Novela basada en One Piece, propiedad de Oda.
Rating M por violencia y por contenido adulto, leer bajo tu propia responsabilidad.
Leer previamente el manga y/o ver el anime.
13. Sorprendida.
Cuando encontramos a Shachi, estaba en la sala de navegación junto a Bepo, Jean Bart y el Capitán, quienes nos miraron sorprendidos cuando entramos a la sala demasiado efusivos y yo me lancé sobre Bepo, mientras que Penguin golpeaba el hombro de Shachi, quien se quejó en un primer momento, exigiendo una explicación a tal acto.
-¡Qué la mocosa lo ha conseguido! -rió Penguin, haciendo que Trafalgar me mirara extrañado, mientras yo acariciaba la cabeza de Bepo. Lo sé, una costumbre bastante rara, pero me era imposible verle y no tocar con las yemas de mis dedos ese suave pelo.
-¿Qué se supone que ha conseguido? -inquirió el pelinegro, haciendo que yo me retirara del lado de Bepo, acercándome a Penguin para levantar mi pulgar en dirección a Shachi, que en un primer momento nos miró extrañado, para después chocar los puños con Penguin y despeinar mi pelo negro, mientras que yo lo único que podía hacer era reír fuertemente, hasta que me percaté de algo...
-¿Me has llamado mocosa? -pregunté crujiendo mis nudillos bajo la sonrisa temerosa de Penguin, quien se colocó detrás de Shachi. Como si eso fuera a impedirme el darle una buena tunda.
-Es que eres la más bajita de todos -rió incómodo Penguin, haciendo que yo rodara los ojos. En realidad tenía un punto.
-¿Alguien puede decirme qué es lo que ha conseguido? -insistió el pelinegro, haciendo que Penguin asomara su cabeza por detrás de Shachi.
-Controla el Kenbonshoku Haki -sonrió Penguin, recibiendo por parte del Capitán un asentimiento de cabeza.
-Que lo demuestre -respondió el chico del gorro de piel haciéndome bufar. Menudo idiota. ¿No confiaba en la palabra de su camarada?
-Bien -respondí agarrando las manos de los dos chicos con gorra y mono blanco para tirar de ellos hasta cubierta. Pensándolo bien, no quería hacer ningún destrozo en la sala de navegación... Tal y como había sucedido con el comedor. Cuando llegamos a la cubierta, me coloqué frente a los dos chicos y volví a tapar mis ojos con el pañuelo.
-Lánzate sin miedo -comentó Penguin, supongo que se lo decía a Shachi, mientras que yo centraba mi atención en sus dos presencias, procurando ignorar las del resto de la tripulación, que poco a poco habían llegado hasta allí- Y no dejes que te dé. Es bastante fuerte.
-Pues claro que soy fuerte, idiota -murmuré, esquivando el primer golpe de Penguin tirándome al suelo, mientras que Shachi me atacaba por la espalda, por lo que rápidamente extendí mi pierna para frenar su patada y girar rápidamente en el suelo para esquivar el puño de Penguin.
Estuvimos así varios minutos, hasta que los chicos se cansaron, por lo que retiré el pañuelo de mis ojos y clavé mi mirada en el Capitán, que al parecer le había gustado lo que había visto, pues a diferencia del rostro de mierda que solía tener, esta vez estaba adornado con una pequeña sonrisa.
-¡Capitán! -se oyó la voz de Jean Bart a través de los pasillos del submarino- Estamos llegando.
Mi piel se erizó, mientras dirigía mi mirada a mis espaldas. Pudiendo ver un gran número de buques de la Marina en un muelle y un gran edificio con una bandera de la Marina en lo más alto. ¿De verdad habíamos venido hasta aquí? Esto era de locos...
-Traer el cajón -ordenó el Capitán, mientras que varios hombres corrían al interior de la nave, para después aparecer en la cubierta con la gran caja de madera. A medida que nos acercábamos, más marines aparecían en el muelle.
-Al parecer nos van a recibir en condiciones -murmuré, haciendo que Penguin y Shachi rieran a mi lado- ¿De verdad tengo que bajar yo también? -murmuré cuando el submarino se detuvo y Trafalgar creó una gran esfera para poder mover la caja.
