CAPÍTULO CATORCE:
"No existe mayor temor, que aquel producido por lo desconocido..."
Extraños sonidos llenaban el ambiente, el aullido de incontables criaturas resonaban en el eco de la foresta, anunciando la presencia de las criaturas salvajes. Acostumbrados al sonido de los seres, Topaz guiaba al pequeño grupo, usando como referencia el mapa de su pupilo, mientras el resto de sus compañeros miraba con ansiedad sus alrededores.
Largas horas habían invertido sin descanso en su desplazamiento, haciéndolos perder la noción del tiempo al internarse en la profundidad de aquel lugar. Lúgubres y fornidas ramas crecían hacía el cielo, cubriendo con su espeso follaje la luz del sol, dejándolos a merced de una perpetúa oscuridad. Sintiendo un escalofrío recorrer su espalda, Hilda tomó con aprensión la mano de su amado, mientras buscaba con su mirada sus alrededores, intentado discernir de dónde provenía aquella presencia que la estaba afectando.
Ante las acciones de su amada, preocupado, Ravio posó su mirada sobre su adorada, notando la palidez que cubría su rostro, así como el brillo de temor que inundaba sus pupilas. Consternado, aumentó la presión de su agarre, intentado llamar su atención, incrementado su ansiedad al apreciar como su princesa en respuesta solo unía su cuerpo contra el suyo, intentado cobijarse bajo su presencia, temblando ligeramente.
- Debemos salir de aquí. – murmuró con aprehensión la regente, en voz alta, inconsciente de sus actos.
Deteniendo el avance del grupo al tiempo que la aristócrata se expresaba, tensa, Topaz levantó su mano, mirando con determinación el frente de su camino. Confundida, la saqueadora estaba lista para cuestionar lo que estaba sucediendo, deteniendo la pregunta que se había formado en sus labios al apreciar el velo de quietud y calma que los cubría. Parecía que el tiempo mismo y la vida en el lugar había desparecido, no se percibía ni un solo sonido, más que la profunda respiración de sus pulmones y el fuerte latido de sus corazones. Con la adrenalina corriendo por sus venas, sintiendo como la oscuridad de su alrededor parecía crecer sobre ellos intentando consumirlos, pegando su espalda contra la de la regente, con delicado y suaves movimientos, sin hacer ruido comenzó a liberar una pequeña daga de su alforja.
El inmutable silencio gobernó por angustiosos y eternos segundos para el pequeño grupo, preceptivos ante la amenaza que los rodeaba, se habían reunido intentando protegerse. Apreciando como la presión de aquella presencia comenzaba a desgastarlos, apretando con fuerza su espada, Topaz, tratando de no lastimar su recién curada articulación, buscaba aquella presencia, deteniéndose al sentir el cambio de la energía el ambiente, posando su mirada en la regente. No resistiendo un minuto más la ansiedad que la gobernaba, sin poder detenerse, Hilda soltó la mano de su amado, llevando ambas palmas hasta su pecho, mientras comenzaba a reunir su magia, pronunciando suaves y casi inaudibles palabras con sus labios, mientras dejaba que la energía que conjuraba comenzara a tomar forma física, liberándola con ágil ademan, permitiendo que esta se expandiera alrededor de ellos en forma de una luminiscente onda.
Sorprendida, Rósela solo apreciaba como esta se extendía por la foresta creando un brillante reflejo, repeliendo la penumbra que los acechaba, deteniendo por completo su avance, bajando por un momento su ansiedad, mas antes de que pudiera cuestionar las acciones de la regente, un profundo y extraño sonido cubrió por completo el bosque, haciendo que varias copas de los arboles se agitaran, resonando el seco crujir de la madera y sordo golpe de los derribados troncos contra el suelo.
Alertados ante el inminente peligro, sin perder tiempo, Ravio tomó la mano de su amada mientras gritaba a sus compañeros huir en dirección hacia el puente, emprendiendo inmediata carrera, asegurando su afiance sobre su adorada, sabiendo que no tenían posibilidad de luchar contra aquella criatura.
