Ya saben, la escuela es muy pesada, pero no abandonaré la historia aunque a veces me demore en subir un nuevo capítulo.


Revelaciones

Miércoles 13 de Julio de 2011

—Nos vienen siguiendo. —Les dijo Edward al ver por el espejo retrovisor.

Seth se aferró con fuerza al reposabrazos y abrió desmesuradamente los ojos.

—¿Estás seguro? —Le cuestionó Bella.

—Es una camioneta negra como las que seguían a Carlisle y a Charlie. —Sentenció Edward.

—¿Qué hacemos?

—Vamos a la estación de policía, ahí no creo que se atrevan a hacernos algo. —Sugirió Seth.

Edward asintió y condujo el volvo hacia allá.

.

Era cuestión de pocas horas para que oscureciera.

Emmett Cullen estiró su musculosa espalda antes de tocar la puerta del departamento donde se encontraba Rosalie. El policía estaba extenuado, le dolía la espalda, el cuello y la cabeza, sobra decir que estos días no se alimentaba más que innumerables tasas de café cargado y ocasional un trozo de pizza recalentado.

Emmett quería pedirle a Rosalie que lo acompañara cuando fuera a revisar las propiedades de Jane y Alec Vulturi. La periodista era excepcionalmente inteligente, capaz de vislumbrar los detalles más escondidos entre los laberintos más tenebrosos y abrirse camino entre los senderos mejor entrelazados.

El cansado policía tocó la puerta y al abrirse ésta Emmett perdió el color hasta parecer un fantasma o que había visto uno.

—¿Sí? —La joven que acababa de abrirle, era menudita y delgadita, y aún así, intimidante con su pura mirada.

—Necesito dormir. —Fue lo único que pudo decir Emmett, tallándose los ojos.

—¡Emmett! —Rosalie salió para recibirlo con un estrujante abrazo de alivio. —Es mi novio. —Se volteó para explicarle a Alice.

Alice se encogió de hombros y regresó al interior del departamento de Jasper.

—Rose, ¿Quién es ella? —Preguntó el policía a pesar de que ya lo sabía, justamente había visto su foto antes de salir la estación.

—Ya te había dicho, es Alice, ella y su hermanita se están quedando con Jasper.

—Alice, ¿qué?

Rose guardó silencio, no conocía la respuesta.

—Brandon. Mary Alice Brandon. —Emmett contestó a su propia pregunta.

—¿Qué?, ¿Brandon? Eso no… no puede ser.

Emmett había estado observando atentamente a Rosalie, pero cuando levantó la mirada vio a Jasper recargado sobre la pared con semblante serio. El celular de Emmett vibró y éste contestó sin despegar la mirada del psicólogo.

—Háblame.

—Cullen, tu hermano está aquí con el chico Clearwater, quiere hablar contigo. —Le comunicó Gabriela.

—Yo también tengo mucho que decir.

Pero las explicaciones de Jasper tendrían que esperar.

Emmett supuso que Alice y Cynthia estarían a salvo con los Hale, Jasper las protegería, además de que Rosalie no les dejaría ir a ninguna parte. Ya la periodista se encargaría de indagar toda la verdad respecto a la relación de Jasper Hale y Mary Alice Brandon. Ahora el policía debía conocer los descubrimientos de su hermano.

Miller les había asegurado a Edward y a Bella que registrarían a todos los propietarios de camionetas de ese modelo que vivieran en Seattle. Patrullas salieron al instante, aunque Frank se veía renuente y desganado.

Gabi era amiga de Leah y se sentía responsable por Seth, en cuanto comprobó que también estaba en peligro decidió que ella lo cuidaría.

.

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El sol comenzaba a meterse por el horizonte, el cielo estaba pintado como un bicolor, por una parte era azul marino demostrando como la noche llegaba para apoderarse del firmamento y por la otra parte tenía una serie de tonalidades anaranjadas y rojizas, haciendo notar la partida del astro rey.

Edward y Bella caminaban sobre la banqueta, sin prisas, uno al lado del otro. Isabella estaba embelesada observando la bóveda celeste, Edward la contemplaba a ella. De una manera natural, él entrelazó su mano con la de ella, Bella sintió una media sonrisa extenderse por su rostro pero evitó voltear a ver a Edward.

—¿Cómo te sientes? —Preguntó él en voz baja.

—Cansada. —Respondió simplemente.

—Los encontraremos. —Le aseguró Edward.

