En aquella estación de tren
Lo perdí.
Más que Tú
Capitulo XIV
-Interlude-
Integra dejó caer el portafolio que tenía atónita con todo lo ocurrido. Sentía una presión en su pecho y su respiración había tomado velocidad, ni siquiera respiraba por la nariz sino por su boca. Retrocedió un paso, no entendiendo sus emociones; ¿qué significaba esto que sentía dentro suyo?.Confusión, estragos y un nudo en su garganta casi imposible de contener, simplemente no entendía nada lo que estuviese sucediendo.
-Q-qué es esto?. Preguntó Integra con sus ojos abiertos de par en par, mirando los trofeos y todo lo demás.
-Memorias. Respondió el vampiro, parándose a su lado mirando el escaparate.
Cubrió sus labios con las manos, sintiendo su corazón latir fuertemente y al mismo tiempo sus ojos sollozos.
-No debería ser tan duro como para sollozar. Dijo Alucard que estaba detrás de ella.
La joven Sir, frunció el ceño y se limpió sus sollozos con las mangas nuevas de su saco.-No estoy llorando!. Dijo al parecer molesta, pero consigo misma.
-No…estás sudando por los ojos. Dijo el nosferatu arqueando sus cejas y cerrando sus ojos.
-Alucard.-Llamó integra en voz baja, obteniendo la mirada del vampiro.
-Hm?.
-Vete. Dijo tan seca como dulce la joven, frunciéndole el ceño y sonriendo sarcásticamente.
-Por qué?, por si no lo sabes siempre estoy en tu sombra.
-No me interesa, solo vete. Si alguien te llegara a ver se armaría un gran lío.
-Disculpa, con quién estás hablando?.
Integra abrió sus ojos de par en par, mirando que Alucard no estaba y la voz venía detrás de ella. Se sonrojó al pensar qué pensarían que era una loca y solo en su primer día, giró lentamente sobre sí misma para ver a la portadora de la voz femenina que oyó. Era una mujer joven aparentemente, de cabello castaño y ojos verdes, lo único que pudo pensar Integra fue que era muy hermosa y si estudiaría ahí. Aunque lo dudó al verla vestida con unos zapatos de tacón y una camisa algo ajustada con mangas cortas de color vainilla, cambiándola con una falda de tiro alto negra. Su cabello apenas recogido en un sutil peinado, lucía una pequeña cruz de plata colgando en su cuello casi igual como la de Integra.
-C-con nadie, solo murmuraba. Dijo nerviosa sonrojándose y sonriendo levemente.
La mujer sonrió pacíficamente.
-Que linda se ve cuando sonríe. Pensó Integra para sus adentros.
-Bueno, pero según tengo entendido deberías estar en tu grupo de estudios, verdad?. Después de todo hoy es el primer día. Dijo la mujer, inclinándose un poco para mirar a la misma altura que Integra.
-L-lo sé, pero como es mi primer día también quería conocer las instalaciones. Dijo ella, con lo primero que se le vino a la mente.
-En ese caso en tu transcurso estudiando aquí, la conocerás. Me dirías tu nombre?.
-I-Integra…Integra Hellsing. El suyo?. Preguntó.
La mujer al oír su nombre abrió ligeramente sus ojos mostrando sorpresa.-Van Hellsing. Dijo entrecerrando sus ojos y mirando los ojos zafiros de la joven Hellsing. Se había quedado mirándola unos instantes quizás más de lo debido ocasionando una ligera incomodidad en la joven.
-Me dirá su nombre, señorita?. Preguntó Sir Hellsing por segunda vez quizás para mantener el hilo de la conversación o que aquella mujer saliera de su trance.
-Oh, por supuesto. Dijo la mujer sonriéndole.-Mi nombre es Jenniffer.
-Y no tiene apellido?.
-Claro, y titulo también. -El hacer enojar ligeramente a la adolescente parecía divertirle.-Mucho Gusto Integra. Dijo ella, estrechando ligeramente su mano.
-Con permiso. Dijo una voz masculina.-Disculpee…
Ambas miraron de donde proveía aquella voz, solo eran unos conserjes uniformados junto a ellas. Uno era alto y delgado mientras que el otro alto pero robusto, saludaron cortésmente a las mujeres mientras uno tomó la palabra.
-Disculpen, pero debemos mover esto hay que tener cuidado con los vidrios. Explicó el señor, arqueando sus cejas, el hombre ya algo mayor.
-Oh, disculpe, señor nos iremos ahora. Dijo Jenniffer, sonriéndole gratamente.-Integra, te parece si te acompaño a tú salón de clases?; Creo no debes conocer mucho la institución.
La chica arqueó sus cejas, miró hacia los lados. Ni ella sabía dónde estaba parada, por lo que se sentía obligada a pedir ayuda ya que no era conveniente que le diga a un vampiro que la guie hasta su salón de clases.-Ehh…S-sí, me parece bien. Dijo sonriendo levemente, tímida.-Sucede algo?. Preguntó quedándosela mirando.
Jenniffer, se había quedado mirando una figura que Integra creía que no podía ver. Reconoció tal persona con un sobretodo rojo y gafas del mismo color, pero a tal asombro decidió no mostrarlo. Mientras que Alucard también la miró fijamente demostrando una rudeza característica de él, pero en sus ojos y sus facciones detonaban un ligero recuerdo sobre él. A pesar de sus facciones tan distinguidas sus ojos eran de un verde oliva y su cabello castaño claro. Era delgada pero curvinea y su piel pálida pero saludable, no hizo falta que pudiese sumergirse dentro de sus recuerdos para reconocer tales facciones y movimientos tan ligeros y suaves.
