Maquillaje

"Así que, ¿no puedes comer por tu cuenta?" Se sorprendió Camilla, observando cómo su vasalla más competitiva alimentaba a la otra.

"Miles cree que si hago esto hay una buena posibilidad de que vuelva a ser capaz de sentir." Explicó Beruka tras tragar el trozo de manzana que Selena le había acercado.

"Es divertido." Sonrió la pelirroja, cortando otro trozo. "Y, oye, Beruka. Hacer esto me ha hecho fijarme, y la verdad es que tienes unos bonitos labios. ¡Deberías probar a maquillarte un poco!" Animó guiñando un ojo.

"¿Maquillarme? No veo por qué querría hacer algo así. Es una completa pérdida de tiempo." Replicó la peliazul, neutra. Una de las buenas cosas que tenía ser como ella era que no les costaba a los demás saber que no pretendías ser hiriente. Simplemente, es así.

"Oh, cielos. Así no vas a gustarle a ningún hombre, querida." Advirtió la pelimorada, buscando unas cosas en el macuto que trajo consigo al salir del plano astral.

El rey contestó al mensajero, ordenando que fueran a Cykensia, un lugar neutral, en vez de regresar a la capital. Por ello, cogieron el camino sur, el cual estaba abrigado por unos bosques nevados. Se decía que en aquella zona había espíritus de la nieve, y eran parte de la cultura de la tribu del hielo. Era un lugar al que iban los jóvenes a demostrar su valía cuando querían ser reconocidos como adultos.

"Selena, tesoro, sujétala bien." Ordenó la princesa, sacando su kit de belleza. Beruka no logró escaparse a tiempo, y su compañera la había agarrado bien, con una llave que no le permitía ni resistirse.

Tal vez no llegó a ser del todo exacta cuando le contó a Miles su situación. Sí que era capaz de sentir algunas cosas. Por ejemplo, en aquel momento se encontraba molesta. No quería inmiscuirse con aquellas tonterías. Y sentía frustración, pues no iba a ser capaz de impedir que aquello sucediera. Pero cuando se trataba de emociones más significativas o importantes, nada…

"Y, ¡acabé!" Concluyó Camilla, apartándose para que Selena pudiera liberarla. Entonces le puso un espejo delante de Beruka, permitiéndole ver los resultados de cinco minutos de autocuidado.

"¿Qué… qué me habéis hecho?" Se asustó la peliazul, incapaz de creerse que aquella era ella.

"¿Pero qué? ¿Cómo puedes ser tan guapa? ¡No es justo!" Se quejó Selana, irritada. Ella había trabajado mucho su aspecto, e iba esa descuidada y estaba así de agraciada. Camilla se rió, posando su mano sobre las cabezas de sus vasallas.

"Las dos sois preciosas. Pero es una pena que no te maquilles más a menudo, Beruka. Estás arrebatadora." Se lamentó la princesa, acariciando la cabeza de la asesina.

Beruka agachó la cabeza, volviendo a mirarse en el espejo. Le habían despejado la frente con una horquilla y quitado la cinta. Habían realzado los colores de la cara y pintado los labios con un suave color rosado. No era capaz de reconocerse, y había algo aterrador en ello. Ver a Selena y Camilla sonreírle tanto la hizo comprender que la gente solía sonreír a quienes les gustaban. Y aquello la hizo sentirse ligeramente bien.

"Supongo. "Se limitó a contestar la asesina, devolviendo el espejo a su dueña.

"Creo que no has comprendido lo guapa que estás ahora. Deberíamos preguntarle a más gente." Sugirió Camilla, agarrándola por un brazo mientras se levantaba de la caravana.

"¡Buena idea!" Guiñó un ojo Selena, agarrándola por el otro brazo.

"¿Qué? ¡No! ¡Deteneos!" Se resistió Beruka, notándose incómoda por una razón que no logró poner en palabras. Al notar la sangre en su cabeza, se dio cuenta del tiempo que pasó desde la última vez que sintió vergüenza.

-O-O-O-

"Has sido tú quien me pidió esto, no yo." Regañé, cruzándome de brazos. Niles apretó los dientes, molesto.

