Disclaimer: Los personajes mencionados a lo largo de la historia son de la autoria de Stephenie Meyer, yo juego con ellos ubicandolos en un mundo creado por mi imaginación.

Un touchdown a mi corazón.

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Capítulo beteado por Pichi LG, Beta de Élite Fanfiction

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Capítulo catorce: Nervios al cien

—Alice, ayudarías más si te calmaras —Le dijo Bella demasiado tensa.

Alice estaba temblando y las lágrimas caían por sus ojos, provocando que se hincharan.

—¡Ay, Bella! Gía estaba que ardía en fiebre según Demetri —afirmó con voz temblorosa—. Me dijo que estaban jugando en el patio trasero y que de repente Gía cayó al pasto y, cuando la tocó, ardía en fiebre.

Tragué seco.

También estaba que temblaba por la preocupación. Gía era una niña hiperactiva y curiosa que ya se había ganado un lugar en mi corazón, lo admitía.

Mis manos estaban temblando mientras conducía rápidamente para llegar al hospital.

El camino se me estaba haciendo jodidamente largo y ni qué decir del maldito tráfico de mierda que había. Quería salir del auto y correr hasta llegar al hospital, seguramente llegaría más rápido, pero con lo histérica que estaba Alice y lo temperamental que estaba Bella, dudaba que fuera del todo una buena idea.

—Inhala y exhala Alice, ya verás que Gía estará bien —dijo Bella con voz tensa—. Será simplemente una inofensiva fiebre, nada más.

Por el rabillo de mi ojo pude ver que me miró como si quisiera que le asegurara que así sería, pero estaba demasiado nervioso como para hacerlo. ¿Y si Gía moría? Sabía con certeza que nada sería igual. ¡Maldita sea! Tenía que dejar de pensar en eso. Gía iba a estar jodidamente bien.

Si las cosas se complicaban, podría hacer una llamada a mi papá para que la transferiría a su hospital y la salvaría. Sí, todo estaría bien.

Suspiré con alivio cuando, por fin, el último semáforo para llegar al hospital cambió, y aceleré lo más que pude.

Estacioné en el primer lugar que vi, sin importarme que tan peligroso podría ser o si estaba en un lugar donde me lo podrían llegar a chocar.

Los tres salimos corriendo —literalmente— hacia el hospital.

Rápidamente Bella se acercó a recepción y habló un momento con la enfermera que se encontraba allí, mientras yo estaba con Alice, que seguía llorando. Sus lágrimas estaban poniéndome más nervioso de lo que ya estaba, me hacían pensar que algo estaba realmente muy mal, cuando aún ni siquiera sabíamos lo que pasaba.

Bella se acercó hacia nosotros. —Está en el piso 7.

De inmediato subimos al elevador y, cuando menos lo pensé, ya nos encontrábamos ahí. Ellas se abrieron paso hasta llegar a donde se encontraba un hombre de pelo rubio, tez bronceada y fornido. Tenía a tres tipos vestidos con trajes de negro a su alrededor. ¿Quién era? No lo sé, aunque tenía una teoría.

—Demetri —Alice corrió en su dirección y él rápidamente se puso de pie—. ¿Qué le pasó a mi bebé?

Era el papá de Gía. Lo supe porque claramente vi el color gris en sus ojos, idéntico al de la pequeña.

—No me han dicho nada, Alice —Su acento era muy marcado, dejando ver que era italiano—. Estábamos jugando en el patio con sus mascotas, recibí una llamada y cuando volteé a verla estaba tirada en el suelo y temblaba.

Alice jadeó y lloró un poco más. —¿Qué puede ser? —susurró para sí misma.

—Alice, cuando la quise mover ella decía que le dolía mucho el cuello y las piernas —Negó con su cabeza y pude ver que tenía despeinado todo su pelo—. Tuve miedo de moverla, así que llamé a la ambulancia, y desde que ingresó aquí no me han dicho nada.

Los nervios se apoderaron completamente de mi cuerpo, no sabía qué hacer. Miré a mi lado, hacia donde estaba Bella, y la vi llorando. ¡Jodida mierda! No quería verla llorando, ella tenía que jodidamente sonreír.

Estiré mi brazo hacia ella y en un impulso la abracé. Rápidamente rodeó sus brazos a mi alrededor y caí en cuenta de que Bella estaba temblando.

Todo su mal humor se había convertido en llanto y sollozos. Estaba seguro de que había mojado mi camisa pero, por primera vez, no me importó.

