Tu sangre me llama.

Había regresado al hotel dos días después de que lo hubo dejado; afortunadamente había pagado el alquiler por adelantado logrando con esto que no echaran sus pertenencias a la calle. Le preocupaba en especial la bolsa expandible donde tenía lo necesario para luchar ahora con los hibridos que la habían atacado. Sabía perfectamente que podrían seguirla y decidió adelantarse a ese hecho tomando las medidas necesarias como poder camuflarse o reaparecer en la casa de huéspedes.

Cuando llegó al lugar tomaba sus pertenencias colocándolas en la maleta correctamente un poco indignada al saber que viviría con nada mas y nada menos que Damon Salvatore. Bufaba exasperada por lo mucho que la lograba sacar de quicio como todos los días desde que lo conoció.

Primero pasaría por la comisaría para poder ir al trabajo y justificar su ausencia durante un día completo; esperaba que Elizabeth Forbes comprendiera el motivo de la falta y no le hiciera más preguntas de las necesarias, aunque por otro lado pensaba en la muerte tan peculiar de los vampiro-licántropos que la atacaron. Aquella noche solo recordó que la mordían provocándole hemorragias externas considerables; la sangre salía a borbotones de las mismas siendo succionadas por esas bestias que posteriormente se convirtieron en arena.

Pudo afortunadamente colocar sus cosas en la cajuela del automóvil y se dispuso a conducir a su nuevo lugar de trabajo aún acomodándose el cabello adecuadamente para no ir humeda; pues tomó una ducha unos minutos antes para no ir desastrosa.

Llegó sin inconvenientes aparcando el coche directamente mientras observaba a Jeremy Gilbert esperándola con un rostro decepcionado, ella recordaba que lo había dejado esa noche del Grill esperando tener una buena excusa para evitar que se molestara más de la cuenta. Salió del coche accionando la alarma como era su costumbre y se dispuso a entrar a su oficina no sin antes sonreir con dificultad al joven.

-Jeremy perdóname no quería irme del grill, pero tuve un..

-Solo dime que fue lo que pasó Helen, ¿Acaso te molesto que te vieran conmigo?.-

-No es eso, es solo que bueno.. te lo dire.- En ese instante el chico se disponía a escuchar con atención.

-Al salir del restaurante tomé el coche y me dirigí al bosque, tu sabes que como encargada de investigación debía dar un vistazo a lo que siempre fue la escena del crimen, ¿Recuerdas que hablamos sobre Vicky Donovan?, bien.. pues deseé conocer el lugar y fui atacada- Ella suspiraba mientras que el sonreía un poco.

-¿Quién te atacó?, ¿Fue un vampiro verdad?-Preguntaba bastante preocupado al observar que ella también habia sido victima de los chupasangre, en cambio la castaña lo sostenía de los hombros para que se calmara.

-No, estoy bien, Damon me encontró y me llevó a la casa de huéspedes por lo que ahora tengo que quedarme allá.

-Por que con él?.

-Por que es el único que puede atacar hibridos dándoles batalla, si me quedara en un apartamento o en cualquier casa podrían matar a quienes habitan en ella para capturarme ¿Te das cuenta Jeremy?, por eso no quiero que te metas en esto mas de lo que debes, no deseo que te pase nada a ti ni a nadie del pueblo- La castaña hacía una pausa. –Estoy marcada.

-Si , se lo que significa.

-Prometo que estaré bien, además Damon bueno… tiene finta de ser un desgraciado patán pero se que estoy segura con el, ¿Te quedarás tranquilo?- Ella mencionaba meintras que el daba un respiro, sabía que a pesar de no llevarse bien con el hermano mayor de los Salvatore podría cuidar de la chica sin dudarlo. Jeremy asintió con la cabeza de aprobación acompañando a la castaña hasta la comisaría donde hablaría con la sheriff Forbes sobre lo sucedido en el bosque.

