Morgana siguió acercándose; en el momento en que su sombra tocó el cuerpo de los dos muchachos, Arthur sintió una fuerte quemazón allí por donde pasaba el espectro. Intentó retirarse, llevando consigo el cuerpo de su compañero, pero apenas tenía espacio en aquella terrible oscuridad.

"Vamos Merlin, tienes que ayudarme, no puedo hacer esto yo solo."

"Tienes que dejarle ir Arthur, es la única forma de salvarte." Morgana sonrió. El muchacho no comprendía como podía haberle engañado durante toda su vida. Había sido igual que una hermana, lo habían compartido todo y ahora estaba allí, dispuesta a matarlos. "Tu todavía puedes salvarte Arthur. No quiero hacerte daño, esto es algo personal entre Merlin y yo."

"Pues si quieres matarle a él, primero tendrás que matarme a mi."

Morgana se encogió de hombros; no se trataba de algo que le fuera a costar mucho hacer. No tenía un gran amor por Arthur, no era su hermano biológico, no tenían ninguna estrecha relación y ni siquiera se sentía como su amiga. Después de todo no iba a ser más que un daño colateral sin importancia. Pero sobretodo sería la gran destrucción de Uther, si su hijo moría, el rey no podría soportarlo.

"Supongo que eso puede arreglarse."

Morgana levantó la mano, apenas podía verla, porque no era más que un espectro, un reflejo de la verdadera bruja, pero su fuerza era completamente real. Arthur se estremeció al sentir la corriente eléctrica recorrer su cuerpo. No sabía que fuera tan fuerte, nunca había creído posible que Morgana fuera una bruja, pero tampoco hubiera pensado que Merlin tuviera magia. Sin duda había muchas cosas que desconocía, pero ahora no tenía tiempo para pensar en nada, si quería sacar a su compañero de allí y que los dos salieran vivos, tenía que hacerlo rápido.

"¡Morgana para!"

"¿Por qué? ¿Qué te da derecho a pedirme que pare? No eres mi hermano… bueno o al menos eso es lo que te crees, porque te voy a dar una noticia Arthur, Uther es mi padre, tanto como tuyo." El príncipe se quedó clavado en el sitio, miró a los ojos a la chica e intentó ver la mentira en ellos, pero no fue posible; por primera vez en toda su vida, estaba seguro que Morgana ,estaba diciendo al verdad.

"Eso no es posible."

"Pues parece que Uther te lleva ocultando cosas durante mucho tiempo Arthur." Dijo mientras siguió acercándose y la presión sobre su cuerpo se hizo todavía más grande. "No es el maravilloso padre que tu creías, seguro que ha hecho más cosas horribles de las que tu nunca te has enterado. Pobrecito, que ahora descubre que su querido papá, le ha mentido."

Morgana se echó a reír al ver la expresión de dolor en el rostro del muchacho. No estaba segura si se trataba de algo físico o solo del daño que le estaba provocando descubrir todas esas cosas sobre su padre.

"Arthur…" Merlin abrió los ojos. Al estar recostado sobre las piernas del príncipe, tan solo tuvo que levantar la mirada para mirarle a los ojos. Sonrió, como si de un niño se tratara, como si estuviera mirando a su hermano mayor y se sintiera seguro entre sus brazos pasara lo que pasara. "Todo va a salir bien."

"Eso debería decírtelo y yo a ti." Arthur también trató de sonreír, aunque no le fue nada fácil, no cuando sabía que los dos estaban a punto de morir en esa horrible pesadilla que Morgana había creado para ellos.

"Lo digo en serio Arthur, todo va a salir bien si confías en mi."

"Claro que confío en ti, con todas las veces que me has salvado la vida y después…"

"Entonces ayúdame a ponerme en pie."

"¿Cómo? ¡No! Merlin no puedes hacerlo, no puedes levantarte."

"Arthur por favor." Merlin acarició la mejilla de su compañero y sonrió levemente. "Has dicho que confías en mi. Por favor, Arthur necesito que me ayudes."

Se miraron un segundo, todo parecía haber desaparecido a su alrededor, nada importaba excepto ellos, ni Morgana, ni lo cerca que estaban cerca de morir, nada más que los ojos que se miraban con auténtica devoción.

"Muy bien."

"¿Merlin que estás haciendo?" Dijo Morgana acercándose todavía más a ellos. Los dos protestaron al sentir el dolor en su cuerpo cada vez más fuerte.

"Tu nunca lo entenderías." Con la ayuda de su compañero Merlin se puso en pie. Arthur no se separó de su lado, apretando su cuerpo al suyo, rodeó su cintura con fuerza y clavó su mirada en Morgana. "Nunca entenderías lo que se puede hacer por amor."

