Capítulo 14.

La Boda. Parte II: La Luna de Miel

By Frii Wonka y Neko SasuNaru.

John se volteaba rodeándolo por los hombros. – ¿Hiciste las maletas ya? – Una limosna llegaba por ellos para llevarlos de regreso hasta Baker Street.

– Todo está hecho John, no hace falta absolutamente nada. Solo prepararnos para nuestro viaje. – Le susurraba al oído. – Que espero te resulte placentero.

Se sonrojaba el rubio y le guiaba hasta la limosina y entraban en ella, se recargaba en su hombro, cerrando ligeramente los ojos.

– Sherlock... Perdóname si estoy siendo muy preguntón... Pero ahora que somos esposos... ¿Seguiré ayudándote en los casos? – Refiriéndose por, que en muchas ocasiones tiene que poner su vida en riesgo, y aún así eso no le importaba.

Lo miraba con incredulidad. – ¿D-de verdad creías que...? – Hacia una pausa . – o acaso es que tú no quieres? Y-yo en verdad necesito tu ayuda.

El rubio alzaba ilusionado la mirada. – Por supuesto que sí!.. Solo que me refería... a que no quiero que me trates diferente, Sherlock. ¿Está bien?, Si es necesario correr tantos riesgos como sean, yo lo haré, y lo haré por ti. – Le tomaba de las manos mirando fijamente a sus orbes.

– Oh, por favor. Yo no haré eso. Conocí a "un John Watson" y es con el que quiero seguir. – Le tomaba la cara y se acercaba a besarlo.

Correspondía el beso, y después de una hora de viaje, habían llegado hasta la casa, lo tomaba de la mano y entraban a la casa, mientras se recostaba en el sofá grande y le estiraba las manos para que se sentará con él.

– Descansemos hasta que tengamos que partir.

– En realidad, tenía una sorpresa para ti. – Hacia una pausa y después soltaba. – Ya no tienes habitación.

– Q-que!... – Se sorprendía y se levantaba. – P-Porque!... – Subía las escaleras hacia su habitación y lo que se encontraba era... nada...

– Bueno, la segunda parte está en mi habitación John. – Se reía un poco al ver la reacción del doctor caminaban, o mejor dicho, John casi corría a la su habitación para encontrase con todas sus casa en ella, incluidos sus jumper en el armario. – ¿Acaso creías que aun necesitábamos dos habitaciones?

Este revisaba todo comenzando a reír. – Pero.. me gustaba mi colchón... – Decía con un puchero en broma y cerraba el armario, para después sentarse en la cama del pelinegro. – Está bien. Me gusta tu habitación de todas formas, y me gusta más dormir contigo, y de ahora en adelante... Me parece perfecto.

– Bien, entonces tomemos una siesta y luego nos vamos al aeropuerto. – Después de unas horas ya se encontraban en el avión que los llevaría a Viena.

Este miraba por la ventana mirando el paisaje de la hermosa ciudad. – Mira Sherlock! ya llegamos! – Le señalaba por la ventana toda la ciudad que se veía tan pequeñita desde donde estaban.

– Me gusta a vista John. – Sin apartar sus ojos de hombre rubio que tenía delante.

Llegaban por fin y comenzaban a bajar del avión, y eran transportados al hotel, con sus maletas y todo. Ya estando allí, el rubio se estriaba para aflojar sus músculos que con el viaje se habían tensado un poco.

– Dios! Por fin! – Lo abrazaba con dulzura– Estamos aqui.. De luna de Miel..

– Haha, te vez exhausto. ¿Quieres dormir? – Preguntaba sentándose en el borde la cama.

Le volteaba a ver y se acercaba a él colocando sus palmas en las mejillas del otro. – No.. ¿Tu quieres dormir? – Le propinaba un dulce beso en los labios

– En lo absoluto – Le respondía el beso.

El rubio lo tumbaba lentamente a la cama mientras se subía en el con cuidado y comenzaba a despojarlo lenta y cuidadosamente de la ropa. – Entonces aprovechemos el tiempo hasta que tengamos "sueño"

Sherlock le acariciaba los brazos suavemente mientras se dejaba hacer. – ¿Y qué tienes en mente?