-No, no es nada, querida. Dijo sonriéndole levemente mientras, se ponía nuevamente derecha para comenzar a caminar junto a la chica.-Si es tu 3er año es por aquí.
Señaló un camino que fueron recorriendo juntas conversando, tuvo la suerte que apenas estaban por entrar los alumnos a los salones como para tener el gusto de no llegar tarde. Miraba con gran curiosidad a la joven con quién caminaba, era alta con tacones y delgada parecía que era de una muy buena familia. Su cabello castaño parecía muy cuidado, al igual que sus uñas con decorado francés, mientras que sus ojos verdes oliva hacían que Integra dentro suyo tuviera una ligera inquietud por saber quién era. Si bien ahora recordaba, le dijo su nombre pero no su apellido mucho menos el titulo que dijo tener.
-Usted es profesora aquí?. Preguntó la joven, mirando con atención a la mujer.
Ella suspiró divertida.-Claro que no, sería un nivel de stress demasiado alto.-Rió.-Tengo personas cercanas que estudiaron aquí y es más, mis padres también lo hicieron.
-Ah!- Sonrió la chica, sintiéndose ya no tan única con el tema de la tradición respecto a qué colegio estudiar según su familia.-Como una tradición?. Preguntó.
-Sí, algo así. Dijo la joven, recodando.-La gracia es que yo no tuve la oportunidad de estudiar aquí, sino que estudié en Francia mi tierra natal.
-Es francesa usted?, no me había dado cuenta ya que ni siquiera tiene acento.
-Me sale de vez en cuando, ahora mismo me estoy forzando un poco ya que no me gusta decir que provengo de otro país, a no ser que sea necesario.
-Por qué?. Preguntó Integra, mientras observaba como estaban formados otros alumnos con su respectivo uniforme entrando a las salas.
-Integra Hellsing?. Preguntó, un profesor que había acercado a ella.
-S-sí. Dijo mirándolo fijamente, pero algo avergonzada pensando que iba a ser regañada.
-Estamos por iniciar la clase, entre al salón por favor. Anunció, señalando un aula cercana.
Integra, volteó rápidamente y miró a la mujer que la acompañaba.-Debo irme, muchas gracias por indicarme el camino. Dijo sonriéndole cortésmente.
-Por nada, Integra espero verte pronto. Saludó Jenniffer, sonriéndole.
Vio como aquella mujer con gracia y delicadeza se iba alejando poco a poco por los pasillos o mejor dicho hasta que ella pudo verla. Su salón de clases era igual a cualquier otro, pero de bastante categoría y una preferencia por la madera pensó. Eligió un pupitre junto a la ventana ya que cuando la clase se torne aburrida tendría la oportunidad de mirar por ahí para distraerse por lo menos. El cielo estaba cubierto por unas nubes que cada tanto cubrían al sol, mientras Integra observaba tal paisaje desde la ventana no notó el desarrollo de la clase. Se sentía distraída por algún modo, esos cuadros, Jenniffer, qué demonios le pasaba? No lograba concentrarse por ningún motivo.
Todo había pasado tan velozmente para ella, que no lograba recordar con exactitud las fotografías que había visto. Solo recordaba el nombre de aquella mujer mencionada en el diario de su padre, ¿Qué relación tenía con Walter?, ¿Cómo habrá sido físicamente?, solo tenía su nombre completo pero asimismo nada de información. Pensó por un momento dejar las cosas como estaban y no indagar, ya que eso podría traerle problemas. Miró su cuaderno en blanco y un bolígrafo azul oscuro listo para ser usado. Penetró su mirada en aquel papel pensando que ya no valía la pena seguir indagando, si su padre quería que no lo sepa debió haber tenido sus razones. Después de todo era un hombre muy sabio al cual quería más que a nada en el mundo.
Un ligero recuerdo hizo caer una gota humedeciendo una pequeña sección de su cuaderno. Sonrojada se limpió rápidamente y aliviándose que nadie la haya visto. Pero dentro de esa gota se fue tiñendo de rojo, ante los ojos zafiros de la jovencita que se abrieron de par en par.
¿Estás segura que no quieres investigar más?
Firmó con un pequeño ojo mal dibujado, así supo que se trataba de Alucard. Como responderle o mejor dicho hacerle entender que no indagase en su mente?, no podía gritarle en plena clase así que tomó su pluma azul.
No, pero si mi padre lo quiso así debió ser por algo. No mires más en mi mente, Alucard . Es una orden.
Todo desapareció, la tinta por arte de magia desapareció de su cuaderno dejándolo totalmente blanco como al principio. El vampiro había sembrado la duda en ella, comenzó a hacer anotaciones en su cuaderno respecto a lo que recordaba del diario de su padre, se sintió una detective viéndolo de una perspectiva algo divertida al pensar qué hubiera pasado. Sonó el timbre del almuerzo sin darse cuenta, tuvo una idea. Volvería a pasar por esa estantería de seguro ahora podría ver las fotografías con más claridad.
Ya revisé, movieron la estantería y ahora solo hay un cuadro de los jugadores de ajedrez de hace 20 años.
