Hola de nuevo... disculpen por la tardanza. A pesar de que es la historia en la que estoy con todas las pilas puestas y que generalmente subo capítulos muy seguidos, he tenido que tomarme el tiempo para en caminarla por donde deseo que vaya... Entenderán que, en ciertas ocasiones, la mano tiende a teclear sola...
Saludos a todas y disfruten el nuevo capítulo.
Gabriela
Cuando la nieve se derrita…
XIV
-Tokairin...- Natsumi quedó estática. Un lapso de silencio, hasta que Miyuki irrumpió en el lugar.
-¡Natsumi, te dije que no debías traer al!- Oh... Tokairin, tanto tiempo.
-Lo mismo digo: parece que el tiempo no pasa por aquí... Todo sigue igual que siempre.
-No todo, teniente Tokairin: con permiso- sin más que objetar, tomó al perro y dejó al susodicho con el alma en un hilo.
La mirada de Tokairin la siguió hasta que se perdió de vista.
-Lamento su reacción, Souji: la verdad es que no anda de ánimos...
-Creo que es algo más que eso...
Miyuki exhaló, cansada de la situación.
-Dale tiempo, Tokairin: Natsumi no es rencorosa... Verás que, si la dejas un tanto a solas, va a estar más calmada y dispuesta a hablar.
-No puedo esperar tal momento...
Miyuki frunció el ceño: parecía no entender bien lo que ocurría... Tokairin se alejó de allí, sin explicación.
-"Si llegara tal momento, significaría que ya no me quiere..."
Hora de almuerzo. Todo estaba muy silencioso, hasta que llegaron todos los compañeros de turno: al ver a Tokairin por un lado y Natsumi por el otro, comenzaron a hacer las apuestas: lideradas por una apagada, pero siempre cumplidora Yoriko...
Cada vez más murmullos: Miyuki observaba a Natsumi. Comía sin impaciencia alguna, enajenada de lo que ocurría a su alrededor.
-¡Y aquí, damas y caballeros, presentamos a la "mujer de hierro" de Bokutou: con orgullo presento a NATSUMI TSUJIMOTO!
La audiencia aplaudía enloquecida: Natsumi seguía comiendo. De pronto, un movimiento... Natsumi se paró en dirección a Tokairin. Todos quedaron en absoluto silencio: pasó de largo. Impávida, serena, colocó el plato en uno de los carritos y se fue de la cafetería.
Después de ser espectadores de tal situación, los murmullos se hicieron cada vez más estridentes: Tokairin se mantuvo callado, pero dentro de sí bullía su corazón por la tristeza.
Las cosas iban de mal en peor...
-¿Qué fue eso, Tsujimoto?
-Ken chan... Te he dicho que Miyuki está en el escritorio...
-Deseaba hablar contigo.
-¡Ah, ya: terminé!- casi como ignorando su conversación, Natsumi se dirigió a Nakayima- ¿Podrías hacerla andar, por favor?
-Cómo no...- su voz sonaba algo rasposa. Al hacerla andar, salió todo el hollín que acumulaba la máquina en el tubo de escape.
-¡Ja, ja, ja, ja! Eso sí que es una vía de escape, ¿eh? Hace tiempo que no la veía... Ya estará mejor.
-Siempre hay que revisar los tubos de escape, Natsumi: necesitan una limpieza de vez en cuando para evacuar los desechos... Y cuando digo eso, me refiero a TODOS los tubos de escape.
-¿Eh?
-Sabes a lo que me refiero... Ya, apúrate, que tenemos que irnos de patrulla.
-De acuerdo...- le dijo algo consternada.
Nakayima salió del garaje, sin mayores explicaciones, y Natsumi entendió el real peso de sus palabras. Se sentó, al lado de la motocicleta, con la vista gacha... en todas las cosas que hacía, faltaba algo: una pieza perdida.
Extrañaba a Kaede: lo extrañaba como nunca pensó que lo haría.
Extrañaba su sonrisa: tan fresca, tan de él... Sus conversaciones: llenas de todo y de nada, sustanciosas o livianas; la mirada limpia y pura de sus ojos...
Su presencia: extrañaba terriblemente que no estuviese allí, para ella. Era una egoísta sin remedio: por poco y disponía de la voluntad de su amigo, sin pensar que, en estos instantes, comenzaba a depurarse de una herida que tardaba tanto en cerrarse... Una herida que, definitivamente, no le dejaba de doler. Levantó la mirada, clavándola en el cielo parcialmente nublado...
