Capítulo XIV
-La Caída de Giovanni-
La chica de rizos rubios entró a toda prisa donde se encontraba la gran sala donde Giovanni había dirigido el ataque en contra de Ketchum horas antes. Varios trabajadores del lugar se sorprendían de verla corriendo tan deprisa hasta donde se encontraba el Sub-Comandante de los Rocket: Joseph Caedus.
—¡Sub-Comandante! ¡Sub-Comandante! —gritaba Domino a Caedus, quien se encontraba supervisando actividades de rutina en el Centro de Mando.
—¿Pero qué sucede que está tan agitada Agente 009? Actúa como si se avecinara una guerra.
—Pues, señor: puede decirse que sí.
—¿Qué? ¿Por qué? ¿Qué sucedió?
—¡El prisionero ha escapado!
—¡QUÉ! —gritó Caedus con una mezcla de horror y enojo.
—¡El prisionero Satoshi Ketchum se ha escapado señor! ¡Y mató a dos guardias en el proceso!
La orden del Sub-Comandante no se hizo esperar…
—¡Toda la base está ahora en Alerta Máxima! ¡Esto no es un simulacro! ¡Seguridad Nivel 5! ¡Un peligroso prisionero se ha escapado! ¡Todas las unidades a sus estaciones!
Inmediatamente, en toda la base se empezaron a oír las alarmas de alerta y en algunas áreas importantes de la Base, la alarma estaba acompañada por una luz roja que aumentaba la gravedad de la situación.
En tan solo 5 minutos, toda la Base del Equipo Rocket estaba vuelta un caos total. Las emociones que se podían apreciar en todo ese alboroto eran diversas: miedo, incertidumbre, terror…
Y todo por un joven entrenador que en esos momentos estaba corriendo a toda velocidad, siguiendo a su Raichu.
—¡Búscalos Raichu! ¡Rápido, que ya saben que estamos aquí!
La forma evolucionada del Pikachu de Ash, avanzó a toda velocidad hacia una puerta que se leía "Sólo Personal Autorizado". Ash pasó la tarjeta de acceso en la ranura para entrar, pero la puerta le denegó la entrada.
"No tengo tiempo para estas idioteces" pensó Ash irritado. A continuación le dio la orden a su Pokémon de derribar la puerta con un ataque Chispa. Al caer la puerta producto de la embestida combinada con amplias cargas de electricidad de Raichu, Ash entró a un grandísimo almacén en donde se encontraban cientos de pokébolas ocupadas por diversos Pokémon.
A continuación, Ash sacó a su Alakazam y asistido por los poderes psíquicos de su Pokémon, Ash habló a todas las pokébolas en el almacén:
"¡Salgan todos de sus pokébolas! ¡La oportunidad de vengarse del Equipo Rocket ha llegado para todos!"
Inmediatamente, todas las pokébolas del almacén se abrieron, revelando cientos de Pokémon de diversas formas, tamaños y tipos. Houndours, Houndooms, Arcanines, Nidokings, Ryhorns, Rydons, Magmar, Scythers, Scizors, Onix, Steelix y cientos de Pokémon que el Equipo Rocket utilizaba para sus diabólicos planes se liberaron de sus pokébolas y se pusieron frente a Ash, esperando órdenes de su "salvador". Ash no perdió tiempo, y aprovechando el efecto que le estaba proporcionando Alakazam a su voz, les habló con voz firme y autoritaria:
"¡Muchachos! ¡Su oportunidad dorada de escapar del Equipo Rocket ha llegado! ¡Ayúdenme todos ustedes destruyendo al Equipo Rocket y les prometo que serán libres de su dominio!"