-De verdad?. Dijo Integra caminando con su almuerzo, en voz baja para no ser escuchada.
Así es, por lo tanto te han puesto las cosas muy difíciles, será divertido entonces.
Si Justin no hubiera estado conmigo esa mañana
No quiero ya pensar en qué cosa hubiera hecho
Vendó mis heridas y engañó mi corazón
Sin embargo
Creo que fue lo mejor en aquel momento
Porque ya no logro recordar aquella mañana
-Madeleine A. De Montserrat.
-Pudiste haber actuado. Dijo una joven en voz baja, mirando el escenario que era preparado para la gran obra.
-No es lo mismo, ensayar contigo que con Brittany. Dijo Justin suspirando, ambos tomando asiento en una de las filas más alejadas del teatro.-Tiene la voz muy ronca y desafina con frecuencia.
Madeleine miró sus pies, vendados y usando zapatos suaves sin ningún tipo de tacón. Se sentía morir, aun con un vacío en su pecho junto a una mirada ausente que tenía que llenar aunque sea con falsa felicidad. Apoyó su cabeza en el hombro de Justin mirando como comenzaban a armar el escenario para esa gran obra que Madeleine debería haber protagonizado.
-Aun con los pies así, puedo bailar. Dijo Madeleine decidida, aferrándose al brazo de Justin suspirando.
-En realidad no puedes. Reprochó Montserrat, acariciando su cabeza.-Por más que lo hicieras, terminarías bastante mal, quizás hoy es el estreno pero cuando mejores quitarán a Brittany y Alfons de nuestros personajes.
-Arthur te llamó, verdad?. Preguntó la joven, con la mirada aun ausente.
-Así es.-Contesto Justin, levantando el apoya brazos para que Madeleine pueda acomodarse junto a él.-Parecía bastante preocupado.
-Qué le dijiste?.
Madeleine se acercó a Justin, quedando pegada junto a él sintiendo su calor y su perfume que para el olfato agudo de la joven para las cosas caras, este era demasiado costoso. Se aferró a él, quizás como consuelo o simplemente para sentir el calor ausente que ella tenía.
-Nada, que estabas algo resfriada y que te quedarías en mi casa algunos días.
-Me sorprende que no haya dicho algo al respecto.
-En realidad, no podría decir mucho. Justin miró como las luces estaban ya tenues y había ya mucha gente sentada a sus respectivas butacas.-Después de todo, estamos comprometidos así que deberá acostumbrarse a que duermas en mi casa o yo en la tuya.
-Es verdad. Dijo Madeleine, mirando el anillo con incrustaciones de diamantes que le había dado Justin por su compromiso.
Repasó poco a poco lo que había sucedido esa turbulenta mañana, como él no fue capaz de decirle una cosa tan importante pero a ella sí. Sentía vergüenza de ella misma al pensar que había caído demasiado ''bajo'', entregando también su actuación en bandeja a la prima de su prometido. Sin embargo se sentía agradecida con Montserrat ya que hizo que fuese atendida en secreto por un medico de su confianza. Aunque a petición de ella llegó a suplicarle entre lágrimas que no le dijera a Sir Hellsing. El joven no sabía si sentirse celoso, aturdido, enojado, compasivo o qué con su joven prometida él era demasiado despistado como para llegar a enojarse por eso cuando él también tuvo sus ''deslices'', probablemente no tan pasionarios pero tuvo varios, o mejor dicho demasiados.
Con sus pies vendados en la mansión Montserrat, precisamente en el cuarto de Justin, ella dejó de llorar para quizás ocultar su dolor bajo la calma paciencia que siempre traía consigo. No quería sentir ninguna emoción, se sentía enferma siendo incapaz de hacer algo por sus propios medios. Estaba tan aturdida que no recordaba más que los copos de nieve cayendo a su alrededor mientras a lo lejos veía sus zapatos de tacón rotos y con suciedad.
-Lo siento, hemos perdido la cita con el Parlamento. Se disculpó Madeleine, sonrojada.
Justin, la miró ambos sentados en el borde de su cama nadie en su casa a no ser alguna que otra sirvienta rondaba el lugar, a pesar de que generalmente era un lugar un poco activo esta vez parecía no haber ni un alma. A fin de cuentas tomó la mano de Madeleine, sintiendo que ya no estaba fría sino tibia como siempre. Se sintió en parte aliviado ya que no pronunció ni siquiera una sola palabra durante todo el viaje ni en su revisión con el doctor.
-No te preocupes, lo importante es que estés bien. Dijo despacio mientras ella sujetaba su mano.-Pero…no podrás actuar en este estado en la obra, llamaré al director para que busque unos sustitutos o cancele la obra hasta que te recuperes.
Sus ojos se abrieron de par en par, denotando el turquesa ya opaco de sus ojos. ¿Era cierto lo que acababa de escuchar?, más aún, no le había pedido a él que fuese a verla?. Todas sus emociones se mezclaron, se sentía enferma su cuerpo le pesaba teniendo una gran presión en su pecho. Quizás era otra marca más, suprimió las lágrimas que estaban a punto de caer por sus mejillas sonrojadas. ¿Era tanto el precio de la desobediencia? pensó mirando como a través de las vendas se observaban algunas machitas rojas de sangre. Lo repasó una y mil veces en menos de 1 minuto, cada historia y cada frase dada al joven que se marchó. Qué obtuvo a cambio? Ella fue al final la que se quedó con lo peor? Por qué? Por qué el destino fue tan cruel?.
