Summary: Shutookai vs Kirisaki Daiichi. Teiko será testigo de aquel reñido partido. El apoyo es incondicional y el amor vergonzoso.

Y Murasakibara ¿perdido en la ciudad? Las extrañas aventuras de un distraído y tramposo pelivioleta.

Takao, Kasamatsu, Kagami, Teppei y Sakurai son la clave del juego que pretende derrotar a Makoto, pero cuando el capitán chasquea sus dedos, algo está por suceder.


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Capítulo 14:

"La sentencia de Makoto"

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Ante la orden del árbitro, los jugadores se reunieron en el centro de la cancha para comenzar con el partido. Pero el ceño fruncido de Kasamatsu no pasó desapercibido para Hanamiya, que con una amplia y sínica sonrisa pasó frente al chico de ojos azules para saludarlo antes del partido.

—Vaya, vaya… parece que Shutookai tiene nuevo capitán… —sonreía viendo como Takao y Kiyoshi se acercaban, seguramente para prevenir cualquier arranque de ira de su capitán—. ¿Qué sucedió con el otro? —preguntó como si nada, terminando con la paciencia de Yukio.

—Bastardo… —el pelinegro cerró sus puños y frunció el ceño con rabia— No creas que hemos olvidado lo del año pasado.

—El año pasado, el año pasado… —hacía muecas burlonas, haciendo que intentaba acordarse— No lo recuerdo —decía, mirando fijamente al capitán—. No tengo tiempo para recordar basuras —en sus ojos, se dibujó lo más parecido a un brillo de maldad.

—Tsk. Te voy a acomodar las ideas a patadas, estúpido.

—Es hora de jugar —dijo Teppei interponiéndose entre ambos capitanes—. Todo lo que tengamos que arreglar, lo arreglaremos en la cancha —sus ojos castaños enfrentaban sin miedo la mirada altanera de Makoto.

El capitán de Kirisaki Daiichi les lanzó un último vistazo antes de alejarse para ocupar su posición, dejando al otro capitán con la rabia marcada en el rostro.

Kiyoshi y Takao no pudieron dejar de lado el malestar de su capitán. Sabían la importancia y el significado que ese partido tenía para él, y para todos. Era su última oportunidad para quedar entre las preparatorias que irían a las Olimpiadas, y era la primera vez que enfrentaban a Makoto después de lo sucedido con Imayoshi.

Ambos chicos vieron a su capitán alejarse, tal vez más concentrado y serio que nunca. Su forma de ser no variaba demasiado de cómo se lo veía en ese momento, pero algo no les estaba gustando. Tal vez la distancia que tomó del resto del equipo una vez que salió a la cancha. Él no era así, siempre los buscaba y reunía para las últimas palabras de aliento pero esa vez, simplemente, se apartó de ellos.

—Kasamatsu-san… —llamó Kazunari, sacando al capitán de su burbuja.

Entre el barullo de la gente y los jugadores en busca de su posición, Yukio relajó, apenas, su ceño fruncido, solo para girarse a ver al chico que lo llamaba. Entonces los vio, ahí estaban. Sus ojos azules se abrieron casi con incredulidad al verlos. Takao, Kiyoshi, Sakurai y Kagami lo veían con sonrisas que Kasamatsu solo vio en ellos cuando en verdad tenían algo en mente. Era definitivo, estaban concentrados en ganar para demostrarles su juego.

Suspiró para luego sonreír de lado. Como sea, él era el orgulloso capitán de ese grupo de atolondrados.

Los jugadores estaban listos para empezar y el árbitro no tardó en llamar a los que saltarían por sus respectivos equipos. Kiyoshi dio un paso al frente viendo como el centro de Kirisaki Daiichi, Seto Kentaro, acariciaba su pelo hacia atrás para luego posicionarse al igual que él.

El silbato sonó y el balón se puso en juego.

Las miradas de todos se concentraron en la esfera naranja que se alzaba sobre sus cabezas, expectantes a cualquier movimiento de sus rivales. Mientras los miembros de Teiko apreciaron en sus propios pálpitos la adrenalina del juego. Imayoshi sintió su cuerpo más tenso que nunca, lo cual no pasó desapercibido para su rubio compañero, que solo puedo verlo con preocupación.

De pronto, el sonido de un manotazo golpeando el balón, hizo que todos concentren su atención en la jugada. En ese momento, el ex-capitán de Shutookai pudo ver el balón en manos de su sucesor. Kiyoshi lo había ganado y no dudó en pasárselo a su capitán: Kasamatsu Yukio iniciaba el juego.