Había terminado la jornada laboral y Hermione le había aclarado a Liz lo que había pasado en su ausencia; la mujer de mediana edad le habia indicado que si se quedaba con Damon Salvatore significaría seguir viva por algun tiempo y evitar que en cualquier rato la asesinaran a sangre fría. Conocía a la perfeccion el modo de operar de los hibridos pues no era la primera vez que los había enfrentado. Ella trataba de ocultar lo ocurrido realmente en el bosque debido a que tenía que conservar su anonimato de bruja todavía hasta no recibir nuevas instrucciones de Kingsley, asi que solo relató lo más importante para solamente poder justificarse.

Tomó de nueva cuenta su coche para poder dirigirse a la casa de huéspedes que deacuerdo a la indicación que le había dado la Sheriff Forbes no quedaba lejos de aquella ciudad; el sitio quedaba a las afueras del mismo y solo era conectado por un camino pavimentado repleto de arboles de pino frondosos. Condució adentrándose a ese lugar notando la magnificencia del lugar, le recordaba mucho el exterior de su colegio de magia, siempre repleto de vegetación y sobre todo de vida.

Llegaba sin problemas cruzando el gran jardín ataviado de arbustos perfectamente cortados y moledados; los ficus siempre daban una excelente vista sirviendo como ornamento en la decoración de las mansiones, le recordaba a su vez la finca de los Malfoy a excepción de que en esta no había una fuente de cantera en el centro.

Detuvo el coche para bajar posteriormente su equipaje que solo constaba de una maleta mediana y su bolso expansible que llevaba consigo en el regazo para tener libre la otra mano. El viento soplaba ligeramente haciendo ondear su lacio cabello castaño mismo que hacía volar las hojas secas y coníferas sueltas que los pinos soltaban al estar maduras. La casa de huéspedes era rústica; la última vez no tuvo oportunidad de apreciarla debido al enojo y a la prisa que llevaba de salir de ese lugar debido a la presencia del petulante Damon Salvatore.

Observó por unos minutos la arquitectura de la gran vivienda; el techo estaba cubierto de madera fina, la terminación piramidal de los techos daban la sensación de vivir en una gran cabaña. Los ventanales grandes mostraban la sombra de lo que debía ser el interior de la casa, pero estaban adornados con cortinas de satin grueso en color tinto por lo que impedían cualquier vista. Los balcones rústicos estaban finamente tallados al estilo clásico y el lugar en pocas palabras podría ser una obra de principios de siglo.

Caminaba a paso lento haciendo crujir un poco las hojas esparcidas en el patio y lograba colocarse en la puerta de entrada que se encontraba dentro de un arco de ladrillo recocido de color rojo. Llamó a la puerta tocando el timbre respectivo espreando a que un empleado de la casa abriera o por lo menos aquel que hacía la limpieza; pues una mansión de esa magnitud debía ser cuidada a la perfección y no creía que el vampiro tuviese la delicadeza de hacerlo por si mismo. En ese momento un hombre alto de cabello negro y piel caucásica se encontraba recibiéndola sonriendo torcidamente posando sus ojos azules claro en esa chica castaña que había llegado.

-Bienvenida a esta tu humilde casa Hermione… -Ella suspiraba un poco tratando de no concentrarse en esa vista tan atractiva que tenía enfrente, pues a su pesar reconocía que aquel hombre era en extremo atractivo.

-Gracias, ¿Dónde queda mi habitación?, ¿Será la misma que la del otro dia?- Ella decía cortantemente mientras el se hacía a un lado para permitirle el paso. El pudo sentir un aroma especial emanando de la chica; una mezcla de manzana y canela que le hacia recordar un postre típico de su madre quien murió cuando el solo tenia seis años. No pudo evitar dar un suspiro sin que Hermione lo viera, pues ella se había adelantado para dirgirse a las escaleras y de una vez por todas dirigirse a su recamara.

-Sería un mal anfitrión si no te mostrara la casa, después de todo estaras aquí por algunos días, o por lo menos en lo que terminas tu misión de magos y brujas.- Entre risas comentaba el vampiro subiendo las escaleras junto a ella para mostrarle el camino, ella en cambio no decía ninguna palabra hasta que por fin llegaron a la habitación.

