preguntó Hermione, con la cabeza aun recargada en su pecho.
–Tú eres… tú… –dijo, dispuesto a decir esas palabras.
Hermione lo miró lentamente.
–¿Soy qué? –preguntó suavemente.
Draco bajó la mirada e instantáneamente, dejó de respirar. Su rostro estaba tan cerca… demasiado cerca. El abrazo de Draco se intensificó. No sabía por qué, pero no podía dejar de pensar en besarla. Pero se detuvo con toda la fuerza de voluntad que tenía. No quería perder de nuevo su amistad.
–Eres tan…
–¡Herrmionee! ¿Dónde estás?
La castaña se separó de Draco inmediatamente.
–Yo… tengo que irme. –susurró y se giró. Se alejó, intentando no mirar atrás.
Draco suspiró. ¡Como odiaba a ese maldito! Corrió las manos por su cabello y cerró los ojos.
–¿Eres hermosa, Okay? –le dijo aunque ella ya no estaba ahí. Draco se dejó caer en la banca que hacía sólo un momento, Hermione había ocupado. Dejó salir un enorme suspiro.
Estaba tan confundido. En verdad lo estaba.
–¿Qué estás haciendo aquí, Hermione? –preguntó Draco mientras caminaba lentamente hacia la banca que Hermione estaba ocupando.
La castaña alzó la vista y le regaló una pequeña sonrisa.
–Contemplando. –dijo mientras miraba al lago y suspiraba.
–¿Sobre? –preguntó Draco mientras se sentaba a su lado. Él también miró hacia el lago.
–Sobre… las cosas que han pasado este último año. –respondió la Gryffindor mientras lo miraba a los ojos. –¿No estás de acuerdo en que este año ha sido el más cansado de todos?
Draco rodó los ojos.
–Granger, cada año es peor para nosotros y lo sabes.
Hermione suspiró de nuevo.
–Lo sé. –le respondió. –Es sólo que… Pienso que no es justo.
El Slytherin alzó una ceja.
–¿Por qué crees eso? –preguntó.
–Es decir, lo que nos pasa a nosotros no le pasa a la gente normal.
–Eso es porque no somos normales, Hermione. Somos seres mágicos.
Hermione rodó los ojos.
–Eso ya lo sé, Draco. No hay necesidad de que lo digas. –le dijo. –Lo que quiero decir es que todas las cosas que estamos experimentando… Harry, Ron, tú y yo, normalmente le pasa a la gente mayor. Te apuesto mi libro favorito a que le Profesor Flitwick no ha peleado con un dragón… con cientos de dementores en toda su vida. ¡Y casi tiene cien años!
–Está bien, está bien, entiendo tu punto. –le respondió Draco. –Deberías de acostumbrarte, Hermione. Somos mejores amigos de Harry Potter. Se supone que Harry debe derrotar a Tú–sabes–quién. Ahora él está de vuelta, y nuestro futuro será más agotador que los años anteriores.
La castaña suspiró.
–Aún sigue sin ser justo. –dijo con un puchero. –Es sólo… quiero experimentar con todas las cosas que una adolescente normal pasa.
Draco dejó salir una carcajada.
–Demasiado tarde, Granger.
Hermione se acercó al rubio y puso una mano sobre su hombro, sorprendiéndolo. Hermione cerró los ojos y dejó salir un enorme suspiro. Draco la miró y dejó salir una pequeña sonrisa. Entonces miró al calamar gigante.
–Draco…
–¿Sí?
–Aún no puedo entender cómo es que tú siempre me haces sentir mejor.
Draco cerró los ojos y recargó su mejilla en la cabeza de Hermione.
–Creo que yo ya lo hice, Hermione. –susurró.
–¿En serio? –dijo. –¿Cómo lo descubriste?
–No te lo diré. –le dijo. –Creo que será mejor que tú lo descubras. Es una bruja condenadamente inteligente, Hermione. Lo sabrás algún día.
–Hmm…
–Y espero que algún día sea pronto. –añadió inaudiblemente mientras sentía la profunda respiración de Hermione. Ya estaba dormida.
Draco abrió los ojos y lentamente, puso su brazo sobre la cintura de Hermione y la acercó más a él. Le dio un suave beso en la frente y cerró los ojos de nuevo. 'Hermione del pasado' dijo en su mente. '¿Qué crees que siento ahora?' Draco dejó salir un suave suspiro. 'Es decir, no me mal entiendas. Me gustas. En verdad me gustas. Incluso ahora. Te dije que siempre me gustarías. Y honestamente, creo que estoy enamorado de ti' Draco rió. 'Pero verás, lo que siento ahora es… es tan diferente a lo que siento por ti. Es grande… es más poderoso' Hermione se movió y murmuró algo incoherente. Draco sonrió. Estaba hablando dormida de nuevo. Esa era una de las cosas que sólo él sabía. Draco inhaló profundamente, aspirando su suave aroma. '¿Crees… crees que es lo que tú llamas 'amor', huh, Hermione?' El rubio le dio otro beso en la frente. '¿Y sabes qué? Incluso aunque no me respondas, creo que yo ya sé la respuesta' Draco tomó la mano de la dormida castaña con su mano libre.
'Sí' pensó mientras caía lentamente en la inconsciencia. 'Sí, creo que estoy enamorado de Hermione Granger'
