Just deal with your fate


Notas de la Autora: Tercer capítulo del paquete... Sin reviews tampoco evidentemente v.v


CAPÍTULO XIV: EL CAMINO DE LA DESESPERACIÓN.

La doctora Kadowaki se incorporó de su silla y miró algo preocupada pero con una sonrisa alentadora a los dos chicos que había frente a ella.

Kadowaki: Está bien... Dentro de lo que cabe...

Irvine¿Podemas verla¿Está... Consciente?

En ese mismo momento Selphie entró corriendo seguida de Quistis en la habitación.

Selphie¿Qué demonios ha ocurrido?

Zell puso una de sus pálidas y delicadas manos sobre los hombros de Selphie para tranquilizarla mientras contestaba a su pregunta.

Ino (Zell): Aún no lo sabemos... Pero algo ha explotado en el despacho de Squall y cuando hemos llegado Rinoa estaba en el suelo...

Quistis¿Y tú qué haces aquí?

Quistis miró a la bibliotecaria de arriba a abajo, Zell había hablado sin darse cuenta y tenía que encontrar alguna excusa rapido.

Ino (Zell): Bueno, yo...

Zell (Ino): Había quedado con Squall por un asunto sobre la biblioteca y nos pilló de camino cuando oímos la explosión

Ino respondió lo antes que pudo inventantando una excusa más o menos creíble.

Selphie miró con ojos suplicantes a la doctora.

Selphie: Podemos entrar ¿Verdad?

Kadowaki: No os lo aconsejo... No tiene muchos daños físicos pero... Está algo... Bueno no sé como explicároslo... Además no soy la más adecuada para diagnosticar nada, deberíais avisar a Edea...

Quistis: Iré a buscarla.

Quistis salió corriendo de la sala en dirección al despacho del director. Mientras tanto Zell y Selphie se apresuraron seguidos por Irvine e Ino, que aun sin estar muy involucrada se sentía intranquila por el estado de la chica.

En cuanto entraron se encontraron con la joven tumbada sobre la camilla, sus ojos permanecían abiertos, fijos en el techo, y habían adquirido un color rojo idéntico al que tomaban durante aquellos ritos extraños. Todos se acercaron en silencio y despacio, algo conmocionados por el estabo de la joven, la cual, al ver el movimiento, bajó la vista y recorrió con su mirada las cuatro caras que le daban la bienvenida.

Selphie: Rinny...

Selphie acarició una de sus mejillas con una mano y la retiró justo después bastante asustada. Su piel estaba completamente helada y había adquirido un tacto basto y casi rasposo aunque no lo parecía a la vista, como las escamas de un pez o un reptil. Rinoa fijó sus pupilas frías y distintes como un par de rubíes sobre los ojos de la muchacha y abrió la boca intentando decir algo, la envolvió una leve aura similar a la que aparecía cuando la chica usaba algún hechizo pero no ocurrió nada.

Irvine se acercó a Selphie y agarrándola por la cintura la invitó a dejarla tranquila, todos abandonaron la pequeña sala bajo la atenta mirada de Rinoa que aun a pesar de su inexpresividad parecía pedir que se quedasen a su lado. Las cortinas que separaban su habitación de la sala principal de la enfermería se cerraron mientras una lágrima fría rodaba por su mejilla.


Unos diez minutos después Quistis acompañaba a Edea hasta la enfermería en la que se encontraban todos reunidos, al llegar nadie levantó la mirada del suelo, tan sólo Ino se acercó a ambas mujeres y les habló mientras Zell estaba sentado en un banco sumergido en sus pensamientos e Irvine intentaba consolar a Selphie que llevaba un rato sollozando después de haber visto como estaba su mejor amiga.

Zell (Ino): Edea... Debe ayudarnos... La doctora Kadowaki dice que está bien pero no sabe lo que le ha ocurrido...

Quistis¿Dónde está Squall?

La pregunta de Quistis hizo que todos levantasen la vista y por vez primera se hicieron la misma pregunta que la instructora.

Edea: Ahora vuelvo...

Edea desapareció tras la cortina y permaneció allí durante un buen rato, al cabo de un tiempo salió y los miró a todos con una expresión de preocupación que era incapaz de disimular.

