hola queridas amigas! se que no tengo perdon de Dios por todo este tiempo que las he tenido en el abandono, pero la verdad es que llego a su pobre casa tan cansada que cuando me siento frente a la compu las ideas nada mas no me llegan :(

solo espero seguir contando con su apoyo y comprension, ya llevo adelantado algo del siguiente capitulo asi que les pido me tengan paciencia, mil gracias por el apoyo, y ahora si sin mas espero este capitulo sea de su agrado.

Capitulo 13

Estoy en parís PUNTO estoy bien PUNTO me quede a ayudar PUNTO mañana parto a Londres PUNTO

—vaya era de esperarse que se quedara a prestar ayuda—a pesar de que el tono era frio, el corazón de Elisa respiraba aliviado al saber que Candy se encontraba bien.

—Seguramente en su primera carta te cuente que sucedió—le dijo Mark a Elisa.

—¿Y a que hora recibiste el telegrama?—le preguntó Elisa.

—hace un par de horas, en cuanto llegue a casa y lo vi decidí mostrártelo.

—gracias Mark no sabes el alivio que me da el saber que esta bien.

La cena transcurrió amenamente, había un poco de trafico, así que mientras Elisa miraba ir venir a los transeúntes, una pareja llamó su atención; el la llevaba del brazo, el lento caminar y las sonrisas que ambos se dirigían ajenos a todo lo que sucedía a su alrededor, era como si el mundo fuera solo de ellos, repentinamente el rostro de aquel chico se vio iluminado por una lámpara, la sorpresa no se hizo esperar al reconocer el rostro de su hermano y se hizo aun mayor al ver de quien iba acompañado.

—¿Te sucede algo Elisa?—preguntó preocupado Mark al ver palidecer el rostro de Elisa.

—No nada Mark, es solo que estoy un poco agotada—sonrió Elisa.

Una vez que llegaron a la mansión Legan, Elisa se dispuso a enfrentar a su hermano, tenía que saber que era lo que pretendía al relacionarse con Susana Marlow.

—Neil— Elisa lo llamó desde la oscuridad de la sala—necesito hablar contigo.

—lo siento hermanita pero estoy cansado, mañana hablaremos de lo que quieras—dijo Neil.

—Pues yo lo siento aun más, pero tenemos que hablar ahora mismo—dijo tajantemente Elisa—quisiera saber que pretendes con la señorita Marlow.

Neil se quedó paralizado ante lo dicho por su hermana, él siempre había tratado de ser cuidadoso en sus encuentros con Susana, pero ahora que Elisa lo sabia, solo seria cuestión de tiempo para que sus padres se enteraran.

—eso no es de tu incumbencia Elisa, así que deja de meterte en lo que no te importa.

—me importa porque hasta donde yo se, ella sigue comprometida con Terry, y si mis padres se enteran…

—¡Ella va a romper su compromiso!—la interrumpió Neil—y con respecto a mis padres, es mi vida y yo se como llevarla, así que por favor deja de meterte en mis asuntos.

Elisa nunca antes había visto a Neil actuar de esa manera, ni siquiera cuando supuestamente se había enamorado de Candy, sabia que sus padres, principalmente su madre, estarían en desacuerdo de la relación de Neil, pero decidió que lo mejor era guardar silencio, y ver como se desarrollarían las cosas a su alrededor.

—Candy, llegó una carta para ti.

—gracias señora Griffin—agradeció amablemente Candy a la ama de llaves.

Hacia poco más de dos meses que Candy había llegado a Londres, la devastación que había dejado la guerra era visible, pero no por ello el espíritu de los ingleses se quebrantó, y en ese poco tiempo Candy veía como poco a poco la ciudad recobraba el brillo que tenia.

El trabajo que le había conseguido Mark, era relativamente fácil, era la dama de compañía de una señora mayor, ya que tenia a su servicio a cuatro enfermeras, así que su trabajo consistía en estar prácticamente todo el día a su lado, escuchando las platicas que la señora sostenía con ella. A lady Sandstrom se le había ocurrido que tenía que perfeccionar la educación de Candy.

Así que Candy siempre tenía el tiempo ocupado, ya fuera leyendo algún libro que le recomendaba lady Sandstrom, o bordando y tejiendo en compañía de ella. Fue una tarde mientras tomaban el té, que Lucile Sandstrom sacó a colación un tema que dejo a Candy con muchas preguntas sin responder.

