Hola, perdonen la tardanza, prometo no tardar la proxima vez.
N/A. En este capitulo se mencionan máspersonajes de la serie "LA LEY Y EL ORDEN, UNIDAD DE VICTIMAS ESPECIALES" como ELLIOT STABLER, KASEY NOVAK Y DONALD CRAGEN, que tampoco son de mi propiedad, son de Dick Wolf
TNMT TAMPOCO ME PERTENECE, ES PROPIEDAD DE KEVIN EASTMAN Y PETER LAIRD, ASÍ COMO LA CADENA NICKELODEON
OCHO AÑOS ATRAS...
31 de diciembre. La víspera de año nuevo. El ambiente en la ciudad de Nueva York sigue siendo de fiesta. Fiesta prolongada desde Navidad, y que a los niños les gustaba. Y es que los pequeños mutantes, a pesar de no vivir en la superficie, no estaban tan desconectados del mundo exterior. La pequeña televisión que su padre había rescatado de su departamento, les proporcionaba imágenes de lo que ocurría en el mundo exterior. Un mundo que estaba prohibido para ellos lamentablemente.
Ya habían pasado la Navidad con su padre. Habían recibido muy buenos regalos de parte de Santa, y ¿Cómo no ser así? Si ellos se habían portado muy bien. Sin embargo, como cada año, la ciudad se preparaba para la llegada del año nuevo con un espectáculo de fuegos artificiales, y los niños querían verlo.
El año pasado, y el anterior, los niños recordaban haber visto los fuegos artificiales por televisión. Incluso por el aparato, podían apreciar que era un espectáculo hermoso. Y aunque su padre les había dicho que no podían ir a verlo en vivo, ellos anhelaban estar ahí, con los demás niños y ver las luces. Ese año, Splinter les había dicho que tal vez podían verlo desde una alcantarilla cercana, claro, si prometían estar lo bastante calladitos para no llamar la atención, sin embargo, en esa época Donatello pescó un fuerte resfriado, y entonces Splinter decidió posponerlo para el próximo año.
-Pero papá – dijo Raphael – un año es muy larguísimo –
-Que Donie se quede – dijo Miguel Ángel, igual de ansioso que sus hermanos por ver en vivo los fuegos artificiales –
-Si, Sensei, que se quede y nosotros le contamos, tu lo prometiste – dijo Leonardo también pateando el suelo.
-No, hijos mios, no podemos ir. Además, su hermano está enfermo, y no sería correcto dejarlo solo mientras nos vamos a ver los fuegos artificiales – dijo Splinter preparando algo de té junto con el jarabe que le daba a su hijo de ojitos castaños.
-Que se quede Mikey con él – dijo Raphael con sus bracitos cruzados.
-No, mejor quédate tú – protestó el menor.
-Sensei, si quieres, nosotros tres vamos, ya somos grandes, podemos ir y volver, tú te quedas con Donie – suplicó Leonardo, pero Splinter no consideraba que a los siete años sus niños fueran tan grandes como decían. No podía evitar preocuparse: tres niños de siete años solos en la alcantarilla, con riesgo de que alguien los viera y los siguiera. Definitivamente no.
-He dicho que no, hijos mios, y no hablaremos más al respecto – sentenció finalmente Splinter.- Además, es probable que haya mucha gente y no nos dejen ver, créanme, se verá mejor en la televisión.-
-Pero papá – dijeron los tres al mismo tiempo.
-El próximo año, tal vez – dijo Splinter dejando a los niños solos para ir a atender a Donatello, que no dejaba de toser.
-Tonto Donie, tenía que enfermarse – refunfuñó Raphael pateando el suelo.
-Ya escuchaste a Sensei – dijo Leo cabizbajo – será el otro año-
-Pero todavía falta mucho para el próximo año – gruñó Raphael.
-Si, falta como… como… como dos años para el próximo año – apoyó Miguel Ángel a su hermano.
-Mikey, solo faltaría un año – dijo Leo entrecerrando los ojos.
-Pero es mucho tiempo de todos modos – dijo Miguel Ángel.
-¿Y si vamos de todos modos? – sugirió de pronto Raphael, bajando lo más que pudo la voz.
-Pero Sensei dijo que…- comenzó a decir Leonardo alarmado.
