Disclaimer: Los personajes son propiedad de Stephenie Meyer, solo la trama es mía.
-Capítulo 13-
Jasper
El sábado fui a recoger a Alice y a Matt a las ocho y media, tal y como habíamos acordado el día anterior. También había hablado con mis padres para avisarles de que llevaría a unos invitados inesperados, y se alegraron al darse cuenta de que ya había hecho buenos amigos en Holland. Ni siquiera les mencioné que se trataba de una mujer y un niño de seis años porque sabía lo que sucedería: comenzarían a sacar conclusiones precipitadas y no me apetecía. A pesar de que Alice me gustaba mucho y de que estaba encantado con Matt, pretendía que nadie de mi familia se diera cuenta de ello. No aún, al menos. Me apetecía pasar cinco días tranquilo, con mi familia, y enseñándoles a Alice y a Matt algo de mi anterior entorno, pues esperaba que les entusiasmara.
– ¡Jasper, Jasper, Jasper! –fue el saludo de Matt una vez llegué a su casa y me bajé del coche para ayudarles a guardar las maletas en el maletero.
–Hey, Matt.
–Esta noche no ha podido dormir por la emoción –me comentó Alice en voz baja mientras abría la parte trasera de mi coche.
– ¿En serio? Pues yo le veo tan lleno de energía como siempre.
–Sí, es la ventaja de tener seis años –me aclaró con una risita cuando hubo guardado todo el equipaje.
Cinco minutos después todos estuvimos dentro del coche; Matt en el asiento trasero con un par de coches de juguete en las manos para entretenerse un rato, y Alice en el asiento del copiloto. Me habría apetecido saludarla con un beso pero era consciente de que la habría incomodado, más que nada porque Matt no sabía nada de "lo nuestro" y porque tampoco estaba seguro de cómo se lo tomaría, así que me limité a rozar los dedos de Alice con los míos en un saludo cariñoso y discreto, recibiendo una sonrisa tímida por su parte.
–Espero no encontrar mucho tráfico –comenté cuando salimos de Holland.
–Siendo sábado e inicio de las vacaciones de primavera... creo que tus súplicas no serán escuchadas.
Fruncí el ceño y suspiré, percatándome de que Alice tenía razón. Era muy probable que las tres horas que duraba el viaje se convirtieran en cuatro fácilmente. Por eso les pregunté a mis acompañantes si podía poner un poco de música y, al recibir respuestas afirmativas, eso hice. La puse a un volumen más bajo que alto para poder hablar con Alice y escuchar los tejemanejes que Matt se traía en el asiento trasero.
– ¿Cuánto hace que no sales de Holland? –le pregunté a mi acompañante.
–Mmm... sin contar nuestra cena en Georgetown, creo que un par de años.
– ¿En serio? –inquirí anonadado. Yo no sabía si sería capaz de permanecer tanto tiempo en aquel pueblo tan pequeño.
–En serio. No he tenido mucho tiempo, y tampoco tenía ningún lugar al que ir.
No lo comenté, pero era en aquellos momentos cuando se hacía palpable lo diferentes que éramos ella y yo respecto a ese tema. Alice se había criado en Holland y jamás había tenido ganas ni había sentido la necesidad de salir de allí. Yo, en cambio, y por mucho que me gustara Trinity, siempre había querido ver otras ciudades; había querido salir de la mía para explorar. Lo había hecho en muchas ocasiones y jamás me había arrepentido de ello.
–Bueno, pues ahora vas a pasar cinco días fuera de casa. Espero que estéis preparados para lo que os espera.
–Lo dices como si tu familia estuviera loca.
–Casi, casi. Mi cuñado está chalado, eso lo veréis enseguida, pero le queremos igual.
