Despertó a las 4:30 am, como todos los días, se aliso el pelo y se lo ato en una tensa coleta que enredo en un desabrido y rígido bulto, cepillo sus dientes, refresco su rostro, se coloco el hábito, los cómodos zapatos de suela blanda y camino hasta la puerta.
En cuanto la abrió, ahí estaba, la hermana Miyako quien la saludo con una reverencia, deseándole buenos días sin alegría y con la seriedad propia que exigía su " relación ".
Caminaron por los pasillos haciendo las revisiones diarias, de habitación en habitación, con paso firme y decidido, finalmente fueron al comedor, donde reviso que el desayuno de las alumnas fuera el adecuado, mientras exigía a la vieja hermana Hortensia que llevase su desayuno a la oficina central.
Madre Sup: Miyako, había olvidado mencionarte, las hermanas mas viejas han estado muy inquietas sobre el hecho de que se les acumula el trabajo y no tienen fuerza para completar todas las tareas solas *dijo sin quitar la vista del frente, caminando aun por los extensos pasillos*,,, se están volviendo molestas, acepte a contratar una persona, pero debe ser recatada, modesta, modosa, muda y sorda a ser posible, poco agraciada y una persona humilde *se detuvo y se giro para estar frente a la monja de piel morena* no queremos que exija demasiado por su trabajo, o que sea capaz de quejarse.
Miyako: *se detuvo y respondió en el acto* comprendo muy bien Madre…
Madre S: el problema reside en que no tengo idea de quien pudiera ser, no quiero que sea alguna pordiosera, no debe causar lastimas, simplemente debe ser obediente y sumisa,,, *callo un momento y se quedo pensativa* devota, una persona de confianza…
Miyako: con todo respeto Madre, me parece que son demasiadas las aptitudes que usted solicita para el puesto,,, donde conseguiremos una persona así?
Madre S: esperaba que tu me lo dijeras, *la miro con sarcasmo* habla con las hermanas y pídeles concejo, quizá alguna de ellas conozca a alguien, con un poco de suerte, cubrirá mis expectativas, o al menos algunas de las aptitudes que creo necesarias.
Miyako: de inmediato madre *dijo, y haciendo una nueva reverencia se marcho*
En la oficina, se puso a hojear los expedientes de las alumnas con fingido interés, leyó el informe de la hermana Miyako sobre el estado de salud de la joven Kurusagawa y su amiga Saotome.
Una retorcida sonrisa de placer apareció en su rostro cuando recordó el día de los azotes, la sensación de poder, la blanca y suave carne de la joven cortándose, la sangre, sus gritos de dolor, el aroma a sudor y el pánico en sus ojos.
Contuvo el aliento cerrando los ojos, algo en su vientre se agito con ansiedad y sintió que un calor se depositaba entre sus piernas.
Pero entonces alguien toco a la puerta, y saliendo de sus pensamientos la vieja Madre anuncio con molestia.
-Pase!
Era la hermana Hortensia, que llevaba el desayuno.
Hortensia: He traído su desayuno madre *dijo poniendo una bandeja sobre el escritorio, la cual llevaba un tazón con sopa de verduras, otro con arroz, un plato con un poco de pescado a la plancha y algo de alga frita*.
Madre S: magnifico!, y dime, te has asegurado de que tenga solo la cantidad adecuada de sal? *pregunto con fingida amabilidad*
Hortensia: pues, según creo le puse solo lo necesario…
Madre S: oh no Hortensia, no no no, no puedo fiarme de eso, sabes muy bien que tu vieja lengua es mas perceptiva que la mía. *sonrió con hipocresía*, mis papilas no son lo que eran antes, no puedo saber si algo es demasiado salado y ya conoces mis problemas de salud,,, demasiada sal me mataría recuerdas? *inclino la cabeza hacia abajo y la miro con ojos inocentes*
Hortensia: *sonrió* no dejas de ser una mimada Dolores, aun cuando intento ser seria! *tomo la cuchara* lo que quieres es que le de un bocado a todo verdad?, bien bien, lo hare.