-"Sólo espero, Kaede, que te vaya muy bien. Suerte, amigo".
Cinco intentos y nada: en ese instante quedaba estupefacto. Masculló insultos internos: era un cobarde sin remedio. Cada vez que intentaba dar unos golpecitos a la puerta, su orgullo lo detenía de tal afán:
-"Esta no es mi casa, no lo es: ellos lo han dejado en claro. ¡Maldita sea!, si fueron ellos los que me desterraron de sus vidas, ¿por qué debo dar explicaciones y pedir disculpas?... No, no, ¡no!: esto no está bien. Kaede, Kaede: debes reflexionar... Se lo prometiste a Hikaru..."
Sacando fuerzas del recuerdo de su hija, golpeó la puerta. Nada. Reiteró los golpes... Silencio absoluto. Con un suspiró se dispuso a retirarse del lugar... pero escuchó unos sonidos de pestillo. Al darse la vuelta, vio que la muchacha asomaba la mitad de la cabeza, pero una mujer le cerró la puerta inmediatamente.
Kaede se devolvió y comenzó a golpear la puerta nuevamente.
-¡Tía Lorence: necesito hablar con Ud.!
-Go out of my house, boy! There's nothing that I have to talk with you... Also, your family don't want to know anything about you: so, take your staffs and go away!! (Traducción: "¡Vete de mi casa, muchacho! No existe ningún motivo para hablar contigo... Además, tu familia no quiere saber nada de ti: ¡así que toma tus cosas y vete!") - La tía se mostraba indolente ante el ruego de su sobrino, pero Kaede no se quedaría de brazos cruzados: tenía que saber cómo hallar la forma de conversar con su familia.
De pronto, una sonrisa malvada salió de sus labios...
-My dearest uncle: I'm so ofended with your words... However¡¡ If you don't let me go in... I'll have to use another ways to go into the home (traducción: "Mi querida tía: me siento ofendido con sus palabras... ¡En fin! Si no me deja entrar... tendré que usar otras maneras para entrar a la casa).
Desde ese momento no se necesitaron hablar: Kaede derribó la puerta y se dirigió hacia adentro, so los gritos y las amenazas de esa vieja huraña...
-Please, Kaede: you're-
-¡¿Qué, qué quiere que oiga ahora?! ¡Deje de fingir que no me entiende y comience a acostumbrarse, que entraré a esta casa cuantas veces se me vengan en gana!
La mujer quedó callada, muda ante el golpe de voz del muchacho. Al ver que la mujer ya no le seguía, siguió con la búsqueda.
No encontraba a nadie... estaba en medio del comedor, sin pistas de su familia. Se sentó en un sofá, algo turbado por el vacío en la casa... Hasta que cayó en que no estaba solo.
-¿Papá?
Un anciano, puesto de espaldas, estaba sentado: mirando el vitral, estático totalmente. Kaede se acercó a verlo... Cuando lo tuvo enfrente, le ordenó un poco sus cabellos: tenía la vista completamente perdida. El hombre movió sus ojos laxos hacia Kaede... Con todas sus fuerzas, Kaede deseaba ver esa luz de aceptación en sus ojos: algo que le indicase que existía una mínima posibilidad de reconciliar esas piezas que habían estado perdidas hace tanto tiempo. Inclinó la cabeza, dejando sus miradas de frente.
-Es inútil que lo intentes, Kaede: el abuelo ya no habla desde hace años...
Se incorporó, con la vista algo apagada... La muchacha espetó:
-Bueno: a final de cuentas, no tenías cómo saberlo... ¿A qué viniste?
-Quería verlos: ¿tu mamá?
-Salió de compras con la nena... ¿Por qué no contestaste mis cartas?
-Nunca recibí ninguna.
La muchacha lo miró, con el rabillo de los ojos:
-Mentiroso...
-No te quepa duda, Emiko, que las hubiese respondido...
-¿Cómo puedo fiarme de tu palabra, si hace más de diez años que no nos hablamos?
-Porque te han ocultado muchas cosas... ¿Sabes, acaso, que me casé y quedé viudo dos años después, además de haber perdido a mi hija?
