Capitulo 14

—¿Inuyasha? ¡Ya estoy en casa! —Kagome recorrió con la mirada el vestíbulo desierto y luego se volvió hacia Sango— Me pregunto dónde estará.-

—Lo mismo se pregunta él.-

—¿Cómo dices?-

—Su marido la necesita. Búsquelo. —Los ojos negros de Sango enviaron un mensaje apremiante a su señora— Rápido, excelencia —Dió unos golpecitos sobre el libro que llevaba en el bolsillo del delantal— Y recuerde que «la virtud de la adversidad es la fortaleza». La aprensión dominó a Kagome, pues Sango siempre citaba los sabios consejos de sir Francis por alguna razón. Sin duda se avecinaba alguna dificultad que cobraría su precio y requeriría de toda la fuerza interior de Kagome.

De repente sintió que debía encontrar a su marido urgentemente —¡Inuyasha! —Kagome corrió por toda la casa, primero el piso superior y después por la planta baja, hasta que se topó con Myoga junto a la sala de música— Myoga… ¿Dónde está el duque?-

—Bueno, no estoy seguro, excelencia. No lo he visto en toda la tarde. Quizá él... - Kagome ya no le escuchaba. Se había alejado a toda prisa del mayordomo, pues su ansiedad aumentaba por momentos. ¿Dónde podía estar? —Inuyasha... —La voz de Kagome se ahogó en su garganta cuando la joven se detuvo junto a la puerta abierta de la capilla. Desde allí vislumbró el cabello oscuro y los anchos hombros de Inuyasha, que estaba de espaldas, sentado en el primer banco— ¿Inuyasha? —Kagome caminó presurosa por el pasillo y le tocó el brazo con suavidad. Lentamente, Inuyasha se volvió hacia ella y la miró con ojos sombríos y atormentados. Con el corazón a punto de estallar. Kagome se dejó caer de rodillas a su lado — ¿Qué sucede?-

Inuyasha, impasible, preguntó —¿Por qué sigues torturándome? ¿Acaso no has tenido bastante?-

Kagome palideció —¿Torturarte? ¿De qué estás hablando?-

—De tí, quienquiera que seas. ¿Por qué me has seguido hasta aquí?-

—Inuyasha, soy yo, Kagome —Tragó saliva, luchando contra el pánico que amenazaba con dominarla— Acabo de llegar de Winsham. Naraku me ha entregado el cheque. Estoy bien. Todo va estupendamente.-

Inuyasha contempló su rostro sincero y preocupado y tendió la mano para acariciar el cuello y los hombros de su esposa —Te he hecho daño —murmuró, palpando su sedosa piel— Perdóname, ángel de la niebla. Aquella noche en el laberinto prometí que nunca te causaría daño. Perdóname.-

—No me has hecho daño, Inuyasha, ¡nunca lo has hecho! —Kagome asió las solapas de su chaqueta— ¿Qué ha sucedido desde que salí de Broddington? ¿Por qué te comportas así?-

—¿Te he dejado alguna señal? —preguntó, recorriendo con la mano la hermosa curva del cuello de Kagome y frunciendo el entrecejo mientras inspeccionaba la inmaculada piel— Gracias a Dios que no. Apenas puedo vivir con mi conciencia. No podría soportarlo si hubiese mancillado la perfección de tu piel. —Besó el hombro de su esposa— Nunca debí obligarte a casarte conmigo, ángel de la niebla. Nunca debí tocarte. Eres demasiado hermosa y pura para un loco destructivo como yo.-

—¡Basta ya! —Kagome le cogió las manos con dedos temblorosos— ¿Por qué dices estas cosas? ¿Qué ha ocurrido durante mi ausencia?-

—Ah, tú estabas aquí, en Broddington, en los jardines, enfrente de mí, ante mis ojos... en mi mente. Eras tú. No lo sabía, pero eras tú. Una vez más te confundí con Kikyo, igual que la noche que liberaste a tu lechuza blanca, con la diferencia de que en esta ocasión, te ataqué. Intenté estrangularte. Quién sabe qué podría hacer la próxima vez, lo que he hecho en el pasado y no puedo recordar, lo que soy capaz de hacer si me provocan.-

—Escucha bien —Kagome estaba perdiendo el control— He estado en Winsham con Sango. Llegamos a casa hace sólo unos minutos. Ignoro a quién viste, pero te aseguro que no era yo-

—Eres tan endiabladamente hermosa... —murmuró, acariciando el hombro de Kagome con el pulgar— ¿Cómo pude confundirte con Kikyo?-

—Inuyasha... Te amo —dijo Kagome, desesperada.

