Espero que esto de actualizar deprisa los fics siga así, sos JAJAJA. Para los que solo leeis este fic y podéis pensar que tardo mucho, deberíais saber que tengo otros dos fics que actualizo cuando puedo, y otras cosas que escribo aparte. Mantengo la idea de que por mucho que los personajes parezcan dar un paso, seguirá siendo igual y la relación de sexo no va a cambiar. Aunque hayan acercamientos de sentimientos. No os preocupéis por eso. EjemLucieEjem.

PD: No lo he revisado, dejad una review con opiniones!


Capítulo 14. "Chemistry"

Rick daba vueltas en su cama, una y otra vez. Esa noche el hueco a su lado se le estaba haciendo inmensamente enorme y también frío. Ni siquiera las sábanas pegándose a su cuerpo lograban aliviar la sensación de sentirse solo. Seguía teniendo el pelo húmedo, lo notaba al estar acostado sobre la almohada. Eso no hacía más que darle pie a pensar en la ducha que acababa de compartir hacía poco con Kate. En la segunda vez que habían vuelto a hacerlo, solo que esta vez mucho más lento.

Con la ducha cayendo sobre sus cuerpos, se habían pegado contra una de las paredes de azulejos oscuros. Sus bocas no eran capaces de despegarse, ni sus lenguas aguantaban unos segundos sin poder rozarse entre ellas. Rick la sostenía por las nalgas, mientras que Kate se ayudaba de sus piernas para rodearle la cintura y al mismo tiempo, pasar los brazos por sus hombros y enlazarlos tras su nuca. Habían disfrutado cada una de esas profundas embestidas, lentas y ardientes. Esas en las que el escritor había tenido que clavar las uñas en el culo de Kate para contenerse, porque ella se movía con una agilidad capaz de ganar al más experto. Se habían mordido con fuerza, habían gemido en voz alta sin miedo a ser escuchados, se habían mirado a la vez cuando hubieron superado el precipicio del orgasmo, y en los ojos del otro habían descubierto los sentimientos que ocultaban.

Después, agotados, habían decidido que sería mejor irse a dormir cuanto antes en lugar de pasar más tiempo juntos. En ese momento le había parecido una buena idea. La ducha le había dejado más relajado que en toda su vida, sin embargo no contaba con el insomnio que le proporcionaría no dormir junto a ella. Ahora, no podía apartarla de sus pensamientos.

Era consciente de lo que Kate estaba cambiando en su interior, puesto que ninguna mujer había conseguido una atención semejante. Pero todo con ella era distinto, así que prefería no pensar en ellos y guiarse por su instinto, vivir. Cuánto más pensase, peor estaría. De modo que en medio de la oscuridad, con la suave lluvia tocando a su ventana y su cuerpo más despierto que dormido, decidió atreverse, en lugar de quedarse allí sufriendo.


Kate giró primero hacia su derecha. Después hacia su izquierda. Cuando estuvo ciertos minutos en esa postura, consideró que tal vez era mejor dormir boca abajo, con el edredón sobre su espalda en lugar de su pecho. Pero, de nuevo, quiso cambiar la postura. Se conocía lo suficientemente bien como para saber que la culpa no era la manera en la que quería dormir, ni tampoco el sueño. La culpa de todo aquello era su vecino, ese con el que al fin se había acostado-dos veces-y del que se había despedido sin quererlo en realidad.

Suponía que estaba acostumbrada a dormir con Connor después de mantener relaciones sexuales con él. Y era cierto, no le gustaba mucho dormir sola. Le gustaba saber que tenía a alguien a su lado, aunque solo fuese esa noche y a la siguiente fuese otra persona la que le abrazase por la espalda. No obstante, también sabía que si así fuera, echaría de menos a Connor, y esas ganas de compartir cama con Rick no existirían.