Cuando terminó Ash de hablarles, todos los Pokémon cayeron en una especie de trance violento, producido por el poder de Alakazam en combinación con la despiadada voluntad de Ketchum. Las criaturas de inmediato le rugieron al entrenador a modo de vítores, dispuestos a cumplir con esta oportunidad de acabar con los Rockets. Luego de aquél breve momento de alzamiento de moral, todos salieron de la sala en distintas formas: unos destrozaban el techo y se abrían paso hacia arriba, otros destrozaban el suelo para abrirse paso hacía los niveles profundos de la base, otros más se teletransportaban, otros alzaban el vuelo hacía los agujeros que estaban en el techo.
Ash sonrió con satisfacción al ver que los pokémon le ayudarían a hacer parte del trabajo sucio y después, ayudado por su Alakazam, se trasladó a los bajos niveles de la Base.
Mientras tanto en la Base de Operaciones de los Rocket, Giovanni Milenio había irrumpido en el lugar completamente furioso (pero al mismo tiempo consternado), haciéndole a todos los que trabajaban allí la misma pregunta que ellos mismos se hacían:
—¡¿En dónde está?!
—¡No lo sabemos todavía señor! —le respondió el Sub-Comandante—. ¡Hemos tratado de rastrear cada posible ubicación pero no lo encontramos!
—¡Búsquenlo rápido! ¡No sabemos de lo que ese niño es capaz de hacernos a todos ahora que está libre!
Pero de pronto, un temblor invadió toda la sala provocando el miedo en todos. El temblor duró unos 15 segundos cuando mucho hasta que de repente, todo quedó en silencio…
Todos se quedaron alerta ante alguna explosión o catástrofe parecida, pero nadie nunca se imaginó que del mismísimo piso vendría el problema…
Antes de que alguien pudiera hacer algo, del piso emergió un imponente Steelix que derribó todo a su paso. Casi al mismo tiempo, de las pantallas emergieron varios chorros de fuego seguidos de varios Charizard, Blaziken e Infernape. El gigantesco Steelix rugió a todos los presentes y se abalanzó contra toda pobre alma que tuviera grabada la "R" en sus ropas, mientras que los pokémon de fuego desataban el infierno por todas partes.
El Sub-Comandante Caedus, Domino y Giovanni no podían dar crédito a lo que estaban viendo, pero antes de que pudieran decir algo, la puerta de entrada al gran salón estalló en pedazos. De allá afuera, se oían gritos de Rockets que huían despavoridos o gritaban de dolor ante los ataques de sus perseguidores pokémon.
El grito de furia de Giovanni fue quizás el más fuerte de todos los alaridos que se empezaban a oír en toda la Base del Equipo Rocket…
—¡KETCHUM! ¡TE MATARÉ!
Mientras tanto, Ash había conseguido llegar hasta los niveles más bajos de la Base por medio de su Alakazam. Después de derribar las puertas (que estaban cerradas con varios cerrojos como resultado de la Alerta Roja) con la ayuda de su Raichu, el entrenador llegó a un gran salón que estaría completamente oscuro, de no ser por una gigantesca máquina en forma de cilindro, en donde giraban 3 ventiladores, igual de enormes, mientras todo estaba conectado por varios cables gruesos, tanto en el suelo como en el techo. Los cables que estaban en el suelo, se conectaban a varios generadores de energía, mientras que los cables que iban al techo, ascendían hasta los últimos pisos de la base: era el Generador Maestro.
Ash se quedó contemplando, al igual que sus dos pokémon, aquel titán de metal que despedía luces de varios tonos de azul en señal de que el generador estaba trabajando en óptimas condiciones. De repente, Ash volvió a dibujar en su rostro aquella demencial sonrisa.
"Esto se acaba hoy"
Ash lanzó todas sus pokébolas al aire para liberar a sus pokémon. Después de aquellos rayos de color blanco, aparecieron ante el entrenador: Nidoking, Venasaur, Blastoise y Magmar. Ash los miró a todos con una expresión de triunfo en su rostro. Después de que Alakazam y Raichu se unieron al grupo, Ash les gritó a todos:
—¡Muchachos! ¡Destruyan este lugar ahora!