Al oír esas palabras, Inuyasha se puso tenso. —No digas eso nunca más. Nunca.-

—Pero...-

—¡Maldita sea, Kagome! —Por fin reaccionó y se levantó con un movimiento salvaje— ¡Estoy desequilibrado, perturbado, loco... soy la última persona en la tierra digna de tu amor! — Al ver cómo Kagome se encogía aterrorizada, Inuyasha sintió una fuerte puñalada en las entrañas. Instintivamente miró hacia el altar, aunque sabía que ni siquiera la oración podía salvarle ya—. Estás asustada —dijo desolado— y con razón. No sé quién soy ni qué he hecho. Tampoco estoy seguro de lo que pueda hacer en el futuro. No debes quedarte conmigo... Tienes que marcharte.-

—¿Marcharme? —Kagome oyó su propia voz como en un sueño.

—Sí. Por tu seguridad.-

—No. —Sus ojos se llenaron de lágrimas— No lo haré... no puedo abandonarte.-

Inuyasha apretó los puños. —Bien, entonces te dejaré yo a tí.-

—¿Tú... qué? —Kagome se aferró al banco para no perder el equilibrio.

—Haré el equipaje inmediatamente y me marcharé de Broddington al anochecer. —El dolor que expresaba la mirada de su esposa fue casi la perdición de Inuyasha, quien se obligó a mantenerse firme por el bien de Kagome— Me encargaré de que no te falte de nada. Todo

Broddington estará a tu disposición, y los criados obedecerán tus órdenes al instante.-

—¡No me importa Broddington! —exclamó Kagome mientras las lágrimas resbalaban por sus mejillas— ¡Me importas tú!-

Por un momento la angustia se reflejó en el rostro de Inuyasha, cuya expresión cambió enseguida para mostrar una frágil resolución. —No, ángel de la niebla. No lo merezco. —Se giró y se encaminó hacía la puerta, con una mueca de dolor provocada por el suave llanto de su esposa. Nunca nada le había resultado tan duro como alejarse de ella.

(…)

Miroku se apeó del carruaje, agradecido por haber llegado finalmente a Broddington. El corto trayecto se le había hecho interminable, pues su mente estaba repleta de preguntas sin respuesta e inquietantes dudas.

Kagome le había enviado un breve mensaje para anunciarle que Inuyasha estaría ausente por un tiempo y pedirle que, si podía, aprovechara esos días para llevar a cabo sus planes para la sala de estar. Sin embargo, lo que preocupaba a Miroku era lo que su cuñada había omitido. ¿Por qué se había marchado Inuyasha? ¿En qué estado se encontraba? ¿Se habían producido más episodios desconcertantes? Con el pretexto de los planos de la sala de estar, Miroku despejaría esas incógnitas por sí mismo.

—¡Miroku! ¡Qué alegría que hayas venido! —Kagome le saludó en la entrada, con una cálida sonrisa en los labios.

Miroku vio más allá de su sonrisa y se inquietó al reparar en las oscuras sombras bajo los ojos de Kagome y sus mejillas hundidas. Su aspecto era muy diferente al que ofrecía la semana anterior.

—Y yo me alegro de que me hayas invitado —dijo, besándole la mano—. ¿Debo suponer que la habitación ha de estar totalmente transformada cuando Inuyasha regrese? —El rostro de Kagome se ensombreció, y esta vez Miroku no fingió no haberlo notado— ¿Cuándo regresará Inu?-

—No lo sé.-

Miroku contempló la palidez de Kagome. —Ya sé que no tengo derecho a inmiscuirme en vuestro matrimonio, y te pido disculpas por adelantado. —Tomándola suavemente por la barbilla, añadió— ¿Habéis discutido?-

—No. —Kagome se volvió de espaldas.

