Disclaimer: Digimon no me pertenece, yo solo escribo por afición y sin ánimo de lucro.
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.~· Si la esperanza desaparece ·~.
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"Comienza a manifestarse la madurez cuando sentimos que nuestra preocupación es mayor por los demás que por nosotros mismos".
Albert Einstein
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Capítulo 14
Una gélida caricia
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Tai bostezó sonoramente y se rascó la cabeza, después se estiró sintiendo que estaba más cansado que cuando se fue a dormir la noche anterior. No había descansado apenas esa noche, las imágenes del día anterior se repetían en su cabeza sin dejarle descanso. Necesitaba ver a su hermana para quedarse más tranquilo, además de que la chica aún le debía una explicación. Ella había dicho que sabía lo que le había sucedido y era la única. Ni siquiera los médicos entendían nada. Eso solo hacía que pensase que aquello había tenido relación con la oscuridad.
No queriendo darle más vueltas al asunto, Tai se apresuró a despertar a sus padres. Aunque fuera temprano quería ir ya al hospital, no quería que Kari se despertase estando sola. Se vistieron y se dirigieron a la puerta en silencio, porque ninguno tenía ganas de hablar del día anterior pero si abrían la boca ese tema no podría ser evitado.
Cuando salieron al pasillo se encontraron con Sora, que dormitaba sentada con la espalda apoyada en la pared. La chica se sobresaltó al escuchar la puerta abrirse y se acercó a ellos sonriendo.
-¡Buenos días! -saludó rascándose un ojo.
-Sora, cariño, ¿qué haces tan pronto aquí? -preguntó Yuuko preocupada.
-Verás, es que quería ir al hospital con vosotros pero no quería despertaros, llevo aquí unos veinte minutos.
-Deberías haber llamado, luego dices que yo soy tonto -dijo Tai sonriéndole.
La pelirroja se encogió de hombros devolviéndole la sonrisa. Retomaron su camino, cogieron el coche y se dirigieron al hospital. Llegaron bastante pronto porque no había tráfico y apenas había gente por el edificio. Pensaron que Kari seguramente seguiría dormida, además de que le habían dado somníferos la noche anterior, pero se iban a asomar a su habitación por si acaso.
Tai llegó el primero a la puerta, muy animado la abrió y miró al interior. La sonrisa se congeló en su rostro para después perderse por completo cuando se dio cuenta de que la estancia estaba vacía. ¿Dónde estaba Kari?
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La portadora de la luz se despertó bruscamente. Miró a su alrededor y suspiró aliviada al darse cuenta de que estaba en su cama del hospital. Gatomon y Patamon dormían a su lado plácidamente. Y eso la relajó un poco. Hasta que recordó la razón por la que su corazón estaba tan acelerado. Ya sabía qué hacer.
-¡Gatomon! ¡Patamon! ¡Despertad! -les pidió mientras los zarandeaba.
Ellos abrieron los ojos, repentinamente asustados, y buscaron la razón de la brusquedad de la chica, pero no hallaron nada extraño en la estancia.
-¿Qué pasa? -preguntó el digimon naranja.
-Ya sé llegar al Mar Oscuro.
Los dos se miraron entre ellos, impresionados y asustados por sus palabras. Asintieron con la cabeza unos instantes después, decididos a lo que tenían que hacer. La castaña sonrió agradecida y después se levantó rápidamente. Entonces se dio cuenta de que tenía cables enganchados a su cuerpo, de que una aguja se clavaba en su antebrazo y de que unas vendas le aprisionaban la cabeza.
Ante la mirada estupefacta de sus amigos, la chica se arrancó sin ningún miramiento la aguja y los demás cables. Se quitó la venda de la cabeza, dejándola sobre la cama, y también una tirita que tenía en la mejilla. Así quedaron al descubierto las heridas que había sufrido en el accidente.
Después buscó por la habitación y sonrió aliviada al encontrar su mochila en una esquina. No tenía ropa, así que tendría que irse con la bata del hospital. Se preguntó dónde habrían dejado lo que llevaba el día anterior y supuso que estaría en la lavandería o que su madre se lo habría llevado. Se puso la chaqueta por encima para disimular un poco su vestimenta. Se colgó la mochila en los hombros y después miró a Gatomon.
-Tenemos que salir por la ventana, no me van a dejar irme si me ven.
