Disclaimer: Los personajes son propiedad de Stephenie Meyer.
-13-
Jasper
Temí que se desmayara en cuanto escuchó mis palabras. Se quedó pálida e inmóvil, por lo que le acaricié el brazo intentando que reaccionara.
-¿Nuestro hijo? –soltó de repente, abriendo los ojos de par en par.
-Eso me temo. Ahora ya sé de dónde proviene el latido –le expliqué sonriente. Hacía un rato, la idea de que Alice estuviera embarazada me había parecido errónea, pero tenía que admitir que había deseado que así fuera. Y me alegré inmensamente cuando me di cuenta de que seguramente no me había equivocado con mis sospechas.
-Pero… -comenzó, pero yo no quería que dudara de aquello, por lo que la interrumpí.
-Tú misma me has dicho antes que llevas varios días con náuseas y vómitos matutinos, y el mareo que te ha dado antes puede ser también un síntoma del embarazo. Además, el latido que llevo percibiendo desde hace varias horas se encuentra en tu vientre.
Me miró como si acabara de explicarle la historia más inverosímil del mundo, y a continuación puso sus manos en su estómago.
-¿Estás seguro de lo que me estás diciendo?
-Sí, pero déjame comprobarlo otra vez, por si acaso.
Lentamente volvió a tumbarse en el sofá. Puse mi oreja sobre su abdomen y nos quedemos en silencio. Sonreí cuando volví a escuchar aquel pálpito insignificante y débil. Ese era mi hijo.
-Ahí está –le dije sin dejar de sonreír.
-¿Quieres decir que lo que estás escuchando es un bebé?
-¿Qué más puede ser? –le pregunté con el rostro iluminado por la felicidad.
-Es que todo esto me parece tan…extraño.
Mi sonrisa se borró cuando pensé que tal vez a ella no le hacía ilusión tener un hijo.
-¿Es que no te alegra saber que estás embarazada? –le pregunté temiendo la respuesta.
-Sí, claro que sí. Pero se me hace muy raro saber que tengo un bebé aquí dentro –me explicó señalando su abdomen.
Volví a sonreír y la abracé con suavidad.
-Vas a tener que ir al médico, y ahora no es una petición, es una orden –le dije empezándome a sentir triste.
-Iré mañana mismo, quiero que me lo confirmen y que me digan todo lo que tengo que saber –contestó Alice separándose de mí para mirarme a la cara. –¿Qué te pasa? –me preguntó cuando vio que intentaba mantener inútilmente una sonrisa en mi rostro.
-Nada, no es nada.
-Jasper, ¿Qué ocurre? –volvió a insistir mirándome preocupada.
-Es que… -suspiré, no sabía cómo explicárselo sin hacerle daño. –No sabes la ilusión que me hace saber que estás embarazada y que dentro de nueve meses vas a tener una pequeña miniatura nuestra correteando por aquí, pero tampoco sabes lo mal que me siento al darme cuenta de que jamás llegaré a conocerla.
Alice me observó con tristeza y a continuación me rodeó con sus brazos. Sus hombros temblaron y me di cuenta de que la había hecho llorar, otra vez. En ese instante quise llorar yo también, pero sabía que ya no podría hacerlo.
-Lo siento tanto… –me dijo entre lágrimas. –No sabes lo mucho que me gustaría que estuvieras aquí para conocer a tu hijo, para que me ayudaras a cuidarlo y para que le enseñaras las cosas que yo no podré enseñarle. Me vas a hacer mucha falta… –supuse que quería continuar pero el llanto la venció y continuó llorando, escondiendo su rostro en mi hombro.
Entendí que por mucho que nos doliera saber que nunca podría jugar con mi hijo y que jamás podría verle, aquel era un momento feliz, no podíamos estar tristes.
Aparté a Alice suavemente, y coloqué mis manos en su rostro, secándole todas las lágrimas que surcaban sus mejillas.
-No llores más. –Le pedí –No lo hagas por algo que ya no tiene remedio. Si quieres llorar, llora de emoción por saber que vas a tener un hijo precioso al que podrás mimar y cuidar.
-Pero ya no te tendré a ti. –me contestó sorbiendo por la nariz.