Terribles alaridos y sórdidos sonidos cubrieron el ambiente, mientras el pequeño grupo avanzaba rápidamente sortean do los múltiples obstáculos que parecían frente a ellos. Angustiada y atemorizada, la regente trataba de mantener el paso que había impuesto el mercante, cuestionándose sobre la identidad de aquella criatura, una que no deseaba conocer, y la razón por la cual su amado tenía conocimiento de ella.
- Demonios, la niebla está apareciendo. – musitó Ravio con apuro, apreciando como la temperatura comenzaba a bajar y la humedad del ambiente a expandirse, creando aquel fenómeno que comenzaba a cubrirlos, atrapándolos a merced del ente que los perseguía.
- No se separen, el puente está frente a nosotros. – advirtió Rósela, aumentando su paso mientras cubría su rostro, protegiéndolo de las bajas ramas de unos árboles.
Ante la falta de respuesta de sus compañeros, Topaz se detuvo por un instante, notando para su angustia y preocupación que se había separado del grupo, quedando completamente sola, rodeada por la profunda y blanquecina bruma. Alarmada, apretó con fuerza la empuñadura de su espada, mientras observa sus alrededores, tratando de orientarse, así como discernir la situación en la que se encontraba.
Sin poder fijarse por donde avanzaba, impactando contra el tronco de un árbol, Rósela no pudo evitar pronunciar un par de maldiciones, mientras palpaba su rostro, experimentando como un fuerte ador se extendía por el mismo al tocar su lastimada nariz. No deseando perder tiempo, inmediatamente se levantó, llamando a sus compañeros, escuchando solo para su calvario como el eco de su voz resonaba en aquel espacio.
Concentrado en moverse, en poner a salvo a su amada, Ravio continuaba su camino, deteniéndose solo por un instante al oír la angustiada voz de su adorada. Deteniéndose completamente, apreciando las profunda y agitada respiración de la regente, quien agotada trataba de llenar sus pulmones de oxígeno, intentando alejar el mareo que se había apoderado de ella, así como las fuertes contracciones de su abdomen, que amenazaba con vaciar su contenido con cada esfuerzo que hacía.
- No podemos quedarnos aquí. Vamos, falta poco.
- No… puedo… continuar…
Angustiado, sin saber qué hacer en aquel momento notando el agotado estado de la princesa, acongojado, se acercó hasta ella, colocando sus manos sobre sus hombros, intentándola ayudarla a regular su respiración, apreciando los raudos latidos de su corazón. Maldiciéndose por su inconsideración, la abrazó contra su cuerpo sin saber cómo comportarse en aquel momento. Una parte de él gritaba incesantemente el que continuaran, que no podía seguir ahí parados, sino serían presa fácil de aquel ser, mientras que otra lo amonestaba por su falta de cuidado y atención con la doncella. Hilda no estaba acostumbra a enfrentar esas situaciones, ella era una princesa, y siempre había sido cuidada y tratada con la más alta estima y esmero; a diferencia suya, él era nadie, un simple huérfano, asediado por la discordia de los demás, discriminado, acostumbrado a huir para protegerse.
- Lamento mucho esto, pero debemos seguir. No estamos seguros aquí.
Abriendo sus pesados párpados, intentado concentrase en las palabras del mercante, la joven soberana volvió a llenar sus pulmones en un par de profundas respiraciones, mas antes de que pudiera expresar sus pensamientos, aquel profundo y horripilante alarido volvió a escucharse, erizando por completo su piel y volviendo a acelerar su ritmo cardiaco. Dejándose guiar por su instinto de supervivencia y éxodo, se separó de su amado, transmitiendo en su mirada todas aquellas palabras que no podía expresar verbalmente. Sin aguardar un minuto más, afianzando la mano de la regente en la suya, Ravio volvió a iniciar su travesía.
Ante el crujido de las ramas a su alrededor, intentando controlar la adrenalina que se extendía por sus venas, Topaz se mantenía firme, observando sus alrededores, buscando alguna señal de su perseguidor. Esperando firme, haciendo uso de todos sus sentidos, la guerrera de las sombras aguardó en silencio, sintiendo como una gota de sudor recorría el camino de su sien, bajando por su mejilla hasta su quijada, tratando de controlar los escalofríos que recorrían su cuerpo ante el contraste de la temperatura ambiental, concentrado sus pupilas entre la opacidad de la bruma, apreciando como esta creaba extrañas siluetas. Perpetuos segundos transcurrieron, hasta que entre la solvencia de la calima, emergió una oscura silueta. Sin perder tiempo, la Sheikah blandió su fiel arma, mas el filo de su hoja atravesó la imagen que había sido creada por una bandada de Keeses que huían desesperadamente. Escuchando nuevamente el alarido de la criatura a pocos metros de ellos, sabiendo que no estaba en condiciones de confrontarla y menos sin el apoyo de su pupilo, apretando sus dientes, odiando tener que escapar de aquella manera, la docta combatiente empezó a seguir aquellos mamíferos voladores.