Se tumbó boca arriba, frunciendo el ceño. Tampoco podía dejar de pensar en lo bien que se había sentido entre sus brazos, o besando su boca. Dios, los besos del escritor tenían magia. Tenían un tacto distinto al que había probado en todos los hombres con los que había tenido la oportunidad de conocer más a fondo. Era la manera en la que se movían sus labios sobre los suyos, como si ese fuese el sitio que les correspondiese y ninguno más. O la destreza con la que se movía su lengua dentro de su propia boca.

Suspiró. Ya tenía la piel ardiendo. Odiaba sentirse tan vulnerable con él. No podía hacer nada al respecto y eso significaba que no estaba dominando sus sentimientos, cosa improbable en su vida. Pero Rick tenía ese algo del que no podía escapar. Esta vez se colocó de espaldas a la puerta, molesta. Cada vez tenía más ganas de colarse en su piso a hurtadillas, subir las escaleras y meterse en su cama. Seguramente se levantaría al día siguiente como si le hubiese tocado la lotería, y no malhumorada, como seguro lo haría mañana.

Escuchó un crujido fuera, en la escalera. Levantó un poco la cabeza de la almohada, confusa. Sabía que los muebles, y sobre todo la madera, crujían por la noche o algún que otro paso del vecino de arriba rebotaba en su loft. Pero era imposible que las pisadas silenciosas que se acercaban a su puerta fueran imaginaciones suyas, ni podían estar reflejándose ahí desde otro apartamento.

Estiró la mano hacia la mesita de noche, justo la que daba hacia el lado en el que dormía. No supo cómo pudo abrir el primer cajón tan rápido, sin realizar el mínimo ruido y rebuscar entre su ropa interior en busca de la pistola que le regaló su padre al mudarse por si sucedía algo así. Por suerte su licencia de armas seguía en orden. Se colocó de rodillas sobre el colchón, esperando a que el picaporte de la puerta girase y apuntó justo a lo que sería el pecho de la persona que pudiese entrar. Apenas una luz de fuera iluminaba la habitación, y eso le preocupaba. No tenía el suficiente ángulo, ni visibilidad para efectuar un disparo si de veras lo necesitaba. Pero siempre podría encender la lámpara que tenía al lado.

En un lapso de cinco diez segundos la lamparita se encendía, la pistola enfocaba la puerta y ésta se abría sin intención de hacer ruido. Kate inspiró por la nariz, apretando con fuerza la empuñadura.

-¡Detente si no quieres que te meta una bala en el pecho!-gritó sin que la voz le temblase por los nervios. Técnicamente estaba practicando para lo que supondría su trabajo en un futuro. De hecho si apretaba con tanta fuerza la Glock era para que no le temblasen las manos y pudiese suceder una desgracia.

-¡Kate, soy yo!-el escritor saltó contra la pared, con las manos en alto. La miraba con el puro terror atravesándole el rostro. Podía notarlo en su respiración irregular y en la manera que se apretaba hacia atrás, todavía asustado.-¿Puedes dejar de apuntarme?

La policía lo consideró, enarcando una ceja. Rick era consciente de que estaba siguiendo con aquello porque disfrutaba haberle pillado y también le había divertido su reacción. A continuación suspiró, con una mueca cargada de enfado y se giró para guardar de nuevo la Glock en su debido lugar. Sin embargo hizo un esfuerzo terrible para no reír en voz alta, para que él no supiese que la situación le hacía gracia en lugar de enfadarla.

-Podría haberte matado, imbécil.-respondió en voz alta. Cuando se giró, el escritor seguía pálido por el susto y comenzaba a bajar las manos lentamente hasta dejarlas a la altura de su cadera.-¿Por qué sigues colándote aquí como si nada?-añadió, cruzándose de brazos esta vez.

Rick balbuceó, avergonzado. Realmente no se había parado a pensar en que tal vez ella no quería dormir con él, sino sola. Y que ese era el motivo por el que no se había quedado en su apartamento. Tenía miedo de abrir la boca y recibir una negativa que le dejase en evidencia. Pero Kate seguía asesinándolo con su mirada.

