Disclaimer: Nada es mío, ¡nada! D: Solo se lo he pedido prestado a Mickey para escribir unas cuantas locuras.

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Juntos habían pasado momentos maravillosos y una vida no sería suficiente como para satisfacer todo el amor que se tenían. Pero había llegado el momento de decir adiós y ese era el instante que más habían temido. Elsa no quería separarse de su esposo. Tendría que ser fuerte para verlo marchar.

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Día 14

Prompt: Decir adiós

Género: Drama

Palabras: 1000

Rating: K+

Propuesta de: JDayC


Aún después de esta vida


Elsa entró en la pulcra habitación del hospital, fijando sus pupilas azules en la cama que ocupaba el centro y la cual se hallaba ocupada por su esposo. Distinguió de inmediato sus facciones cansadas y envejecidas a causa de los años, el pelo que antaño había sido pelirrojo y que ahora mostraba un tono más pálido, al igual que la barba que cubría su mandíbula.

Suspiró. Ver a Hans de aquella manera era más difícil de lo que había supuesto. A veces le costaba trabajo darse cuenta de que el tiempo no pasaba en vano. Ya no eran unos jóvenes, aunque el amor entre ambos seguía tan intacto como la primera vez que se conocieron, hacía tantos años.

Sin hacer mucho ruido, cerró la puerta tras de sí y avanzó hasta él, mirando los monitores a los cuales había sido conectado para controlar sus signos vitales y su semblante fatigado.

El hombre levantó sus párpados y le sonrió débilmente. Sus ojos verdes eran lo único que no se transformaba con el transcurso de los días. Eran igual de brillantes que los de aquel muchacho que solía molestarla en su época de juventud y la observaban con el mismo amor.

Acomodando su trenza plateada por sobre uno de sus hombros, Elsa se sentó junto a él y le tomó una mano entre las suyas, recibiendo un apretón de su parte.

—Nos has dado un gran susto a todos, Hans—le dijo con suavidad—. Tus nietos no dejan de preguntar por ti.

El aludido ensanchó ligeramente su sonrisa, ante la mención de sus descendientes. Cualquiera diría que lo último que debería de importarles era la resistencia de un viejo, pero sabía que era afortunado de contar con su cariño. Su última recaída había provocado que lo internaran de inmediato a pesar de su reticencia. Siempre había detestado los hospitales.

La mirada preocupada de los ojos azules de su mujer le enterneció. Por un momento, le pareció mirar de nuevo a la jovencita de cabellos rubios que lo embelesaba con sus gestos en la preparatoria y con la cual no dejaba de discutir por cualquier tontería.

Incluso ahora no dejaba de trenzarse la melena, que se había vuelto de tono grisáceo a causa de la edad. Sus expresiones seguían siendo las mismas cuando sacaba a relucir su acostumbrada arrogancia o hacía algún comentario en broma para enfadarla. Las arrugas en torno a sus orbes celestes y en ciertos puntos de su rostro eran más perceptibles. A pesar de todo eso, para él Elsa continuaba siendo la persona más bella que había visto en su vida.

Le costaba enormemente tener que separarse de ella.

—No te preocupes por mí, copo de nieve—musitó con voz débil—. Todo esto habrá pasado pronto.

Ella se hizo la desentendida de lo que realmente quería decir, limitándose a asentir con la cabeza.

—Te pondrás bien e iremos a casa.

Hans negó con la cabeza, apretando nuevamente una de sus pequeñas palmas.

—No voy a salir de esta, copo—dijo con un hilo de voz—. Lo sé. Ambos lo sabemos. Tienes que estar preparada.

Elsa negó con la cabeza, desviando sus ojos cerúleos de los esmeraldas de él. No quería pensar en esa posibilidad a la que tanto temía y mucho menos hablar de ella. Eso solo la volvería más real.

Lamentablemente, le bastaba echar un vistazo a su marido para darle la razón. Hans cada vez se sentía peor y las complicaciones en su salud se habían vuelto más frecuentes.

Otro suspiró abandonó sus labios con profundo pesar.