-Pienso tenerte vigilada -comentó el pelinegro, bajando del submarino siendo seguido por mí- No pienso dejar que cometas ninguna idiotez.
Yo me limité a bufar caminando varios pasos por detrás de él, viendo como todos los marines nos apuntaban con sus armas.
-¡TRAFALGAR LAW! -berreó uno de ellos, haciendo que yo me posicionara en posición de defensa, mientras el cajón caía con un fuerte golpe a mi lado- ¡Ni un solo paso más!
-Oh, vamos -comentó el chico, colocando la espada en su hombro, mientras yo caminaba lentamente hasta su lado, agarrando con fuerza la manga de su sudadera, haciendo que él chistara molesto- Si quisiera hacer algo, habría bajado toda mi tripulación -comentó tranquilo, señalando con su pulgar el cajón de madera- Vengo a negociar.
-¿Qué se supone que hay ahí? -preguntó otro de los marines, mientras que varios de ellos se acercaban temerosos a la caja, para después llevarla hasta el que supuse, que era el superior entre todos ellos.
-Vosotros me otorgáis el título de Shichibukai -comentó con una tranquilidad pasmosa, haciendo que mi boca rozara el suelo. Tenía que estar bromeando, ¿no?- Y yo os entrego estos cien corazones de piratas con recompensa.
-Imposible -comentó el marine de mayor rango, abriendo el cajón, para sacar un saco, que se movió levemente, haciendo que sus rostros perdieran el poco color que tenían. Se podía palpar la tensión en el ambiente, haciendo que yo me arrimara más al pelinegro, pues no estaba muy confiada de la situación.
-¿Qué ocurre? -preguntó el Almirante de flota, Sengoku, a través de un Den Den Mushi de uno de los marines.
-Trafalgar ha traído cien corazones de piratas a cambio del título de Shichibukai -tartamudeó el hombre, haciendo que yo llevara mis ojos hacia el Den Den Mushi, que movía su boca, haciendo que la intriga me carcomiera por dentro- Sí, Señor.
-¿Cómo podemos saber si realmente son corazones de piratas y no de civiles? -inquirió el marine, mientras el pelinegro soltaba una pequeña risilla.
-Atravesarlos con cualquier cosa -comentó Trafalgar, haciendo que las arcadas volvieran a mi estómago. ¿Es que no medía las consecuencias de sus palabras?
-Vayámonos, por favor -murmuré, intentando contener las ganas de devolver hasta mi primera comida.
-Cuando me digan si aceptan el trato -insistió el pelinegro, lo suficientemente alto para que pudiera escucharle. Yo me limité a apretarme contra él, pues cada minuto que pasaba, los marines parecían duplicarse- Es para hoy. ¿El Almirante acepta mi propuesta o no?
-Dice que vale -comentó el marine, mirando extrañado hacia nuestra posición, haciendo que el chico a mi lado se diera la vuelta y tirara de mi hasta el submarino, pues seguía sin soltar su antebrazo, al tiempo que respondía con un claro "Perfecto".
-¿Crees que es bueno darles la espalda? -murmuré, aferrándome aún más a su brazo recibiendo de su parte un fuerte bufido, mientras que una leve sonrisa ocupaba mi rostro, pero se borraba demasiado pronto, recordando la traición de este idiota- ¿A qué a venido eso de antes? -gruñí, golpeando suavemente su estómago antes de subir al submarino.
-No es de tú incumbencia -murmuró subiendo detrás de mí, mientras que Jean Bart, después de observar atento la escena de minutos antes, corrió a la sala de navegación para sacarnos de allí.
-¿De verdad que no me lo vas a decir? -insistí caminando detrás del pelinegro, que ahora se dirigía a su camarote, pues no pensaba quedarme con la duda de algo tan importante. ¿Cómo era posible que semejante idiota se pusiera del lado de la Marina?- Venga, por favor...
-Te lo diré, cuando tú me digas a mí que fuiste a hacer al ver a Eustass-ya -comentó como quien habla del tiempo, haciendo que mis mejillas se tiñeran de rojo al recordar lo sucedido en el camarote del pelirrojo.
