Viernes, 29 de Noviembre de 2017, 9:33 p.m

Remueve sus pies dentro del agua clara, transparente y fría de la piscina, jugueteando aburrido con las pequeñas corrientes que crea con sus extremidades. Una ola glacial recorre su cuerpo entero, desde las puntas congeladas de sus dedos hasta la nuca, pero pese a ello continúa con los dos pies sumergidos en el agua, sin alterarse ni preocuparse por si va a pescar un resfriado. A pesar de su buena resistencia, es innegable que hace bastante frío: después de todo, en menos de dos días ya será diciembre y es de noche desde hace ya algunas horas. El cielo se ve distinto desde el patio de su casa en comparación a como se veía en las calles de Elena: más claro, limpio y bonito, y hasta puedes observar el débil titileo de algunas estrellas que en otros lugares no podrías ni soñar con ver debido a la contaminación lumínica. A su alrededor reina una paz tan silenciosa que es difícil de describir: solo los grillos lo acompañan en su pequeña estadía al aire libre. Alguna vez se escucha el inconfundible ruido del motor de un coche, y también a la vecina del lado de su casa gritarle a su hijo malcriado que lave los platos si ha terminado de cenar. Si estuviera completamente a oscuras, difícilmente podría ver algo de lo que le rodea: pero gracias a que las luces del endemoniadamente grande comedor de su casa están encendidas, no tiene ni la necesidad de tocar los pequeños fanales repartidos estratégicamente en su patio interior ni la de ponerse las gafas para observar bien cada detalle.

Pese al constante silencio en el que lleva sometido un buen rato, no se asusta ni un poco cuando escucha la puerta corredera abrirse repentinamente.

—Shoto.—con tan solo escuchar esa voz tan nerviosa y femenina sabe de quien se trata.—Ya sabes que no deberías estar aquí fuera.

—¿Él está en casa?—pregunta con una voz grave y profunda a la vez que eleva su cabeza, para encontrarse con el rostro vacilante y retraído de su hermana Fuyumi, quien se ha quedado de pie con la mano apoyando la puerta de cristal que separa la casa y la piscina.

—No, está trabajando...—contesta ella inhibidamente.

—Entonces no pasa nada.—Todoroki agacha de nuevo la mirada.—Solo estoy relajándome después de una dura semana.

—Pero hace bastante frío.—recalca Fuyumi.—¿Qué harás si te constipas? Ya sabes que este domingo...

—No voy a resfriarme.—la interrumpe. Parece que vaya a decir algo más, pero la conversación por su parte ha acabado ahí.

—Bueno... Vale.—la chica hace un amago de entrar al comedor, pero vuelve a girarse para observar una vez más a su hermano menor.—No tardes mucho en entrar, ¿de acuerdo? Pronto estará en casa, y si te pilla aquí afuera se va a enfadar contigo.—tras la advertencia, regresa al interior del hogar, cerrando la puerta tras ella. Shoto suspira. Desbloquea la pantalla del teléfono móvil a la vez que se pone sus gafas negras para leer un mensaje nuevo.

—(Al menos él parece feliz...)—piensa.—(Quien diría que tendría un lado infantil después de todo por lo que ha pasado. Me da un poco de... Envidia...).

Midoriya

últ. vez hoy a las 21:14

Izuku:

Todoroki, ya estoy en casa

Hmm

Lo de q me lo he pasado bien

Iba enserio

Y gracias por ser tan amable conmigo

No creo que me lo merezca

Y bno, pues

Estudiaré bien mis partes del trabajo

Shoto:

Claro, yo también estudiaré

Y me alegro que te lo hayas pasad bien


Sábado, 30 de Noviembre de 2017, 3:40 p.m

—(Espero que no haya mucha gente en el bus a estas horas.)—desea Midoriya, mientras da pequeños saltitos en su sitio para preservar un poco el calor corporal que desaparece junto con el viento invernal.—(Fuaaaa, que frío. Es casi como si la temperatura hubiera bajado un montón de un día para otro.).

El autobús no tardó demasiado en venir, y al no tratarse de una hora muy apetecible para salir ni del transporte público más popular de la zona (pues está el metro justo al lado, que es mucho más rápido y espacioso) apenas hay cuatro gatos presentes. Izuku pasa su tarjeta por el lector para pagar el viaje y toma asiento justo detrás del conductor, al lado de la ventana, y deja su mochila en la silla de al lado. Mañana domingo tendrá los hombros cansados de haber cargado tanto sus cosas arriba y abajo.

—(Me da una pereza increíble ir a casa de Uraraka ahora.)—piensa.—(Hoy por la mañana al menos me aprendí por encima la exposición de los átomos y empecé a hacerme resúmenes de matemáticas y japonés. Los exámenes se acercan y mi madre tiene razón, no puedo desconcentrarme o mi media bajará en picado enseguida...)—ya empieza a estresarse pensando en el futuro cercano que se le avecina, así que se limita a colocarse los auriculares en los oídos y reproducir una canción de la pequeña lista que tiene en su teléfono móvil.

