Dime una vez más adios I


-Estoy un poco nerviosa -Me confesó Alice tras su lindo vestido de satín azul.

Le sonreí.

-¡Vamos! -Le anime-, solo es tu cuñada... no una estrella de Hollywood.

Asintió y volvió a meterse por la cocina, creo que más que nerviosa, se encontraba ansiosa. Yo por otra parte trataba de ignorar el fuerte apretón de mi estómago. Edward iba a venir.

Ya tenía dos semanas y cinco días sin verlo, lo celebraba como una sobria alcohólica. Y esta noche no sabía que iba a llegar a sentir, pero me daba más miedo el pensar que traería a otra Sophie con él.

Respiré hondo y ayudé a Alice con las copas y cada uno de los detalles de la mesa.

-¡Ey! Alice yo quiero Vodka blue -Le rogó Emmett a Alice.

Alice sonrío y le asintió con poca paciencia, Emmett empezó a celebrar y se tiró en el sillón a continuar con su juego -de una persona- de ajedrez. Era gracioso verlo jugar contra si mismo y peor, ni siquiera entender que rayos hacía.

Me entretuve con Emmett hasta que oí sonar el timbre y entonces sabía que vomitaría de los nervios. Edward había acompañado a Jasper por Rosalie. Respiré más hondo.

Tranquila Bella. Tranquila.

Escuché el grito de emoción de Alice y luego un ¡Hola! Efusivo, supuse que hacia Rosalie. Me giré y casi me desmayo de alivio cuando vi que Edward venía solo.

Me tope por un segundo con esas esmeraldas irreconocibles, podía apostar que el brillo era muy opaco en contraste a la última vez. Su boca decaía en un gesto sin gracia, como de amargura y desdén. Su paso grácil y elegante me alcanzó pero al instante decidí dar un cambio a mi punto de atención.

Ahora solo veía a Rosalie extrañada recibiendo el abrazo de Alice en lo que le sonreía a Jasper.

-¡Bella! ¿Cómo estás? -Me saludó Rosalie.

Le sonreí y no lo pensé dos veces para ponerme al tanto de la vida de Rosalie. Me contó sus nuevos proyectos, ella era modelo.

Reí casi toda la noche -la mayoría solo por fingir-. Jasper se veía feliz al ver que Alice y su hermana se llevaban bien.

-¡Emmett aquí esta! -Canturreó Alice con la copa en sus manos.

Entonces escuché como cayó el cristal y después el semi grito de Alice.

Rápidamente me giré hacia el accidente, Emmett parecía estar sonrojado ¿Sonrojado?, seguí la dirección de su mirada y vi que Rosalie sonreía viendo hacia otra parte.

Esto estaba algo curioso...

Deje pasar el incidente y ayudé a limpiar a Alice. Después Emmett tartamudeó que se iba y no dude dos segundos en mi plan de fuga.

-No Emmett, no te irás -Le negaba Alice.

Emmett no quería ser grosero y solo repetía que se debía ir. Fue cuando intervine.

-¡Ay no! -Me quejé con mi mano en mi frente y una cara angustiada.

Todos me voltearon a ver y continué.

-Sí Emmett, tienes razón... ¡Se me había olvidado! ¿Cómo se me pudo olvidar? -Fingí indignarme-, tenemos que irnos ya -Apresuré.

Alice me miro extrañada pero cuando vio que le daba la razón a Emmett, no nos detuvo.

Me despedí con un beso en la mejilla de Alice, luego de Jasper, Rosalie y de Edward... cuando sentí a su suave piel sobre mi mejilla, su calor, su aroma...

Tomé mi chaqueta y casi aviento la puerta cuando salí con Emmett a la par.

-¿Y eso? -Me preguntó Emmett extrañado.

-Tú tienes tus motivos, yo los míos y nadie dirá nada...

-Te equivocas -Me contradijo y tomó paso hacia la salida.

-¿De que hablas? -Quise saber, esperado que fuera un tema referente a Edward.

-Yo si quiero hablar -Me explicó-, Es que... es que... ¡Es simplemente la mujer más hermosa de este mundo! -Casi gritó.

-Emmett tranquilo -Le callé-, ¿Sabes qué? Así como estás mejor conduzco yo -Le quité las llaves de las manos y me dirigí hacia el asiento del conductor. Él solo rodó los ojos y se subió a su Jeep.

-Es enserio.

-Yo también habló enserio Emmett, Rosalie no es de esas que se enamoran fácilmente, es más... de un gusto no pasa para ella...

-Conmigo será diferente -Apostó.

-No apuesto a tu favor -Bromeé tratando de molestarlo.

Aunque Rosalie fuera como fuera, Emmett podía tener un cierto encanto...

-No te conviene eso -Me dedicó una sonrisa y se distrajo en futuros planes por el resto del camino.

Me gustaba la seguridad que aportaba Emmett, la confianza de entregar todo por nada o poco... o con mucha suerte, todo.

Como me gustaría ser un poco más como él, pero no, aquí me veía, reprimiendo cada un de los sentimientos antes de que estos fueran concebidos. Suspiré pesadamente. Emmett a menudo me preguntó que cómo iba, seguido le conteste que ni yo sabía.

Por suerte era domingo y mañana podría regresar al trabajo, mi único escape- Después de recorrer con Emmett toda la cuidad regresamos a mi departamento, vio un rato la tele para acompañarme y al rato se despidió.

¿Cuándo me perdí tanto? Mi vida ya no parecía contada por mí si no por una especie de mecanismo nada interesante... pero siendo honesta esto antes no me importaba. Dormí tratando de olvidar todo, después de todo aún esperaba soñar.

Zzz

Al despertar no me sorprendió ver la ventana de mi cuarto empañada, ya hacía frío. Si no fuera por Melody estaría con mi familia. Tomé aire y me dispuse a empezar mi día, desayuno, baño y salir hacia el trabajo.

Compuse una sonrisa en mi rostro, no quería dejarme derrumbar por nada.

-Buenos días señorita Swan -Albert siempre tan atento.

-Buenos días -La sonrisa permanecía aún.

Camine, tomé el ascensor y antes de que este se me abriera Ángela me esperaba ansiosa.

-¡Bella! -Me gritó alarmada.

-¿Qué paso? -Su cara no indicaba nada bueno.

-Tienes que entrar a tu oficina -Me suplico.

No podía imaginarme porque se encontraba así, sin hacer el esfuerzo de la sonrisa casi corrí hacia mi puerta. La abrí y no esperaba encontrarme algo así.

Edward recostado sobre mi sillón, muy ebrio (podía olerlo), con la misma ropa de ayer que parecía haber sido rasgada dejando ver algunos moretones por su cuello y brazos.

Tenía sangre en su labio inferior y más en la frente, cerraba los ojos fuertemente y mantenía apoyados sus puños sobre su frente.

Me gire hacia Ángela y agradecí que fuera temprano ya que casi no había nadie. Si Melody se llegaba a enterar, por muy Edward que fuera esto la enfurecería. Me acerqué hacia él, pero cuando me sintió venir se levanto estrepitosamente y cuando quiso dar un paso, tropezó y cayó sobre el sillón.

-Bella enserio lo ciento -Murmuro bajo con la voz ronca-, yo... soy un idiota ¡Un idiota!

-No Edward no... -Mi voz estaba rota.

Verlo en ese estado me hacía olvidar cualquier rencor, me lastimaba tanto verlo así.

-Ven vamos -Lo tomé de los hombros e hice el intento de hacer que se parara.

-No -Se negó-, no me iré de aquí hasta que hablemos...

Tome aire y me mordí el labio, ¿Cuánto daño me esperaba hacer?