—Al menos creo que estamos cerca de encontrar al culpable.

Ambos guardaron silencio y se dedicaron a vagar sin rumbo fijo por varios minutos, hasta que de repente Edward se detuvo y se giro para ver a Bella a la cara.

—¿Quieres despejar tu mente? —Le preguntó sonriéndole.

—Claro. —Dijo parpadeando sorprendida.

Edward le dio un suave apretón a la mano de Bella y la llevó a una vieja librería que se encontraba en un callejón algo escondido, en una colonia tranquila.

—¿Dónde estamos? —Inquirió Bella cuando la arrastraba al interior.

—Hace unos años encontré esta librería, cualquier libro que busques lo tienen aquí, no he olvidado lo mucho que te gusta leer.

—Recuerdo que a ti también. —Bella sonrió.

Una campanita sonó cuando entraron y de una mesa de madera donde estaba la caja registradora un hombre de unos cincuenta años, con canas y principio de calvicie, alto y flaco con anteojos levantó la vista.

—¡Edward!, ¡que milagro! —Lo saludó el hombre animadamente cuando lo reconoció.

—Leo, ¿cómo estás?

El hombre se acercó a donde estaban ellos.

—Bastante bien, el negocio va viento en popa.

—Leo, quiero presentarte a Isabella Swan. —Dijo Edward.

Bella estrechó la mano del hombre que sonreía ampliamente.

—Sólo Bella.

—Mucho gusto señorita.

—Bella, él es Leo Schwarz, lo conozco desde hace años. —Le explicó Edward.

—Discúlpenme por favor, ya vuelvo. —Pidió Leo, saliendo por un corredor.

—¿A dónde va? —Le preguntó Bella a Edward en un susurro.

Edward se encogió de hombros un poco avergonzado.

—¡Edward!, ¡muchacho hasta que te apareces por estos rumbos!, ¡ya quiero conocer a tu linda novia! —Era una voz femenina y provenía del corredor, aunque Bella no pudo ver a quien pertenecía.

Lo que sí vio fue a Edward sonrojándose, al principio Bella quiso reír pero luego el gesto le enterneció.

Una mujer chaparrita pero regordeta con una deslumbrante sonrisa apareció e iba casi corriendo hacia donde ellos estaban.

—Muchacho, ¡qué alegría verte!, ¿por qué tardaste tanto en venir a visitarnos?, no me estoy haciendo más joven. —Le reprochó la mujer sin dejar de sonreír.

—Perdón Leonor, pero con la escuela había estado muy ocupado.

—Bueno, bueno, tienes que estudiar, yo entiendo, aunque ya eres un joven muy inteligente. —Leonor le dio unas palmaditas a la mejilla de Edward y éste se sonrojó aún más.

—Leonor, ella es Bella. —Las presentó.

—Es un placer conocerla. —Bella estrechó la pequeña y gruesa mano de la mujer.

—Hija, el placer es todo mío, ¡eres tan bonita!, pareces una muñeca. —La elogió la mujer. —¿Tienen hambre?, les haré de cenar. —Y sin esperar respuesta la mujer salió apurada de la habitación.

Leo sonrió.

—Siéntanse libres de ver lo que quieran.

—Gracias. —Contestó Bella.

Edward guió a Bella hasta el fondo del pasillo más alejado de los libreros.

—¿Cómo los conociste? —Bella no pudo aguantar su curiosidad, apenas se aseguró que Leo no los escuchaba le soltó la pregunta.

—Solía venir aquí después de clases, en la preparatoria, pasaba tardes enteras sumergido en otros mundos. Leer siempre me abstrae.

Edward observó con interés unos libros de pasta dura, y ladeo un poco la cabeza para leer los títulos.

—Increíble, siempre supuse que salías con tu novia. —Comentó Bella con un deje te tristeza.

—No solía salir mucho con chicas… sólo con mis amigos. Prefiero estar con alguien con una plática interesante que con una muchacha que se la pasa maquillándose todo el tiempo sin prestarle atención a lo que digo… además la única mujer a la que quería llamar su atención se la vivía ignorándome. —Edward vio a Bella de reojo y ella puso una expresión de absoluta perplejidad.

—Pero… tú… tú siempre has tenido… tantas chicas atrás de ti… todas querían ser tu novia.

—Eran las chicas presuntuosas, superficiales y francamente no tan listas de la escuela.

