Hola gente bonita que lee esto.

Muchas gracias a quienes comentaron en el capítulo pasado, en verdad lo agradezco.

Ahora disfruten.


Cosas de chicos

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Capítulo XIV —Condones—

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Porque Sasuke sabía que era inteligente…

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Sasuke se removió incomodo, con la vista fija en la farmacéutica, la mujer de edad mayor les miraba tras los cristales de unos lentes rectangulares, e intercalaba la mirada entre el teléfono que parecía impaciente a su lado y ellos. Seguramente no era el único en haberlo notado, probablemente Gaara también lo había notado ya, y aunque el peligro latente de la policía era tangible, ninguno de ellos se había decidido por entrar y terminar con su penoso momento.

—Yo digo que mejor entremos de una buena vez— habló Lee, cruzándose de brazos y reprobando con los movimientos de la cabeza su comportamiento. Parecía ser lo más sensato, entrar y pedir lo que necesitaban y luego huir. El punto era que ninguno de ellos quería ser el que hablara.

—Te cedo el ir primero— Kiba, se hizo hacía atrás un paso y tironeó de la manga de la sudadera verde de Lee, empujándolo un tanto hacía la entrada de la farmacia.

Gaara que estaba a un lado de Lee, le jaló del otro brazo y entrecerró los ojos en dirección de Kiba. El verde azulado de su mirada se volvió el color de un lago de agua dulce cuya apacible superficie ocultaba un demonio, Kiba rodó los ojos y se alejó hacía Naruto. Detestaba el complejo de hermano sobreprotector que el pelirrojo tenía para con Lee. A veces Kiba deseaba que Lee no se hubiera fracturado la pierna por culpa de Gaara, así no sólo Lee podría aspirar a volverse un artista marcial de los mejores, sino que también Gaara podría estar libre de culpas. Y por sobre todo, él podría disfrutar de molestar a Lee sin tener que cuidarse la espalda del psicótico de su amigo.

—Va a llamar a la policía— apuntó Sasuke, haciendo un gesto con la cabeza para que sus amigos vieran como la señora empezaba a sudar, su rostro rubicundo parecía un jitomate arrugado, Sasuke casi podía jurar que escuchaba el alocado latir de su corazón.

Claro que él habría estado de igual forma si un par de adolescentes de trece años va apararse frente a su lugar de trabajo, se quedan como idiotas dándose empujones de tanto en tanto en su dirección y lucen culpables como criminales hechos y derechos. Oh, y su aspecto, eso también ayudaba a reforzar el concepto de delincuentes juveniles. ¿Por qué Gaara no consultaba a un médico para que resolviera su problema de insomnio? ¿O era que le encantaba el negro bajo sus ojos, como si combinara con el rojo sangre de su cabello que lucía teñido pese a ser natural? Pálido, flacucho, ojeroso y con ese rostro de asesino en serie… a Sasuke le sorprendía que la mujer no hubiera llamado al Hospital Psiquiátrico de Konoha hacía unos quince minutos. Y Lee, él lucía normal, alto y desgarbado pero común a fin de cuentas… hasta que mirabas su hiperactivo comportamiento y te llegaba a la cabeza un sentimiento de que consumía drogas ¿podría dejar de gritonear y gesticular exageradamente? No, Sasuke se dijo que eso era imposible, necesitaría estar agonizando en una cama de hospital para que eso fuera posible y aun así cabía la posibilidad de que les sonriera y dijera que todo estaría bien. Kiba, bueno de él no podía esperar nada, Sasuke podía asegurar que ni cuando fueran más grandes el chico podría deshacerse de esa apariencia rebelde, con la capucha puesta de la sudadera y las ridículas marcas de sus mejillas, ese modo de hablar como si estuviera envuelto en pandillas…

A Naruto ni siquiera quería mencionarlo. Ciertamente no tenía ese aire agresivo y letal de Gaara, ni un entusiasmo enfermizo como Lee, o esos aires de genial que se cargaba Kiba, era más parecido a un querubín de esos que pintan en las iglesias. Sólo le bastaba con sonreír para alegrar corazones y hacer que algunas mujeres quisieran pellizcarle las mejillas. Repulsivo. Ah, pero claro, tenía su pésimo sentido de la moda y amenazaba con dejar ciego a quien le mirara en un día soleado.