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Después de comprobar el horario de su reloj por enésima vez y darse cuenta que el partido ya había empezado, Murasakibara simplemente tomó una tabla que encontró tirada y escribió: "A Tokio" para comenzar a hacer dedo en busca de algún auto que lo lleve "por las buenas" a su destino. Aunque, a medida que los minutos pasaban y la lluvia se hacía más persistente, el pelivioleta empezaba a perder la paciencia. Y en un momento así, como alguna vez le dijo su dulce abuelita, solo le quedaba la fe.

"Kami-sama, si haces que llegue al partido…", se detenía a pensar bien lo que le prometería. Debía ser algo sumamente sacrificado. "Um… te prometo… dejar los dulces…" dijo para luego oír un par de truenos, prácticamente, anticipando el apocalipsis.

En ese momento, un auto se detuvo ante su pedido de aventón, dejando al pelivioleta más asustado que sorprendido. Luego la ventanilla del auto se bajó y pudo ver a un hombre castaño, ya adulto y con barba de varios días, haciéndole una seña con la cabeza para que subiera.

Atsushi estaba, literalmente, boquiabierto. Kami-sama había cumplido. Y le tocaba a él. ¿O no?

—Je, je… Crucé los dedos~ —se defendía el incrédulo pelivioleta, que había tomado sus precauciones para con Kami, pues él no podía aceptar una vida sin dulces—. Je, je, je —reía chibi y con cara de malvado hasta que sintió como un rayo le caía sobre la cabeza haciendo que quedara todo negro y con el pelo chamuscado, sintiendo la electricidad correr por su cuerpo—. Rayos —se quejaba todo quemado, pero al decir eso otra vez pudo oírse el estruendo de relámpagos, haciendo que Murasakibara corra a adentrarse en el auto.

Era la última vez que le hacía trampa a Kami-sama.

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Ni bien sintió el balón en sus manos, Kasamatsu vio a Takao en una buena posición, por lo cual, se lo entregó de inmediato, pero el chico con la vista de halcón fue rápidamente encajonado por Furuhashi y Hara, o "el chico con los ojos de pez muerto" y "el idiota del chicle" como los habían llamado los de Shutookai. En esa situación, Kazunari no podía moverse libremente y el tiempo reglamentario comenzaba a correr.

Hyuga, sentado junto a Riko y los principales suplentes —Furihata, Kobori y Tatsuya—, no perdía de vista la jugada maliciosa contra el seis de Shutookai.

—Si no se los quita de encima, será falta —advertía el castaño de ojos verdes.

—Vamos, vamos… debes salir de ahí —Aida veía los segundos pasar.

—Maldita sea. Córranse —gruñía el pelinegro, tratando de encontrar un hueco.

Estaba molesto y, mientras para la mayoría parecía una simple jugada defensiva, los empujones que intencionalmente recibía estaban haciendo que su cuerpo se resintiera.

—¡¿Cómo puede ser que el árbitro no los vea?! —se quejaba Kise ante la misma sensación de impotencia que sus compañeros.

"Maldición… Takao…", Midorima solo podía apretar sus dientes con fastidio. No creyó que sería difícil ver un partido en el que marquen de esa manera al pelinegro, después de todo, el contacto era moneda corriente en ese deporte, pero verlo aprisionado entre un par de idiotas, lo ponían absolutamente irascible.

—¡Vamos! ¡No te rindas, Takao! —alentó el rubio que había ido a ver a Kazunari, llamando la atención del peliverde, que concentró su molesta mirada en él.

Pronto, el pelinegro logró encontrar el mínimo espacio que necesitaba para salir de allí.

"¡Una abertura!", se dijo el seis de Shutookai, sonriendo de lado. Había encontrado su oportunidad. Pero, ni bien intentó liberarse de ellos, el chico de melena sintió un pisotón en su pie, lo suficientemente firme para hacerlo perder el equilibrio y, posteriormente, el control del balón.

—¡Uwah!

Takao trastabilló hasta caer al suelo, sintiendo las manos vacías. El tirador de Teiko gruñó al ver cómo Hara pisó a Takao para hacer que pierda la posesión de la pelota.

—Mío —sonrió Makoto, tomando el balón del suelo y corriendo hacia el aro de Shutookai.