-Bbueno, yo quería...-se encogió de un hombro, eligiendo las palabras con cuidado. Kate notaba la tensión en todos los músculos de su cuerpo, sin embargo lo más evidente era su mirada. El susto que todavía se podía ver reflejado en sus ojos azules.-¿Dormir contigo?

El cuerpo de Kate vibró por dentro, como si estuviese de fiesta. Su emoción se centraba, en parte, a que él había estado pensando lo mismo que ella y que al menos había dado el paso que, de no haber sido por él, tal vez ella hubiese acabado dando. Y en parte, porque no pasaba por alto esa necesidad de los dos de dormir juntos, cuando sabía que Rick tampoco acostumbraba a hacerlo con nadie.

Reparó entonces en que solo iba vestido con unos bóxers negros. En los cuales su miembro se apretaba contra la tela, hacia un lado, y se notaba su grosura. Rick, tampoco desaprovechó esa pausa para mirarla. A diferencia de él, ella llevaba puesta una camiseta ancha de béisbol, y no tardó en averiguar que allí debajo no existía el sujetador. Tragó saliva con fuerza, con todas las emociones del momento estallando en su interior. Se moría de ganas por saber si estaría utilizando bragas o tanga, o mejor, nada.

Sin mediar ninguna palabra, Kate masculló algo siguiendo con su papel de indignación y alcanzó el interruptor de la lámpara justo para apagarlo. La habitación se quedó a oscuras mientras ella regresaba a su postura anterior, ladeada. No obstante, frunció el ceño al no escuchar el menor movimiento. Solo escuchaba la respiración de Rick.

-¿Vas a dormir de pie, o qué?-añadió rodando los ojos.

Se mordió la cara interna de la mejilla al notar cómo el colchón descendía unos centímetros cuando Rick hincó su rodilla en él. Su olor a gel de hombre se escurrió entre los dos hasta llegar a su nariz, incrementándose cuando él se tumbó detrás de su espalda y su pelo húmedo quedó a milímetros del suyo.

-Estaba esperando a que me dijeses que no.-le escuchó decir en voz baja. El edredón se movió y las piernas del escritor se sumaron a las suyas allí debajo, en el calor de la tela. Le notó dudar sobre dónde podría dejar las manos. Eso la hizo sonreír. Richard Castle podría ser un egocéntrico de mierda, pero en esos casos que parecía un adolescente primerizo, no podía ser más adorable. Sobre todo porque si hacía aquello era porque la respetaba y no quería incomodarla.

-¿Alguna vez me haces caso cuando te digo que no?-susurró ella moviéndose un poco para que su espalda se pegase a su pecho. Al menos así él sabría que no tenía ningún reparo en que la abrazase.

-Si me dices que no quieres que duerma contigo, o que no te bese o cualquier cosa así soy el primero en respetarte.-musitó cerca de su oreja con una voz ronca.

Kate notó la creciente erección entre sus glúteos. Ella notaba el calor que desprendían los dos cuerpos tan juntos, y que mezclado con el ambiente sofocante que creaban entre los dos, terminarían sudando. Se removió contra su erección a propósito, de arriba abajo. Lo escuchó jadear contra su oído, y eso pudo con ella. Esa vez, cuando su camiseta rozó sus propios pechos, sus pezones acariciaron la tela, erectos.

Rick había dejado una de sus manos en su pierna. La otra debía estar tras su espalda. Notaba la suavidad de sus dedos ascender dentro de la camiseta, desde el muslo hasta la cadera. Una vez allí fue su brazo el que cruzó su estómago para atraerla más hacia a él. Kate se mordió el labio inferior, aguantando la enorme sonrisa que amenazaba con delatarle.