-Han sido atacados por Akainu -resumí intentando no entrar demasiado en el tema, haciendo que él se girara interesado- Yo solo fui a ver cómo se encontraban.
-¿Y no pudiste haberlo dicho? -gruñó haciéndome reír fuertemente- ¿Qué es tan gracioso?
-¿Acaso está celoso, Capitán? -reí aún más fuerte, dándome cuenta de lo ridículo que sonaba el asunto.
-Ya quisieras tú -murmuró el chico, volviendo a caminar.
-Venga hombre -insistí a punto de que me cerrara la puerta en las narices, pero lo impedí, colando mi pie antes de que la puerta se cerrara- ¡Dímelo!
-¿Qué tan pesada puedes llegar a ser? -gruñó, quitándose el gorro de piel para tirarlo encima de la cama junto a su espada, mientras él se sentaba, para clavar sus ojos en los míos.
-Realmente te sorprendería -sonreí, acercándome a él para pasar mis dedos por su pelo negro, mientras sus ojos permanecían fijos en los míos- Es la primera vez que te veo sin gorro -sonreí, inclinando mi cabeza a un lado, percatándome de que tenía el pelo mucho mejor cuidado que yo el mío.
-Aparta, por favor -gruñó quitando mi mano de su cabeza, haciéndome reír. Sin embargo, yo volví a dirigir mi mano a su pelo, haciendo que bufara de nuevo- Se supone que necesito total inmunidad frente al Gobierno, si quiero que lo que tengo planeado llegue a funcionar -susurró, llevando sus ojos al suelo, mientras que yo seguía enterrando mis dedos en su pelo negro, pues de alguna manera, su suavidad me resultaba atrayente. No era igual de suave que el de Bepo, pero se podría decir que utilizaban el mismo acondicionador.
-¿Y qué es lo que tienes planeado? -pregunté, acuclillándome frente a él, para poder ver cómo su rostro se había ensombrecido- Oe... Seguro que no es tan malo -murmuré, llevando mis manos a sus mejillas para levantar sus ojos hacia los míos.
-Tengo que matar a la persona que arruinó mi vida hace mucho tiempo -respondió él, mientras que mis manos se separaban lentamente de su piel. ¿Cómo? Espera, espera, ¿qué me había perdido?- Ya lo sabes, así que puedes largarte de aquí.
-¿Por qué eres tan idiota? -murmuré, golpeando su hombro para salir de allí cerrando de un portazo. Menudo imbécil. Encima de que intentaba ayudar... Se ponía así de seco... Pues no iba a volver a ayudarle para nada. De ninguna manera me volvía yo a rebajar a esto.
Hecha una furia, caminé hasta el comedor, dispuesta a ahogar mi frustración en la comida. Maldita sea, ¿por qué demonios me afectaba tanto esto? Esto no podía sucederme a mí. Bastantes dolores de cabeza me daba Kid, como para que se sumara uno más a la lista. Llegué al comedor, completamente vacío y me dispuse a arrasar con todo lo que había en la nevera, pero lo que vi me sorprendió. El electrodoméstico estaba prácticamente vacío, haciéndome chillar.
¿Es que todo tenía que salir mal? Por Dios. Salí de allí a paso rápido en busca de Shachi y Penguin, y los encontré. Vaya que si los encontré. En la cubierta del submarino estaban jugando a las cartas, mientras que Bepo dormía boca arriba, haciendo que yo corriera hacia él y saltara sobre su estómago, dejando que mis brazos y piernas colgaran por sus costados.
-¡No hay comida! -lloriqueé, abrazándome más fuerte a Bepo, que se giró, haciendo que mi culo golpeara contra la madera- Auch -murmuré, clavando mi dedo índice en el estómago de Bepo. Realmente era mullidito.
-¿Cómo que no hay comida? -preguntó Shachi, haciendo que llevara a mis ojos hacia él, mientras ponía pucheros- Estás bromeando, ¿verdad?
-En la nevera solo hay queso y pizza -me quejé, harta de comer pizza. Mi cuerpo ya no podía soportar ni un poco más de colesterol, por lo que me negaba a volver a comer pizza.
-¡CÓMO! -berreó Penguin, soltando sus cartas para correr hacia el interior del submarino.
