Bueno, este fic comienza a reestablecerse por aquí y a tomar algo de ritmo en cuanto a la trama: ojalá les siga causando gracia. Les pido de favor que sumen 2 años a las edades de todos los personajes propios de la serie. El fic se sitúa un año después de la batalla contra Hades
¡MIL GRACIAS A MIS LECTORAS DE PRUEBA! Yukime-chan, Aiosami-chan y Kala-neechan. ¡SE PASARON! ¡SON DE LO MEJOR!
UN AGRADECIMIENTO ESPECIAL A EKLÉCTICA, QUE HIZO LA REVISIÓN TEMPORAL DE TODA LA SAGA, y además revisó que todo estuviera en orden.
Saint Seiya, los personajes y la historia asociada al manga y al anime son de propiedad del Sr. Kurumada, de la Toei y de quienes tengan los derechos de autor.
ADVERTENCIA.
Principio 63 para ver y entender Manga y Anime: Todo GRAN villano o bien quiere conquistar el mundo o bien destruirlo por alguna razón enferma.
Se requiere criterio al leer. Posible deshidratación producida por el exceso de babeo. Se recomienda leer esto con una provisión adecuada de H2O. No me hago responsable de castigos, lesiones, o penas capitales derivados de la lectura de este capítulo.
Capítulo 13: Un día en la Playa. Una noche de fiesta
Flashback.
Alisa abrió la puerta. Marín estaba del otro lado, y la saludó con la mano. Si hubiera estado sin su máscara, Alisa habría visto a la amazona sonreírle amistosamente.
"¡Hola Alisa! ¿Está Milo por ahí?" Le preguntó asomando la cabeza por la puerta.
"¡Hola Marín! Por favor pasa…" La amazona entró y miró hacia todos lados con cautela. "No he visto a Milo desde el desayuno. ¿Es Muy Urgente?"
"¡Qué Bueno que No Está!" Marín suspiró de alivio. "Athena y algunas de las amazonas vamos a ir a una playa aquí cerca. ¿Quieres ir?"
"¿Una playa? ¡Por supuesto! No sabía que hubiera playas en el Santuario." Marín se llevó un dedo a la boca.
"Hay varias, pero esta… ¡Shhh! Es una playa secreta. Sólo Athena y las amazonas sabemos dónde está. Los hombres no deben saberlo. ¿Vas o te quedas?" Le explicó Marín en voz baja. Alisa asintió con la cabeza.
"Dame cinco minutos."
Fin de Flashback.
Para ser Agosto las temperaturas seguían altas, aunque ya desde hacía una semana que no subían de los 40° C. Julio había sido un mes caluroso e insufrible, se habían registrado las más altas temperaturas en años. Luego del incidente del baño, que ninguno comentó, pero que no olvidaron, la situación entre Alisa y Milo seguía igual, aunque podían distinguirse algunas sutiles diferencias, las cuáles, casi todo el mundo había notado, excepto ellos mismos: en vez de jugar al póker, se quedaban charlando hasta muy tarde de casi cualquier cosa. Sin saberlo, cuando estaban separados, anhelaban la presencia del otro y esperaban ansiosos su regreso o volver a verlos. Esta situación era un tanto exasperante para quienes los rodeaban, porque aunque parecía que todo estaba allí para que su amistad se convirtiera en otra cosa, nada parecía indicar que eso fuera a ocurrir pronto. Nadie se había enterado del suceso del baño, excepto por dos personas, Camus y Alsacia, quienes compartían algunas sospechas y teorías respecto de la pareja y eran quienes más sufrían con la espera. Claro… sólo comentaban sus observaciones entre ellos.
Para que hagan los cálculos, habían pasado cinco escasos meses desde la boda, aunque se sentían como años.
