Adaptación "Sasusaku" de la novela Pasión y Olvido de Annette Brondrick

Naruto no me pertenece, le pertenece a Masashi Kishimoto

Advertencia: Lemon

Pasion y Olvido

Capitulo 13

Sasuke no era capaz de recordar cómo habían llegado hasta su habitación. Antes

de marcharse, había dejado encendida la luz del corredor, que apenas iluminaba el dormitorio. Pero aún así podía ver a Sakura, y eso era lo único que importaba.

Con manos temblorosas, bajó la cremallera del vestido de la joven. Al abrirse la tela, la piel satinada de la espalda desnuda quedó totalmente descubierta.

No llevaba sujetador. Si lo hubiera sabido antes, quizá no habrían pasado de la puerta principal.

Sasuke dejó resbalar el vestido por los hombros y miró cómo caía suavemente en torno a los pies de la joven.

Lenta y delicadamente, la situó frente a él, sintiendo que la visión de ese cuerpo era un regalo ansiado durante largos años.

Ahí estaba la hermosa figura ante él, esperando el momento del amor.

Situada de espaldas al corredor, la débil luz acariciaba sus costados dejando la parte frontal de su cuerpo sumida en las sombras. Ella esperaba quieta en la penumbra, sin ocultarse a los ojos del hombre.

La piel satinada del cuerpo, casi totalmente desnudo, emitía un leve resplandor. Sólo el pequeño espacio cubierto por unas diminutas braguitas se hurtaba a su mirada.

Cielo santo, era la mujer más hermosa, deliciosa y excitante que jamás hubiera visto. Durante años había soñado con ella, esperando que se hiciera mayor, esperando que lo deseara.

Sólo entonces notó que las manos de Sakura se afanaban en su ropa. Los dedos ansiosos desanudaban la corbata, tiraban de la chaqueta, desabotonaban la camisa, hasta llegar al pecho desnudo donde se detuvieron en una prolongada caricia que electrizó la piel del hombre.

— No es justo. Llevas más ropa que yo — murmuró excitada, casi sin aliento.

—Déjame a mí.

Sasuke se quitó la chaqueta y la camisa. Luego hizo una pausa, sacudiendo la cabeza tristemente.

—Cariño, no creas que es tan fácil quitarse estas condenadas botas.

—Vamos, yo te ayudaré —dijo Sakura con un risita, empujándolo sobre la cama.

Sasuke cayó de espaldas y, entonces, ella empezó a tirar de las botas hasta que al fin logró sacárselas.

Luego, inclinada sobre él, intentó abrir la hebilla del cinturón.

—Déjame a mí, cariño, o la fiesta acabará antes de comenzar —dijo entre risas, al sentir que la mano femenina involuntariamente rozaba una zona turgente y muy sensible.

Tendido en la cama, no tardó ni un segundo en quitarse los pantalones, mientras ella hacia lo propio con las braguitas. Completamente desnuda, Sakura se abrazó al cuerpo de Sasuke. La urgencia de su deseo incendió los sentidos del hombre. Todo lo que sabía era que en ese momento la deseaba más que cualquier otra cosa en la vida.

—¿Tienes frío? —preguntó al sentirla temblar entre sus brazos.

—No, tal vez estoy un poco nerviosa.

Sin duda alguna tendría que sentirse nerviosa. Sasuke sabía que nunca había

estado con un hombre tan íntimamente. Aún recordaba sus confidencias respecto a las insinuaciones de Sasori. También recordaba claramente que entonces había intentado convencerse de que la virginidad de Sakura no era un asunto de su incumbencia, y que algún día su marido, su verdadero marido, le enseñaría ese aspecto íntimo de la vida conyugal.

Sin embargo, le había tocado a él enseñarle con su amor que la experiencia podría ser maravillosamente gratificante.

Suavemente acarició el cuerpo de la joven hasta lograr que se relajara por completo. Lentamente, sin prisa, luchando con su propia urgencia, con su necesidad de plenitud. Deseaba que Sakura se entregara plenamente con él a su primera experiencia amorosa.

Sasuke acariciaba con ternura los suaves pechos, cuando de pronto sintió agitarse el cuerpo de la joven.

Las manos femeninas empezaron a recorrer el cuerpo de Sasuke, hasta que sus dedos tímidamente se abrieron paso bajo la cintura elástica del slip, mientras le acariciaba el cabello con la otra mano y su boca buscaba ansiosamente los labios del hombre.

Sasuke respondió con la misma ansia. Quería ir despacio, tomarse su tiempo, pero Sakura deseaba otra cosa; así que, sin saber cómo, se encontró sobre ella, entre sus piernas, mientras Sakura lo estrechaba con tanta fuerza, que apenas podía respirar.

Intentó actuar con delicadeza, aunque sabía que de todas maneras le haría daño. No tenía demasiada experiencia con las mujeres, y menos con una joven inocente, pero era preciso detenerse. No sabía qué hacer o qué decir. Pero ella lo atrajo otra vez hacia su cuerpo con tal urgencia, que el instinto venció a la razón. Y ella lo acogió dentro de sí con un hondo suspiro de placer.