Acaricié suavemente su espalda. —Ella va a estar bien, chiquita. Ya verás.

No supe si se lo decía a ella o mí mismo, pero al menos había servido para tranquilizarla un poco, ya que había dejado de sollozar aunque aún sentía un poco sus lágrimas.

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Estábamos sentados en las sillas. Continuaba abrazando a Bella, y ella a mí. Aún no daban ninguna noticia de Gía, y ya había pasado más o menos una hora. Mis nervios se estaban haciendo más notables por todas las veces que había pasado la mano por mi cabello, así como Demetri, que lo había estado haciendo mientras tenía a Alice pegada a su torso.

Tal vez entre ellos ya no había amor, pero sí había cariño y mucho respeto, algo que realmente me sorprendía, debido a que la mayoría de las parejas divorciadas se daban siempre miradas de odio. Todo lo contrario a ellos.

Vi como, finalmente, salía un doctor y caminaba hacia nosotros.

—¿Ustedes son familiares de la niña Gía? —preguntó mirándonos a todos y rápidamente nos pusimos de pie.

Alice casi le saltó encima al doctor. —¿Cómo está mi hija, doctor?

—Logramos bajarle la temperatura y ahora mismo se encuentra dormida.

—¿Qué es lo que le pasó? —preguntó bruscamente Demetri.

El doctor lo miró entornando sus ojos. —La niña tenía una gran picadura cerca de su axila derecha. Era una picadura de garrapata.

¿Garrapata?

Esas cosas... Eran las mierdas que tenían los perros cuando no se les bañaba, según sabía.

—¿De garrapata? —Bella se notaba en shock.

—Así es, señora —El doctor asintió—. Debido a los síntomas que presentaba la niña, esa picadura debió de haber sido de hace un poco más de un mes. Por desgracia, ha pasado tiempo desde entonces, lo que provocó que ella desarrollara la enfermedad lyme.

Fruncí el ceño. —¿En qué etapa tiene la enfermedad?

¿Qué? Yo sabía algo de esa enfermedad, un poco solamente, y todo gracias a una vez que fui a "visitar" a mi padre y no me atendió hasta después de varias horas, lo que ocasionó que tuviera que leer todos los folletos del hospital.

—Apenas en la primera etapa, lo que nos sirve de mucho —Nos sonrió—. Con un medicamento que se le esté dando por un lapso de tiempo, sin detenerse, se podrá eliminar completamente.

Escuché los suspiros de alivio por parte de todos, hasta el mío, por supuesto. Estuve cagado por casi dos horas de que a Gía le pudiera pasar algo realmente horrible.

—¿Podrá continuar... teniendo mascotas? —preguntó Alice de repente.

—Sería recomendable que por un tiempo la mantengan alejada de ellos —contestó—. En especial, de los que sean más propensos a tener garrapatas... como los perros.

Ese sería un gran problema, teniendo en cuenta la obsesión de esa niña por los animales.

—Doctor, me gustaría que habláramos del medicamento para mi hija —intervino Demetri.

—Claro, señor. Sígame.

El doctor comenzó a caminar y vi como Demetri, seguido de Alice, caminaban detrás.

Escuché el suspiro de Bella. —Edward siento mucho todo esto que pasó en la comida después de la llamada que recibió Alice.

—Bella, no pasó absolutamente nada —Le sonreí y aparté un mechón de su cabello—. Esto era algo de gravedad. Mi familia lo entenderá.

Suspiró. —Tienes razón —Me miró fijamente—. Edward, te quiero pedir un favor... Muy grande.

—¿De qué se trata? —Fruncí el ceño.

—Sobre Aslan… —susurró y se rascó la cabeza— Gía no podrá pasar tiempo con sus mascotas y sé que ni Alice, ni yo tendremos en donde dejar a todos los animales —Me miró con ojos grandes y... tiernos—. Te pido de favor, que cuides a Aslan, solo por un corto tiempo.

Gemí.

Ella me miraba con unos ojos tan tiernos que... ¡argg! Me estaba costando un jodido esfuerzo decirle que no. En verdad, no quería cuidar de otro perro, suficiente tenía con Elska... Pero vamos, Elska era mi bebé.

—Por favor, Edward.

Suspiré. Ya había perdido en esto, y ella había ganado.

—Bien, lo cuidaré.

Ella se puso de puntitas y me besó.