"¡Es que me sale demasiado natural! ¡Me cuesta no hacerlo!" Se quejó el peliblanco, apartando la mirada. Silas suspiró mientras conducía nuestro carro. Estaba siendo un espectador en aquello.

"Venga, inténtalo de nuevo. Dile un cumplido a Peri." Ordené, inclinándome para observarlos de cerca. La peliazul esperaba de rodillas, ilusionada por lo que le fuera a decir.

"… Eh, oye, ¿te apetecería pasar un buen rato conmigo?" Preguntó el arquero, con una sonrisa tan sugerente como natural. Lo daría por caso perdido, pero conozco formas de extinguir esos hábitos. Muy… severas… todas ellas.

"Mal." Suspiré. "¿En serio no puedes decir diez palabras sin incluir algo grotesco o sexual?" Me enervé. Peri parpadeó muchas veces, sin abrir la boca. No comprendía lo que estábamos haciendo, y no entendía que era lo que decía mal Niles.

"¡Pero a mí me gusta lo grotesco!" Intervino la peliazul.

"No se trata de eso, Peri. Estamos intentado ayudarle a domar sus impulsos de ser… como suele ser." Dije, omitiendo 'borde', 'pervertido', 'abusón'…

"Mira de nuevo, Niles." Comencé, volviéndome a Peri, cercana a mí. Cuando cruzamos miradas me quedé paralizado: no se me ocurría nada que decirle que sintiera de verdad, aparte de '¿qué has matado hoy?'.

"Aún no he podido matar nada." Se quejó la mujer. Wops, he vuelto a hacerlo. "Aunque estoy intentando controlarme un poquito. Laslow me recordó lo que duele perder a tus seres queridos." Contó, entristeciendo el rostro y fingiendo lágrimas.

"Diría que me alegro por ti, pero debe ser duro para ti cambiar algo que te gusta tanto." Elogié, positivamente sorprendido. Ahora tenía algo que tratar con Laslow. ¿Cómo exactamente lo había hecho? Como psicólogo me interesaba.

"¡Gracias!" Sonrió alegremente Peri. Entones me volví a Niles, acabando el ejemplo de cómo se tiene una conversación normal con una mujer sin que tengas que sugerir nada indecente.

"Prueba tú ahora." Dirigí. Silas se volvió un poco, dignándose a ver el vigésimo intento del peliblanco por reformarse.

"Ese pelo… ¿te lo tiñes?" Pregunté Niles. Apreté el puño en regocijo, pues por fin había podido decir algo sin ser hiriente u ofensivo.

"¡Sí! Me gustan las puntas rosas, ¡me recuerdan a mi madre!" Contó Peri, acariciándose una de sus coletas.

"Conozco a unas cuantas personas que tendrían un enfermizo fetiche con tu pelo." Sonrió Niles cerrando los ojos. Era verdad, uno de sus viejos conocidos de su antigua banda de ladrones le encantaba coger mechones de pelo de mujer para hacer cosas indecentes con ello.

Me di una palmada en la frente, exasperado.

"¿Qué es un fetiche?" Preguntó Peri, curiosa.

"Es cuando alguien quiere-"

"¡No hace falta que se lo expliques, Niles!" Interrumpí, salvando la 'inocencia' de Peri, y muy probablemente a Niles por decir una cosa tan horrible.

"¡Uoo! ¡¿E-eres tú, Beruka?!" Preguntó alarmado Silas, abriendo mucho los ojos, siguiendo a las mujeres que dieron la vuelta al carromato para entrar por detrás.

Camilla y Selena habían estado arrastrando a Beruka contra su voluntad, exhibiéndola maquillada. Yo tampoco me podía creer que fuera ella. Parecía una muñeca, preciosa. Me sentí horrorizado, no por ella, sino por comprender el poder que tiene el maquillaje. Es capaz de hacer ver a la gente tan diferente…

Niles se quedó observándola un rato, en silencio. Peri intercambió sitio con Silas, permitiendo al caballero entrar al carromato. Le di un codazo a Niles, animándole a probar su casi 'perfeccionada' manera de hablar. Éste se volvió a mí, molesto, pero enseguida comprendió lo que quería.

