Beta: Azkaban


13. No regrets


Sirius no se sorprendió al descubrir que Dumbledore le estaba esperando cuando llegó al castillo.

—Ven conmigo —dijo Dumbledore en voz baja mientras se apresuraba a ir hacia su oficina.

—Hay que ayudarlos —jadeó Sirius mientras se esforzaba por seguir el paso del director sorprendentemente ágil.

—Tengo intención de hacerlo —respondió Dumbledore—. Romulus no llegará muy lejos, lo llevaran ante el Wizengamot en un par de semanas.

—¿En un par de semanas? —preguntó Sirius—. Pero...

—Asumiendo que pueda darles esquinazo durante tanto tiempo —dijo Dumbledore—. Pero es un joven con recursos, y tengo fe en él.

—¿Pero no puede...

—Voy a hacer todo lo posible por ayudarle, pero hasta que no lo atrapen tengo las manos atadas.

—Pero si fuera capturado, sería enviado a Azkaban.

—¿Estás suscrito a El Profeta? —preguntó Dumbledore, confundiéndolo ante su pregunta.

—No, pero mi padre lo está.

—Te sugiero que lo leas una vez que llegues a casa. La captura de Romulus será una gran noticia. El Ministerio se asegurará de ello, sobre todo porque otras publicaciones les han criticado por su incapacidad para detener a los hermanos Lupin. Ahora, ¿dónde está Remus?

—En el bosque con Firenze —respondió Sirius—. Romulus quiere que le ayude, pero ¿cómo voy a hacerlo? No puedo estar aquí.

—Voy a mantener un ojo puesto en él hasta que regreses —le aseguró Dumbledore—. Está en buenas manos con Firenze, aunque me imagino que el joven centauro tiene sus propios problemas en este momento.

—Dijo que desafiaron a su padre.

—Torin era un buen centauro, un buen amigo.

—Lo está diciendo como si estuviera muerto.

—Él nunca tomaría la vida de un miembro de su manada, ni siquiera si la suya está en juego. Magorian, si no es ya el jefe de la manada, no tengo ninguna duda de que lo será al caer la noche.

Sirius miró por la ventana hacia el sol de la mañana. Se preguntó cómo iba a concentrarse en las clases de hoy sabiendo los problemas en los que estaban envueltos Remus, Romulus y Firenze.

Sin embargo, parecía que, como siempre, Dumbledore estaba un paso por delante de él. El director lo condujo fuera de su oficina y le ordenó regresar al dormitorio para recuperar el sueño perdido de la noche anterior.


Pasaron dos semanas del comienzo de las vacaciones de verano, cuando la noticia de la captura de Romulus llegó a Sirius. Había estado leyendo El Profeta todos los días, pero como suele pasar, la noticia le llegó por otra fuente.

—Los aurores han capturado a uno de los Lupin —anunció Orion durante la cena de una calurosa noche de julio—. Lo trajeron esta tarde, capturado cerca de Folkestone a punto de tomar un ferry. Pensaba que nos despistaría utilizando un transporte muggle, al igual que apareciéndose de forma ilegal. No funcionó, ¿o sí? No supuso que el Ministerio había pensado que pudiera intentarlo.

Sirius empujó sus verduras a un lado de su plato mientras escuchaba a su padre. Su apetito había desaparecido tan pronto como había oído las noticias.

—Sirius, ¡deja de jugar con la comida! —le ordenó Walburga—. Y Regulus, siéntate correctamente. Puedes ser un inútil squib, pero esa no es excusa para tener malos modales.

Echó una mirada a su hermano desde el otro lado de la mesa. El joven parecía estar a punto de romper a llorar. Sirius deseó que hubiera algo que pudiera hacer para distraer a sus padres y que dejarán de criticarlo. Entonces se dio cuenta de algo...

—Padre —preguntó—, ¿vas a estar en el Wizengamot cuando sentencien a Ro… Lupin? —Sirius esperó que nadie se hubiese dado cuenta de su deslizamiento; y dio un suspiro de alivio al notar que sus padres estaban demasiados ocupados criticando a Regulus como para notarlo.

—Por supuesto que estaré —respondió Orion como si fuera una pregunta inútil y estúpida.

—¿Puedo ir a mirar? —preguntó Sirius.

—¿Para qué? —resopló Walburga negando con la cabeza—. Tu tiempo está mejor empleado haciendo deberes y viniendo conmigo a las reuniones sociales.

