Capitulo XIV

Después de aquella declaración habíamos vuelto al Sengoku y para mi sorpresa no parecía haber pasado más de dos días o una semana. Yo pensé que llevábamos años en aquel lugar, ya sabía por qué Sesshoumaru era tan fuerte.

Se podía decir que teníamos algo, porque lo teníamos. Esos dos días después de salir del "mundo" de entrenamiento había pasado rápido. Ahora estamos en una cascada tenía las esperanzas de ver a mis amigos, los extrañaba.

—¿Estás bien? —me preguntó. Cosa que adoraba de él, siempre tan atento conmigo.

—Sí —y asentí con mi cabeza. Le di una enorme sonrisa que al parecer, le gusto. En ese momento la ráfaga del viento cortante casi nos impacto, de no haber sido por Sesshoumaru que me tomo de la cintura y nos movió de su cause.

—¡Fuiste tú, maldito! ¡El que secuestro a Kagome! —le gritó colérico InuYasha. Estaba anonadada hace segundos pensaba en ellos y ahí estaban y valla forma de aparecer. Mis amigos se encontraban detrás de éste con cara de preocupación, que al verme se disipo y corrieron hacía mí.

—¡Kagome! ¿Estas bien? ¿No te paso nada? —la pobre de Sango me buscaba cualquier herida.

—No, estoy bien.

—¡Oh! ¡Por dios! ¿Qué fue lo que te paso? —aquel grito me retumbo en los tímpanos, tanto que sentí que me quedaría sorda.

—¿Señorita Kagome? ¿Qué fue lo que le paso? —el monje Miroku me miraba extrañado y a la vez con morbo, fruncí mis ojos al oler ese sentimiento en él.

—Ni se le ocurra acercarse —lo mire advirtiéndolo; él solo rió nerviosamente y se rasco la nuca. Muy típico en él.

—¡A mi me gusta como te ves! Aunque tu olor es raro Kagome —mi hijo me olía buscando la raíz de aquel problema y sentí como los vellos se le erizaron al comprender de quién era el olor. A pesar de ser un niño crecía muy rápido. Además de ser muy perspicaz, cosa que a veces odiaba.

Hasta el mismo InuYasha que echaba humo y atacaba a mi Sesshoumaru volteó a verlo. En ese momento vi el rostro de mi antiguo amor y el de Sesshoumaru, eran tan parecidos pero a la vez tan diferentes. Sesshoumaru estaba incomodo, sabía que juntarse mucho con humanos, no le gustaba.

—Hueles —me olfateó mejor—, Hueles —se acerco más y pude oír el casi imperceptible gruñido de mi macho—. ¡Hueles al maldito de Sesshoumaru!

—¡Osuwari! —antes de que cualquier cosa sucediera InuYasha ya estaba impactado contra el piso—. Amigos, es mejor que yo los visite a ustedes. Prometo hacerlo pronto. ¡Osuwari! —tome de la mano a Sesshoumaru y lo arrastré conmigo mientras corríamos.

El solo se dejo guiar y corrimos por varias horas, dentro de las montañas. Cuando paramos el solo me miro reprobatoriamente. Creo que aún estaba enojado por el acercamiento de InuYasha. Para las reglas de los Youkais, ese acercamiento sin el permiso del macho, era considerado insulto.

Solo me dedique a mirarlo. Su rostro estaba un poco contraído, así que me acerque a él y lo abracé por detrás. Mientras hundía mi cara en sus omóplatos acariciaba su pecho. Lo sentí gruñir y tomar mis manos contra las de él.

—…Sessho…—le murmure un poco triste. Que me ignorara de esa forma me dolía. Cuando intento apartarme de su cuerpo, me aferré con más fuerza—. Tienes que complacer a tu hembra —ronroneé en su oído, mientras pasaba mi lengua por el mismo. Que delicioso era sentir como se erizaba.

—Ve por InuYasha. Tal vez él pueda hacerlo —cuando se movió con más fuerza. Lo apreté y me planteé frente a él.

—¡Por favor Sesshoumaru! ¿Qué hice mal? —mi humor cambiaba, pero respiré hondo—. Piensa lo que desees. Que es tonto, después de lo que te entregué —molesta camine en sentido contrarío a él, pero fui detenida. Éste me giro y hundió su cabeza en mi cuello, lamiendo suavemente. Me estremecí y solté un suave gemido.

—Que él este cerca de ti me pone los pelos de punta —su voz sonó fría y hasta un poco ronca. Podía sentir como el deseo fluía. El rápido subir de su sangre me emociono. Con fiereza me lancé en búsqueda de sus labios, y los besé con fuerza y frenesí.

—No debería —el me miró entornando sus ojos, y frunciendo el seño—. Soy tuya ahora —jadeé cuando acarició uno de mis senos por encima del traje.