"… Estás diferente, Beruka." Logró decir. Fue a seguir, pero al notar la sonrisa que ponía cuando decía groserías le tapé la boca.

"Te sienta muy bien el maquillaje." Le interrumpí, manteniendo mi agarre sobre él. Me llegó a morder el dedo, por lo que le solté, asustado.

"¡Deberías maquillarte más a menudo! ¡Estás guapísima!" Elogió Silas, eclipsando mis lamentos al airear la mano y al molesto Niles, quien se cruzó de brazos. Camilla me observó, riéndose de mis payasadas exageradas.

"… Gracias." Dijo la peliazul, algo sonrojada. Cielos, no pensé que podría ser tan tierna. Muy probablemente no se sintiera así por dentro, pero era innegable que su timidez era uno de sus encantos.

"La señora Camilla es una maestra del maquillaje." Reconoció Selena, algo fastidiada de reconocer que alguien la superaba en ello. Me reí para mis adentros, pues para saber maquillar, ya era bastante guapa sin nada encima. Ya la vi aquella mañana en el baño, con la cara echa un desastre.

Noté la mirada de la princesa, alterándome notablemente. Quiero decir, no he tenido muchas veces aquel problema. Enamorarse era un gran problema, pues implicaba que necesitabas de otra persona para ser feliz.

"Miles, ¿puedo hablar contigo un momento?" Me pidió Camilla, guiándome al exterior. No podía decirle que no, pues le prometí que la ayudaría siempre que lo necesitara. Porras.

Niles volvió a intentar disculparse con Camilla, pero siempre estaba yo para interferir. Disculpas. Estaba irritado, y cuando estaba así disfrutaba de hacer sufrir a quien se lo mereciera. Y no sabía de ninguna penuria por parte de Silas o Selena.

Fue a abrir la boca, pero entonces recordó la razón por la que vino a verme. Quería cambiar. Y lo que estaba por hacer era algo que solía hacer el viejo Niles. No le apetecía seguir allí, por lo que fue a llevarse sus toxicidades a otra parte.

Selena le siguió con la mirada, algo preocupada. No comprendía por qué se había irritado tanto, pero no solía salir nada bueno de cuando eso sucedía.

"Silas, cuídamela." Pidió la pelirroja persiguiendo al compañero de Odin.

"¿Eh? Oh, claro." Asintió el caballero, quien no le quitaba ojo de encima a Beruka.

"¿Por qué me miras tanto? Es molesto." Dijo la peliazul, desviando la mirada.

"Es que estás muy bella, así que sería una lástima que no aprovechara ahora para grabarme ésta imagen en la mente." Sonrió el moreno grisáceo, prestándole atención minuciosamente.

Beruka se revolvió en el sitio. Estaba agobiándose con aquello. Ella no quería estar guapa, no le importaba. Y no estaba acostumbrada a recibir tanta atención, por lo que se sentía incómoda.

"Si te estoy incomodando, te ruego que me lo hagas saber." Se detuvo Silas, notando su expresión molesta.

"Me estás incomodando." Asintió Beruka, algo más tranquila. Silas se volvió a regañadientes, apartando sus ojos de ella.

Siguieron un rato más en silencio. A Silas le resultó incómodo, pero Beruka volvió a estar tranquila. Dentro de ella surgió un nuevo conflicto. Algo que nunca había estado ahí. Se sentía cómoda al ser ignorada, pero muy un poco placentero ser atendida. No quería, pero a la vez también. Y Silas había respetado sus deseos pese a ser algo que no quería. Tal vez no estuviera tan mal maquillarse… aunque no volvería a suceder jamás.

-O-O-O-

"Como me complacería poder decirle a Flora esto." Mencionó Felicia, sentada junto a Corrin en el carro en el que habían estado Camilla y sus vasallas.

"La verdad es que va a ser raro contarle que ahora tú y yo estamos juntos." Asintió el príncipe, imaginándose la clase de reacción que tendría le hermana de la sirvienta.

"Se quedará boquiabierta y para controlarse invocará una ventisca." Se rió la pelirosa, visualizando a la perfección el porvenir.