– Bueno.. Que podemos hacer el amor toda la noche... Pero no sé si eso te parezca bien... – Comenzaba a pasar sus labios por el cuello del otro, acariciándolo lentamente y besándolo con ternura.

– Me parece perfecto John Watson de Holmes. – Decía con gracia, y jugueteaba con los botones de la camisa del otro, desabrochándolos uno a uno.

Su doctor seguía besándolo quitándole ya por completo su camisa, dejándole desnudo el torso y acariciándolo pasaba ahora hasta los labios del otro, besándolo lleno de amor y pasión. El detective le quitaba la camisa y acariciaba su espalda, llegando hasta su nuca, pasando sus dedos por los cabellos rubios .

– Oh, John.. te amo..

El rubio cerraba los ojos, disfrutando aquellas palabras, realmente le gustaba escucharlas de su amado, y nada más de él. – Dios.. Sherlock.. Yo también te amo.. No sabes cuando te amo.. – Posaba sus manos por debajo del vientre del pelinegro, sin bajar demasiado, y solo acariciando, hasta que lo sentía ya bastante excitado, comenzaba a desabotonar lentamente el pantalón, y bajando la cremallera igual. Disfrutaba cada movimiento del doctor el moreno, sin quitarle los ojos de encima y acariciando sus mejillas .

John comenzaba a bajar lentamente los bóxers del otro sonriendo y quitándose rápidamente su propia ropa para quedar igualmente desnudo, recostándose en la cama junto a él y comenzando a besarlo y a curiosear con sus manos todo el cuerpo del otro, pasando por su espalda, sus glúteos, aquellas piernas que le excitaban, su intimidad, el pecho... Todo lo recorría. El moreno en un movimiento rápido acortaba la poca distancia que había entre ellos con un beso, lo cual causaba que sus miembros se tocaran.

John de aquel placer soltaba un pequeño gemido y volteaba su mirada ante ambos miembros que ahora se encontraban juntos y comenzaba a moverse con cuidado, causando que ambos entre esos movimientos causasen fricción entre ellos, causándole gran placer a ambos.

Sherlock silenciaba sus gemidos con un beso, introduciendo su lengua en la boca del otro, pasando sus manos por su espalda y glúteos presionando. El rubio dejaba salir en cada beso un gemido ahogado, que se cruzaba con los que salían de la boca del otro, y entonces se apartaba un poco de Sherlock, recostándose ahora él de espaldas y empujándolo un poco para que subiera en él, y comenzaba a abrir las piernas con cuidado, para dejar en medio al pelinegro

Ahora el Esposo del rubio comenzaba besando su cuello e iba bajando poco a poco, pasando por sus pezones sensibles, su abdomen, su ombligo, y llega hasta su entrepierna, tomando el miembro erecto con sus manos y pasando su lengua por la punta.

John arqueaba un poco aferrándose a las sábanas de la cama con una mano y con la otra la llevaba a la cabeza del otro, acariciando sus hebras negras. Ante la reacción, se aventuraba lamiendo por completo y súbitamente metiéndolo a su boca con movimientos rítmicos.

– A-Ahh. – Gritaba mientras alzaba la mirada, pero el lo embriagaba con tanto deseo que solo cerraba los ojos apretándolos y mordisqueando su labio inferior. – Ah..Sherlock... Sigue.. Sigue... – Le revolvía los cabellos de tanto placer que le hacía sentir el otro. Sherlock Posaba sus manos sobre las caderas del otro, aumentaba el ritmo hasta que lo sentía temblar de placer y venirse en su boca. – Dios! – Gemía por última vez el rubio y después lo levantaba con un poco de fuerza tumbándolo boca arriba. Subiendo entre sus piernas y sentándose en la aún erecta intimidad del pelinegro.

Soltaba un gritó al sentirse dentro de un solo golpe en su ahora amante y esposo, y con embestidas fuertes y rítmicas, comenzaba a adentrarse en su estrecha entrada, Era un vaivén de pura sensualidad y pasión hasta que nuevamente el miembro del rubio volvía a despertar, haciendo que el moreno se diera cuenta y comenzara a masturbarlo de la misma forma en que él entraba en el otro. Hasta que ambos derramaron su semilla, uno dentro del cuerpo del rubio, y el otro entre ambos abdómenes.

Y así, su luna de miel había comenzado en aquella ciudad del amor.