—Querida —dijo Miroku, cogiéndola por los hombros— creía que me considerabas un amigo.-

—Y así es.-

—Entonces déjame ayudarte.-

Kagome empezó a sacudir los hombros convulsivamente. —Ni siquiera sé dónde está Inu —sollozó— Hace tres días que se marchó. No sé qué hacer.-

—Cuéntame qué sucedió.-

—Naraku me visitó con la supuesta intención de reparar cierta ofensa y me pidió que fuese a Winsham al día siguiente. Era evidente que pensaba devolver parte del dinero que sacó a Inuyasha hace seis años.-

—¿Inuyasha te lo contó? —preguntó Miroku, sorprendido. Kagome asintió temblorosa—Comprendo. — Disimulando un poco su asombro, Miroku preguntó— ¿Y Naraku te devolvió ese dinero?-

—Sí. Acepté el cheque y luego volví a casa. Al parecer... —Su voz se quebró— Algo sucedió durante mi ausencia. —Kagome consiguió dominarse el tiempo suficiente para hablar a Miroku de la extraña conducta de Inuyasha, de la creencia de su marido en que era un loco peligroso, de su convicción de que Kikyo había aparecido ante él y de las incoherentes divagaciones que sugerían que había confundido a Kagome con Kikyo— No sé qué hacer — concluyó la joven, abatida— No he hecho más que reflexionar durante estos tres días, intentando comprender todo esto. Alguien está torturando la mente de Inuyasha. Pero ¿quién? ¿Y cómo? Quiero ayudarle. Haría cualquier cosa por él, con o sin su permiso. Pero ¿cómo puedo luchar contra algo que no entiendo y ni siquiera puedo ver? —Posó la mano sobre la de Miroku— Siento haberte hecho venir. Es una salida muy cobarde, pero no sabía a quién acudir.-

El corazón de Miroku se encogió, no sólo por Inuyasha, sino también por la hermosa e inocente chiquilla. —Me complace que me hayas invitado a venir. Juntos solucionaremos esta locura de una vez por todas —dijo, estrechando la mano de Kagome— En cuanto a Inu, no es difícil imaginar dónde puede estar.-

—¿En Spraystone?-

—Exacto. Allí es donde se refugia siempre que está angustiado.-

Kagome se volvió. —Le amo, Miroku. Quiero que mi amor le proporcione alegría, no dolor.-

—Has devuelto la alegría a la vida de mi hermano más de lo que nunca soñé que fuera posible. Le has dado otra vez un motivo para vivir, le has hecho comprender que hay algo más que el dolor y la culpabilidad del pasado. El mero hecho de anteponer tu bienestar al suyo debería indicarte lo que siente por tí.-

—Supongo que sí —susurró.

—Vamos. —Miroku señaló las escaleras con gesto decidido— Cuando trabajo pienso con mayor claridad. Reanudaremos la conversación en la sala de estar. Estoy ansioso por ver cómo reaccionas ante mis diseños.-

—La habitación está ventilada y lista, y he dispuesto que sirvan té y pastas para que coma mientras trabaja —anunció Sango, bajando por las escaleras— También he dejado muestras de las flores frescas que la duquesa especificó en sus anotaciones para que pueda imaginar cómo quedarán en la habitación cuando esté terminada. —Dicho esto, desapareció en dirección a la cocina.-

Miroku miró a Kagome, dando su aprobación. —Ha sido muy buena idea pedir a Sango que cogiera esas flores.-

—No lo he hecho. En realidad, no le había hablado de ellas ni le había enseñado mis notas.-

—Entonces, ¿cómo...? —Miroku se interrumpió y esbozo una sonrisa burlona— No importa. Debo admitir que aunque resulte desconcertante, cada vez que veo a Sango me gusta más.-

—«Cuando todo está hecho, la ayuda de un buen consejo es lo que encarrila las cosas»— proclamó Sango desde el otro lado del vestíbulo.

—¿Otra vez sir Francis? —preguntó Miroku a su cuñada, con los ojos centelleantes.

—¿Quién si no? —Kagome sonrió a través de sus lágrimas— Creo que tú también le gustas a Sango, lo que dice mucho a favor de tu carácter.

—Ahora veremos si mis dibujos están a la altura de mi encanto y mi apetito.-

—No me cabe duda —aseguró Kagome, enjugándose las lágrimas.