Como el caballero que soy, le correspondí. Dios, esto se sentía muy bien. Si así me iba a pagar que cuidara de Aslan… ¡bienvenido sea!

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Vi como Bella desaparecía por el pasillo, iba a ver a Gía después de casi tres jodidas horas aquí. Podría sugerir que la trasladaran a la clínica de mi papá, pero no me sentía con derecho a hacerlo.

Frente a mí estaba Demetri Mussi, mirando su teléfono para, segundos después guardarlo y levantar la mirada hacia mí.

Nos miramos por un momento hasta que ambos nos sonreímos. Esto era definitivamente extraño.

—Un gusto conocerte. Me llamo Demetri, como ya sabrás —Pasó una mano por su cabello—. Me disculpo por no presentarme antes, pero estaba muy preocupado.

Asentí medio sonriendo. —Lo entiendo —Me encogí de hombros—. Me llamo Edward Cullen... Soy el novio de Bella.

Eso lo dije por si llegaba a preguntarse el porqué de mi presencia aunque, por cómo nos habíamos comportado Bella y yo hace unos momentos, dudaba que él pensara lo contrario.

Sonrió. —Sí, me di cuenta. Se ven... enamorados.

Si hubiera estado tomando alguna bebida, estaba jodidamente seguro de que la habría escupido, y en su pura cara. Nosotros no estábamos enamorados, solo nos gustábamos. Posiblemente el enamoramiento viniera con el tiempo, no ahora.

Le sonreí tensamente, sin negar ni afirmar nada.

—Vamos comenzando una relación —Le informé.

—En verdad me alegra mucho que Bella se esté dando una nueva oportunidad —Sonrió abiertamente.

¿Es que todos sabían lo que le había pasado a Bella? Apostaba mi huevo izquierdo a que hasta el pendejo de Emmett sabía.

Asentí y noté que me miró un segundo antes de abrir la boca y hablar. —No te ha dicho nada, ¿verdad?

—No, no sé nada —Me encogí de hombros.

—Espero que hable de eso contigo pronto, es primordial cuando comienzas una relación —aseguró.

Asentí. —Llevamos muy poco, le estoy dando su tiempo —continué—. Tenemos tres días de novios, eso no es gran tiempo como para que me diga todo.

Se vio sorprendido un momento antes de reír, y su risa era algo contagiosa, tanto que terminé riéndome junto con él.

—No me esperaba eso —Negó con su cabeza muy divertido—. Se ven demasiado unidos para llevar tan poco tiempo juntos.

Asentí de nuevo. —Estábamos en una comida con mi familia cuando llamaste.

—Lo siento.

—No hay problema, ellos lo entienden —Me encogí de hombros—. Mi papá es doctor, así que muchas veces tuvo que cancelar cenas y eso, claramente ellos lo entienden.

Elevó sus cejas. —¡Vaya!

Nos quedamos unos minutos en silencio, y pude darme cuenta de que era un gran tipo, me agradaba. Me atrevía a decir que si viviera en Estado Unidos, en específico Nueva York, seríamos amigos.

Su móvil sonó y rápidamente se puso de pie. —¿Che diavolo vuoi?

Vi como se alejaba lo más posible y bajaba un poco la voz que, cuando respondió, se escuchaba enojada y cortante.

Suspirando, también saqué el móvil de mi bolsillo, lo había sentido vibrar a cada rato. Había mensajes de todos, más del idiota de Jasper.

Ignorando a mi primo, vi primero el de Rose, después de todo, ella era amiga de Alice y Bella.

¿Qué le pasó a Gía, Edward? Y contéstame, cabrón.

Rodé los ojos.

Ella siempre tan jodidamente fina al pedir cosas. Debería haberla ignorado, pero como el buen hombre que era, no lo hice.

Querida Rosalie, Gía ya se encuentra bien. Lograron bajarle la temperatura, que tuvo debido a la picadura de una garrapata.

Pulse "enviar" y continué observando los mensajes hasta que me topé con uno que me dejó sin aliento.

"Alina L." estaba brillando en el mensaje. Me debatí cinco segundos antes de abrirlo, quiero decir, ¿qué de malo tendría?

Hola, Ed. Tengo días sin saber de ti, bebé. Espero que podamos vernos pronto. Ya sabes, la última vez no terminó de la mejor manera y pensé que podríamos solucionarlo de la mejor forma… que tú y yo sabemos.