Midoriya nunca ha tenido unos gustos musicales muy definidos. No es como mucha gente de su clase, que tienen claro si son del bando del rock o del bando del reguetón. Gracias a su madre le ha cogido cariño a la música de los 80 y los 90, y hubo una época durante su pubertad que estaba viciado a Queen. También disfruta escuchando bandas sonoras épicas y las canciones pop que se ponen de moda entre todo el mundo. Pero si hay algo que debe admitir aunque le averguenze, es que gracias a su mejor amigo ha encontrado otro estilo de canciones que, bueno... También le gustan. Un poquito.

"Hitorigoto da yo,

Hazukashii koto kikanaide yo ne,

Kimi no koto da yo,

Demo sono saki wa iwanai kedo ne...~"

Debe admitir que el J-Pop es bastante alegre y pegadizo. Al menos las melodías que Shinso se encarga de pasarle cada vez que sacan el opening o el ending full de ese anime de temporada que le gusta tanto. Izuku al principio entendía poco o nada de las cosas que Hitoshi le decía, aunque con sus explicaciones logró enterarse de principios básicos.

Con ClariS de fondo, y a un volumen en el que se asegura de que nadie más en el bus pueda escuchar la canción, se pasa todo el viaje moviendo levemente la cabeza de arriba a abajo, "poseído" por el ritmo de la música. Ochaco vive en Espiga, un barrio que queda a unas siete estaciones en autobús de Elena y que se acerca a la periferia y los barrios marginales. Izuku nunca ha estado por ahí, pero ha escuchado de la boca de la gente que caminar por algunas zonas de ahí de noche puede ser peligroso. No tenía ni idea de que Uraraka viviría en un lugar así.

Está bastante atento a la conversación que mantiene con la chica mientras observa con detenimiento los viejos edificios que hay al exterior del bus.

Uraraka

en línea

Ochaco:

Hola

Soy Uraraka

Para llegar a Espiga coge la L22 a las 15:40

Izuku:

Gracias

Ochaco:

Por dnde vas?

Iida ya está aquí

Izuku:

Cuando puedo darle al botón para parar el bus?

Nunca he estado por la zona

Ochaco:

Hazlo cuando veas una pequeña plaza con una fuente sin agua

Mi casa queda a dos calles de ahí


Una vez divisa la plaza que la castaña menciona en su chat, alarga su brazo a la velocidad de la luz para picar el botón rojo, una vez más de lo necesario. El autobús frena enseguida, y Midoriya agarra su mochila para salir por la primera puerta del vehículo: sin embargo, la puerta no se abre.

—Se baja por la de atrás.—señala el conductor. Izuku, completamente sonrojado, balbucea un "Ah" y con la cabeza gacha camina hasta la segunda puerta del colectivo para acceder a la calle.

Una brisa fresquita se encarga de apagar el sofocante calor de su rostro. Acaba de hacer el ridículo de su vida delante de varias personas, y esa es suficiente razón para desear retroceder en el tiempo. Echa un vistazo a su alrededor: en la fuente que ha mencionado Uraraka hay varias adolescentes sentadas, hablando en un volumen indeseablemente alto, además de un anciano dando de comer pan a las palomas.

—(Es la primera vez que veo algo tan cliché.)—piensa Izuku. Echa un vistazo a los locales con los que su mirada se ha topado nada más bajar del bus: quitando una portería de aspecto oscuro y desgastado, se encuentra con un restaurante paquistaní, un par de chinos con variedad de materiales y un "paqui" con un cartel de helados en la entrada, a pesar de que ya casi sea invierno.—(Es la primera vez que veo tantas tiendas del estilo juntas.).

Siguiendo las indicaciones que Ochaco le da a través de WhatsApp, no tarda en llegar a la portería de la chica. Pulsa el timbre (2o 1a) y espera que su voz lo reciba.

—Midoriya, ¿eres tú?—con dificultad logra entender las palabras que la borrosa y entrecortada voz de Uraraka pronuncia.

—S-sí.—contesta él.

—Okay.—tras eso, se escucha durante un segundo el sonido de un timbre. A Izuku no le da tiempo a abrir la puerta, pues cuando va a girar el pomo ya vuelve a estar cerrada.—Joder, puto interfono de mierda que no va.—escucha varios golpes, la voz de Tenya de fondo y finalmente de nuevo el pitido que le permite el paso.

—(No sé si esto fue divertido o vergonzoso.)—piensa Midoriya mientras accede a la portería. Hace una semana se le ponían los pelos de punta de tan solo imaginarse a él en la casa de una compañera de clase, pero tras la quedada en la biblioteca con Todoroki ayer se siente con más moral y ánimo para esta tarde.

Sube por las escaleras, afortunadamente sin cruzarse con nadie en el camino. Una vez llega a la puerta del segundo piso (que en realidad es el tercero pues el edificio tiene un entresuelo) con el número "1" marcado en la puerta, pica al timbre. Al cabo de unos pocos segundos, ésta se abre, y es

recibido por Uraraka vestida con un suéter de cuello largo ocre, unos leggins negros y patucos del mismo color.

—Hey. Pasa.