"¿Amor dices?" La bruja se echó a reír.

"Si, amor. Tu siempre has creído que eras una niña abandonada, una niña a la que nadie quería, a la que su padre había tirado a un lado. Pero ¿sabes que? El amor está más allá de padres, de familias o de sangre. El amor es algo que te obliga a hacer cosas que no creías posible, cosas que podrían costarte la vida, pero que haces sin dudar por las personas que realmente te importan. ¿Por quien estás haciendo tu esto, Morgana?"

Apenas lograba mantenerse en pie, pero estaba luchando por hacerlo, por seguir ahí, por estar al lado de Arthur y no rendirse, porque el príncipe no se rendiría nunca. Clavó su mirada de Morgana, todavía tenía la fuerza suficiente para hacerle creer que podría luchar contra ella y la bruja pareció convencerse de esa mentira. No se movió, no dio ningún paso atrás, pero clavó las uñas en la palma de su mano.

Arthur miró al joven mago, estaba temblando entre sus brazos, a punto de caer al suelo y se preguntó si conseguiría sobrevivir a ese combate con Morgana. No estaba seguro de poder seguir adelante sin él, no ahora, no cuando se había dado cuenta que estaba totalmente enamorado de su sirviente.

"¿Qué importa el amor cuando puedes tener todo el poder del mundo en tus manos?"

Merlin dio un paso hacia ella, a lo que Arthur tuvo que responder acercándose con él, si lo dejaba solo, las piernas le fallarían y caería al suelo irremediablemente.

"¿Y de que te sirve el poder cuando estás completamente sola?"

"¡Ya es suficiente! Es el momento de terminar con esto, porque tengo un reino que conquistar. Camelot será mío cuando termine con vosotros y aunque no lo podréis ver porque ya os habré matado, mi reinado empezará por fin, como hija de Uther Pendragon que soy."

Levantó la mano amenazante y sin esperar un segundo, lanzó un hechizo contra los dos. Todo ocurrió tan rápido que Arthur apenas pudo pararse a pensar en lo que había pasado. Cuando se dio cuenta, tenía la mano también extendida y estaba contraatacando, como si tuviera poderes, como si supiera cómo usar la magia. Absorbió la fuerza de la bruja, notó su poder recorrer su cuerpo como un torrente indescriptible.

"¡No!" Gritó ella. "¿Cómo es posible?"

"Ya te lo he dicho Morgana." Merlin se tambaleó, pero mantuvo la sonrisa en sus labios. "Siempre se trata del amor. La mayor fuerza que ha conocido el mundo, la magia más poderosa, que tu, con toda la magia que conoces, con todos los poderes oscuros que has ido guardando en tu interior, nunca conocerás."

"Eso es imposible."

Volvió a atacarles, pero de nuevo Arthur lo detuvo. Se movió con normalidad, sabía lo que estaba haciendo, al menos su cuerpo lo sabía y dejó que las cosas siguieran su curso. Lo que no se hubiera esperado nunca, fue sentir esa misma fuerza, luchando por salir de su cuerpo, el calor creciendo en su interior y la voz de Merlin en su cabeza.

"Se puedes hacerlo, vamos Arthur confía en mi una vez más y esto acabará pronto. No tengas miedo."

"No tengo miedo."

"Cierra los ojos y deja que la energía llene tu cuerpo. Siéntela y deja que se apodere de ti." Arthur se estremeció al sentirlo y en su mente, sintió que Merlin se reía. "Se que no es fácil, me no costó aprender a manejarlo y no es simple hacerlo en un momento. Pero puedes hacerlo."

Siguiendo las palabras de Merlin, Arthur respiró con fuerza y sintió que poco a poco la energía se apoderaba de él, levantó la mano, Morgana no se podía creer lo que estaba ocurriendo, Arthur no era un ser mágico, no disponía de magia para hacer nada parecido y Meriln…

"No puede ser." Dijo en un suspiro.

"Lo siento Morgana, pero Merlin tiene razón, todo es cuestión de las emociones, del amor y si tengo que elegir entre él y tu."

La oscuridad se inundó de luz, los ruidos desaparecieron y pronto no hubo nada allí. Arthur sintió que caía, que su cuerpo caía, pero no tenía miedo, todavía tenía el cuerpo de Merlin sostenido entre sus brazos y nada ni nadie haría que lo soltara. Pero Merlin no se movía, parecía uno de los muñecos que había tenido siendo un niño. Quería hablarle, decirle que todo saldría bien que volverían a casa, pero estaba agotado, no podía hacer o decir nada, los ojos le pesaban y por más que luchaba no pudo mantenerse despierto por más tiempo. Tan sólo esperaba que al despertar, su compañero estuviera bien.