—¿Subimos y lo comprobamos?-

—¡Son perfectos! —Kagome observaba arrodillada los bocetos esparcidos por el suelo de la sala de estar— Oh, Miroku, es exactamente lo que yo quería.-

—Me alegro, porque me he tomado la libertad de comprar el mobiliario que describías. Lo traerán la semana que viene.-

—No sé cómo agradecértelo. —Los ojos de Kagome brillaban llenos de gratitud. Se aclaró la voz, dispuesta a hablar a Miroku de lo que esperaba fuese la mayor sorpresa para su marido—Hay algo más.-

—¿De qué se trata?-

—Mencionaste que los objetos personales de tu padre están almacenados en Tyreham. ¿Qué te parecería enviarlos a Broddington para exhibirlos en esta habitación?-

Miroku se atusó el bigote, indeciso. —La verdad, Kagome, no sé cómo reaccionará Inuyasha ante todo esto, y mucho menos ante un homenaje tan evidente a nuestro padre. Hay muchos recuerdos que todavía le desgarran y a los que nunca podrá enfrentarse. Es imposible prever su reacción.-

—Yo asumo la responsabilidad y el riesgo. —Kagome se puso en pie y se sentó en el borde del escritorio— Significaría mucho para mí.-

—Entonces lo intentaremos. —Miroku forzó una sonrisa— Lo peor que puede pasar es que Inuyasha empiece a vociferar y bufar de cólera. —Kagome bajó la mirada— Es lo máximo que Inuyasha es capaz de hacer —aseguró Miroku amablemente.

—Lo sé. Siempre lo he creído así, pero al parecer hay gente que no está de acuerdo.-

Miroku se recostó en la silla, cruzando las manos detrás de la cabeza. —Analicemos la cuestión, comenzando por los enemigos de Inuyasha, sus móviles y qué ganarían torturándole psicológicamente.-

—Al parecer bastante gente le odia a raíz de la muerte de Kikyo.

—No lo harían si supieran la verdad —afirmó Miroku.

—Miroku —dijo Kagome con suavidad— Sé qué sucedió entre Kikyo y Inuyasha y qué no sucedió. También estoy enterada de que la conducta de mi hermana y su muerte junto con la ciega codicia de Naraku contribuyeron al repentino fallecimiento de vuestro padre. No es necesario que me escondas la verdad.-

—¿Inuyasha te lo contó todo?-

—Sí.-

Miroku dejó escapar un suave silbido. —Sin duda significas más para mi hermano de lo que suponía. Nunca había abierto su corazón de esa forma ni había compartido esa información con nadie excepto conmigo. Su dolor y su sentimiento de culpa estaban celosamente guardados.-

—Entiendo su dolor. ¡Pero sus remordimientos son infundados! ¡Hizo todo lo posible por proteger a tu padre!-

—Sí, pero Inu se responsabiliza de haber propiciado el escándalo. —Al advertir la perplejidad de Kagome, Miroku suspiró— Ya sabes qué ocurrió. Lo que tal vez ignores es que mi padre desconfió de tu hermana desde el principio. Sin duda había tenido la oportunidad de observarla durante varias temporadas en Londres y estaba convencido de que era una pérfida cazadora de fortunas. Aconsejó a Inuyasha que se alejara de ella por su propio bien y el de toda la familia. Inuyasha no se tomó muy bien aquella interferencia en su vida privada ni se mostró de acuerdo con la valoración de mi padre... al menos hasta que vio con sus propios ojos lo que Kikyo era capaz de hacer. Pero ya era demasiado tarde. Inu nunca se ha perdonado no haber hecho caso de las advertencias de nuestro padre. Está convencido de que si lo hubiera hecho, papá estaría aún con vida.-

—Comprendo. —Kagome hizo una pausa— Nunca pensé que pudiera sentir tanto desprecio por mi propia familia, pero parece que las cosas cambian.-

La intensa mirada azul de Miroku se suavizó, llena de compasión. —Lo lamento, querida.-

—Yo también. Lamento que Naraku y Kikyo arruinaran la vida de Inuyasha y que yo no fuese lo bastante mayor para evitarlo. Pero ya no soy una niña, Miroku. —Entrelazó las manos sobre su regazo y levantó la barbilla con determinación— No puedo modificar el pasado, pero puedo remediar el presente y asegurar el futuro. Y eso es lo que me propongo hacer por Inuyasha. Volviendo al tema anterior; no creo que podamos descartar a Naraku como sospechoso de los inquietantes acontecimientos de los últimos días.-