Madre S: oh gracias amiga!, ya sabes que los años marchitan el cuerpo, pero jamás la esencia, sigo siendo la misma de hace 40 años… y tu también…. *dijo mientras la veía dar una probada a todo*.
- Como es posible que no hayas encontrado a alguien!? *decía furiosa*, las hermanas no dejan de presionarme, de reprocharme! cada día, cada hora, se esta volviendo una verdadera molestia!... *bramó mientras caminaba por la cocina de un lado a otro, como un pequeño tigre enjaulado*
Miyako: lo siento mucho Madre, pero ha rechazado usted a todas las candidatas que le he propuesto *dijo con falsa tristeza*
Madre S: es porque todas eran inadecuadas! *soltó mirándola con furia*
Miyako: no veo entonces que pueda hacer Madre, ha rechazado todas las candidatas que tenia disponibles, no dispongo de nadie mas,,, me temo que a este paso, nos veremos forzadas a contratar a una completa desconocida, las personas de confianza que teníamos por candidatas no cubren sus expectativas, y algunas de las que cubrían lo básico y que usted rechazo por ser demasiado locuaces, o atractivas, o ateas ya no están interesadas en el puesto…
Madre S: y porque no están interesadas? les he ofrecido una segunda entrevista, deberían estarme agradecidas!
Miyako: tal parece que no les gusto su trato la ultima vez… *dijo sin expresión alguna*
Madre S: todas son unas arpías soberbias,,, yo misma encontrare a una persona adecuada! ya veras que lo hare, tu ineptitud es francamente ofensiva, no puedo creer que… *se vio interrumpida por unos toquidos en la puerta*
Irónicamente, la puerta por la que la joven Kurusagawa le había dicho que había escapado.
Dio la espalda a Miyako fue con pasos largos hasta tomar el pomo, lo giro, abrió y miro con gesto severo a quien la había interrumpido.
Entonces se quedo sin aliento, ahí, frente a ella, estaba la joven mas hermosa que había visto en su vida.
Pelo largo, suelto negro-azulado, ojos grandes de un color turquesa tan intenso que encantaba, labios carnosos, piel blanca como la nieve, de aspecto suave y terso.
Media por lo menos treinta centímetros mas que ella, tenia una figura estilizada, cintura estrecha, caderas ligeramente anchas, muslos fuertes bajo los ajustados y viejos jeans de mezclilla, rasgados justo en la rodilla, pechos turgentes y grandes que se dibujaban bajo la fina tela de su blusa simple, blanca, de corte deportivo.
Llevaba unos tenis muy sucios, que de estar mas pendiente de la moda juvenil habría adivinado parecidos a los converse.
Su aspecto era rudo, pero seductor, unas finas cadenas colgaban de su delicado cuello, junto a una gargantilla de cuero negro tejida muy finamente, pulseras de cuero, de hilo negro y cadenas de bicicleta cubrían sus muñecas, tenia las uñas pintadas de negro algo desconchadas, el maquillaje era escaso pero marcado, rímel negro en cantidad discreta, delineador negro que solo enmarcaba de la mitad de sus ojos a la comisura, rubor durazno a penas perceptible y un tono de labios rosado muy natural que los hacia parecer mas carnosos.
Madre S: p-pero que?... *balbuceo con sorpresa* que es lo que quieres!? *dijo recuperando la compostura y poniéndose en alerta ante el aura problemática que tenia la chica frente a ella*
La joven no dijo una palabra, la miro con seriedad, taciturna.
Levanto el brazo derecho y extendió una caja blanca frente a la monja, sobre la cual había escrito " Bleu Pierre: confiserie ", la madre la tomo, abrió la caja y miro en el interior,,,,, donas, dentro había tres donas azucaradas, blancas, esponjosas y muy apetitosas, que la hicieron abrir los ojos con gran sorpresa, amaba las cosas dulces y esa era una debilidad de la que nadie tenia conocimiento.
Alzo la vista y enseguida vio que la joven extendía un papel.
" Bleu Pierre: confiserie
Presenta con orgullo su gran variedad en repostería de la mas alta calidad.