La chica sin pensarlo colocaba su maleta encima de la cama para después dirigirse al tocador y quitarse la gabardina de color negro que llevaba vestida aquel dia. Damon en cambio se dirigía a la maleta sacando unas bragas de color verde limón; mismas que curiosamente eran las favoritas de Draco Malfoy, el prometido de la castaña.

-Asi que este es todo tu equipaje- El pelinegro arqueaba las cejas esbozando una sonrisa pícara mientras que Hermione al darse cuenta de tal osadía tan cinica caminó hasta poder arrebatárselas y guardarlas en la maleta cerrándola completamente.

-Yo pensé que a las mujeres les gustaba cargar toda su casa cuando viajan- Volvía a comentar pareciéndole divertida la cara que ponía la chica al introducir su prenda dentro del equipaje.

-Pues no todas… somos iguales Señor Salvatore- Decía tajantemente regresando al tocador; sintió sus mejillas arder ante tal invasión a su privacidad que decidió distraerse acomodando su cabello acomodando asi mismo su blusa.

-Ya no soy Damon?, ¿Desde cuando la persona que te rescato volvió a ser el "Señor Salvatore"?. Para mi tu eres Ermin Granger-

-Soy Hermione, por … veintésima vez- Ella comentaba en un susurro tratando de no elevar la voz,- Además tu no eres una "persona", eres un vampiro, estas muerto, eso en estricta teoría natural si lo quieres poner de esa manera- La chica se encaminaba la puerta del baño para colocar su toalla pues necesitaba una ducha caliente.

-Auch… eso duele Hermione.- El comentaba sintiendo una punzada en el corazón, pues aun lo veía como a una bestia. En ese momento la castaña sintió que se habia pasado de la raya con aquel calificativo y decidió respirar un poco.

-Lo.. lo siento, no era mi intención pero tu comenzaste, te , ofrezco una disculpa- Ella se apretaba los labios un poco, pues en verdad sintió que aquellas palabras que había utilizado no eran adecuadas.

-Disculpate de frente- El se encaminaba a la chica para tenerla a unos centímetros de diferencia; observaba sus ojos color miel de maple tan intensos, brillantes, hermosos, aspiraba su aroma a manzana y canela para poder grabarlo en su memoria asi como sus gestos. Esa chica era demasiado hermosa, inocente, fuerte y terca; una combinación que le encantaba sobremanera.

Hermione tuvo el error de mirar sus ojos azules, ese par de zafiros aguamarina ahora estaban colocados en los suyos. Observaba la boca de ese hombre que se movía a la par que sus orbes del color del cielo lo hacían, la manera pausada de respirar y sobre todo ese aroma a madera fresca del bosque que lo caracterizaba. El color de piel le recordaba a su prometido, aquel que había dejado en Londres con la esperanza de casarse una vez concluída esa misión.

Pero no, ahora estaba mirando a otro chico, el vampiro que la habia rescatado en el bosque y la habia llevado a sus aposentos con el riesgo de beber su sangre estando dormida. No le importaba, pues se perdió en ese instante con el porte, la voz aguardentosa y ancestralmente sexy del pelinegro que no dejaba de mirarla.

-Disculpame… Damon, no era mi intención, pero no vuelvas a tocar mi ropa intima, me molesta que invadan mi privacidad, es en serio y si voy a vivir aquí necesito marcar ese limite- Ella se separaba un poco de el dando un largo suspiro para recobrar la compostura. Tomaba lo necesario para ir al baño y darse una ducha o meterse en la tina para poder relajarse, esos días habían significado un mar de tensión de dimensiones colosales.

El vampiro pelinegro observaba que la puerta del baño se cerraba imaginándose el momento en el que la chica castaña se desnudaba para tomar un momento a solas. No pudo evitar soltar un suspiro, pues al escuchar la voz tan dulce de la chica le recordaba aquella ocasión en la que se dirigía a él de la misma manera; esa misma en Londres en el que estaba a punto de morir, de suplicar que lo mataran pero no, ella no lo hizo, lo dejó libre y desde ese entonces habia pensado en ella.

