N/A: Voy a retomar esta historia hasta darle su merecido final, que decir sobre el incoherente, súper forzado y decepcionante final del manga, yo quede impactada y luego muy triste, nos dieron miles de indicios de NaruSaku para luego terminar en nada, fue un insulto a nuestra inteligencia, no me esperaba que el mangaka se vendiera. Yo continuare escribiendo sobre esta pareja, porque fue la única que tuvo desarrollo en el manga y la única que me gusta.


"Orgullo Naranja"

By ASUKA02

Cap. 14: Negociaciones

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El carcelero abrió la puerta y por ella entró un joven de pelo azul y dientes afilados, era uno de los portadores de las legendarias siete espadas y el protegido de la Mizukage. Yamato permaneció sentado, respondió al saludo del shinobi y espero a que este comenzara a persuadirlo para cambiar de decisión.

Chojuro se detuvo frente al capitán y ajustándose los lentes con el dedo índice dijo, —por más que lo pienso no entiendo como alguien puede no querer casarse con ella, es la mejor persona que existe.

Yamato no sabía sin estaban hablando de la misma persona.

Chojuro se sentó en el suelo y puso su espada de doble mango al lado de su pierna, la llamada Hiramekakei —esta es mi oportunidad, la he amado desde que la conozco.

El capitán se preguntó si el chico estaba hablando de la Mizukage o de la espada, pues lo dijo mirando el arma.

—Ella esta tan desesperada por mantener su puesto, que tal vez yo podría tener la oportunidad de casarme con ella.

Tras la sorpresa inicial el castaño se rascó la nunca incomodo y comentó.

—No sé qué decirte muchacho, realmente no la conozco bien.

—Me falta valor para ofrecerme como candidato.

Yamato no puedo evitar sentir pena por el chico, —no quiero desalentarte, pero aunque lo hagas no creo que ella te acepte.

El de pelo azul puso un gesto tristísimo —¿Por qué?

Yamato no estaba seguro de nada, pero las pocas veces que vio a la Mizugake interactuar con Chojuro siempre le recordó a una madre, pero decirle eso al muchacho sería muy fuerte para su autoestima.

—No creo que seas su tipo. —respondió quitándole importancia al asunto.

Chojuro cogió su espada y lo señaló con ella, —sé que mi sensei es algo maniática pero no creo que nos veamos mal juntos, ella siempre está pendiente de mí.

Yamato se fastidio, para él, el pobre chico había perdido el juicio.

El capitán se pasó una mano por la cabeza irritado y contestó—Oye muchacho, ¿qué es lo que quieres de mi?.

—Lady Mei le hará la vida imposible si se casa con ella, si se queda aquí hasta que pase la boda usted será libre para siempre.

El castaño parpadeó sorprendido, ¿sería posible que aquel muchacho se fuese encargado de espantar a todos los candidatos para ser esposos de la Mizukage?.

—¿Entiende lo que le digo? —insistió Chojuro.

Yamato se recostó nuevamente en la colchoneta maloliente, al principio le hacía gracia que el chico estuviera enamorado de la Mizukage, pero ahora le parecía ridículo tratar de convencerle de no casarse con ella, si era obvio que estaba allí encarcelado por haberse negado a hacerlo.

—Creo que deberías aprovechar ese valor que te ha traído aquí, aprovéchalo, ve, busca a la Mizukage y dile lo que sientes.

Lo dijo por mera diversión, pero Chojuro se puso de pie de un salto y llamó al carcelero, el espadachín se marchó y Yamato suspiró viendo el techo.

—Vaya chico, me gustaría ver la cara de la Mizukage cuando se lo diga.

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Fue como un pestañeó, pero aun así a Sakura se le retorcieron las tripas, abrió los ojos y la luz del hermoso lugar les dio la bienvenida, —¡esto es hermoso Naruto!

—Jeje… vaya que sí, te lo dije Sakura-chan, que te ibas a sorprender de mi.