—H-hola.—tras ser invitado por la chica a pasar camina vergonzosamente dentro del espacio nunca antes explorado. Lo primero que hay en la casa de Ochaco es un pequeño pasillo de color blanco con dos puertas al lado derecho: la primera da a la cocina, la cual es algo pequeña, y la segunda deja acceso a un lavabo, en el cual solo puede caber una persona como máximo. El techo del pasadizo tampoco es muy alto, por lo que algunos claustrofóbicos podrían hasta agobiarse un poco ahí dentro.

El comedor es lo siguiente que se encuentra. De forma cuadrada, y probablemente el espacio más grande de la casa, consta de una mesa en el medio, un sofá marrón pegado a la pared derecha y una televisión sencilla puesta encima de varios cajones. Entre el aparato tecnológico y el sofá, justo al lado de ellos, se encuentra la entrada al balcón, el cual es pequeñito y parece tener unas simples vistas a la calle del frente. A la izquierda de la estancia hay varios muebles repletos de cajones y fotos familiares de Ochaco con sus padres. Una puerta más se encuentra en la pared derecha, y al costado del acolchonado mueble hay un pequeño pasillo que da a otra puerta cerrada con un letrero que dice "Ochaco Uraraka", en mayúsculas y con efecto de purpurina.

Y aparentemente, ese es todo su hogar.

—Hola.—Iida, quien ya está sentado en la mesa, saluda al peliverde, quien le echa un vistazo a su alrededor con disimulo.

—Hola.—Midoriya le devuelve la salutación.—¿He llegado tarde?

—No, que va.—Ochaco toma asiento al otro extremo de Tenya.—Lo que pasa es que ese gafotas ha llegado demasiado pronto.

—Mi madre ha preferido salir con tiempo de casa.—contesta él, reaccionando a la provocación de la castaña.—Pensaba que habría más tráfico.

—¿Has venido en coche?—pregunta Izuku, sentándose entre sus dos compañeros. El moreno asiente.

—Irónico que quien hace un trabajo sobre el calentamiento global usa un coche cuando puede usar el transporte público.

—Habría tardado mucho más con el transporte público.—se excusa Iida.

—Pues mira, los casi diez minutos que te has pasado en mi casa molestando los podría haber aprovechado para otras cosas.—la chica se encoge de hombros.

—¿No hemos empezado a trabajar y ya estáis discutiendo?—pregunta Midoriya.—Vamos, estamos perdiendo tiempo ahora mismo.

Tanto Ochaco como Tenya miran a Izuku, gratamente sorprendidos de su intervención. Uraraka toca la mejilla plagada de pecas del chico.

—¿Tienes fiebre?—pregunta, mirando directamente a Midoriya a los ojos.—Hoy estás muy hablador.—sonríe.

—B-bueno...—él se sonroja bastante.

—¡Tienes razón!—Iida interrumpe el momento con exagerados movimientos de mano.—¡Empezemos ya a trabajar y así nos lo sacaremos de encima antes!—abre su libreta por una página en específico.—¿Necesitáis recordatorio de tareas?

—Sí, por favor.—sopla Uraraka.

—Yo tengo que redactar y corregir los dos primeros parágrafos de nuestro trabajo.—lee.—Midoriya, tú debes buscar y escribir el tercer parágrafo, y Uraraka, tienes que buscar gráficos o datos estadísticos sobre el tema y seleccionar los mejores.—echa un vistazo a la castaña, que tiene una mirada aburrida.—Si acabas eso empieza el power point.

—Vale.—suspira.

—Esto suena duro.—Midoriya se cruje los dedos mientras pone en marcha la tablet.

—Yujuuu, esta va a ser una tarde llena de diversión.—clama Ochaco sarcásticamente.—Espero que al menos habléis de algo mientras hacemos esto porque si no va a ser engorrosamente aburrido.

—¿De qué quieres que hablemos?—pregunta Tenya, tecleando ya en su portátil con gran habilidad y velocidad. Uraraka mira hacia otro lado.

—De lo estúpido que eres.—suelta.

—...—Iida la fulmina con la mirada.

—Lo siento, me lo has dejado a huevo.—se aguanta la risa.—¿Cómo lleváis los exámenes, chicos? ¿Ya habéis empezado a estudiar?

—¡Por supuesto!—contesta Iida, con gran orgullo y dignidad.—Ya me sé todo el temario de historia.

—Yo tendré dentro de poco tengo latín y aún no he empezado a estudiar.—admite Uraraka mientras juguetea con los dedos.—A ver si después repaso un poco el vocabulario.

—Es verdad, tú estás en las optativas de letra.—Midoriya se cuela en la conversación, exitosamente. El corazón le va un poco a mil.—Nosotros no tenemos examen de física y química, pero tendremos que exponer un proyecto.

—No sé que prefiero, eh.—la castaña ingresa su contraseña en el portátil.—En fin, al menos no hacéis teatro. Después de navidad empezaremos a practicar una obra, y, creedme, muchas cosas pueden salir mal de ahí.

—¿Por qué?—pregunta Iida.