Todos sus pokémon rugieron al escuchar la orden de su entrenador e inmediatamente lanzaron todos sus ataques tanto como al Generador Maestro como a los generadores menores. Nidoking lanzó varios Lanzallamas en contra de las máquinas, Blastoise utilizó Cañón Luminoso contra el Gran Generador, Venasaur liberó de su boca una gigantesca Energibola contra el Generador Maestro, Magmar lanzó contra los generadores pequeños un humo rojizo volcánico: Humareda Volcánica, Alakazam lanzó un Rayo Psíquico tanto contra los generadores chicos como contra el grande y Raichu, desató un poderoso Trueno contra el Generador Maestro.
Los fuertes ataques de los pokémon de Ash, terminaron por debilitar todas las máquinas hasta el punto de que no podían soportar ni siquiera un solo voltio de electricidad, hasta que finalmente los generadores empezaron a explotar uno por uno. Y con ellos… toda la base empezó a temblar y a explotar.
"Pronto mi venganza se consumará. Pero antes, debo de atender un último cabo suelto"
Ash regresó a todos sus pokémon excepto a Alakazam y Raichu, y con la ayuda del primero, se teletransportó de regreso hacia arriba dejando la estancia sumiéndose en explosiones y temblores, que habían herido de muerte a toda la estructura del edificio de los Rocket.
Arriba en la habitación en donde se encontraba atrapada, Misty había escuchado los ruidos de las explosiones y los gritos que soltaban los Rockets al ser atacados por sus propios pokémon, que a su vez se encontraban bajo la influencia del Alakazam de Ash. La chica se asustó más todavía cuando un tercer temblor, empezó a sacudir el edificio y se oyó el inconfundible estruendo de una explosión.
—Maldición Ketchum… ¿Qué has hecho? ¡Nos condenaste a todos! —pensaba la entrenadora presa del pánico mientras se trataba de zafar de las esposas que le colocó Ash. Una cuarta explosión derribó buena parte de la pared de la habitación en donde se encontraba Misty, levantando muchísimo polvo y partes de metal. De afuera, se podían oír los rugidos de cientos de furiosos pokémon que empezaban a derribar el lugar sin importar a quién se encontraran.
Pese a los esfuerzos de la entrenadora por esconderse al momento en que aquella pared que se encontraba a su izquierda fue derribada, no pudo evitar el ser vista por un iracundo Mightyena que la miraba con ojos rabiosos, dispuesta a acabar con su vida.
El pokémon oscuro se acercó a ella, gruñéndole amenazadoramente. Misty trataba de alejar al animal lanzándole los pedazos de pared que tenía a la mano, sin mayor resultado que el provocar aún más al pokémon. Mightyena estaba listo para abalanzarse contra Misty.
En ese instante en que Misty gritaba asustada, de sus pokébolas se liberó automáticamente el Swampert que utilizó apenas unas cuantas horas antes y protegió a su entrenadora al propinarle a Mightyena un fuertísimo Brazo Martillo que lo lanzó contra las ruinas de la pared derribada. Mightyena se iba a levantar para contraatacar al pokémon de Misty, pero un nuevo temblor sacudió el edificio haciendo que cayesen pedazos del techo sobre el pobre pokémon hiena, sepultándolo. Misty miró agradecida a Swampert:
—Gracias, Swampert —le dijo con una voz crispada por el miedo.
El pokémon le rugió con una sonrisa paternal para levantarle los ánimos a Misty. Cosa que funcionó, devolviéndole a la entrenadora las fuerzas para continuar con su misión. Misty, con una sonrisa de complicidad, le ordenó entonces a su pokémon:
—¡Rápido, Swampert! ¡Ayúdame a deshacerme de estas esposas!
Swampert tomó la cadena que separaba la muñeca de Misty con lo que quedaba del locker y con una gran facilidad, reventó la cadena para luego ayudarla a levantarse del suelo. Con los ánimos renovados, Misty le ordenó a Swampert que derribase la puerta de la habitación (o lo que quedaba de ella) y una vez afuera, Misty trató de buscar la salida de la base.