Milo se sacudió los pies antes de entrar a su casa. Había pasado el día en otra de las playas del Santuario, a la que sólo iban caballeros. En teoría, ninguna playa estaba prohibida a las amazonas, pero las chicas preferían ir a la suya propia, cuya ubicación era tan secreta que hasta se dudaba de su existencia. Muchos habían buscado por muchos años este sector, sin éxito: ni siquiera Shion sabía dónde estaba y éste sí que la había buscado en sus años de juventud. Decían los rumores, que Docko de Libra sabía dónde estaba, dado que antes de la Guerra de 1743, habría dado con ella sin haberla buscado. Habría llegado a ella por mero accidente, pero en aquella ocasión, y para su desgracia, se había encontrado la playa llena de amazonas, dos de las cuales eran doradas. Lo sucedido después había dejado profundas marcas en el santo de Libra, el cuál no hablaba al respecto. La última vez que Shion y otro santo dorado de nombre Lynus le habían preguntado al respecto, Docko se había puesto de un bonito color pálido azulado, se tapó las orejas y se alejó gritando de sus compañeros como alma que lleva el diablo, diciendo que no sabía de lo que le hablaban.
Nunca más volvieron a preguntarle al respecto.
Si Milo había pasado el día en la playa, fue por razones de trabajo y no esparcimiento. Estuvo vigilando a los aprendices, para que no escaparan o se propasaran en sus juegos, que no hubiera ataques sorpresas al Santuario o que sucediesen accidentes. Fue un día aburrido y pesado. Lo más interesante que ocurrió fue que una osada, desesperada y hambrienta gaviota se robó el sándwich de Aldebarán, quien había hecho las rondas con él ese día. Se quitó la armadura y se cambió de ropa; se puso unos shorts negros y una camiseta sin mangas, de color verde oscuro, y descalzo caminó hacia la cocina. Estaba bebiendo agua cuando escuchó que la puerta se abría.
"¡MILO! ¿Tú Dejaste Todo Este Montón De Arena Aquí En La Puerta? ¿Es Que Te La Trajiste Toda Del Coliseo?" Protestó Alisa. El Caballero de Escorpión salió tranquilamente de la cocina hacia la sala: allí Alisa lo esperaba, con las manos en las caderas, el ceño fruncido y un bonito bolso de playa a sus pies, en el cuál habían algunas cosas (una revista, bronceador, lentes… ya saben, lo indispensable).
Milo se atragantó con lo que vio y casi dejó caer el vaso cuando vio a su amiga–esposa. La miró de pies a cabeza: era obvio que había pasado el día en una playa, se la veía más tostada. Lucía un bikini de un color naranja muy vivo, con un pareo de color rojo atado en las caderas, y calzaba unas sandalias muy simples ¡Imposible No Verla Con Esos Colores! La arena que tenía pegada en sus tobillos y en sus hombros, más la extraña y viva mezcla de colores, que hacía juego con su ondulado cabello y sus ojos castaños, le daban un toque exótico… Pero eso no era lo único que lo había impactado… sino otra cosa…
"¿TE PASEASTE ASÍ POR TODO EL SANTUARIO?" Le dijo todavía a medio atragantar, sin darse cuenta de sus palabras o poder evitarlas: la expresión fue imparable y le había nacido del alma.
Alisa lo miró extrañada y algo perpleja. Parpadeó un par de veces. Tenía una mirada dulce e inocente; se miró a sí misma para ver qué era lo malo de su atuendo. Luego de unos segundos le clavó los ojos a Milo.
"No… no me paseé por todo el Santuario: Sólo conozco el camino desde la entrada hasta aquí y algunos otros pocos lugares más. Fui a la playa con las chicas y luego me regresé por donde mismo para no perderme."
"¿Pero en ESA FACHA?"
"Sí… Es que me dio calor ponerme la solera con la que me fui. ¿Me veo muy mal?" El tono de Alisa era genuinamente inocente. Al parecer la chica no computaba a lo que su marido–amigo hacía referencia.