—Ahora bien —reprendió Orion—, no hay nada de malo en que nuestro hijo tenga ganas de ver actos de justicia. Incluso podría decidir seguir mis pasos, ayudándome a defender los intereses de la ley de los magos en los próximos años. Va a ser una buena experiencia para él, y el juicio estará abierto al público.

—¿Puedo ir contigo? —preguntó Sirius esperanzado.

—Mientras que te levantes a tiempo —respondió Orion con una mirada penetrante—. No puedo llegar tarde a un caso importante como este, por lo que tendrás que estar listo para salir a las siete.

—Lo estaré —prometió Sirius, sabiendo que probablemente no sería capaz de dormir en absoluto debido a su preocupación.

Sirius se deslizó fuera de la mesa de la cena y fue hacia su habitación a la primera oportunidad. Sacó el espejo de la parte posterior de su diario, donde había estado guardando bajo llave, y lo golpeó.

Remus apareció casi de inmediato, y Sirius se dio cuenta de que el otro chico había estado esperando tener noticias de él. Parecía más mayor que antes, a pesar de que solo hacía un par de semanas que no se habían visto. Las líneas de preocupación que no deberían estar en su rostro eran claramente visibles.

—Lo han capturado, ¿no es cierto? —preguntó Remus.

Se preguntó si había algo en su cara que lo hubiese delatado, o si Remus ya lo había sabido de alguna otra forma. En realidad no importaba, ya que Sirius vio en su rostro que el último prestigio de esperanza desaparecía.

—Mañana iré al Wizengamot —le dijo Sirius en voz baja—. Te contaré lo que ocurra.

Remus asintió en el espejo, y Sirius se dio cuenta de que estaba demasiado afectado para hablar.


—Va a estar bien —dijo Firenze después de Remus hubiese guardado el espejo.

—Va a ser enviado a Azkaban —susurró Remus—. La gente muere en Azkaban. Nunca voy a verlo de nuevo.

—Tal vez el Wizengamot entenderá por qué hizo lo que hizo.

—Tengo que ir, tengo que verlo —dijo Remus mientras recogía sus cosas.

—No puedes, es demasiado peligroso —le advirtió Firenze—. Van a estar esperando a que lo hagas.

—Pero tengo que...

—Romulus no querría que fueses capturado —señaló Firenze.

—Y tu padre no querría que estuvieras tratando de hacer que los otros centauros luchasen contra Magorian —respondió Remus.

—Es diferente.

—No, no lo es. Ambos hemos tenido que correr y escondernos cuando deberíamos estar... —La voz de Remus se fue apagando y se dejó caer sobre la hierba.

—Tienes razón —declaró Firenze tranquilamente después de varios minutos de un incómodo silencio—. Mi padre no querría que la manada se dividiese.

—¿Crees que ellos te aceptarán de vuelta?

—Con el tiempo, si no reto a Magorian...

—¿Por qué no vuelves ahora y les preguntas si puedes regresar? Tiene que ser mejor que vivir en el bosque.

—¿Y dejarte aquí solo? —Firenze negó con la cabeza—. No puedo hacer eso. Tu hermano me mataría si te dejara.

—Si estuviese aquí —señaló Remus con amargura.

—Él va a volver, y nada lo detendrá en cuanto pueda hacerlo.

—Espero que esté bien —susurró Remus.

—Yo también —respondió Firenze en un susurro tan bajo que Remus apenas lo oyó.


Sirius se puso nervioso en la entrada de la sala pública del Wizengamot mientras buscaba un asiento libre. Apenas podía creer la gran cantidad de personas que se encontraban en la habitación.

—Los tomó bastante tiempo atraparlos —comentó una mujer detrás de él.

—Todavía no han cogido al otro, sin embargo —respondió su compañero.

—Hace que el Ministerio se vea incompetente... incluso más que de costumbre.

Sirius sintió a alguien empujándolo entre los omóplatos, y se movió más en la sala. Deseaba que su padre no le hubiese dejado en la puerta tan pronto. A pesar de que era un poco alto para su edad, se sentía pequeño entre todas las brujas y magos más mayores que él. Estaba deseando reconocer a alguien, cuando oyó el sonido de una voz familiar que provenía de un asiento cercano al suyo.

Rita Skeeter estaba sentada en la tribuna del público con un cuaderno y una pluma en la mano. Sirius contempló la idea de volver atrás y buscar otro lugar para sentarse, pero había un asiento vacío a su lado en la segunda fila. Cuando se sentó junto a ella, pronto se dio cuenta por qué; pues una mujer con un sombrero odiosamente grande estaba sentada frente a él, bloqueando la vista del asiento de los acusados en el centro de la pista.