—No, no podemos —convino Miroku— A pesar de que numerosas personas despreciaron a Inuyasha tras la muerte de Kikyo, no se me ocurre nadie más que pudiera sentir tanto odio y tanto rencor después de seis años.-

—El tiempo transcurrido apunta sin duda a la culpabilidad de Naraku. Y hay algo más: ¿quién, sino Naraku, conocía a Kikyo lo suficiente como para entrenar a alguien para que se hiciera pasar por ella? Si Inuyasha estuviese lo bastante cerca de esa impostora, no sólo debería parecerse a Kikyo, sino también comportarse como ella. —Los ojos de Kagome brillaron al comprender algo más— Además, Inuyasha dijo que la había confundido conmigo, de manera que quienquiera que la preparase también conocía mi forma de ser.-

—Por lo tanto, suponiendo que Inuyasha estuviera lúcido cuando te lo contó, eso nos lleva de nuevo a Naraku.-

—Miroku, hay algo más que me preocupa. —Kagome respiró hondo y sin pensárselo dos veces expuso la persisInue duda que la había atormentado durante días— ¿Crees que Naraku podría haber falsificado el diario de Kikyo?-

—¿Cómo? —Tanto la pregunta como el repentino cambio de tema dejaron a Miroku perplejo— ¿Qué diablos te hace pensar eso?-

—Es sólo que lo que Kikyo escribió, a menos que fuera una ilusión, se aleja mucho de la verdad. ¿Cómo puede ser?-

—¿Has leído el diario de Kikyo?-

—¿Tú no?-

—No. Inuyasha nunca me lo ha enseñado.-

Kagome se inclinó hacia atrás, abrió el cajón inferior y sacó el cuaderno —A mí tampoco. Lo encontré yo sola, pero sabe que lo he leído —dijo, ofreciendo el diario a Miroku— Me gustaría saber tu opinión.-

Miroku observó el libro fijamente por unos instantes antes de tender el brazo para cogerlo. Sin decir palabra, leyó las páginas hasta que, veinte minutos más tarde, levantó la cabeza. —Yo mismo la mataría si no estuviera muerta —dijo por fin, lanzando el diario sobre el escritorio— O esa mujer estaba completamente loca o era tan perversa que se mentía a sí misma y a todo el mundo. —Dirigió su mirada encendida hacia Kagome— Espero que no creas ni una sola palabra de todo esto. Kikyo y Inu nunca estuvieron, unidos... ni física ni sentimentalmente, y mucho menos comprometidos. Vamos, al leer esta basura uno casi pensaría que...-

—Que las palabras de Kikyo fueron escritas con la intención de culpar a Inuyasha — terminó Kagome.

—¿Cómo? —exclamó Miroku.

—He reflexionado sobre ello una y otra vez desde que leí el diario. Recuerdo a mi hermana, y no estaba loca. Dudo de que fuese capaz de inventar una relación inexistente, al menos no en su propia mente. Es posible que engañase a la gente para que creyera que Inuyasha y ella iban a casarse e incluso que propagase horribles calumnias sobre él cuando no accedió a sus deseos. Pero ¿por qué había de mentir en sus escritos privados? Al fin y al cabo, un diario tan sólo lo lee quien lo escribe, ¿no es así?-

—A menos que uno quiera que otras personas lo lean —añadió Miroku, concluyendo la idea de Kagome.

—Exacto.-

—¿Crees que, una vez muerta Kikyo, Naraku modificó las páginas del diario para chantajear a Inu?-

—Es posible. Después de todo, la antipatía de mi hermano por Inuyasha no es ningún secreto — Kagome dejó caer los hombros— Pero ahí es donde falla mi teoría. He examinado el diario cuidadosamente y estoy segura de que la letra es de Kikyo, no de Naraku.-

—¿Es posible que Naraku obligara a Kikyo a escribir ciertas cosas antes de su muerte? Kagome negó rotundamente con la cabeza.-