-"Sensei dijo" "Sensei dijo" – comenzó a imitarlo Raphael – Sensei estará con Donatello, no se dará cuenta –
-Pero… -Leonardo no estaba seguro.
-Vamos, Leo, Raph tiene razón, además, solo es una vez al año, y será rapidísimo – suplicó el niño con su ya entonces mirada suplicante.
Leonardo era un niño sensato y obediente. Pero algo que también era, era precisamente eso, un niño. Un niño que, al igual que a sus hermanos, la curiosidad y la necesidad de aventura le hicieron aceptar el trato, y así los tres planearon ir a ver los fuegos artificiales esa noche. Sus hermanos eran bastante organizados cuando se lo proponían. Esa tarde, cuando Splinter meditaba. Los tres aprovecharon un descuido y corrieron fuera de casa. Sin embargo, no se dieron cuenta de que una cuarta figura los seguía.
-Vamos, aprisa – corrian los niños.
-Espérenme – gritó Donatello. Los tres que iban adelante se pararon para ver a su hermanito.
-Donie, no puedes venir – le gritó Leonardo – estás enfermo
-Quiero ir con ustedes – dijo el niño de pañoleta morada.
-No, no puedes – dijo Raphael – si Sensei se entera se va a enojar –
-Se va a enojar aunque no venga yo, porque estoy seguro que no les dio permiso – dijo Donatello – y si no me dejan acompañarlos, los voy a acusar –
Los otros tres hermanos no tuvieron más remedio que aceptar, no muy conformes. Los cuatro niños llegaron al punto que esperaban sería buen lugar. Y luego de esperar pacientemente, los fuegos multicolores comenzaron a inundar el cielo. Los sonidos de las explosiones, las exclamaciones de las personas, los cantos, las felicitaciones, todo era maravilloso. Los cuatro pequeños, desde su escondite miraban la escena fascinados.
-Feliz año nuevo, chicos – dijo de pronto Leo. Sus hermanos lo abrazaron.
-Feliz año, Rapha, Leo, Donie… ¿Donie? – Miguel Ángel fue el primero en notar que su hermanito más alto estaba en el suelo, sus ojos entre cerrados mostraban que le dolía mucho algo.
-Donie, ¿Qué te pasa? – preguntó Leonardo tocando a su hermanito, que estaba muy caliente.
-Me duele… no puedo… no puedo respirar – dijo quejándose Donatello.
-Rápido, hay que ir a casa – dijo Raphael tratando de acomodar a su hermano sobre su caparazón. Raphael se sabía más fuerte que sus hermanos, y esperaba poder cargar a Donatello hasta su casa, pero no fue necesario, un par de metros adelante, Splinter venía apresurado, buscando a sus hijos. A pesar de que ver a su padre significaba en cierto modo un alivio, los niños no pudieron evitar sentir miedo al verlo tan molesto.
Splinter tomó a Donatello en brazos y lo arropó con una manta que traía. Los niños lo siguieron a paso apresurado. Splinter los dejó un momento para llevar a Donatello con su amigo humano Paul Lestrick, se había sentido mal cuando el viejo galeno retirado le había dicho que ese año no iría a visitar a su familia, pero para Splinter y Donatello significó la salvación. Luego de revisar al niño, Paul le aplicó nebulizaciones para despejar las vías respiratorias. Le pudo prestar a Splinter un nebulizador portátil y le cambió el medicamento. Paul le informó que había habido algunas complicaciones y que Donatello necesitaría un antibiotico más fuerte, e inyectado. Cuando Donatello estuvo mejor, Splinter lo abrigó y regresó a su casa, donde había dejado a los niños y cuando llegó los chicos recibieron su castigo.
A pesar de todo, los niños sabían que se lo merecían, habían puesto en riesgo a Donatello, y ahora tenían que pagar las consecuencias. Miguel Ángel no recordaba haber visto tan molesto a su padre, al menos no con él. Pero incluso el pequeño travieso comprendía que si su padre se había enfadado tanto, era porque los amaba.
Y el próximo año, los niños pudieron ir acompañados de Splinter, que conocía un mejor lugar para ver los fuegos artificiales en su máximo esplendor, esta vez, sin que ninguno corriera riesgos.