—Competividad femenina, Iida.—Ochaco se encoge de hombros.—Tú no lo entenderías ni para atrás.

—Oye, ¿me tomas por tonto?—ruge.—Soy bastante listo, puedo ponerme en el lugar de las chicas.

—Serás listo para las cosas de clase, pero en un ámbito tan complicado como el sexo contrario o el amor apuesto a que no tienes ni idea.—pone una cara divertida y burlona, haciendo enfadar a Tenya.

—Pero... ¿Qué pasa con las chicas?—pregunta Midoriya mirando el cuello de Uraraka. No acaba de atreverse a ver su rostro.—¿Es que se pelean por el papel?

—Sí, exacto.—afirma mientras empieza a escribir.—No voy a negarlo, a mí también me fascinaría tener un buen rol en la obra. Pero a ver, de ahí a crear una guerra de gatas... Ya ha pasado con cosas que no son importantes, así que imagínate con algo así.—Izuku puede imaginarlo y no le da mucha gracia.—Expondremos la obra delante de todo primero y segundo. Que Dios nos bendiga.—hace una santiguación.

—Oh, ¿así que harás una obra para nosotros?—los ojos de Iida denotan malicia.—Interesante. Espero por tu bien que tengas buenas habilidades teatrales.

—¿Eso es una amenaza, pijo gafotas?

—Elemental, querida Uraraka. Veo que eres inteligente a veces.—se coloca bien las gafas.—Aunque te lo he dejado a huevo.

—Que poco original eres si tienes que copiar mis contestaciones.—se burla ella.

—(¿Es que estos dos no pueden hablar sin pelearse o burlarse el uno del otro?)—piensa Midoriya.—B-bueno... Música es bastante aburrido.—intenta que la conversación retroceda de nuevo al punto principal.—Tenemos a Uwabami de profesora... Y aunque es muy chillona, realmente no nos enseña gran cosa.

—Eso es verdad.—puntúa Iida.—Y nos ha castigado injustamente más de una vez.

—Lo que he dicho antes.—suspira Uraraka.—Al menos no tenéis que soportar a las pijas del curso.

—¿Qué no eres tú una de ellas?

—Iida, no compares.

Sí, es imposible que hablen sin pelearse.


A las cinco y media los tres jóvenes hacen un pequeño parón para merendar. Uraraka trae un tarro de galletas que saca de la cocina y pone varias en un plato: son las típicas galletas Maria que a pesar de que no tengan chocolate ni nada especial, saben bastante bien, casi a infancia.

—Hay zumo en la nevera.—dice Ochaco mientras los dos chicos agarran una cookie cada uno.—¿Lo traigo?

—Y-yo te acompaño.—a Izuku se le escapan esas palabras de la boca, y se averguenza un poco al darse cuenta de lo que ha dicho. Uraraka lo mira durante un par de segundos, y entonces sonríe y asiente.

—Claro, ayudarás a traer los vasos.—responde ella. Midoriya suspira en su interior y camina tras la castaña, pasando de nuevo por el pasillo y accediendo a la cocina. Uraraka abre la nevera y saca dos botellas de zumo Granini, uno de piña y el otro de melocotón, y dado que están los dos todavía por abrir, es muy probable que haya comprado las bebidas solo para la ocasión. Deja las botellas sobre el mármol y abre una estantería para sacar los vasos.

—Me gusta tu casa.—comenta Izuku para romper el silencio.

—¿Enserio?—contesta Uraraka sarcásticamente.

—Es pequeña, pero acogedora.

—Quizás a ti te gusta porque no tienes que vivir aquí cada día.—responde Ochaco algo amargamente mientras baja el tercer vaso.—Yo le he cogido algo de manía a este sitio, la verdad.

—¿P-por qué?—Midoriya no se imagina a él odiando su hogar.

—Por cosas.—Uraraka abre la botella con el zumo de melocotón y pone en un vaso, probablemente para beberlo ella.—Cuando era pequeña, nunca podía hacer pijamadas aquí. Porque, como verás obviamente, no hay espacio.—cierra el recipiente y le da un pequeño sorbo al jugo.—Como máximo puedo traer una persona para pasar la noche. También, hacer las tareas del hogar es muy incómodo, porque apenas hay espacio para maniobrar.

—¿Haces tú los quehaceres?—Uraraka asiente, para sorpresa de Midoriya.—Wow...

—En general quiero irme de este barrio. Creo que es un poco obvio el porqué.—agarra las dos botellas de zumo, y le indica con la cabeza a Izuku que lleve los vasos.—Cuando regreso de las clases, la escalera huele casi siempre a marihuana. Tengo un vecino que tiene una plantación en su casa y cada mediodía se fuma algo.

—(No sabía que Uraraka vivía en estas condiciones...)—piensa Midoriya.—Entonces... ¿No podéis mudaros?

Sabe bien que esa pregunta es algo estúpida. La chica le está dando la respuesta todo el rato.

—No podemos permitirnos pagar un piso nuevo, la mudanza y todo eso.—pronuncia. Izuku quiere preguntar algo más, pero entonces llegan al comedor, donde Iida y las galletas los están esperando.—Espero que no hayas comido más de tres mientras no estábamos.