Agotada y angustiada, Rósela solo observaba sus alrededores, regañándose por haber perdido por completo su orientación, mientras veía con frustración la marca que había hecho con su daga en el tronco del árbol que estaba frente a ella. Sabía que debía mantener la calma y no dejarse presa del pánico que amenazaba con inundarla, y menos cuando aquella criatura estaba merodeando en la niebla.
- Diosas, Mirlo, ayúdame a salir de aquí, – musitó la saqueadora, angustiada al escuchar nuevamente el alarido de aquel ente, mientras sus manos temblaban, mirando con aprehensión, sin percatarse que detrás de ella se movía una sombra.
Sintiendo la imponente presencia de aquella criatura sobre ellos, escuchando como se acercaba cada vez más y más el sórdido sonido del crujido de los troncos contra el suelo, Ravio aumentó el paso, ayudando a su amada. Entorpecida por su larga falda, tropezando contra las piedras, Hilda perdió el asir en la mano de su amado, al tiempo que la fuerza de la gravedad la halaba, cayendo contra el suelo, sintiendo como un fuerte ardor cubría sus manos y brazos, mientras impactaba contra este. Adolorida y desorientada, comenzó a incorporarse lentamente, deteniendo en seco sus movimientos al escuchar el fuerte alarido que se encontraba cerca de ella. Asustada, congelada por el miedo, solo podía observar como entre la niebla y la oscuridad se apreciaba aquella grotesca figura. Un terrible y sobrenatural ente de torso cadavérico y desfigurado, con cuatro largos brazos, saliendo sus espalda, unido a una larga, babosa y escamosa articulación con la cual se arrastraba lentamente hacia ellos.
Acorralada y sintiendo aquella presencia sobre ella, cerró sus ojos, llevando instintivamente sus manos contra su rostro, tratando inútilmente de protegerse, al tiempo que una de las articulaciones se abalanzaba sobre ella. Interminables segundo pasaron cuando el fuerte grito de su amado llenó sus finos tímpanos mientras que blandía su espada e impactaba contra aquel apéndice, alejándolo.
Sorprendida, sin poder comprender lo que sucedía, Hilda abrió sus parpados, apreciando como frente a ella se encontraba Ravio, quien había dejado atrás cualquier duda y miedo, atacando al descomunal ente, dispuesto a defenderla. Notando cómo a pesar de su agitado respirar y el ligero estertor que cubría su cuerpo, este seguía erguido frente a ella, confrontando aquel ser, resguardándola.
- Huye… – comandó con premura el mercante, mientras se defendía del ataque de otro de los apéndices, resintiendo el impacto.
- ¡Ravio!
-¡Huye, no pierdas el tiempo!
Aún sumergida en su estupor, incorporándose rápidamente, Hilda dudó sus acciones, no quería abandonar a su amado, nunca se perdonaría si algo le sucediera. Insegura de moverse y sin poder apartar su vista de la terrible escena que estaba sucediendo frente a ella.
Haciendo acopio de su valor y fuerza, repitiéndose una y otra vez mentalmente que debía salvarla, que debía protegerla, Ravio confrontaba con determinación el sobrenatural ser, que regeneraba continuamente sus articulaciones al ser tajadas, mientras trataba de apresarlo. Sabiendo que no podría detenerlo por mucho tiempo, apretando sus dientes, buscaba una rápida respuesta a la terrible situación que se encontraba, distrayéndose por un instante, siendo apresado por uno de los cartilaginosos y delgados aprendices.
