Gracias a todas por sus bellos comentarios, en verdad me llena de alegría saber que les gustó el fic n.n y bueno, en efecto, paso a dejarles el epílogo, que al igual espero sea de su completo agrado.

Espero no sea tan pesado. De cualquier forma, de antemano agradezco haber tomado lectura y dejado sus comentarios.

Saludos!!

Nota: Casi toda la inspiración se la debo al video de "Sakuran" de Shiina Ringo :3


… … * … …
Epílogo

En el ambiente se respiraba paz y tranquilidad, incluso en los rostros de los pobladores era evidente la felicidad, estaban a principios de una nueva etapa sin ninguna clase de disturbios, al menos no tan descomunales como una guerra civil o hecho de meses pasados con el ya extinto grupo de La Oposición, incluso en los cuarteles de la policía del Gobierno se atendían asuntos ligeros y se realizaba una guardia por el distrito, nada relevante.

Una de tantas cálidas mañanas, como era su costumbre, la morena se encaminó con un canasto cargando, tenía que hacer las compras de los insumos para preparar la comida, sin embargo en esa ocasión cierto pelinaranja novio suyo detuvo su andar a un llamado nacido de su garganta.

-"¿A dónde vas?"- Preguntó con cierta curiosidad, aunque prácticamente ella vivía ahí y le veía con frecuencia, había labores a lo que Rukia se encargaba pero él desconocía.

-"A donde más… voy a comprar algunas cosas al pueblo"- Respondió con naturalidad, era parte de su obligación.

-"¿No puedes ir después?"- Le inquirió, y es que ya tenía algunos planes para ambos, al menos esperaba ella tuviera tiempo.

-"No, es para la comida…"- No sabía porqué le preguntaba si podía dejar para más tarde sus deberes, y estaba bien que ese pelinaranja fuese la persona que más amaba y quisiera compartir momentos con ella pero una cosa muy estricta eran sus obligaciones ahora que laboraba en la cocina y no podía hacerlo de lado.

-"Es que tenía pensado ir a visitar a mi familia y… me gustaría que me acompañaras… ya sabes, para que se conocieran…"- Esa era su intención, sabía que su familia se llevaría una gran sorpresa al tenerlo de visita y el impacto sería mayor cuando le vieran acompañado de la morena, simplemente quería que se conociera y se llevaran bien.

Rukia lo meditó por algunos instantes, si sus cálculos no le fallaban y con algo de suerte, tendrían el tiempo suficiente para hacer ambas cosas, así que le sonrió y sin más le dio su respuesta final.

-"Está bien… pero primero iremos a comprar los ingredientes y después a ver a tu familia"-

El pelinaranja le correspondió la sonrisa, así que sin dar más pauta a perder el tiempo, ambos emprendieron marcha con destinos fijos, sería un largo día después de todo pero bien valía la pena pasarlo con la persona que más amaban.

… … o … …

Recorrieron el pueblo con tranquilidad, la morena se detenía en cada puesto, ya sea para preguntar precios o si tenían el ingrediente que buscaba, Ichigo sólo la miraba interactuar con el vendedor, no era muy buena para hacer ese tipo de cosas, lo único que podía hacer era ayudarla a cargar el canasto, así que mientras ella gastaba el dinero en los insumos, él caminaba pasos tras ella, de vez en cuando se dirigían una mirada o un sonrisa, con eso era suficiente como para hacerse entender la dicha que les traía estar cerca del otro.

Pasaron por varios puestos más, anteriormente la atención de la morena estaba siendo captada por las ofertas, sin embargo y en su momento tantos su caminar se frenó así como su mirada zafiro pues se detuvo a contemplar la entrada del distrito rojo, Shimabara, trayendo consigo una gran cantidad y diversidad de recuerdos, aunque su vida en ese lugar no había sido tan dura como la sufrían las mujeres que en realidad se dedicaban a brindar esos placeres, tenía un recuerdo que lindaba entre lo bello y la melancolía, en la casa Tachibana se habían preocupado por ella pero olvidó por completo retribuirles esa atención, y sentía que debía hacerlo justo en esos momentos.