—Claro que no.—cuando Midoriya y Uraraka dejan la bebida sobre la mesa Tenya se sirve un poco de zumo de melocotón.—Por cierto, ¿no están tus padres?

Ochaco toma asiento, cansada.

—Nop. Trabajando.

—(No parece que tengan una situación económica de ensueño...)—piensa Izuku, apenado. Con recordar el rostro contrariado de la chica cuando le invitó a pasar, se da cuenta que a ella le da verguenza traer personas a su casa. Le gustaría darle palabras de apoyo o consolarla. Pero, ¿cómo va a hacerlo? Si apenas se conocen de nada. Y además, no puede olvidar el día del desmayo y la forma en que le chilló.

—(...)—la castaña ha sacado su teléfono móvil y parece leer con detenimiento algunos mensajes. Empieza a contestarlos mientras agarra una galleta y le da un mordisco.

Mina

en línea

Mina:

Urarakita

Stamos en el parque d La Pineda yo, Kaminari, Kirishima y Hanta con Kiwa y Hanan

T lo digo x si kierws venir

Ochaco:

No puedo, proyecto

Tengo a iida y midoriya en mi casa

:(

Mina:

Jdr

Miniña siempre estás equivocada

Ojalá en vez de Iida y Midoriya estuviera Kiri en tu casa eh? ;)

Ochaco:

Q dices

Mina:

Entre vosotros dos hay royo

No lo niegues

Hasta t dejo su sudadera komo buen cavallero

Ochaco:

Tsuyu se lo pidió tia

No t flipes

Mina:

Aghhh ahora ya sé pq t negaste a aceptar la soli d insta del tío q t dije

Te mola Kirishimaaa

Afgaggafgshd

Ochaco:

._.

Ya te digo q no


—Uraraka, no deberías estar con el móvil mientras trabajamos.—la regaña Iida.

—Estamos merendando, no trabajando.—se queja ella. Le da un sorbo al zumo de melocotón.—Por cierto, ¿cómo vais con vuestras partes del trabajo? Porque yo ya he reunido suficientes artículos.

Same.—contesta Izuku.

—Solo me falta corregir las faltas.—sigue Tenya.

—¿Enserio era necesario venir a mi casa?—gruñe Ochaco.—Esto lo podríamos haber avanzado cada uno a su bola.

—Yo lo considero necesario.—alega el moreno.—De esta manera la comunicación es más grande.

—Hmm, existen los grupos de WhatsApp, señor siglo 20.

—Bueno, al menos ya lo hemos hecho.—dice Izuku.—Una vez terminemos todo nos iremos cada uno

a su propia casa y todo genial.

Uraraka se queda mirando al peliverde, y esboza una amplia sonrisa. Midoriya se sonroja.

—Midoriya es buen chico.—suelta.—No como tú, gafotas.

—Tu odio hacia mí solo me hace más fuerte.

—No es que te odie, es que eres un pesado.

—Somos enemigos acérrimos, se supone que tienes que odiarme.

—¿Qué coño dices? Pareces un chunni... O sea.—ahora es ella la que se ruboriza.—Pareces, em... El típico personaje estúpido de un cuento infantil.—rectifica.

—¿No ibas a decir otra cosa?—pregunta Midoriya inocentemente.

—¿Eh? ¡No, no!—responde ella alterada. El comedor de la casa, brillando con los anaranjados colores del ocaso a pesar de que la tarde esté empezando justo ahora, da la impresión de que en vez de que sean las cinco de la tarde sean las siete. Es una atmósfera tranquila y agradable, a pesar de los gritos que se escuchan en la calle. Súbitamente, se escchan varios arañazos rasgar una puerta. Los tres adolescentes se dan cuenta y giran sus cabezas.

—¿Qué es eso?—Iida parece algo alterado ante el repentino ruido. Sin decir nada, Uraraka se incorpora de su silla y se mete por el pequeño pasillo.

—Solo es mi gata.—contesta, sin darse cuenta de que Izuku y Tenya se han levantado tras ella.

—¿Tienes un gato?—la voz de Midoriya denota curiosidad, ingenuidad y hasta dulzura. Sin embargo, provoca un estado de alerta en Uraraka, que se lo piensa dos veces antes de girar el pomo de su habitación.

—Esperad aquí un momento.—les pide, avergonzada.—No entréis.

—¿Por qué?—cuestiona Iida.

—Pues porque sí.—responde la chica, accediendo a su cuarto. Los dos chicos intercambian miradas, algo confundidos ante la extraña actitud que la castaña ha mostrado. Una hermosa gata grande, felposa y de penetrantes ojos amarillos era la responsable de los arañazos y los ruidos. Ochaco se agacha y la acaricia.

—Se había quedado aquí dormida y la pobre quería salir.—explica.

—¿Cómo se llama?—pregunta Midoriya.

—Ha... Haruka.—contesta Uraraka, roja.—S-se le ocurrió a mi madre.—es muy raro escucharla tartamudear.