Sasuke casi sintió ganas de entrar en la farmacia, arrebatarle el teléfono a la rechoncha mujer y hacer la llamada él mismo. Al carajo su maldita curiosidad y su inútil e innecesaria pena.

—Sí, mierda— masculló Kiba, bajándose el gorro de la sudadera y alborotando su cabello castaño.

— ¡El último en entrar lo pide!— gritó Naruto antes de echar a correr hacia la farmacia. La puerta de hojas doble se abrió cuando pisó el tapete.

La farmacéutica dio un brinco en su lugar y aferró el teléfono. Y Sasuke recordó que Naruto era idiota con letras mayúsculas y escritas en rojo, con luces por si acaso. Sin embargo cuando se dio cuenta era el único fuera del establecimiento y sus amigos se apiñaban en un lado del mostrador, curioseando con los frascos que se exhibían ahí. Sasuke tragó duro.

Se hizo el desentendido por unos instantes, de hecho lo habría seguido haciendo de no ser por la amable y dolorosa palmada en la espalda que Naruto le proporciono. Entornó los ojos, fastidiado y mando al carajo lo demás. Se plantó frente a la señora y abrió los labios, no obstante su valor se esfumó al verse reflejado en el cristal grueso de los anteojos de la dependienta.

—Buenas tardes.

—Buenas tardes— musitó, los malditos de sus amigos se alejaron hacia los otros estantes como si estuvieran buscando algún medicamento. Bastardos traidores. —Tiene…— suspiró apenado — ¿condones?—

La señora asintió y él la miró esperando a que le entregaran los dichosos globitos para largarse de ahí y no volver hasta que sus hormonas alborotadas lo exigieran.

— ¿De cuáles quieres?—

Sasuke la miró sin comprender ¿qué acaso no eran sólo de un tipo? La farmacéutica sonrió conciliadora y empezó a recitarle los tipos de preservativos. Tenían de sabores, texturizados, femeninos, de tamaños, también había con alguna sustancia que hacía más duradera la erección, le dijo que había ultra finos, que además existían fosforescentes y hasta conmemorativos con figuritas. Le explicó los precios y además preguntó si sabían utilizarlo. Sasuke no supo contestar nada, sintiendo por primera vez en su vida la ignorancia abofetearle el rostro. Y ante su estupefacción la señora Nami – como se llamaba – le dijo con calma que ella llevaba mucho tiempo trabajando ahí y que aunque no estaba de acuerdo en que los niños comprar semejante cosa a su tierna edad, estaba aún más en contra de los embarazos no deseados y de cosas tales como las ITS (que para fines prácticos Sasuke tampoco sabía que ahora se llamaban así y no ETS). Además la señora Nami también le comentó que frecuentemente los niños se acercaban a preguntarle cómo se usaban para exposiciones escolares, Sasuke dejó el nerviosismo y la pena conforme las palabras amables de la señora lo tranquilizaron. Ciertamente un aura de confianza la rodeaba y ya no se miraba tan aterradora como desde fuera.

Cuando salió de la farmacia sintió que estaba un peldaño más arriba que sus amigos. Ahora sabía cómo usar, desechar, comprar y guardar un preservativo.

Que no tuviera con quien usarlo no le afectaba en absoluto.

Desgraciadamente Sasuke tuvo su primer sueño húmedo esa misma noche. Soñó con un mundo de preservativos y a Gaara y Lee besándose bajo un árbol de condones fosforescentes. Mientras que Naruto, desnudo y bonito, le besaba en un jardín de condones con sabor.

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Porque Sasuke sabía que era inteligente, luego veía a los chicos que le rodeaban y se preguntaba donde carajos había tenido la cabeza cuando se unió a ese grupo de idiotas que se hacían llamar sus amigos… Quizás era cierto eso de que en la adolescencia comienzas a pensar con la cabeza equivocada. Por suerte él ya sabía protegerse.


Muchas gracias por leer.

Por otra parte, Zanzanmaru, si lees esto ¡Felicidades! ganaste el fic de regalo. Me gustaría que enviaras los datos para el fic, género, pareja, advertencias etc. (PM porfa, es que en mi cuenta de AY tengo problemas para responder)

Anímense a comentar, no muerdo.

Cuídense.