Resumen: En el fic Zutara completo más largo de este sitio, Iroh envía a Zuko y Katara en una búsqueda para prevenir la caída de la Sociedad del Loto Blanco. Deben encontrar a la Princesa Ursa, antes de que el otoño de paso al invierno. Un cuento épico de una legendaria historia de amor.

La caída del Loto Blanco

Capítulo 14: Valioso

Música: Two Steps from Hell, Atlantis


La oscuridad envolvía el corredor de la pequeña casa del Sector Alto, a excepción de un pequeño rayo de luz que escapaba de la puerta ligeramente entornada del despacho del general retirado. Un aroma débil a té de jazmín acompañaba el brillo dorado.

Dentro del despacho, el anciano estaba sentado detrás del escritorio, levemente inclinado hacia delante mientras estudiaba el sello de un rollo de pergamino ante él. La humedad de la taza de té se arremolinaba y a veces empañaba el vidrio de la lámpara de aceite, antes de desaparecer en la oscuridad.

Con cuidado, el General Iroh ajustó la intensidad de la lámpara y por un momento la llama parpadeó encima de él, proyectando sombras sobre las profundas líneas de su rostro. El sonido seco de un sello al romperse perturbó el pacífico silencio, seguido por el ruido susurrante del pergamino abriéndose. Dejó a un lado la cinta verde.

Sus ojos inteligentes recorrieron los caracteres con una expresión en cierta forma tensa en la cara que se suavizó a medida que leía la carta. Luego una leve sonrisa apareció en sus labios y asintió en aprobación.


Con calma, el navío de la Tribu Agua se arriesgaba entre unos cuantos icebergs que eran propios del mar sureño. Zuko y Katara estaban de pie junto a la barandilla, observando a los pingüinos saltar de las sombrías montañas flotantes. Ambos alzaron la vista cuando el capitán se les acercó y se inclinó respetuosamente.

-Cuando rodeemos aquel último iceberg, habremos llegado al puerto –señaló y miró a Katara velozmente y de reojo quién apenas inclinó la cabeza, mientras permanecía de pie junto a Zuko. Parecía penetrar los obstáculos blancos con la mirada azul y la mandíbula apretada. Los nudillos que se aferraban a la baranda se le habían puesto blancos. Inadvertidamente, Zuko apoyó la mano sobre la de ella. No reaccionó.

-La ciudad se ha vuelto esplendida, si puedo decirlo –añadió el capitán con cautela.

Sus palabras fueron reconocidas por el joven Señor del Fuego cuando alzó la vista y le dirigió una inclinación amable.

-Gracias, Capitán.

El capitán inclinó la cabeza pensativamente, y habiendo visto la mirada ligeramente preocupada, que solía ser más bien reservada, en los ojos del maestro fuego, de manera comprensiva se volvió para marcharse. En ese momento, la nave pasó el iceberg y el capitán se detuvo en su andar a ver a Zuko agrandar los ojos como platos ante el paisaje imponente que se desplegaba ante ellos.

Allí, contra una colina baja, se alzaba una ciudad magnífica de las infinitas planicies blancas del interior; brillaba cristalina a la luz dorada del sol otoñal. Vastos muros de hielo rodeaban la orgullosa ciudad fortificada. Detrás de esas paredes, incontables iglúes se extendían tan lejos como alcanzaba la vista. La ciudad increíble estaba coronada por un enorme palacio que consistía de varios iglúes grandes y pequeños. Dos enormes columnas enmarcadas por dos olas que sostenían el emblema de la Tribu Agua marcaban la entrada al puerto, que estaba custodiada por dos enormes estatuas de lobos polares que fulminaban con mirada amenazadora cada barco que pasaba entre ellos.

La Tribu Agua del Sur, reino de los maestros agua sureños, restaurada a su antigua gloria.

Silenciosas lágrimas corrían por las mejillas de Katara mientras contemplaba la ciudad con atención, su ciudad, ante ella. Sus ojos brillantes delataban los sentimientos en conflicto de orgullo, tristeza y felicidad bramando en su interior ante la vista impresionante.

La última vez que ella había visitado el Polo Sur, más de un año atrás, la ciudad todavía estaba en construcción y Appa había aterrizado inmediatamente en un patio del palacio. Pero ahora, alzó los ojos en silenciosa estupefacción mientras pasaban entre los enormes lobos polares que custodiaban la entrada al Puerto, el palo mayor apenas llegaba a la cruz (*) de los lobos.

Nunca en sus sueños más locos había imaginado que la ciudad podría superar su antigua grandeza y se le escapó un pequeño sollozo cuando se dio cuenta que tampoco había imaginado jamás que la ciudad se reconstruiría sin ningún aporte de su parte.

Katara se llevó las manos a los labios, tratando desesperadamente de retener las lágrimas que le escocían tras los ojos. Luego, la distrajo una mano cálida que tomaba la suya y la apretaba ligeramente. Sin alzar la vista, ella respondió a su gesto agarrándole la mano con firmeza.