—Tu habitación huele bien.—a pesar de las advertencias de la castaña, Tenya se mete de lleno en el cuarto.—Huele como a... Flores.

Al ver que Iida entra como si nada, Midoriya hace lo mismo que él, aunque con más sosiego y sin ganas de curiosear nada, por lo que se queda en la entrada.

—¡O-oye, os he dicho que no entréis!—exclama ella, avergonzada.

—Por tus reacciones, parece que estés escondiendo algo secreto.—denota Tenya. Esas palabras solo hacen que Ochaco se sonroje todavía más.

—Sois unos maleducados.—espeta la chica.

—¡P-perdón!—salta Midoriya, también rojo como un tomate. Haruka maúlla tras él.—Si te molesta, voy a salir.—sin esperar una respuesta de la castaña, Izuku camina hacia la salida.

—Oh.—Iida se queda mirando algo colgado en la pared que queda justo pegada a la cama de Ochaco. El corazón de Uraraka se detiene por segundos.

—(Mierda, mierda, mierda. Como no pensé que entrarían a mi habitación decidí no quitarlo... Ahh, ¡soy gilipollas! ¡Siempre lo quito para nada! ¿¡Por qué justamente hoy se me tuvo que olvidar!?)—piensa ella, fastidiada consigo misma.—...Ya da igual, Midoriya.—suelta, con un tono de voz que parece que el alma se le haya salido del cuerpo.

—¿Duermes todas las noches con esto al lado?

—¡Cállate! ¡Son mis ángeles protectores!—Ochaco se abalanza abochornada contra el moreno, dándole un empujón tan fuerte que por poco lo tumba contra su escritorio.

—¿Q-qué es?—Izuku, inhibidamente, camina hacia donde están sus dos compañeros y le echa un vistazo a la pared que Iida observaba hace nada.—Oh, ¿es un póster de "Haikyuu!"? A Shinso le gusta este a...—deja de hablar para girarse hacia la castaña.—Espera, ¡un momento...!—sin siquiera tomar un poco de aire, grita, más sorprendido que nunca.—¡¿URARAKA, ERES OTAKU?!

Mientras el rostro de Izuku es un monumento que casi parece tener dibujado un signo de exclamación en toda la cara, la de Ochaco es un tomate nervioso y la de Tenya es una mezcla de confusión y sorpresa.

—S-sí...—susurra ella tras armarse de valor. Suspira profundo.—Sí lo soy. ¿Vais a reíros de mí?—le tiembla la voz al decir eso último.

—¿Qué?—pregunta Tenya.—¿Por qué dices eso?

—No lo sé...—agacha la cabeza. Niega con la cabeza.—No lo sé. Es solo que, no sé... Me doy verguenza.

—¿P-por qué?—musita Izuku.—¿Es por tus gustos? ¡No son raros!

—Lo sé.—pronuncia ella.—La rara soy yo, que los esconde del resto del mundo. Y es por eso que me doy rabia.—dice.—Esto suena muy gilipollas ahora que lo digo en voz alta, pero...—suspira.—(¿Es enserio, Ochaco? ¿Te vas a abrir aquí y ahora con dos chicos con los que hace menos de un mes te estabas peleando?).

Iida y Midoriya esperan expectantes.

—Quiero tener amigos.—suelta finalmente.—Siempre he querido tener amigos. Y en la ESO, cuando empecé a descubrir más sobre mis hobbys y gustos... Ya tenía bastante relación con los "popus" del curso.—marca las comillas.—Recuerdo que ellos se burlaban de la gente como yo... Diciendo que son frikis, pajeros y raros. Y que las chicas que decían que eran otakus eran tan solo unas únicas y diferentes que querían destacar sobre las demás.—se sienta sobre su cama, avergonzada de explicar todas esas cosas.—Así que decidí callarme.

—Uraraka...—ella niega con la cabeza.

—No he acabado.—dice.—Al final, estuve mintiendo desde el principio del todo. Nadie de la

secundaria supo nunca sobre mis mayores aficiones. Yo decía que me gustaba lo típico, lo mismo que dije en Yuuei el primer día: bailar, jugar a paintball con mi primo y ver series.—se encoge de hombros.—No es que eso sea mentira. Es verdad. Me gusta hacer esas cosas. Pero yo sin la etiqueta de "otaku" encima... No llego a ser yo. Aunque vosotros no podéis decir lo mismo, porque me encargo de ocultarlo cada día en el insti.

—(Se ve triste.)—piensa Midoriya.

—No solo oculté el hecho de que soy una auténtica friki: empecé a crear una Ochaco distinta a la que soy en realidad. Una más atrevida, popular y hasta superficial. Todo porque la gente con la que me mezclo es así.—evita establecer contacto visual con Izuku y Tenya.—Quería cambiar para la preparatoria. Pero al final, he terminado haciendo lo mismo. Esconderme a mí misma... Y disfrutar fingiendo.

—P-pero no lo disfrutas, ¿verdad?—Izuku toma asiento al lado de la chica.—Quiero decir, es obvio que no lo haces... Pero... Hay mucha gente otaku en nuestro curso. Y muchos de ellos son bastante especiales.—intenta sonreír para su compañera de clase.—Está Hatsume, por ejemplo. Y como no, no mencionemos a Toga. Ella es extremadamente popular y es otaku.