Alice se rió entre dientes y después se acomodó en el asiento, aprovechando el silencio para observar el paisaje por la ventanilla. Por el retrovisor pude ver que Matt se había quedado dormido en el asiento trasero y que intentaba acurrucarse colocando sus manos a modo de cojín contra la ventanilla. Sonreí levemente cuando un extraño pensamiento llegó a mi mente: cualquier persona que nos viera pensaría que éramos una familia que se iba de vacaciones; una pareja joven que tenía un hijo. Sacudí la cabeza y me concentré plenamente en conducir, diciéndome que no importaba lo que la gente pensara. Lo que importaba era la realidad, lo que realmente éramos: un par de amigos que viajaban con el hijo de uno de ellos. Ni más, ni menos.
Decidí parar a descansar cuando llegamos a Huntsville por más que nos encontrábamos a treinta minutos de Trinity. Tenía hambre y presentía que Matt y Alice también estaban hambrientos, por lo que aparqué el coche en el primer sitio libre que encontré.
– ¿Ya hemos llegado? –preguntó Alice frotándose los ojos. Al parecer ella también se había quedado algo adormilada.
–No. He pensado que sería una buena idea descansar un rato. Ir a estirar las piernas y a desayunar como Dios manda.
–Oh, qué gran idea –estiró los brazos mientras bostezaba y después se desabrochó el cinturón para mirar a Matt, que tenía los ojos entrecerrados. –Hey, dormilón, ¿tienes hambre?
El niño asintió en silencio e hizo el mismo gesto que su madre después de frotarse los ojos: estirar los brazos y bostezar. Después de que Matt se despertara del todo, los tres entramos en la primera cafetería acogedora que encontramos y desayunamos dos cafés para los adultos y una taza de chocolate para el peque acompañados por tres cruasanes de mantequilla calentitos.
–¿Estamos muy lejos de tu casa? –me preguntó Matt limpiándose con poco garbo los manchurrones de chocolate que tenía alrededor de la boca.
–No, a una media hora o cuarenta minutos como mucho. Cuando lleguemos a Trinity, tenemos que desviarnos del camino a la ciudad para llegar al lago.
– ¿Y el lago es muy grande?
–Bueno, es el segundo más grande enteramente dentro de Texas.
– ¡Guay! ¿Y te puedes bañar?
–Yo lo he hecho de vez en cuando, en verano sobretodo y cuando era más joven. Hay mucha navegación, eso sí, y también se puede pescar.
– ¿Podremos pescar?
–Pues... no sé si es temporada de pesca. Pero podemos preguntarle a mi padre, que es un aficionado y seguro que lo sabe.
Matt sonrió ampliamente y continuó frotándose la barbilla con la servilleta hasta que finalmente Alice optó por ayudarle un poco. Tras pagar la cuenta, los tres volvimos al coche para recorrer de una vez por todas la poca distancia que nos separaba de Trinity, así que en treinta y cinco minutos llegamos a la ciudad. Por el camino les enseñé la casa en la que había vivido desde mi infancia y en la que aún vivían mis padres, el colegio al que había asistido y algunos de los lugares que habían sido importantes a lo largo de mi vida. También pasamos por delante de la pequeña casa en la que había vivido con Lucy, pero eso no lo mencioné.
Cuando al fin comenzamos a bordear el lago, les indiqué que nos encontrábamos muy cerca de nuestro destino, y tras pasar un camino circunvalado por árboles, entramos en la zona de los Whitlock. Nada más ver la casa blanca de ventanas rojas y tejado oscuro en la que había pasado tantos buenos momentos sonreí, sintiéndome en mi hogar. Fue entonces cuando me di cuenta de lo mucho que había añorado todo aquello: el sonido de los pájaros planeando sobre el agua, el chapoteo de los peces en el lago y el olor de la naturaleza.
Aparqué el coche frente a la casa viendo que aparte del mío solo había un vehículo más, por lo que imaginé que de momento allí se encontraban únicamente mis padres.
–Ya estamos aquí –comenté con una amplia sonrisa.
