Capitulo 13

El sonido del teléfono despertó a Candy, quien estiró la mano para tomar el auricular.

- Diga – Contestó, algo somnolienta. La noche anterior no había podido dormir absolutamente nada, más bien no la habían dejado.

- ¿Candy? – Habló una voz del otro lado de la línea.

- Mamá – Dijo sorprendida, como si acabara de ser encontrada haciendo una travesura - ¿Por qué llamas a esta hora?

- Solo quería recordarte el almuerzo de hoy.

- ¿Es sábado? – Candy no podía creer que lo había olvidado. Su relación con Terry comenzaba a ser contraproducente – No te preocupes, estaré a la hora de siempre.

- ¿Eso que se escucha son ronquidos? – Preguntó su madre. Candy tomó su almohada y tapo la cara de Terry, que se encontraba durmiendo al lado de ella. Él despertó asustado y comenzó a agitar sus manos.

- Es Chato – Se apresuro a decir, mientras presionaba más fuerte la almohada – Nos vemos en unas horas... Chau, mamá. Te amo – Colgó el teléfono antes que su madre pudiera darse cuenta que no había dormido sola.

- ¿Acaso intentas matarme? – Dijo Terry, una vez que Candy lo dejó respirar.

- Lo siento, Terry – Se disculpó ella – Mi madre te ha escuchado roncar... no quería que supiera que estaba con un hombre.

- ¿No te parece que es momento de que tus padres conozcan nuestra relación?

- No – Se levantó de la cama y se puso su bata – Prepararé el desayunó. Luego te irás.

- ¿Por qué tanta prisa? – Se acercó a ella, completamente desnudo y la abrazó por detrás – Ninguno de los dos tiene que ir a trabajar hoy – Le besó el cuello – Podemos pasar toda la tarde en la cama.

- Es una idea tentadora – Dijo ella, mientras se daba vuelta – Pero mis padres me esperan para almorzar. Solemos reunirnos en familia dos sábados por mes, y hoy nos toca.

- De acuerdo – Terry se separo de ella y comenzó a buscar su ropa - ¿A qué hora debemos estar allí?

- Un momento – Lo detuvo ella - ¿Quién ha dicho que tu vendrías?

- Debo ir – Se sentó para ponerse sus bóxers – Has dicho que se trataba de una reunión familiar, y yo soy parte de la familia.

- Pero...

- ¿Crees que deba llevar una botella de vino? – Se puso los jeans y los zapatos.

- Terry...

- ¿A tu madre le gustan las rosas?

- Tal vez deba llevarle un obsequio a las gemelas – Terminó de vestirse y se dirigió al baño, cerrando la puerta tras de sí – ¡Será mejor que te apresures, o llegaremos tarde! – Le gritó.

A Candy no le quedó más remedio que aceptarlo. Terry había vuelto a aparecer en su vida hacía poco tiempo, y ya había tomado el control de todo. Ni siquiera pudo entrar al baño, tuvieron que pasar barios segundos hasta que pudiera usarlo.

Después de tomar una ducha, se puso un vestido rosa veraniego y unos zapatos blancos. Se recogió el cabello en una coleta y se maquilló un poco. Luego bajó las escaleras, y encontró a Terry parado al lado de la puerta con Chato.

- ¡Definitivamente NO! – Exclamó ella.

- ¿Qué sucede?

- Chato no irá a ningún lado vestido de esa forma – Dijo al ver al perro vestido con el ridículo trajecito de jean que Terry le había regalado.

- Le gusta... además es perfecto para un día soleado como hoy – Abrió la puerta y salió – Vamos, que debemos pasar por la tienda para no llegar con las manos vacías - A ella no le quedó más remedio que seguirlo hacía su auto.

Tardaron menos de una hora en llegar hasta la casa de sus padres. Bajaron del auto y se dirigieron hacia la entrada.

- Recuerda no abrir la boca – Le advirtió ella, mientras se dirigían a la puerta. Candy tocó el timbre, y a los pocos segundos apareció su madre.

- Es un gusto volver a verla – Terry le dio un efusivo abrazo a Rosemary. Candy debió suponer que no iba a hacer caso a sus palabras.

- ¿Terry? – Pregunto ella, sonriendo desconcertada.

- Ha pasado mucho tiempo... creí que no me reconocería.

- ¿Y cómo no iba a hacerlo? – Los hiso entrar a la casa, dirigiéndolos hacia el fondo, donde se encontraba la familia – He visto todas tus películas. Además recuerdo ese día en que viniste a ver a Candy, cuando ella estuvo enferma ¿Lo recuerdas?

- Si, señora – Su sonrisa se borró al recordar el bebé perdido.

- Puedes decirme Rose – Le hiso señas a los demás para que se acerquen. Las primeras en llegar fueron las gemelas.

- ¡Terry! – Dijeron las dos al mismo tiempo, arrojándose a los brazos del actor.

- ¿Cómo han estado? – Las besó en las mejillas.