—…Mía…—gimió entre mis labios.

—¡No! ¡Debería ser mía! —y en ese momento apareció Aneketsu en su forma humana.

—¡Naraku! —gritamos los dos.

—Claro. ¿A quién esperaban? ¿Al gallo pelón? —lo miramos fríamente. Éste ágil lanzó un fuerte golpe, cargado de veneno. El humo morado rodeo todo el lugar. Sesshoumaru estaba tranquilo, y yo de igual forma. El comenzaba a atacarnos cuando una lluvia de demonios nos distrajo. Era cientos, y todos muy parecidos a sus antiguos engendros (Kagura, Kanna, Hakudoshi) Pero todos estos eran débiles, comparados con dos Youkais, así que rápido murieron todos. Mientras acabábamos con ellos, me iba separando de Sesshoumaru.

Para mi sorpresa el viento cortante apareció, y arrastró toda la cortina de veneno que había.

—¿Esperaban llevarse toda la diversión? —gruño emocionado InuYasha, mientras ataca a miles de demonios.

—¡Ya era hora de que llegaras! —le sonreí, mientras seguía destruyendo aquellos demonios.

Los chicos hacían un buen trabajo. Las cosas iban muy parejas hasta que Naraku, comenzó a atacar a mi Sesshoumaru. Podía decir que este le hacía pelea. Pero no podía contra un ser inmortal.

—¡¡Sesshoumaru!! —grite cuando la espada de Aneketsu atravesó su hombro.

Dolida y furiosa me lancé contra Aneketsu. Sentía como mi vista se nublaba y como mis poderes iban en aumento. Sabía muy bien que, aun siendo Youkai no podía con él. Un fuerte viento azoto el lugar.

—…Corran…o morirán…—hable con voz ronca. Esa no era yo, me estaba transformando. Los chicos se ocultaron tras unos árboles, con Sesshoumaru a cuestas. Y en ese momento paso lo que más temía.

—…Es hora de que dejes de ser, una simple marioneta —y aún con los ojos rojos me fui directo hacía Aneketsu, que tenía la forma de Naraku y lo corté por la mitad con mis garras. Los chicos gritaron de emoción cuando la perla calló en el piso.

Pero eso no era todo. Un rayo dio a parar sobre su cuerpo y apareció el ser que tanto odiaba. Tenía su mirada lasciva y la piel pálida; alto de ojos castaños y cabello púrpura. Su traje de batalla como el de Sesshoumaru. Y dos espadas en el cinto.

Me tiré contra él, dando varias estocadas. La transformación aún no se completaba. El solo me esquivaba, sentía como la furia se iba. Hasta que él lo noto y mandó miles de monstruos contra mis amigos. La ira me invadió de nuevo y el proceso se completo. Había crecido veinte centímetros más, el cabello lo tenía rojo, y los ojos también. Un sensual traje apareció y con éste mis doce guardianes.

—…Ahora morirás Aneketsu. La última vez se te dio un ultimátum, pero has desobedecido.

Definitivamente aquello no era yo. Me veía hacer todas esas cosas. Pero simplemente no era yo. Los recuerdos hermosos estaban sellados y solo podía ser espectadora de todo lo que pasaba. Mientras atacaba a Aneketsu perdí visión total de los chicos.

***

—¡Tenemos que hacer algo! ¡No podemos solo sentarnos a ver! —rugió molesto InuYasha. Sesshoumaru solo estaba intentando mantenerse con vida. La herida lo había atravesador por completo, casi tocándole el corazón.

Veía a su mujer pelear. Y no podía creer que fuera ella, aquella mirada tan lúgubre y sin sentimientos no podía ser de Kagome. Mientras el monje le ponía los vendajes, miraba el grupo como se desesperaba. Cuando miles de monstruos los atacaron, todos se unieron, no había discriminación, ni raza. Solo un grupo tratando de sobrevivir. Atacaron en conjunto, unidos y ganaron si muchos esfuerzo.

—¡¿Qué podemos hacer?! Eso es ahora una pelea de mayor grado —gimió desesperada sango.

—¡Es cierto! Pero esto no acabará bien —los ojos de Kikyo se aguaron, igual que los de sango.

—¡Lo mejor será sentarnos a esperar! No queremos que nada le pase a la Srta. Kagome —todos asintieron y miraba preocupados la batalla. Todo había comenzado de manera estrepitosa, sin prepararse.

Luego de varios minutos, la pelea se volvió dispareja. Aneketsu había atacado a uno de los guardianes, uno de apariencia muy parecida a la de Sesshoumaru. Kagome se había vuelto como loca. Éste yacía mal herido en sus brazos, y ella furica, azotó el viento y un rayo calló en el piso.