Horrorizada, temiendo por la vida del mercante, haciendo a un lado el terror que la inundaba, dejando que la desesperación y la ira la consumieran en un arrebato, haciendo un fuerte ademan, conjuró su magia, lanzado un fuerte hechizo contra el desagradable ente, el cual detuvo por un instante sus acciones, dejando salir un fuerte alarido, mientras su rostro y parte de su cuerpo era cubierto por una fuertes llamadas azules.
Aprovechando el descuido, forzando a sus brazos a moverse, no deseando perder tiempo, en un arriesgado movimiento, Ravio clavó su espada contra el apéndice que lo aprisionaba, obligándolo a soltarlo. Preparando su cuerpo contra el impacto, apreciando como su hombro hacía un sórdido crepitar al caer contra la tierra, ignorando el dolor que se extendía por cada una de las células de su cuerpo, sin perder un segundo, el mercante se levantó tomando con un rápido movimiento la mano de su amada, retomando su carrera en dirección de la entrada del puente de madera.
Angustiados, oyendo solo el eco de sus pasos sobre la viejas vigas, no deseando ser alcanzados por aquel ser, cruzaban con premura. Se detuvieron por un instante el escuchar el sonido de un nuevo par de pisadas, apreciando para su regocijo la figura de la guerrera de las sombras, quien con rauda velocidad se abría camino acercándose hasta ellos, completamente ilesa.
- ¿Dónde esta Rósela? – cuestionó apurado el nuevo héroe, sintiendo como una fuerte opresión de apoderaba de su pecho.
- Creí que estaba con ustedes. – replicó rápidamente Topaz deteniendo su avance.
- Perdimos contacto con ella en la niebla. – explicó la princesa con angustia.
- Regresaré por ella, cuida de Hilda. – manifestó el mercante, soltando la mano de su princesa, preparándose para retornar.
Angustiada al oír aquellas palabras, la aristócrata volvió a tomar la articulación de su amado entre las suyas, intentado detenerlo, suplicándole que no la abandonara. Sintiendo como su corazón se partía al oír aquellos vocablos, Ravio cerró sus ojos, ya que no deseaba separase de su lado, pero sabía la responsabilidad que cargaba sobre sus hombros. Le había prometido a Mirlo que cuidaría de su hermana y cumpliría con su juramento, no le fallaría, no volvería hacerlo. Zafando con cuidado el asir de su princesa, jurándole que regresaría, se separó de ella, comenzando a retornar, mas antes de que este pudiera alejarse, el sonido de fuertes zancadas y una agitada respiración llenó el lugar.
Cansada, pero no deseando ser presa de aquella criatura que la venía persiguiendo, Rósela obligó a sus cansadas piernas el aumentar su movimiento, apresurando su paso, sintiendo un gran alivio al ver como frente ella se encontraban sus compañeros, una alegría que se tornó en terror al recordar como a pocos metros la venía siguiendo aquel ser.
-¡QUÍTENSE DEL PUENTE!
Confundidos y sorprendidos por un momento, el mercante, la guerrera y la princesa se quedaron estáticos, hasta que apreciaron la gigantesca figura que venía persiguiendo al la ladrona, quien apurada intentaba aumentar su velocidad.
- No podrá lógralo. – manifestó con prisa Topaz, tomando una férrea decisión, apretando la empuñadura de su arma.
Aceptando su destino, la docta combatiente avanzó en dirección de la saqueadora, cruzando su camino, blandiendo su espada y atacando a aquel ser. Irascible y molesto, el ente movió sus articulaciones, tratando de apresar a su nueva víctima, dejando salir un fuerte y gutural chido al momento que uno de sus apéndices era cercenado, arremetiendo con mayor ferocidad mientras volvía a regenerarlos.
Enfocada en esquivar otro de los ataques, Topaz descuidó su flanco, bajando su guardia, percatándose de su erro cuando ya había sido muy tarde, tensando sus músculos y preparándose mentalmente para recibir el impacto, sabiendo del fatal daño que acusaría en su cuerpo, apretó con furia sus parpados. Abriéndolos inmediatamente al sentir como su equilibrio era desbalanceando cayendo contra el suelo. Incrédula, la Sheikah no podía cerrar lo que apreciaban sus pupilas pues frente a ella, pues ahí se hallaba su joven pupilo, quien había detenido con su espada el ataque.
- ¡No podre detenerlo por mucho tiempo!