TIEMPO ACTUAL...
… Y entonces… Charlie vino al centro y se quedó a vivir ahí con nosotros – Mindy hablaba continuamente, sin importarle en lo absoluto que Raphael no la escuchara. Al principio el quelonio había pensado decirle que se callara, pero el rudo guerrero decidió dejarla.
Por una parte le agradaba estar con la niña, de las otras dos opciones, pensó que era mejor quedar con ella. Elisa era doctora, y les servía mucho a Donie y a Mikey que quedara con ellos, y en cuanto a Olivia y a April, bueno, la pelirroja nunca había sido cien por ciento de su agrado, y Olivia no le caía bien, siempre diciéndoles que si los chicos, que si sus derechos, que si vivieran en la superficie…
-¿Tú tenías una mascota, verdad? – dijo de pronto la niña de cabello negro.
-¿Cómo lo sabes? – preguntó Raphael, el tema de Spike era definitivamente uno que no estaba dispuesto a discutir con la niña.
-Mikey me lo dijo, también me dijo que se hizo mutante y que se hizo malo – comenzó a explicar la niña.
-Spike no se hizo malo, ¿Si? – dijo de repente Raphael parándose de golpe y viendo a la niña.
-¿Entonces que le pasó? – preguntó la niña.
-Es solo que… es que él…- Raphael se detuvo, no sabía como explicar lo sucedido con Spike, ni siquiera estaba muy seguro de seguir llamando Spike a su viejo amigo, solo miró a la niña molesto. – Es algo que no te importa, mocosa, ahora vámonos –
Mindy hizo un puchero ante el comentario de Raphael y comenzó a caminar a su lado.
-Eres muy grosero, malcriado y grosero. Feo y grosero. Malo y grosero. Sangrón y grosero… -
-Si, si, ya entendí – murmuró Raphael. – soy grosero, y tu eres una mocosa bocona –
-Peleonero y grosero – dijo la niña. De repente, se paró y comenzó a moverse raro.
-¿quieres darte prisa? – refunfuñó Raphael.
-Ya me cansé – dijo la niña - ¿Háblale a tia Elisa? –
-NO, no puedo llamar a tu tía Elisa, quedamos de vernos en el faro y vamos para allá – dijo Raphael comenzando a sentir que las venas de su cabeza palpitaban fuera de control.
-¿Y si tomamos un taxi? – preguntó la niña. Yo traigo mi mesada en mi bolsita.
-No vamos a tomar un taxi – dijo Raphael exasperado – no soy del tipo que pueda tomar un taxi libremente por si no lo has notado –
-¿Lo has intentado? – preguntó la niña.
-Es solo una niña… es solo una niña… - comenzó a decirse a si mismo Raphael para intentar calmarse.
-Quiero ir al baño – dijo la niña de repente.
-¿Qué? – Raphael miró a todos lados – pues… ve, busca un lugar donde ir –
-¡Claro que no! – dijo Mindy de lo más ofendida – yo soy una damita –
-¿Y que pretendes que haga? – dijo Raphael, comenzando a sentir que una vena de su sien iba a saltarle.
-No se, pero lo que vayas a hacer, hazlo PRONTO! –
Raphael palideció. En que lio se habia metido.
Mientras tanto... Miguel Ángel y Donatello caminaban despacio. Mikey se sentía mareado y con dolor de cabeza. Donatello se sentía agitado, ya que sus bronquios aun estaban inflamados por la exposición al gas cianhídrico. Elisa iba con ellos, y la joven mujer estaba preocupada por la salud de ambos adolescentes. Lo más recomendable para los dos hermanos era que descansaran, pero la situación no estaba para tomarse a la ligera. Así que con determinación comenzaron a buscar una salida.
-Donatello, si te sientes fatigado debes descansar – dijo Elisa viendo como el chico más alto tenía problemas. Se sujetaba las rodillas como si hubiera corrido un maratón, y podía escuchar un sonido agudo a cada respiración del muchacho.
-Es… estoy… bien – dijo apenas audiblemente el de bandana púrpura.
-No, no lo estás, y no pretendas engañarme – dijo Elisa.- creo que los soldados ya quedaron muy lejos, estamos seguros por ahora –
Elisa volteó a ver a Miguel Ángel. El niño estaba de rodillas mirando un rincón en esa alcantarilla.