Edea¿Habéis utilizado algún hechizo contra su magia?

Kadowaki: Una magia mutis ha bastado, en cuanto recuperó la consciencia comenzó a recitar hechizos extraños y atacó a una enfermera... Por eso la silenciamos para que no diese problemas.

Selphie: Antes... Ha hecho algo parecido...

Selphie había dejado de llorar y permanecía ahora jnto al resto de sus compañeros, de pie, frente a la doctora y a Edea.

Edea: Debemos llevarla a Esthar, tal vez allí sepan como neutralizar sus poderes...

Quistis¿¡Neutralizarlos?

Quistis cuestionó aquella afirmación algo preocupada.

Quistis: Pero los poderes de una bruja es algo que forma parte de ella desde que despiertan hasta que muere, no se pueden neutralizar así como así.

Edea: Lo sé... Si se neutralizasen los poderes de una bruja se neutralizaría una gran parte de ella misma, los poderes son algo que están muy atados a una bruja y hacerlos desaparecer... Es como privarla de una parte de sí misma... Tal vez nunca vuelva a ser la misma...

Todos miraron hacia el suelo conmocionados por la solución que Edea les estaba dando.

Irvine¿No hay otra manera?

Edea se sentó en el banco junto a Zell mientras buscaba la manera de contestar la pregunta de Irvine.

Edea: Una bruja puede vivir toda su vida controlando sus poderes a la perfección, pero en el momento en que pierde el control sobre sus habilidades... Su pober se apodera de su consciencia... Eso suele ser algo que ocurre pocas veces y es una reacción desencadenada por algún tipo de distorsión en el caracter de la bruja, una distorsión emocional tal vez...

Selphie: Pero ella... Ella no es así... Rinoa no puede perder el control tan fácilmente...

Edea: Sin embargo... No responde y ataca a todas las personas que se le acercan... ¿Habéis visto sus ojos y su piel?... ¿Recordáis a Adel y Artemisa? Ambas fueron brujas que perdieron el control, poco a poco Rinoa cambiará cada vez más igual que les pasó a ellas... Igual que me pasó a mi...

Selphie: Pero tú ahora eres normal... No tuvimos que neutralizar nada, Artemisa te dejó en paz y se acabó todo...

Edea: Selph... Yo estaba poseída por Artemisa... Rinoa ha perdido el control sobre sí misma... No podemos conseguir que vuelva así como así...

De nuevo cayó sore ellos un silencio profundo y lúgubre, en lo más profundo de sus mentes todos buscaban una manera de solucionar aquello.

Edea: Tal vez...

Todos se giraron hacia Edea expectantes.

Edea: Otra distorsión similar a la que ha recibido la devolviese a la normalidad...

Edea pensó profundamente sobre la manera de conseguir algo semejante.

Irvine¡MALDITA SEA¿¡DÓNDE DEMONIOS ESTÁ SQUALL?

Irvine no podía evitar sentirse frustrado en aquella situación y salió corriendo de la habitación resuelto a encontrar al joven Comandante.


Seifer despertó no muy lejos de aquel lugar, en su habitación, completamente vestido aún con su nuevo uniforme y con la cabeza completamente revuelta, la noche anterior había abandonado la fiesta para encerrarse en su habitación y simplemente se quedó allí de pie, mirando hacia el suelo, corrió enfurecido hacia su habitación con los ojos muy abiertos, no quería cerrarlos, sabía que si lo hacía otra lágrima escaparía de ellos y no quería llorar, él no era el tipo de hombre que lloraba por una mujer.

Una vez en su habitación agarró con fuerza las mantas de su cama y estiró hasta que la deshizo por completo, golpeó con furia la mesa tirando todo lo que había sobre ella y agarrándola por los lados la estrelló contra la pared contraria a la que estaba anteriormente. Siguió así durante un rato, destrozando todo lo que encontraba a su paso, estaba furioso por todo lo que había ocurrido, pero sobre todo estaba furioso consigo mismo por haber creído conocer a Quistis, por haberse arreisgado al encerrarse con ella en el gimnasio, por haber bailado con ella aquella noche y sobre todo por haber dejado que se fuese con tanta facilidad. Sin embargo no podía hacer nada más, ella le había dado su respuesta y él no podía volver atrás para hacer las cosas despacito y con calma.