—¡Sirius! —exclamó Rita con entusiasmo—. No pensé verte aquí . Estoy informando sobre el juicio para el periódico de la escuela. Dumbledore dijo que el Slytherin Standard comenzaría el año que viene en la escuela.

—Que... amable —murmuró Sirius mientras trataba de ver algo con la mujer que tenía frente a él.

—Sin embargo, dice que tengo que cambiarle el nombre —se quejó Rita—. Algo sobre que el periódico es para toda la escuela.

—Así que, para el periódico de la escuela… ¿ y por qué quieres hablar de esto? —Sirius hizo un gesto hacia la sala, donde varios miembros del Wizengamot estaban de pie hablando antes de que comenzara el acto.

—Romulus Lupin fue un estudiante de Hogwarts —explicó Rita—, era un prefecto y uno de los mejores alumnos de su año. Estaba en la casa Hufflepuff, y todo el mundo estaba muy sorprendido cuando no volvió a hacer sus EXTASIS. Mi hermano iba un año por encima y me contó todo acerca de él.

—¿Qué pasó? —preguntó Sirius, preguntándose qué rumores habían circulado el verano en el que los hermanos Lupin habían huido.

—Bueno... —Rita lanzó a una lista detallada de los diversos rumores que habían circulado por los pasillos de Hogwarts ese año. Cuando llegó a la parte en la que Romulus y Remus iban a ser los autores intelectuales de un plan para robar en Gringotts, se echó a reír a carcajadas. Desafortunadamente para Rita, no logró terminar su lista porque el juicio estaba a punto de comenzar.

Sirius se esforzó por ver que pasaba, y le mostró a Rita una sonrisa de agradecimiento cuando pinchó al mago de enfrente con su pluma. Esto hizo que se moviera, por lo que ella y Sirius pudieron hacer lo mismo.

Sirius vio como Romulus fue llevado a la habitación. Dejó escapar un suspiro de alivio al ver que Albus Dumbledore le acompañaba. Romulus se veía cansado, y algo mayor que la última vez que Sirius lo había visto. Tenía el pelo un poco despeinado, y parecía que no se había afeitado desde hacia un par de días.

—Eso es extraño —le susurró Rita al oído.

—¿Qué? —susurró Sirius.

—El jefe del Wizengamot es Dumbledore —murmuró Rita—. Pero alguien está sentado en su lugar.

Parecía que Rita no era la única que se ha dado cuenta de ello, y los susurros de la multitud fueron cada vez más fuertes, hasta que finalmente el asistente del jefe del Wizengamot pidió silencio.

—El acusado permanecerá en pie —mandó el jefe del Wizengamot—. Diga su nombre y fecha de nacimiento para el registro.

La respuesta de Romulus fue clara, pero Sirius pudo oír un leve temblor en su voz.

—¿Y en representación del acusado? —continuó el jefe.

—Albus Percival Wulfric Brian Dumbledore —anunció Dumbledore.

El jefe del Wizengamot asintió.

—Que quede constancia de que Albus Dumbledore está representando al acusado en lugar de sentarse como jefe del Wizengamot. Además, que quede claro que yo, Tiberius Ogden, tomaré su lugar.

Lanzó una mirada a un joven mago que estaba sentado al final de la fila, garabateando frenéticamente.

Sirius esperó con impaciencia mientras las formalidades acababan, en su opinión, algo innecesario. Sospechaba que Romulus, todavía en pie, compartiría su opinión. ¿No era mejor acabar con esto cuanto antes?

Finalmente, Ogden pareció darse cuenta de que todos en la sala se estaban mostrando impacientes, y se volvió hacia Romulus.

—Romulus Lupin, estás acusado de diversos delitos cometidos en contra del Decreto para la Moderada Limitación de Brujería en Menores de Edad, del Decreto de Restricciones de Aparición y el Decreto para el Control de Criaturas Peligrosas. ¿Lo entiendes?

—Sí, señor —respondió Romulus con un gesto de la cabeza. Ogden hizo un gesto de reconocimiento y se volvió hacia él con un pergamino.

—¿Admite que, en la fecha del cinco de julio de mil novecientos sesenta y seis, realizó el encantamiento expelliarmus a John Lupin para desarmarlo?

—Sí, señor.

—¿Y usted, en ese momento, era consciente de que tenía la edad de dieciséis años y que realizó un hechizo que está prohibido que lo realice un mago menor de edad?

—Sí, señor.

Ogden asintió y se volvió hacia el asistente para asegurarse que todavía estaba tomando notas antes de volver a mirar el pergamino.