—El próximo sábado estamos invitadas a la celebración del cumpleaños de la duquesa de Grandchester—dijo la mujer mayor con desagrado—aun sigo sin entender como fue que Richard se casó con esa desagradable mujer.

—¿A caso es muy mala persona?—preguntó Candy con inocencia; aunque sabia por Terry lo mala que era esa mujer.

—¡Y no tienes idea de cuanto lo es!—respondió lady Sandstrom—ella y sus vástagos son unas personas realmente desagradables, a excepción de Terrence, el si que es todo un caballero al igual que su padre, desde que él era pequeño, Louise siempre lo trató con rudeza, seguramente porque veía en él, el rostro de la única mujer que Richard ha amado…

Repentinamente, lady Sandstrom guardó silencio, temiendo haber revelado cosas que muy poca gente sabia, Candy simuló estar distraída mirando las nubes arremolinadas en el cielo, imaginando todo lo que debió de haber sufrido su amado Terry desde muy pequeño, al lado de una mujer amargada, así que guardó silencio en espera de que lady Sandstrom continuara contándole mas de la familia de Terry.

—así que Candy, el viernes tendrás el día libre para que compres lo adecuado para acudir a la fiesta de la duquesa—dijo lady Sandstrom cambiando la conversación, viendo como Candy solo asentía con la cabeza.

Ya era casi media noche cuando Candy se dispuso a abrir el grueso sobre que le había enviado Elisa. En él había cartas de Albert, Annie, Archie y por supuesto de Elisa, al parecer, sus queridos amigos ya se habían resignado a que no la verían en un largo tiempo, pues a diferencia de las cartas anteriores en las que le rogaban les dijera en donde estaba, ahora cada uno le contaba que estaban haciendo, enviándole saludos de la tía Elroy, así que como aun no tenia sueño, decidió dar respuesta a las cartas de sus amigos.

Una vez más daba lectura a aquella carta que sorprendentemente había dejado para él, por Albert sabia el gran impacto que había causado el saber que después de todo, su amada Candy no era huérfana.

Querido Terry:

Probablemente estés sorprendido al haber recibido esta carta, que en el momento en que te encuentres leyéndola seguramente estaré muy lejos de aquí. Las circunstancias de las cuales tu estas enterado, me han obligado a buscar mi propio camino lejos de todo y de todos; Momentos como estos son los más tristes y dolorosos que hay, los que más daño nos hacen y los que más temor me provocan. No quería marcharme sin antes darte las gracias… Gracias por cada palabra, cada huella que dejaste impregnada en mi vida, que hicieron de mí la mujer más dichosa del mundo.

En verdad, no sé cómo expresarme, me hubiese gustado entregarte todo el amor del mundo, superar todos los obstáculos que se nos presentaban para al fin realizar nuestros sueños. No se pudo, ¿qué importa ya? Espero que cuando nos volvamos a encontrar, tú estés en la cúspide de tu carrera como actor, acompañado de la mujer que estoy segura, vivirá para hacerte feliz.

Ahora soy yo quien te pide seas feliz y que seas capaz de otorgar aquello que en estos momentos me es imposible dar: el perdón.

Guárdame en el más recóndito lugar de tu corazón, como un bonito recuerdo, una amiga especial, o como tú quieras, pero por favor no me olvides, nunca me dejes morir.

Siempre tuya…

Candice W. Andrey.

Una vez mas, se marchaba sin mirar atrás, Terry quería saber de Candy, en donde estaba, pero sobre todo, si se encontraba bien; por eso cada semana iba en busca de su mejor amigo, para saber si por fin sabían su paradero.

—No Terry, sigue sin decirnos en donde esta—le decía resignado Albert a Terry—Candy nunca nos da respuesta de su paradero, solo nos dice que esta muy bien, y nuevamente te envía sus saludos a ti y a Susana…

Terry guardó silencio. Debido a su preocupación por Candy, no se había percatado de lo mucho que había cambiado Susana, ahora ya no la tenia pegada a sus talones, por el contrario, solo le hablaba cuando era realmente necesario, y que decir de querer que Terry la acompañase a todas partes, ahora cada vez que Terry le ofrecía su compañía, Susana siempre se excusaba.

