+STAGE 014: NADIE+
Como era de esperarse y comparado con la otra vez, tu reacción fue exactamente la misma, casi. Tus ojos se alteraron y frunciste el ceño, te pusiste tenso y tu piel tomo el mismo color, que había tomado la otra vez. Sin embargo, no dijiste ni hiciste nada para maldecirme o para putearme, sólo respiraste con dificultad y perdiste el control inconsientemente. Así entonces me separaste de tu cuerpo y me sujetaste de las muñecas, invertiste la situación mientras yo lanzaba un suave quejido y apretaste mis huesos, como si quisieras matarme violentamente. Obvio, estupidamente había tendido a cerrar los ojos del miedo y no quería abrirlos, porque no quería encontrarme con ésa imagen tuya. Porque no quería que terminaramos así, porque no quería decirte algo que lo arruinara más y que algo que, yo también lamentaría después. Tuve miedo de encontrarme contigo tan así, con tantas emociones mezcladas y con tantas cosas en el medio, enroscadas en una relación que ni teníamos. Tuve miedo de enterarme que, simplemente habías sido consumido por la ira y que el odio ya había bañado tu corazón, con ésa maldita sangre negra que te hizo perder la cordura. No quería enterarme si tenía algo así frente a mí, no quería enterarme si tu respiración tan dificultosa era producto de eso, porque te habías dejado arrastrar por la locura.
Y sí, tenía miedo... ¡estaba que me moría del miedo! ¡No podía pensar en otra cosa que, no fueras tú matandome a golpes!
Por eso me temblaban las piernas y me sudaban las manos, me estremecía con el vago roce de tu piel y con respirar el mismo aire que, contaminabas de furia y rencor. Pero como que no pude soportarlo, dejar que me juzgaras tan abiertamente y que no te gastaras, en escuchar mi historia cuidadosamente. Entonces te encontré ahí, mirandome fijo y con ésa mirada bastante furiosa, que se combinaba con esa respiración intranquila y ésa horrible sensación, de rabia.
-¿Desde cuándo?-preguntaste, de una
-Hasta hoy...-respondí, sin esquivar
-¿Cuántas veces?-dijiste, con el mismo tono
-Cuatro...-acepté, la responsabilidad
-¿Y por qué esperaste tanto para decirmelo?-reclamaste, como si pudieras-¿O era que no me lo querías decir?-
-¡Sí que quería decirtelo, pero...!-me excusé, obvio-Pero no pude...-
-¿Por qué?-indagaste, malvado-¿Porque él te tuvo muy entretenida?-
-No...-respondí, avergonzada-Porque no quería lastimarte, nada más...-
-Ah, no querías lastimarme, ¿eh?-me hiciste, burla-No me mientas, que yo no te importo tanto-
-¡Sólo necesitaba que lo supieras!-confesé, desde el fondo-¡Pero tenía miedo!-declaré, inocente-¡Porque sabía que algo así iba a pasar!-
-¿Y qué quieres?-te burlaste, de mí-¿Que te felicite?-jugaste, con mi sufrimiento-Por jugar a dos puntas, claro-
-¡No estaba saliendo con ninguno de los dos!-expliqué, lógica-¡Creí que no me sentiría culpable por eso!-dije, como si hubiera sido obvio-¡Pero...!-
-¡Te sentiste culpable porque, desde el primer momento, te remordió la conciencia!-completaste lo que, ni pensé-¡Porque no tenías idea de lo que tenías conmigo!-
-¡Creí que no teníamos nada!-argumenté, mi punto-¡Sólo por eso lo hice!-repetí, otra vez-¡Si hubiese sabido que nosotros...!-intenté entender, el signficado de tus palabras-¡Te juro que no lo hubiera hecho!-
-¡No me vengas con eso ahora!-me apretaste, más fuerte-¡Te lo cojiste porque querías!-remarcaste, mi deshonra-¡Te lo cojiste porque te gustaba!-casi, me escupiste-¡Te lo cojiste porque tenías ganas de cojertelo!-
-¡Y lo lamento!-dije, culpable-¡Lamento haber sentido todo eso por él!-me arrepentí, en serio-¡Y lamento haberme enamorado de él!-confesé, casi sin darme cuenta-¡Pero, Soul, nosotros...!-
-¿¡Qué dijiste?-me interrumpiste, alterado-¿¡Te enamoraste de él?-repetiste, sacado-¿¡Encima te enamoraste de él?-
-¡Ya te dije que lo siento!-tiré, lo mismo-¡No me hagas repetirlo!-pedí, sin derecho-¡No estoy orgullosa de eso!-
-¿¡Y orgullosa, de qué vas a estar?-me hiciste, la guerra-¡Si lo único que hiciste, fue mentir!-resongaste, víctima-¡Todo este tiempo, no hiciste más que mentir!-
-¡Porque no quería lastimarte!-repetí, mi punto-¡Ya te dije que fue por eso!-
-¡No me salgas con ésa excusa de mierda!-exprimiste, mis huesos-¿¡Cómo te voy a creer algo así ahora, eh?-chillaste, lastimado-¡Si no sirves para otra cosa, que no sea mentir!-
-¡Te mentí con lo de Black Star!-me defendí, obvia-¡Pero, con todo lo demás, yo...!-
-¡Callate!-interrumpiste, mi discurso-¡No voy a seguir escuchando las excusas que, te queden para justificarte!-dijiste, dolido-¡No quiero saber más!-
-¡Pero...!-intenté, hacerte frente
-¡Sólo dime algo!-cortaste, mi puesta en escena-La vez que me armaste un escándalo, quejandote de él y la vez que, no pudiste acabar conmigo...-recordaste, nostálgico-¿Ya te habías empezado a acostar con él?-
-Sí...-respondí, mirandote fijo
-Entonces...-me liberaste, instantaneo-No tenemos nada más que discutir, Maka-y de una, te levantaste
-¡Soul, yo...!-argumenté, sin mucho que decir
-¡Quedate ahí y no me hables!-me gritaste, como de costumbre-¡No te quiero escuchar más!-insististe, en alejarte de mí-¿¡Entendiste?-
Ésa fue la última de todas mis oportunidades, estuve a punto de justificarme correctamente y que tú me creyeras, pero como de costumbre lo arruiné. Respondí a tus acusaciones y a tus insultos, dije que "SÍ" a tus suposiciones y tus predicciones, acepté cada cosa que pensaste de mí y exclusivamente de mí.