- El ojo derecho de Candy comenzó a temblar, un tic nuevo en ella. En todos los años que habían pasado, había sido ella a quien Mandy y Melany corrían a abrazar al verla llegar, ahora parecía ser invisible. Terry le había robado su lugar, hasta a su madre parecía caerle mejor él.

- Así que la relación está progresando - Albert se acercó a Candy.

- Estamos bien.

- Más que eso, diría yo. Sino no lo hubieras traído a casa – Miraba como jugaba Terry con sus hijas – Debo admitir que es bueno con las niñas.

- Lo quieren más que a mí.

- ¿Estás celosa? – Albert rió, pero se contuvo al ver la mirada asesina de su hermana – Enserio… no tienes por qué preocuparte. Ellas te adoran, nadie robará tu puesto.

- ¿Qué es lo que tiene puesto Chato? – Preguntó Mandy.

- Es un ridículo traje que le ha comprado Terry.

- A mí me parece lindo – Melany se agachó para acariciar al perro – Creo que le da estilo.

- Te lo dije – Susurró Terry en el oído de Candy.

- La comida ya esta lista – Les dijo Jane - ¿Por qué no tomamos asiento?

Todos tomaron su lugar en la mesa, mientras Rosemary servía el almuerzo. Terry estaba sentado frente al padre de Candy, quien lo miraba fijamente. A ella le extrañaba que no estuviera hablando de planes de boda.

- ¿Cuánto tiempo hace que están saliendo? – Decidió romper el silencio.

- En realidad...

- Dos semanas – Terry no la dejó hablar, y le tomó la mano posesivamente.

- Entonces... ¿Cuándo será la boda? – Ahí estaba – Tal vez Rose pueda contactarse con tu madre para los preparativos... ¿Por qué no nos su número telefónico?

- ¡Papá! – Exclamó Candy, completamente roja de la vergüenza.

- Disculpa, hija... pero tu madre y yo no creemos en los noviazgos largos. Si ya han formalizado su relación, lo correcto sería que se casen – Se dirigió a Terry - ¿Tu qué opinas?

- Estoy de acuerdo.

- ¿Qué? – Exclamó Candy.

- Creo que ya somos lo suficientemente grandes para pasar al siguiente paso – Terry se levantó de su silla, y se arrodilló a los pies de Candy, ella no entendía lo que estaba sucediendo, y el resto de los presentes tampoco – Candy ¿Quieres casarte conmigo?

- Yo... – No podía hablar, estaba completamente absorta ante lo que acababa de oír – Yo... – Nunca imagino que Terry podría hacerle aquello frente a su familia. Sabía que no debía haberlo llevado al almuerzo – Yo...

- ¡Claro que acepta! – Exclamó su padre, quien veía realizados sus sueños de ver a su única hija casada.

- Willy – Le habló su esposa en un murmullo – Esa es una decisión que corresponde tomarla a nuestra hija.

- No hay nada que pensar – Continuó él – Candy va a casarse. Ella así lo desea ¿No es verdad, cariño?

- Yo...

- ¡Lo ven! – Exclamó triunfante – Tenemos que comenzar a organizarlo todo. La boda de Albert y Jane fue planeada con un año de anticipación. No podemos perder tiempo.

- ¿En verdad van a casarse? – Preguntó Mandy, emocionada.

- Yo... – Candy aún no salía de la impresión.

- ¿Puedo ser la dama de honor? – Intervino Melany.

- Yo seré la dama de honor – Las gemelas comenzaron a pelar para ver quien se quedaba con el puesto.

- Ambas pueden ser damas de honor – Dijo William.

- No puedo creer que vayas a casarte – Candy al fin reaccionó cuando Jane fue a felicitarla, dándole un fuerte abrazo.

- ¿Yo me casaré?

- Tu padre ya está llamando al ministro – Le señaló hacia donde se encontraba William, hablando por su celular.

- ¿En verdad está sucediendo todo esto?

- Claro, mi amor – Terry se acercó a Candy y la abrazo por detrás – Creo que tu familia me ha aceptado... ya ves, no tenías por qué preocuparte.

- Si tenía que hacerlo – Murmuró ella, deseando ahorcar a Terry.

- Terry – Rosemary se acercó a ellos, entregándole un cuaderno al actor – Necesito que escribas aquí todos los invitados de tu parte. No en este momento, claro. Pero trata de hacerlo cuanto antes, para tener una idea de la cantidad de personas que vendrán a la boda – Se fue antes de recibir respuesta, aparentemente había muchas cosas que preparar. Rosemary adoraba las fiestas, y más aún si era ella quien las ofrecía.

- Ah sido uno de los peores días de mi vida – Dijo Candy, una vez que ella y Terry estuvieran en el auto rumbo a su casa.

- Se supone que el día en que te propongan matrimonio debe ser uno de los más felices.

- Solo si tu familia no es como la mía.

- Pues a mí me agradaron.

- ¡Te han obligado a casarte conmigo!