—¿y Elisa no ha querido decir en donde se encuentra?—preguntó Terry.

—no Terry, y no creo que nos lo diga—dijo con pesar Albert—hemos intentado por todos los medios que nos lo diga, pero no hemos tenido resultado.

Ambos amigos continuaron charlando, mientras Terry escuchaba atentamente todo lo que Candy le había contado a Albert en su última carta. De una forma u otra lograré que Elisa me diga su paradero, se prometió Terry en su interior.

—Aquí viene esa arpía—decía lady Sandstrom señalando en dirección de una mujer regordeta, que a pesar de sonreír amablemente a todos los ahí reunidos, en su rostro se veía grabada la maldad que tenia en su corazón—felicitaciones Louise, déjame presentarte a la señorita Candice White.

Candy hizo una reverencia en dirección de la duquesa, la cual la miraba fríamente de arriba abajo, cuando repentinamente, el duque se unió a ellas.

—querida Lucile, que alegría que hayas podido acompañarnos…—la sonrisa del duque quedó congelada al ver a Candy ahí al lado de lady Sandstrom—Ca… Candy que sorpresa verte por aquí.

La duquesa se había quedado muda al ver la familiaridad con que Richard trataba a aquella jovencita; era del dominio público que el duque no era precisamente ejemplo de fidelidad, y de la inclinación que tenía por las mujeres rubias.

—¿Se conocen?—fue la pregunta formulada por la duquesa.

—Claro que nos conocemos querida—dijo sonriente el duque, palmeando la mano que la duquesa había colocado en el de manera posesiva—es una larga historia, pero creo que estamos hablando demasiado, así que adelante disfruten de la fiesta.

Candy miraba anonadada todo el lujo que rodeaba el castillo Grandchester, lugar en el que seguramente Terry creció, a pesar de ser una casa hermosa en ella faltaba lo más importante: el amor de familia. Lady Sandstrom le señalaba discretamente los nombres y posiciones de cada uno de los invitados, los cuales por alguna extraña razón solo dedicaban una sonrisa sardónica en dirección de lady Sandstrom, mientras que algunas mujeres cuchicheaban mientras dirigían discretas miradas en dirección de lady Sandstrom.

—creo que hemos tenido suficiente por hoy—dijo lady Sandstrom poniéndose de pie—anda Candy vamos a casa.

El regreso a la mansión de lady Sandstrom, fue en total silencio, cada una ensimismada en sus pensamientos.

—Candy, quisiera saber…—dijo lady Sandstrom aclarándose la garganta—¿de donde conoces a Richard?

—Es una larga historia—respondió Candy.

—Que si tu me lo permites, estoy dispuesta a escuchar—le dijo lady Sandstrom a Candy; por alguna extraña razón, aquella sonrisa que le dirigió, la animó a querer contarle.

—muy bien—Candy se dirigió al salón de té, mientras lady Sandstrom ordenaba a una de las mucamas les llevara el té a la biblioteca y pidiendo no ser interrumpidas.

—antes de continuar—dijo lady Sandstrom después de haber dado un gran sorbo a su té—quisiera decirte que mi interés por saber de donde conoces a Richard es debido a que estoy segura que a Louise no le agradó nada la familiaridad con que Richard te trató, y como es bien sabido por ella y por toda la sociedad londinense, Richard tiene… una inclinación por las mujeres rubias... y seguramente en su cabeza se están formulando muchas formas de saber si eres amante de Richard, así que no te extrañe que un día de estos nos visite.

—la razón de que el duque y yo nos conozcamos es muy sencilla, su hijo Terrence y yo fuimos compañeros en el colegio san pablo—respondió seriamente Candy.

—¡Así que eres tu!—dijo alegremente Lucile—lo sospeché desde el momento en que Richard te vio entrar, no cabe duda de que el mundo es un pañuelo.

Candy se quedó sorprendida ante la reacción de Lucile, así que decidió hacer una pregunta que tal vez incomodaría a su interlocutora.

—disculpe lady Sandstrom ¿Cómo es que su relación es tan estrecha con la familia Grandchester?