– ¿Así que esta casa es tuya? –preguntó Alice observando detenidamente el edificio que teníamos delante.
–Bueno, de mis padres. ¿Os gusta?
– ¡Es genial! –exclamó Matt desabrochándose el cinturón y saliendo del coche como una bala.
Hice lo mismo que él, aunque no tan deprisa, y me fijé en cómo el niño curioseaba la gran casa por fuera y miraba anonadado el embarcadero que daba paso al lago Livingstone.
–¿Sabes conducir un barco? –me preguntó él con los ojos muy abiertos.
–Eh... la verdad es que lo he hecho alguna vez, pero no es uno de mis fuertes.
–Caray, cuántas sorpresas –comentó Alice dedicándome un movimiento interesante de cejas que me hizo reír.
–No lo sabes tú bien –le respondí en voz baja y dándole un toquecito cariñoso en la nariz con mi dedo.
–Oh, ¡pero si ya estáis aquí!
Me di la vuelta con rapidez cuando escuché la emocionada voz de mi madre, y me apresuré a llegar hasta ella para abrazarla con fuerza mientras la oía reír.
–Hola, mamá –le di un beso en la coronilla y estreché su menudo cuerpo con fuerza contra mí.
–Hola, cariño –colocó sus manos en mis mejillas y me miró detenidamente. –Estás tan guapo como siempre.
–En eso no voy a cambiar nunca –le seguí el juego antes de besarla también en la mejilla. –Mira, te presento a Alice –las acerqué hasta que ambas estuvieron cara a cara. –Una buena amiga de Holland.
–Jasper no me había dicho que iba a traer como acompañante a una chica tan bonita.
Sonreí pensando en que mi madre no tenía remedio.
–Oh, vaya, gracias –musitó Alice algo nerviosa y ruborizada. –Es un placer conocerla.
–Lo mismo digo pero, por favor, no me trates de usted. Puedes llamarme Esme tranquilamente.
Me alegró darme cuenta de que mi madre seguía siendo tan encantadora como siempre, por lo que rodeé sus hombros con mi brazo y la apreté contra mi costado.
–De acuerdo. Matty, ven a saludar, cariño.
El niño se acercó con cautela y se colocó al lado de su madre algo cohibido.
–Él es Matt, el hijo de Alice –recité.
–Hola, cielo –mi madre alargó el brazo para acariciarle la mejilla. – ¿Te gustan las galletas? Acabo de preparar una bandeja, y como de momento eres el único niño que tenemos por aquí puedes aprovechar para comerte unas cuantas.
– ¿En serio? –preguntó él emocionado con la idea, cosa que nos hizo reír a Alice y a mí.
–En serio. Vamos dentro y podrás comprobarlo por ti mismo.
Matt, ya más confiado, le dio la mano a mi madre y comenzó a parlotear de sus juguetes cuando ella le preguntó por los coches que todavía llevaba en las manos.
– ¿Te gusta? –le pregunté a Alice refiriéndome a la casa.
–Es estupenda. Parece muy cariñosa y se nota que sabe tratar a los niños.
Fruncí el ceño hasta que comprendí que se estaba refiriendo a mi madre, por lo que sacudí la cabeza entre risas.
– Oh, sí. Tuvo que lidiar con un par de mellizos tremendos y después con unas gemelas de lo más traviesas.
– ¿Tu hermana y tú sois mellizos?
–Sí. Rosalie es mayor que yo por pocos minutos, y siempre encuentra alguna ocasión para recordármelo.
Seguimos a mi madre hasta la cocina, donde Matt esperó impacientemente a que mi madre le hiciera un gesto en señal de que ya podía comerse las galletas, y después achiqué los ojos.
– ¿Dónde está papá?
–Estaba arreglando el motor del barco. Le apetece salir a navegar mañana.
– ¿Tenéis un barco? –preguntó Matt con la boca llena.