Podríamos vernos hoy por la noche, en tu club. Besos :*

Me estremecí sin poder evitarlo. ¿Qué le pasaba a esta? La manera en que la traté la última vez, debió de haberle dejado muy en claro que nuestras folladeras habían llegado a su final.

Eliminé el mensaje sin molestarme en responder, al fin de cuentas, la respuesta le llegaría cuando nunca me viera llegar al jodido bar.

—Edward, ¿podrías llevarme a mi casa? —De la nada, Bella estaba frente a mí—. Por favor.

Le sonreí. —Claro, sirve que me das a Aslan.

Asintió sonriendo. —Muchas gracias, en serio.

Le di un beso y ambos sonreímos. Nos despedimos de Demetri —que continuaba hablando por teléfono—, y salimos del hospital hacia mi auto.

—Mi madre ha estado llamando —Negué con la cabeza—. Está preocupada por Gía, pero no he podido contestarle.

Bella sonrió y se giró en el asiento para mirarme. —Yo la llamaré más tarde. Solo necesitaré que me des el número.

—Está bien, búscalo en mi teléfono. —Se lo tendí y ella comenzó a buscar.

Agradecí internamente haber eliminado el mensaje de Alina, lo siguiente sería eliminar su número y, si era posible, cambiar también de número. Varias de mis... ¿cómo llamarlas?... Las llamaría APF... Bueno, varias de ellas, por no decir que todas, tenían mi número y, a decir verdad, ya no quería que llamaran.

Cuando menos me di cuenta, ya nos encontrábamos afuera de la casa de Bella. Bajamos juntos del auto y ella comenzó a abrir su casa pero la detuve.

—¿Estás segura de que la gata está en el patio?

No era que tuviera miedo, solo que tenía que asegurarme de que esa cosa fea peluda, de ojos verdes, estuviera muy lejos de mí. No quería otra alergia.

Bella reprimió una sonrisa. —Sí, Edward. Gía la castigó y la dejó en el patio.

Suspiré con alivio y dejé que Bella abriera la puerta. Ella pasó primero y, a pesar de lo que dijo, al hacerlo yo, entré mirando disimuladamente por todas las esquinas.

—Ya te dije que está en el patio. Deja de ser tan paranoico. —Rió Bella. Al parecer no había sido tan disimulado—. Iré por Aslan... ¡Edward!

Bella jadeó y la miré asustado. —¿Qué pasa?

—Aslan no se encuentra aquí —La miré confundido—. Está en casa de Demetri.

Entrecerré los ojos hacia ella. ¿Ahora tendría que conducir hasta la casa de Demetri? ¡Dios! Me iba a dar algo después de tantas mierdas en todo el día.

Ella me dedicó una sonrisa en disculpa. —Mañana puedes llevártelo, mejor.

—Mañana, antes de irme al entrenamiento, pasaré por Aslan. Solo dame la dirección de Demetri.

Ella lo pensó un momento. —Mira, mañana mejor ve al hospital y ahí te lo doy. La casa de Dem está un poco lejos, es mejor si te lo doy en el hospital.

Asentí sonriendo, Bella era una genio. —Me parece genial, así también sabré cómo amaneció Gía.

Bella sonrió y se dejó caer en el sofá —supongo— cansada de todas las emociones del día.

Yo también me sentía cansado y, sobretodo, agotado, y aún me faltaba ir por mi bebé a casa de mi madre.

—Jamás había estado tan asustada, Edward —comentó de un momento a otro.

Me senté en el sofá y la miré. —Me lo imagino, chiquita.

—No sé por qué, pero mi primer pensamiento fue… que un auto la había atropellado.

Me estremecí ante la imagen de Gía siendo arrollada por un auto, para después salir volando hasta terminar en el suelo. ¡Dios! Jamás hubiera podido superar algo así. Quedaría jodidamente traumado y, ni qué decir de Bella, o de Alice.

—Agradezco que solamente fuera una picadura de garrapata, y no todo lo que pensé —continuó—. Sé que la picadura le dejó una bacteria pero, por lo menos, con el medicamento desaparecerá.

Asentí. —Bella… tienes que dejar de pensar en lo que hubiera pasado. Gía está bien.

—Tienes toda la razón —Me sonrió, pero su sonrisa no llegó a los ojos.

Tomé su rostro entre mis manos. —Oye, no quiero que estés así —Besé brevemente sus labios—. Gía está bien, Bella. Con el tiempo y el medicamento esa enfermedad desaparecerá.