Ichigo la miró detenidamente, no sabía a ciencia cierta aquello que Rukia había vivido cuando estuvo confinada en Shimabara, lo único que tenía eran sus recuerdos a mitad de la noche, entre sake, pláticas, besos y caricias, memorias llenas de júbilo y beldad.

-"¿Te importaría si hacemos una pequeña parada en la casa Tachibana?... Tengo que ver a alguien"- Fueron las palabras de la pelinegra, echando una mirada a sus espaldas, esperando a que el pelinaranja le respondiera.

-"No hay ningún problema…"-

Rukia le sonrió y regresó la mirada hacia delante, así que con determinación se adentraron a aquel barrio rojo, el movimiento era más notorio por la noche, por lo general la servidumbre se encargaba de barrer sus antepatios, de darle limpieza a sus respectivos negocios, mientras algunas cortesanas iba a los baños sauna o bien continuaban dormitando, recuperando vitalidad para cuando la noche cayera.

La morena se detuvo frente a la casa que una vez fue su hogar, sonrió alegre al rememorar algunos momentos, no era comunes las visitas, y las raras veces que se daba lugar a estas, tenían que ser por la puerta trasera; así que la morena volvió a tomar rumbo. Ichigo no dijo nada, ella conocía mejor las costumbres y función de una casa de cortesanas, así que sólo la siguió.

La pelinegra golpeteó la puerta un par de veces, a su llamado acudió una mujer de la servidumbre, no la conocía.

-"Disculpe… ¿Se encontrará Takao-san?"- Preguntó Rukia curiosamente, la mujer a cambio le respondió con otra cuestión.

-"¿De parte de quién?"-

-"Rukia…"- Dijo su nombre la ojiazul, mientras se adornaba en su rostro una sonrisa más.

-"Enseguida le llamo"- La mujer se retiró para ir en busca de la tan solicitada dueña, a los pocos segundos, hizo acto de presencia una sorprendida Takao-san, sus ojos azorados observaron a la morena, no pudo evitar sentirse conmovida, y aunque tampoco era costumbre, le abrazó efusivamente.

-"Tanto tiempo…"- Musitaba la alegre Takao-san –"estaba a punto de tomar el té, pero que mejor tener compañía"- Fue la sincera y animosa invitación de la dueña, la pareja se miró por unos instantes, para después adentrarse al establecimiento.

Aún seguían esos coloridos adornos por toda la casa, no había cambiado en realidad, se notaba tan exuberante en sus tonalidades y se respiraba un aroma a jazmín, Takao-san les llevó cerca del jardín, allí les aguardaba una mesita, sobre la cual yacía tres tazas de té, con sus respectivos almohadillados asientos, en los cuales cada quien fue a sentarse, contemplando la claridad del día.

-"Te fuiste una noche y no regresaste, pensé que estabas muerta con lo mucho que se decía sobre La Oposición y la policía del Gobierno… pero realmente me has alegrado la vida al saber que estaba equivocada"- Esos eran los pensamiento de Takao-san, era obvio, si Rukia trabajaba para Aizen y una noche salió más no regresó fue porqué se encontró con la muerte.

-"Y… ¿Qué pensaron las demás?..."- Preguntó la morena dando un sorbo a su té, aunque a principios poco le importaba lo que sus 'compañeras' creyeran, ahora era diferente.

-"No les dije lo que creía, simplemente les dije que un hombre de gran reputación te había comprado y hecho su concubina…"- Dijo al mujer, así era en muchos casos, lo normal, las Oiran solían ser compradas por hijos de comerciantes o incluso por grandes señores del Gobierno.

-"Pero eso queda fuera del protocolo…"- Comentó la morena, y en efecto, aunque la Oiran fuera comprada, las restantes cortesanas de la casa y la dueña le despedían en conjunto antes de partir a su nueva vida, en su falso caso, habían omitido la parte de la despedida, algo fuera de lo normal.

-"Muchas se quedaron con las ganas de decirte adiós pero ni modo… aunque creo que no me equivoqué del todo"- Takao-san dirigió una fugaz mirada a Kurosaki, algo le decía que empezaba por estar involucrado.