Milo tragó saliva y se rascó la nuca. ¿Por qué el escándalo? No era que le importara que Alisa se hubiera paseado en bikini bajo la atenta mirada de un montón de caballeros y soldados que cuando veían a una chica bonita se comportaban como buitres cerca de un cadáver. ¡Y encima Usando Bikini y Pareo! ¡Para nada! Eso no podía importarle menos. ¡Feh! Si llegaba a oír el más mínimo comentario sobre este paseo de su chica, hasta los nietos del infeliz que lo hiciera nacerían con cicatrices. ¡Un Momento! ¿A qué se debía ese pensamiento? ¿Acaso sí le importaba el atuendo de su esposa-amiga? Alisa era una chica bonita, pero era una chica más. No. Definitivamente no le importaba si la miraban con otros ojos.
Eso produjo un extraño efecto en su ojo. Si hubiera sido perro, hubiera gruñido disgustado. Nadie tenía que estar mirando a SU chica con otros… ¿ojos…? Y… ¿Desde cuándo era su chica? ¡Alisa nada más era su amiga! AMIGA. A-M-I-G-A. Amiga. AMIGA. Punto. Fin de la discusión. No se habla más del asunto. ¿Capisce? Milo sacudió su cabeza con fuerza.
"No. No te ves mal. Pero… te pudo haber pasado algo en el camino." Explicó Milo con calma y fingida indiferencia. "Pervertidos hay en todas partes y este lugar no es la excepción." Alisa se rió en su cara.
"¡Disculpa Milo! Yo sé que hay pervertidos en todas partes, pero ¿Quién se va a fijar en mi?" Le dijo entre risas y con toda honestidad. "No soy espectacular ni nada parecido: no soy lo que un pervertido busca. ¡Me sé defender bien!"
Milo decidió no responder. Se quedó mirando a Alisa unos segundos antes de suspirar y sobarse las sienes. Sí… Ella era justo lo que un pervertido buscaría: en ese bikini se veía BELLÍSIMA… ¿Huh? Milo sacudió la cabeza con fuerza y se dio una bofetada mental. No se suponía que debía estar pensando así de ella. La chica relajó los brazos y ladeó la cabeza un poco, observándolo con atención. El santo de escorpión tuvo una subida de ego cuando se dio cuenta que su "amiga" tenía los ojos fijos en él. No en su rostro, sino en ÉL. Alisa no parecía haberse percatado, pero estaba sometiendo a Milo a todo un análisis completo y concienzudo del cómo se veía. Parecía muy concentrada en esto… la verdad no la culpo por eso. Milo le sonrió galantemente: era hora de dar vuelta la tortilla. No tenía por qué sentirse incómodo él solo respecto de la apariencia del otro, ni sentirse culpable por pensar en eso él nada más, cuando podía poner a Alisa en el mismo atolladero.
"¿Qué tanto miras, preciosa? ¿Te parezco sexy? Porque parece que me comes con la mirada." Le dijo alzando ambas cejas en forma muy coqueta. Puso las manos sobre sus caderas, sólo para resaltar sus, ahem, pectorales. "¿Cómo crees que me veo?"
Alisa lo miró con ojos grandes, levemente sonrojada al verse descubierta tan de improviso, aunque pudo dominar su timidez. Respiró profundo y suspiró. Cerró los ojos y relajó el rostro, lo más dignamente que pudo.
"La verdad… me preguntaba como un tipo que se rompe la espalda entrenando de sol a sol, puede tener una panza como la tuya… porque estás panzón, ¿O no te habías dado cuenta?" Le respondió como quien comenta el clima. Alisa le pasó por el lado contoneando las caderas levemente, como si no estuviera consciente de esta acción, y se dirigió al baño. "Por favor Milo, barre la arena que dejase en la entrada por mientras me ducho. Quiero quitarme el sabor a sal de la piel."