En poco más de dos minutos la habitación entera era una caos absoluto, finalmente Seifer se dejó caer sobre el suelo y apretó los ojos hasta que sintió que ardían por la fuerza, los abrió poco a poco mientras notaba que se humedecían hasta que una lágrima calló sobre su moqueta, hundió su cara entre sus manos e intentó acallar los sollozos que escapaban furtivos de entre sus dientes mientras sus manos se mojaban sin que él pudiese hacer nada para evitarlo.

Seifer se miró al espejo y sintió pena de sí mismo, había llorado hasta que no pudo más, se quedó dormido allí, completamente exhausto, no recordaba cuanto tiempo pasó llorando hasta que su cuerpo no aguantó más.

Se giró y alargó la mano hasta girar el grifo de la ducha haciendo que el agua cayese fría sobre las baldosas, sin ningún tipo de cuidado se deshizo de su ropa tirándola en el suelo y después se metió bajo la ducha, sintiendo el agua helada sobre su fente, sintiendo el alivio del frío sobre todo su cuerpo. El agua lavó toda la vergüenza y el dolor mientras intentaba pensar con calma la manera de conseguir sacar algo en claro. No podía permanecer allí mucho tiempo. Él ya no pintaba nada en aquel estúpido Jardín. Seifer había llegado allí intentando conseguir su sueño y lo había echado a perder. No tenía nada más que hacer allí.

En cuanto salió de la ducha se vistió y se marchó dispuesto a presentar su dimisión al director.


Edea: En mi opinión, lo mejor sería ponerla en manos del doctor Odine... Y antes de tomar alguna decisión sobre lo que hacer, estudiar todas las posibilidades...

Zell: En cualquier caso... Tenemos que hablar con Squall antes ¿No creéis?

(¡Ejem...!)

El grupo de jóvenes que había estado hasta entonces debatiendo lo que debían hacer en el despacho del director se giraron al oír la voz ronca de Cid.

Cid: Squall... Ha venido esta mañana... Y ha presentado su dimisión...

Todos los presentes se quedaron sin palabras.

Cid: No me ha explicado nada... Simplemente ha llegado y me ha dicho que se iba... Que no volvería nunca... Ni siquiera se ha despedido de nadie, ha salido por esa puerta y no me ha dejado siquiera negarme.

Selphie: Pero... El Comandante no puede hacer algo así... De repente...

Cid: Lo sé pero... Lo ha hecho...

Quistis miró hacia la ventana, había comenzado a llover fuera y a lo lejos se veían unos rayos lejanos surcando los cielos.

Quistis: Por eso Rinoa está así...

Todos se giraron hacia ella algo confusos.

Quistis: Squall se ha ido y ella ha perdido el control de sus emociones...

Lo que la Instructora acababa se decir tenía bastante lógica, sino ¿Qué otra cosa podía haber pasado?

Selphie: Tenemos que encontrar a Squall...

Irvine se giró hacia Selphie interrogándola con los ojos.

Irvine¿Y cómo lo encontramos?

Zell (Ino): Se fue esta mañana... No puede andar muy lejos...

Edea se levantó y acercánsode al teléfono lo levantó y marcó un número.

Edea: Antes debemos llevar a Rinoa a Esthar... Aquí no tenemos el material que necesitamos...


Rinoa podía ver desde aquella misma cama la ventana que había a su lado, se incorporó despacio y se levantó mirando hacia fuera. Podía ver la lluvia a través de aquellos ojos que ya no le pertenecían. Su cuerpo no respodía a nada de lo que su consciencia le dictaba, era como estar sentado frente al televisor sin poder hacer nada, tan sólo podía observar lo que ocurría fuera de su cuerpo. Era parecido a lo que sintió al ser poseida por Artemisa, incluso peor, porque esta vez era ella misma la que le obligaba a hacer todo aquello.

Veía el cielo gris, las gotas de lluvia que rozaban el suelo y lo mojaban en silencio tiñiéndolo de un color algo más oscuro del que solía tener. Aquella lluvia le recordaba a Squall, su mirada, su voz, su expresión, él era como aquella lluvia leve y constante que no mostraba sentimientos ni juzgaba, una lluvia tan débil y sin embargo tan persistente que no tenía carácter propio pero siempre estaba presente. Igual que Squall.