La muchacha quedó boquiabierta: ciertamente, nada le habían hablado de tal cosa.
-Bueno... creo que no te he dicho mentiras.
-Aun así, ¿por qué no viniste, o hiciste algún esfuerzo por venir a vernos?
Quedó mudo por unos instantes...
-Estaba muy dolido, Emiko... De todas maneras, estás en lo correcto: nada justifica mi ausencia tan prolongada.
-Te extrañé tanto...- pequeñas lagrimas brotaban de sus ojos aguamarina.
-¿Crees que yo no te extrañé, mi delfina? No me llores: no me gusta ver a tus delfines en agua salada... A mí también me dolía estar tan lejos de ustedes... pero nunca tuve el valor de confrontarlo.
-Ahora te quedarás... no te irás de acá tan fácilmente.
-Tesorito: me quedaré un buen tiempo... No pienses en cosas tristes, que yo estaré contigo.
Sonidos de puerta: unos murmullos y pasos rápidos hasta el comedor.
-¡¿Qué haces tú aquí?!
-También me da gusto verte, mamá.
-Ven acá, Emiko- la muchacha, por instinto, se escondió tras Kaede. Su madre la tironeaba del brazo.
-¡No, suéltame!
-¡Déjala en paz, Jun: no tienes porqué tironearla!
Kaede subió la voz de un golpe: ese no era el mismo muchacho obediente y sumiso que habían criado años atrás... Jun soltó a la niña.
-Kaede...- musitó la muchacha.
-Vete, Emiko: tengo que conversar a solas con ellas.
-Sí, tío...- la muchacha salió de allí.
Jun intentó salir, pero Kaede la detuvo, tomándole un brazo.
-Suéltame, Kaede.
-Quiero hablar con Uds.: necesito que me escuchen.
-Tú nos diste la compañía, hijo: a los ojos de la ley, no puedes disponer de nada en absoluto- espetó la madre, anticipándose a cualquier queja.
Kaede soltó a Jun, quien ya no intentaba huir de la situación. Esto era casi tragicómico.
-No puedo creer que esté escuchando tantas necedades de tu boca... ¡Ja, ja, ja!- comenzó a reír de la pura vergüenza interna que sentía en esos momentos- ¡Y lo más chistoso es que me lo está diciendo la mujer que es precisamente mi madre: la persona que me ama más en todo este mundo!
Pero ¡esperen, esperen, que aquí viene lo más cómico de todo: YO SABÍA QUE IBA A PASAR! ¡Ja, ja, ja, ja!
-¡Esto carece de gracia!
-¡Por supuesto que carece de gracia, MAMÁ: ¿o es que acaso justamente ahora se está dando cuenta de ello?!
-¡Esto es suficiente: no puedo escuchar ni una más de tus palabras! ¡No eres mi hijo, no lo eres: ERES TOTALMENTE AJENO A LO QUE CRIÉ DE MIS ENTRAÑAS!
-¡Mire, qué casualidad: A MÍ ME PASA EXTACTAMENTE IGUAL!
-¡Suficiente, Kaede: sal de acá o llamaré a la policía!
-No es necesario, hermanita: lo haré con mucho gusto... ¡Ah, y si por si se les ocurre la genial idea de impedir verme con mi sobrina: NI LO INTENTEN! Ya ha pasado el tiempo de abusos en esta casa... Y sí: es una advertencia.
Salió del comedor hecho un diablo: las mujeres se miraban, desentendidas de tal accionar.
Unas horas después...: Kaede revolvía de mala gana la taza de capuchino. Emiko no dejaba de verlo: estaba totalmente fuera de sus casillas...
-No debió hacer eso, tío...
-¡Bah, pamplinas! Si no quieren verme ni en pintura, no es mi problema...
-Mmm... Es cómico ponerse a pensar que es psiquiatra: por su actitud, digo yo.
-No lo es si uno ha vivido con el dúo de locas: por cómo te ves, delfina, creo que es un milagro que no te hayas vuelto demente en esa casa de paranoicas...
-Tío...- le contestó en son de reproche- No es tan así como piensa Ud... es que, después de estas cartas que ha mandado, ¿cómo espera que lo traten? De hecho, hasta me sorprendió que lo recibieran adentro...
-¿Cartas has dicho?- contestó rápidamente, con cierta extrañeza.
-¡Pues, claro! Tómelas...