-Entiendo. Dijo bajando la mirada y conteniendo las lagrimas en silencio, mientras su prometido se puso de pie marchándose y dejándola sola.
Los reflectores enfocaron al escenario qué abrió su telón rojo, dando a conocer un elaborado escenario, de donde apareció desde un lado Britanny con un vestido de novia y su cabello lleno de rizos. Madeleine, miró fijamente que aún con ese traje llevaba puesto el anillo de rubí que supuestamente Walter le dejó como despedida. Miró sus pies, aún no había logrado recuperarse de aquella mañana nevada, sus pies aún no habían cicatrizado correctamente ya que había pisado restos de vidrio, ramas, más la nieve que le ocasionaba ardor y posteriormente una infección por algún alambre u otro de metal oxidado que había por esos lugares. Odiaba no poder usar tacones algo que se había hecho característica de ella, si bien poco a poco se recuperaría no era lo mismo.
Pasado el tiempo y terminada la obra, la joven vio como pequeñas flores eran arrojadas al escenario. Sentía celos? Envidia?, no hay que negarlo era así. Arriesgo tanto por un amor, tanto como su propia pasión en el momento, a cambio de qué?. Había observado con gran atención la actuación de Brittany sobre su personaje quien ella debió haber interpretado, aquella punzada en el centro de su pecho no parecía querer irse. Esa pregunta seguía rondando por su mente, aquella vergüenza que pasó delante de Brittany y Justin, quizás algún que otro transeúnte también al ver como una niña lloraba por que se iba el tren; En recuerdos borrosos había dejado gotitas de sangre en la nieve, como quedaban atrás sus zapatos de tacón, rotos y gastados como si nunca se los hubiese quitado. Fue llevada en brazos, llorando de tristeza y al mismo tiempo vergüenza de ella misma, llorando por algo que no le correspondía. No recordaba, no era capaz de aun entrar a su cuarto vacío no quería recordarlo tampoco, el sentimiento de orgullo fue tan grande que solo tenía cortas escenas y algunas hasta imaginarias quizás. ¿ Habría sido ella a quién él abrazó?
Solo recuerdo mucha nieve y ardor en mis pies
Zapatos de tacón
¿Alguien tapó mis ojos?
¿Qué era lo que no tenía que ver?
Quizás…
-Un beso?. Susurró mientras todos se paraban y aplaudían a los actores, incluyendo su prometido pero ella aún estando sentada, con una mirada ausente sobre el escenario.
-Buenas tardes, Walter!. Saludó Integra sonriéndole a su mayordomo.
-Buenas tardes, señorita. Devolvió el saludo el mayordomo con una sonrisa, tomando el maletín de la joven.-Cómo le ha ido en su primer día?.
Preguntó curioso, mientras ambos salían de la institución junto a otros jóvenes pasando desapercibidos casi.
-Me fue bien, supongo. Dijo ella mientras caminaban por los jardines.
No pasó mucho tiempo cuando un joven salía de un salón cercano que pertenecía a la zona de Artes, Integra lo reconoció rápidamente siendo Matthew quién cargaba un portafolio y llevaba su saco en su antebrazo.
-Mira Walter es Matthew!. Dijo alegrándose, mirando al mayordomo.-Pensé que ya se había ido.
-Podría ir a saludarlo entonces, señorita. Contestó el mayordomo con amabilidad, sonriéndole.
Ella le devolvió la sonrisa, adelantándose cuando a sus pasos rápidos vio como el joven sin haber notado su presencia siguió caminando cuando frente a él de sus labios se formó una sonrisa. Pero no era hacia Integra donde sonreía, sino a una joven de cabello castaño y ojos verdes quién apresuró su paso. Walter quién estaba unos metros detrás abrió sus ojos de par en par, mirando el andar de la joven recordando en parte un leve parecido al sonar de sus tacones. Pero no solo eso también lo perturbó un poco, que notó un cambio brusco en aquella joven que hacía poco tiempo no veía.
Integra se detuvo observando la escena, quizás no sorprendida por eso conociendo al joven que solía ser mujeriego o por lo menos eso pensaba y daba a entender. Pero llamó la atención que aquella joven era Jenniffer, la mujer con quién se había encontrado por la mañana, sentía que vio el encuentro antes a lo que se quedó parada observando qué sucedía. Matthew le sonrió a la joven y besó su frente sujetando sus mejillas, ¿serían novios? Se preguntó a sí misma, pero sabía que Matthew era soltero y aquella joven usaba un anillo en su dedo anular.
- Je vois que vous finalement, Matthew Dornez!*. Dijo ella en perfecto y natural francés, sonriéndole. (Al fin lo veo, Matthew Dornez!*)
-Háblame bien que no estamos en Francia!. Dijo Matthew sonriéndole de oreja a oreja, colocando su mano sobre su cabeza a razón que él era más alto.-Me gusta más ahora tú pelo castaño que teñido de negro.
Integra había observado todo desde una distancia prudente sin que ninguno de los dos la haya visto. Walter mientras tanto, ya estaba esperándola en el auto de los Hellsing's cuando pudo ver que delante suyo había un Roll-Royse estacionado y en lugar de su logotipo tenía una M. No tardó mucho en descifrar de quién se trataba para salir del auto y ver si encontraba a su ama. Ella iba caminando hacia el auto un poco aturdida y pensativa al parecer.
