Los personajes utilizados en esta historia no me pertenecen, todos ellos son obra y magia de Akira Toriyama y sus secuaces.
"(…) Hay quienes poseen corazón de piedra en el cual ni siquiera el ser más cercano a su esencia puede visualizar la belleza de tu interior, no hasta que el propio dueño de aquellos fríos sentimientos permita agrietar el hielo en emociones florecientes."
Capítulo catorce: Tus ojos son mi prisión
En Corporación Capsula una histérica Bulma caminaba apresurada de un lado a otro llamando a Vegeta, el Saiyajin al escuchar esos alaridos perturbantes bajó del techo de la mansión en el cual intentaba encontrar la apacibilidad necesaria para concentrarse en su KI a modo de entrenamiento pasivo, pero el vigoroso sonido de aquella voz lacerante lo llevó a ir en su encuentro para acabar con tal escándalo.
— ¡¿Qué quieres? ¡ —protestó enfadado.
— Yamcha está grave, Vegeta, necesito que me lleves a buscar las semillas del ermitaño
— Sí, claro. —expresó irónico, queriendo dejarla sola.
La muchacha de cabello azul, exasperada por la actitud tan común del guerrero se situó frente a él con las manos a la cadera. — no lo estoy pidiendo en favor, te estoy diciendo que debes llevarme, a mí no me entregaran nada, a ti si
— No me interesa lo que pueda sucederle a esa sabandija, no seguiré perdiendo mi tiempo en estas tonterías
—¡VEGETA LLÉVAME AHORA! —bramó cual volcán a punto de estallar, con esa voz aguda, hiriente para oídos sensibles.
— Que desagradable es oírte —enunció malhumorado tocando con desdén su sistema auditivo.
— Si quieres que te deje en paz, ¡llévame!
Vegeta sonrió triunfante al saber que era requerido pues la tenía en sus manos; continuo el trayecto esperado para seguir entrenando, pero la molesta voz de Bulma no dejaba de seguirlo.
— La cámara de gravedad esta en reparación, quizás debas irte otra vez
—¿Para qué venga otra basura a mi casa? No, claro que no me iré... espera, ¿Qué le ha pasado a mi cámara de gravedad?
— Oh, ya veo, te preocupa más el hecho de que Yamcha vuelva a estar aquí que tu propia cámara
— ¡Responde! —increpó molesto. Una vena en su frente se inflamaba con desaire, Bulma siempre lograba sacarlo de sus cabales en simples pasos.
— Decidí… hacerles algunos ajustes
— ¡Repárala ahora!
— Já! ¿Desde cuándo me das órdenes? Más bien, ¿desde cuándo he hecho alguna orden tuya? Soy la madre de tu hijo, no tu esclava
— He tenido mejores esclavos, tu realmente no me servirías para eso. Si no lo harás tú, pues entonces que tu padre lo haga
— Se irá de viaje con mi madre
— ¡Tienes miles de trabajadores, envía a uno! ¡O DESTRUIRÉ...
— ¿Tu casa?
Vegeta extrañamente serenó su actuar. Llevar una pelea con Bulma, si bien le agradaba a sobre manera pues hacía tiempo no discutían así, el momento no lo ameritaba, una discusión con ella era como luchar contra el viento, pues en su inteligente pero testaruda mente, se parecía a él en aquel aspecto más de lo que estimaba, y sus discusiones nunca llevaban a buen puerto.
—Podré entrenar en otro lugar, pero, déjame preguntarte algo
La chica se sorprendió por la actitud que había empezado a tener el guerrero, parecía alguien distinto luego de aquel viaje hacia quien sabe dónde. Ya no era el intrépido vulgar, narcisista, manipulador, bueno sí, lo era, y lo seguiría siendo siempre, pero no a la dosis en que solía actuar. Pudo notarlo primero en la pelea con Yamcha, a pesar de haberlo lastimado, realmente no parecía enfadado, no parecía querer acabar con todo, al fin y al cabo no lo había matado, y eso fue un gran mérito para su despiadado ser. En los encuentros que habían tenido en aquellas horas, él simplemente evitaba discutir, o de hacerlo, mantenía una serenidad que podía traspasar sus palabras.
Un escalofrío le recorrió el dorso, Bulma estaba impresionada, no comprendía tal situación, y aunque le agradase el hecho de que Vegeta optara por ignorarla o mezclar sus maleducadas palabras con estoicismo, se preguntaba de manera incesante ¿Este es Vegeta?