"¡¿Eh?! ¡¿Que estáis juntos?! ¿Cómo pareja?" Se alarmó una voz detrás de ellos. La pareja se volvió, con el corazón en un puño. Habían sido descubiertos.

Elise salió de su escondite, apartando las sábanas bajo las que se había enterrado para obtener una victoria abismal en el escondite contra Arthur y Mozu. Con la última cura que realizó sobre su hombro ya estaba recuperada y libre para jugar cuanto quisiera.

"¿Señorita Elise?" Se sonrojó Felicia, notando la adrenalina atacarla.

"¡Elise! ¿Estabas escuchando justo ahora?" Se asustó Corrin, sin saber cómo explicar aquello.

"¡Sí!" Sonrió la princesa. "¡Es fabuloso! ¡Ahora te podré llamar hermana, Felicia!" Se alegró ésta dándole un abrazo a la pelirosa desde detrás.

"¿Eh? ¿Eh?" Se paralizó Felicia, sin saber cómo responder a aquello.

"¿Te parece bien?" Preguntó Corrin con los ojos bien abiertos y acalorado.

"¿Que si me parece bien? ¡Me parece genial! ¡Hacéis muy buena pareja!" Animó la rubia, abrazando ahora a Corrin. Felicia le miró, aturdida, en busca de algo que pudiera usar para otorgar a aquella escena sentido.

"Pero, ¿no te opones?" Volvió a preguntar Corrin. Como dijo Felicia cuando sucedió todo aquello, no era esperable de un príncipe y su sirvienta que intimasen, y aquella realidad solía encontrar mucha oposición, por lo que una hermana pequeña alegrándose por ti es lo último que se podía esperar uno.

"¿Cómo me iba a interponer entre vosotros dos? ¡Somos libres de elegir con quién queremos estar! Aunque el pobre Xander es el único al que le obligan a tener cuidado con sus decisiones, por lo de ser heredero al trono." Se entristeció Elise por su hermano.

"No sabes cuánto me alivia tener tu bendición." Suspiró el peliblanco, soltando a su hermana. "Pero, por favor, no se lo digas a nadie todavía. No me imagino cómo reaccionaría Camilla." Se temió Corrin. Al principio, Felicia se molestó con que quisiera ocultarlo, pero tras la aparición del nombre de la princesa mayor, cambió muy rápidamente de parecer.

"De ser posible, preferiría hablar yo misma con ella." Anunció la sirvienta, decidiendo enfrentarse al mayor obstáculo presente por el momento.

"¡Como queráis! ¡No se lo diré a nadie!" Aceptó Elise.

"¡Os encontré, señorita Elise!" Cazó Arthur junto a ellos, iniciando su carrera para capturar a la princesa en el punto que habían designado de control. Tuvo muchas dificultades, pues al correr camino abajo, los caballos se ponían en medio, intentando esquivarle, pero logrando los resultados opuestos.

"¡Oh, no! ¡Tengo que irme! ¡Hasta luego!" Se despidió la pequeña saliendo por la parte trasera del carromato.

Un silencio de calma ocupó el lugar que abandonó la Elise. Felicia se sintió incómoda, pues aunque tenía sus motivos, no estaba segura.

"Corrin… ¿no te avergüenzas de mí?" Preguntó Felicia, con la cabeza baja.

"¿Qué? ¿Cómo iba a hacerlo?" Se extrañó el peliblanco, alterado. "Estoy dispuesto a enfrentarme a quien quiera que se oponga entre nosotros, Felicia. No consentiré que te separen de mí." Susurró, sonrojándose un poco.

Felicia se quedó más aliviada al escuchar aquellas palabras, logrando soltar un suspiro. Le dio un beso en la mejilla al conductor del carromato, pillándole desprevenido.

"Te quiero, Corrin." Le sonrió la pelirosa dándole un abrazo después. Corrin se puso nervioso de que les vieran, pero como si en su mente aún resonaran sus propias palabras, aceptó que las cosas serían así sin importar quien estuviera observándolos.