Mmm. Sabor a sal, ¿así que se sentía salada? Bueno, él podía ayudarle con… ¡MOMENTO! ¿Panzón ÉL? Eso sí que no. ¡NO estaba Panzón! ¿De dónde había sacado Alisa semejante tontería? ¡JA! ¿ÉL, Panzón? Esto no se quedaría así. Milo bufó taimado y miró en su dirección. Mala idea… se quedó mirando la espalda de Alisa a medida que esta caminaba, recordando de improviso el incidente del baño… Gruñó y volvió a bufar taimado. ¡NO ESTABA Panzón!
"¡No Estoy Panzón!" Le reclamó segundos antes que Alisa entrase al baño. "¡FEH! Si estoy panzón como dices, entonces tú pareces tabla de planchar."
Alisa se congeló por unos segundos frente a la puerta, pero no hizo comentario alguno. Abrió la puerta y desapareció al interior del baño. Medio minuto más tarde se escuchó la ducha. Milo bufó por tercera vez y salió de la casa: tenía que ir a alimentar a Filemón, su escorpión, cuyo terrario ahora estaba en el pequeño cuarto de estar del primer nivel. Allí se quedó por más de una hora, rabiando solo…
… Y pensando también en otras cosas que no tenían nada que ver con la rabia.
Como por ejemplo, el sabor a sal.
Esa noche.
21:00 hrs. La noche del viernes se pronosticaba larga y tediosa para la joven pareja. No había nada bueno en la televisión y hacía tanto calor que no querían ni jugar póker, ni ir a charlar con algunos de los dorados, ni conversar entre ellos, ni irse a dormir. Ambos estaban como hipnotizados por la televisión, pero más que ver el programa, lo que veían eran los colores. Tampoco se hablaban. Milo estiró los brazos con pereza: tenía ganas de salir de parranda, de divertirse y hacer algo diferente, cosa que no había hecho desde que se había casado. Miró de reojo a su esposa-amiga.
"¿Quieres ir a bailar, Lis?" Le preguntó para probar suerte. Alisa sonrió instantáneamente.
"¿A Bailar? ¿Lo dices en serio?"
"No, lo decía para ver tu reacción. ¡OBVIO que lo decía en serio! ¿Quieres ir? Porque de cualquier forma iré yo."
"Dame 15 minutos."
Alisa saltó del sillón y corrió a su cuarto, llena de entusiasmo. Ella adoraba salir a divertirse, pero no había salido ni siquiera al cine desde que se había enterado del contrato. No le importaba salir con Milo: si el tipo resultaba aburrido, ya se desharía de él en algún momento. ¿Bailar? ¡ESTUPENDO! Se moría de ganas de bailar, de pasar un buen rato, de liberar tensiones, de tomar algunos tragos… bueno, eso quizás no: le traía MALOS recuerdos. Lo que importaba era que… ¡TENÍA GANAS DE DIVERTIRSE!
Milo también fue a cambiarse de ropa. Conocía a las mujeres y sabía que Alisa se tomaría su tiempo para arreglarse y que nada podía hacer al respecto. Por lo que se vistió con calma. Aún así, no se tardó ni 10 minutos en estar listo. Estaba entusiasmado, igual que Alisa. Se moría de ganas de irse de parranda, de conocer gente nueva, de bailar y de liberar tensiones. ¡QUERÍA DIVERTIRSE! Si Alisa resultaba una compañera aburrida, ya se desharía de ella en cuanto pudiera, pero nada le impediría pasarlo bien esa noche, como no lo hacía en mucho tiempo.
"¡ESTOY LISTA!" Alisa salió de su cuarto sonriéndole al mundo, en el exacto momento en que Milo se ponía cómodo para esperarla.
"¡VAYA! Me sorprendes: no tardaste nada. ¡Te Ves Estupenda!" Le dijo Milo guiñándole un ojo. Había que reconocerlo: Alisa se veía espectacular.
"¿Eso quiere decir que por lo general me veo mal? ¿Crees que soy fea?" Le preguntó con una pícara sonrisa.