Estamos encantados de poder servirle y ofrecerle las delicias dulces mas finas
para su delicado paladar.
Por apertura, y para que conozca nuestros productos, le ofrecemos este pequeño paquete
con la esperanza de estrechar un lazo y conseguir su favoritismo y preferencia.
Esperamos sea de su agrado. "
Y así seguía el volante, junto a un pequeño mapa, y números a los cuales llamar para hacer pedidos a domicilio y otros asuntos relativos a la nueva panadería.
La hermana Miyako se levanto de la silla en la que había permanecido sentada, e hizo ademan de acercarse a mirar lo que la vieja monja había recibido, pero la anciana cerro la caja con rapidez y no pudo ver lo que contenía.
Madre S: gracias, gracias muchacha ya te puedes ir *dijo con impaciencia mientras se guardaba el volante de la panadería y ascia con fuerza la caja con las donas*
La joven hizo una inclinación de cabeza, dedico a la mujer una pequeña sonrisa, giro sobre sus talones y se marcho dejando en el aire un aroma suave y encantador, un perfume que se adivinaba mezcla de maderas y limón.
Ni una vez cruzo mirada con la Hermana Miyako, y cuando se hubo marchado esta hablo.
Miyako: me decía Madre?
Madre S: *continuo viendo la puerta ya cerrada mientras su cabeza y su corazón palpitaban fuertemente* decía que tu ineptitud es francamente ofensiva Miyako… *dijo con voz mas tranquila, y se giro para ver a lo ojos ámbar* yo misma me encargare de encontrar a una persona adecuada, alguien como la muchacha esa que recién vino *dijo con falso desprecio mientras alzaba una ceja*
Miyako: *en su interior se sintió sonreír, pero respondió enseguida, con fingida sorpresa* quien!? p-pero madre! no la conocemos, tiene toda la pinta de ser problemática, no sabemos de donde viene y no es precisamente fea, ni muda, y probablemente sea atea!, quizá…. hasta lesbiana! no cree que… *pero se vio interrumpida*
Madre S: SILENCIO! *soltó con autoridad, visiblemente molesta, pues su cara había pasado a ser roja y salpico algo de saliva al hacerla callar* crees que estoy ciega?, o que soy tonta? he!
Miyako: n-no madre yo…*balbuceo*
Madre S: he dicho que te calles!, no soy ninguna inepta como tu y tampoco una descuidada! es por eso que tu averiguaras quien es y si cubre el perfil!. La muchacha no dijo ni una palabra, probablemente sea muda o quizá hasta retardada, viste como vestía? claramente es de origen humilde!, además tienes que ver mas allá! eres tan tonta!, claro que parece problemática y eso es bueno!, piensa! usa ese cerebro que el señor te ha dado por una vez en tu vida!, probablemente es una inadaptada quizá ni en su casa la quieren, viste sus ojos tristes carentes de ambición?, eso me dice que probablemente ni siquiera tiene autoestima, y una persona así es incapaz de ser exigente, pero por supuesto todo eso son meras suposiciones, y tu te vas a encargar de averiguar si es la persona que creo que es o no! lo entiendes?
Miyako: *agacho la cabeza mirando al suelo* si madre, la entiendo, disculpe
Satisfecha la vieja monja salió de la cocina con pasos firmes, mientras que la joven morena alzaba la cabeza, y en su rostro, una sonrisa se dibujaba.
Estaba hecho, estaba segura de que esa vieja se aferraría a Chikane, aunque solo fuera por el fingido rechazo que ella había mostrado.
Era algo que siempre pasaba, a la vieja le gustaba contradecir y minimizar todo lo que ella decía o hacia.
Además, lo había escuchado en su voz temblorosa cuando abrió la puerta, se había prendido de Chikane.
Lo sabia, porque conocía todos sus secretos, y sabia lo enferma que la vieja estaba.
Camino presurosa hacia su habitación, ya era de noche y había mandado a Miyako a hacer las rondas sola.
Estaba ansiosa, muy ansiosa, no podía sacarse de la cabeza los ojos azules de esa tarde, el cabello negro azabache, los pechos turgentes.