"Y yo a ti, Felicia." Entonces hubo una cosa que le pareció digna de convertir en tema de conversación. "¿No te parece que los besos son extraños?" Planteó, refiriéndose a lo raro y cálido que se sintió recibir aquel pequeño besito.

"No." Negó la sirvienta sacudiendo la cabeza. "No sabes la de tiempo que he anhelado poder posar mis labios sobre ti." Confesó ésta, sonrojándose mientras acomodaba su cabeza sobre Corrin.

"¿En serio? Oh, lo siento." Volvió a disculparse. Si tan solo lo hubiera sabido antes… no habría tenido que sufrir aquella espera.

"De todos modos tú me robaste el primero." Recordó Felicia, sonriente. Corrin se enrojeció como un tomate nada más de recordarlo.

"Eh, l-lo siento, er, yo no… esto…" Se mareó el príncipe. Felicia le acarició la cabeza, tranquilizándole.

"Está bien, mi querido Corrin. Pero que sepas que no te vas a librar de que yo te robe uno cuando menos te lo esperes." Sonrió la sirvienta, notándose pícara por primera vez. Ella no solía hacer aquello, pero cuando estaba con Corrin, se sentía fuerte, sin miedo.

"¿Eh?" Se alarmó Corrin, volviéndose a ella. Nada más hacerlo, se cumplió la profecía. Fue un beso tímido, como el que él dio, pero mágico como ningún otro. Felicia se rió discretamente.

"Ahora estamos a mano." Se vengó ésta, sabiendo que sin necesidad de una provocación volvería a hacerlo.

Después comenzaron a discutir sobre aquello mismo, pues a Corrin le había parecido que ella duró un par de segundos más. Fuera cierto o no, quedaba inaugurada la guerra de los besos: una batalla secreta en la que las heridas de batalla eran caricias y las estocadas besos progresivamente apasionados.

-O-O-O-

"Eh, Niles. ¿Qué te ocurre?" Preguntó la pelirroja, alcanzando al peliblanco moreno que había comenzado a perseguir la carroza de los wyverns.

"¿Selena? ¿Por qué me estás persiguiendo?" Se molestó el arquero, sin dignarse a volverse con quien hablaba.

"Cuando te has ido parecías con ganas de cargarte a alguien, así que quería asegurarme de que no lo hacías." Explicó ésta, manteniendo las distancias.

"¿Oh? ¿Y quién te dice que la víctima no seas tú?" Provocó Niles, acortando distancias. Selena se quedó quieta en el sitio, sin alarmarse.

"Mi intuición. No eres la clase de persona que pueda hacer lo que sugieres, monstruo." Replicó la vasalla, asqueada de la insinuación de ser tomada.

"¿Qué te hace pensar eso?" Preguntó Niles, serio.

"Que eres amigo de Odin, y si eres capaz de serlo, será porque no eres tan malo como te esfuerzas por aparentar." Contestó Selena, cruzándose de brazos con una sonrisa orgullosa. Niles cerró los ojos, fastidiado.

"¿Qué vas a conocerme tú?" Apartó la vista el arquero, harto de mantener aquella conversación.

"Yo también sé lo que es ser menospreciada." Comenzó Selena, alzando la vista a las nubes blancas. Aquel comienzo captó la atención de Niles. "Mi madre era perfecta en todo lo que se propusiera, y al ser su hija, esperaban grandes cosas de mí. Pero yo solo soy humana, no puedo llegar a su nivel." Suspiró, cansada solo de recordar la frustración que sentía.

"Mi irritaba tanto que los demás se decepcionaran de mí por estar comparándome constantemente que me convertí en una imbécil que alejaba a todos de sí a base de insultos y malos tratos." Prosiguió, con una pequeña sonrisa, reflejo del orgullo que sentía de haber superado aquello.

"Así que discúlpame si creo conocerte cuando te veo hacer lo mismo que yo." Concluyó la pelirroja.

"¿Por qué iba a sentirme yo menospreciado?" Replicó Niles, dando a entender que no tenía nada que ver con su caso.

"Porque eres un cerdo al hablar con las mujeres y un capullo con los hombres. Es normal que te desprecien así." Apuntilló Selena, cogiendo una estaca y clavándola en la llaga. Niles no tuvo palabras para devolver, pues le había calado.