"Si conozco a Ash (y creo que estoy en lo correcto), estoy segura de que saldrá de aquí con vida. Entonces, ¡lo detendré de una buena vez!"
En lo que quedaba de la Sala de Operaciones de los Rocket; Domino, Butch, Cassidy y el Sub-Comandante Caedus, luchaban contra los pokémon a los que Ash había lavado el cerebro con todo lo que tenían a su alcance: los pokémon de los respectivos entrenadores así como también las armas de fuego que pudieron conseguir.
Primeape y Cloyster (los pokémon más fuertes de Butch), luchaban contra un nuevo Blaziken (el primero que irrumpió en el lugar fue acribillado por varios Rocket), un Magneton, un Electabuzz y un Nidorino.
Por su parte los pokémon más fuertes de Cassidy, un Sableye y un Granbull, estaban luchando en una encarnizada batalla cuerpo a cuerpo contra un Hitmonchan, un Machamp y un Hariyama.
Domino y el Sub-Comandante no tenían ningún pokémon propio, pero junto con Butch y Cassidy, trataban de ganar terreno a los pokémon invasores (cada vez mayores en número) ayudados con sendas ametralladoras M4 y FN-P90.
—¡¿Dónde está el Señor Giovanni?! —gritaba Caedus en medio del fragor de la batalla.
—¡Le dijimos que se regresara a su despacho! ¡Ahora ese es el único lugar seguro en medio de todo este caos! —le gritaba Domino al tiempo que descargaba una ráfaga de balas contra un Scyther que estaba acabando con un pobre soldado Rocket.
En el despacho, Giovanni Milenio se encontraba de pie, mirando a la ventana. El sol se estaba poniendo detrás de las montañas que se asomaban más allá del Bosque Viridian. Giovanni dibujó en su rostro una pequeña sonrisa. De pequeño siempre le había gustado ver los atardeceres desde su humilde casa en las afueras de Viridian City; era un pequeño recordatorio de que aún en las situaciones adversas que vivía en su hogar, siempre existía algo que le podía devolver la sonrisa.
—¿Sabes, Persian? —le habló a su pokémon felino que miraba junto con él esa última puesta de Sol—. Es primera vez en mucho tiempo que vuelvo a apreciar la gloria de la Creación.
El Persian de Giovanni ronroneó con cariño mientras su dueño le acariciaba.
—Es irónico, ¿no lo crees? —Giovanni continuó hablando a su pokémon— Justo ahora, en la víspera de lo que puede ser mi último día, es cuando puedes apreciar todos aquellos pequeños detalles.
El Persian acercó su cabeza hasta las piernas de su dueño y siguió ronroneando.
Pero aquellos breves instantes de calma se vieron interrumpidos por unos furiosos golpes que se escucharon detrás de la puerta de su despacho. Giovanni sólo volteó a ver la puerta con calma y lentamente se volvió frente a ella. El Persian, intuyendo peligro, comenzó a rugir a la puerta de forma amenazadora.
—Al menos se cumplirá uno de mis sueños: el de morir luchando. Voy a morir con el privilegio de haber defendido mi honor hasta el final —pensó el Jefe de los Rocket sin moverse de su sitio, con la vista fija hacia donde se habían escuchado aquellos golpes.
Nuevamente se escuchó que golpeaban la puerta fuertemente, como si estuvieran derribando por fuera alguna barrera protectora. El despacho de Giovanni había sido sellado herméticamente por varias barreras cuando se había desatado el caos. Una medida de seguridad que jamás se imaginó que tendría que usar en su vida.
"¡PUM! ¡PUM! ¡PUM!". Más golpes se escucharon.
—Vamos... ¡Vamos, muchachito! ¡Ven aquí y enfréntame como los hombres! —pensaba Milenio mientras cerraba los puños, preparándose para el conflicto inevitable.