Ahora él la había dejado y lo único que ella podía hacer era mirar como todo pasaba sin que nada avanzase.

Rinoa se estremeció un poco al sentir un crujido a sus espaldas, como algo roto, sin embargo el dolor que sentía bajo sus hombros le decía que era ella la que estaba rompiéndose. Siguió de pie, sin moverse un ápice, mientras sentía cómo su carne se desgarraba y su ropa se rajaba mientras la sangre resbalaba espesa y perezosa sobre su espalda.

Vio su propio reflejo sobre el cristal de la ventana. Volvió a ver aquellas alas que a veces se dibujaban sobre sus espaldas, pero esta vez no era ningún reflejo dibujado sobre el aire, podía ver aquellas plumas blancas, ahora manchadas de sangre extenderse tras ella, el dolor no paró, no desapareció, y sin embargo el crecimiento de aquellas alas cesó.

Rinoa posó una de sus manos sobre el cristal frío, sus ojos no miraban nada, simplemente permanecían abiertos mientras Rinoa sentía el poder rugiendo en sus venas. Una vez más la fuerza de su magia se formó a su alrededor pero su voz no la ayudaba. No podía canalizar nada de esa fuerza en ningún hechizo.

Su mano se levantó y sin llegar a tocar el cristal la mantuvo apuntando en esa dirección. Sus ojos se habían cerrado y no podía ver nada. Pero Rinoa sintió poco a poco todo aquel poder que había sentido dormido en su interior acumularse y concentrarse, hasta casi poder sentirlo como una pequeña pelota mil veces más pesada que el plomo en lo más profundo de su propio cuerpo. La chica sintió el dolor al notar todo aquel poder dentro de sí misma. Justo entonces y en una milésima de segundo el poder se expandió creando una barrera a su alrededor que se extendió con rapidez destruyendo todo lo que había a su alrededor.

La cama quedó incrustada en la pared que había tras ella al igual que la pequeña mesa que había al lado. Los cristales que había en la habitación estallaron en mil pedazos y las cortinas que separaban su habitación del resto de la enfermería se desgarraron en mil jirones. Tras esas cortinas miles de pequeños recipientes estallaron ante la sorprendida y asustada mirada de la doctora Kadowaki que no podía entender lo que estaba ocurriendo.

En cuanto aquel estruendo cesó, la doctora se levantó rápidamente y acudió a la habitación de la joven, en su interior no había nadie, tan sólo una ventana hecha añicos que daba a las afueras del Jardín, a la parte suroeste de la isla, camino a la ciudad de Balamb.


En el despacho del director Cid todos los jóvenes del anterior grupo del orfanato se concentraban en conseguir entender todo lo que había ocurrido.

Cid estaba sentado en su escritorio, Edea a sus espaldas permanecía quieta con sus manos sobre los hombros de su marido. Irvine por su parte estaba de pie mirando por la ventana, quieto y aparentemente tranquilo, con la vista perdida en algún punto del mar. Zell, sentado en el sofá de cuero sujetaba un boli que había cogido de la mesa entre sus ahora finos y delicados dedos mientras lo hacía girar entre sus manos. A sus espaldas, Ino apoyaba parte del peso de su cuerpo sobre el respaldo de aquel mismo sofá, con los codos cerca de los hombros de Zell mirando atentametne el movimiento de sus dedos al jugar con el boli. Frente e ambos Quistis permanecía sentada en uno de los sillones, con los codos sobre sus rodillas y la cara escondida tras las palmas de sus manos. En el centro de la habitación Selphie no paraba de moverse, correteando nerviosa de arriba hacia abajo mientras se sonaba la naric de vez en cuando mirando hacia el suelo para ocultar sus ojos enrojecidos.

La puerta se abrió y Seifer entró con la cabeza alta, mirando hacia el frente. En el momento en que los siete oyeron las puertas se giraron de inmediato esperando ver a Squall, pero no fue así. Seifer los miró algo sorprendido por la reunión que allí estaba teniendo lugar.

Seifer: Señor... Quería hablar con usted...

Edea dio un paso adelante y se acercó al joven.

Edea: Ya me encargo yo... Ven conmigo Seifer...