-Es normal -comentó Shachi, como si no hubiera dicho absolutamente nada- Llevamos sin reponer suministros bastante tiempo.
-Entonces qué vamos a comer ahora... -me aterroricé, imaginando la temporada que nos esperaba, sin llevarnos nada a la maldita boca.
-A dieta -rió el chico, recogiendo las cartas para dejarlas en un montón y girar su rostro hacia mí- O podemos pescar, o algo así.
-Eso es muy aburrido -me quejé de nuevo, acurrucándome junto a Bepo.
-Entonces eres una de los que se quedarán a dieta... -finalizó el chico, haciendo que le atravesara con mi mirada.
-Tengo una idea mejor -reí, quitándome la camiseta y las zapatillas. No pensaba quedarme sin comer. No, no. De ninguna manera. Subí a la barandilla del submarino y salté al mar, dispuesta a buscar mi almuerzo. Cogí aire y sumergí mi cuerpo en el agua para examinar mi alrededor y percatarme que sí, había muchos peces... pero ninguno era lo suficientemente grande como para llenar mi estómago.
Volví a sacar mi cabeza del agua, para ver cómo ahora, no solo Shachi, sino que gran parte de la tripulación de los Piratas de Corazón me miraban preocupados. Qué tiernos... reí, para después volver a sumergirme y dejar que una pequeña porción de las manchas se desprendiera de mi cuerpo, tampoco quería sobrecargar mi cuerpo. Sin embargo, ese pequeño acto consiguió que una nube de sangre se mezclara con el agua a mi alrededor. Mierda. ¿Ni siquiera podía hacer esto? Cuando iba a hacer que la tinta volviera a mi cuerpo, un gran pez que se acercaba a mí llamó mi atención. ¡Ahí estaba mi almuerzo! Dejé que se aproximara a mí, y con la tinta convertida en un gran cuchillo, procuré infligirle el mayor daño posible antes de quedarme sin aire.
-No pienso compartir -anuncié, cuando llegué con el gran tiburón a la cubierta del submarino, para comenzar a trocearlo.
-A mí sí, ¿verdad? -imploró Penguin llegando a mi lado, consiguiendo que yo le atravesara con mi mirada. ¿Acaso lo estaba diciendo enserio?- Yo te ayudé a despertar el Haki -murmuró, golpeando mi costado con su codo- Venga, mujer. Comparte conmigo...
-Bueno, pero solo contigo -murmuré tendiéndole una rodaja del pescado. Sabiendo que tenía un punto.
-¿Y los demás? -lloriqueó Shachi, haciéndome reír. Ni pensarlo, vamos. Este pez era mío. Que se buscaran el suyo.
En ese momento, uno de los pájaros que traían el periódico se acercó a nosotros, por lo que agarré uno de los papeles, mientras que uno de los piratas le daba el dinero.
El titular me hizo rodar los ojos. Era ridículo. "Uno de los supernovas ocupa el puesto de Shichibukai. Trafalgar Law, El cirujano de la Muerte" Menuda chorrada. Aunque era así, pero no podían saberlo. Estaba segura de que ahora mismo, esta tripulación se convertiría en el hazme reír del resto de piratas.
-Dame eso -gruñó la voz del pelinegro a mis espaldas, arrebatándome el papel de las manos para arrugarlo entre las suyas. ¿Pero qué le pasaba? Y si había algo interesante de Luffy, ¿qué? Menudo idiota... Cada vez lo tenía más claro.
-Quédate con esa noticia... -rugí, intentando recuperar el papel, pero él alzó su mano por encima de su cabeza, haciéndome saltar para intentar agarrar el maldito papel- ¡Pero dame el resto! ¿Acaso no querías ser un lameculos del Gobierno? ¡Ya lo conseguiste, ahora dame eso! -berreé, cuando él volvió a esquivar mis movimientos.
-¡Estate quieta! -habló por fin, mientras el resto de su tripulación procuraba contener la risa- Nos vamos al Nuevo Mundo.
-Ya era hora -celebró Shachi, golpeando el hombro de Penguin, mientras que yo me quedaba paralizada. ¿Así? ¿De repente? ¿Qué demonios estaba planeando?
Nuevo capítulo subido!
Nos leemos el domingo.
Besazos :)