-Aquí estuvimos con Sensei – dijo el niño – en este lugar, él nos encontró una vez que salimos sin permiso. ¿Lo recuerdas? –
-Estuvimos en muchos lugares con Sensei – dijo en un susurro Donatello, tratando de cambiar de tema. El tema de Splinter era un tema delicado que a todos aún les dolía, y que tarde o temprano deberían tocar, pero ahora no era el momento.
-Pero… no me acuerdo de muchos lugares, me confundo, pero este lo recuerdo bien… fue cuando te enfermaste porque nos vinimos a ver los fuegos artificiales – dijo Miguel Ángel reprimiendo una lágrima.
Miguel Ángel miró a su hermanito de morado, los ojos azul cielo del menor estaban llenos de lágrimas. Donie recordó el momento. Era una de tantas veces que habían escapado sin permiso, fue una noche de año nuevo, y querían ir a ver los fuegos artificiales, ese día Splinter los había buscado como loco. Y cuando los encontró notaron la mirada de alivio en su padre, claro, muy pero muy por debajo de toda la furia que lo estaba dominando por no saber de ellos en toda la tarde. Ese día se habían ganado un par de palmadas de parte de su padre y un buen castigo sin televisión ni postre por una semana.
Pero al parecer de los chicos, había valido la pena. A pesar de que Donie estaba resfriado esa vez y al haber salido tan tarde y con tanto frío le había complicado el resfriado en una bronquitis. Los muchachos se habían preocupado bastante por su hermano, y tuvieron que admitir que su padre tuvo razón en enfadarse. Donatello lo había pasado muy mal. Debido a dicha infección respiratoria, su padre lo había llevado con su amigo Paul, el cual había determinado que Donatello necesitaba un antibiótico inyectado, cosa que no resultaba muy agradable que digamos para el niño, pero si era muy necesaria, aunque dolorosa. Sus hermanos se habían preocupado al escucharlo toser tanto, y también al oírlo llorar luego de cada inyección. Tampoco podían evitar sentirse culpables al ver las miradas de preocupación de su padre cada que revisaba al niño. Afortunadamente, Donie superó la enfermedad, y debían admitirlo, ver los fuegos artificiales de cerca, había sido un lindo espectáculo. Muy distinto a verlo por la pequeña televisión que Splinter había sacado de su departamento cuando mutaron.
-Sensei… Sensei estaba muy enfadado esa vez – dijo Donatello con voz baja - ¿Lo recuerdas? –
-¿Cómo olvidarlo? – dijo Mikey – Extraño mucho a Sensei –
-Igual yo, hermanito – dijo Donatello con dificultad.
Elisa se sentía impotente, desearía realmente poder hacer algo para aliviar la pena de los chicos, pero no había mucho que hacer.
-Conocí poco a su padre – dijo la joven doctora – pero se ve que los amaba mucho. –
Un ruido cercano los hizo salir de sus pensamientos, no podían lamentarse ahora.
-¿El grupo Elite? – preguntó Mikey, tanto él como Elisa y Donie se escondieron, a unos cuantos pasillos de ahí se escuchaban las voces de los hombres buscándolos, Donie y Mikey no estaban en condiciones de pelear, y ciertamente Elisa no era una opción.
Debían darse prisa.
Dax terminaba de guardar algunas cosas en su mochila de viaje, sin que el joven Dix le quitara lavista de encima. El gato montés mutado podía sentir que el jovencito quería decirle algo, pero no se animaba, sin embargo, continuó con su labor.
-Trataré de venir pronto – dijo el gato.
-¿Porqué ahora te tardas tanto en ir por comida? – preguntó el muchacho con el rostro recargado en sus brazos cruzados, mientras estaba casi acostado sobre la mesa.
-las cosas se han puesto difíciles, hijo – dijo Dax suspirando. – la gente de metal y los humanos no quieren darnos tregua, es peligroso que nos vean por lo que debo permanecer oculto, y por lo mismo, tu debes ocultarte aquí también –
-si padre – dijo el niño con pesar, mirando a otro lado.
