-¡Sal de allí y paganos lo que nos debes, maldito alcohólico! - Se escuchó desde fuera de su casa.
Preparaba la cena cuando escucho como golpeaban violentamente la puerta, llamando al nombre de su padre. No era la primera vez que aquello sucedía, pero no evitaba el sentir miedo. Trato de hacer oídos sordos, pero los intentos de entrar por parte de esas personas no disminuían; afortunadamente no paso mucho antes de que uno de sus vecinos llamara a la policía, todos conocedores de la dura y dolorosa vida que ella portaba.