El joven aceptó la mano de Edea mientras dirigía una última mirada al grupo, todos parecían estar desolados y temió una mala noticia. La última cara sobre la que descansaron sus ojos fue la de Quistis. Su mirada estaba perdida en algún lugar tras el joven, lo miraba pero parecía no poder verlo. No lloraba pero su expresión era indescriptible.

Quistis miró la figura del chico que no le quitó los ojos de encima hasta desaparecer tras aquellas inmensas puertas, sus ojos parecían algo cansados y enrojecidos. Quistis no lo culpaba, pero las cosas no estaban como para pararse a pensar en sus asuntos con Seifer.


Seifer¿Qué demonios está pasando ahí dentro?

Edea: Tenemos un par de problemas... Squall ha dimitido... Se ha esfumado y Rinoa... Bueno Rinoa ha perdido el control y está...

Seifer sintió un pinchazo agudo al oír lo que estaba ocurriendo.

Seifer¿Qué pasa con Rinoa?

La puerta del ascensor se abrió de repente y un guardia de seguridad irrumpió en la sala de espera corriendo.

Guardia¡¡Necesito hablar con Cid¡Ha habido un accidente en la enfermería. La chica que había ha escapado!

Seifer no lo pensó dos veces, salió corriendo hacia la planta baja temiendo lo peor. Necesitaba saber lo que había ocurrido y la respuesta estaba donde estuviese Rinoa.


Zell e Irvine salieron corriendo por las puertas del Jardín y se acercaron a las paredes exteriores que deban a las ventanas de la enfermería. Allí encontraron a Seifer buscando algún rastro de la joven.

Irvine¡Seifer!

El muchacho se giró completamente empapado y alterado.

Seifer: En la enfermería me han dicho que Rinoa ha saltado por esta ventana... Pero no hay rastro de ella por ninguna parte...

Zell apartó con una mano un par de mechones castaños que habían escapado de su trenza.

Ino (Zell): Aquel segurata nos ha dicho lo que había pasado. ¡Tenemos que encontrarla!

Seifer se quedó un rato mirando a la joven. Su cara le sonaba de haberla visto en el Jardín pero no la conocía.

Seifer¿Y tú quien demonios eres?

Irvine se adelantó e inspeccionó el área. Tan sólo encontró un montón de cristales rotos y en el barro no había una sola huella.

Irvine: Qué raro... Deberían estar sus pisadas...

Seifer miró hacia delante, el camino que daba a la ciudad no quedaba muy lejos. Comenzó a dar vueltas sobre sí mismo buscando una posible ruta que la chica pudiese haber encontrado. Sin embargo estaban completamente rodeados por montañas y bosques. Por muchas vueltas que le diese no era capaz de entender por qué la joven había hecho eso o por dónde debía empezar a buscarla. Miró de nuevo hacia el vasto campo verde ahora teñido de marrón mientras el barro surgía bajo la hierba por la lluvia. Hacia donde estaba mirando tan sólo se podía ver una inmensa esplanada y el mar al otro lado. Si había algo de ahí a la ciudad costera no podía verlo desde allí con aquella lluvia.

Zell intentaba llamar la atención de ambos chicos mientras uno examinaba los cristales y el otro observaba el horizonte. Entonces Irvine se levantó y corrió hacia el frente en la misma dirección que Seifer estaba mirando, en cuestión de un segundo tanto el ex-caballero como Zell comenzaron a seguirle corriendo tan rápido como les fue posible, sin saber adónde iban exactamente ni lo que esperaban encontrar.

Al cabo de un tiempo de correr avistaron unas extrañas marcas en el suelo, el barro había sido arrollado como si hubiesen arrastrado algo por su superficie y la hierba había sido arrancada en pequeñas zonas. Aquel mismo rastro aparecía de la nada y continuaba hasta un poco más adelante. Los jóvenes pararon en seco y a unos 10 metros de donde se encontraban encontraron a la chica. Estaba tumbada boca abajo, con el cuerpo levemente de lado. Había volado hasta que sus alas se habían mojado demasiado y empapadas no pudieron soportar el peso de la muchacha.