Sentí mis manos húmedas y… ¡Joder! Bella estaba llorando.

Las lágrimas de las mujeres y yo, definitivamente no nos llevábamos bien. No sabía qué hacer cuando se ponían así, sobretodo, no sabía qué decir.

Miré con pánico a Bella. —Hey, bebé… no te pongas así.

Bella no respondió nada y continuó sollozando, mientras yo me rebanaba los sesos tratando de buscar palabras que decirle, para que dejara de llorar. Estaba desesperado, estaba odiando con todas las fuerzas verla llorar.

Si pudiera, le escribiría un mensaje a papá para que me dijera qué hacer con una mujer sollozante, pero simplemente no podía.

La dejé llorar por unos minutos. Tal vez, de verdad lo necesitaba y la ayudaría a desaparecer toda la tensión acumulada del día. Sí, esa era una buena jodida idea.

—¿Edward? —Escuché que me llamó.

—¿Hmm?

Tomó aire y después lo dejó salir. —Maxon no me engañaba con una mujer.

Abrí los ojos como platos. —¡¿Te engañó con un hombre?!

—No —Se rió de manera amarga—. Me engañaba con cuatro mujeres, en un club de sexo.

Estaba seguro de que mi puta boca había caído abierta y mis ojos estaban que se salían de sus órbitas. ¡Jodida mierda! ¿Qué le pasaba a este tipo? Es decir, teniendo a Bella como esposa, ¿cómo podría buscar a otras mujeres?

Ahora sabía por qué Bella era así de cerrada, pero estaba seguro de que también debía de haber algo más aparte de esto. En lo que a mí concernía, el tiempo que estaría con ella —esperaba que fuera mucho—, jamás la engañaría. No sería un puto maldito cabrón, no con ella.

—No lo puedo creer —susurré.

Ella suspiró. —Al principio, yo tampoco lo creía —Parpadeó un par de veces para quitar las lágrimas acumuladas—. Él era un maldito caballero que a diario me daba flores y que cada día me enamoraba más, Edward. Por eso, cuando lo encontré con esas mujeres… creí morir.

Con cuatro mujeres el muy cabrón. ¿Acaso era multiorgásmico o qué mierdas?

Negué con la cabeza. —Te juro que jamás haré algo para lastimarte —Le di un beso en su mano derecha—. No intencionalmente, al menos.

—Lo sé —Sonrió tristemente—. Yo tampoco quiero herirte.

Besé sus labios que se sentían muy suaves, debido a las lágrimas, y sabían salados, pero no me importó... Solo quería besarla para que se diera cuenta de que no estaba sola, me tenía a mí.

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—Se encuentra bien, mamá —Le dije con voz cansada, por tercera vez en media hora.

—¿Estás seguro? —Asentí—. Ya sabes, si algo se complica llama a tu padre para que rápidamente sea trasladada a otro hospital.

—Sí, mamá —Suspiré—. Dudo que pase algo más. Ya debe haber comenzado con el medicamento, pero se los diré para que lo tengan en cuenta, ¿bien?

Asintió sonriendo. —Muy bien.

Mi pequeña bebé se encontraba acurrucada en mi estómago tratando de dormirse, mientras mi madre me interrogaba.

Su mirada comenzó a quemarme y levanté la mirada hacia ella. —¿Qué pasa? ¿Acaso tengo un pene peludo en la frente?

Arrugó los labios. —¿Tienes que ser tan vulgar siempre?

—Perdón, mamá.

Suspiró dramáticamente y a continuación sonrió. —Hijo, estoy muy feliz y, sobretodo, emocionada por tu relación con Bella.

Sonreí. Yo me encontraba igual, no sabía qué me pasaba, pero cada vez que pensaba en mi relación con ella me emocionaba y mi corazón latía muy fuerte. Era algo extraño.

—Yo igual, ma —aseguré.

—Se nota en tu rostro, bebé —acarició mi mejilla—. Me alegra enormemente que hayas encontrado a alguien que te haga feliz y que no solo sirva para satisfacer a tu pene.

Solté una sonora carcajada ante lo que había dicho mi mamá. Ella tenía un poco de razón, lo admitía. Bella no satisfacía mi polla —aún—, pero me satisfacía emocionalmente. De hecho, me encontraba emocionado con que llegara el día siguiente para poder verla, al igual que a Gía.