La respiración de Rick era constante tras su oreja. Así como su pecho bajaba y subía con una tranquilidad sorprenderte. Kate estaba nerviosa, increíblemente torpe para su gusto. Rick la alteraba, y cuando conseguía tenerla en vilo, era él el que se mostraba más en calma.

-Kate.-susurró apoyando los labios a propósito contra su oreja.-¿Puedo pasarte el otro brazo por el hombro?

La aludida asintió en silencio. Sentía que si abría los labios lo único que podría salir de ellos sería un gemido, o su voz excitada la delataría. Se acomodó mejor cuando Rick terminó por abrazarla a la perfección. La tenía bien sujeta por el pecho y por el estómago, mientras que ella dejaba caer la cabeza encima de su brazo. Era imposible estar más pegados de lo que ya estaban.

Cerró los ojos unos segundos en medio de la oscuridad. La lluvia seguía regalándoles una melodía metálica cada vez que sus gotas chocaban contra alguna superficie. Se fijó en la insuficiente luz amarillenta que no llegaba a iluminar el dormitorio, que apenas se quedaba en la tarima de debajo de la ventana y pensó que esa era la primera vez que se sentía así. Estaba relajada, cachonda y no había músculo en su cuerpo que denotase tensión.

Relajada por la situación. La lluvia por la noche la ayudaba a conciliar el sueño, y para qué mentir, sin Rick abrazándola no habría conseguido ese estado de paz absoluta en la que estaba. Cachonda porque no se quitaba de la cabeza la sensación de sentir el miembro duro del escritor apretándose contra su culo.

Connor se ponía juguetón la gran mayoría de noches, si es que acaso no terminaban lo suficientemente cansados como para caer rendidos y dormirse directamente. En él encontraba también ese aro de protección, pero su vecino, bueno... Con el escritor era todo muy distinto y la idea le asustaba. Se rio al sentir uno de los dedos de Rick en sus labios.

-Con que dormir, eh.-susurró consciente de que no necesitaba alzar más la voz. Le mordió la yema de uno de los dedos. No sabía cuál. Eso rebotó en cuestión de segundos en el calzoncillo del escritor, el cual se ensanchó más, para su sorpresa.

-Soy incapaz de tenerte tan cerca sin empalmarme.-jadeó contra su oído. Kate volvió a sonreír. Ese era el efecto de Rick en su cuerpo. No dejaba de reír. No importaba por qué, dónde o cómo, siempre conseguía que las comisuras de su boca se curvasen en una refulgente sonrisa. Esa vez se debió a la necesidad latente en su voz.

-¿No te agotas?

Rick flexionó sus bíceps hacia arriba hasta conseguir colocarse unos centímetros sobre su rostro. En la oscuridad tanteó su boca, besó sus labios y lamió su lengua tomándose su tiempo para disfrutar de ella.

-Contigo siempre voy a querer más.-le confesó con el corazón en la boca, latiéndole a mil por hora y las manos ocupadas en la tarea de sacarle esa holgada camiseta de una vez por el cuello. Descendió la boca hasta tener sus pechos dentro de ella. Hasta conseguir un nuevo gemido en la garganta de la policía.

Le gustaba sentir cómo le tiraba del pelo. Cómo sus uñas arrasaban la piel de su espalda y cómo sus piernas se abrían para recibirle. Eran las pequeñas cosas que desde hacía un tiempo le daban la vida, le hacían sentir vivo. Era su garantía de saber que ella disfrutaba al cien por cien de sus atenciones. La sujetó por la cintura y la sacudió hacia abajo para que su sexo golpease su erección mientras él seguía ocupado devorando sus pechos, rodeando sus pezones con su lengua.

-Eres un niñato cachondo, Rick.-protestó ella fuera de control. Ya nada importaba. Había conseguido lo que quería desde que había decidido colarse en su habitación. Hacerlo una última vez con la seguridad de que al terminar dormirían juntos, y odiaba que fuese capaz de controlarla de esa manera.