Pero el clímax de Sasuke llegó de una manera explosiva, mucho más pronto de lo que hubiera deseado. En esos segundos culminantes, los ojos se le llenaron de lágrimas al tiempo que dejaba escapar un grito parecido a un sollozo, que terminó por liberar todos los sentimientos encerrados en su pecho.

Durante un instante no se oyó más que la pesada respiración de la pareja.

—Lo siento, cariño —murmuró con voz ronca.

—No tienes que disculparte —murmuró ella antes de comenzar a besarlo en la barbilla, en el cuello y en el pecho.

Sasuke, relajado por completo, la atrajo hacia su cuerpo con un hondo suspiro.

—Oh, Sakura —alcanzó a murmurar antes de caer en un profundo sueño.

No sabía cuánto tiempo había dormido, pero cuando abrió los ojos, comprobó que todavía estaba oscuro y que tenía mucha sed. Apoyándose en un codo, miró a su alrededor.

Al parecer, se habían quedado en la misma posición en que se encontraban cuando el sueño los venció. Estaban cruzados sobre la cama, aún sin deshacer, y Sakura dormía hecha un ovillo, abrazada a él. En cualquier caso, habían tenido mucha suerte de llegar hasta el dormitorio, en vista de la urgencia que horas antes se había apoderado de

ambos.

Sacudiendo la cabeza a modo de reproche silencioso, se deslizó fuera de la cama y fue al cuarto de baño. Al volver, apagó la luz del corredor y la habitación quedó completamente a oscuras. A tientas se acercó a la cama y, antes de tomar a Sakura en brazos, echó la ropa de cama hacia atrás.

— ¿Adónde me llevas? —murmuró medio dormida.

—Te voy a meter en la cama, cariño.

Después de acomodarla bajo las sábanas, se deslizó a su lado, dispuesto a dormirse otra vez.

Pero, cuando Sakura empezó a acariciarlo, él no hizo el menor esfuerzo por desalentarla.

Ambos estaban semidormidos, y en ese estado nuevamente hicieron el amor, como si estuvieran soñando. Sasuke, en un susurro, la alentaba a explorar su cuerpo mientras la acariciaba lenta e intensamente, decidido a llevarla hasta la máxima plenitud. Cuando al fin la joven, gimiendo, alcanzó el orgasmo, Sasuke cobijó entre sus brazos el cuerpo exhausto y tembloroso de su joven esposa.

La lluvia, que caía pesadamente, despertó a Sakura varias horas más tarde. Al abrir los ojos vio que ya que era de día, aunque estaba un tanto oscuro.

Cuando miró el reloj despertador, descubrió con sorpresa que eran las diez de la mañana. No recordaba haber dormido tantas horas seguidas en los últimos años.

Dejó vagar la mirada por la estancia mientras escuchaba el repiqueteo de la lluvia sobre el tejado de zinc. Para ella era un sonido musical.

Estaba a punto de dormirse de nuevo, cuando de pronto recordó dónde se encontraba. Levantó la cabeza y miró al hombre que dormía profundamente junto a ella, con la cabeza semi-oculta bajo la almohada.

¿Cuántas veces lo había contemplado dormir en la misma posición aquel verano en que compartieron pequeñas habitaciones en moteles anónimos? ¡Vaya! ¡Si entonces hubiera sabido lo que se perdía al no dormir en el mismo lecho con él!

La noche pasada había sido mágica desde el instante en que la había invitado a bailar hasta el momento de descubrir el placer que se había perdido durante todos esos años.

Estaba enamorada de Sasuke.

El pensamiento no la sorprendió en absoluto. Probablemente lo había amado desde siempre, pero entonces era demasiado tonta para saberlo. ¿Qué iba a hacer a partir de ese momento? Estaba claro de que lo amaba, que deseaba seguir casada con él, pero a la vez no quería renunciar al sueño de convertirse en médico veterinario.

¿Qué era lo que más deseaba? ¿Y por qué no podría tener ambas cosas? ¿No le había dicho Hina que no lo dejara solo, si quería que el matrimonio durara?

Sin poder resistir la tentación que tenía a su lado, Sakura acarició la espalda de Sasuke, musculosa y bronceada por el sol.

La verdad es que era un fino ejemplar de virilidad masculina.

Su mente y sus cuerpo se estremecían al evocar lo que habían hecho la noche anterior. Aunque algunas zonas de su cuerpo protestaban débilmente, las ignoró, presionada por el deseo de repetir todo lo que había aprendido unas cuantas horas antes.

Empujada por esos pensamientos, se acercó más a él y empezó a recorrer la espalda del hombre, no con los dedos sino con los labios, besando suavemente cada centímetro de piel, hasta que al fin Sasuke se volvió hacia ella, medio dormido, pero con una sonrisa de anticipado placer en los labios.

Sakura también exploró con sus labios el pecho y el abdomen hasta llegar a la pelvis. En ese instante, Sasuke la acomodó sobre su cuerpo y le demostró con qué facilidad también se adaptaban en esa posición.

Entonces, ella pudo controlar el ritmo y el compás de sus cuerpos, consciente de que él la observaba bajo las espesas pestañas.

Y todo sucedió sin palabras.

En momentos como ése, de comunicación total, las palabras sobraban.