Regina Mills
Una malvada hermana. Parecía que los regalos de mi madre no se habían acabado con su muerte. ¿Qué debía hacer ante aquello? Mis manos aferraban mi copa de sidra, mientras simplemente pensaba. Ella iba a llegar, eso estaba claro. ¿Podría hacerla cambiar de opinión, acaso? Siempre quise tener una hermana, alguien que me consolase cuando mi madre me lanzaba aquellas miradas de decepción. Yo había entendido, de hecho hace muy poco tiempo, que era más feliz si me olvidaba de la venganza. Todo lo que, en realidad necesitaba, era a Henry. Quizás ella sólo necesitaba un apoyo. Quizás sólo me necesitaba a mí.
Escuché que llamaban a la puerta. ¿Sería ella acaso? Aparté esa idea de mi mente rápidamente mientras me levantaba y me dirigía a la puerta. Evidentemente no se trataba de mi gemela. Parecía que la señorita Swan realmente quería hablarme sobre lo sucedido con urgencia. Me aparté para que pudiese pasar y cerré la puerta tras de mí. Parecía preocupada, e incluso, temblorosa.
_ Señorita Swan… ¿Va todo bien?_ Pregunté, mirándola.
_ No, no va bien. Estoy preocupada.
_ ¿Por qué los estás?
_ Porque Greg y Tamara querían llevarse a Henry y ni siquiera sabemos a dónde._ Me dijo._ Esa "agencia", mandará a más gente para llevárselo.
_ Lo sé._ Dije, serena._ No lo he olvidado ni por un segundo.
_ Me siento impotente… no puedo hacer nada.
_ Entiendo cómo te sientes. Pero no puedo evitar tener curiosidad.
_ ¿Curiosidad? ¿En qué sentido?_ Me preguntó.
_ ¿Por qué me cuentas esto a mí?_ Le dije, sin poder evitarlo._ No me quejo pero, pensé que lo hablarías con Mary Margaret, o con Ruby.
_ Normalmente lo habría hecho así, pero…
_ ¿Qué ha cambiado, señorita Swan?
_ Cuando salvamos el pueblo, cuando hicimos magia juntas, sentí algo. Me di cuenta de que, cuando se tratase de Henry, sólo tú lo entenderías. Nadie se preocupa por él como tú lo haces.
_ Es natural que me preocupe por mi… bueno, por nuestro hijo, señorita Swan._ Le dije._ Y puedo asegurarle que nos ocuparemos de que todo salga bien. Sea lo que sea lo que suceda, no me preocupe. Sé que Henry estará a salvo.
_ ¿Cómo puedes estar tan segura?
_ Tú lo has traído de vuelta de la muerte. ¿Acaso puede haber algo más difícil de superar que eso?
Lianne Jones
Nunca había visto a Anzu como la veía ahora. Tenía una vitalidad y una fortaleza de espíritu que jamás le había visto. Con todo, parecía que la versión de ella que había visto, a la que admiraba profundamente, era la peor versión de ella. Pensé que cuando le dijese que nos preparásemos para Arciria empezaría a contarme aún más secretos para nuestra batalla, o que inmediatamente querría preparar por un plan de acción. En lugar de eso me llevó de un tirón al muelle y me dijo que íbamos a colarnos en el barco de mi padre.
_ ¿Y qué le vas a decir si nos pilla?_ Le pregunté, preguntándome por qué tenía que hacer la función de adulta responsable con una mujer de 30 siglos de edad.
_ Salimos corriendo. No creo que nos alcance. Es humano a fin de cuentas. Y de todos modos, no nos va a pillar. Lo he hecho un millón de veces.
Se subió de un salto al barco, y yo la seguí. A fin de cuentas, ella misma me había enseñado a aprovechar mis habilidades sobrehumanas. Sin embargo, cuando ella cayó, no ocurrió nada, mientras que yo hice que la madera crujiera, tropecé, y me caí hacia atrás.
_ Parece que has heredado el talento del capitán para besar el suelo._ Se burló la vampiresa.
_ Ah, cállate._ Le dije, poniéndome en pie.
_…al igual que el orgullo._ terminó, sonriendo._ Vamos, sígueme, quiero que veas esto.
Se fue derecha al camarote de mi padre y sacó una horquilla. Ella no las usaba, por lo que probablemente sería de Grace o de Lucrezia. La colocó en la cerradura y la forzó. Estaba segura de que normalmente usaría la magia, pero esta deja rastros. Yo no conocía más de la magia que lo que Anzu me enseñó para protegerme de ella o para localizar a los que la practicaban.
_ Bueno, bienvenida._ Me dijo, abriéndome la puerta.
Casi temblé al entrar en el camarote. El capitán no estaba, como Anzu había calculado. Pero si todos aquellos objetos que le pertenecían. La última vez que había visto el Jolly Roger, este se había hecho añicos. Y todas las cosas que había en él hacía largo tiempo que habían desaparecido. Pero ahora estaban allí, a mi alcance. Los mapas, los artículos de navegación. No pude evitar observarlo todo. Sabía que no podía decirle a mi padre quién era. Y eso era lo más parecido a que me enseñase sus cosas que tenía. Pasé mis manos por una cuerda que había sobre su mesilla. Estaba gastada, deshilachada.