La muchacha le extiende el brazo: un manojo de cartas muy viejas. Kaede frunció el ceño.
-E-eso no es posible: yo no les he escrito tanto... A lo más, una carta cuando fallecieron mi esposa y mi hija.
-Tío, ¿de qué está hablando? Estas cartas llegan puntualmente, cada final de mes.
Una gota fría cayó de su frente: casi arrebatándoselas, devoró cada palabra con la mirada... Cuando iba terminando la primera, quedó totalmente impresionado:
-No, no puede ser: pero ¿cómo?- al finalizar una, rápidamente tomaba la otra- Esto es imposible, imposible... con justa razón y han reaccionado así...
-Tío: me está asustando...
-¡Esto es un chantaje, ¿no lo ves?! No es mi letra... esto es un chantaje.
-Kaede... pero ¿a quién podría ocurrírsele tal monstruosidad?
Después de mucho sopesar, un rayo de claridad cruzó por su mente.
Otsune...
-Otsune... la familia de Otsune. Oh, Dios: no puede ser, no lo creo- tenía la mano, tapándole la boca: totalmente paralizado de la impresión- ¿Cómo han podido tramar tamaña farsa?
-Entonces, ¿dice Ud. que lo están desprestigiando frente a la nona y mi madre?
-Tal parece que sí...
-¡Entonces hay que llamar a la policía!- saltó Emiko. Kaede, con la mirada, la instó a sentarse: ella obedeció, algo titubeante- Tío, los va a denunciar, ¿verdad?
-Lo mejor es guardar silencio... espero de tu parte, Emiko, que no salga palabra alguna.
La mirada de desaprobación no se hizo esperar.
-Tío: le pueden hacer algo... ¿y Ud. quiere que me quede callada?
-Buscaré la instancia para arreglarlo, pero lo más silenciosamente posible... Además, no son amenazas de grueso calibre, ¿o no?
-Pero- pero, ¿no estarás metido en algo turbio, que los proteges tanto?
-Niña loca... ¿me crees capaz de meterme en algo turbio?
-Tío, no me gusta lo que dice: no suena como la persona que me cuidaba cuando chica... su comentario es en sumo egoísta: imagínese que tomen represalias contra nosotras...
-No lo creo...- se tapó la boca, pensativo.
-¿No lo crees?: ¿te parece tan descabellado después de leer esas cartas?
-Pues...
-¡Pues nada, tío: o hace Ud. la denuncia o la haré por Ud.! Decida.
-Bueno, de acuerdo: me has convencido... Aunque obligado.
-¡Ahg, qué rabia!: ¡cinco llamadas seguidas y nadie responde!
-Será porque no alcanzas a llegar al teléfono: dudo que así, echadota como estás, logres llegar a contestar, Natsumi.
Se acercó a la cocina, a reprocharle, pero quedó muda al verla: usaba un hermoso traje de noche.
-¡Miyuki, ¿qué diantre estás haciendo?!- la sacó inmediatamente de la cocina, al verla en tamaña actividad con semejante ropa.
-¡Ah, ah: cuidado, Natsumi!
-Mujer, mírate: tremendo vestido y tú, cocinando como una condenada. Vas a salir de acá y vas a tener tu cita sin contratiempos: yo me encargaré de todo...
-...- la cara de escepticismo de Miyuki era evidente: Natsumi intuyó su preocupación.
-¡Que sí voy a preocuparme esta vez!
-¡Quemaste la cocina entera! Nos tomó tres semanas para que a la cocina se le saliera el olor a ahumado, ¡¿y tú quieres que no me preocupe?!
-La arruguita, Miyuki...- Natsumi le señalo la sien, reiterándole lo que le molestaba bastante.
-¡Ay, no, NO!
-Ya, ya, ya: mírame- la tomó de los hombros y la encara- Miyuki: sé sincera... ¿cuándo fue la última vez que te desconectaste del trabajo?
-¿Ah, qué?
-Como lo suponía...- para Miyuki, el ocio le era tan extraño como a Natsumi las matemáticas- Me vas a hacer caso esta vez: anda, pásalo genial y déjate de preocupar por cosas mínimas. No cocinaré, si eso te preocupa tanto: pido unas cosillas y me quedo acá... ¡Ahora, vete!
Antes de avanzar a la puerta, Miyuki la abraza sin motivos: Natsumi le corresponde...