"¡Oye! ¡No Hay Mujer Fea! Sólo belleza rara, pero tú no eres de esas." Se defendió con rápida galantería. "¿Nos vamos ya?"
Ambos salieron del Santuario sin ser vistos, pese a que no hicieron ningún esfuerzo por salir en secreto. Fueron a un lugar que ambos conocían y frecuentaban mucho antes de conocerse, sin siquiera ponerse de acuerdo. Tan solo llegaron hasta allí como guiados por instinto. El lugar estaba atiborrado de gente que quería entrar, pero no tuvieron problemas, ya que como conocían a los guardias, estos los dejaron entrar de inmediato. Sin perder más tiempo se pusieron a bailar, y lo hicieron por largo rato, con un ánimo inagotable. Se seguían el paso sin problemas y se complementaban muy bien el uno con el otro: eran divertidos y elegantes para bailar. Improvisaban pasos como si se hubieran puesto de acuerdo desde antes. Se dio entre ambos una suerte de coqueteo del que estaban más que conscientes y del cual sacaron bastante partido.
Al cabo de casi dos horas bailando sin cesar, decidieron tomarse un descanso y sentarse en alguna mesa a charlar un poco. Hubieran seguido bailando mucho más rato, la energía les sobraba y lo estaban pasando en grande.
"¡Milo! ¡Me Pisaste A Propósito!" Exclamó Alisa muy divertida. Parecía que estaba ebria, pero no era así.
"¡NUNCA he Pisado a Ninguna de Mis Parejas!" Se defendió Milo, quien estaba tan contento como ella. "¿Estás muy cansada? Porque yo puedo seguir la noche entera."
"¡La Fiesta Está Recién Comenzando! ¿Cansada Yo? ¡NUNCA!"
"Voy a ir a la barra. ¿Te Traigo algo…?" Milo y Alisa cruzaron una sombría mirada. Ambos se rieron de buena gana. "¡Si Vamos a Tomar, Que Sea Un Solo Trago! Y NO Firmamos Nada, Al."
"Tráeme un Cuba Libre. No me digas 'Al', ¡Dime LIS!"
Milo le guiñó un ojo y desapareció entre la multitud. Alisa sonrió para sí y se relajó un poco en la silla, adoptando una postura muy casual. No podía quejarse, había pasado un gran día en la playa, la música y el ambiente estaban geniales. Milo, contrario a lo que había pensado, era un divertido compañero de parranda: tenía un aire de niño malo que lo hacía muy atrayente. Parecía que le leía el pensamiento, nunca antes había bailado con alguien que le siguiera tan bien el paso y que le respondiera todas las miradas con la misma intensidad.
Mientras pensaba en esto y esperaba que Milo llegase de la barra, algo captó su atención. Entre la multitud distinguió a Jason, quien estaba de lo más acaramelado con otra chica, mientras ambos se dirigían a la salida. El cómo lograban hacerlo mientras caminaban estaba más allá de su comprensión. Frunció el ceño: lejos de sentir celos, lo que sintió fue un disgusto enorme, sumado a una sensación de malestar generalizado. 'Tonta' se dijo a sí misma: en los 5 últimos meses todo sentimiento grato hacia Jason había desaparecido. No podía creer como había perdido el tiempo con alguien tan narcisista como él. ¿Cómo era que no se había dado cuenta que el tipo tan sólo estaba esperando usarla para luego desecharla? Eso era por completo desagradable.