-Te haré mia, serás mia Hermione.-Empuñaba sus manos para después salir, pues el instinto de tomar su sangre era demasiado; sus ojos se habían tornado oscuros con los contornos enmarcados por las venas y no era seguro continuar de esa manera con esa castaña expuesta a un peligro mayor que la de los híbridos, asi que decidió salir de la habitación para dirigirse a la cocina y verificar si habia algo de alimento humano para preparar una cena decente.

Habían pasado unas horas y la castaña seguía se había sumergido por fin en la tina para tomar un baño reparador y relajante; el contacto del agua caliente con su piel provocaba algo de pesadez en sus párpados mientras que por otro lado se enjabonaba con la esponja lentamente. El sonido la relajaba al momento de escuchar goteo por goteo del grifo que soltaba algunos restos. Daba un largo respiro cerrando por fin sus ojos recreando la imagen de su prometido.

Cuando los abría pudo sentir el toque de esas manos blanquecinas recorrer lentamente sus muslos hasta llegar a su zona intima con sutileza; conocía a la perfección la forma de amar del platinado Draco Malfoy, su manera tan especial de hacerla sentir mujer con tan solo respirar cerca de su cuerpo eran sensaciones que ansiaba por volver a repetir y degustar cada noche por el resto de sus días.

-Te extraño Draco… - Volvía a repetir en susurro apretando sus labios y relamiéndose un poco imaginándolo en la misma bañera. Cuando los abrió un poco pudo ver con claridad la imagen del rubio Slytherin sentado al otro extremo con el rostro sonriente, sus ojos grises clavados en ella y esa arracada en el lóbulo derecho que ella misma le había obsequiado.

-Estas aquí…-

-Si… estoy aquí.- El platinado decía acercándose para tocar la cintura de la castaña con suavidad y tomar sus labios con delicadeza abriéndolos un poco y pasando su lengua por el mentón. La castaña echaba su cabeza hacia atrás disfrutando ese contacto calido y húmedo del platinado mientras el recorría lentamente hasta sus cenos introduciéndose en el agua caliente y llegar a su intimidad.

Ella abría sus piernas con lentitud para abrirle paso al chico que estaba dirigiéndose a su zona mas intensa.- Draco… amor mio…- Ella repetía en susurro experimentando que alguien entraba lentamente a su intimidad dando algunas caricias con la lengua mismas que la hacían gemir un poco.

Volvía a relamer sus labios pasando saliva con dificultad, pues se atragantaba con aquel choque de emociones y éxtasis combinadas en una misma. Sintió que las manos blanquecinas del platinado recorrían su abdomen plano hasta llegar a sus pechos para apretar un poco sus pezones; y a pesar que la castaña no contara con senos grandes, estos eran proporcionados, redondos, firmes como un par de montañas jóvenes.

Cerraba sus ojos para intensificar las emociones y sobre todo la humedad que su propio cuerpo se encontraba emitiendo como una fuente que se había contenido por mucho tiempo. Mordía su labio con tal fuerza para reprimir un grito de placer, sonreía como nunca al recordar todo aquello que el platinado le hacía sentir en tan solo una noche y observaba claramente que la cabeza de Draco salía del agua tal vez para regalarle un beso o una caricia.

-Draco…

-Eres mia Hermione… solo mia..- En ese momento la chica cambiaba totalmente su expresión a una de sorpresa, pues aquel rostro no era el de su prometido Slyhterin quien le hacía esa maravilla de trabajo sexual, sino uno de piel caucásica, cabello negro como la noche y ojos de color azul de intenso aguamarina. Ese hombre sonreía con suficiencia, con cinismo y sobre todo con picardía al lograr que la castaña lograra asustarse.

-Damon…

-Claro que soy… Damon..- El pelinegro mostraba un poco su torso desnudo y bien formado tomando a la chica con un poco de fuerza por las caderas subiendo por su abdomen marcando un camino con la lengua hasta llegar a la boca de la castaña quien aún seguía inmóvil por la conmoción.