Ante la mirada atónita de todos, el capitán de Kirisaki Daiichi se encontraba con Sakurai en medio de su corrida. El castaño había dio a detener su avance.

"Ryo", Aomine veía expectante cualquier acción. Frente a él, la persona que más quería estaba enfrentando al monstruo de su equipo y no podía dejar de sentirse sumamente inquieto. Con los brazos abiertos y con el ceño fruncido, como pocas veces lo vio, el 9 de Shutookai estaba deteniendo el paso del pelinegro por valiosos segundos.

"¡Makoto!", Imayoshi sentía sus latidos detenerse, sin saber qué podría pasar. Por su parte, Wakamatsu se extrañaba al verlo más nervioso que en otras oportunidades.

No obstante, la resistencia del castaño no fue suficiente para el capitán, que con suma agilidad y demostrando una velocidad que Sakurai solo podía comparar con la de Aomine cuando jugaba "normal", finalmente logró pasarlo. Pronto, toda la tribuna veía la carrera de Hanamiya hacia el aro de Shutookai.

"¡No puede ser!...", Ryo no se perdonaba su falta después de ver la sonrisa que Makoto dibujó al instante.

Estaba a punto de llevarse los primeros puntos.

Sin embrago, el sonido inconfundible de una mano golpeando el balón hizo que los presentes se detengan a ver al centro de Shutookai en el aire. Kiyoshi Teppei había aparecido para desafiar al capitán.

Hanamiya quedó desconcertado, pues no supo de dónde salió ni en qué momento saltó para quitarle el balón de sus propias manos, bloqueando su jugada. El entusiasta número siete no estaba dispuesto a dejarlo encestar.

Sin poder hacer nada, el capitán de Kirisaki Daiichi se giró a ver como Kasamatsu se hacía con la pelota para luego lanzarla, dándole un pase largo a Kagami.

—¡Ve! —ordenó el de ojos azules.

Su voz resonó fuerte y firme en toda la cancha. Tan aguerrido como siempre, Yukio demostraba una vez más porque Imayoshi lo había elegido como su sucesor.

Enseguida, Taiga salió en busca de la primera canasta del partido. En sus pupilas rojas estaba plasmado el fuego de su espíritu, ese que hizo retroceder a los guardias de Kirisaki Daiichi al verlo delante de sus narices. Entonces, ante la mirada de todos, el as de Shutookai saltó para una estrepitosa clavada.

—¡WOOOO! —festejaron los espectadores viendo al pelirrojo colgar del aro, quedándose con los primeros puntos del encuentro.

—¡Sigan así! —animaba Riko, escuchando de fondo el aliento de los suplentes.

Kagami se soltaba del aro rival para ir a posicionarse junto a sus compañeros. Recibiendo las felicitaciones de sus amigos, el pelirrojo alzó la vista para buscar al 11 de Teiko en la tribuna. Al encontrarlo, con su singular mirada fija en él, Taiga le sonrió, logrando que Kuroko le regale una tenue sonrisa. Sin dudas el 10 de Shutookai se había llevado todas las ovaciones, pero la única atención que quería tener era la del peliceleste.

Desde sus lugares, los chicos de Teiko también festejaban la jugada grupal de sus sombras.

—¡Woo! ¡Así se hace, Kasamacchi! ¡Tú puedes! —gritaba el eufórico Ryouta, haciendo que Kasamatsu se sonroje molesto.

—¡Ay, ya lo sé! —se quejaba con el rubio enamorado.

—Pfff ¿Kasamacchi? —preguntó Takao, aguantando la risa.

—Cállate —Yukio fruncía el ceño, pero el calor de sus mejillas seguía aumentando. "Estúpido Kise, le dije que no me llamara así en público".

—¡Ryo, demuéstrales quién eres! —alentaba Aomine, siendo escuchado por el número nueve que, ante su presencia, tomó la confianza que necesitaba.

"¡Si, yo puedo hacerlo!", se repetía Sakurai volviendo a su posición.

—¡Shin-chaaaannn~! —escuchó Midorima, sonrojándose levemente— ¡¿No vas a alentarme?! —preguntó molesto, plantándose en medio de la cancha, frente a él.

—¡Tsk, cállate, Takao! ¡Juega de una vez! —le dijo corriendo el rostro a un lado, en un vago intento por cubrir su rubor.

—Ja, ja, ja. Siii —festejó Kazunari— ¡Por ti, mi amor! —gritó burlón, poniendo rojo al peliverde.