—Ahh, ellos... No los menciones.—Uraraka finge una sonrisa.—Me dan envidia... No tienen ningún miedo a expresar como son realmente. No les asusta que les llamen raros o que se metan con ellos por sus gustos. Me da rabia, ¿sabes?—su voz denota muchos sentimientos negativos que llevaba guardando por mucho tiempo.—Cada vez que escucho a esa chica, Hatsume, hablar sobre sus husbandos o sus shippeos... Cada vez que veo a Toga publicando una foto en su insta de ella cosplayeando a un personaje. Cada vez que veo personas por el instituto con camisetas de sus animes favoritos o con un manga entre sus manos... Yo... También quiero poder hacer lo mismo que ellos.—agacha la cabeza.—Pero supongo que en el insti... Yo no soy otaku, ¿verdad?

—Uraraka...—Midoriya se arma de valor y toca el hombro de la castaña.

—Puede sonar ridículo decir esto, pero hay días que apenas puedo aguantar esto...—aprieta un puño.—Veces que me miro en el espejo y veo una persona que yo no quiero ser. ¿Por qué mis amigos no me conocen? ¿Por qué soy tan cobarde para una estupidez como esta? Es como que... Ya sé que a la gente le importa una mierda los gustos que yo tenga. Y que no son como los estúpidos de mi antiguo instituto, y no van a burlarse de mí por saber que soy más de Re:Zero y Haikyuu! que de Pequeñas Mentirosas y The Walking Dead.—se acaricia un mechón de su flequillo.—Pero llevo tanto tiempo fingiendo que no me sale hacer las cosas como yo quiero.

—¿Cuánto tiempo?—Tenya también ha tomado asiento al lado de la joven.

—Tres años.—murmura ella.

—Eso es mucho tiempo.

—Sí... Gracias por recalcar lo obvio.—esboza una pequeña sonrisa.—No hace falta decir que estoy excesivamente avergonzada ahora mismo.

—No pasa nada. Es normal.—Uraraka mira a Midoriya, quien le sonríe con torpeza.—La verdad es que

ahora te veo diferente. Antes pensaba que... Eras una chica algo complicada y creída. Pero parece que en realidad no eres así.

—No me siento muy orgullosa de que me digas eso, en realidad. Es solo otro prueba más de que soy una falsa.

—Pero una falsa para bien.—la anima Tenya.—No eres como otras personas que aparentan ser la mariposa cuando en realidad son la araña.

—Entiendo que intentéis animarme, a pesar de que no me lo merezca por como os he tratado.—cruza sus brazos, apoyándolos sobre sus piernas.—Pero tampoco soy del todo excusable, ¿no? No estoy tratando bien a mis amigos actuales.

—No digas eso, Urara...

—Ellos no me conocen.—susurra, interrumpiendo al moreno.—Y siento que ya es demasiado tarde para solucionar esto. Quiero decir... ¿Cómo se puede demostrar tu yo real, tus gustos reales, después de tres meses ocultándolos? No sé como hacerlo, enserio.

—Ya pensaremos en eso.

—...—Ochaco mira sorprendida a Izuku.—¿Midoriya?

—Nosotros lo sabemos ahora, ¿verdad? Y no ha sido la gran cosa.—se sonroja.—Bueno, quizás sí que ha sido la gran cosa, pero no en el sentido que te esperabas.

—Quizás.

—Por el momento, puedes hablar con nosotros. No somos tus amigos, pero eso no significa que vayamos a no darte ayuda.—echa un rápido vistazo al rostro de Tenya, quien le sonríe con respetabilidad. Se pone rojo.—B-bueno... ¿Te has visto Shingeki no Kyojin?—retira la mirada.—Mi mejor amigo me lo recomendó y vi las dos temporadas enteras del tirón un fin de semana...

—Claro que lo he visto.—una sonrisa llena de luz se postra en los labios de la chica. Izuku cae en ese momento en lo grandes y coloridos que son sus redondos ojos.—¡Es genial! ¡Y encima sacarán la tercera temporada el año que viene!—parece estar emocionada, pero tras decir eso, suspira.—Ugh. Lo siento, pero me escucho algo forzada diciendo eso. Falta de costumbre.

—No pasa nada.

—¡A mí me encantaba Sailor Moon cuando era pequeño!—declara Iida.—Aunque a diferencia de Midoriya, no tengo mucha idea del anime.

—¡Yo tampoco tengo mucha!—salta el peliverde nervioso.—Pero mi mejor amigo sí, y él me ha recomendado cosas para ver, además de que me ha metido un poco en el mundillo.—mira preocupado a Uraraka.—P-pero no soy otaku. No creo que me pueda comparar...

—Suenas preocupado.—comenta Ochaco.—Tranquilo. No es necesario ser otaku para hablar de anime. Y en este país que vivimos, cualquiera se cree otaku solo por haberse visto Naruto, Dragon Ball y One Piece.—se encoge de hombros.—Así que dilo si te apetece.