–No es muy grande, pero sí. Es el segundo amor de mi padre.
–Quizá es el primero y lleva treinta y dos años engañándome –bromeó mi madre haciendo reír a Alice, que se sentó al lado de Matt y probó una galleta.
– ¿Y cuándo vendrán los demás?
–Tu hermana, Emmett y las niñas al mediodía, e imagino que los demás por la tarde. Bueno –comentó mi madre dedicándole una sonrisa a Alice. – ¿Por qué no me contáis cómo os conocisteis?
.
.
Alice
Tras explicarle a Esme resumidamente nuestra historia, llegó el padre de Jasper, el señor Carlisle, que nos recibió a mí y a Matt con el mismo cariño y la misma calidez que su esposa. Le prometió a mi hijo que le llevaría a navegar si quería, y también me lo ofreció a mí, pero aún tenía que pensármelo. Jamás había montado en un barco y era muy probable que acabara pasando parte del recorrido vomitando, cosa que no se me hacía demasiado apetecible.
A continuación Jasper nos ayudó a subir las maletas y a colocarlas en la habitación que su madre nos había asignado, que constaba de una cama de matrimonio en la que dormiríamos Matt y yo, un par de mesillas de noche, un armario e incluso un pequeño cuarto de baño privado. Aparte de eso, estaba exquisitamente decorada con muebles elegantes y lustrosos y olía de maravilla, como a cítricos y a frescor.
– ¿Os gusta la habitación? –preguntó Jasper cuando Matt y yo nos sentamos en la cama para probarla.
–Es maravillosa. Estaremos perfectamente.
– ¿No estaréis muy apretados?
–Qué va. Esta cama es más grande que mi habitación, casi –comenté entusiasmada. –Además, Matt suele dormir conmigo a menudo.
– ¡Mamá! –protestó él con la cara colorada por que Jasper se hubiera enterado de que a veces no dormía solo como un chico grande.
–Bueno, no pasa nada, cielo – me defendí, pero me callé cuando escuché un gran estruendo en el piso de abajo seguido de unos cuantos gritos.
–Creo que ese que grita es mi cuñado –murmuró Jasper con el ceño fruncido.
–¿Por qué grita? –preguntó Matt con cautela, como si se estuviera preparando por si acaso tuviera que salir huyendo.
–Porque está chalado. Venid, os lo presentaré.
Matt me dio la mano y caminó casi pegado a mi costado, como si tuviera miedo, haciéndome sonreír. Bajamos las escaleras detrás de Jasper hasta que una figura grande, muy grande, nos cortó el paso.
–Pero si está aquí el hijo perdido –comentó con una voz grave, consiguiendo que mi hijo se escondiera detrás de mí.
–Hola, Emmett.
El hombre grande sonrió de repente con una sonrisa de niño pequeño con hoyuelos incluidos y rodeó a Jasper con sus brazos en un abrazo de oso tremendo.
– ¡Cuánto te he echado de menos, cuñado! –exclamó con una risotada mientras Jasper batallaba por liberarse de su agarre.
–Ojalá pudiera decir lo mismo –musitó él una vez que tuvo de nuevo los pies en el suelo mientras intentaba arreglar su arrugada camisa y su dignidad. –Alice, Matt, él es Emmett, por desgracia, mi cuñado.
–Sé que me adoras, Jasper, no disimules –intervino el aludido sin perder la sonrisa. Con un paso subió los dos escalones que nos separaban a mí y a Matt del primer piso y nos rodeó a ambos con sus enormes brazos. –Me alegro mucho de conoceros. Si sois amigos de Jasper, también sois amigos míos.
–Vaya, gracias. Yo también me alegro de conocerte. Matt, saluda, cariño.
Mi hijo asomó lentamente la cabeza desde detrás de mí cuando Emmett nos soltó y observó al hombretón con respeto.
–Creo que te vas a llevar muy bien con mis niñas –comentó el cuñado de Jasper dedicándole a mi hijo una sonrisa tranquilizadora.