- ¿Quién dice que me han obligado?

- Yo estaba presente – Dijo lo evidente.

- Nadie puede obligarme a hacer algo que no quiera – Contestó Terry.

- ¿Entonces porque has dicho que querías casarte conmigo?

- Porque así lo deseo.

- ¿Desde cuándo? – Le preguntó con desconfianza.

- Desde hace un par de días.

- ¿Lo tenías todo planeado? – Ella estaba indignada.

- Claro que no.

- ¡Sí! – Apuntó a su pecho con el dedo índice – Sabías como mi padre me insistía todo el tiempo en que me case, y te has aprovechado de esa situación, para que yo no pudiera rechazarte.

- Bueno, tal vez si se me haya ocurrido eso. Pero no lo tenía planeado, fue improvisación, te lo juro.

- No puedo creerlo – Se dejó caer contra el respaldo del asiento.

- Estoy seguro que mis padres también se alegraran al saber la noticia. Sobre todo cuando les diga que voy a quedarme en Nueva York.

- ¿Cómo dices?

- He decidido hacerme cargo de la empresa. Este último tiempo me he dado cuenta que no es un trabajo tan desagradable como pensaba.

- Creí que te gustaba la actuación.

- Ya no es lo mismo que antes... además no quiero que dejes tu trabajo en el hospital una vez que nos casemos. Y no voy a permitir que vivamos en ciudades distintas – Candy casi muere de amor al oírlo decir aquello. No podía creer que estuviera dispuesto a dejar la carrera que tanto había amado por ella – Y no creo que sea bueno para nuestros hijos que su padre sea perseguido día y noche por la prensa.

- ¿Hijos?

- Sí, quiero tener al menos cuatro.

- ¿Estás seguro de lo que estás diciendo? Te advierto que mis padres se tomaron el tema de la boda en serio. Es probable que en estos momentos estén visitando diferentes servicios de catering – Llegaron a la casa de Candy y Terry estacionó el auto.

- Estoy seguro – Le dijo, mirándola a los ojos – Y tu también lo estas, solo que no quieres admitirlo – Tenía razón. Candy deseaba eso más que nadie. Siempre lo había deseado – Ahora... ¿Vas a invitarme a pasar?

- Si me negara... ¿Me harías caso? – Preguntó, burlona.

- No – Terry bajó del auto, y abrió la puerta trasera para Chato saliera. Luego fue a abrir la puerta de Candy – Creo que esta mañana dejamos un tema pendiente. Me gustaría que lo retomáramos.

Ambos se dirigieron al interior de la casa, con Chato pisándoles los talones. Una vez dentro, subieron a la habitación, donde se encerraron y no salieron sino hasta el día siguiente.

ooo

El lunes había llegado, y Candy tenía una cita en el hospital con Annie y Archie para hacer la prueba de ADN. Ellos ya estaban esperándola.

- ¿Están seguros que quieren hacerlo?

- Si – Contestó Archie, mirándola de arriba abajo - ¿En verdad eres Candice? – Ella dudó en contestarle, o romperle nariz de un puñetazo.

- Si – Al final se decidió por la primera opción.

- ¿En serio? – Definitivamente, Archie había comprado todos los números para ganarse ese puñetazo.

- Si.

- ¿Estás segura? – Ya no pudo soportarlo, su mano estaba tomando impulso hasta que un enfermero apareció para decirle que la sala estaba lista.

- Pasen por aquí – Les dijo ella, entrando primero a la sala.

- No puedo creer que sea Candice – Escuchó que Archie murmuraba. Continuó caminando, con una extraña sensación de una mirada que se dirigía a su trasero.

- Recuéstate en esta camilla, Annie – Le señaló Candy, mientras se disponía a preparar todo lo necesario para que no hubiera complicaciones.

- ¿Es seguro, esto? – Preguntó Archie, antes de que Candy clavara la aguja.

- Es un procedimiento delicado – Deseaba que Archie cerrara su boca.

- Entonces no es 100% seguro.

- Y lo será menos si no dejas de interrumpirme – Archie se cayó, por dos segundos.

- ¿Y si algo sale mal?

- ¡Archie! ¡Sal de aquí ahora mismo! – Annie se asustó, nunca había visto a su amiga de esa forma. Bueno, tal vez el día en que se peleo con esa pelirroja.

- Lo siento... es solo que ya no estoy tan seguro de querer hacerlo.

- ¿En serio? – Preguntó Annie confundida.

- No quiero hacerle daño al niño. Creo que podemos esperar hasta que nazca.

- En ese caso – Candy se sacó los guantes de látex – Será mejor que dejemos todo esto.

- Si... es lo mejor – Archie se acercó a la rubia para despedirse. Ella vio su intención de volver con lo mismo – Esto...

- ¡Soy Candice! – Ahora sí, un puño se estrello contra el perfecto rostro de Archie.

Continuará...


Acá dejo un nuevo capítulo de este fic.

Espero que les guste =)

Besossssssssssssssss