-Pudo saludar a Matthew?. Preguntó amablemente, a lo que ella abrió ligeramente sus ojos y pestañeó dos veces antes de responder.
-Ah!, sí me dijo que aún le quedaba trabajo por hacer. Dijo Integra subiendo en el asiento trasero del auto, mientras el mayordomo tomaba la conducción.
Era mentira, lo sabía pero tampoco quería indagar en lo que le haya preocupado a su ama. Tenía unos asuntos que atender con Matthew por lo tanto sería mejor llamarlo en la noche, reflexionó el mayordomo. El camino era silencioso como siempre, su ama no era de decir muchas palabras a no ser que esté feliz por algún motivo en particular. Tenía un suave recuerdo por alguna razón al cruzar los caminos por las mansiones más adineradas de Londres. En un semáforo en rojo, miró sus guantes blancos y un relieve en el dedo anular en su mano derecha. Recordó a la joven que roja y echa un mar de lágrimas en esa estación de tren, sus pies sangrando muerta de frío en esa mañana llena de nieve. Cierto…faltaba poco para el invierno.
Debo cuidar mis pies, ¡De lo contrario no seré capaz de bailar!
-Walter, el semáforo está en verde!. Dijo Integra, tocando su hombro mientras se escuchaban los bocinazos de los autos.
El mayordomo salió de su trance aturdido para poder ver el semáforo en color verde y avanzar.-Lo siento, señorita estaba distraído. Se disculpó volviendo a la marcha y normalidad.
-No te preocupes, está bien. Dijo Integra volviendo a sentarse correctamente y mirando por la ventanilla.-A propósito Walter…
-Sí, dígame. Le respondió el mayordomo, mirándola por el espejo retrovisor.
Dio todo por el todo, al fin al cabo tenía que ser verdad.
-Papá tenía hermanos, aparte de Richard?.Preguntó decidida.
Walter, ni siquiera abrió sus ojos con sorpresa sino que siguió mirando el camino fijamente y prestando atención al manejar para entrar en la mansión. Las puertas se abrieron automáticamente
-No que yo sepa, señorita. Dijo el mayordomo sin mirarla, mientras estacionaba el auto.-Hay alguna razón en particular por cual lo pregunte?.
¿Por qué siempre lograba acorralarla en sus preguntas y pensamientos?
-Pues, por nada en especial solo porque somos muy pocos Hellsing's, no?. Sonrió algo nerviosa mientras le abría la puerta para bajar del auto.-Al fin al cabo somos muy pocos.
El mayordomo arqueó las cejas analizando la respuesta de su señorita.-A su padre no le gustaba la idea de tener muchos hijos, cuando nació usted se dio por feliz. Respondió el mayordomo recordando, mientras ambos entraban en la mansión.
¿Y la mamá de Matthew?
Preguntó de pronto por simple curiosidad en verdad, sonriéndole mientras subía las escaleras y su mayordomo se quedaba en el inicio de estas, recordando. De pronto sintió un aire a verano y un sol suave que iluminaba el ambiente. Una mujer con un sombrero de copa ancha y un vestido ajustado pero suelto en la parte debajo de las caderas con un niño pequeño en brazos. Aquella amplia sonrisa que transmitía tanta felicidad. Pero, ese aire a verano con una suave brisa se transformó de nuevo en aquella fría mansión por esos tiempos.
-A propósito, antes que lo olvide, mañana en la tarde debe asistir a una reunión, señorita. Le anunció omitiendo el tema, haciendo que la joven abriera ligeramente sus ojos.-Pasaré a buscarla antes de su colegio para que pueda asistir.
¿Por qué no respondió mi pregunta?
-Sí. Dijo ella desapareciendo su sonrisa mientras el mayordomo se marchaba por los pasillos.
Walter nunca quiere hablar de la mamá de Matthew...
-Competirá de nuevo por el papel en esas condiciones?; es arriesgado, no se lo recomiendo sinceramente. Dijo el doctor que atendía a una joven de 19 años mientras estaba inclinado observando sus pies.
-El tratamiento funcionó debidamente, es suficiente para mí. Dijo una joven de cabello largo y lacio, parándose y colocándose zapatos de tacón, para sorpresa del médico.
-No debería usar ese tipo de calzado!. Regañó mientras ella abría la puerta de un camerino.-Eso debe causar mucho dolor.
-Competiré por ese papel, una vez más.
-Señora Montserrat!. Dijo el doctor llamándola aturdido pero la puerta le fue cerrada en sus narices.
-Una lisiada quiere competir?. Preguntó una rubia llena de rizos, mirando llegar a la joven de ojos turquesas junto a un joven de cabello castaño y ojos verdes.
-Brittany. Regañó Alfons, un chico de cabello castaño oscuro y ojos miel.
-La indicada para esto era Lady Montserrat pero debido a sus heridas hace un año apenas ahora estará volviendo a la normalidad. Pero Lady Stamford ha tenido el estelar de las obras por todo este año, queda entre ustedes jóvenes. Explicó un señor con traje oscuro, siendo él el director. –Lady Montserrat, usted ha perdido mucha popularidad y sus heridas no están lo suficientemente bien.