-No tienes porqué temer: él te quiere, se nota de lejos.
Miyuki asiente, con una bella sonrisa en los labios. Se despiden y Natsumi cierra la puerta...
No deseaba esa soledad: la detestaba, de hecho. Momento propicio para pensar, para tratar de solucionar lo inevitable... Y sí: existía algo que daba vueltas en su cabeza constantemente.
Pensar en Tokairin: en su llegada... El verse envuelta de unas ansias locas de besarle, de tocarle: pero no podía. Y de la nada, regresaba de nuevo: como si no todo fuese producto de su imaginación, como si tuviese la intención fija de quitarle peso al asunto... Era totalmente de locos.
Natsumi se recuesta en la cama, intentando encontrarle la quinta pata al gato, pero era inútil: el tratar de deducir la llevaría a la misma posición de él.
Sólo había una solución.
No quería ni pensarlo...
Tenía que conversar con él: exactamente así, y no gritarle por todo... Autocontrol: sentarlo enfrente suyo, tomarle la mano y dejarse llevar... Arma de doble filo: Tokairin podía perfectamente darle el corte, y Natsumi tragaría todas sus palabras de amor... Tomó la almohada y hundió el rostro en ella.
¡Qué estupidez más grande! Si alguien le hubiese advertido de ello, del cambio gigantesco que le produciría el amar, seguramente, antes de reírse por lo menos una hora del asunto, le habría tomado peso a esas palabras y no se vería envuelta en tanta tontera junta.
¡Pero, bueno! Así marchaban las cosas, y el dar pie atrás no era una posibilidad para Natsumi Tsujimoto: lo tenía por completo claro.
Mañana... Mañana sí que lo arreglaría todo.
-"Pasajeros: el avión comienza a aterrizar. Se les recuerda mantenerse en el asiento, con los cinturones de seguridad abrochados... muchas gracias por preferir la aerolínea..."
La mujer se recuesta en el asiento.
Prontamente, obtendría la tan anhelada venganza.
Mientras tanto, en Kioto...
Sábado en la tarde: el muchacho no se había movido del féretro en todo el transcurso del día. Finalmente, Emiko se le acerca:
-Venga, tío: yo me quedo con el tata...
Levanta un poco el rostro, mostrando las visibles ojeras en su rostro.
No había llorado: deseaba mantenerse fuerte por su madre, su hermana, por Emiko misma. Con ternura, niega con la cabeza.
La niña se le sienta al lado, suspirando a ratos.
-Se le siente demasiado en la casa...- Emiko rompe el silencio.
-Es curioso- se apoya en sus manos entrelazadas- Cinco años estuvo silenciado por la enfermedad, y su partida es tremenda...
-Fue un gran- miento: ES un gran hombre... el tata siempre fue amado por todos...
-Y por todas...- concluyó, con una melancólica sonrisa.
-Te le pareces en muchas cosas... Para empezar, en la facha de galán.
-No...- sacó un cigarro, lo encendió: botó el humo, fumándolo con desgana- Ni siquiera me acerco...
-Tío Kaede: usted siempre cuidó y protegió a la familia, aunque haya tenido las "peleas del siglo" con la nene y mamá. Mi tata siempre peleaba con la abuela, pero se amaban como nadie: la abuela está destrozada.
-Es lamentable, te digo: cuando se muere la persona que amas...
-Ah, tiíto...- lo abrazó de lado, tratando de abarcarlo, de consolarlo- No piense en esas cosas: la vida continúa...
-Viéndonos en la situación en la que nos encontramos, creo que es una visión bastante propicia.
Los dos exhalan, cansados y algo abrumados. Emiko lo mira, con cara de curiosidad...
-... Tío...
-Dime...
-¿No te has vuelto a enamorar?
Kaede se levanta, sorprendido con la pregunta: al incorporarse, deja caer a Emiko hacia el otro lado.
-¡Auch: tío!
-Je, je, je: lo lamento, delfina.
-¿Te puse en aprietos?
-Oh, oh... ¡Nah, en lo absoluto!- intentaba verse lo más natural posible, a pesar de cierto estupor al escuchar tal pregunta.
-Entonces, ¿por qué estás quemando los ornatos de flores del abuelo?...
-Bueno, eso es porque... ¡¿Que estoy haciendo qué?!