Dax suspiró de nuevo y salió. Tenía sentimientos encontrados, no quería decirle a su hijo que lo que realmente estaban haciendo era planear una guerra entre especies. Después de todo, Dix seguía siendo humano, aunque él no lo considerara así. Pero Dax sabía que tarde o temprano, sus compañeros mutantes se darían cuenta, y jamás aceptarían a Dix. Eso le dolía, ya que los demás mutantes se estaban convirtiendo en lo que más odiaban: en humanos prejuiciosos. Ya que no importaba que Dix exteriormente fuera humano, él no era como los humanos.
Recordó el dia de su mutación. Como estaba en su cubil, con su pareja y sus cachorros. Las crías solo tenían unos cuantos días de nacidos, ni siquiera habían abierto los ojos. Eran cuatro, tres hembras y un machito. Eran tan pequeños e indefensos. Era su primer camada. Y su pareja estaba feliz. No recordaba mucho sobre su vida como animal, pero eso si podía recordarlo, sus crias. Algo que tampoco podría olvidar sería el sonido de las terribles varas de trueno que los humanos usaban para matar. Esas que lanzaban fuego con un espantoso sonido, que no necesitaban acercarse para matar a sus presas: a distancia habían matado a su esposa. Y cuando llegó a su cubil, luego de escuchar el trueno de la vara, encontró a sus cuatro crías muertas de la manera más cobarde. Los humanos eran unos cobardes: a su pareja, que era adulta, la mataron a distancia, y a sus crias que no podían defenderse las mataron de cerca. El gato montés se lanzó sobre los hombres que mataron a su familia, cuando los vió en su cubil, y le mordió la oreja a uno. El hombre humano lo lanzó lejos y cayó en un barranco. Escuchó que los hombres hablaban en su idioma: idioma que en ese tiempo desconocía y que para el solo eran sonidos extraños. Escuchó el sonido de la vara de trueno, y pensó que se reuniría con su pareja en el mundo de los que se van. Pero cayó sobre las rocas, cerca de esas criaturas: los hombres de metal. Esos hombres de piel dura que le aplicaron un extraño líquido color verde, como el pasto, y luego ocurrió lo inimaginable. Sus huesos se movían, retorciéndose, deformándose. Su piel se estiró, su cuerpo cambió. Cuando se dio cuenta, algo había sucedido. Ya no caminaba con el pecho hacia el piso, como antes, ya no usaba sus cuatro patas, las patas de adelante habían cambiado. Se miró sus patas delanteras y eran como las de los humanos. Su cuerpo se erguía y caminaba como ellos, tocó su piel, su rostro, se sentía como el de ellos.
Los hombres de metal intentaron meterlo a una jaula, pero eso no lo iba a permitir. Estaba herido, pero aun así logró escapar. Aun conservaba algo de su agilidad felina. Y logró escabullirse de las luces calientes que los hombres de metal le lanzaban.
Corrió y corrió sin detenerse. Hasta que sus fuerzas le fallaron y cayó cerca de aquella casa. Fue cuando ese niño humano lo encontró.
El niño luchó por subirlo a su carrito rojo, en el que arrastraba piedras y otras cosas. El niño lo llevó con dificultad hacia su padre. Y el niño hizo que lo curaran. El niño no era como todos los humanos, tal vez su padre si, porque cuando el niño perdió un dedo, el humano ya no regresó a buscarlo. Cuando el niño estaba lleno de sangre, el humano se fue, prefirió seguir a los hombres de metal que buscar a su hijo. A su cria. Para Dax, al hacer eso, había perdido el derecho a llamarlo su cria, ahora era de Dax, ese niño jamás reemplazaría lo que perdió, pero ambos estaban solos. Y el niño le había salvado la vida, era hora de corresponder.
Pensó que el niño jamás sobreviviría con lo que perdió de sangre, pero lo logró. El niño vivió y al parecer no recordaba muchas cosas, porque cuando despertó, le preguntó quien era él.
Dax… ese nombre se lo había dado el niño porque se parecía al suyo. El niño se llamaba Dix, y él Dax. Y el niño no recordó nunca a su padre, y comenzó a llamarlo padre a él. A Dax no le importó, después de todo, Dix estaba con él y él se encargaría de protegerlo.
Por su parte, Leonardo caminaba con Abril y Olivia entre las calles de la ciudad de Nueva York.