A la respuesta que buscaba el guerrero espacial, solo asintió con el rostro.
— Maté a ese humano una vez, ¿Realmente creías que ahora te iba a ayudar?
— Tengo entendido que quien mato a Yamcha no fuiste tú, si no esas… cosas que salieron de la tierra, así que básicamente no fue tu propia mano quien asesino a mi ex pareja. Y si, bueno no. Solo quiero saber cómo y dónde debo pedir esas semillas, entiendo que debo ir hasta el templo de Kamisama, pero no sé cómo hacerlo
— Bulma, ¿la estupidez es contagiosa entre los de tu raza? Creo que ese terrícola dejó en ti más de lo que pensé… agh!, las semillas del ermitaño son escazas, y aunque fuera a intimidar a ese gato, jamás me las daría para algo tan básico, mucho menos para un ser patético como él. Te daré una idea para que dejes de fastidiar, busca las esferas del dragón, pídele que ayude a ese gusano, así obtienes lo que buscas, y yo obtengo lo que quiero, estar lejos de tus bramidos fastidiosos
— ¿Idiotez? Nunca se te quitará lo maleducado. Sabes, también pensé en esa hipótesis, pero me tardaría demasiado sola. En fin, si no tengo otra opción entonces me iré de inmediato
La científica se apresuró en buscar al pequeño Trunks y llevarlo consigo. Impartió viaje junto a su hijo para aventurarse en la búsqueda de las esferas del dragón y poder recobrar la vitalidad en Yamcha.
A más de mil kilómetros de CC la primera esfera el dragón fue encontraba por el semi-Saiyajin
— ¡Mamá! Ya la he encontrado, vaya, que difícil es… ¡ya está! ¡Primera esfera! —se alzó de entre arbustos incómodos totalmente sucio.
— Gracias hijo, si no fuera por ti, no habría forma de que pudiera tomarla
— ¿Por cierto, que hacen estas esferas? —preguntó curioso, elevando la gran esfera entre sus pequeñas manos hacia el cielo.
— De ellas emerge un dragón llamado ShengLong que concede deseos, le pediremos que mejore a Yamcha
— ¿Concede deseos? ¿Lo que sea?
— Si, ¿Qué te gustaría pedir?
— ¿Podría desear cambiar a una persona?
— ¿Cambiar, a que te refieres? —sorprendida por el extraño deseo de su hijo, la llevó a inclinarse hasta estar a su altura.
— Mamá, ¿Por qué mi papá es así?
— ¿A qué te refieres?
— ¿Él nos quiere? ¿Me quiere a mí?
Bulma parpadeó atónita. Había estado tan preocupada de sus propios sentimientos respecto de Vegeta, que nunca se preguntó cómo Trunks se podría sentir, no porque no le interesara, en absoluto, sino porque aun veía a su hijo como un bebe que no se daba cuenta de lo sucedido a su alrededor. El muchachito de cabellos lilas parecía madurar a una velocidad impresionante, totalmente fuera de su capacidad mental normal para su edad.
— Trunks, tu papá te quiere mucho, a su manera, pero nunca dudes que el te quiere, eres lo más importante, lo mejor que le ha pasado en su vida
— ¿Por qué nunca me lo ha dicho?
— Es un hombre muy orgulloso, ¿y sabes por qué? Tu papá es el príncipe de los Saiyajin, es por eso que actúa de esa manera, es muy frio a veces pero muy cálido en otras, sé que no entiendes esto ahora, pero jamás olvides que tu papá te quiere y mucho, ya verás como el tiempo me da la razón y podrás notarlo
— ¿Mi papá es un príncipe? —preguntó con dichosa expresión.
— Cuando reunamos todas las esferas, prometo contarte esa historia, ¿si?
Trunks asintió deseoso de seguir escuchando las magníficas historias que imaginaba ahora de su padre. Retomaron el viaje hacia parajes inimaginables de la naturaleza.
El crepúsculo emergía en el horizonte, y ambos estaban cansados, pero solo tenían en su poder cinco esferas del dragón. La muchacha recostó a su lado en el avión al menor y emprendió de regreso a CC, había planeado continuar con esto al día siguiente.