Lucile guardó silencio, tarde o temprano a los oídos de Candy llegarían los rumores que desde su juventud la acechaban, y como lo había escuchado de labios de Terry y Richard, ella era una persona en la cual se podía confiar así que se animó a contar aquella historia que solo unas pocas personas sabían.

—creo que tengo que regresar el tiempo casi cuarenta años atrás…—lady Sandstrom miraba el vacío, mientras los recuerdos se galopaban en su mente—corría el año de 1873, yo contaba con veinte años, a decir de la sociedad me había convertido en una solterona, mi educación como era costumbre en aquellos tiempos, yo estudiaba en casa, era la única hija de un acaudalado empresario, y por esa razón mis padres elegían a todas y cada una de las personas con las cuales entablaba relación, así que realmente nunca tuve una verdadera amiga. Las vacaciones de verano solía pasarlas en la casa de campo en Lakeland, así que solía dar largas caminatas por los grandes campos, recorriendo los lagos y las granjas que ahí se encontraban. Recuerdo muy bien aquella tarde, empezaba a caer una ligera lluvia, así que me senté a mirar como una a una las gotas se fundían con el lago, repentinamente, una voz me sacó de mis pensamientos. ¡Se esta usted mojando señorita! Mi mirada se encontró con la del hombre mas apuesto que jamás había visto; quede atrapada en esa mirada petulante y dulce a la vez, y en ese instante supe que el cambiaria mi destino.

Lucile guardó silencio, mientras Candy imaginaba todo lo que Lucile le había contado, simplemente era inimaginable la soledad que seguramente Lucile sentía, y la emoción de estar por vez primera tan cerca de un apuesto hombre.

—Como el buen caballero que era, se ofreció a acompañarme a mi casa, yo me encontraba en trance, las únicas conversaciones que había entablado con hombres en mi corta vida, habían sido con mi padre y demás familiares, así que como te podrás imaginar, mi conversación era torpe y de mi boca solo salían monosílabos, conforme nos acercábamos a la casa, mi corazón se sintió realmente oprimido, pues seguramente había decepcionado a tan apuesto caballero con mi torpeza, así que una vez que llegamos a casa y le di las gracias como lo dicta la buena educación, mi corazón casi se me sale del pecho al escucharlo decir que en agradecimiento me acompañaría a tomar él te la tarde siguiente—los ojos de lady Sandstrom se iluminaban mientras sus recuerdos se apoderaban de ella—su nombre era Arthur, desde ese momento, cada tarde me visitaba bajo el ojo critico de mi nana, hablábamos de muchos temas, de los muchos lugares que él conocía y los cuales había prometido, algún día me los mostraría, jugábamos ajedrez, teníamos muchas cosas en común, aunque él nunca hablaba de su familia.

Repentinamente, lady Sandstrom se puso de pie, acercándose al enorme escritorio que dominaba la habitación, sacando de uno de los cajones, un grueso libro, el cual extendió a Candy, esta abrió lo que para su sorpresa era un álbum lleno de fotografías, en las primeras paginas, aparecían lo que seguramente era la familia de lady Sandstrom, seguidas de muchas otras del crecimiento de una hermosa niña, hasta llegar a la de una bella jovencita.

—Esa soy yo en la época en que conocí a Arthur—dijo lady Sandstrom—poco a poco, fue naciendo entre ambos una hermosa amistad, y sin quererlo, me enamoré perdidamente de él, sintiéndome triste ya que sabia que alguien como el no correspondería a mi amor, así que decidí disfrutar cada segundo que pasaba a su lado, amándolo en silencio, mientras que el fin del verano se acercaba cada vez mas. Y sucedió que, la tarde antes de marcharme, a manera de despedida, lo cité en el lago, dispuesta a confesarle mis sentimientos. Poco a poco, la tarde se estaba acabando, sin que de mis labios salieran aquellas palabras que tanto deseaba decir, así que, viendo la hora, decidí que lo mejor seria marcharme sin confesarle mis sentimientos, fue entonces que, en el instante en que le decía que regresaría a mi casa en Londres, repentinamente, acercó lentamente su rostro al mio, mientras mi corazón palpitaba aceleradamente, fue entonces cuando me besó. Como podrás imaginar, me quede paralizada, sin saber que hacer, fue entonces que se separó de mi. "lo siento tanto Lucile, perdóname por favor, entenderé si ya nunca jamás quieres saber mas de mi" decía Arthur apenado, mientras que de mis labios no salía palabra alguna "sé que lo que acabo de hacer va en contra de lo que dicta la buena educación, pero Lucile ya no puedo callar mas esto que siento y que me esta matando por dentro, Lucile estoy enamorado de ti"

A Candy esa escena se le hacia un tanto familiar, su mente viajó cinco años atrás, al final de aquellas vacaciones de verano en escocia, solo que aquel recuerdo no terminó igual que al de lady Sandstrom.