Varias de las amazonas le habían dicho ese día en la playa, que Milo había sido un mujeriego sin remedio hasta que supo que tenía que casarse con ella. Desde ese día había dejado de molestarlas en los entrenamientos y que no había buscado otras. Si bien esto era cierto, a Alisa no le constaba que Milo fuera un buscafaldas: miraba otras chicas, cierto, pero eso era normal y no pasaba a mayores. Tampoco le importaba… bueno, mientras no se diera cuenta. Suspiró de disgusto. ¿Acaso tenía un imán para hombres así? ¿No se suponía que este tipo de hombres sólo buscaban mujeres despampanantes para pasearse con ellas un poco y luego desechar? ¿Mujeres como la chica que su Ex se comía a besos? Ella era una chica normal. Demasiado normal para los gustos de cualquiera. ¡Chicas como ella tenían que hacer un esfuerzo para verse bonitas! Y ni aún así le resultaba llamar la atención de nadie, ni siquiera de su propio marido-amigo (eso era lo que creía).
Hacía tiempo que nadie la besaba.
Vaya…
"¿Por qué tan sola? ¿Esperas a alguien?" Le preguntó un sujeto de aspecto simpático. Alisa le sonrió y le mostró el anillo de bodas que lucía en su mano.
"A mi marido. Ya está por llegar."
"Oh." Dijo el sujeto algo incómodo y desilusionado. "Lamento la molestia. Adiós." Le dijo antes de marcharse.
Alisa se quedó mirando su anillo de bodas. ¿Por qué lo tenía puesto? No significaba nada para ella. Este anillo nada más era el cruel recordatorio de cómo había sido atrapada en un contrato y en un matrimonio que ella no conocía ni quería. No se lo podía quitar por alguna razón. Empuñó la mano desolada, y se echó aire a los ojos cuando sintió unas lágrimas amenazando con caer.
¡Maldito Contrato!
En otro lugar de Atenas
…
Esta vez, él mismo pasó el fósforo encendido por una de las cortinas.
Se quedó largo rato mirando como las llamas comenzaban a encender las cortinas y los muebles. Rió de buena gana, por largo rato, con una risa estentórea que resonaba en cada rincón de aquél pasillo. Aseguró su arma y se metió a la salida de emergencia. Tarde o temprano, subiría algún bombero.
En cualquier momento subiría alguno.
…
…
De regreso con Milo y Alisa
"Dos Cuba Libre por favor." Le pidió Milo al Barman. Este asintió con la cabeza y le indicó que esperara unos momentos.
Milo se apoyó en la barra y observó al resto de la gente. ¡QUE BIEN se sentía! Alisa había resultado ser una grandiosa acompañante, además de bonita. No era como las chicas que a él le gustaban, pero por alguna razón había disfrutado más su compañía que la de otras, aunque fuese más baja que él. Nunca antes se había cruzado con una chica que le siguiera su enérgico paso y que le devolviera sus miradas con ojos grandes, picarones y llenos de una más que extraña inocencia. Hacía tiempo que no lo pasaba tan bien. Se sentía animado y recargado de energía. ¡Ya quería volver a bailar!
Unos brazos lo abrazaron por el costado izquierdo. Sorprendido, Milo volteó la cabeza hacia su izquierda para ver quién era. Una pelirroja de su tamaño, de esas que dan envidia, lo miraba con una gran sonrisa.
"¡El escorpión salió de su agujero! ¡MILO! ¿Dónde te habías metido? ¡Creí que ya no te dejaban salir de ese Santuario tuyo!"
"¡Caterina!" Milo la saludó con cordialidad al tiempo que se desenredaba de sus brazos con facilidad. "¡Te ves estupenda! ¿Cómo Has Estado?"
"Lo típico de siempre, pero esta vez echándote de menos. ¿Qué te pasó que de pronto desapareciste?" Le preguntó la chica tomándolo del brazo. Milo se soltó con elegancia. "¿Estás con una chica o no quieres que te abrace?" Le preguntó fingiéndose ofendida. Milo le enseñó su anillo de bodas.
"Si, estoy con una chica. No es que no quiera que me abraces, pero preferiría que no lo hicieras." Milo le guiñó el ojo. "Ya me conoces y sabes lo que pienso al respecto de eso."