"Además, por eso fuiste a pedirle ayuda a Miles, ¿no?" Añadió la mujer, complacida con su propia inteligencia.

"Tch." Maldijo Niles mientras se alejaba malhumorado, con las manos en los bolsillos.

Selena le vio alejarse, divertida. Entendía por qué era amigo de Odin. Aun cuando ella fue tan ofensiva e irritante con él cuando se conocieron, él siempre fue amable y considerado con ella. A Niles debía pasarle igual, y si todavía eran amigos, es señal de que el peliblanco es un incomprendido.

-O-O-O-

"¡¿Qué has devorado una montaña de un solo bocado?!" Desencajó la boca Odin. "¡Pues yo, Finalizador de Mundos, he hecho desaparecer un continente con una sola mano!" Proclamó, picado a crearse la leyenda más impresionante.

"Eh, eso no es verdad, Odin. Yo como comida normal." Se intentó explicar Benny.

"Eso no fue lo que me dijo Elise." Replicó Effie, sentada con ellos. "También he escuchado que has parado un mulo bravo con una sola mano." Añadió, recordando lo que le dijo Selena. Aunque no se acordaba bien de si lo estaba negando o afirmando.

"¡¿Cómo?!" Estalló el hechicero, ardiendo en rivalidad.

"Oh, ese rumor debió ser el que surgió de cuando ayudé a un pastor a bajar a una vaca de un saliente." Recordó el gigante, rascándose la barbilla.

"¡Ja! Eso no es nada. ¡Yo he tenido entre mis manos la cabeza de un dragón! ¡Y no cualquiera, era el Dragón Caído, Grima, resurrecto de las tinieblas!" Intentó competir Odin, apretando su mano como si pudiera recordar lo inquietantemente grandes que eran sus escamas.

"¿No decían que domaste un dragón cuando eras pequeño?" Intervino Effie, divirtiéndose a costa de los chicos con un poco de invención por su parte. Eran órdenes de Elise: pasar un buen rato.

-O-O-O-

"Hola, mi muy apuesto señor Laslow. ¿Tenéis hambre?" Preguntó Charlotte, ocultando detrás de su espalda la fiambrera en la que tan delicioso aperitivo había preparado. Con aquella posición, además, realzaba sus pechos, dejando ver bien su escote.

"La verdad es que podría tomarme algo, sí. ¿Por qué lo decías, bella Charlotte?" Preguntó el hombre apartando la espada que cuidaba.

"Hee hee, ¿os complacería entonces tomar éste plato que he preparado?" Ofreció la rubia, sacando la fiambrera.

"¡Claro! ¡Estaría muy agradecido! ¡Seguro que está delicioso!" Se animó Laslow comenzando a probar los filetes.

"Espero que sea de tu agrado." Se preocupó Charlotte, inclinándose levemente hacia él.

"¡Está de muerte! Aunque no debería sorprenderme. Una mujer tan guapa debe tener muchos talentos." Elogió el moreno, poniendo su sonrisa encantadora.

"Oh, parad." Se sonrojó la rubia recuperando su posición habitual. Que extraño, no le había visto mirarle sus pechos. Probó a acercarse a él, provocativa.

"Dejadme compensároslo. ¿Puedo ofreceros una taza de té?" Intentó el hombre, sin importarle el contacto que había estado aplicando la mujer sobre él.

"¿Eh? ¿Ahora?" Se achantó Charlotte, desconcertada. "Lo cierto es que tengo otros compromisos que atender. Así que si me disculpas…" Dijo la rubia retirándose de la caravana del armamento.

Al salir chitó la lengua, irritada. Pero también estuvo confusa.

"No me he tenido ni que esforzar. Si lo hace tan fácil, pierde la diversión que podía tener engañarle." Se lamentó, buscando algún otro hombre con el que pudiera jugar un rato.

-O-O-O-

Ya era mediodía, y casi habíamos llegado a Cyrkensia, la ciudad festiva. El cielo se había medio despejado, y Camilla me llevó a una caravana a solas. Imaginaos, después de darme cuenta de que lo que sentía por ella no era algo sencillo, los problemas que debía estar teniendo mi corazón al estar con ella a solas. Mi mente volaba, pero mi responsabilidad hizo de cazador, manteniendo mis pies en su sitio.