—Me sentía la mujer mas dichosa del mundo—dijo lady Sandstrom de forma soñadora—prometimos nos escribiríamos ya que el viajaría muy pronto, prometiendo que a su regreso pediría mi mano en matrimonio. Cartas iban y venían, con promesas de una larga vida juntos. Arthur pronto regresaría para las fiestas navideñas, mi alegría era inmensa pues seguramente muy pronto me desposaría. Una tarde mientras una ligera nieve caía sobre la ciudad, un mensajero tocó a la puerta, llevando consigo una carta dirigida a mí con el sello de la casa real, en la cual se me invitaba a tomar el té en la mansión de la familia Grandchester, y cual seria mi sorpresa al ver que estaba firmada por su alteza real el príncipe Alfred Arthur duque de Grandchester, conde de Kent y conde de Ulster.

Candy abrió enormemente los ojos conteniendo la respiración, aquel hombre del que hablaba lady Sandstrom no era otro más que el abuelo de Terry.

—mi cabeza estaba hecha un lio—continuó diciendo lady Sandstrom—no sabia si debía ir a aquella cita, pero tenia tantas cosas en mi cabeza que tenían que ser aclaradas y nadie mas que él las podría aclarar. Así que me esmere en mi arreglo como nunca antes lo había hecho, mientras me encontraba camino a aquella mansión un extraño presentimiento se apoderó de mi. A mi llegada, me hicieron pasar al salón del té, en donde me estaba esperando Arthur, entré sin hacer ruido, él estaba frente a la chimenea dándome la espalda, no se cuanto tiempo estuve observándolo, hasta que el finalmente se giró mientras nuestras miradas se encontraron…

Flash back

Lucile—dijo en un susurro Arthur, parecía haber envejecido en este tiempo, su mirada estaba llena de tristeza—ven y toma asiento por favor.

Sin decir nada, me senté en el lugar que me había indicado, sin poder despegar mi mirada de él.

hay tantas cosas que tengo que decirte…—empezó a decir Arthur—sé que actué mal al no haberte dicho la posición que ocupaba… pero por una vez en mi vida quise sentirme una persona común y corriente, sin que la gente a mi alrededor me tratara bien solo por ser un príncipe… los pocos días que pasé en tu compañía han sido los mas felices de toda mi vida, que no te quepa le menor duda de lo mucho que te amo, y créeme cuando te digo que si en mis manos estuviera, desde aquel día en que te robé aquel beso me habría casado contigo… pero hay obligaciones que no puedo dejar de lado, y son las que me impiden tomarte fuertemente entre mis brazos y no dejarte ir nunca de mi lado… Lucile, amada mía, en tres días parto rumbo a Rusia, para que se hagan los arreglos pertinentes para mi boda…

Mientras escuchaba esas palabras, trataba por todos los medios no derramar lagrima alguna, mi mente estaba confundida, pues si bien sus palabras de amor parecían sinceras, no concordaban con su futuro matrimonio.

Lucile por favor ¡di algo! —Exigió Arthur exasperado al ver mi silencio— ¡di que me odias! ¡Que soy el ser mas ruin de este mundo, pero por favor di algo! Que ese silencio tuyo me lastima más que cualquier cosa detestable que pudieran salir de tus labios hacia mi persona.

lo siento su alteza, pero no tengo nada que decir, y si me permite me retiro—me puse de pie, intentando no desmoronarme, repentinamente Arthur hizo que me girara para mirarlo directamente a los ojos.

Lucile, por favor créeme cuando te digo que si pudiera renunciar a lo que soy solo para estar a tu lado, lo haría de buena voluntad, pero no puedo evitar lo que soy… ¡Lucile, mírame!—en ese instante no pude contenerme mas, y derramé aquellas lagrimas que tanto había contenido—por favor Lucile no llores, que yo no soy merecedor de ninguna sola de tus lagrimas, por favor, dime que me perdonas, y que me guardaras en tu corazón, así como yo lo haré.

te perdono Arthur—finalmente pude pronunciar—te deseo toda la felicidad.