Asumí toda la responsabilidad porque había sido cosa mía, yo lo busqué a él y él... bueno, él simplemente respondió a mi llamado.
Por eso no lo metí en el medio, porque él no vino a acorralarme un dichoso día y a susurrarme, que se moría por cojerme.
Al contrario, fui yo la que tuve ganas primero y me mandé sola, porque sabía que él me iba a recibir y estaba segura que a ti, no te iba a importar en lo más minímo.
¿Un pequeño error de cálculos, entonces? Sí, bueno... ¡pero no era para tanto, querido!
¿En serio tenías que tratarme como si fuera una basura? ¿Tenías que tratarme, como si te hubiera cagado?
¡Pero si siempre dijiste que no teníamos nada, que no eramos nada y que no te tenía que pedir permiso para nada! ¡Siempre dijiste que así era, maldición!
Y de casualidad, resultó ser que sí teníamos algo y que sí eramos algo, resultó ser que sí tendría que haberte pedido permiso y demás. Porque a ti se te ocurrió confundirme con algo así, hacerme la cabeza hasta el punto en que pudieras ganarme, hasta el punto que pudieras hacerme sentir culpable. E idiotamente lo lograste, te hiciste "el que sufrías" y "el que te morías de dolor", porque yo fui "tan mala" y "tan bruja" de cambiarte, por otro que "jugaba" mejor que tú. Me culpaste a mí de lo que estaba pasando y me hiciste quedar como "la mala de la película", que a ti te convenía no tener nada que ver y como siempre, lavarte las manos. Que total tú no habías tenido nada que ver, total tú no hiciste nada para que yo hiciera lo que hice, total tú no tenías nada que ver con relacionarte conmigo sexualmente.
Asumiste que no querías ese puesto y que tampoco era tu puesto, preferiste dejar que otro se hiciera cargo y cumpliera con la tarea, que tú te negaste a realizar.
Y a pesar de que tú lo permitiste, te hacías "el ofendido" y "el dolido" como si alguna vez hubieras estado, en el lugar que yo te pedí que ocuparas.
Entonces yo fui egoísta contigo, hice lo que se me vino en gana y ni me preocupé, por si después se te caían ésas "lágrimas de cocodrilo".
Busqué lo que no quisiste darme en otro lado y lo conseguí, lo retuve y hasta lo até a mí todo lo que pude, hasta que la cuerda se rompió de un día para el otro.
Justo después de eso, volví a buscarte para explicarte lo que me pasaba y tú ni quisiste escucharme, sólo me juzgaste.
Me trataste de atorranta y de mentirosa, casi me escupiste en la cara como si fuera una farsante y una sinverguenza, me hiciste sufrir como a una prostituta que no hizo bien su trabajo.
Y entonces yo me arrastré por el piso, rogué y hasta supliqué que no te fueras, que no me dejaras sola otra vez. Te pedí y hasta te imploré que te quedaras conmigo, que yo no quería quedarme sin ti y que para tenerme de vuelta, haría cualquier cosa. Me prendí de tu brazo casi resvalandome y me estremecí instantaneamente, con ese sabor a rechazo y a vergüenza ajena, que maliciosamente emanaba de ti. Y tú no hiciste nada, sólo dejaste de tirar tu ropa por ahí y te quedaste quieto, como esperando las excusas y los pretextos que yo tenía para darte.
-Soul...-te nombré, lloriqueando-No te vayas...-
-Me lo hubieras pedido antes-dijiste, de espaldas-Pero tú siempre quieres algo, cuando ya no lo tienes-
-¡Podemos volver a intentarlo, estoy segura que podemos!-te moví, un poquito-¡Por eso, quedate conmigo!-te pedí, de rodillas-¡Te necesito!-
-Lo siento, pero yo no nací para ser el segundo de nadie-y cortaste, dolorosamente, conmigo