—Mamá, fue una agradable charla pero me tengo que ir —Me puse de pie—. Estoy exhausto, lo juro.

Mamá hizo un puchero. —Espero que me visites pronto, amor. En verdad me tienes muy abandonada.

Besé su frente. —Te juro que vendré en esta semana.

—Te estaré esperando, bebé —Besó mi mejilla sonoramente—. Conduce con cuidado y... cuida de tu ratita.

La miré mal.

Sabía que odiaba que llamara así a mi bebé. Era un golpe bajo que llamaran así a mi bebé hermosa. A mi mejor y única amiga.

—Mamá… ya me insultaste mucho el día de hoy, como para que también insultes a mi bebé.

Me miró sorprendida. —Era mi deber, Edward.

—Sí, claro —bufé—. Nos vemos pronto, ma.

—Adiós, mi amor.

Salí con mi nena en brazos y rápidamente subí al auto para dirigirme a mi casa y dormir. Hoy ni siquiera mi polla estaba de humor para una buena paja, así que sería una noche en la que dormiría como un bebé.

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Siete cincuenta y cinco, y yo ya estaba en mi auto en camino al hospital por Aslan, y para ver a Bella y Gía.

Me había levantado a las seis de la mañana y alistado rápidamente para salir. Estaba que me moría de ganas de verlas. Sí, también a Gía después del maldito susto que me había pegado.

En menos de veinte minutos ya me encontraba estacionando mi auto, hoy sí teniendo cuidado de donde lo estacionaba, no quería que algo malo le pasara a mi Sashita.

Salí con calma y caminé de manera sensual hacia la entrada, yendo directo al elevador bajo la mirada de las jóvenes doctoras que me miraban como si me quisieran follar contra el piso.

—Hey, buenos días —saludé a Demetri, quien ahora usaba una sencilla camisa azul y jeans. Un estilo sencillo, pero sus guardaespaldas seguían con él.

—Buenos días, Edward —Me sonrió y vi que a su lado se encontraba Aslan.

Sonreí y extendí mi mano para tomar al cachorro. —¿Y, Bella?

—Aún no llega —respondió—. Creo que llegaste muy temprano.

—Demasiado —Negué con la cabeza divertido.

Acaricié a Aslan un momento y Demetri se puso de pie para atender otra llamada, alejándose hacia el otro pasillo.

Demonios, esperaba que Bella no tardara mucho en llegar, me estaba comenzando a desesperar.

—Disculpe, señor… —Levanté la mirada y me encontré con un hombre un poco más bajo que yo, con pelo negro y ojos cafés.

—¿Sí? —contesté amablemente.

Miró a Aslan y frunció el ceño. —¿Qué hace con el perro de mi nieta?

Parpadeé un par de veces como un idiota anormal, sin saber qué putas mierdas decir.

—¿Qué?

¡Ándale, Cullen! Demuéstrale que eres un puto retrasado.

—¿Quién es usted y qué hace con el perro de mi nieta Gía? —Rodó sus ojos.

Santa. Puta. Jodida. Mierda.

Por el acento, estaba claro que era todo un americano, así que no podía ser el padre de Demetri. Por lo tanto... era el señor Charlie "Char" Swan: mi suegro.

¿Por qué de repente la habitación se me hacía tan chica y tenía calor?


Hoooooooooola! ¿Pueden verlo? Ahora si actualice a la semana, soy cumplido.

Muchas me amenazaron en el anterior capítulo que pobre de mi que matara a Gia, pero chicas, yo jamas mataría a esa niñata (aunque sea mi personaje menos favorito), no le haría eso. Como vieron solo era un garrapata la que le pico, pero le congio la enfermedad del lyme. Esa información se la agradezco muchísimo a Eve Talou eres un amor :*

También, Bella no fue la infiel en la relación fue Maxon cara-de-culo, y con cuatro mujeres... ya saben, es un hombre multiorgasmico jajaja pero aun falta maaaaaaaaaaaaaaaas ;)

Y bueno, para el próximo capítulo veremos a Char en escena y posiblemente a Renee, y a partir de aquí la historia se ira volando y volando, hasta ganas de llorar me agarran :')

Gracias a Pichi, por revisar y corregir el capítulo y a las chicas del grupo por esperarme a actualizar (aunque ahora no me tarde). Ya saben que tienen el grupo (link directo en mi perfil).

Por cierto, ¡Digan NO al plagio!

Hasta pronto:**