—¿Admite que, en la misma fecha del cinco de julio, quitó a Remus John Lupin, un niño de seis años de edad, de la custodia legal de sus padres, John y Celeste Lupin?

—Sí, señor.

Ogden lo miró, un poco sorprendido por la respuesta; y era evidente, por los susurros del estrado, que muchas personas habían estado esperando una respuesta diferente a la que habían oído.

Pero éste no dejó que los murmullos durasen mucho tiempo, y regreso a la lista antes de vacilar un momento.

—¿Podría el acusado aclarar si era o no consciente, en el momento del secuestro, de que había una orden de ejecución emitida en la tarde del cinco de julio a Remus John Lupin?

Los jadeos del lugar donde estaba el público fueron esta vez más fuerte, y Ogden tuvo que gritar para que se calmaran. Sirius no podía decir si Romulus había respondido o no a la pregunta, aunque estaba seguro de que si hubiera sabido acerca de la orden no habría cambiado para nada sus acciones.

Sirius vio que Dumbledore daba un pequeño guiño a Romulus, antes de volverse hacia Ogden y el resto del jurado.

—Creo que podemos asumir con seguridad de que en el momento del… secuestro... nadie en la residencia Lupin había sido notificado del éxito o la negación de la solicitud. Los chicos habían salido de la vivienda antes de que los oficiales del Departamento de Reglamento y Control de Criaturas Mágicas llegasen.

—¿Está el acusado de acuerdo con esto? —preguntó Odgen.

—Sí, señor.

—Vamos a seguir —Ogden volvió a mirar el pergamino que estaba frente a él, y Sirius alcanzó a ver lo extenso que era. Confiaba en que no todo fuera una lista de acusaciones, después de todo, ¿cuántas leyes podía haber roto?—. ¿Admite que, cuando se fue de la residencia de John y Celeste Lupin, hizo que se apareciera Remus Lupin junto a usted sin licencia a riesgo de su propia salud y bienestar?

Romulus parecía estar a punto de hacer algún tipo de respuesta sarcástica, pero Dumbledore intervino de nuevo.

—Creo que podemos asumir con seguridad de todas las instancias de magia siendo menor de edad y apareciéndose sin licencia serán admitidos, sin necesidad de pasar por todos ellos de forma individual —afirmó con calma—. Tal vez, podríamos seguir con los temas más serios del juicio.

Ogden parecía un poco decepcionado, pero asintió con la cabeza.

—Muy bien —Revolvió entre los pergaminos hasta que encontró lo que buscaba—. Romulus Lupin, ¿admite que entre el cinco de julio de mil novecientos sesenta y seis y una fecha no especificada en junio de este año, cometiste los siguientes delitos? Negligencia al no informar al Ministerio de Magia que usted sabía el paradero de una criatura peligrosa, es decir, un licántropo...

Al oír la palabra "licántropo", la tribuna del público dejó escapar tantos gritos de asombro que Ogden amenazó con despejar la sala de todas las personas que no fueran oficiales. Rita había dejado caer su pluma de la sorpresa. Parecía que, a pesar de todos los rumores que se habían extendido sobre los Lupin, la mención de un hombre lobo fue una sorpresa para la mayoría de personas en la habitación. Afortunadamente para Sirius, la sala se calmó de nuevo, ya que nadie quería verse obligado a salir de ella antes de escuchar lo que se estaba diciendo.

La sala esperó mientras Ogden repitió la acusación y Romulus respondió afirmativamente.

Sirius se arriesgó a mirar hacia él, y vio que Rita volvía a escribir de nuevo. Parecía haberse recuperado de su sorpresa con bastante rapidez y garabateaba en su cuaderno.

Mientras tanto, la lista de cargos siguió y siguió. Sirius se preguntó si Romulus había sido consciente de cuantas leyes iba a romper cuando se había llevado a Remus lejos de sus padres.

La falta de notificación al Ministerio del paradero de un hombre lobo, no asegurarse de que un hombre lobo fuera debidamente registrado, impedir a los aurores de su deber de capturar a un hombre lobo, la falta de protección de dicho hombre lobo en las noches de luna llena...

Sirius frunció el ceño ante esta última, preguntándose qué más podría haber hecho Romulus para mantener a Remus, y a cualquier persona en la vecindad, a salvo durante la luna llena. Parecía que él no era el único que opinaba eso.

—Me gustaría llamar a un testigo para hablar en nombre del acusado en relación con la seguridad en la residencia de los hermanos Lupin en Hogsmeade —pidió Dumbledore.

Ogden asintió con la cabeza, aunque Sirius sospechaba que simplemente era reacio a discutir con el hombre que estaba en frente de él.