"¿Qué voy a hacer, Miles? Es muy probable que tenga que presentarme ante padre cuando lleguemos, pero no sería capaz de hacerlo sin desmoronarme." Me preguntó Camilla, llevándose la mano al pecho y apretando los labios.

"No le veas." Contesté. Las soluciones sencillas eran las mejores. "Intenta excusarte con asesorar la seguridad personalmente, o cosas por el estilo. Y… si realmente necesitas una excusa…" No, Miles, detente. No digas lo que vas a decir. "Podrías excusarte diciendo que estarás conmigo." No creo haber tenido nunca tanta sangre en la cabeza.

Afortunadamente, Camilla había estado distraída por la dificultad del tema, por no hablar de que comenzó a plantearse la primera opción que le di, haciendo oídos sordos a la segunda.

"Perdón, ¿qué más has dicho?" Se disculpó, sonriente. Debía haberlo encontrado como buena idea. Lástima que no hubiera sido la segunda… contrólate, Miles…

"N-nada. No es nada." Repuse, apartando la mirada, nervioso como nunca. Camilla comenzó a aproximarse a mí, poniéndome cada vez más nervioso.

"¿Otra vez con tus secretos? Sí que te gusta ocultar cosas, ¿eh?" Me regañó, inclinándose levemente hacia mí, pero lo suficiente como para que bajar un poco la mirada supusiera una amenaza para mi compostura. Cerré los ojos como escape de emergencia.

"Perdona. Si quieres te digo lo que era, aunque fuera una tontería." Me disculpé, atrapado.

"Está bien." Me sonrió, sentándose a mi lado. "Permitirte tener secretos es lo mínimo que puedo hacer con lo mucho que me estás ayudando." Me concedió, apoyándose ligeramente sobre mí.

"… ¿En serio? ¿Tanto te he ayudado?" Repetí, con un extraño sentimiento dentro de mí. ¿Qué era? ¿Orgullo? No. ¿Satisfacción? Tampoco. … Era algo cálido.

"Claro." Me sonrió, pasando su brazo sobre mí e inclinándome hacia ella. "De no ser por ti no habría salido del cuarto de baño en toda la mañana. Y aún seguiría creyéndome lo de ser un monstruo." Me contó, apretándome cada vez más. "Gracias." Me volvió a repetir. Escuchar aquellas palabras con su voz resucitó en mis memorias el momento en el que caí por ella.

Se me hizo un nudo en la garganta que me impidió hablar. Camilla se extrañó de que no contestara, por lo que se separó de mí y comenzó a chicharme paseando su dedo por mi cara.

"¿Por qué te has quedado tan callado? ¿Teniendo segundos pensamientos?" Me provocó, juguetona. No era mentira.

"Te diría que no, pero, ¿me creerías?" Le pregunté, con una sonrisa cómplice.

"¡No!" Se rió, mostrándome hasta qué punto me había calado. Debía ser duro para Felicia soportar estar enamorada. Cada tres pensamientos míos sobre algo que decir, dos eran 'me gustas'. Ahora sabía lo que era querer abrazar a alguien, además de otras cosas… y cómo me gustaba su risa…

Apoyándose en mí, Camilla estiró las piernas sobre los asientos, comenzando a bordar una tela negra que estaba empezada. Saqué un libro y fingí leer mientras disfrutaba de su compañía. Maldición… incluso disfrutaba aquellos ratos en silencio… maldición…

Al poco rato, la princesa comenzó a tararear la canción que tanto cantaba Azura, con una sonrisa en sus labios. Aquello llevó mis pensamientos de vuelta a la gran empresa que debía afrontar.

Corrin quería la paz con Hoshido para poder aceptar su familia de sangre. Camilla quería detener a su padre el loco. Elise probablemente quisiera un mundo donde pudiera jugar con quien fuera, independientemente de su nacionalidad. Los príncipes Leo y Xander aún no me habían dado pistas de sus sentimientos al respecto, pero, fueran cuales fueran, sería mi misión definitiva llevarles a querer hacer lo que sintieran correcto, les pusiera aquello como mis enemigos o como mis amigos.