-Dejame.. No me…- En ese instante el vampiro de ojos azules colocaba un dedo en sus labios para que se callara y al mismo tiempo los recorría con suavidad dibujando un contorno en ellos de manera suave.

-Tu cuerpo me reclama, tu sangre… me pertenece… tu me perteneces Hermione Granger- Ella intentaba refutarlo cuando en ese momento sintió que la boca del vampiro se apoderaba de la suya de manera pasional, arrebatada, salvaje, animal y posesiva a tal grado de no poder safarse de ella, pues la tenía totalmente sostenida de las caderas impidiéndole algun tipo de liberación.

Al principio deseaba luchar, forcejear con todo lo que tenía pero desafortunadamente no tenía la varita a la mano para poder lanzarle un hechizo de repulsión por lo menos y quitárselo de encima. Tensaba sus manos, sus brazos intentaban moverse al igual que sus extremidades pero la boca del vampiro se adentraba un poco mas a la suya experimentando probar el fruto prohibido de adan y eva. Solo asi podría compararlo.

Con el paso de los segundos ella cedía poco a poco a ese beso tan calido tomando por cuenta propia la nuca del vampiro revolviendo su cabello oscuro. Introducía su lengua lo más que podía como si se tratara de un cuenco lleno de miel para limpiarlo en su totalidad.

Mordía su labio inferior atrayéndolo a si misma con los ojos entrecerrados hasta que en ese momento notaba un cambio radical en el aspecto de Damon; los ojos de aquel depredador estaban totalmente negros y los colmillos salian de su dentadura retraídos completamente. Hermione lo observaba aterrorizada pues en ese instante el sonreía de forma siniestra y bestial que podía intimidar a cualquiera en su lugar.

-Damon no… no lo hagas…- Ella decía intentando recuperarse de la excitación pero aquel hombre no le respondía. Sintió solamente que se dirigía a su cuello despacio para después hincarle sus colmillos con algo de fuerza. –Ahh!- La castaña sintió una mordida profunda ahogando aquel grito para después tomar la espalda del vampiro y clavarle las uñas de manera impresionante; como si su vida dependiera de ello.

La sensación fue aterradora, pues sentía que en cualquier momento la dejaría sin sangre, asi que debía actuar rápido si no quería morir a manos del vampiro con el que ahora estaba compartiendo la casa. Tensaba su cuerpo de forma desesperada hasta que estrepitosamente abrió por fin los ojos dándose cuenta de que nadie estaba con ella en la bañera.

Miraba para todos lados aun con el corazón palpitando a mil por hora y sus sentidos en alarma constante; respiró profundamente para recuperar su ritmo cardiaco cerrando sus ojos dando gracias a Merlin de que todo aquello hubiese sido tan solo un sueño, una pesadilla, o tal vez …. No lo era.

-Debo estar loca… Si Claro Hermione, vives en la misma casa que un vampiro es lógico que te sientas paranoica.- Ella se tocaba el cuello comprobando felizmente que no habia ningun orificio para después salir de la bañera lentamente y enredarse la toalla a la altura del busto para después escurrir el agua de su cabello.

Se miró en el espejo desempañándolo un poco para después sonreir un poco y darse animos de poder dormir, ya que esa noche realizaría el encantamiento protector en su habitación y evitar el paso de todo sobre natural en esas horas tan vulnerables.

Mientras tanto en el otro extremo de la habitación curiosamente quedaba la de Damon Salvatore, quien estaba también en su tina de baño respectiva disfrutando de una copa de Wiskey de la cual daba un trago generoso sonriendo para si mismo. –Eres… mia Hermione..- Volvía a esbozar su triunfante victoria riendo de oreja a oreja para después cerrar los ojos dirigiendo su mano hasta su miembro que se encontraba más rigido que una roca. El mismo, habia entrado en sus sueños convirtiéndolos en una experiencia erotica pues el solo hecho de saborear la sangre de Hermione lo excitaba sobremanera.