Su compañera asintió con la cabeza. Se encaramó al alféizar y aguardó a que su protegida que agarrase a ella. Después saltó hacia el árbol que había enfrente, mientras Patamon las seguía volando. Algunas pequeñas ramas rasparon a Kari en las piernas, pero ignoró el escozor y se agarró al tronco del árbol. Después descendió poco a poco y saltó al suelo a un metro de distancia.
Abrió la mochila y sacó su teléfono y su cartera. Después instó a los digimons a que se apretujaran en el interior. No entraban así que dejó sus libros de texto y libretas en el suelo, tampoco es que la escuela tuviera alguna relevancia para ella en ese momento. Llamó a un taxi, pidiendo que la recogiera a la vuelta de la esquina, y salió del recinto del hospital con cuidado de no ser vista. Lo bueno era que era tan temprano que no había nadie por allí.
Pronto, un vehículo blanco llegó por la carretera y la joven se apresuró a entrar. Dejó la mochila en su regazo y se puso el cinturón, después pidió al taxista que la llevase a una calle cercana a su casa.
-Chica, ¿qué haces tan temprano tú sola? -preguntó el hombre.
-Eh... Es que he pasado la noche en el hospital porque estaba visitando a una amiga y quiero ir a casa a darme una ducha -mintió Kari.
El taxista pareció satisfecho con la respuesta, aunque ella estaba convencida de que había mentido fatal. Era algo que ella nunca hacía, siempre trataba de decir la verdad y las pocas veces que mentía era por una buena causa. Por eso casi todo el mundo solía creerle siempre, al único al que nunca engañaba era a T.K. Al recordar a su mejor amigo de nuevo se vio invadida por la melancolía. T.K... ¿Estaría bien?
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Tai entró precipitadamente en la habitación y se asomó al baño por si encontraba allí a su hermana, pero no había ni rastro de ella. Tampoco estaban sus efectos personales ni los digimons. La cama estaba deshecha, lo que significaba que quizás las enfermeras no habían pasado por allí desde que la habitación había quedado vacía.
-¿Dónde está Kari? -preguntó inquieta Yuuko.
Su marido se apresuró a quitarle importancia a aquel hecho y se fue para buscar a algún doctor o enfermera, aunque en realidad parecía tan nervioso como los demás por que su hija no estuviera allí.
-Tal vez le han cambiado de habitación -dijo Sora, aunque no muy convencida.
Tai intercambió una mirada de inquietud con la pelirroja, algo le decía que Kari había salido por sus propios pies de allí y que no había avisado a nadie por alguna razón. La angustia no tardó en invadirle, pero trató de serenarse y se sentó en la cama que había ocupado su hermana. Dio pequeños golpes con el pie incesantemente mientras aguardaban a que su padre volviera. Debería haberlo acompañado, nunca se le había dado bien esperar.
Entonces se escucharon pasos retumbar en el pasillo, de al menos tres personas, y Susumu apareció en la puerta seguido de dos enfermeras. Las mujeres observaron con asombro la cama vacía sobre la que Tai estaba sentado mientras negaban con la cabeza.
-Llama al doctor -le dijo por lo bajo una a la otra, aunque todos pudieron escucharla.
Durante varios minutos estuvieron aguardando la llegada del médico, las enfermeras no quisieron decirles nada y eso los exasperaba por momentos. Cuando el castaño ya iba a salir por la puerta para buscar él mismo al doctor, este se asomó a la habitación. Era el mismo hombre que el día anterior le había negado con la cabeza cuando creían que Kari ya no despertaría.
-¿Dónde está mi hija? -exigió saber Yuuko.
-Verá... No lo sabemos. Nadie le ha dado el alta, y en la ronda de hace una hora la señorita Yagami dormía en su cama tranquilamente...
-¡¿Que no lo saben?! ¡¿Qué clase de incompetentes son ustedes?! -se enfureció Susumu.
Tai dejó de prestar atención, ni siquiera se enfadó con los médicos porque sabía que no era culpa suya. Volvió a cruzar una mirada con Sora. El nerviosismo que sus ojos cobrizos reflejaban le aseguraron que había pensado lo mismo que él. Kari estaba actuando, estaba haciendo algo, y los había excluido a todos.
Tenían que encontrarla.