El ornamento de flores estaba echando humo. Gracias a Dios, tenía a mano un balde de agua. Con todo el disimulo posible, para no interrumpir a las lloronas y las viejitas que hacían el rosario y que no salieran escandalizadas, echó el agua y se apagó. La niña no dejaba de reír, interrumpida por los retos del tío, que la obligaba a guardar silencio.
-Te digo que te calles: las señoras comienzan a murmurar...
-Siempre lo hacen: además, nunca te había importado.
-Me molesta: se supone que debemos guardar silencio...
-Deber, deber y más deber: tío Kaede, la mujer que te gusta de debe tener así...
-¡Hey, ¿quién te dijo que yo estaba enamorado?!
-Bueeeeeeeno...- tomó el cigarrillo de Kaede y lo pisó- Para empezar, los hombres se ponen un poco lerdos al enamorarse... Y, por la escenita que presencié, te dio bastante fuerte.
-Cabra chica agrandada: ¿desde cuándo te las das de psicóloga?- la tomó del cuello, desordenándole el cabello.
-¡Tío, déjeme! ¡Ah, no sea bestia!
-¡¿Cómo que "bestia", niña insolente?!- Kaede la miraba y, sin quererlo, la comparaba con Natsumi... al darse cuenta de tal pensamiento, la soltó de inmediato.
La niña le dio un par de sermones, pero la mirada de Kaede volvió a la oscuridad de antes...
-Tío... Está muy distante, ¿qué le ocurre?
-Nada, Emiko... ¡Ah!, supongo que extraño mucho la capital...
-Mmm... ¡Vamos, tío: cuénteme de quién se enamoró!
-"¿De quién me enamoré? ¡Ja!, creo que soy en demasía evidente. Si no fuese por"-
Interrumpió sus pensamientos: una carta encima de su cama... En su mente rondaron miles de pensamientos, no muy esperanzadores. Con escruto, tomó el sobre...
De la seriedad, su rostro se iluminó como nunca.
-Natsumi...
Sin mayor contratiempo, abrió el sobre. Acostado, comenzó a leer cada una de sus palabras:
"Mi estimadísimo grandulón:
Como ves en esta carta, no soporte las ganas de saber de ti: he tenido tantas cosas que hacer, pero para los amigos siempre hay tiempo y, en tu caso, por ser mi más grande amigazo, tienes mi tiempo completo..."
-Ja, ja, ja: si supieras qué cosas quisiera hacer con tu "disposición"...- pensó maliciosamente.
"Sé lo que estarás pensando, puerco... Y no es así..."
Al verse pillado en sus pensamientos, comenzó a reír solapadamente.
Continuó la lectura:
"Y, ya que estás en una gran empresa (lo cual me da un poco de tristeza, pues no puedo ayudarte como quisiera), te mando en compensación esta carta. Kaede, amigo: desde acá, desde la China inclusive (aunque, en nuestro caso como asiáticos, no viene tanto el dicho), te mando mil apoyo y cariños: que te vaya muy bien, que todos tus problemas se solucionen y que Dios te acompañe en cada paso que des... Todavía tengo el crucifijo, y rezo por ti a cada instante...
Ojalá y te vengas luego: te extraño a horrores. Para copucha: la señora Matsumata ha estado saliendo, a altas horas de la noche, con cierto "enmascarado" que tú y yo conocemos bien..."
De la risa cambió su rostro al enojo: ¿qué se creería ese tal Strike-man para sacar a salir a "su señora" a tal hora de la noche?
"Bueno, amigo: se me acabó la inspiración. Onohara y "Mastodonte" te mandan saludos desde acá. Tu compañero es muy galante, ¿eh? ¡Ja, ja, ja! Era bromita..."
-"Más te vale, Tsujimoto: porque si me entero de algo, Giichi será hombre muerto. Su señora y yo lo podemos asegurar..."- contestó para sus adentros, haciendo sonar los nudillos de sus puños.
"Como iba diciendo, muchos saludos a tu familia. Y para ti, un besote inmenso... Cuídate y vuelve pronto. Te quiere mucho. Tu amigota: Natsumi."
Sonrió, contento por sus palabras: al tomar la carta, depositó un tierno beso.
-"Yo también te quiero, Natsumi: te quiero y te extraño demasiado.