-No será ningún problema. Aseguró la joven sonriendo ligeramente.
-Recibiré la mejor de las ovaciones-
Der Freischütz Nr. 2 Terzett mit Chor
Sir Justin Montserrat.
La gruesa voz del joven entonaba perfectamente para aquella ópera, se paró en medio del escenario dejando pequeña a la voz del otro actor. Mientras que junto a él la voz de la joven que era aguda lo suficiente para ser de un fondo magnifico. Si bien después de la guerra no era una canción muy predilecta era perfecta para que el director pudiese notar el potencial de sus voces tan jóvenes. Una aguda y angelical perteneciente a la mujer para que quede como tal mientras que una gruesa y poderosa para el hombre. En pocas palabras las voces de Brittany y Alfons quedaron pequeñitas junto a las de los jóvenes. ¿Por qué siempre eran ellos? ¿Por qué siempre cuando ella quería destacarse tenía que aparecer Madeleine o su primo para arruinarlo todo?, eran los pensamientos de Brittany cuando miraba la joven pasar al frente del escenario.
¿Cómo Madeleine recibirá la mejor de las ovaciones?
Vio como ella se inclinó apenas un poco para tomar impulso, y sus ojos verdes se abrieron de par en par al oír semejante nota elevada en una chica como ella. Madeleine abrió ligeramente sus brazos para alcanzar la nota más alta a su poder tratando de tomar impulso y llevó sus manos al corazón para lograr que sea algo más armoniosa.
Brittany observó como casi lo consigue, tenía su vista tan fija en aquella joven llena de todo tipo de sentimientos desde admiración hasta odio. Sintió como en un momento la voz de Madeleine se quebró, la melodía en sí era difícil para alguien tan joven como ella había contenido su respiración para poder cantar por demasiado tiempo. Dio un tropezón torpe para ser sostenida por sus hombros por su prometido, pero ambos observaron como la escasa audiencia y producción estaban con su boca abierta ligeramente por ambos jóvenes. Hubo un silencio incomodo hasta que el director se puso de pie frente a ellos observándolos boquiabierto y sus ojos abiertos de par en par.
El director aplaudió a Madeleine y Justin
Pero en el rostro de ella,
Se notaba una gran frustración al cantar
Incluso fue notado por el director
Así, es imposible recibir la mejor de las ovaciones, Madeleine.
-Brittany Stamford.
Otoño, 1949.
Un grito de dolor ronco se escuchó por una alta montaña.
-No, aun te falta bastante, muchacho. Dijo un señor algo mayor encendiendo un cigarrillo.
Aquel joven de 20 años aproximadamente, cayó de rodillas al suelo. Sus manos sangraban y parecía demasiado cansado, a su alrededor podían verse marcas de sangre trozos de tela ensangrentados en un amplio campo de prácticas al parecer. Respiraba agitado y su rostro estaba descuidado, la punta de sus dedos se encontraban casi sin piel mientras que en sus ojos parecía que caían solos pero él no daba tregua para tal cosa.
-DE NUEVO. Gritó ordenando, parándose a duras penas y extendiendo su mano frente a sí.
-Terminarás dañándote los músculos, Walter.
-No te lo pregunté, Evans. Dijo el sujeto mirando al frente y ya con su vista algo borrosa.
No a pocos metros había una gran esfera de plomo, tendida y lista para ser empujada logrando una gran velocidad y fuerza. El joven parecía estar ''entrenando'' hacía bastante tiempo su cabello era largo debajo de la nuca y tenía una ligera barba. Sus ojos grises denotaban el mal sueño y las pocas horas de descanso, sudaba usando un pantalón negro y camisa blanca pero se encontraba descalzo sintiendo la hierba verde húmeda con apenas unos restos de nieve que la hacían resbalosa entre los dedos de sus pies. El hombre algo mayor con gran agilidad subió una pequeña montaña donde se encontraba la esfera de plomo. Se cruzó de brazos frente a ella mirando fijamente al muchacho, el señor de avanzada edad tenía el cabello hasta su nuca también pero en una coleta y sus ojos grises metálicos. Usaba unos guantes sin dedos que al cruzarse de brazos solo tuvo que mover el índice para que de una gran altura la esfera tomara impulso para caer directamente hacia el brazo del joven.
Éste estaba con los brazos a sus respectivos lados mirando ya borrosamente aquella esfera. Pero con un último esfuerzo separó un poco sus piernas mientras la esfera con gran rapidez venía hacia él. Evans pudo ver como una fina onda de fuerza en el aire de dio a conocer cuando Walter tocó la esfera tratando de detenerla. El no hizo ningún sonido más que apretar sus dientes mostrándolos mientras que con la mano izquierda trataba de impulsar la gran esfera de plomo. Alrededor de la manga de su camisa se vieron finos destellos que rodeaban su brazo y rompieron la misma mientras que aquellos hilos sujetaron su brazo al parecer con fuerza ocasionando varias heridas. La esfera hizo que se hundiera y vaya hacia atrás mientras que su cuerpo se oponía; sintió un gran tirón de su brazo a lo que dio un grito alertando a Evans quien solo se limitó a observar. Walter cayó de rodillas con un grito de dolor mientras los hilos seguían sujetando con fuerza su brazo izquierdo lastimándolo. Miró la esfera y esta venía directamente hacia él, su vista se volvió borrosa y no pudo ponerse pie. Una figura en menos de un segundo apareció delante de él colocando su mano izquierda también sobre la esfera. Pero a diferencia de Walter ésta se detuvo y es más, comenzando a partirse en cientos de pedazos que cayeron hundiéndose en la tierra.