—Hago un llamado al oficial Horby del Departamento de Regulación y Control de Criaturas Mágicas —anunció Dumbledore.

—¡No se puede llamar a un empleado del Ministerio! —dijo una voz terriblemente familiar desde un asiento a la izquierda del jefe del Wizangamot. Sirius miró a través de la sala a su padre, teniendo esperanza de que nadie más se opusiera.

—Orion —Dumbledore reconoció al otro hombre con un gesto amable—, simplemente llamo a Horby para evaluar la conveniencia y la seguridad de los hechizos lanzados por Romulus Lupin con el fin de proteger a su hermano durante el tiempo de la luna llena. Como jefe del departamento del Ministerio que tiene trato con esos asuntos, ¿quién mejor que él para determinar tal cosa?

Orión lo miró furioso, pero bruscamente retiró la queja.

—Ese es tu padre, ¿no? —le susurró Rita.

—Desafortunadamente —murmuró Sirius.

—Suenas como si estuvieras del lado de Lupin —comentó Rita.

—¿Y?

—¿Y? —dijo Rita haciendo eco—. Nadie más parece estarlo.

Sirius miró a su alrededor y escuchó retazos de conversaciones en voz baja. La pareja delante de él decía, claramente, las sanciones más duras hacia Romulus. El hombre que estaba sentado junto a la mujer comentaba, con voz nasal, que era una pena que solo hubieran capturado a uno de los chicos, y que el más peligroso todavía siguiese libre.

—Dumbledore sí —respondió finalmente Sirius encogiendo los hombros.

Rita miró al lugar donde Dumbledore estaba, ahora haciéndole preguntas a Horby que, para decepción de un gran número de miembros del Wizengamot, confirmó que rara vez había visto un tipo de medidas tan efectivas para encerrar a los hombres lobo fuera de un campo de criaturas peligrosas. En realidad, parecía bastante impresionado sobre el hecho de que el hechizo continuase funcionando independientemente de la presencia de Romulus. Incluso sugirió que el personal de los campos de criaturas peligrosas podrían adoptarlo para implantar el encantamiento de los olores del bosque con el fin de calmar a sus prisioneros.

La mañana se alargó mientras que el Wizengamot escuchaba el testimonio de otros testigos, entre ellos varios residentes de Hogsmeade, quienes expresaron su asombro al saber que habían tenido a un hombre lobo viviendo entre ellos durante tanto tiempo. Desafortunadamente, la sala parecía dividida sobre si eso era algo bueno o malo. Por un lado, era bueno porque no habían notado que una peligrosa criatura anduviera suelta por el pueblo; pero por otro lado, se había tomado nota de uno de los residentes de que Romulus había estado trabajando en el pueblo, incluyendo las noches de luna llena.

—Remus siempre sabe que tiene que llegar al sótano antes del atardecer —explicó Romulus por cuarta vez—. No es estúpido, y nunca lo abandonaría por su cuenta hasta que tuviera edad suficiente para poder entenderlo.

—Llevaba al licántropo a su trabajo, ¿no es así? —preguntó Ogden.

—En las noches de luna llena, no —señaló Romulus.

—Sin embargo, sólo un campo de criaturas peligrosas puede proporcionar la seguridad adecuada a las criaturas que su especie necesita.

—No voy a dejar que lleven a mi hermano a uno de esos sitios —respondió Romulus con dureza.

—Pues da la casualidad de que la decisión no es suya —señaló Ogden con calma—. La orden de ejecución emitida hace siete años sigue siendo válida hoy en día, y sólo el tutor legal del licántropo puede solicitar su anulación. Si todavía sigue libre cuando sea mayor de edad, puede hacer la solicitud correspondiente a través de los canales adecuados.

—Creo que esto sólo sería relevante si Remus estuviese también aquí —interrumpió Dumbledore—. Tal vez, podríamos concentrarnos en el asunto en cuestión.

—Excelente idea —dijo otro miembro del Wizengamot.

—Tengo una pregunta para el acusado.

Dumbledore asintió con la cabeza, al igual que Ogden. Sirius se inclinó hacia adelante para ver quién era el que había hablado. El hombre de cabello canoso se le hacía algo familiar, pero no fue hasta que Rita le susurró al oído cuando se dio cuenta de quién era.

—Es uno de los Potter —susurró—. Tienen opiniones bastantes radicales.

—¿Cómo lo sabes? —preguntó Sirius.

—Voy a ser periodista, mi trabajo es saber cosas —respondió Rita altivamente mientras continuaba tomando sus notas.