—Las populares del equipo de porristas con cuerpos esculturales. —Afirmó Bella, obviamente todos los hombres en la escuela morían por ellas.

—Ellas sólo me querían por… mi físico y el dinero de mis padres. —Le aseguró Edward. —Jamás escuchaban lo que decía.

—Bueno, eso era más que evidente. —Aseveró Bella rodando los ojos. —Y todas estaba de acuerdo en que tú eras el más guapo de la escuela.

—Sí, todas. —Dijo Edward sarcásticamente, luego en voz baja agregó. —Menos la chica que yo quería.

Bella lo miró unos segundos sin decir nada, esperando a que él se explicara.

—Bella… ¿alguna vez hice algo que te molestara?, ¿por qué dejaste de hablarme?, de la nada empezaste a ignorarme y ni siquiera me dirigías la palabra en la escuela.

Isabella se sintió culpable de inmediato, jamás se había admitido a sí misma que había sacrificado la amistad que más apreciaba por miedo.

—Edward, yo… —Bella clavó la mirada al piso, incapaz de verlo a la cara. —En la preparatoria yo ya te veía más que como amigo, me dolía verte charlando con todas esas chicas, disfrutando de toda la atención que te ponían, agitaban sus pompones en tu cara para que las vieras. Yo sabía que tú nunca me verías de ese modo, ¿cómo?, ¿cómo podría captar tu atención si yo no andaba pavoneándome como las demás?, yo no soy de las que usan minifaldas, ni me gusta que me maquillen, ¡y ni hablar de los tacones! —Estalló, después de toda esa eternidad guardándoselo.

Bella cerró los ojos, ardientes lagrimas pugnaban por escapar, pero antes de que pasara, sintió los fuertes brazos de Edward a su alrededor, Bella apoyó su cabeza sobre el pecho de él.

—Eso lo explica. —Susurró en su oído. —No negaré que era divertido, toda esa atención…antes, en verdad me dolió muchísimo perder tu amistad y más aún cuando me di cuenta de que tú eras la única persona con la que quería estar y tú me evitabas como si tuviera la peste. —Bella sintió como Edward reía.

—A mí también me lastimó dejar de pasar tiempo contigo, pero no hubiera podido soportar cuando comenzaras a hablarme de tus novias y de que hacías con ellas.

Edward se quedó sin palabras unos momentos, digiriendo toda esa nueva información.

—Tú has sido la única que he querido. No anhelo más que tus besos, mi sueño es dormir entre tus brazos y al despertar que sean tus ojos lo primero que vea.

Lentamente Bella levantó la vista y se encontró con los ojos verdes de Edward fijos en su rostro, antes de que ella tuviera tiempo de reaccionar él la beso.

Fue un beso apasionado, anhelante, que le demostró a Bella lo mucho que Edward había estado soñándola en secreto, todo el tiempo que había estado aguardando para ese momento. Ella se sentía rebosante de alegría, toda la incertidumbre, los temores y el nerviosismo se derritieron en sus labios. Bella sentía que no podía tener suficiente, necesitaba más, estar entre los brazos de Edward, sintiendo su calor, sintiéndolo estremecer igual que ella, sus caricias la hacían temblar de puro placer, y entre cada beso suspiraba feliz, sintiéndose amada y segura.


Respuestas de reviews del capítulo anterior:

Irina: Así es, Aro es el papá de Alice, pero Athenodora dio más pistas de las que se ven a simple vista. Intenté poner más romance en esta ocasión, ya sabes que con tanto misterio y enredos a veces pierdo de vista que los protagonistas están enamorados, intentaré que no se me vuelva a olvidar.

Valeri Maza Ramal: Tienes más razón de la que tú piensas ;) ¡Vas por buen camino para resolver este misterio! Y yo me quedo con ganas de seguir escribiendo, pero las obligaciones de todos los días no me lo permiten. Si me puedes dejar comentario en mi otro fic te lo agradeceré desde el fondo de mi corazón, al igual que aprecio todos los comentarios que me dejas. También te quiero y claro que cuentas conmigo :) ¡Por supuesto que me acuerdo! Si te tomas el tiempo de escribirme quiero que sepas lo mucho que significa para mí.

alessandra cullen: No te preocupes, con que te tomes el tiempo de leer lo que escribo y me comentes yo soy feliz, yo puedo esperar y mientras seguiré escribiendo :) xoxo


¡Los reviews/comentarios son me recompensa!

¡Gracias por leer!

Itzi