- ¿Sonic?... Sonic, ¿puedes oírme?

La persona que estaba conmigo intentando despertarme era la última con la que deseaba encontrarme.

- ¿¡Mamá! - exclamé, con los ojos bien abiertos.

- ¡Cariño, estás bien!

- ¿Qué hacéis vosotros aquí? - le pregunté, intentando zafarme de su abrazo.

En la habitación, además de mi madre, también estaba mi padre. Aunque más que de visita, parecía que había venido por obligación. Él siempre me había tratado como si fuera un completo desconocido; nunca en toda mi vida hemos llegado a conectar de verdad. Por eso no me agradaba nada tener que saludarle. Era todo lo contrario a mi madre, que me hacía sentir como un niño mimado.

- Cielo, ¿cómo no íbamos a estar? Vinimos en cuanto nos advirtieron de tu operación.

Hizo una pausa para darme un beso en la frente.

- Estábamos muy preocupados.

- Espero que esto te haya hecho aprender la lección sobre ese maldito alcohol.

A pesar de que me estaba replicando, ni siquiera me molesté en mirar a los ojos a mi padre. Y, en ese momento, la enfermera entró en la habitación.

- Hola, Sonic. Ya veo que te has despertado. ¿Cómo te encuentras?

- Mucho mejor ahora.

- ¿No hay manera de saber quién fue el donante? - inquirió mi padre, interrumpiéndome sin ninguna cortesía.

- Me temo que eso es información confidencial del hospital.

- Pero tengo que saberlo. Soy su padre.

Sí, era mi padre... para lo que le interesaba.

Como no se conformó con la respuesta de la enfermera, insistió todavía más.

- Tengo que ir con tu padre. He de evitar que se meta en líos.

Y, después de abrazarme, salió de la habitación a reunirse con la enfermera y con mi padre. Justo cuando desaparecieron, vi que Shadow asomaba su hocico por la puerta y adiviné en seguida que llevaba un buen rato esperando a que mis padres se marcharan.

- Ya no hay nadie, puedes pasar - le dije.

- Vaya, tu padre tiene mucho carácter - comentó, sentándose a mi lado en mi cama.

- Sí, lo sé...

Al darse cuenta de que me incomodaba hablar sobre mi padre, decidió cambiar de tema.

- ¿Sabéis algo del donante? - preguntó.

- No, no nos quieren decir nada.

- Y tú... ¿sospechas de alguien?

- Me lo preguntas como si tú supieras algo... ¿Sabes quién fue, Shadow?

- Bueno... sí.

- Y, ¿quién es? ¿Lo conozco?

Él sonrió.

- Sí, lo conoces.

Entonces se levantó de la cama con lentitud y... entendí el porqué de su sonrisa.

Al darse la vuelta, desabrocharse y subirse la camisa, dejó al descubierto una cicatriz que se ubicaba en el sitio de su riñón derecho... mejor dicho, donde antes se encontraba su riñón.

No podía creerlo. Sentía que tenía un nudo en la garganta.

- Sha... Shadow... - me resultaba imposible articular palabra - Pero... pero si me dijiste que no eras compatible...

- Lo sé. Te mentí... y lo siento - confesó mientras se volvía a abotonar la camisa - Pero si te hubiera dicho la verdad, nunca me hubieras dejado hacerlo.

Lo que él había hecho por mí no tenía descripción. Una vez más, había arriesgado su vida para salvar la mía. No fui capaz de contener las lágrimas.

- Eres... eres un idiota... - dije, abrazándole.

- ¿Así me lo agradeces? - bromeó.

Le sujeté de las mejillas y contemplé esos brillantes ojos de rojo escarlata.

- ¿Por qué has hecho algo tan insensato? Podría haberte pasado algo...

- Tú me importas más. Sabes que por ti haría cualquier cosa.

Me fue imposible resistirme a tanta dulzura y le obligué a fundirse conmigo en un profundo beso que, más tarde, no tuvimos más remedio que detenernos por la falta de aire en nuestros pulmones. Al encontrarse nuestras miradas de nuevo, sentí que el tiempo se detuvo.

- Te quiero... - fue apenas un susurro; no obstante, lo entendí perfectamente.

De pronto, vi que mis padres regresaban. Pero, por suerte, ya había alejado a Shadow de mí en un acto reflejo. Cuando él se dispuso a salir por la puerta, tropezó con el miramiento desafiante de mi padre, aunque fueron sólo por unos segundos, los cuales a mí se me hicieron eternos.

- Cariño, ¿te ocurre algo? - me preguntó mi madre al darse cuenta de que aún estaba envuelto en lágrimas.

- No, nada... Estoy bien...

Pensé en Shadow. En lo que había hecho por mí... Todavía no podía creérmelo.

Después de eso, él se lo merecía todo...

- Mamá... papá... Hay algo que tengo que contaros - declaré mientras me secaba las lágrimas.

- ¿De qué se trata, cielo? ¿Es algo malo? - inquirió mi madre.

- No, nada de eso... Es algo bueno... - tomé aire - Veréis... Conocéis a Shadow, ¿verdad?

- Sí, es el amigo del que me hablaste por teléfono.

- Sí... Bien, pues hay algo que no os conté... Yo... estoy enamorado de él...

Un momento de silencio... uno de los instantes más asfixiantes e inaguantables de toda mi vida...

- Cielo, eso es fantástico - comentó mi madre dándome un abrazo después de unos segundos.

Ella lo había aceptado, y no me esperaba menos por su parte... El único que ahora me preocupaba era mi padre, que no parecía haberlo asimilado todavía.

- Pero... ¿él lo sabe? - patética cuestión de mi padre.

- Claro que lo sabe, papá. Es mi novio.

Aquella confesión resultó ser insuficiente.

- Hijo, ¿estás seguro? Todavía eres un crío, no tienes ni idea de lo que es el amor. En fin... por lo menos ese erizo y tú no habéis tocado el tema del sexo...

Ese comentario me hizo reventar de furia...

- ¡Ese erizo y yo hemos vivido noches de pasión tan intensas que no te las puedes ni imaginar! ¡No sabes nada de mi vida!

Se quedó anonadado después de lo que había oído. Y, después de unos segundos, pagué el precio de mi confesión de amor.

- Está bien... Si es eso lo que has decidido, no me queda más remedio que sacarte de este internado...

- ¿¡Cómo puedes decir eso! - estalló mi madre.

- ¿¡Cómo no lo voy a decir! ¡Lo trajimos para que se hiciera un hombre y vuelve hecho un maricón!

A pesar de que hablaban de mí, parece ser que no tenía la palabra en aquella conversación. Así que me encontré haciendo la maleta al día siguiente.

- Pero... ¡no puedes irte! ¿¡Qué voy a hacer si tú no estás! - se lamentaba Shadow.

- Shadow... yo no quería que esto pasara... aun así, no me arrepiento de nada de lo que dije - le sujeté una de sus mejillas y le besé - No es un adiós para siempre...

Y así, me alejé, dejando solo al amor de mi vida.