Y luego estaba lo de Anankos. Odin, Laslow y Selena sabían algo, al igual que Azura. Había una maldición que les impedía decir nada. Sería una maldición puesta por Anankos. Tal vez por esa maldición nadie sepa de dónde es ese dragón. Luego es una maldición que impide hablar de ese lugar. ¿Cómo se llega allí?

Le di vueltas y vueltas a aquella pregunta, sin éxito.

"Hay que ver lo concentrado que estás en la lectura." Mencionó Camilla, asomándose de tal forma que casi se tumbaba sobre mí. Miles, cierra los ojos. Hay una perspectiva que debes perderte.

"No estaba leyendo. Estaba pensando en unas locuras mías." Resoplé, notándola alarmantemente cerca de mí.

"¿Me las contarás alguna vez, o seguirás siendo siempre esa caja de secretos que eres?" Me preguntó la pelimorada, sonriente, intentando comprar mis secretos con su encanto. Casi funcionó.

"Me encantaría contártelo, pero creo que el destino me aguarda una mejor ocasión para ello." Sonreí, enigmático. Camilla alzó las cejas y entrecerró los ojos.

"Si lo dices de ese modo solo logras que quiera enterarme más." Me contó la princesa, apartándose de mí. Entonces, me levanté, esquivando una abrazo que pretendía sofocarme para sacarme mi historia. "No podrás escapar, mi querido Miles." Sonrió la princesa, bloqueándome la salida.

No quería escapar, precisamente, pero mis labios permanecerían sellados al respecto. Retrocedí hacia atrás hasta que la lástima que le di de ser acorralado logró hacer que se apiadara, limitándose a resoplar mientras me agarraba y me obligaba a reposar sobre sus piernas.

"Al parecer soy yo quien está trabajando duro para ganarse tu confianza." Suspiró, recordando como su orgullo la llevó a decirme aquellas palabras cuando nos conocimos. Guardé silencio, pues de hablar, la habría contradicho, diciendo que no podía estar más equivocada.

"Lo siento. Soy un tanto tímido." Mencioné, recordando lo mucho que me alteraban las mujeres guapas.

"Ciertamente. Nunca se me había resistido tanto un hombre en confiar en mí." Me contó sonriente, comenzando a acariciarme el pelo. No sé por qué, pero mi mente solo procesó 'nunca se me había resistido tanto un hombre', ya que aquella combinación me permitía derivar que estaba interesada en mí como a mí me interesaba que estuviera, permitiéndome fantasear un buen rato mientras disfrutaba de caricias.

Por supuesto, no era iluso. Sabía lo que había dicho, pero me de ilusión se vive.

¿Podía estar en un lugar mejor? Lo dudo.

Oh, y tuve que mantener los ojos cerrados, pues de abrirlos, algo me impediría ver el rostro de Camilla. Ya me entendéis. Sí que eran problemáticos sus pechos, cielos.

Una vez me quitó las gafas, decidiendo probárselas. Como mi nariz era más grande que la de ella, se le caían un poco, pero pareció encontrar aquello interesante. Después comenzó a chincharme, diciéndome que no me las devolvería, obligándome a decir cosas extrañas y vergonzosas para que se apiadara.

No creo haber dicho nunca 'cantaré con un vaso de cerezas'. Por alguna razón, Camilla lo encontró muy divertido, y lo que era divertido para ella, era recompensante para mí, pues me permitía oír su risa, agravando así mi gusto por las cosas aleatorias.

-O-O-O-

Ale, otro hecho. Siguiente: Cyrkensia. Muy probablemente. ¿Hasta dónde? Depende de cuánto me lleve el prefacio.

Oh, y, ey, escenas cortas. Cómo se nota que éste es un capítulo de transición. U.U ... Echaba de menos escenas suaves y sencillitas. *Llorar de alegría*

Se aprecia el feedback. *Guiño neutro, guiño neutro* *Codo sin intención, codo sin intención*