Fin del flash back

—Salí de aquella mansión con todos mis sueños rotos y mi corazón destrozado—suspiró lady Sandstrom—semanas después, se anunció su boda, y el arribo de su llegada en compañía de su esposa, en toda la sociedad no se hablaba de otra cosa que no fuera de la próxima llegada del príncipe, sin poder soportarlo mas, decidí excluirme en Lakeland, decidida a vivir solamente de aquellos bellos momentos que había pasado a su lado. un par de años mas tarde, mi padre le concedió mi mano a lord Sandstrom; año con año, en la misma fecha en que nos conocimos a la villa llegaban regalos de manera anónima, siempre negué saber su procedencia, para evitar cualquier problema con mi esposo, pero mi corazón latía apresurado al saber que Arthur aun me recordaba y eso era mas que suficiente para mi—mientras hablaba, lady Sandstrom miraba algunas fotos en las que aparecía ella al lado de su esposo—tiempo después, conocí por accidente al pequeño Richard, cuando decidió huir de su casa ya que su madre no lo dejaba jugar con los niños de las villas cercanas, te imaginarás la sorpresa que me llevé al descubrir que ese pequeño rebelde no era otro que el hijo de Arthur, lo que la gente comentaba era que recibía una educación extremadamente severa principalmente por parte de su madre, ya que el al ser el primogénito muchos mas deberes caían sobre sus hombros. Así que decidí brindarle mi amistad a aquel pequeño que lo único que deseaba de su madre era cariño y comprensión. Año con año, Richard me visitaba, platicando y celebrando cada uno de sus logros, lo vi convertirse en un apuesto caballero lleno de sueños, él llegó a ser el hijo que nunca tuve. Sucedió que, mientras recibía su entrenamiento militar, lo enviaron a América, a su regreso, pude ver un brillo especial en su mirada, por primera vez se había enamorado.

Candy no podía pronunciar palabra alguna, pues para ella era fascinante escuchar algo sobre la familia de Terry, mientras lady Sandstrom seguía sumida en sus recuerdos.

—Recuerdo que dijo que era la criatura mas bella que había conocido, a sus veintiún años, Richard había conocido un innumerable numero de mujeres en todos los países a los que había viajado, dijo que la había conocido mientras corría presurosa hacia una audición para una obra de teatro, y como buen caballero Richard se ofreció a escoltarla a su destino, quedó fascinado por la pasión que derrochó en aquella audición, pero al ser una novata solo obtuvo un papel secundario. Así que para animarla, Richard la invitó a cenar, así entre ambos nació una bonita amistad. "pero aun es muy pequeña" dijo, Eleanor contaba con apenas dieciséis años, pero cuando el amor es verdadero la edad es lo menos importante, le respondí. Ella no sabia quien era en realidad Richard, lo único que sabía era que era ingles, así que Richard siguió viajando a nueva york constantemente, acercándose cada vez más a Eleanor. Desgraciadamente, pocos meses después mi marido falleció, a pesar de no haberlo amado como él se merecía, lo quise mucho y su muerte realmente me dolió mucho.

Una pequeña lágrima rodó por la mejilla de lady Sandstrom.

—Richard cumplió veintidós años ese otoño, se le hizo entrega del titulo de marques de Grandchester, y conde de Rochester, así que había llegado el momento de que sentara cabeza, así que en un intento por retrasar la idea de su madre de casarlo, dijo que aun tenia muchas cosas que hacer en la armada inglesa. "Lucile, huiré a América no quiero casarme con otra que no sea Eleanor, he ahorrado algo de dinero, pero estoy seguro que con eso será suficiente, mientras encuentro algún trabajo para salir adelante" así que solo me pidió que si algún día me visitaba, no lo repudiara, como lo haría el resto de la sociedad al enterarse que se casaría con una americana. Tal y como lo dijo, Richard desapareció, recibí un par de cartas anunciándome que regresaría a Inglaterra para que conociera a su esposa. Permaneció oculto por casi cuatro años, no te imaginas el dolor que sentí al verlo regresar a cumplir con sus obligaciones. Y pude ver como la historia se repitió esta vez con él. Fui testigo de como Richard juró que a su hijo no pasaría por lo que él había pasado, fue por eso que había dejado al pequeño Terry al lado de Eleanor, pero Arthur y su esposa se empeñaron en que debía de traer al niño, ya habían fraguado su plan, como Richard estuvo fuera del ojo publico habían decidido justificar su presencia argumentando que Richard se había casado en secreto con una mujer de la alta sociedad irlandesa. Louise nunca quiso a Terry, pues él siempre fue el recordatorio del precio que tuvo que pagar por convertirse en duquesa.