- Resiste un poco más, necesito solo un par de minutos. – replicó la princesa al llamado de su amado, mientras continuaba haciendo su invocaciones, concentrándose en terminar con el hechizo.
Comprendiendo la situación y el plan que habían desarrollado, sabiendo que su alumno no podría contener solo a la bestia, incorporándose la guerra volvió a arremeter contra esta, protegiendo a su pupilo, dándole la oportunidad que necesitaba la aristócrata para atacar. Coordinados, leyendo perfectamente las acciones del otro, Ravio y Topaz agredían una y otra vez a la criatura, deteniendo su avance y haciéndola retroceder lentamente, notando poco a poco como los movimientos del ser se volvían más erráticos y desesperados. Furioso, el esperpento dejó salir un fuerte grito, mientras creaba de su cuerpo nuevos apéndices, doblando el número de ellos, cometiendo sin piedad contra sus agresores.
Apreciando el grave peligro en el que se hallaban sus compañero, Rósela detuvo su carrera, dispuesta a retornar y ayudarlos, mas antes de que pudiera moverse, la regente del reino terminó de hacer su hechizo, Dejando que sus emociones la controlasen, descargando toda la energía que había reunido, Hilda lanzó una esfera de purpura luminiscencia, la cual al tener contacto con la criatura, se expandió sobre esta en fuertes llamaradas.
- ¡Ravio, ahora!
Ante el comando de su maestra, en perfecta sincronización, el nuevo héroe avanzó hacia el cuerpo de la criatura, apretando su arriaz con toda su fuerza, mientras que con un certero y poderoso movimiento de su espada arremetió al mismo tiempo que su tutora contra el ente, cortando por completo sus articulaciones y cercenado su cabeza.
Complacido el par de combatientes, se miraron a los ojos, mas su felicidad se vio interrumpida al tiempo que terribles y sonoros gritos salían del cuerpo del esperpento, mientras que la caída osamenta se unía a la viscosa cola y el torso comenzaba a crear una nueva.
- ¡Huyan ahora, solo los sellos del otro lado puede detenerla!
Despabilados por el grito de Rosea, sin perder tiempo, maestra ya alumno emprendieron su retirada. Intentado ignorar los terribles y agudos sonidos que se escuchaban a su espalda. Concentrándose solamente en cruzar hasta la seguridad del otro lado.
Experimentando como su corazón se contraía y su respiración de acortaba, La regente del reino, volteo su mirada ansiosa, al pasar por luz del arco de la pasarela. Apreciando como a pocos metros atrás de ella, se acercaban la figura de su amado y la guerrera, seguidos por aquella extraña criatura que intentaba apresarlos con sus apéndices, aún rodeada por un pequeño vestigio de su hechizo.
Haciendo acopio de sus últimas fuerzas, Ravio y Topaz cruzaron los pilares, apenas escapando de las garras de aquella criatura. Agotados, necesitando regular su respiración, se detuvieron ante los gruñidos de frustración del ente, el cual detenido por una extraña barrera de energía arremetía contra esta, intentando alcanzarlos.
- Es lo único bueno que hizo el antiguo Rey de los ladrones – manifestó con simpatía y felicidad la saqueadora, mientras miraba con desprecio al esperpento.
Confundida, pero sobre todo intrigada, la princesa del reino se acercó lentamente a una de las columnas de roca, deteniendo por un momento su avance al oír el angustiado llamado del mercante. Tratando de apaciguarlo, le dedicó una leve sonrisa apara posar nuevamente sus pupilas sobre el extraño lenguaje que estaba gravado en el arcó. Sin poder detener su exploración, colocó sus manos sobre uno de los surcos de la piedra, apreciando a través del tacto de sus dígitos, el contenido poder que había en ella, haciendo que una extraña sensación la embarga.
- Yuga… – susurró con sorpresa la soberana el nombre de su antiguo consejero, quien al final la había traicionado.
- ¿Hilda?
Despertando del breve recuerdo y aquellas imágenes que habían llenado su mente, la aristócrata volvió su vista encontrándose a escasos centímetros de su amado, quien angustiado y preocupado la observaba con ansiedad y devoción.
- Yuga, él fue quien puso la barrera. – musitó la doncella de manera abierta, intentado darle sentido a todo aquello que percibía y deseaba expresar solo con aquella palabras.