Naruto había usado la técnica Hiraishin no Jutsu para transportarse al país del dulce, se aparecieron justo detrás de unos arbustos, Sakura soltó la mano de su esposo y caminó hacia el frente para admirar el lugar donde estaban.

El país del dulce era un lugar hermoso, rodeado de montañas verdes con flores de todos los colores, ríos de agua tan dulce que parecía que le fueran añadido azúcar, las mejores dulcerías del mundo estaban en este país, a Sakura le parecía que todo aquello era como un cuento de hadas.

—Esta vez te luciste Naruto.

El rubio se sintió muy orgulloso de sí mismo, —y eso que no has visto la habitación que mande a preparar para nosotros, ¿qué dices si vamos ahora mismo? —propuso moviendo ambas cejitas.

Sakura negó con la cabeza, —que va, te dije que quería hacer turismo y eso haremos, ¡vamos quiero recorrer la aldea!.

—Err… está bien. —acepto algo deprimido.

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Mei estaba súper estresada, ya su asistente le había anunciado tres veces que los invitados para la boda estaban llegando al palacio, y ella aun no tenia novio, sabía perfectamente lo que tenía que hacer, pero su orgullo no le permitía hacerlo.

Su lado impulsivo le decía que se casara con cualquier tipo, el que sea con tal de cumplir el requisito, pero su parte racional le recordaba que no podía casarse con alguien que no le inspirase confianza, poco había interactuado con Yamato, pero él le inspiraba confianza, lo malo era que el bastardo la había humillado negándose a casarse con ella. ¿Qué hacer?

—Maldición. —murmuró levantándose de su silla, ni siquiera podía asomarse por el balcón, porque se amargaba más al ver la decoración en el jardín.

Llamaron a la puerta de su oficina, era la voz de su fiel amigo y alumno Chojuro, realmente no quería ver a nadie, Mei volvió a ocupar su puesto detrás del escritorio.

—Pasa.

El muchacho entró a la oficina y ella fingió estar muy ocupada leyendo papeles, —¿qué sucede? —le preguntó sin mirarle, cuando estaba en su oficina, Mei se comportaba mucho más seria de lo que en realidad era.

El ninja se quedó mudo y tras un largo minuto ella levantó el rostro e insistió, — Chojuro, querido no estoy de humor, habla o márchate.

—Yo… bueno, yo.

—Lady Mei.

El pobre chico se salvo por un pelo de rana calva, justo cuando iba a gritar con los ojos cerrados que la amaba, justo en ese momento llego la secretaria de la Mizukage y anunció a su jefa que ya estaban llegando los Kages de las cinco naciones.

—¿Tan rápido? —gruñó entre dientes Mei.

—Mizukage-sama, ¿qué debo hacer con ellos? —preguntó angustiada la joven de pelo castaño.

—Limítate a seguir el itinerario, esos rumores de que me ha dejado el novio son falsos y ridículos, a mí nadie me deja.

El empeño de Mei por mantener las apariencias sólo estresaba más a sus subordinados, pues no sabían de dónde demonios iba a sacar a un novio sino había negociado otro acuerdo, y toda la boda seguía en pie.

—¡Sí!, como usted diga. —se apresuro a responder la joven secretaria.

La chica se fue y Terumi recordó que hace un momento Chojuro está por decirle algo, clavo sus ojos en él y le animó —¿que ibas a decirme?

El de pelo azul se puso frío, —N-o, no era nada importante.

Se dio media vuelta y salió de allí apurado, su arrebato de valor ya había pasado, sola en su oficina, Mei se llevo ambas manos al rostro y murmuró entre dientes. —¿Qué demonios haré?

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Naruto y Sakura estaban sentados frente a una dulcería, cada uno tenía un trozo de torta diferente en su plato, habían estado conversando sobre quién sería el esposo de la Mizukage.

—No te hagas, ¿quieres que me crea que no sabes quién es? —se fastidio Sakura.

—Sakura-chan, no se a quien elogió, yo le recomendé al Capitán Yamato.

—¿El Capitán Yamato?. —Repitió lentamente, —oh, creo que si hacen buena pareja, pero tenía esperanzas de que Kakashi-sensei finalmente se estableciera y formara una familia.