—Nadie podía obligar a Kikyo a nada, y mucho menos Naraku. No es un hombre decidido por naturaleza, y era especialmente dúctil con Kikyo. Además, ¿por qué había de hacerlo? Kikyo estaba viva, de modo que el diario no le serviría para chantajear a nadie, y Naraku no podía prever que Kikyo iba a morir ahogada. Si lo hubiese sabido, habría movido cielo y tierra para salvarla.-

—Entonces nos hallamos en un callejón sin salida —Miroku frunció el entrecejo— A menos que Kikyo escribiera las palabras incriminatorias y luego dejara el diario en un lugar visible para que fuera utilizado contra Inu.-

—Eso tendría sentido si mi hermana hubiese planeado su propia muerte. Sin embargo, Inuyasha considera que Kikyo era demasiado egoísta para suicidarse, y francamente estoy de acuerdo con él.-

—¿Cómo murió entonces? –

Kagome negó con la cabeza. —Lo ignoro. Quizá fue un accidente. Si fue un suicidio, tuvo que deberse a un impulso repentino, pues es la única forma en que Kikyo sería capaz de quitarse la vida.-

Miroku observó el diario con aire pensativo. —¿Te importa si me lo quedo unos días? —preguntó por fin— Quizá al releerlo se me ocurra algo.-

—Por favor. —Kagome le indicó que lo cogiera— Tienes más derecho que yo. Eres el hermano de Inu.-

—Y tú eres su esposa... su verdadera esposa —replicó Miroku con énfasis. Al ver que Kagome se ruborizaba, movió la cabeza— No me refería a una unión física, Kagome, sino a una unión espiritual. Hace un mes que os casásteis. Ahora sois marido y mujer. Piensa en ello. —Se puso en pie y se estiró— Creo que cogeré el diario y me retiraré a mi habitación. Después de todo, me aguardan muchos días de trabajo —dijo, alborotando el cabello de Kagome— Deja ya de preocuparte. Vas a darme un ejército de sobrinos a los que mimar, y piensa en todas las historias que podremos contarles.-

Automáticamente Kagome se puso la mano sobre el abdomen, conmovida ante la maravillosa posibilidad que Miroku había sugerido con su cariñoso comentario. Tal vez llevase un hijo en sus entrañas, un hijo de Inuyasha. Al pensarlo, un sinfín de emociones brotaron en su interior: una increíble ternura, un gran sentimiento de protección, un maravilloso anhelo... Un bebé, alguien que la necesitaría y buscaría su amor; alguien a quien prodigar todas las atenciones y el cariño que le habían faltado en su infancia. E Inuyasha; ¿le haría feliz tener un hijo? ¿Miraría a su hijo o a su hija con aquella intensa emoción que trataba de reprimir con todas sus fuerzas y sólo Kagome percibía? Sí. De algún modo sabía que lo haría. Juntos educarían a su hijo y le proporcionarían todo lo bueno que la vida pudiera ofrecer: hermanos con quienes jugar y unos padres que le envolverían con su infinito amor. Y todos los años celebrarían, dichosos, la Navidad.

Las lágrimas asomaron a sus ojos al recordar la tarde en que Inuyasha y ella pasearon por la playa de Osborne, el mágico momento en que su marido le prometió que pasarían las Navidades en Spraystone, un Edén privado cubierto de nieve, risas y amor. Dada la confusión que reinaba en sus vidas, ¿podrían realizar ese sueño alguna vez?

—Volverá, Kagome —dijo Miroku con dulzura— Te prometo que Inuyasha volverá.-

Kagome parpadeó para ahuyentar las lágrimas. —Por supuesto que sí. —Se puso en pie y estrechó el brazo de Miroku— Ve a descansar. Tenemos mucho trabajo que hacer antes de que la habitación quede perfecta. Y, ¿quién sabe? Inuyasha podría presentarse en cualquier momento, Al tiempo que pronunciaba esas palabras, Kagome rezaba para que fuesen ciertas.


Hola! volví más pronto de lo que se esperaban jejeje pero pues andaba con un poco de tiempo libre y me dio tiempo de este peque capitulo. Ya no falta mucho saben, unos 3 capítulos más tal vez uno más jejeje pero ya estamos en la recta final.

Paula D y Sandra-Kag: Especialmente para ustedes jajajaja, Asi no se me desesperan por saber que hacer y no se descagan el libro jajajaja que espero actualizarles pronto.

Me dan un review?