Luego de alistar a Trunks para dormir, se quedó admirándolo, la paz que su hijo le expresaba la llenaba de júbilo. Ya en su habitación, sacó del bolso las esferas de dragón, cinco de siete, se decía. Suspiró hondo, y se levantó con ímpetu para visitar a Yamcha en el hospital, cuando estaba por salir del dormitorio, Vegeta, con ambos brazos sobre el pecho la esperaba fuera de la puerta.
— ¿Vegeta? ¿Necesitas algo?
— Entra
— ¿Qué?
—Dije, entra. —le dio un suave empujón dentro de la habitación, la muchacha molesta, lo increpó entre gritos, él le cubrió la boca con su mano derecha enguantada, al son de tenerla de espaldas a su pecho.
—Maldita sea Bulma, deja de gritar —la muchacha intento zafarse, pero Vegeta, impidiéndole hablar, la volteó para estar a solo centímetros de su rostro. — Mujer escandalosa, solo vengo a entregarte esto —lanzó un bolso sobre la cama, dejándola ir. —Ni creas que lo hago por ese inútil, mucho menos por ti, solo lo hago por mí para que dejes de entrometerte en mi entrenamiento
Bulma tomó entre sus manos el bolso sobre la cama, eran las esferas restantes. Boquiabierta sin poder creer lo que acontecía, se volvió hacía el Saiyajin aun asombrada. El guerrero espacial reposaba con la espalda en la pared, ambos brazos sobre el pecho y uno de sus pies ensuciaba sin mayor preocupación el color cerezas del decorado.
— Vegeta, no sé qué decir
— ¿Es en serio? Pensé que tu lengua nunca podría dejar de moverse
Hizo caso omiso al comentario desagradable. — Hubieras ido con Trunks y conmigo —aprovechó la situación para comentar el deseo en su interior.
Vegeta dispuesto a marcharse no quiso tomar en cuenta las palabras de Bulma, pero aquello que atosigaba su mente buscaba por el medio que fuera salir de su encierro. — Ya era hora de que Trunks supiera que soy el príncipe de los Saiyajin, te habías tardado demasiado en comentárselo
La puerta automática se cerró tras sus pasos. La científica no podía creer –pues solo lo anhelaba- aquello que el guerrero había hecho. No solo le entrego las esferas restantes, también había estado presente con ambos, ¿Por qué? Se preguntaba. ¿Será que se preocupa por nosotros más de lo que creí? Presionó las orbes contra su pecho que latía acongojado, agrego todos los cristales anaranjados al mismo bolso y partió hacia algún lugar desolado para pedir a Shenlong que ayudara a Yamcha. Una vez realizado el deseo, viajó hasta el hospital para visitar al terrícola, este se veía vigoroso, se movía con premura para el desconcierto del personal médico.
— ¿Cómo pudo suceder esto?
— Doctor, no sé qué habrá sido pero estoy mejor, ¿Ya puedo irme?
— ¿Dónde vas Yamcha? —preguntó Bulma apareciendo en el umbral.
— ¿Ha sido una semilla del ermitaño? —incrédulo interrogó a la científica.
— No. Fue algo que tarde en hacer, así que espero le tomes aprecio, y dejes de hacer lo que no te corresponde, aun así sería mejor que te quedaras en revisión
— No, no me quedare en este lugar un minuto más. Volveré a casa con Puar, necesita saber lo que ha sucedido
— Claro —mencionó irónica con ambas manos cruzadas en su pecho. —Quería saber cómo estabas, buen viaje a casa, Yamcha
— ¿Te llevo? —la miró aun desconcertado.
— Tengo mi nave, estoy bien. Ten, aquí está tu ropa.
Hizo caso omiso a las palabras que a su espalda decía el guerrero y el personal médico, se subió a su nave y regreso a casa con su hijo.
La oscuridad de la mansión propia de una noche sin luna ni estrellas le dificultaban el camino hasta su habitación, y la pereza de encender los interruptores fue mayor, prefirió caminar a ciegas solamente recordando los rincones que sabía casi de memoria. Entre pasos silenciosos y apresurados hicieron que la muchacha se tropezara torpemente, antes de que su cuerpo tocara el suelo una mano la sujeto desde sus senos. Vegeta encendió con una mano el interruptor y la levantó de un movimiento raudo.
— Que torpe eres, ¿Tanta es la pereza de quitar un pequeño dispositivo de tu bolsillo para encender las luces?
Bulma arrebató con violencia la mano de Vegeta aún tocándola. — Podrías haberme sostenido de otro lugar —mencionó suavizando con sus manos el busto.