Una pareja de enamorados ocupo la mesa de al lado, la mujer tenía una barriga de más o menos ocho meses de embarazo, el esposo era un poco más bajo que ella, pero se veía que se querían mucho, Sakura y Naruto los observaron un momento, luego el Hokage devolvió su atención a su mujer.

—¿Te imaginas cuando tengas una barrigota así Sakura-chan? —comentó Naruto divertido.

—Cielos debe pesar mucho, eso sin contar el trabajo de parto. —comentó pensativa.

Naruto puso cara de miedo, —podríamos adoptar niños si no quieres parir Sakura-chan.

La pelirrosa sonrió, le parecía muy tierno que Naruto se preocupara tanto por no hacerle daño, por el hecho de que no sufriera nada.

—E estado a punto de morir varias veces, soy fuerte y tengo salud, de ninguna manera pienso perderme la experiencia de llevar un hijo tuyo en mi vientre, creo que tu y yo juntos seriamos unos padres estupendos, ¿no lo crees?.

A Naruto le brillaron los ojos con la ilusión de vivir la experiencia de ser padre gracias a ella, con Sakura, la única mujer a la que había amado en toda su vida.

—¡Vaya que sí!. —celebró el Hokage.

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Yamato estaba tumbado en la mugrienta colchoneta cuando la puerta del calabozo fue abierta una vez más, pensó que venían a darle la noticia de que la Mizukage había encontrado novio y él era libre, pero al escuchar el sonido de unos tacones los reconoció y sorprendido se puso de pie de un salto.

Era La Mizukage con toda su grandiosidad, el traje de Kage le sentaba demasiado bien y a ella le encantaba lucirlo, pero no encajaba para nada con un lugar tan feo.

—Que olor tan horrible. —se quejó cubriéndose la nariz con una mano.

El carcelero abrió la puerta y ella entró con asco al calabozo, el ninja volvió a cerrar la celda y Mei le hizo una seña para que los dejara solos.

—Después de tantas horas ya ni lo percibo. —comentó Yamato de pie frente a ella.

—¿Qué tal pasaste la noche en compañía de tus amigas las ratas? —le preguntó rencorosa.

El tono de voz de Mei le dio a entender que aun no le dejarían ir, que quizás faltaba mucho para eso, días, meses, ¿años?.

Se rascó un brazo pensando cómo llevar la conversación de una manera sana, sabía que todo el enfado de ella era provocado por él, una mujer como ella no debía estar acostumbrada a ser rechazada.

—La verdad es que no ha estado tan mal.

—Ya lo creo, —respondió irónica, dio varios paso y luego mirándole directamente le preguntó, —¿qué quieres para casarte?, no des rodeos y ve al grano.

Yamato pensó que ella debía estar bastante desesperada, para venir personalmente a negociar con él.

—Con todo el respeto que merece una dama como usted, yo no soy el hombre que usted busca, no soy tan dócil.

Ella bufó fastidiada —no busco un títere, sino alguien en quien pueda confiar.

—De cualquier modo no me gusto eso que menciono de tener un amante. —se atrevió a decir.

Ella sonrió, siempre sonreía para mostrar lo segura de sí misma que es, pero en este momento se estaba jugando el futuro de su país y su libertad como mujer, no quería perder ninguno de los dos, tampoco quería mostrarse sentimental ante él.

—¿Quieres fidelidad en un matrimonio que no será real?, no voy a negociar eso, pide otra cosa.

Yamato caminó hacia las rejas y dándole la espalda a la mujer dijo —No es justo cobrar por algo que no haré.

Mei tuvo que resistir las ganas de golpearlo, debía mantener la compostura y no mostrar mucho desespero aunque ya los invitados estuvieran llegando.

—Cuando te conocí pensé que eras un hombre inteligente y educado, ahora me hablas sin respeto y no me pareces inteligente, si lo fueses sabrías que puedo inculparte de algún crimen y dejar que te pudras en un calabozo donde no puedas usar tu Mokuton.