Sirius se volvió hacia el estrado, donde un hombre, que no podía ser otro que el padre de James Potter, le estaba haciendo preguntas a Romulus.

—¿Por qué te llevaste a tu hermano? —preguntó Potter.

—Porque así no sería asesinado por el Ministerio —respondió Romulus sin dudarlo. Su respuesta causó otra conmoción en las filas del Wizengamot.

—No es asesinato cuando hay una orden de ejecución de fuerza mayor —declaró Ogden, pidiendo silencio.

—Estoy seguro que mi acusado no quería ser irrespetuoso —aseguró Dumbledore al jefe del Wizengamot. Sirius estaba agradecido que Dumbledore estuviese ayudando a suavizar las cosas, aunque no estaba de acuerdo con su comentario. Por la expresión de la cara de Ogden mientras miraba a un Romulus igual de furioso, sospechaba que nadie estaba de acuerdo respecto a ello.

—¿Se me permite continuar? —preguntó Potter—. ¿Era usted consciente de la gravedad de sus actos cuando se llevó a su hermano?

—Lo era, señor —respondió Romulus.

—¿Y hubiera hecho algo diferente si hubiese sido mayor de edad? —preguntó una bruja de mirada bondadosa.

—Hubiera solicitado la custodia de mi hermano.

—¿Por qué no hiciste eso cuando llegaste a esa edad? —preguntó Potter.

—Porque sabía que se enfrentaba a treinta años o más en Azkaban —dijo Orion Black.

Sirius vio que la cara pálida de Romulus se volvía de un color casi blanco. ¿Treinta años en Azkaban? Nadie podría sobrevivir a eso, no sin volverse completamente loco.

Dumbledore levantó las manos y negó con la cabeza. A Sirius le recordó a la profesora McGonagall cuando un estudiante le daba una respuesta equivocada a una pregunta delante del resto de la clase.

—Como adulto, el hecho de Romulus se enfrentaría a una estancia bastante larga en Azkaban —comentó—. Pero estás olvidando de que cuando la mayoría de estos crímenes eran cometidos, era un mago menor de edad, así que la sentencia no debería de ser tan dura.

—Él se apareció sin licencia la semana pasada —argumentó Orion.

—Pero aparecerse sin licencia no conlleva una pena de prisión, sino una multa de hasta quinientos galeones.

—O una pena de prisión si el acusado no tiene el dinero —concluyó Orion.

—Creo que el Wizengamot, en el pasado, ha permitió el pago en cuotas —comentó Dumbledore—. Pero de vuelta al punto que estamos tratando… Como la mayoría de estos crímenes fueron cometidos cuando el acusado era menor de edad, la pena máxima que se puede imponer es de diez años en Azkaban.

—¿Diez años? —susurró Sirius.

Diez años con los dementores no sonaban mucho mejor que treinta. Sin embargo, su padre parecía no estar de acuerdo con esa sentencia, y estuvo señalando que, a pesar de que el secuestro inicial había tenido lugar cuando Romulus era menor de edad, había tenido tiempo más que suficiente al cumplir los diecisiete años para entregarse.

Los miembros del Wizengamot siguieron discutiendo acerca de si Romulus debería de ser condenado como un adulto o un menor de edad durante un tiempo. Sirius no le prestó gran atención a la mayoría de los argumentos, ya que no sabía sobre el tema; y desde que Rita paró de rasgar con la pluma, se imaginó que ella estaba igual de confundida sobre los detalles técnicos que se estaban discutiendo.

Por último, pareció que los argumentos de Dumbledore hubiesen ganado y, el voto que se produjo del Wizengamot, confirmó que la mayoría aceptaban que Romulus fuera tratado siendo menor de edad porque la mayoría de los delitos que había cometido, al menos al principio, todavía tenía dieciséis años. Sirius no dejó de notar que su padre estaba en contra de la idea, mientras que el padre de James estaba tomando la misma postura de Dumbledore. De hecho, Sirius sospechaba que tanto la postura del Sr. Potter como la de Albus Dumbledore habían ayudado a que el Wizengamot se balancease en su favor.

—Estoy a favor de la pena máxima de diez años —declaró Orion inmediatamente después de la votación.

—Realmente, ¿no es demasiado pedir la pena máxima? —intervino la voz de una bruja chillona— El acusado ha sido sincero y franco. No ha tratado de excusar sobre sus acciones o de hacernos perder nuestro tiempo haciendo un largo juicio.

—Gastó el tiempo de todos nosotros fugándose durante siete años —argumentó Orion.