_ ¿Qué es esto?_ Le pegunté a Anzu.
_ Es la cuerda con la que tu padre ató a tu madre cuando la secuestró.
Arciria Mills
Me llevaban ante la reina. Había atravesado la ciudad en un carruaje y ahora recorría los pasillos del castillo oscuro. Era hermoso. Me propuse que algún día tendría un castillo mucho más imponente que aquel, y que todos mis súbditos se arrodillarían ante mí como lo hacían ante la reina oscura. Me metieron en la sala del trono y allí me dejaron, encadenada, esperando. Hasta que sentí un aliento frío sobre mi cuello, y una sensación que para mí era familiar, un vampiro tratando de leer mis pensamientos, esta vez sin éxito. Uno mucho más fuerte había explorado allí demasiadas veces como para que fuese sencillo entrar allí como si fuese un paseo. Ya sabía desde hacía tiempo que la reina era un vampiro por lo que, además, me había estado preparando.
_ Acerté al creer que no serías una persona común, Arciria. Una bruja… por lo que veo._ Noté sus dedos acariciar mi cuello, un pequeño corte. Su nariz en mi cabello.
_ Y yo acerté cuando me percaté de lo que eras. Una esclava del sol.
Rompí las cadenas con un hechizo y me separé de ella, para quedarnos frente a frente. Era hermosa, alta y pálida, igual que Anzu. Su cabello dorado caía por su espalda, en una melena tan larga que llegaba hasta sus tobillos. Con su atavío de color oscuro que resaltaba tan bien sobre su piel. Era una gala completa de ostentación. Pero no era tan cautivadora como Anzu, nadie lo sería jamás.
_ ¿Te has quedado muda por mi belleza? No serías la primera… ni serás la última._ Me dijo, sonriendo._ Sabes… si te portas bien te dejaré ser una de mis esposas. Me gusta el fuego que tienes en el cuerpo.
_ Jamás seré la marioneta de nadie._ Dije, con una sonrisa._ Y mucho menos el almuerzo. ¿Ha hecho su testamento, majestad?
_ Soy el ser más poderoso de este mundo, y tú no eres más que una chiquilla que se perdió. ¿De verdad crees que tienes alguna mínima posibilidad contra mí?
No tenía ganas de aquello. Simplemente alcé la mano y una corriente de luz dorada salió de ella. La reina empezó a arder como si fuese paja cubierta de gasolina. Estaba cansada de gente que se creía superior a mí. Pronto yo sería reina, y sería yo quien pusiese las normas. Miré con suficiencia a los ojos de aquella mujer antes de que se terminaran de consumir en aquel cráneo teñido de negro por el fuego. La carne de los huesos se convertía en ceniza ante mis ojos. Yo simplemente observaba, esperando a que el espectáculo terminase. Cuando hasta los huesos terminaron por carbonizarse, de entre el montón de polvo, rescaté la corona de la reina, desteñida. Cogí lo que parecía ser un rubí de ella y lo aferré, provocando que brillase.
_ Llévame con mi hermana.
Rumpelstiltskin
Estaba pensando en lo que aquella joven me había dicho. Regina tenía una hermana. Una que al parecer se parecía más a su madre de lo que lo hacía la reina cuando la conocí. Cora ya había intentado acabar con mi vida antes para hacerse con mi poder. Y me preocupaba lo que una mujer con su misma visión pudiese llegar a hacer. Aunque Arciria estaba sola, eso no significaba que no pudiese tener éxito en aquello en lo que su madre había fracasado. A fin de cuentas, en el caso de la maldición, Regina había demostrado serlo en el asunto de la maldición.
Debía estar preparado, o de lo contrario lo lamentaría. Ayudándome del bastón me puse en pie y comencé a observar los objetos de los que disponía. Necesitaría estar preparado. Por un momento lamenté haber sacrificado al espectro en un intento de detener a Regina, porque sería perfecto para deshacerse de su hermana. Me llamó la atención la botella de un genio que estaba junto a la de Sidney Glass. Sin embargo al cogerla y frotarla nadie salió de ella. Podía sentir que había alguien ahí dentro, pero no podía reclamar el derecho a aquellos deseos. Porque alguien no había pedido los suyos.
Arciria Mills
Cuando el humo naranja que me trajese allí se hubo desvanecido, lo hizo la gema que llevaba en la mano. Un deseo. Todo lo que hacía falta para reclamar mi trono de una vez por todas. Observé la habitación en la que me encontraba. Me sentí un tanto decepcionada. La cama no tenía dosel, no había un escudo de madera sobre ella. Y era diminuta, más pequeña de lo que lo parecía en lo que las cerillas me habían mostrado. Era una lástima que mi hermana se encontrase en Storybrooke y no en el reino encantado. Bufé y miré en el armario, sintiéndome atraída por una gabardina oscura, hice un gesto con la mano y sustituyó los harapos que cubrían mi cuerpo. Sin pensarlo excesivamente me acerqué a su tocador y me apliqué pintalabios. Nunca me había sentido tan hermosa.