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Gatomon y Patamon se revolvieron un poco en la mochila. Kari los reprendió en un susurro, aunque comprendía que debían estar bastante incómodos. Por fin llegaron al lugar, pagó al taxista que seguía mirándola algo desconfiado, y salió corriendo del coche. Ahora tenía que tener cuidado, esperaba que todos en su casa estuvieran dormidos y así podría entrar sin ser vista, si se los encontraba tendría problemas.
Cuando dio la vuelta a la esquina reconoció una cabellera pelirroja que se dirigía hacia su edificio. Se escondió y se asomó un poco para ver que Sora entraba. Vaya, eso significaba que estarían despiertos.
-¿Qué hacemos ahora? -preguntó a los digimons.
-Esperemos a que se vayan, en algún momento irán a verte al hospital -opinó Gatomon.
La chica resopló, pero estuvo conforme con la idea. Se metió entre unos matorrales cercanos a su portal, desde donde podría ver si se iban, sin importarle que las ramas le raspasen. Pero no podía estarse quieta, se revolvía constantemente y se mordía el labio con impaciencia.
-Kari, relájate, nos van a descubrir si pasan por aquí -susurró Patamon.
Un rato después, salieron los señores Yagami seguidos de Tai y Sora. Se habían levantado muy temprano, lo cual extrañó a Kari, sobre todo viniendo de su hermano. No era un secreto para nadie que el antiguo portador del valor dormía siempre que podía diez o doce horas. Se dirigieron al coche y se perdieron en el horizonte. La joven esperó un par de minutos y después echó a correr hacia su casa.
-¡Quedaos aquí y avisadme si viene alguien! -pidió a los digimons mientras se alejaba.
Ellos asintieron con la cabeza y vigilaron, era importante que nadie descubriera a la chica porque intentarían detenerla. Ella entró en el edificio y casi se chocó con una anciana. Se disculpó a toda prisa con su vecina y siguió su apresurada carrera hasta la puerta de su casa. Sacó la llaves, se le cayeron por su nerviosismo pero volvió a recogerlas y abrió apresuradamente.
Fue a su habitación, se puso la ropa más cómoda que encontró y cogió una mochila más grande. Metió algo de ropa, su saco de dormir y una chaqueta que abrigaba mucho. Después cogió su hucha y vació el contenido entero en su cartera, iba a tener que comprar comida y otras cosas antes de ir al otro mundo, porque no sabía cuándo volvería. Realmente, no sabía si volvería.
Esa realidad la abrumó justo cuando se disponía a salir por la puerta y vio una foto de su familia. Ellos ya lo estaban pasando muy mal con aquella situación, cuando desapareciera se preocuparían aún más. Y si todo acababa mal, sufrirían muchísimo... Kari no soportaba que los demás sufrieran y menos si era por su culpa. Se vio invadida por una gran culpabilidad, porque ellos tendrían que pagar por sus acciones y no merecían aquello.
Mientras la primera lágrima se escapaba de su ojo y caía como a cámara lenta hasta estrellarse contra el suelo, la chica sintió que el aire se hacía pesado y que le dolía al respirar. El sonido de la salpicadura de la lágrima pareció retumbar en la estancia y hacerse eco una y otra vez.
Cuando retrocedió un paso, escuchó un chapoteo que le extrañó. Miró al suelo y vio que surgía agua de la nada que se iba acercando a ella. El gran charco de un líquido grisáceo la rodeaba y parecía tener vida propia mientras rozaba sus tobillos, empapando sus zapatos, lamiendo su piel con una gélida caricia.
Quiso moverse, pero las hipnóticas hondas del agua y el extraño resplandor que despedían le impedían hacerlo. Quiso llamar a Gatomon y Patamon pidiendo auxilio, pero su voz se congeló en su garganta como si también hubiera sido tocada por el agua. Quiso llorar por la sensación de pánico que la inundó, pero las lágrimas se negaron a salir de sus ojos, como si el tiempo se hubiera detenido haciendo que esa tortura fuera permanente.
La oscuridad la estaba atrapando.
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Sora se asomó a la ventana mientras los señores Yagami seguían gritando enfurecidos. Entonces algo llamó su atención al pie de un árbol: unos libros desparramados por el suelo y una libreta que reconoció a la perfección. Corrió hacia la puerta para ir al jardín trasero del edificio, mientras Tai la perseguía después de unos instantes de confusión. Los adultos apenas les dedicaron una mirada mientras el médico y las enfermeras trataban de apaciguar a la pareja.
-¡Sora! ¿Qué pasa? -gritó Tai a su espalda.
