En la calle se oyen demasiados llantos(8)
#24: Control
Están en una escalera cualquiera. En esa donde Scorpius le preguntó por primera vez que si ella era Rose, que había oído hablar mucho de su familia y donde se soltó tanto que acabó escupiendo que el apellido Malfoy era un lastre para él. En esa donde, con once años, Rose cogió su mano, un segundo, sólo uno y sintió algo electrizante.
Han pasado cinco años y demasiadas cosas. Han conocido y besado a tantas personas, han dicho te quiero tantas veces… Y ninguna de esas ocasiones ha sido como cuando Scorpius le robó un beso en aquel baile de Navidad o cuando Rose le susurró al oído que le necesitaba.
Rose se siente apretada. Quiere gritar, chillar, decir todo lo que siente de una vez pero cada vez que abre la boca se topa con su mirada y no puede. No puede guardar más tiempo que Ted está entrando poco a poco en ese rincón de ella que sólo ocupaba Malfoy; que se muere de ganas por probar sus labios y agarrarle del cuello.
Se oye un suspiro, en realidad dos, al unísono. Están en una escalera cualquiera, como todos los días, pero hoy hay algo diferente. Serán las comisuras de Scorpius, más rojas que de costumbre, o la chica que Rose ha visto detrás de él, bastante despeinada. Serán sus manos, juntas, haciéndose daño, sin querer separarse pero queriendo alejarse.
- ¿Estás con ella?
- ¿Acaso te importa? – Rose notó algo que se clavaba en ella, en su cabeza – Estoy harto de que aparezcas de repente, me enamores y me olvides.
- No… yo…
- ¿Sabes qué? Creo que hay un muro. Creo que hay un muro en esto del amor, una pared que marca el equilibrio. Tú vas por un lado de esa pared y yo por otro, pero no nos juntamos nunca. Tú te has quedado al principio y yo… Yo, en cambio, la he atravesado. Y duele, Rose, duele. Es como una puta espina que se te marca en el pecho, un puñetero puñal a cada paso que doy.
En algún momento, Scorpius se ha levantado y ha empezado a gritar, tirando a la mierda todo el control por el que ha luchado siempre, haciendo que todo el castillo le oiga.
- No tienes ni idea – Rose está serena, pero no se atreve a mirarle a los ojos, no mientras siga respirando con tanta rabia – Tengo miedo, Scorpius, tengo miedo de entregarme y de que lo dejes todo por alguna de tus amiguitas.
Rose miente y él lo sabe; pero en parte dice la verdad. Es egoísta, en alguna parte de ella es tan egoísta que no quiere dejarle marchar nunca. Pero él no le hace feliz. Ella necesita demasiado para serlo o todo lo contrario. Pero él la besa. Lo hace porque no puede evitar amar sus rizos y porque sus ojos son como una vieja manta que hacen que se sienta como en casa.
Y es ese beso lo que hace que Scorpius controle su ira y que Rose altere sus latidos. Es en ese beso cuando ella se da cuenta de que es sincera, de que sólo le quiere para él. Y es en ese beso, también, cuando Scorpius comprende que es mejor sufrir que hacer que ella sufra.
No es como en las pelis de chico americano donde el guapo es el bueno y los malos son muy malos,
Swannyher.