Matt frunció el ceño.
–No me gustan las niñas.
Emmett volvió a reírse estruendosamente y le acarició la cabeza a mi hijo.
–Eso es lo que dices ahora, campeón, pero ya veremos si opinas lo mismo dentro de unos años. Oh, ahí están.
– ¡Tío Jazzzzzzz! –exclamaron a la vez las dos niñas rubias que entraron en el vestíbulo y que se abalanzaron sobre su tío en estampida.
– ¡Hola, muñecas! –Jasper las cogió en brazos a la vez y les llenó las mejillas de besos que las hicieron reír. –Pero qué guapas estáis, cada vez que os veo lo estáis más.
Observé detenidamente a las dos niñas y me fijé en que, efectivamente, eran idénticas y hermosas a pesar de que una llevaba un vestido verde y la otra naranja. Ambas tenían el cabello rubio y rizado, de un color muy parecido al de Jasper, mientras que sus ojos eran de color miel, contrastando así con la palidez de su piel.
–Eso es porque su madre las alimenta bien –intervino una voz femenina desde el marco de la puerta.
Parpadeé ante la belleza de aquella mujer que, a primera vista, parecía algo fría, y me apresuré a bajar con Matt los dos escalones restantes. Supuse que se trataba de la hermana de Jasper, Rosalie, y me di cuenta de que el color del cabello de sus hijas era igual al de su madre.
–No lo dudo, Rose –Jasper se acercó a ella aún con las niñas en brazos y se inclinó para abrazarla como pudo mientras la besaba en la mejilla. –Me alegro mucho de verte.
Ella sonrió cálidamente y, tras dejar a sus hijas en el suelo, lo abrazó con firmeza.
–Lo mismo digo, hermanito.
Acto seguido, Jasper nos la presentó a mi hijo y a mí e hizo lo propio con las niñas, Audrey y Claire, que al principio miraron ceñudas a Matt.
–Mira, cielo, ahora puedes jugar con ellas –intenté animarlo, recibiendo por su parte una mirada de incredulidad.
–Vamos al jardín, ¿quieres venir? –le propuso Claire, la niña del vestido verde, con los ojos brillantes y tendiéndole la mano, gesto que me enterneció infinitamente.
Mi hijo me miró a mí y después a Jasper, sin saber qué hacer, hasta que este le dio un empujoncito.
–Ve con ellas. Si te tratan mal me lo dices y les daré su merecido –nos guiñó un ojo a los presentes y después a Matt.
–Eh... vale –le respondió él a Claire, que aún lo esperaba con la mano tendida. –Pero no te voy a dar la mano.
–Bueno.
Me eché a reír entre dientes y negué lentamente con la cabeza mientras observaba a los tres niños saliendo al jardín.
–Espero que tengan cuidado con el lago –recordé de repente, preocupada.
–Tranquila, Audrey y Claire saben que tienen terminantemente prohibido acercarse al agua a menos que quieran estar castigadas de por vida –me informó Rosalie con un tono serio que perdió su formalidad en cuanto me sonrió.
Fue entonces cuando me di cuenta de que al final terminaríamos llevándonos bien.
¡Hola de nuevo! Ya hemos conocido a una parte de la familia de Jasper, y ya veis que los conocíamos a todos aunque aún no hubieran aparecido en la historia ;P Debo decir que adoro a Emmett y que espero que a lo largo de estos capítulos lo adoréis tanto como yo, jajaja.
Además, podéis relajaros un poquito porque estos capítulos van a ser bastante lights,aunque eso no impedirá que nuestra pareja...mmm... ¿cómo decirlo? avance inexorablemente en su relación (muahahaha).
Espero que os haya gustado el cap de hoy y que me lo digáis con esos reviews tan bonitos que soléis dejarme siempre :)
¡Hasta la semana que viene! Xo