—Quiero pedir al Wizengamot que tenga en cuenta las razones de las acciones de Romulus Lupin —dijo Dumbledore en voz baja—. El vínculo entre hermanos no siempre es fuerte, pero en este caso dudo que alguien esté en desacuerdo de que Romulus hizo lo que hizo por amor a su hermano.

—No estamos cuestionando el amor del acusado —se burló Orion—. Creo que la única cosa que podría decir el acusado para pedir clemencia sería si nos revelase la ubicación de su hermano... ¿Tiene la intención de hacerlo?

—No, señor —respondió Romulus inmediatamente.

—Entonces sugiero levantar la sesión para considerar la sentencia.

Ogden asintió pensativo.

—Si no hay más preguntas…

Los miembros del Wizengamot negaron con la cabeza y empezaron a ponerse de pie.

—¿No es emocionante? —preguntó Rita sin aliento, y también se puso en pie para caminar hacia la salida.

Sirius miró de nuevo hacia el centro de la habitación, y vio que Dumbledore estaba hablando en voz baja con Romulus, quien asentía de manera un tanto resignado a lo que fuera que le estuviera diciendo el hombre de más edad. Sirius deseaba poder ir a hablar con ellos, pero no podía pensar en una excusa para poder hacerlo.

—Creo que mi historia necesita tener algo... más... —murmuró Rita a su lado— Me pregunto qué le estará diciendo Dumbledore. Me gustaría poder acercarme lo suficiente para poder escuchar. Romulus es muy guapo, ¿no crees?

Sirius apenas escuchaba a Rita mientras parloteaba.

—Me pregunto si a Dumbledore no le importaría decirme unas palabras, o tal vez Romulus podría…

—Probablemente deberíamos irnos —sugirió Sirius—. Todo el mundo se va a almorzar, y mi padre me dio un poco de dinero para ir al comedor de Ministerio, ¿vas a ir?

—En un minuto —dijo Rita mientras corría hacia Dumbledore—. ¿Profesor Dumbledore?

—Señorita Skeeter —dijo Dumbledore amablemente—. Y el señor Black. Es agradable ver que los jóvenes tomen interés por el sistema de justicia. ¿Puedo ayudarle, señorita Skeeter?

—Estoy haciendo un informe para el periódico de la escuela —anunció Rita mientras blandía su importante cuaderno—. Pensé que tal vez le gustaría poder hablar conmigo —Miró esperanzada a Romulus, y le dio lo que probablemente pensó que era su sonrisa más encantadora.

—¿Puedo ver eso? —preguntó Dumbledore cortésmente mientras señalaba el cuaderno.

—Por supuesto, profesor —Rita se lo entregó con orgullo y se acicaló al ver como Dumbledore hojeaba las páginas y comentaba cosas sobre lo impresionado que estaba con la cantidad de detalles que se había incluido y similares.

Finalmente, le entregó de nuevo el cuaderno con una sonrisa.

—Muy informativo —le dijo con un guiño—. Ahora bien, tal vez debería ir yendo para almorzar…

Rita pareció un poco decepcionada, pero no estaba dispuesta a discutir. Se volvió hacia la puerta, llevando a Sirius con ella.

—Un momento —llamó Dumbledore—. Sirius, tengo un mensaje de tu padre, si esperas un momento.

Rita se detuvo también, pero Dumbledore la despidió con un gesto, diciéndole que Sirius se uniría a ella en breve. Dumbledore esperó hasta que Rita hubo salido por la puerta antes de volverse hacia Sirius. La sala estaba vacía aparte de ellos tres.

—¿Un mensaje de mi padre? —le preguntó con curiosidad, preguntándose que era lo que su padre tendría que decirle y que no lo hubiera dicho esta mañana.

—Oh, no hay ninguno —rio Dumbledore entre dientes—. Pero la señorita Skeeter es bastante persistente cuando se trata de una historia. Algún día será una buena periodista, pero de poca moral.

—¿Profesor?

–Oh, su historia era cierta, esencialmente, pero bastante exagerada. Darle más información para el diario sería bastante tonto, especialmente teniendo en cuenta la precaria posición de Remus.

—No va a dejar que se publique esa historia, ¿verdad? —preguntó Sirius.

—No puedo evitar que lo haga —suspiró Dumbledore—. No sin cerrar el periódico por completo, y prefiero no hacerlo a menos que sea absolutamente necesario. Especialmente cuando tantas otras publicaciones estarán reportando sobre la audiencia de todos modos. Pero creo que podré aplicar con éxito que se elimine el nombre de Remus de todos los informes sobre la audiencia. Él todavía es menor de edad, y será sencillo para el Wizengamot lanzar un hechizo para quitar su nombre de todos los cuadernos que han estado en la habitación... incluso la de los estudiantes.