-"Al final un buen hombre del Gobierno vino por ti…"- Haciendo referencia al pelinaranja, quien sonrió algo apenado.

Era verdad, Takao-san tenía mucha razón… Aunque su vocación real no fue de Oiran, ese pelinaranja le hizo vivir en carne propia lo que muchas mujeres cortesanas, no sólo cambió su mundo, también su forma de ser, le ablandó el corazón y le enseñó cuan hermoso era amar, estaba tan feliz y agradecida con él.

-"Por cierto… hay alguien que se va alegrar mucho cuando te vea…"- Dijo Takao-san, para después mandar llamar a una mujer de la servidumbre y pedirle al oído que trajera a una personita especial.

Rukia se imaginaba de quien podría estar hablando pero aguardó, mientras Ichigo no tenía ni una idea mínima, ya lo descubría pronto.

Aquella pequeña niña apareció ante los ojos de todos, quien al reconocer a la morena de ojos zafiro, llena de alegría corrió hasta donde Rukia, quien le recibió con un efusivo abrazo, había pasado tiempo sin verla, Yuriko quien fuera su Kamuro yacía entre sus brazos, le tenía un inmenso cariño… como si de una hija se tratase.

-"Te fuiste sin despedirte… Takao-san dijo que un señor te había hecho su esposa…"- Así lo interpretaba la pequeña niña, aunque a Ichigo no le había parecido muy halagador que le llamara indirectamente 'señor', ¡como! si estaba en plena juventud.

-"Lo siento… fue algo inesperado y no pude decirte adiós"- Se excusó la morena, aunque realmente no se había casado le haría creer eso a Yuriko, para que enredarla con esas ideas de concubinato o noviazgo si aún no las entendía.

-"No es por ser aguafiestas pero tenemos otros asuntos que atender y se nos hace tarde"- Comentó el pelinaranja, pero claro que no lo hacía porque se sintiera incómodo o le fastidiara estar ahí, si no que el tiempo se iba tan rápido que cuando acordaba era demasiado tarde, así que quería tomarse las precauciones.

-"¿Ya te vas? ¡No, no te vayas!"- Pedía la niña sin soltarse de la mano de la morena, pero se le ocurrió una idea.

-"¿Puedo llevármela y traerla de nuevo una vez que termine mis pendientes?"- Propuso en cuestión la pelinegra, Takao-san lo consideró, si se negaba aquella niña iba a hacer todo un capricho, así que era mejor ser accesible.

-"No le veo el problema…"-

Sin mucho que decir y llevando de la mano a Yuriko, se encaminaron para retomar su rumbo, Takao-san se despidió temporalmente de su pequeña protegida, de la morena y el pelinaranja, deseándoles un buen viaje.

El trayecto fue tranquilo y bastante callado, recorrieron senderos que nunca antes habían visto, dándose cuenta de las cosas que se habían perdido por estar ensimismados por otras, unas que quizás ni valían la pena.

-"Lamentablemente no tendrás el gusto de conocer a mi Madre…"- Confesó Ichigo en un momento del camino, Rukia le miró detenidamente, formulándose varias preguntas.

-"Ella estaba en el lugar y hora equivocada cuando fue asesinada…"-

-"Lo siento…"- Fueron las palabras de la morena al conocer esa realidad, no era algo que esperara pero la mínimo que podía hacer es dar palabras de confort.

Llegaron a su nuevo destino, en el cual al tocar la puerta, una jovencita de cabellera clara y corta les recibió llena de sorpresa.

-"¡¡Ichi-nii!!"- Le abrazó Yuzu al verlo, habían pasado algunos meses desde la última vez, Ichigo le correspondió sin más, seguido apareció su otra hermana y tras ella su padre a quienes sonrió por el dejo de alegría que le daba verlos de nuevo.

Ichigo y compañía se adentraron a la casa en la cual vivió durante una tiempo, ni era nada ostentosa, simplemente tenía lo necesario.

-"Por cierto… les presento a Rukia y a…"- Ichigo detuvo sus palabras al ver a la pequeña niña, no sabía su nombre, pero su padre realmente creyó algo muy diferente y no pudo evitar expresarlo a viva voz.