Intentaba alcanzarla pero le estaba costando, la chica siempre había tenido muy buena forma física.
-¡He visto unos libros de Kari ahí! -contestó mientras señalaba el gran árbol que ya se divisaba cuando salieron del hospital.
Aquella afirmación pareció dar más fuerzas a Tai, porque de pronto la alcanzó y adelantó. Llegaron al pie del árbol y cogieron los libros. Efectivamente, eran de Kari, y la libreta también. La abrieron y encontraron en las últimas páginas que estaban usadas un montón de dibujos pero con el mismo símbolo: un sol encerrado en un círculo. ¿Significaría aquello algo?
-¿Qué es este dibujo? -preguntó el joven.
-No lo sé, nunca lo había visto. Pero si te fijas en la fecha de los ejercicios, parece que es de hace unos días.
-¿Tendrá que ver con T.K?
-Puede, pero no todo lo que haga Kari tiene que tener que ver con él... -dijo Sora confusa.
-Sí, claro que sí. Desde que él desapareció, todo lo que hace o dice mi hermana es para tratar de salvarlo, para intentar encontrarlo, como si su vida misma dependiera de ello -susurró con rabia él-. Y, lo peor de todo, es que la entiendo. Yo también lo haría si estuviera en su situación.
Eso último lo dijo mirando a la pelirroja a los ojos. Ella no supo la razón, pero se sonrojó ante las palabras de su mejor amigo. Iba a preguntarle a qué se refería, cuando una exclamación ahogada de pánico se escuchó desde la ventana de la habitación que había ocupado Kari.
Volvieron a correr con todas sus fuerzas llevándose los libros de la joven desaparecida. Recibieron miradas de reproche y alguna que otra reprimenta de los empleados del hospital por montar tanto alboroto, pero los ignoraron. Cuando llegaron a la estancia, vieron a Yuuko hablando a toda velocidad por teléfono y después cortando la llamada. Miró a su hijo mayor con gran inquietud antes de hablar.
-Nuestra vecina, la señora Hamamoto, me acaba de llamar porque dice que se ha chocado con Kari en el rellano y que ella apenas se ha disculpado ha entrado en casa a toda velocidad... -su voz perdió fuerza mientras se explicaba, hasta que se calló del todo.
El castaño no comprendía la preocupación de su madre, ahora que sabían dónde estaba su hermana.
-Y, ¿qué pasa?
-Me ha llamado porque dice que un rato después la ha escuchado gritar -prosiguió la mujer con lágrimas en los ojos-. Después ha oído golpes y, cuando ha ido a nuestra casa, ha encontrado la puerta abierta con todo tirado por todas partes. La policía está de camino.
-Pero, ¿dónde está Kari? -preguntó con ansiedad el joven.
-No lo sabe. No estaba en casa.
Apenas escuchó esas palabras, Tai empujó a sus padres hacia la salida para que reaccionaran. Parecía que la información había dejado a los dos adultos en estado de shock. Llegaron hasta su coche y fueron a toda velocidad hasta la residencia Yagami. Antes de que el vehículo se detuviera del todo, el antiguo portador del valor ya había bajado y corría escaleras arriba hasta su casa, seguido de cerca por Sora y sus padres. Un par de policías intentaron impedirle el paso, pero él los empujó con fuerza pillándolos desprevenidos. Los hombres cayeron al suelo y él se abrió paso para asomarse a su hogar.
No le asustó encontrar todo el desorden del lugar, no le impresionaron los muebles volcados ni los cristales rotos. Lo que le asustó de verdad fue lo que vio en el suelo y la pared, justo al lado de una gran foto familiar que había colgada. Sintió un desolador frío recorrerle el cuerpo para después tornarse en una abrasadora sensación de terror.
Allí, justo ante él, había una salpicadura roja. Era sangre.
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Maimai y Amber, muchas gracias por vuestros reviews, y gracias por tus palabras Maimai, de verdad que me hacen mucha ilusión, y tranquila que áun queda historia para un rato jajaja :)
¡Por fin soy libre, hoy he acabado los exámenes! ¿Qué significa eso? Pues que voy a escribir muchos fics. Para empezar mañana subiré algunos de San Valentín y pronto empezaré otro que será de varios capítulos y de temática romántica y fantástica (un takari). Ya os hablaré sobre ello.
Como siempre, espero que os guste el capítulo y gracias a los que dejáis vuestra opinión porque me animáis mucho :D