Más golpes se oyeron en la puerta, mucho más fuertes que nunca…
—¡Acabemos esto que empezaste, Ketchum! ¡Sólo seremos tú y yo!
Finalmente una explosión derribó la puerta y de entre el humo que cubrió toda la estancia, emergió imponente una figura de estatura menor que la de Giovanni. Con la mirada de un demonio listo para destruir, avanzó Ketchum directamente hasta el Señor de los Rocket.
—Milenio… —le dijo Ash con una sonrisa maléfica.
—Ketchum… —le contestó Giovanni con una voz venenosa.
Los dos oponentes se miraron con todo el odio del mundo. Parecía como si el mundo se hubiera detenido en aquél instante. Parecía como si todo desapareciera y sólo existiesen esas dos personas que parecía que estaban destinadas a este último y magno duelo. Los dos se miraban igual que como lo hicieron en aquella sala de interrogatorios en donde Ash estuvo atado minutos antes: como dos lobos en medio del invierno, midiéndose mutuamente antes de que se despedazaran entre los dos.
Una nueva explosión…
—¡Sal, Blastoise!
—¡Adelante, Aggron!
Los dos pokémon rugieron listos para la gran batalla. Sin perder tiempo, los entrenadores ordenaron los ataques…
—¡Mega Puño, Blastoise!
—¡Cola de Hierro, ya!
Los dos ataques chocaron contra los pokémon. El Mega Puño de Blastoise dio de lleno contra el rostro de Aggron, mientras que la Cola de Hierro del pokémon de acero acertó en el estómago de la tortuga gigante. La onda de choque producto del impacto fue tal, que ambos pokémon retrocedieron por la fuerza del ataque…
—¡Hidro-Bomba!
—¡Defensa de Acero!
Los grandes chorros de agua de Blastoise se estrellaron contra Aggron, pero el pokémon de Giovanni se había rodeado de un aura azul que rodeo toda su armadura metálica, haciendo que el agua le resbalase sin ningún daño. A pesar de ello, como Aggron era mitad roca, el pokémon se sintió un poco débil ante el ataque de Blastoise.
—Eres bueno, Milenio —le decía Ash con cierto tono de desprecio.
—Tú tampoco eres malo, niño —le respondió el Jefe de los Rocket con una sonrisa de autosuficiencia—. Pero sólo uno saldrá de este lugar con vida. ¡Y ese seré yo! ¡Aggron, Eco Metálico!
El pokémon de acero abrió la boca y soltó un terrible chillido, similar al del metal al ser pasado por las uñas. Tanto Ash como Blastoise se llevaron las manos a los oídos, perturbados por el sonido. Giovanni aprovechó el momento de debilidad de Blastoise y decidió irse a todo o nada:
—¡Aggron, Rocas Afiladas!
Los ojos de Aggron brillaron a un color azul mientras de la nada aparecían varias rocas de tamaño de espadas de mandoble. Después de eso, Aggron lanzó sus brazos hacia delante y las rocas salieron disparadas hacia Blastoise, provocándole cortadas de diversos niveles. Blastoise gruñó de dolor ante este despiadado ataque, pero Ash no estaba dispuesto a dejarse vencer por su enemigo.
—¡No, Giovanni! ¡Esto se acaba hoy! ¡Blastoise, lánzale una Ventisca!
La tortuga tomó aire y soltó una fuertísima bocanada de aire frío. Tan frío, que pequeñas bolas de nieve salían de la boca del pokémon. Aggron empezó a retroceder ante el poderoso ataque pero poco a poco iba perdiendo movilidad. Finalmente, Aggron quedó completamente petrificado pues su armadura de acero se enfrió hasta dejarlo congelado. Blastoise no necesitó oír la orden del entrenador y preparó un nuevo MegaPuño, apuntando a la cabeza de Aggron…
La cabeza de Aggron rodó a los pies de un Giovanni que tenía los ojos crispados de la furia que se empezaba a apoderar de su persona.