-Pudiste haber dejado que me matase la esfera, Evans. Dijo Walter sonriendo amargamente, tratando de levantarse inútilmente mientras que tosió sangre de tal duro entrenamiento sin descanso.
-No me llames Evans. Le dijo el sujeto, levantándolo por su brazo más sano y colocándolo sobre su hombro para poder llevarlo hasta una cabaña cercana que había.
Lo siento, Padre.
Ya pasaron 10 meses desde que se fue
Mis pies aún siguen lastimados y no puedo usar tacones
Tampoco puedo actuar ya que no tengo un motivo
Por el cual elevar mi voz a no ser un falso sentimiento
¿Me darías una señal de por qué debo seguir?
-Todo esto influye en tú actuación.
-Es difícil elevar las notas, Chad. Comentó la joven suspirando.
-Su corazón no deja que lo haga, Lady Montserrat. Dijo un hombre muy mayor ya, mirando a la joven.-Haz crecido tanto…
-Cumpliré 19 en dos meses; el tiempo pasó rápido para mí también. Dijo, sonriéndole a hombre de barba blanca y poco cabello de igual color, lleno de arrugas denotando una gran edad.-Extrañaba mucho poder charlar contigo.
-Siempre puedes venir a visitarme, a Marianne también le gusta que vengas.
-Y a tus hijos ó nietos no les molesta?. Preguntó Madeleine, tomando un sorbo de té.
-Te he visto nacer y crecer, siempre estoy interesado en saber cómo estás. Explicó Chad, sonriéndole a la joven y acariciando su mejilla.-No debes ponerte triste por aquella vez, Madeleine.
Ella sujeto suavemente la mano de su ex mayordomo, aquel que la había cuidado con tanta devoción de niña. Lo miró y sus ojos se humedecieron no le quedaba mucho tiempo de vida a razón de su avanzada edad sin embargo, era gratificante poder estar con él en sus últimos años. Estaban sentados en una banca de madera cerca del campo rodeados de pasto verde y flores, que poco a poco se secarían para dar paso al invierno.
-Pero Walter significaba mucho para mí. Dijo ella con la voz quebrada, bajando la mirada tratando de no llorar.
-Y tú crees que para él no?.
-¡Si de verdad me quería no me hubiera abandonado en aquella estación de tren!
Chad abrió sus ojos ligeramente, mientras lágrimas cayeron manchando la falda de la joven y su cabello cubría su rostro.
-Él dejó que tú seas libre. Explicó el mayordomo.-¿No crees que también fue duro para él tener que dejar a la mujer que quería pero nunca podría tener a su lado?
Madeleine abrió ligeramente sus ojos.-No lo sé, pero ni siquiera tuvo el valor para decírmelo de frente y prefirió huir.
-Es fácil culpar a otros, señorita. Ha repasado usted sus actos?.
-Deja de defenderlo. Dijo Madeleine, abrazando sus rodillas y escondiendo su rostro en ellas.
-Tienes una hermosa voz de sirena, Madeleine. Comentó Chad, apoyando sus manos en su bastón de madera.-Pero…
¿Por qué cantas?
¿Cuál es tu motivación?
-Mí...motivación?.
-Sin eso nunca podrás romper la esfera.
-Auch!. Dijo el joven de ojos grises metálicos, sujetándose el hombro mientras era vendado.-No sé qué puede ser mi motivación…auch!, eso arde!.
-Es alcohol para desinfectar. Contestó Matthew, con un algodón empapando las heridas de Walter mientras lo ayudaba a vendarse.-Te esforzaste demasiado hoy, deberías descansar mañana.
-Quiero ser más fuerte, no necesito descansar. Dijo él decidido, levantándose y tratando de caminar pero tuvo que sentarse ya que su cuerpo no se lo permitía.
-No has dormido en 3 días, que esperabas?. Matthew encendió un cigarrillo inclinándose en su silla de madera, mirando el techo.
No conseguirás nada si no te motivas, Walter.
-Quiero ser más fuerte.
-Eso no es una motivación lo suficientemente válida para poder superarte. No hay nada que quieras comentarme?.
El joven, miró entre dormido inclinándose sobre la silla quedando casi dormido. Entrecerró los ojos, cayendo en un sueño profundo mientras Evans lo observaba de brazos cruzados. Estaba demasiado cansado, ya hacía bastante tiempo estaba entrenando; sin siquiera un rumbo fijo a elegir. ¿Qué era lo que quería en realidad aquel hombre? ¿De verdad deseaba ser solo ''más fuerte''?. Eran las preguntas que aquel hombre pensaba mientras lo observaba que desplomándose sobre la silla abrió ligeramente sus labios para pronunciar unas palabras. Su vista se oscureció un poco, quizás recordando un triste acontecimiento pero al mismo tiempo con algo de esperanza.
Quiero ver a Madeleine sonreír.
Primer acto: En un escenario medianamente grande, lleno de flores descansa simulando dormir una joven con un vestido blanco ajustado a su silueta. Se sube el telón y parece despertarse. Con su cabello lacio y negro mira al público bajando la mirada al parecer triste.