"¡JAJAJAJAJA! ¡Te Casaste! ¡Creí que era una broma!" Exclamó Caterina con los ojos muy abiertos. "¡Lástima! Aunque… ya sabes… eso no es impedimento para nada en estos días." Le dijo insinuándosele. En ese momento llegó el Barman y puso los dos tragos en el mesón. Milo tomó los vasos con algo de nostalgia.
"Quizás para ti no, Cat, pero para mí sí lo es." Explicó con calma, tomando distancia. "Ya me conoces muñeca." Dicho esto, le dio la espalda y se fue, dejándola algo desilusionada.
Mientras regresaba con Alisa, Milo se sintió de pronto nostálgico. En una situación normal, habría seguido la noche con Caterina o se habría buscado alguna otra, pero no… aunque se moría de ganas, no lo hizo… no… no se moría de ganas, él quería estar con Alisa y sólo con ella, al menos esa noche. Por otro lado, un juramento era un juramento, y si no era capaz de respetar los votos 'menores', entonces no merecía llamarse a sí mismo Santo Dorado, ni podía tener el privilegio de proteger a la niña Athena. Suspiró. Aquél anillo… no sabía porque lo usaba, ese anillo le recordaba lo incómodo de su situación con Alisa.
No había elegido su estado civil, no había tenido siquiera la oportunidad de hacerlo, pero bueno… ya estaba casado… y no… ¡ÉL había sido un Mujeriego! Lo seguía siendo en cierto sentido, pero no estaba en su naturaleza ser infiel, aunque estuviese casado a la fuerza… ni siquiera cuando estaba soltero y salía con una chica había sido desleal: eso no pintaba con él. No. No podía serle infiel a Alisa, aunque quisiera… no estaba en su naturaleza.
Puso el vaso en la mesa, frente a Alisa, quien también parecía sumergida en sus propios pensamientos. Al verlo, la chica le sonrió de oreja a oreja. Se sentó a su lado.
"Disculpa la tardanza."
"¡No Hay problema!"
Ambos tomaron el vaso y de un solo sorbo se bebieron todo el contenido, casi al mismo tiempo. Cuando dejaron el vaso en la mesa, Milo se puso de pie y tomó a Alisa de la mano.
"Vamos a bailar."
Y así lo hicieron, durante casi toda la noche y sin ningún otro descanso.
Casa de Escorpión
…
Milo y Alisa regresaron a su casa a eso de las 5:00 am. Alisa se había sacado los zapatos durante la subida, estaba agotada, no por el baile, sino por la subida, que a Milo no le había hecho ni cosquillas. Ambos se dejaron caer sobre el sillón de la sala con pesadez. No tenían más fuerza para seguir moviéndose.
"Lo pasé muy bien. Gracias por invitarme." Le dijo Alisa a Milo, reprimiendo un bostezo, acomodándose junto a Milo.
"Yo también lo pasé muy bien. ¡Bailas muy bien!" Confesó el caballero de escorpión, apoyando su cabeza en el respaldo del sillón.
Sin darse cuenta, ambos cayeron dormidos muy profundamente. Y así siguieron hasta bien entrado el día siguiente.
Continuará.
Por
Misao-CG
En el próximo Capítulo
"No te preocupes. Si está en mi ayudarte, lo haré con gusto." Le dijo Shaka con dulzura y cierto dejo de arrogancia: ser el hombre más cercano a Buda tenía sus ventajas.
"Muy bien. Es tan sólo una pregunta nada más… ¿Crees que soy plana?" Le preguntó Alisa sin mayor rodeo. Shaka casi se cae al suelo: no se esperaba esa pregunta.
"¿QUÉ?"
PS: Si, ya sé que soy mala, pero bueno, me han dicho cosas peores. Espero que les haya gustado este capítulo. A quienes ya han leído el fic, les tengo una sorpresa. Creo que dentro de dos o quizás en el próximo capítulo, haya un Cameo de alguno de mis personajes. ¡MUCHAS GRACIAS POR LEER!