—¡ARRGHH! ¡MALDITO NIÑO! ¡NO ME VENCERÁS TAN FÁCILMENTE! ¡SAL, MACHAMP!
Un pokémon de cuatro brazos, extremadamente musculoso, se reveló ante el Blastoise de Ash. Ash solo se limitó a sonreír burlonamente.
—Muy bien, entonces. ¡Blastoise regresa!
El pokémon tortuga regresó a la pokébola de Ash y el entrenador sacó una nueva.
—¡Acaba con ese desgraciado, Nidoking!
Un pokémon morado del mismo tamaño de Aggron y con apariencia de dinosaurio, se irguió imponente ante el Machamp de Giovanni y le rugió en su cara en un intento de intimidación. Giovanni no perdió el tiempo…
—¡Craso error al permitir que ese Nidoking se acerque demasiado! ¡Machamp haz Fuerza!
Machamp tomó al Nidoking de Ash y lo lanzó contra la pared y, antes de darle a Nidoking alguna oportunidad de contraatacar, empezó a propinarle puñetazos a Nidoking. Pero Ash estaba esperando ese ridículo despliegue de fuerza del pokémon de Giovanni.
—¡Lanzallamas, Nidoking! ¡Al rostro!
Nidoking abrió su boca y soltó una bocanada de fuego al rostro de Machamp, provocando que este se separara a toda prisa de Nidoking llevándose dos de sus brazos al rostro gimiendo de dolor. Ash torció aquella demencial sonrisa y le gritó a Nidoking como un loco:
—¡Ácido ya, Nidoking! ¡Que sufra como yo sufrí por culpa de esos idiotas de Jesse y James!
Nidoking soltó un montón de ácido contra la espalda de Machamp haciendo que el pokémon se retorciese de dolor, gimiendo por piedad…
—¡Mátalo, Nidoking! ¡Onda Certera!
De las manos de Nidoking se empezó a formar una brillante bola de energía de un color azul pálido. Cuando la bola creció lo suficientemente grande, Nidoking corrió donde se revolvía Machamp y lanzó esa bola de energía al estómago. El ataque mandó a Machamp a estrellarse contra el ventanal del despacho de Milenio haciendo caer al pokémon al vacío…
—¡¿De verdad quieres continuar, Milenio?! —le gritó burlonamente Ash—. ¡Porque de ser así te aseguro que la muerte de Jesse y James te parecerá piadosa cuando acabe contigo!
—¡CÁLLATE!
Giovanni estaba fuera de sí. Nunca había conocido a alguien cuya maldad superase a la suya. Desesperado al verse sin salida, Giovanni sacó del interior de su saco una pistola y le apuntó a Ash…
—¡Yo no voy a perder! ¡No pienso caer ante un mocoso!
Por primera vez en su vida, el Gran Jefe del Equipo Rocket estaba siendo presa de emociones que nunca creyó conocer: pánico, horror, desesperación, miedo…
Ash le sonrió a Giovanni tal y como lo hizo con Jesse y James, con Charizard, con todos los agentes y soldados Rocket antes de despacharlos. Ya lo tenía en sus garras…
—Se acabó Giovanni. El Equipo Rocket oficialmente ha muerto.
—N-no… No, no, no, no… ¡NO! —gritó Giovanni presa del miedo.
Y por ese mismo miedo que se apoderó de él, Giovanni se llevó la pistola a la sien derecha para de inmediato jalar el gatillo.
BANG!
Allí, en medio de un imperio en llamas y con un Ash Ketchum riendo como un loco al ver que su venganza se había consumado exitosamente, había quedado el gran Giovanni Milenio. Tirado tras su escritorio, con un único agujero en la sien derecha y una afloración de carne en la sien izquierda, por donde había salido la bala, y sangrando copiosamente.
El Gran Jefe de los Rocket se había suicidado presa del terror que le provocó el demonio que tenía frente a él, riendo demencialmente.