Por más que intente
No puedo encontrar
Aquella persona que llenó mi corazón
¿Dónde podré hallarte?
¿Seré capaz de motivarme?
¿De convertir estas pasiones
En un acto de voluntad y amor?
Aquella dulce voz inundó la sala de teatro incluso asombrando a algunos espectadores. Era la prometida de Montserrat dijeron en las últimas filas. Era la obra de teatro por la cual Madeleine había competido por el papel. La pregunta de su ex mayordomo seguía en su mente pero no le impidió actuar. De puntas de pie y aun con ligeras cicatrices bailó como nunca lo había hecho, tan rápido como el ritmo lo decidía y tan espontaneo como debía ser. Derramó lágrimas cuando Justin interpretando a su personaje la dejó abandonada en ese campo de flores.
Se paró de pronto gritando.-Edward!, prométeme que volverás!. Dijo con la voz quebrada sujetando su brazo, estando descalza y con aquel vestido blanco roto.
Arthur observaba de un palco junto a Sir Islands y Lord Penwood. El sir parecía fascinado con aquella actuación de su hermana, la observaba ir y venir de lugar sus tonos altos y elevados. Había caído rendido en la trama de la obra. Cada escena y acto era hecho con una gran delicadeza y emotividad. Edward solo miró a la joven en lágrimas y se inclinó para besar su frente, marchándose de escena. Los ojos de Madeleine se abrieron de par en par cuando la nieve falsa comenzó a entrar en el escenario. No quería ser olvidada, aquel sentimiento volvió nuevamente en ella. Nieve, sus zapatos rotos y ser olvidada por el hombre que amó. Lloró más aún mientras aquel personaje se marchaba del escenario, trató de alcanzarlo sin estar consciente de sí misma tropezó con un poco de nieve falsa. No era parte de la obra pero los espectadores de pensaron que sí, e incluso el propio Arthur lo interpretó de esa forma.
-VUELVE POR MÍ!. Gritó con la voz quebrada y en lágrimas quedando en medio del escenario cayendo de rodillas.-NO ME OLVIDES!.
Justin antes de salir del escenario miró a la joven en lágrimas y simplemente creyó que había extendido un poco más su papel. Mientras que ella se abrazó a si misma sumergiéndose en un profundo llanto silencioso y con sollozos.
No me olvides, Walter
Abrazándose ella misma pasó a ponerse de pie mirando al público sin dejar de abrazarse ella misma. Los miró fijamente con sus ojos hinchados y el maquillaje fuera de lugar, la antigua actriz Brittany no había podido lograr hacer llorar a los espectadores con sus lágrimas.
Yo no puedo ser capaz de prometer
Pero sí de jurar que por ti esperaré
Nunca dejaré de mirar por la ventana
De que mis pies se congelen esperando
Por más que envejezca no dejaré de amarte
Siempre ese sentimiento permanecerá intacto
Solo te pido
Ámame
Reacciona y ve lo que soy!
Yo daré todo por ti
Sin importar las consecuencias
Solo te pido
No me olvides
¡Vuelve por mí!
En aquella última frase cantando en voz muy alta sin perder la afinación, abrió sus brazos de golpe hacia el público. Mientras que este se puso de pie estallando en aplausos, de un salto simplemente aquellas ovaciones llenaron el corazón de la joven otra vez. Flores cayeron a sus pies descalzos y de los palcos Arthur no aplaudió sino que se limitó a sonreír ante aquella gran obra. Sin embargo, por simple casualidad miró hacia el público de los palcos en el centro de uno, mirando directamente al escenario había una cara en particular. Abrió sus ojos de par en par, poniéndose de pie bruscamente.
-Arthur!. Llamó Sir Islands quién aplaudía junto a Sir Penwood.-Donde vas?.
El sir no respondió sino que pasó de caminar rápido a correr por los pasillos de los palcos. Llegó a la puerta de aquel que había observado repentinamente, sin tocar entró para ver la silueta de un joven alto y delgado. Parecía cansado y sus manos estaban vendadas con manchas de sangre.
Aún así aplaudía con fervor.
-Walter! Eres tú?!. Preguntó sin siquiera presentarse, mientras la silueta se giró levemente sonriendo.
Su cabello estaba largo pero parecía limpio pero no muy bien cuidado. Usaba un traje con un sobretodo negro, caminó hasta cruzar al Sir colocando su mano en su hombro. Incluso su voz era mucho más gruesa que antes.
-No le diga a Madeleine que estuve aquí por favor. Dijo en sencillas palabras marchándose, dejando al Sir aturdido mientras se escuchaban los aplausos aún hacia la joven quien sonrió entre lágrimas agradeciendo.
Extraño a Madeleine
Por más que nuestros caminos
Ya no vuelvan a cruzarse nunca más
Ella seguirá siendo mi motivación
Seguiré esforzándome,
Y no pienso olvidarte nunca
Si vuelvo a verte
Prometo que te abrazaré.
Muchas gracia Nadia, Aletse, Integral y Dark Espe por acompañarme en tan difíciles decisiones frente al fic. Espero que esto sea de su agrado, ya que ha costado muchos meses de trabajo, gracias de corazón. El ritmo de la canción que canta Madeleine en la obra de teatro es La Leyenda del Fénix Dorado, o mejor dicho OST 15 de Kaleido Star.
SIRCJ