¿Era esto lo que Regina sentía cada día? Había hecho bien en envidiarla, pero aquello se había acabado. Nos sentaríamos juntas para gobernar. Escuché ruidos abajo, y pensé que sería el momento perfecto para hacer acto de presencia. Descendí las escaleras y la vi. Regina. Después de tanto tiempo observándola, al fin estaba realmente en la misma habitación que ella. Conocía a su acompañante, la salvadora. Pero para mí era insignificante.
_ ¿Acaso interrumpo una reunión importante?_ Dije para hacer notar mi presencia.
Ambas se giraron para mirarme. Me sentí contrariada. A diferencia de la expresión de Emma Swan, que mostraba completa sorpresa, como era de esperar, la de Regina seguía siendo tranquila, casi calmada. Eso me crispó. Me mordí el labio, acariciando momentáneamente mi cicatriz con el diente. Realmente era exactamente igual a la suya, Anzu había hecho un magnífico trabajo.
_ Te estaba esperando. ¿Arciria es tu nombre, verdad?_ Regina fue la primera en hablar._ Te sienta bien ese atuendo.
_ ¿Quién es esta mujer, Regina?_ Intervino Emma.
_ Por lo que sé, es mi hermana, Arciria. Hace apenas unas horas me enteré de que iba a hacer acto de presencia.
_ Me alegra tener que ahorrarme las presentaciones._ Dije, descendiendo para quedar frente a ella. Realmente era como estar ante un espejo._ ¿Sabes para lo que he venido?
_ ¿Pretendes sustituirme como alcaldesa?_ Aventuró. Yo reí.
_ No. De hecho, creo que ese cargo deberías replanteártelo._ Le dije._ He venido para reinar, a tu lado. Las dos juntas. Creo que es lo correcto.
_ Esto no es un reino, Arciria. Aquí no hay reyes._ Dijo, con voz calmada.
_ Haremos que los haya._ Le dije, tratando de no alzar la voz, no tuve éxito.
_ Arciria. Sé lo que es querer que se te respete. Tener lo que consideras tuyo. Pero así no conseguirás nada. Cálmate y hablémoslo._ Emma asintió, dándole la razón.
_ No Regina, no lo sabes. No sabes lo que es estar siempre sola por el capricho de un hada. Un capricho que nos destrozó la vida a las dos.
_ ¿De qué estás hablando?_ me interrumpió Emma.
_ El hada azul me desterró al reino oscuro porque creía que yo lanzaría la maldición. Pero no fue mi vida la única que destrozó.
_ ¿Qué quieres decir?_ Regina me miró, con expresión preocupada. Sonreí, satisfecha de que me prestase atención.
_ Regina… yo iba a ser la mayor._ Le dije. Ella dio un paso atrás y se llevó la mano al cuello, donde yo sabía que tenía su colgante._ Creo que sigo el hilo de tus pensamientos. ¿Estás pensando en Daniel, no es cierto?
_ Regina, no la escuches. Sólo quiere confundirte._ Exclamó Emma, tomando a la alcaldesa por los hombros._ Olvídate del pasado y céntrate en el presente, piensa en Henry.
_ Emma tiene razón. No voy a obcecarme con la venganza. Y tú tampoco deberías. Créeme Arciria. No necesitas el trono para ser feliz.
_ En eso te equivocas, Regina. No seré feliz hasta que posea el trono que en justicia me pertenece. Y si no quieres compartirlo conmigo, lo poseeré yo sola._ Le dije.
_ Arciria, te ruego que lo pienses con detenimiento.
_ Tú deberás pensarlo con detenimiento._ Dije, extrayendo un frasquito de mi chaqueta y lanzándolo hacia ella.
No salió tal como había planeado. Antes de que el frasquito diese a Regina, Emma supo reaccionar y ponerse en medio. El frasco le dio de lleno y se desplomó, como yo había esperado que lo hiciera Regina. Mi hermana no tardó en reaccionar y cogerla en su caída.
_ ¡Swan! ¡Swan! ¡Emma!_ Exclamó, zarandeándola sin conseguir que se despertase. Me miró, y vi sus ojos encendidos. Aquello me gustó._ ¿Qué diablos le has hecho?
_ No sé por qué te preocupas. Si la hubiese matado habrías zanjado por fin la eterna discusión de quién se quedaba con Henry._ Le dije._ En cualquier caso, sólo está perdida en su propio corazón. Pensé que ese hechizo te ayudaría a darte cuenta de que tenía razón. La verdad es que esto es inesperado.
_ ¡Despiértala!_ Exclamó, poniéndose en pie._ Dejándola dormida no vas a conseguir el trono que buscas.
_ Sólo ella puede despertarse. Si es que lo consigue alguna vez, Regina. Fue una estúpida al ponerse en medio.