Yamato nada sorprendido se volvió y recostándose de los barrotes respondió —ahora entiendo porque no se ha casado.

Mei se ofendió y rápidamente replicó.

—Mi vida privada no es asunto tuyo, te sacare de aquí, te ducharas, te vestirás con el traje que te corresponde y nos casaremos, no voy a discutir más esta estupidez.

Al castaño le parecía surrealista la situación, ninguna mujer le había exigido matrimonio, y que fuera la propia Mizukage de Kirigakure, quien lo hiciera lo hacía sentirse muy alagado, pero sabía que era por puro interés político, nada romántico y era una verdadera pena.

—Lady Mei puede casarse con Kakashi, incluso con su alumno Chojuro-kun liberarme y déjeme ir.

Terumi le miró con expresión de sorpresa, como si nunca hubiera pensado en eso.

—¿Con Chojuro?, —repitió incrédula, —debes estar loco, es como un hermano para mi, y sobre Kakashi no me interesa como marido.

—Sólo como amante. —le recordó él.

Mei sonrió y encontró una rápida solución, aunque era una trampa, una mentira, —hagamos un trato, te dejare tener una amante siempre que lo mantengas en extremo secreto.

El shinobi arrugó la frente, aquella mujer no parecía tener escrúpulos —estoy seguro que encontrare una manera de liberarme de esa cárcel donde me enviaran.

La sonrisa de la Mizugake se borro al instante y perdió la paciencia, pateó el suelo furiosa —¡Grrs maldita sea!, ¿qué diablos te pasa?, no te interesa el dinero, ni las mujeres, ¿de dónde demonios vienes?, ¡ni siquiera te intereso yo como mujer!.

—De que me serviría interesarme en usted como mujer, si ya de antemano me ha advertido que nunca pasara nada entre nosotros. —respondió honestamente.

Mei caminó de un lado para el otro, pensando en otra solución, no podía permitirse el lujo de perder su cargo, se acercó a él lentamente invadiendo su espacio personal, Yamato se puso nervioso.

Puso una palma en el chaleco verde que lo identificaba como un shinobi de la hoja y dijo con voz sensual. —Las cosas podrían cambiar entre tú y yo, si te portas bien.

Yamato contuvo la respiración cuando ella le acaricio el rostro, —realmente no me desagradas nada, —acarició los labios masculinos y añadió, —es sólo que tengo que tener el control, soy la Mizukage, es mi derecho.

—L-o comprendo… pero también tengo derechos.

Mei no se iba a rendir. —entonces pide algo que no vaya en mi contra y prometo que lo cumpliré.

—No quiero nada. —musitó casi sin aliento, ya estaba comenzando a dudar.

—¡Maldita sea! —Gruñó apartándose, Yamato la estresaba a mil con su actitud tan moralista, respiró profundo para calmarse y volvió a tocarlo, esta vez un brazo, hasta comprobó que él se mantenía ejercitado —¿No te parezco atractiva?, dilo, reconoce que quisiera acostarte conmigo.

Yamato sopló y se aparto de la mujer, sino fuese porque sabía la vida llena de privaciones que le esperaba con ella, se rendiría completamente ante sus encantos.

—No tiene que hacer esto, lo que me tiene completamente intrigado es saber su historia, hay muchos rumores entre los aldeanos. —comentó cambiando el tema.

Yamato pensó que Mei le haría un breve resumen sobre su vida, pero algo extraño paso, ella puso bastante distancia entre ellos y dijo con rencor.

—Si no vas a ayudarme no me hagas perder el tiempo, ¡carcelero! —El ninja encargado de vigilar a Yamato acudió rápidamente, —libéralo y que lo dejen irse de la villa, que ya no pueda entrar a Kirigakure nunca más.

—¿Qué? —musitó el castaño sin entender.

—Eres libre, puedes irte. —le respondió la Mizukage.

Mei caminó hacia la puerta, pasó bajo el marco y caminó tres pasos cuando sucedió lo que esperaba.

—Espere, quiero ayudarla, lo haré, me casare con usted.