-Olivia, ¿Usted nunca se ha casado? – preguntó Abril luego de un rato, necesitaba tener algo de plática, aunque fuera para calmar sus nervios.
-La verdad, no he encontrado a nadie especial – dijo Olivia tratando de evadir el tema.
-entiendo, es difícil encontrar buenos chicos, yo encontré algunos pero estaban debajo de las alcantarillas, la gente no suele buscar ahí – dijo la pelirroja, haciendo que Leo la mirara y sonriera.
-Es difícil, sobre todo con mi trabajo, conoces muchos hombres malos: abusadores, pederastas, hombres que golpean a sus hijos, es difícil encontrar un buen partido – dijo Olivia, sin embargo, Leonardo se quedó pensativo en un punto.
-¿A qué se refiere con Hombres que golpean a sus hijos? – preguntó Leonardo.
-Oh oh – suspiró Abril, ya que conocía el tipo de vida que llevaban los muchachos, que para muchos ojos podría considerarse difícil
-Bueno, hay padres que en vez de castigar a sus hijos, les golpean, o les hacen cosas terribles – comenzó a explicar la detective. – Los niños tienen derecho a vivir sin violencia, y un adulto que golpee a un niño comete un delito y debe ser encarcelado –
-¿Aunque sea su padre? – preguntó Leonardo.
-En la mayoría de las veces es el padre, cielo, o algún maestro, o un familiar – dijo Olivia – Hay muchos métodos para castigar a un niño, y una tunda no está contemplada en ninguno –
-Eso no quiere decir que sean malas personas – dijo de pronto Leonardo – mi padre… Splinter si nos pegaba – Leonardo se puso nervioso al ver el rostro de Olivia – a veces… pero eso no significa que sea… que fuera un mal padre –
Olivia guardó silencio. Había notado que el tipo de vida que llevaban los muchachos distaba mucho del tradicional, y aunque estuviera en desacuerdo con Leonardo, sabía que lo de su padre aún estaba muy reciente, por lo que decidió guardar su distancia.
-Esto está muy callado, me da miedo – dijo Abril mirando a todos lados, alerta.
-Solo permanezcamos juntos – dijo Leonardo, tratando de ocultar su propio nerviosismo.
Olivia reconoció el lugar y se puso un poco nerviosa. Cerca de ahí estaba el hospital donde había visto reunirse a los mutantes.
Iba a sugerir buscar otro camino, cuando escucharon un auto a gran velocidad. Leonardo les indicó a las chicas que se ocultaran en lo que parecía un almacén abandonado. Con los sentidos alerta, Olivia, Abril y Leonardo permanecían asomados a la ventana, cuando vieron pasar una camioneta, donde viajaban en la parte de enfrente un par de sujetos armados. Los hombres se estacionaron y bajaron del vehículo, con sus armas listas, buscando cualquier indicio.
-¡Demonios! ¿Dónde se habrán metido esos malditos fenómenos? – gruñó uno de ellos.
-Toda su maldita vida han vivido refundidos en las alcantarillas como ratas – secundó el otro – es lógico que aprendieran las mañas de éstas para moverse entre los túneles –
-Vamos a buscar a los demás – dijo algo molesto el primer hombre – Lars no nos permitirá regresar sin esos monstruos –
Los hombres regresaron a la camioneta y se fueron.
-Se han ido, creo que… - comenzó a decir Leonardo, pero el joven de bandana azul se quedó helado al ver a un par de mutantes, un castor que sujetaba a Abril desde atrás y le había colocado un cuchillo en el cuello, y un zorro que tenía igual sujeta a Olivia.
-No te preocupes, hermano mutante – dijo el castor – tenemos a las humanas, no te harán daño –
-Pero… ellas… ellas son mis amigas – dijo nervioso Leonardo.
Los mutantes se vieron entre si.
-Eso no puede ser, mutante – dijeron los mutantes viendo a Leonardo – debes decidir en que bando estás, o con ellas o con nosotros -
CONTINUARA...
Quisiera disculparme si de repente me vi muy ruda con los niños en este cap, no era mi intención, pero es que si no lo hacía así, no iba a quedar satisfecha con el fic.
Bueno, eso es todo por ahora, espero que les haya gustado.
Saludis