Le bajó los bóxers desde el culo, el cual golpeó con fuerza, con rabia. Porque era eso lo que sentía. Eso, más la mezcla de revoluciones en su interior debida a la excitación que la inundaba, se consideraba una bomba peligrosa con ganas de estallar. Le escuchó gritar entre dientes antes de morderle con fuerza el lado de uno de los pechos. Esa vez no pudo contener el gemido ahogado por el placer que había encontrado tras esa marca de dolor. Frunció el ceño al pensar que al día siguiente tendría la seña perfecta de varios dientes sobre su teta.

-La niñata eres tú.-a una velocidad increíble le quitó las bragas de encaje que estaba utilizando y sin más preámbulo la penetró con fuerza, todavía sujeto a su cintura y con la boca en su escote.-Yo te doy vida y eso te encanta, Kate.-siguió con las embestidas duras que llegaban hasta lo más profundo de su ser. Rick deseó poder tener una vista más amplia de los ojos de la policía mientras la llenaba, porque la visión de sus ojos verdes disfrutando y estando enfadados, era lo único que necesitaba ver.-Te encanta que follemos, que nos toquemos, que lo hagamos a cualquier hora y aún más si lo hacemos con fuerza.

La agarró con ímpetu por la barbilla. Casi podía escucharla rugir, aunque los únicos sonidos que querían escapar de su boca eran rudos jadeos. La cama de madera crujía cada vez que entraba y todavía más cuando salía de ella. Se besaron con furia en aquella oscuridad pegajosa. Se mordieron con saña, queriéndose hacer daño de verdad porque, como bien había dicho el escritor, les encantaba sentirse con énfasis, con la realidad en medio de cada uno de sus encuentros.

-Dilo, Kate.-musitó Rick cogiendo con fuerza el cabezal de la cama. El inicio de su miembro rozaba el clítoris ya hinchado de la policía, despertando más vibraciones en su cuerpo emocionado. Sus cuerpos parecían estar hechos a medida cada vez que se fundían.

-No pienso darte ese gusto.

El escritor rio con ganas. Dios, la adoraba. ¡La veneraba! Le encantaba su fuerza, su carácter, su cabezonería incluso mientras follaban en su habitación, mientras él la llevaba a un lugar entre el placer que seguro ningún hombre la había llevado. Rodeó sus lumbares con su brazo y se la echó encima. La fricción entre sus cuerpos aumentó todavía más.

Los dos gritaron al unísono. La sensación de ser uno, sin nada de por medio, en esa postura les podía. Kate se apoyó en sus hombros, saltando una y otra vez contra la erección que la estaba llenando por dentro, con la que estaba gozando. Con la que se correría en breves instantes. Su cuerpo sudaba y el de Rick no se quedaba atrás. Ya no sabía qué era sudor y qué eran fluidos, todo formaba parte de la misma armonía.

-Joder, te odio.-le mordió en el cuello como revancha por el moretón que ella tendría en el pecho los próximos días. Solo que él se sintió incluso complacido. La agarró por las nalgas, ayudándola a subir y bajar con ese ritmo que poco más podían soportar.

La cama parecía que se haría trizas de un momento a otro. No sabían de dónde sacaban las fuerzas para estar haciendo eso, pero lo estaban consiguiendo. Kate se dejó besar con esa ardiente voracidad con la que Rick solía tratarla si se encontraban en medio de un polvo. Era el único lugar dónde le gustaba ser un poco dominada, y él era el hombre perfecto para obligarla a sacar su furia.

Cayó rendida sobre él, con el orgasmo sacudiendo su sexo y filtrándose en sus terminaciones nerviosas. De nuevo, él la abrazó, le besó el pelo y deliró con su nombre cuando el éxtasis le alcanzó también y terminó mojándola por dentro con su propia liberación. Sonrieron.

Ese era su lugar de encuentro, puesto que no se entendían mejor que en la cama y eso era todo un privilegio.


