XIV

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—Haru. Eh, Haru. Venga, sé que estás despierto.

Un resoplido.

—Ahora sí.

—Genial, porque todavía falta una hora para el entrenamiento y podemos…

—No.

Una de las personas se inclina sobre la otra, tratando de ver su cara pese a que el joven se ha hecho un ovillo.

—Vago.

—Rin, está lloviendo.

—Ya no.

Finalmente, Haruka abre los ojos. Rin está apoyado en su hombro y lo mira con una sonrisa que casi le quita el sueño.

—Puedes salir a correr solo. Haré el desayuno. Y no será caballa.

Por desgracia, no es tan fácil hacer que Rin caiga en la tentación. Cuando todos los intentos verbales demuestran ser inútiles, se baja de la cama y sin previo aviso coge en brazos a Haruka, que estaba volviendo a coger el sueño y se abraza a su cuello instintivamente, alarmado al verse privado de una superficie que lo sostenga.

Rin —y es más una advertencia que una protesta. El beso en su antebrazo hace poco por disminuir su irritación.

—Vale, vale, te dejo en el suelo —Haruka separa los brazos del cuello de Rin y hace ademán de volver a la cama, pero las manos del joven siguen en su cintura—. Ya que te has levantado…

Haruka se vuelve hacia él bruscamente.

Me has levantado —puntualiza, pero sabe que no va a poder remolonear más antes de que Rin sonría de oreja a oreja.

—El resultado es el mismo, ¿no?

Fulminándolo con la mirada, Haruka aparta las manos de Rin antes de dirigirse al armario.