-"¡¡No me digas que es tu hija!!"-

-"No, no… es una 'amiguita' de Rukia…"- Se apresuró a explicar antes de que tergiversara la situación.

-"Sea lo que sea puedes explicárnoslo mejor durante la comida"- Dijo Karin secamente.

Todos sin excepción rodearon la mesa para deleitarse con el don culinario con el que Yuzu había nacido, comieron algo de arroz y zumo, entre pláticas seguían una sana convivencia.

-"Y a todo esto… ¿Qué es Rukia de ti?"- Preguntó Karin con toda intención de poner nervioso a Ichigo.

-"Ehh bueno… es…"- Tartamudeó, hasta se le hacía difícil tener que decírselos.

-"Dice que es su esposa pero no es cierto… se la robó…."- Dijo la pequeña niña que yacía sentada al lado de la morena, captando con sus palabras toda la atención de los presentes.

-"¿Eso es cierto Ichigo?... Por que si lo es déjame decirte que eso está mal, no puede robarte a las personas nada más porque si… ¿acaso eso es lo que te ha enseñado la policía del Gobierno?... No, tienes que 'devolverla'…"- Continuaba el sermón Isshin, mientras Ichigo trataba de encontrar la oportunidad para decirle que no era cierto pero hablaba y hablaba…

-"No, no… no le creas, esa niña tergiversa todo… Lo que sucede es que… como te lo explico…"- Incluso la verdad resultaba complicada, ¿Cómo decírselo a su familia sin que comenzaran a bombardearlo con preguntas?.

-"Nos conocimos en Shimabara, yo era una Oiran y… después… Ichigo bueno, nos enamoramos y nos fuimos lejos de ahí… el caso es que ahora trabajo en la cocina en el cuartel"- Explicó muy por encima, sin centrarse en los detalles sobre su historial como kunoichi, asuntos que por ahora no serían adecuados para los oídos de la familia Kurosaki.

-"Ahh ya entiendo… muy interesante… entonces en pocas palabras eres la novia de Ichigo"- Completó su padre, a lo que la morena sólo asintió con la cabeza.

-"Está bien… hasta que por fin mi hijo se digna a pensar en su futuro, ya me estaba resignando a que se quedaría solteron pero afortunadamente no será así…"- Añadió Isshin con gracia, contagiándola al resto de los presentes.

Si un par de horas más en interacción con la familia les hicieron bien a ambos, incluso a la pequeña que no había tenido la oportunidad de saber lo que era vivir en familia y mucho menos conocer otros horizontes, hasta ahora que Rukia le había sacado de su confinamiento.

Regresaron a dejar a Yuriko con Takao-san, quedando en un pequeño acuerdo para llevarla de paseo tres veces por semana. De ahí regresaron al cuartel ya entrada la noche, había olvidado que tenía que hacer la comida y es por eso que al llegar al antepatio, Inoue apareció ante ellos con un dejo de preocupación.

-"Rukia-chan ¿Dónde te habías metido?, estaba muy preocupada por ti…"-

-"Fui a un pequeño viaje… aunque creo que ya llegué tarde para hacer la comida"-

-"No te preocupes por eso, alguien ya se encargó… pensé que te había pasado algo malo…"- Dijo la pelimarrón pero sintiéndose incómoda por la creencia que estaba interrumpiendo algo, prefirió irse –"bueno mejor me voy… nos vemos"-

Tanto el pelinaranja como la morena la vieron partir de regreso a los recintos del cuartel, la morena fijó después su mirada en Ichigo, quien al sentirse observado, chocó su mirada con la azul de su novia.

-"Fue un día muy divertido, te agradezco que me hayas llevado a conocer a tu familia…"- Expresó su agrado la morena, con una dulce sonrisa.

-"No fue nada…"-

-"¿Te parece si entramos?"- Preguntó Rukia, su compañero asintió con la cabeza y la tomó de la mano, con una amplia sonrisa ornamentando sus rostros emprendieron camino a los interiores.

Después de la confusión y el dolor, encontraron la manera de vivir ese sueño juntos, entre el amor y la felicidad, lo mejor de sus vidas a penas empezaba.

... ... * ... ...

F I N