—Uh... No, mejor no, no quiero deshonrar a los que de verdad lo son.

Uraraka esboza una sonrisa gentil.

—Chicos, gracias.—dice finalmente.—Por escuchar mis tonterías.

Midoriya recuerda lo que Todoroki le dijo ayer.

—No son tonterías.—y repite su misma respuesta con la chica.

Tras esa conversación con Uraraka, no avanzaron mucho más en el proyecto anual, pues usaron ese tiempo para conversar sobre temas más interesantes, primero en la habitación de Uraraka y después en el comedor, donde continuaron tragando cuales cerdos. A pesar de la seriedad con la que empezaron hablando al principio, la tarde fue iluminándose y haciéndose más y más entretenida a medida que pasaba el rato, viviendo momentos que se convertirían en anécdotas divertidas que recordarían al cabo de un tiempo: por ejemplo, Iida contándoles cuando de pequeño se disfrazó de magical girl para carnaval, Uraraka besando al Togio Kageyama de su póster, el inusual ataque de risa de Midoriya que acabó contagiando a la castaña y al moreno, la chica bailando sevillanas e Iida bebiendo zumo y atragantándose hasta que se le sale el líquido por la nari. Cosas bastantes aleatorias, en realidad.

—¿Enserio no vas a volver en transporte público?—pregunta Uraraka. El reloj ya marca las seis y cuarenta, y por petición paternal los dos chicos ya deben regresar a sus hogares.

—No llevo las tarjetas encima.—responde Tenya.—Así que no tengo opción. Oh, mi madre acaba de contestar al mensaje que le he enviado.—revisa su teléfono móvil.—Parece que está a punto de llegar a tu calle con el coche. Supongo que me iré ya.

—Espero que no te hagan demasiado de cenar.—Ochaco se apoya en la pared del pasillo, cruzándose de brazos.—Porque con todas las galletas que te has tragado... No sabía que podías ser tan glotón.—esboza una sonrisa pícara.

—Una persona atlética como yo debe ingerir una alta cantidad de calorías por día.—se excusa, pero parece avergonzado ante las palabras de la castaña. Ya con el abrigo puesto, se acomoda la capucha y echa un último vistazo a sus dos compañeros de clase.—Uraraka...

—¿Qué pasa?

—Que te guste el anime no te hace rara.—explica, inhibido.—Pero tómate tu tiempo.

—Me sorprende que no te hayas reído de mí.—puntúa ella perpleja.

—Eso solo era porque pensaba que te creías superior a nosotros.—gira el pomo de la puerta de entrada. Pero no la abre.—...Y obviamente, no me reía enserio de ti. Lo hacía porque era divertido.

—Bueno, digo lo mismo.

—(¿Se supone que se están reconciliando?)—piensa Midoriya, algo perdido.

—Ya nos veremos el lunes.—se despide Tenya, desapareciendo tras el umbral de la entrada del hogar de Ochaco. De esta forma, la castaña y el peliverde se quedan solos, bajo un silencio pesado y expectante. La chica suspira.

—La tarde de hoy se me ha pasado tan lenta y rápida a la vez...—dice, rascándose la oreja derecha.

—S-sí...—ahora que Iida se ha ido, Midoriya se siente más expuesto y tímido.

—Midoriya... Me da verguenza decirlo, pero enserio, gracias por escucharme.—sus mejillas están levemente sonrojadas.—En realidad no pensaba que tú e Iida seríais así de comprensibles. Me arriesgué mucho al contaros todo ese rollo sobre mí, y hubo momentos en que tuve hasta ganas de llorar, por más infantil que suene...—esboza una pequeña sonrisa.—Pensaba que os reirías de mí, o que le quitaríais importancia al asunto. Pero hasta habéis intentado consolarme.

—A-ah, e-eso...—tartamudea sin saber bien que decir.—Hm...

—Espero que puedas perdonar mi actitud pasada contigo. Lo de decirte que me parecías raro, y todas esas gilipolleces... Olvídalas.—parece sentirse realmente culpable consigo misma.—Creo que eres un buen chico.

—Uraraka... Y-yo también lo siento si te ha ofendido lo que dije antes, de si eras creída y todo eso.

—No, no, no pasa nada.—responde, con un tono de voz más animado.—No me extraña que pensarais eso de mí... Y no tengo derecho a decir que me moleste. Yo misma me lo he buscado.

—Deberías... Deberías intentar ser un poco más como tú.—dice Izuku, sin ser capaz de mirar al rostro de la chica.—Creo que eres genial... Puedes ser genial.

—Mira quién lo dice.—Ochaco le revuelve el cabello.—Tras tu escudo de timidez se encuentra un chico amable y sonriente, ¿verdad? Iida y yo lo pudimos ver hoy.—sonríe con cariño.—Hagamos un esfuerzo, Midoriya.

El chico se sonroja ante lo que Uraraka le dice. No se ha dado cuenta, pero...

—Sí.—sus ojos, tan verdes como esmeraldas, brillan intensamente.—Hagamos un esfuerzo.