La ocultó en el pequeño bolsillo de su camisa, en el lugar del corazón.
Estaba sonriendo, pero al instante, su rostro se sumió en la tristeza...
Era inevitable: la hora pronto llegaría, y no deseaba posponer ni retrasar más el triste instante...
La despedida.
Ojalá que cuando mires a tu alrededor,
no notes que la vida se te fue,
que a la hora de tu hora no me dejen ver
el paso de los años en tu piel.
Y ojalá que en el momento del adiós
me recuerdes como te recuerdo yo.
La distancia nos distrajo, hasta que me enteré
por tu carta, que no hay nada más que hacer.
El cigarro siempre gana y esta vez también:
no te culpes, yo he tomado el mismo tren.
Y ojalá que donde vayas estés bien,
por la puerta que te toque lo sabré.
¿Quién más que tú,
con una pala y un sombrero
abre la tierra, sin arado y sin tractor?
¿Quién más que tú, trabaja en año nuevo?
¿Quién más que tú merece el cielo
para sembrarlo entero?
Y ojalá que cuando mires a tu alrededor
simplemente, te presenten a Gardel,
que el señor te dé su mano,
y a través de él, te enteres,
que tus nietos crecen bien,
Y ojalá que en el momento de adiós,
me recuerdes como te recuerdo yo.
¿Quién más que tú,
con una pala y un sombrero
abre la tierra, sin arado y sin tractor?
¿Quién más que tú, trabaja en año nuevo?
¿Quién más que tú merece el cielo
para sembrarlo entero?
¿Quién más que tú,
con una pala y un sombrero,
sin más riqueza que una bicicleta al sol?
¿quién más que tú, que siempre fuiste un viejo bueno?
¿Quién más que tú, merece el cielo,
para sembrarlo entero?
"Con una pala y un sombrero", Gervasio.
La despedida
"-Queridos hermanos: nos reunimos, en este momento de dolor, para despedir a un gran hermano nuestro..."
Su madre y hermana lloraban desconsoladas, Emiko, no en muy mejor condición... Pero, para Kaede, era simplemente una locura: el tétrico día había llegado... Lamentaba profusamente ese sentir, cuando estaban enterrando a su padre, pero le era inevitable.
El cementerio: volver a vivenciar nuevamente todo el dolor que había contenido y guardado por tanto tiempo... ¡Dios, por tantos años!
Para colmo: al ser uno de los que se mostraba más sereno, se le dio la tarea de orar el discurso de despedida. Tamaña equivocación: pues, por muy sereno que se viese, guardaba la ansiedad de terminar con esa situación y correr, lejos de todo lo que le provocaba: de todo ese dolor.
Habló lento y pausado, homenajeando por última vez a su padre: al hombre que lo llevó a conocer el mar, que le dejó pasear en bóxers por donde se le diera la reverenda gana... Al hombre con el que había estado peleado tanto tiempo, sin querer dar el brazo a torcer: todo por culpa del cojudo "orgullo" que nunca conduce a nada...
Pero ya de nada valía el arrepentirse ahora: estaba muerto. Alcanzó a despedirse de él, a abrazarlo como nunca, a darle la mayor atención y amor que pudo prodigarle.
Con ello, ya debía dar vuelta a la página.
-Hijo, ¿vas a la casa?- la mano de la madre se puso comprensiva en el hombro de Kaede. Volteó la cara, algo extrañado del dulzor de sus palabras... Tanto tiempo sin sentir tal cariño.
-No lo creo: quisiera estar un rato con el papá... ¿Y Jun?
-Fue a casa con Emiko. Dios...- se sentó al lado de él, cayendo de un golpe en el asiento: producto del cansancio.
-Cuidado...- a pesar que guardaba cierto resentimiento, no pudo evitar preocuparse de su madre- No debiste haberte quedado: no estás en condiciones-
-¿De quedarme para despedir a mi compañero de hace más de cuarenta años? Kaede, por favor: tengo derecho de estar acá...
-Tienes toda la razón: soy un idiota por preocuparme por ti. Mal que mal- se levantó de un golpe, ante la triste mirada de su madre- Soy el que he querido quitarte la empresa, el causante de todas tus desgracias: lo sé perfectamente...
-No digas eso...
Sabía que era un mal, malísimo momento, pero tenía que liberarse de tanto dolor...