Terry solo tuvo dos compañeros de juego: su primo Roger y la pequeña Catherine, hija de un socio de Richard, ambos eran mayores que Terry. Ellos fueron los únicos que estuvieron incondicionalmente para Terry, cuando la que en ese entonces creía su madre le ignoraba por completo pues toda su atención estaba dedicada a sus hijos, pero no conforme con eso, Louise se encargo de hacerle la vida imposible de mil y un maneras a Terry.

Candy suspiró profundamente al imaginar todo lo que lady Sandstrom le relataba, ni en sus más locas ideas imaginó todo lo que sufrió Terry.

—Sucedió que cuando Terry apenas contaba con ocho años, a Louise se le ocurrió la magnifica idea de que era momento de que supiera su origen Louise le había envenenado el corazón diciéndole que de no haber sido por "su bondad" seguramente estaría en algún orfanato pues él era un estorbo en la vida de Eleanor, y su padre no había tenido mas remedio que traerlo consigo a Inglaterra. Ahora que se encontraba solo pues Roger y Catherine habían sido enviados al san pablo, Terry se había vuelto introvertido y un tanto agresivo, solo cuando sus únicos amigos salían de aquel internado se permitía sonreír, pero ni siquiera a ellos, les había revelado la verdad. Por como se expresaba de Catherine y la manera embelesada con que la miraba, me di cuenta que Terry estaba enamorado de ella. Toma, te caerá bien—dijo lady Sandstrom ofreciéndole una copa de brandy—él la amaba a ella, y ella estaba enamorada de Roger. Terry en silencio, escuchaba a Catherine hablarle de lo mucho que amaba a Roger, mientras que cuando salían de juerga, veía a Roger en brazos de diferentes mujeres. Entonces, sucedió lo inevitable, el compromiso de Catherine y Roger se hizo oficial, el pobrecito de Terry sufrió tanto al enterarse de la noticia, el compromiso se celebró en los primeros días de diciembre de hace cinco años, ese día, Terry bebió hasta embrutecerse, diciendo y haciendo infinidad de incoherencias, hasta que le declaró sus sentimientos a Catherine, esta solo le respondió con una gran sonrisa, diciéndole que ella solo lo podía querer como su hermano pequeño, te imaginarás como se puso Terry, estuvo encerrado en su recamara una semana, día y noche, hasta que decidió huir en busca de Eleanor. A su regreso, llegó hablando hasta por los codos de cierta muchachita americana que había conocido en el Mauritania—lady Sandstrom dirigió una dulce mirada en dirección de Candy, provocando que esta se ruborizara—y la sorpresa que se llevó al saber que estaría en el mismo colegio que él. No te imaginas lo mucho que reía al contar cada una de tus travesuras, su mirada tenia un brillo especial al decir tu nombre, y la rabia con la que hablaba de Anthony. No te imaginas lo sorprendida que me encontraba al verlo decidido a acudir al festival de mayo, cosa que nunca había hecho en todo el tiempo que había estudiado ahí. Ese día, él estaba decidido a invitarte como su acompañante a la boda de Catherine y Roger, pero cuando le pregunté el por qué no lo había hecho, solo me respondió que no se había dado la oportunidad, pero por la manera en que lo dijo, supuse que habían peleado. Durante la ceremonia, era como si sus pensamientos estuvieran en otra parte, o mejor dicho, con otra persona, pues aquella añoranza con la que miraba a Catherine meses atrás, había desaparecido.