—Entonces, ¿el nombre de Remus no estará en el periódico? —preguntó Romulus con alivio.

—No, no lo creo —respondió Dumbledore—. Pero eso no significa que el tuyo no lo esté... Eres mayor de edad y no podemos hacer lo mismo.

Rómulo asintió comprendiendo.

—¿Todavía tienes tu espejo? —preguntó volviéndose hacia Sirius—. ¿Cómo está Rem?

Sirius sonrió mientras sacaba el espejo cuidadosamente envuelto de su bolsillo.

—Quería hablar con él tan pronto como supiera que había pasado —explicó—. Sé que está preocupado.

—¿Puedo? —preguntó Romulus.

—No vas a poder llevártelo contigo a Azkaban —le dijo Dumbledore mientras Sirius le entregaba el espejo.

—Si él es enviado a Azkaban —corrigió Sirius.

—Ya me tienen un sitio reservado para el próximo barco —murmuró Romulus—. Lo único que no sé es cuanto tiempo estaré.

—Te daremos un par de minutos —dijo Dumbledore mientras conducía lejos a Sirius para dejarle privacidad a Romulus y que hablase con Remus.

—¿Profesor? —preguntó Sirius.

—¿Sí?

—Usted dijo antes que sería peor para Romulus si lo atrapasen que para Remus…

—Lo hice.

—Pero Remus será asesinado si es capturado, ¿no es eso peor que Azkaban?

Es tan joven, pensó Dumbledore.

—Hay cosas peores que la muerte, y pocos estarían en desacuerdo en que los dementores entran en esa categoría.

—¿Podría Remus permanecer oculto hasta que fuera mayor de edad? —preguntó Sirius.

—Lo dudo —respondió Dumbledore con tristeza—. Pero hay una nueva ley que está siendo redactada que podría ayudar cuando entre en vigor.

—No lo entiendo.

—Y me temo que no hay tiempo para poder explicarlo ahora —dijo Dumbledore con una sacudida de la cabeza—. Esperemos que cuando Remus sea llevado ante el Wizengamot pueda ser capaz de utilizar la nueva ley para mantenerlo vivo y a salvo.

Sirius asintió con la cabeza y dejó que Dumbledore lo llevase de vuelta a donde Romulus seguía estando sentado en el centro de la sala.

—Gracias —le susurró al pasar el espejo de nuevo a Sirius, volviendo la cabeza al hacerlo, pero no antes de que Sirius hubiese visto las lágrimas en su rostro.

—Será mejor que vaya a ponerme al día con Rita —dijo Sirius mientras envolvió el espejo y se lo metió en el bolsillo.

—¿Sirius? —lo llamó Romulus cuando empezó a irse— No olvides tu promesa.

—No lo haré —respondió Sirius.

—Cuidaremos de él —aseguró Dumbledore a Romulus amablemente—. Sólo recuerda lo que te he enseñado.

—Todavía no sé si puedo hacerlo —respondió.

—Sí, sé que puedes —afirmó Dumbledore con firmeza—. ¿Sabes lo que son los dementores? ¿Sabes cómo se alimentan? Esta es la mejor oportunidad que tienes de volver de allí con la cordura intacta.

—Pero...

—Piensa en Remus —le aconsejó Dumbledore en voz baja.

Entonces, Sirius estuvo bastante lejos y no pudo oír nada más de la conversación.


Sirius aún podía oír a su padre furioso, desde la planta baja, cuando finalmente logró escapar a su habitación. Activó su espejo, tan pronto como la puerta estuvo cerrada. Más tarde, no podía dejar de comparar la reacción de Remus con la de su padre.

—¡Seis años! —había gritado Orion, muy disgustado con lo que le parecía una breve sentencia.

Remus, por otra parte, apenas había podido articular palabra ante la noticia.

Sirius había terminado hablando con Firenze, deseando que hubiera algo más que pudiera hacer y deseando poder estar en el Bosque Prohibido con su amigo. No sabía que iba a hacer Remus durante del resto de las vacaciones de verano, y no quería otra cosa nada más que estar con él en Escocia.


Respuesta a comentarios anónimos:

Lily: Sí, la verdad es que el anterior capítulo fue intenso, y este capítulo creo que más. A partir de aquí, las cosas que ocurran serán bastante interesantes. :) Tienes razón, los problemas hace que se vuelvan la cosa mejor. xD Muchas gracias por el comentario y hasta el próximo capítulo.