—¡Tsk, cállate! —gritó Midorima, para la completa diversión de Kazunari y de los miembros de Teiko.

—Oi... ¿Eres el uke? —preguntó un serio pero incrédulo Aomine ante la risa contenida de Kise.

—¡Pero qué mierda dices, estúpido! —gritó molesto, con una vena en la frente y el puño en alto, haciendo que Aomine sienta volar de su asiento por la tempestad de su voz al tiempo que Kise se tomaba el estómago con un ataque de risa.

De pronto, la voz sobria de Akashi se escuchó entre las burlas de sus compañeros.

—Alguien te mira, Shintaro.

Midorima se detuvo a ver a su capitán pero éste no parecía haber quitado su atención del partido, más precisamente del banco de suplentes. Sin embargo, el peliverde podía sentir un par de ojos en su nuca, obligándolo a ver hacia atrás. Efectivamente, cuando se giró, pudo notar que detrás del gracioso de Kise, que seguía riendo sin parar, estaba el chico de melena rubia frunciéndole el ceño. El chico no se molestó en apartar la mirada cuando consiguió la atención de Shintaro que, simplemente, alzó una ceja incrédulo. No entendía el por qué de esa mirada, hasta que recordó lo de Takao.

Sin mediar palabra, una sonrisa desafiante se dibujó en el tirador estrella de Teiko, totalmente dedicada al rubio que lo veía de lejos. Sus miradas desconocidas se enfrentaban en una guerra silenciosa.

Takao, que ya se sentía mucho más confiado, volvía a su posición al igual que el resto de Shutookai. Mientras tanto, los jugadores de Kirisaki Daiichi se veían fastidiados por haber perdido los primeros puntos, pero su capitán parecía estar más que molesto.

Aún podía oír el sonido del estrepitoso bloqueo. Todavía podía sentir el balón escapándose de sus manos. Hanamiya estuvo a punto de llevarse los primeros puntos si no hubiera sido por el centro de Shutookai: Kiyoshi Teppei. Sus puños se cerraron son ira y su mirada se oscureció bajo su flequillo.

—Kiyoshi… —susurró para sus compañeros que solo voltearon a verlo confundidos— Háganlo basura —sentenció.

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Los minutos pasaban y el partido se hacía más intenso. La presión que se sentía era realmente palpable. El público parecía nervioso mirando expectante el partido y por momentos se entusiasmaba con las buenas jugadas de aquellos muchachos. Pocas veces habían visto partido más reñido, ninguno de los dos equipos lograba sacarse gran diferencia. Con el marcador 24 a 29, a favor de Shutookai, el equipo de Riko estaba llevando el ritmo del encuentro a pocos minutos de terminar el segundo cuarto.

—¡Shu-too-kai! ¡Shu-too-kai! —animaba Furihata junto a sus compañeros.

Los jugadores de ambos equipos ya se encontraban posicionados, listos para continuar. Hanamiya picaba con velocidad el balón en su mano al tiempo que veía y analizaba la jugada más acertada que podía hacer. Entonces se dispuso a correr hacia el área de Shutookai, haciendo que estos no lo pierdan de vista.

—¡Atentos! ¡Kagami, cúbrelo! —ordenó Kasamatsu.

Entonces, Taiga aparecía, dispuesto a detener a Makoto.

Al ver que no le quitaban la mirada de encima, el capitán de Kirisaki Daiichi aprovechó y le pasó, rápidamente, el balón a Seto al tiempo que una sonrisa burlona se dibujó en su rostro al ver tan desconcertados a los de Shutookai.

Con el balón en su poder, Seto Kentaro vio en una buena posición a Furuhashi, pero encestar no era el objetivo de esa jugada.

—¡Ahí va, Furuhashi! —gritaba el pelinegro para despistar al resto de Shutookai, y lo había conseguido.

Cuando todos dejaron de verlo para fijar su vista en el aludido, Seto tomó el balón con su mano y, mirando a su compañero, aprovechó la distracción de Kiyoshi para lanzarle el balón con todas sus fuerzas.

Desde la tribuna, los miembros de Teiko vieron estupefactos como el balón se dirigía a una gran velocidad, producto de la fuerza con que lo lanzó, directamente hacia un distraído Teppei que estaba de espaldas.

Detrás de él, una sonrisa se dibujaba al tiempo que se oía un chasquido de dedos.

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Continuará

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