Se encerró en su habitación y puso seguro a su puerta, fue rápidamente hasta la cama y se puso a gatas junto a ella, metió la mano buscando algo debajo y lo encontró, un clavo que sobresalía un poco del piso, convenientemente de madera.
Tomo el clavo y lo alzo, y con el un pedazo de madera que debía estar sujeto al piso, lo puso a un lado, y busco en el hueco que aquel trozo de madera cubría, encontró lo que buscaba y lo saco.
Era una bolsa de terciopelo negro, y dentro un miembro masculino falso, grande, rugoso, de aproximadamente 20 cm de largo y 5 cm de ancho.
Dejo la bolsa sobre la cama y se desvistió tan rápido como pudo, se tendió sobre su cama y saco el miembro de la bolsa que lo contenía, junto a un pequeño control.
Su carne se veía desparramada sobre las sabanas color crema, los pechos flácidos y arrugados caían a sus costados cubriéndole las axilas, y las pantorrillas se le notaban extremadamente delgadas, contrario a su torso ligeramente redondo.
Cerro los ojos, y comenzó a recordar, los labios rosas, las manos finas, la sonrisa, los ojos, el sensual cabello, sangre, la piel blanca siendo rasgada, las muñecas blancas cubiertas toscamente por cadenas y pulseras, otras muñecas canela sujetas con una cuerda, piel rota de a poco, mas sangre, los gritos, y la sonrisa blanca nuevamente.
Estaba excitada muy excitada, acciono el modo vibratorio de su juguete y comenzó a frotárselo en la vieja y encanecida vagina, suspirando de placer.
Recordó las uñas rotas y los nudillos morados, ojos violeta cubiertos de lagrimas, ella con coletas apoyada en una banca de la iglesia recibiendo las fieras embestidas de un sacerdote que en aquel entonces le llevaba al menos 10 años.
Se froto el pene falso con mas fuerza en el clítoris, estaba comenzando a mojar las sabanas.
Su cabeza fue invadida entonces con imágenes imposibles, las manos blancas recorriendo su cuerpo, la suave boca rosada apretándose a sus labios, invadiendo con su lengua, rozando lenguas, deslizando los dedos por su entrepierna, al padre embistiéndola por detrás al mismo tiempo y mordiéndole el cuello.
A la joven Kurusagawa clavada en una cruz mirando el espectáculo con lagrimas de sangre en los ojos.
Unos ojos avellana carentes de vida, unos ojos verdes suplicando piedad.
Comenzó a gemir bajo sin poderse contener y se metió el pene de plástico casi con violencia, acciono la velocidad máxima y comenzó a moverlo dentro y fuera una y otra vez, mas y mas rápido, temblaba, se retorcía, y necesitaba mas, mas violencia.
Se canso.
Se levanto aun con las imágenes frescas en la cabeza y el pene en su interior, vibrando, se acerco al calefactor apagado y se abrió de piernas sobre el, su juguete tenia una ventosa en la base que le daba mas ventajas, bajo las caderas y la ventosa se adhirió al calefactor, entonces apoyando las manos en la pared comenzó a subir y bajar las caderas con fuerza, con violencia.
El aparato crujía, y ella bajaba mas y mas, alcanzando mayor profundidad, mayor placer.
Volvió a gemir pero mas alto, no le importo, su habitación estaba aislada en una de las torres mas altas del colegio, así que dio renda suelta a sus gemidos, estaba sudorosa, cansada, vieja, pero enérgica, y bajaba las caderas cada vez con mas violencia, cubriendo el calefactor con sus jugos vaginales.
Finalmente, tras imaginar que la joven de ojos azules le metía un dedo en el ano, y ella daba una buena mamada al sacerdote de su infancia mientras este le azotaba la espalda roja y con llagas, alcanzo su clímax, el orgasmo.
Un gritito salió ahogado de su garganta y retumbo por los pasillos de aquella torre, mientras la orina caliente y sus jugos se vertían sobre el calefactor.
En la oscuridad, frente a su habitación, una sonrisa blanca se dibujo.