-Yo siempre estaré con vosotros. Nunca me alejaré de aquí, y aunque no me veáis, siempre os cuidaré
Asintió no muy convencida, y después sonrió levemente, dejando entrever lo feliz que estaba con la noticia de que iba a ser madre, a pesar de todo.
Las siguientes horas pasaron extremadamente deprisa para nosotros. Estuvimos hablando de cómo sería nuestro bebé, intentando adivinar si sería niño o niña, pensando nombres para ponerle e incluso especulando sobre las Universidades en las que querríamos que estudiara.
Cuando se me ocurrió mirar el reloj, me percaté de que eran las doce menos cuarto de la noche. Sólo me quedaban quince minutos con Alice. Únicamente quince minutos, y me marcharía para siempre.
La miré con tristeza y cuando se dio cuenta de mi mirada, su vista viajó hasta el reloj. Se me partió el corazón al ver sus ojos llenos de una inmensa desolación.
-No lo hagas –me pidió con la voz entrecortada. –No te despidas de mí.
-Tengo que hacerlo.
Negó furiosamente con la cabeza.
-No.
-Alice, ya hemos hablado de esto.
-No te vayas –volvió a pedirme conteniendo las lágrimas.
Agaché la cabeza para que no viera mi rostro desencajado por la tristeza. Sin que yo me diera cuenta, Alice me abrazó con tanta fuerza que creí que se había roto los brazos.
-Si te vas tendrás que llevarme contigo –me advirtió entre sollozos.
-Cariño, -le dije separándola un poco de mí para verla a la cara. –tú tienes que quedarte aquí para cuidar de nuestro hijo. Te va a necesitar mucho.
-Y yo te voy a necesitar a ti.
-Lo sé, pero me has prometido que serás fuerte y que…
-¡No me importan las promesas! –Gritó cansada –Lo único que quiero es que te quedes conmigo… -me dijo antes de tapar su rostro con las manos para poder deshacerse de todas las lágrimas que había reprimido.
-No me hagas esto ahora, Alice… Por favor –le pedí –Quiero recordarte sonriente, como siempre has sido. Entiende que yo no puedo hacer nada, y tú tampoco. Yo siempre estaré a tu lado, todos y cada uno de los días, siempre que pienses en mí, cada vez que me nombres, cada vez que me recuerdes, siempre. Y quiero que sepas que, tal y como te he dicho antes, te estaré esperando para poder pasar junto a ti toda la eternidad.
Apartó sus manos de su rostro y me miró con una pequeña sonrisa, a pesar de que las lágrimas aún surgían de sus ojos. Asintió lentamente, y se acercó a mí para abrazarme, para transmitirme todo su amor por última vez. Al cabo de varios segundos me separé un poco de ella y le acaricié la mejilla. Me incliné un poco y la besé, demostrándole que todo lo que le había dicho era cierto.
Nos separemos lentamente y nos miremos durante muchos minutos sin decir nada. Era inútil llenar el tiempo con palabras cuando podíamos hacerlo con miradas.
Ambos ladeemos la cabeza cuando un halo de luz se fue formando en el centro del salón, expandiéndose poco a poco, y entendí que ya era la hora de marcharme.
Le dediqué a Alice una última sonrisa y soltó con reticencia mi mano que había tenido enlazada con la suya. Me levanté del sofá lentamente y caminé hasta la luz blanca que se encontraba delante de mí. Antes de introducirme en ella, me di la vuelta para contemplar por última vez a mi esposa.
-Te amo –le dije con una gran sonrisa.
-Y yo a ti –me contestó devolviéndomela, a la vez que varias lágrimas se deslizaban por sus mejillas.
Me obligué a darme la vuelta, y respirando hondo, me adentré en el gran halo de luz que me esperaba para llevarme al lugar en el que permanecería por toda la eternidad.
Sniff...sniff... Jazz se nos ha ido...snifff... ='( ¡Yo quiero que vuelva! sniffff...
Bueno, dejo ya de ponerme sentimental ;P Espero que os haya gustado el capitulo, ¡porque ya es el ultimo! Mañana subire el epilogo y ya habre terminado con este fic =)
Espero vuestros reviews :P ¡Asi que hasta el proximo!
XOXO