—¡NO mi lady! Si lo hace nunca más podrá regresar —gimió el guardián desesperado.

—Esto se salió de control.

—¿Qué te pasa Kagome? ¿Has perdido habilidades? Cada vez te vuelves más humana. Eres patética.

El aire volvió a rugir y el rayo dejo ver una espada. La espada era de diamante. Con La base de oro blanco, con esmeraldas y rubíes. Al sacarla de la tierra y al contacto de sus manos, el filo de la espada se volvió rojo como una llama. Todo sintieron estremecerse cuando está desplegó la en todo su esplendor.

—¡Pagaras por todo!!! —y con un movimiento rápido. La blandió y una ráfaga de viento, envuelto por una flama lo envolvió quemándolo. Los gritos se escuchaban, el había caído al piso y se retorcía de dolor. Está fue hasta el y pasando la llamarada le arranco el corazón—. Te lo dije, no debías hacerme enfurecer.

—¡Tu me pertenecías! —logró vociferar aún en su dolor.

—Nunca lo hice.

Y sin más se paró se dio media vuelta y en ese momento. Todo desapareció, Aneketsu murió y la perla estaba intacta en el piso. Todos se acercaron con paso vacilante, mientras eran escrutados por una fuerte mirada.

—¡Bien hecho Kagome! —le felicitaron sus amigos. Pero está solo los veía confundida.

—La que ven ahora no era su amiga. Este es Lady Goddes. Kagome solo era su versión humana, e inclusive Youkai —hablo uno de los guardianes, que Shippo pudo reconocer como Eriol.

—¿Cómo hacemos para que vuelva en si? —hablo el pequeño. Todos lo miraron y se quedaron atentos, esperando una respuesta.

—Ya no se puede. —Hablo el tercer guardián. Éste tenía una mirada tan dulce y apacible, tan parecida a la de Kagome—. Ella se a unido a nosotros.

—¿Cómo que se unió a ustedes? —rugió InuYasha.

—A pasado a ser parte, de una de las memorias de nuestra señora. Ahora no es más que un recuerdo sellado —hablo Retsu.

En ese momento la perla rodó hasta ellos. Kagome se las había acercado.

—Solo ustedes pueden desear que yo vuelve a ser mortal. Ya no me quedan los poderes suficientes, para estar mucho tiempo aquí. Gracias por ser de gran ayuda —en ese momento se volteó donde Sesshoumaru, que la miraba con frialdad. Pero bajo esa capa pudo sentir la mezcla de sentimientos, amor, rabia, despecho, tristeza. ¿Cómo podía irse, cuando lo que más amaba esta ahí?

Kikyo antes de que alguien lo pensara. Tomo la perla.

—¡Perla creada por Midoriko! ¡Fusión de miles de demonios! Una fiel servidora ha venido a pedirte un deseo —todo se ilumino y una luz rosácea impidió que la vieran.

—¡Dime Kikyo! ¿Cuál es tu deseo? —el cuerpo de la perla se regeneró frente a ella, con la forma de Midoriko.

—Deseo. Deseo. ¡Que Kagome vuelva ser Youkai! Y que cada quien sea feliz con quien le corresponda.

—Así será —la luz creció y todo se volvió blanco. Segundos después Kagome yacía junto a ellos con su forma Youkai.

—¡Kagome! —gritaron todos y se fueron hasta ella.

—¡¡Chicos!!! ¡¡Pensé que nunca podría regresar!! ¡¡Dios que asustada estaba!! —en eso los doce guardianes aparecieron—. Gracias Kikyo.

Amabas se abrazaron, hasta que Kikyo se retorció en el piso de dolor. Su cuerpo de barro se partía, las puertas del infierno se abrieron. Está gritaba del dolor, miles de los engendros que se llevaban las almas al otro mundo la arrastraron, y consigo se la llevaron.

—¡¡Kikyo!! ¡¡NO!! —grito histérico InuYasha.

—Tranquilo —susurro Kagome. Con un movimiento las llamas desparecieron y con su traje de sacerdotisa apareció nuevamente. Pero esta vez, estaba con vida. InuYasha se quedo perplejo, Su Kikyo estaba viva, viva, viva para él. La emoción lo embargo y corrió hasta ella. La tomo de la cintura y le plantó un enorme beso.

Todos miraron la escena con cariño. Luego aplaudieron y miraron a una tierna pareja, que aún no confirmaba nada.

—Miroku, es hora —le alentó Kagome. Éste trago grueso y se acerco a Sango un poco vacilante. Esta solo lo miro sin entender, hasta que el se arrodillo.

—Este. Disculpen, pero. ¿Podría ser personal? —todos asintieron y caminaron, dejándolos solos.

Éste la tomo de la mano y la guió a unas termales que estaban cerca. Tomados de la mano la sentó en una rama de un árbol, que sobresalía del piso.