El Saiyajin moldeó una sonrisa en sus labios ante las palabras de la peliazul. — Lo dices como si nunca hubiera puesto mi mano en ese lugar
— ¡¿Qué?! —el rubor le acarameló las mejillas pálidas propias de su blanca piel. Vegeta simplemente adelantó el paso con una media sonrisa en sus labios para perderse en la oscuridad del pasillo próximo. — Es un grosero, nunca se le quitará —suspiró. El perfume natural de Vegeta había quedado impregnado en el ambiente el cual le envolvió hasta las partes más recónditas de su cuerpo. Se irguió con firmeza evitando 'verse débil' para continuar a lo que iba.
A la mañana siguiente, a tempranas horas del día, Bulma había reparado la cámara de gravedad, por ende había sido la última en llegar a desayunar.
— ¡Mamá! —gritaba exasperado el pequeño abrazando a su progenitora. — Mis abuelos me han invitado a ir de viaje con ellos, ¿puedo ir?
— ¿No era un viaje de negocios? —Menciono la muchacha observando interrogante a sus padres. Ambos sonrieron al unísono.
— Veras hija, —dijo su padre. — sabemos que no has pasado por buenos momentos, además queremos ir con nuestro nieto, hace demasiado tiempo no vamos de paseo, serán solos unos días
— Por cuantos días, papá —pregunto la muchacha antes que todo.
— ¿Querida, cuantos días nos iremos?
— Unos diez días
— ¡Diez días! Papá no pueden irse por tanto tiempo, Trunks debe volver a sus clases, y no me puedes dejar con la empresa sola
— Bien, bien, volveremos antes, pero ¿no te molesta que llevemos a nuestro nieto verdad?
Bulma lo pensó unos minutos. Miró a su pequeño ilusionado por irse de viaje con sus abuelos. — Está bien, iré a hacer una maleta para ti.
— No es necesario mamá, mi abuelo ya la hizo por mí
— ¿Es en serio? Me preguntan cuándo ya tenían todo preparado —dijo molesta cruzándose de brazos. — ¿Cuándo se van?
— Después de desayunar
Bulma, enfadada por la falta de comunicación de sus padres, prefirió no continuar la conversación, se sentó junto a ellos a desayunar. En todo el tiempo que estuvieron ahí, Vegeta no apareció como acostumbraba.
— Bien, ya nos vamos. — menciono el Dr. Brief terminando de desayunar, envió a un robot con las maletas hacia el avión y se despidió de su hija, y de Vegeta quien apareció de la nada con ropa de descanso al jardín.
— ¡Papá, cuida mucho a mamá! ¡Volveré a pronto! —gritaba Trunks desde el avión que se elevaba lejos de Corporación Capsula despidiéndose con ambos brazos.
La científica ignoró al guerrero quien estaba demasiado cerca. Se encaminó para terminar de desayunar una vez perdió de vista el avión. Vegeta la siguió sin decir una palabra. Se sentaron a solas, pero ninguno hablaba de absolutamente nada; el único sonido a su alrededor era el de las manillas del reloj, el sonido ambiental de una ajetreada ciudad, las aves, y todo lo que podría acarrear la naturaleza en sus sonidos.
— Reparé tu cámara de gravedad —comentó sin más.
Vegeta se mantuvo en silencio.
— ¿Ni siquiera un gruñido de agradecimiento?
La miró deteniendo su comer. Tragó con dureza la gran bocanada de comida, y se quedó ahí, mirándola, perdido en sus ojos azules, en esa prisión visual que lo encaminó hasta esa vida que jamás espero tener, a la vida de un 'hombre de familia' como decían los humanos, la vida repugnantemente pacífica que ya causaba estragos en su violenta naturaleza, esa vida de miseria terrícola. Quiso esquivar la mirada recíproca pero parecía que su subconsciente no aceptaba a sus sentidos.
— ¿Algo más que solo mirarme así? —empezó a incomodar la muchacha, sonriendo.
— Cállate —dijo molesto. Continúo comiendo a bocanadas e ignorando todo lo que ella pudiera decir, haría lo posible para evitar quedar otra vez prisionero de sus ojos.
Continuara…
¡Y ya son mas de 100 reviews!. Nunca pensé que algo así sucedería, graaaaaacias infinitas! Pronto subiré el siguiente capítulo!
Nos leemos