-Entonces, ¿es algo así como tu fan número uno?-Kate se llevó a los labios la taza de café que Rick le había preparado mientras ella se dedicaba a dormir.

El escritor se había despertado mucho antes y la había dejado abrazada a la almohada, desnuda y con una sonrisa divertida. O al menos eso le había dicho cuando hubo aparecido en el salón, adormilada. Sí que recordaba la sensación de vacío que había experimentado al despertar y ser consciente de que a su lado Rick no estaba, sino un hueco frío. Habían pasado una noche espléndida. Por no hablar de lo bien que se dormía con alguien como él abrazándole por detrás. No la había soltado en toda la noche, pero tampoco la había abrumado ni agobiado. Todo lo contrario, había disfrutado. Todavía era capaz de sentir la suave respiración del novelista acariciándole la mejilla. O las veces que se removía, apretándola más contra su pecho.

Así que al encontrarle de nuevo cerca de la isla de la cocina, en medio de un desayuno apetitoso, su corazón había dado un vuelco. No por lo increíblemente atractivo que se veía por las mañanas, con su pelo castaño claro revuelto y los bóxers cayendo por su cintura, sino porque le gustaba esa clase de tíos. Los que no la necesitaban por el día, los que no remoloneaban con ganas de más sexo. No, le gustaban los que se creían independientes como para bajar a hacer el desayuno, los que prefería que fuesen detrás suya y te miraban con una sonrisa más inocente que un cachorro de gatito. Esos como Rick.

Kate se había sentado en uno de los taburetes, pegada a la isla de la cocina. No dejaba de observarle a hurtadillas al mismo tiempo que compartían alguna que otra palabra. Rick tenía algo que no dejaba de atraerle incluso después de haberse acostado con él. Después de que se hubiesen exprimido al máximo haciéndolo tres veces en un periodo inferior a 6 horas de diferencia. Era aquel encanto de la prepotencia la que le gustaba.

Le observaba mientras decoraba las tortillas con distintos siropes, o mientras añadía las cucharadas necesarias para que su café supiese más dulce. Incluso con la más mínima tontería no podía dejar de mirarle. Carraspeó, negando lentamente con la cabeza. Tenía que deshacerse de esas ideas llenas de bobadas y centrarse en lo que valía la pena: en el adolescente de la fiesta de Halloween que había resultado ser un auténtico fan de su vecino.

Rick, por primera vez en lo que se conocían, se había mantenido serio, tal vez un poco incómodo. Kate nunca le había visto de esa manera, con la preocupación denotándose en cada palabra que salían de sus labios. Su mirada corroboraba lo que ella leía en su lenguaje corporal. Aquel chico significaba mucho para él, aunque no quisiese aceptarlo en voz alta.

-Mi editor me dijo que mis libros le ayudaron a superar la muerte de sus padres.-Rick se pasó la mano por la barbilla, pensativo. Tenía la cabeza hecha un lío con el tema de Ethan. No había dejado de pensar en él. Kate le había servido de distracción en todos los sentidos, mucho más que eso en realidad, pero su mente se centraba constantemente en el joven escritor huérfano que se intentaba ganar la vida en Nueva York.

-¿No tiene padres?-la policía suavizó el gesto. Ahora comprendía la preocupación de Rick. De alguna manera se sentía responsable de Ethan, quería ayudarle.

-No. Y yo no sé, conecté con él de alguna manera, Kate.-los dos se miraron en silencio. Rick sentía la necesidad de abrirse completamente ante la mujer que le miraba de aquella forma tan extraña y a la vez familiar. Esa mañana la veía relucir y sabía que se debía a que no era lo mismo verla durante el día, si es que podía, que despertar a su lado. Cuando ambos fueron conscientes de la manera en la que se miraban, la apartaron al mismo tiempo.-Yo no tengo padre, y él ha perdido a los dos.-añadió frunciendo el ceño.