Asintiendo de manera afirmativa, Ravio tomó la mano de su princesa entre la suya, mientras buscaba rápidamente acomodar en su mente las palabras que debía pronunciar en aquel momento, pues a pesar de su odio y enemistad con el fallecido hechicero, este en u principio había siempre sido fiel a los deseos de la regente, dedicando sus servicios a sus deseos de proteger el reino.
- Fue meses antes, mucho antes de que idearan aquel plan. La gente sufría por el ataque de estas criaturas. En aquel tiempo, él creyó prudente crear una barrera, atrapándolos entre el bosque y el paso del antiguo puente, evitando que de esta manera pudieran seguir dañando.
Sin saber qué responder ante la explicación de su adorado, la regente solo abrazó a este, mientras su mente se llenaba de antiguos recuerdos, haciendo su corazón estremecer al rememorar al mago. Yuga había estado a su lado desde el momento en que había tomado el trono, incluso la había ayudado a mejorar sus habilidades mágicas, entrenándola y enseñándole a no temer como usar sus poderes, así como educándola en los aspectos básicos del manejo del reino, y los protocolos que había impuesto su padre en sus momentos de lucidez, haciéndola cuestionarse en qué momento había cambiado, cuando comenzó su deseo de poder, o había sido todo un engaño desde el principio, un elucubrado plan.
- El paso es mejor dejarlo atrás, las cosas que sucedieron, no puede ser cambiadas. – expresó la Sheikah con seriedad, leyendo perfectamente el semblante de la regente al notar aquella vacante mirada de consternación y arrepentimiento.
- Aunque me encanta verlos juntos y tener estas profundas conversaciones, ¿por qué no mejor seguimos con este tema en otro lado? Mientras más lejos de esa cosa, mejor. – manifestó nerviosa e intranquila Rósela, sin poder apartar su vista del ente que intentaba aun alcanzarlos.
Abochornados y de acuerdo con las palabras de su compañera, Ravio e Hilda se separaron lentamente uno del otro, deteniendo la regente sus movimientos al apreciar la gigantesca mancha de sangre que portaba en sus ropajes la saqueadora; alarmando a su adorado y la guerra de las sombras, al momento que cuestionaba a la joven sobre aquella herida. Confundida por un instante, la ladrona bajó su vista, posándola sobre la tela, apreciando la abierta ruptura de esta y la enorme marca que había sobre esta. Colocó delicadamente una de sus manos contra esta, sin hacer ninguna mueca o expresión de molestia.
- Tranquilo, es un tirón que me hice al correr entre los arboles. Es más aparatoso que severo. – explicó con tranquilidad la joven.
Intranquilo, pero confiando en las palabras de la joven Ravio acalló las palabras y preguntas que deseaba hacer, aceptando por el momento aquella respuesta. Conociendo el peligro latente que los rodeaba y pensando en la seguridad de su amada, el nuevo héroe sacó su fiel mapa, mas sus acciones fueron detenidas por la saqueadora, quien asegurando que conocía mejor aquellos lugares, los guiaría hasta una vieja casa, donde podrían descansar, un refugio que antes solían usar su hermano y ella.
Sin otra alternativa más que confiar en las palabras de su compañera, el pequeño grupo comenzó a internarse en el abierto páramo que estaba frente a ellos, dejando atrás aquella extraña criatura que continuaba produciendo escalofriantes sonidos, mientras luchaba por alcanzarlos.
NOTAS DE AUTOR:
Hola a todos, nuevamente mil gracias a quienes han sido tan amable de dejarme sus comentarios, invitando como siempre a los nuevos lectores y los antiguos a dejar sus opiniones.
He de confesar que no planeaba hacer este capitulo, pero la revisar mis notas sobre la trama, me di cuenta que para poder explicar mejor el desenlace y el final de mi historia nececitaba meter un poco de accion, así como he dejado algunas pistas sobre quien es nuestro enemigo final.
Así que sin nada mas que agregar, me despido de ustedes, mandandole como siembre un super abrazo y beso a mi querida amiga y Beta Goddess Artemiss. Quien como siempre me ayuda a mejorar mi ortografía y errores de redacción.
Nos vemos hasta el siguiente capítulo... Bye bye...