El corazón de Candy se oprimía cada vez que escuchaba el nombre de Catherine, nunca antes había experimentado ese sentimiento, ni siquiera cuando veía en los periódicos las fotos de Terry al lado de Susana, tal vez la diferencia yacía en que, Candy sabia que por Susana no sentía nada, mientras que Catherine, fue su primer amor.

—cada vez que me visitaba, veía como se encontraba mas y mas prendado de ti, recuerdo cuando sugerí que se estaba enamorando de ti, su rostro se puso totalmente rojo, tartamudeando en un intento de negarlo. Ese verano fue cuando sus sentimientos por ti, se aclararon. Se sentía tan tonto por haberte besado de esa manera, pero no sabia como decirte lo que sentía por ti sin que lo rechazaras, entonces le aconsejé que debería ir más lentamente, para darte tiempo de que te percataras que tu también lo amabas.

—Pero… si no me conocía…—balbuceaba Candy—¿Cómo es que sabia que estaba enamorada de Terry, si ni siquiera yo me percaté de ello hasta que se fue?

—mi querida niña, solo alguien que ama de verdad, soportaría las barbaridades que Terry te hizo pasar, créeme que suponía que tal vez solo te gustaba, pero al enterarme que tu habías huido del colegio, fue que me di cuenta de lo fuerte y grande que es su amor. No sabes como me arrepentí el haberme marchado de vacaciones precisamente en esos momentos, hubiera podido evitar su separación, recuerdo que a mi regreso, me encontré con la noticia de que Terry había acudido a mi casa, mi ama de llaves al verlo tan desesperado le ofreció su ayuda. Así que sin mas, Terry le vendió a su querida Teodora, aun la conservo en espera de que algún día su verdadero dueño regresa por ella. Y el resto, me parece tu lo sabes mejor que yo Candice, tal parece que la maldición de los Grandchester es no estar al lado de la mujer que aman.

Candy asimilaba las ultimas palabras dichas por lady Sandstrom, la fugaz felicidad del abuelo de Terry que tuvo que ponerle fin por el deber de cumplir con lo que se esperaba de él, su padre el cual dejó atrás el hogar que había formado por el honor de la familia Grandchester, y Terry…. Terry había tenido el valor de perseguir sus sueños, pero a diferencia de su abuelo y padre el deber de Terry era muy diferente al de ellos, tenia que estar al lado de la mujer que le salvo la vida, y en el fondo de su corazón Candy sabia que de habérselo pedido, él hubiera luchado contra todo con tal de permanecer a su lado. Lagrimas amargas rodaron por sus mejillas al saber que la felicidad al lado del hombre que amaría hasta el ultimo de sus alientos siempre estuvo al alcance de su mano.

—Aun no es tarde para ustedes pequeña—le dijo lady Sandstrom limpiando las lágrimas del rostro de Candy—lucha por su amor hasta que ya no te queden fuerzas, tal vez eso fue lo que nos hizo falta a Eleanor y a mi, luchar por el hombre al que amamos. Por una vez en tu vida, se egoísta pequeña deja de poner el bienestar de los demás por encima de tu felicidad.

Candy dio las buenas noches, agradeciendo la confianza que lady Sandstrom había depositado en ella, esas ultimas palabras repiqueteaban en su cabeza, desde su partida, no sabia nada de Terry, tal vez ya había anunciado su compromiso, y de ser así, ¿Qué haría ella? ¿Seria capaz de deshacer las ilusiones de Susana?, esas preguntas revoloteaban en su cabeza, mientras una nueva duda echaba raíces en su corazón… Catherine, el primer amor de Terry, ¿Cómo seria ella? ¿y si Terry no la había olvidado? Cansada de pensar, poco a poco sus parpados se cerraron haciéndola caer en un sueño profundo, haciéndola olvidar por un instante todas sus dudas.


espero no haberlas aburrido con la historia del abuelo de terry, ¿que las pareció que terry haya estado enamorado? espero no me maten por eso, les daré un adelanto de lo que vendrá en el siguiente capitulo:

-Terry se enfrentará a Elisa ¿a caso esta le dirá en donde esta candy?

-candy conocerá a catherine ¿cuales serán sus sentimientos?

-los recuerdos perdidos, comienzan a tomar forma...

espero sus reviews ya saben cualquier comentario será bien recibido!

que toda la buena vibra llene siempre sus vidas! nos estamos leyendo! xoxo