—Sango. Yo sé que no he sido el mejor acompañante, ni el mejor amigo. Te he tocado muchas veces, y he coqueteado con otras mujeres, frente a ti. Pero quiero que sepas, que tú eres la mujer de mi vida. No podría imaginarme al lado de otra persona que no seas tú.

Sango lloraba silenciosamente. Este la miraba con ternura. Ella intento hablar pero el la silencio con un dedo en sus labios.

—Tú eres la mujer perfecta para mí. Aunque yo no sea el mejor hombre —bajo la mirada.

—¡Claro que no! —se calló abruptamente. Con la mirada gacha hablo—. Yo te amo, Miroku.

—…Sango…—susurro. Le tomo del mentón y la obligo a mirarlo—. Yo también te amo. ¿Quieres? ¿Quieres casarte conmigo? —en eso saco un pequeño cofre de terciopelo.

Sango con cuidado lo tomo. Temblorosa por las lagrimas que bajaban por sus ojos. Esta se mordió los labios y abrió sus ojos al ver un hermoso anillo. Era de oro y tenía una linda piedra, parecía ser un rubí, dentro había en dorado dos iniciales SM.

—¡Sí! ¡Sí quiero casarme contigo! —grito y se lanzó contra él, pero éste antes le coloco el anillo.

—Te amo, Sango. Te amo con locura —en el piso se coloco encima de ella. Acaricio su rostro, delineo sus labios. Le sonrió y lentamente se acerco a sus labios. Primero los rozó, con cariño, con amor. Luego los posó con delicadeza, pidiéndole permiso a su dama para explorar su boca. Se paro y la abrazó con fuerza mientras, se la comía besos. Apretaba su cintura y acariciaba su nuca con cariño, tanto así que Sango gimió levemente—. Vamos, es hora de regresar.

La saco de aquel lugar, porque estaba seguro que si seguían le haría el amor ahí mismo. Y no quería, quería que Sango se casara con él siendo aún virgen. La tomo de la mano y la abrazó a su cuerpo mientras caminaban.

***

—¿Por qué no regresan? Seguro están haciendo de sus cochinadas —InuYasha estaba histérico. Aunque se había llevado una gran sorpresa cuando noto que sus orejita habían desaparecido, para dar pasó a dos orejas puntiagudas. Y una luna que se pintaba en su frente.

—Seguro están hablando —le regaño Kikyo. Mientras lo besaba.

—Sí. Eres un mal pensando —le regaño Shippo.

Kagome intento buscar a su hombre. Pero no lo encontró. Su corazón latió rápido. No sentía cerca su presencia.

—¡Ya vuelvo chicos! —y se fue en veloz carrera. Sabía que Sesshoumaru estaba herido. Cómo lo había olvidado. A unos quince minutos lo encontró. Estaba recostado en un árbol, cerca de un lago—. ¡Sesshoumaru! —gimió y se lanzó contra él.

Al verlo herido intento desnudarlo, pero sus manos no la dejaron. Éste le enviaba una mirada tan fría que le erizo todo el cuerpo.

—No seas tonto. Déjame curarte —pero el no sé dejaba. Hasta que Kagome se largó a llorar—. Pensé que te perdía. Pensé que ibas a morir. Rayos, nunca debí exponerte de esa forma. Perdóname, y luego te olvide. Te deje a la deriva sabiendo que estabas herido.

Con los ojos empapados en lágrimas se intento poner de pie. Pero Sesshoumaru solo la había tomado de la mano con tanta delicadeza.

—Me sentí un inútil al no poder protegerte —y cuando dijo esto volteo su rostro. Así que eso era, su orgullo de macho alfa estaba herido. Soltó un bufido y lo comenzó a curar. Con solo lamer su herida está sanó. Su saliva tenía más propiedades curativas.

Con cariño se sentó encima de sus piernas. Mientras se miraban cara a cara.

—Ya no estás solo Sesshoumaru. Ahora me tienes a mí, y juntos podemos protegernos. Completa el ritual hazme tu hembra.

Este la miro un poco incrédulo. Pero podía oler su decisión. Con cariño la beso, bajo sus manos por toda su espalda y le comenzó a sacar el kimono. Ella solo gemía y se dejaba llevar por el placer. Cuando ambos estaban sudorosos, agitados y a punto de un gran clímax Sesshoumaru se acerco a su cuello y la marcó hundiendo sus colmillos en su cuello. Y así ambos acabaron en un agitado placer.

Hola le agradezco a todos aquellos que han leído mi Fan Fic. Quiero decirle de verdad apreció sus comentarios. Y venía decirles que éste es el ante-penúltimo capitulo. El epilogo lo pondré en un día o dos más o menos.

Repito. Gracias a todas por sus comentarios.