Con una de sus manos se aferraba al suelo y a la hierba, clavando sus uñas en el barro, intentando arrastrar el peso de su propio cuerpo hacia la ciudad; su otro brazo permanecía atrapado bajo su cuerpo. Una de sus alas, junto con su brazo, había sido aprisionada por el peso de su propio cuerpo, mientras la otra se batía pesadamente intentando alzar de nuevo el vuelo en vano. Lo único que conseguía era salpicar agua marrón sobre sí misma al chocar sus plumas empapadas con el suelo.

Su ropa estaba destrozada a la altura de sus hombros, donde aún permanecían las manchas rojas de la sangre que aún brotaba de las heridas abiertas.

Seifer¡¡Rinoa!

Seifer se precipitó corriendo hacia ella y la muchacha giró su cabeza en el momento en que oyó su nombre. Seifer se acercó y apoyando una mano sobre su cintura intentó que se diese la vuelta para liberar tanto su brazo como su ala. Rinoa giró pesadamente hasta que ambas alas quedaron libres y las extendió con un rápido movimiento, Seifer cayó se espaldas sorprendido y Zell lo agarró antes de que su espalda tocase al suelo. Irvine llegó junto a la muchacha pero no se atrevió a acercarse.

De repente otra aura cubrió su cuerpo y sin necesidad de ningún hechizo ni encanto una barrera de luz la cubrió por completo. Una barrera de energía impenetrable que ni las gotas de lluvia que rebotaban en ella podían traspasar. Batió las alas con furia en el interior de aquel escudo trasparente hasta que volvieron a conseguir algo de impermeabilidad y las usó para levantarse por encima de los tres jóvenes que no deban crédito a lo que estaban viendo.

La chica se alejó rápidamente muy por encima de ellos en direción a la cuidad mientras ellos intentaban alcanzarla corriendo todo lo rápido que les era posible. En poco menos de 10 minutos llegaron a las puertas de la cuidad y la joven chocó contra una gran antena que había sobre una de las casas aterrizando sobre su tejado. Zell siguió la calle abajo conociendo perfectamente cada rincón de la cuidad. Sabía cómo acorralarla ahora que estaba allí encima. Seifer e Irvine se acercaron a él y el chico subió por un muro hasta llegar al tejado sobre el que la joven había caído.

Ino (Zell)¡Id a la estación. Intentaremos pillarla allí!

Seifer estaba algo sorprendido por la decisión de aquella joven desconocida y siguió corriendo tras Irvine que en pocos segundos había llegado ya a la entrada de la estación donde se podían oír las sirenas de un tren que se disponía a partir.

Irvine: Seifer, sigue adelante. Podría aparecer por el otro lado.

El joven SEED hizo caso y empezó a correr hacia el final de la estación haciendo caso omiso de las advertencias del guardia que no paraba de gritarle que no podía pasar.

Se oyeron los engranajes de las ruedas metálicas girando poco a poco sobre los raíles y un ruido sobre uno de los tejados captó la atención de Seifer que dejó de correr y miró hacia arriba. Allí frente a él estaba Rinoa que había llegado corriendo al huir de aquella joven de la trenza. La joven bruja había sido acorralada por Zell que estaba a punto de atraparla. Al verlos Irvine también corrió hacia ellos y se situó algo más atrás de Seifer cortando cualquier vía de escape.

La sirena del tren se oyó una vez más y una nube de humo procedente de la locomotora se alzó en el aire captando la atención de Rinoa. La muchacha miró hacia el tren y después hacia Zell. Justo después, cuando el chico se lanzó sobre ella, la muchacha volvió a batir las alas y saltando hacia el vació pasó sobre las cabezas de Seifer e Irvine, aterrizando justo sobre el tren en el mismo momento en que éste aumentaba su velocidad, perdiéndose en el interior del túnel que llevaba al otro continente. A la ciudad de Dollet.


Sigo de mal humor así que sigue la cosa sin comentarios v.v... Cualquier duda será contestada vía review...

En el capítulo siguiente...

Finalmente sabréis dónde paran Squall y Rinoa... Aunque el resto del equipo no tendrá muchas opciones para hacerlos volver... Lo único que les quedará pues será organizarse y esperar v.v... Sin embargo esto no impide que se escapen un par de secretillos en mitad de un desayuno en la cafetería y quela situación de Ino y Zell se complique un pelín más para ambos personajes...