-¿No tienes padre?

Rick se arrepintió al instante de haber tenido que hablar. A veces olvidaba que darle más información de la necesaria podría poner en peligro su relación con ella, sobre todo con tanto secretismo a sus espaldas. No obstante, otras veces sentía que ella comprendería todo lo que pudiese decirle. Ahora también se arrepentía de estar ocultándole algo tan gordo como lo que hacía.

-Nos abandonó cuando mi madre se quedó embarazada.-respondió sin mirarla, en voz baja.-Y pienso en que está solo, viviendo en una residencia de estudiantes, y no sé…

-Sientes las ganas de protegerle.-terminó Kate por él. Tras notar la incomodidad que le suponía hablar de algo tan profundo como la inexistencia de su padre, la policía había decidido salirse por la tangente y regresar a Ethan.-Yo lo llamo el síndrome del hermano mayor.-Kate se sonrojó al sentir la mirada azul de Rick sobre sus ojos.-Llámale, habla con él… ¿Nunca has tenido a ninguna persona que admirases hasta la médula?

-¿Un ídolo?-preguntó Rick ladeando la cabeza.

No dejaba de preguntarse si la boca de Kate sabría a café y estaba deseando comprobarlo.

-Sí.

-Yo me hice escritor por Ian Fleming.

-Casino Royal.-Kate sonrió moviendo la cuchara dentro de su taza. Rick la miró toda la adoración del mundo enfocada en ella.

-Sí…-susurró, sorprendido.

-Pues Ethan te ve como Ian Fleming.

Rick cambió la expresión de su rostro por una mueca seductora. Alzó una ceja en dirección a la policía.

-¿Cómo me ves tú?

Ella, a diferencia del escritor rodó los ojos como si él le aburriese.

-Como un pesado adicto al sexo.-saboreó una de las tortitas que Rick había hecho hacía unos minutos, sin apartar la vista de él.

-¿Adicto al sexo?-el escritor lanzó una carcajada al aire.-Por esa regla de tres tú también lo serías, porque ha sido contigo con la que he estado 'adicto'-hizo comillas con los dedos-las últimas tres veces.

-En mi defensa diré que la tercera ronda me vi coaccionada.-bromeó ella. Se escondió tras la taza de cerámica, incapaz de borrar esa sonrisa pícara de sus labios. Rick se acercaba a paso lento hacia ella.

-¿Los gemidos también eran coaccionados?-se mordió el labio inferior cuando Kate dejó que se metiese entre sus piernas. Ella seguía sentada en uno de los taburetes, mientras que Rick, de pie, se mantenía a escasos centímetros de su rostro.

-Sin duda.

-Ya.

Rick absorbió el labio inferior de Kate, cerrando los ojos. La reacción de la policía fue rápida. En un par de segundos, ella abría su boca a su encuentro y sus dedos viajaban por su nuca, acariciando los mechones cortos de su pelo.

-Entonces me centraré en otra que no se sienta coaccionada.-añadió antes de corresponder a la lengua juguetona de Kate. Le apretó los pechos por encima de la camiseta.

-Será lo mejor.-Kate se rio con sarcasmo. En ningún momento soltó el culo del escritor, pues desde el momento 0 ya había llevado allí sus manos. Le besó los labios uno a uno, lentamente.-Tal vez yo lo haga con alguien que no me coaccione.

Continuaron besándose de esa manera, acariciándose en silencio con alguna que otra mirada desafiante. Los dos se parecían mucho más de lo que pensaban, y se atraían de una manera más peligrosa de lo que sospechaban. Sin embargo, ninguno quería renunciar a esa química que los caracterizaba.

-¿Me dejas que te coaccione en el sofá?-Rick la levantó del taburete agarrándola por el culo y pegándola contra su dura erección, nuevamente.

-Las veces que quieras.-jadeó ésta, rendida.