—No quiero perderte—dijo en un murmullo—, no estoy lista para dejarte partir. No quiero… —paró en seco mientras la vista se le humedecía. Cuán difícil era imaginarse siguiendo sin el hombre que amaba.

—Mírame, Elsa—la mujer se obligó a cumplir con aquella petición, ignorando el nudo que se le había hecho en la garganta.

Ahí estaba de nuevo la mirada de esos ojos esmeraldas, esa que le decía que todo iba a estar bien pasara lo que pasara y que nunca la había dejado caer a lo largo de todos esos años. La misma con la que le gustaba despertar cada mañana.

—Mi vida ha sido especial a tu lado—afirmó su esposo, alzando una de sus manos para acariciarle la mejilla y limpiar una lágrima silenciosa que había descendido por ella—, me has dado una familia maravillosa. Has hecho que todo este tiempo haya sido el más feliz para mí. No tienes idea de lo mucho que te amo, copo de nieve—la mencionada no pudo evitar temblar ante sus palabras—. No quiero que sufras por mí. Quiero que disfrutes los años que te quedan por delante… hasta reunirnos de nuevo.

Un ligero sollozo se escuchó en la estancia.

—Prométeme que lo harás. Tienes que hacerlo, Elsa. Aun te quedan nuestros hijos. Y nuestros nietos—la mano masculina se deslizó hasta su barbilla—. Tendrás que estar aquí para ellos.

Por toda respuesta, ella volvió a darle un asentimiento y se inclinó hacia él para besarlo tenuemente en los labios. Hans le correspondió con las pocas fuerzas que le quedaban. Siempre había temido que llegara ese momento.

—Te amo, copo de nieve. Nunca lo olvides.

—Te amo—repitió Elsa observándolo de manera profunda—. Jamás dejaré de hacerlo.

Él le sonrió antes de sumirse en un sueño profundo y lo único que pudo hacer, fue soltar su mano para salir del dormitorio y dejarlo descansar. Los hijos de ambos seguían esperando afuera y estarían ansiosos por saber cómo se sentía su padre.

Esa misma noche se sentó junto a ellos en la sala de espera, incapaz de ir a otro lado. Después de medianoche, el anuncio del doctor era contundente.

Elsa se derrumbó, repitiéndose que debía continuar después de todo. Habían compartido sus sentimientos hasta el último momento. Algún día volverían a estar juntos.

"Hasta siempre, cariño", pensó con tristeza y una incipiente sensación de añoranza.


Nota de autor:

Ay, drama. Soy tan poco adepta al drama que no sé si lo anterior haya quedado tan sentimental como era mi intención, pero al menos yo les puedo asegurar que si me sentí muy melancólica al escribirlo. Es difícil imaginar una escena como está, criaturas mías. D: Cuando JDayC me la propuso me sugirió dos opciones: hacer algo tipo "Bajo la misma estrella" (nunca vi la película) o ponerlos de viejitos. Como nunca los he hecho maduros, me decidí por esta esto último y traté de ponerle mucho sentimiento. x3

Ayer estaba regodeando con la maldad de Hans y hoy me entristece verlo partir. u.u

Hicookiemonster: Awwww, me sonrojas. :D Gracias por tus palabras, chérie. A mi también me encanta cuando el pelirrojo es un desgraciado que hace de todo por molestar a Elsa, no sé porque. xD Cuando hay Helsa en esas circunstancias, me gusta pensar que su amor es incomprendido y no sabe bien como expresarlo.

Alex D: Jajajaja, que cruel. ¿Te digo algo? *Susurra* Una parte de mí también piensa que sería interesante que Elsa no haya podido escapar en la viñeta anterior. We are bad. D:

F: Estamos locas. No entiendo porque nos gusta tanto la sociopatía de Hans pero en fin... ¡así somos felices!

Laloo: Hans es todo un misterio y con la poca información que se tiene de él, solo nos es posible especular. ¡Gracias por tu comentario! ;D

¡Ya es mitad de semana! Cuídense y se me portan mal. :P