-¿Cómo pudiste?...- ahora sí que las lágrimas venían solas- ¿Cómo pudiste creer que te haya escrito esas cartas?
La madre se le quedó mirando, atónita: por muchos años que hayan pasado, por muchas peleas y discusiones anteriores... Esos ojos no le estaban mintiendo: ella tampoco pudo evitar las lágrimas.
-Hijo... yo- he errado tantas veces contigo. Te he causado tanto dolor, tantas miserias: ¿qué querías que esperara?
-¡Que confiaras!- se detuvo: el tono de voz se elevó involuntariamente. Se disculpó, bajando el tono- Que confiaras en tu hijo: ¿tan difícil te resulta creer que no podría hacer tal atrocidad?, ¿me crees capaz de amedrentarlas con tales amenazas?
-Kaede, mi pequeño: te hice tanto daño cuando eras un niño... Si temía, era por lo mal que me he portado contigo: por favor, perdóname.
Deseaba perdonarla, pero algo en su mente lo detuvo de ese afán... Vio a Otsune en los ojos de su madre, diciéndole agónica:
-Perdóname: por favor, perdóname…
-No me hagas esto: no por favor...- salió corriendo, desesperado del dolor.
Salió en busca de su hijo: actuaba con desespero... algo no estaba bien. La señora Fukusawa no tuvo que hacer mayor esfuerzo. A unos cuantos metros, Kaede estaba sentado en un banquillo: con las manos en la cara, frente a una tumba. Antes de consolarle, vio con espanto la lápida.
-Dios santo...- fue lo único que pudo pronunciar.
-¡Vamos, chica jonron! No te veo muy animada...
Natsumi despertó de su estupor. Era ya el colmo: ni en los desafíos con Strike-man lograba concentrarse, pero en ese instante sintió un escalofrío que nunca había sentido antes.
-N-no... ¡No seas idiota! Por supuesto que estoy concentrada...- para lograr salir airosa de la situación, una idea macabra cruzó por su cabeza- ¿No serás tú el desconcentrado? Desde que te juntas con la señora Matsumata, te han traído bien cortito, ¿eh?
-¡Eso jamás! La señora Matsumata es la dama más liberal que he conocido: por lo demás, no es de tu incumbencia...
-Ah, ¿no?
-¡Elementalmente! ¿O es que acaso yo te pregunto por el bomberito?
Ahora sí que logró sacarla de sus casillas: con el bate bien tomado y los ojos lanzando llamas, le contestó, decidida:
-¡¡De ésta no te me escaparás, bobalicón: te me vas a la cárcel incluso si tengo que arrestar a tu polola!!
-¡Lo dudo: chica jonron! De una vez por todas, te obligaré a retomar el rumbo de la justicia bajo mis enseñanzas...
Con un excelente lanzamiento, la bola se dirige directamente hacia Natsumi.
-¡Vamos, Natsumi: que debemos volver pronto a la estación!- replicó Miyuki, ya cansada de tanta palabrería junta.
Sin percatarse, un auto se dirigía a toda velocidad en dirección hacia donde estaban ellos. De pronto, se detuvo...
Fue un lapso de segundo: baja la ventana del auto, el brillo de un arma en dirección a Natsumi...
Miyuki alcanzó a darse cuenta: con rapidez, fue hasta donde se encontraba...
-¡Natsumi, cuidado!
Natsumi no alcanzó a ver nada, cuando estaba tumbada en el piso.
-¡Chicas policías!- dijo un asustado Strike-man.
Las dos estaban inmóviles. El auto se alejó a gran velocidad: Strike fue a verlas, pero un movimiento lo puso en alerta...
-¡Chica jonron! ¿Estás bien?
No respondía. Natsumi temblaba: de su pecho, sacó un líquido.
Sangre: sangre a borbotones...
-Tenemos que llevarte al hospital...- dijo preocupado.
-No estoy herida...- contestó, con temblor en su voz. Con suma sutileza, volteó a su amiga.
-Maldita sea...- masculló Strike-man.
La bala la recibió Miyuki.
-¡Voy a buscar ayuda!- salió corriendo el enmascarado. Mientras que Natsumi la abrazaba, en estado de shock.
-Es mi culpa: lo siento, Miyuki...
Sentía tanta rabia: con los delincuentes, con ella misma.
De la nada, se escuchó un grito desgarrador...
Continuará...