Zuko se había sentido bastante ansioso por el momento en que pasaran el último iceberg. Y la vista de la capital de la Tribu Agua del Sur lo había dejado sin aliento. Su última visita al Polo Sur había sido más de tres años atrás cuando había asistido a la ceremonia de toma de posesión de Hakoda como Jefe de la Tribu Agua del Sur. Solo se habían levantado algunas partes de la ciudad hasta ese momento, incluyendo el edificio principal del nuevo Palacio Real. Por sobre todo, podía recordar los pesados y poco prácticos asentamientos de carpas y un escaso iglú que había encontrado cuando buscaba al Avatar. Pero ahora, estaba estupefacto ante la vista majestuosa de la ciudad cristalina alzándose de la nieve eterna, protegida por las intimidantes estatuas de los dos lobos polares que flanqueaban la entrada al puerto. Estaba extremadamente impresionado.

Cuando escuchó un ruido apagado provenir de su costado, Zuko aportó la vista del paisaje brillante frente a él y agachó los ojos. Katara tenía la mirada fija sobre la ciudad ante ellos y le brillaban los ojos con lágrimas sin derramar mientras luchaba por mantener las emociones bajo control. Con cuidado, él le tomó la mano como sostén; una sensación de calidez lo recorrió cuando ella ciñó el agarre como respuesta.

Zuko la observaba pensativo, mientras ella permanecía de pie junto a la barandilla. A pesar de las emociones que la atormentaban, mantenía la cabeza alta y la postura erguida. Irradiaba dignidad y fuerza sin desviar sus brillantes ojos azules de la ciudad adelante. Ella creaba una vista magnífica, a pesar de la discreta capa oscura que llevaba, y en ese momento él se dio cuenta que la última de las Princesas del Agua regresaba a la Tribu Agua.

En silencio, se retiró a un lado cuando el capitán del navío la Tribu Agua hizo el tradicional saludo Tribu Agua ante Katara, con una mano envolviendo la otra. Una expresión solemne apareció sobre su rostro envejecido y dijo:

-Bienvenida de regreso a la Tribu Agua del Sur, Su Majestad. Es un honor traer a casa a nuestra Princesa.


En el puerto se había reunido un grupo bastante numeroso de gente de la Tribu Agua a medida que el barco se adentraba más en el puerto y giraba para atracar. Con entusiasmo, señalaban a Katara mientras observaban al barco entrar al puerto. Sí, era su inmensamente popular Princesa, la maestra agua sanadora, además de la maestra y salvadora del Avatar, que regresaba a su patria tras una ausencia muy larga.

Zuko paseó la mirada sobre la muchedumbre, y descubrió la mezcla de parkas azules claras y oscuras, que se habían convertido en algo típico de la restaurada Tribu Agua del Sur. Muchos miembros de la Tribu Agua del Norte habían decidido seguir al Maestro Pakku al sur, para construir una nueva vida en su tribu hermana. Se distinguían por tener el cabello más oscuro, casi negro, y los pómulos más altos.

La masa de azules y pieles de la multitud sobre el fondo de la ciudad perfectamente blanca le recordó a Zuko de las enormes multitudes que siempre enfrentaba cuando hacia una visita oficial o de trabajo a algún lugar de la Nación del Fuego. Recordó la reacción de Katara a la bienvenida reverencial en la Aldea de la Llanura, y esperó que Katara pudiera lidiar con esta.

Entre la multitud que no les quitaba la vista de encima Zuko notó la llegada de un grupo pequeño de gente, que usaba ropa más finas que las de los que los rodeaban. Ellos los miraban aún con más atención.

En el instante en que los reconoció, notó repentinamente la ola elegante que se dirigía hacia la nave. Y mientras la multitud prorrumpía en vítores, la maestra agua que había estado a su lado hacia apenas un segundo, estaba ahora sobre una pequeña balsa de hielo que el agua transportó llevándola hacia el muelle. Una sensación de arrepentimiento atenazó el corazón de él al mismo tiempo que ella intentaba abrazar a su padre, su hermano, su abuela y a su abuelo al mismo tiempo; su mano se sentía vacía de repente.

Desde su lugar a bordo del barco, Zuko observaba la conmovedora reunión mientras el Jefe de la Tribu Agua del Sur abrazaba a su hija e inclinaba la cabeza, conteniendo los sollozos desesperados de ella.

La apariencia del Jefe había cambiado desde que se había convertido en el gobernante de la Tribu Agua del Sur. Dos trenzas con cuentas colgaban de su cabello castaño oscuro y usaba una parka ceremonial, parecida a la del norteño Jefe Arnook. Pero aún así, Hakoda seguía siendo la misma persona cálida, afable y amante de la diversión que Zuko había conocido de primera mano en la ahora cerrada prisión de la Nación del Fuego, la Roca Hirviente. Y en su primera visita oficial el año anterior a la Tribu Agua del Norte, había reconocido la diferencia entre Hakoda y el Jefe norteño, más frío y distante.

Sus ojos pasaron a la Jefa Madre, que le hizo señas a su hijo para que se apartara y así poder dar la bienvenida a su nieta. Zuko había llegado a conocer a Kanna, o Gran-Gran, como una persona severa pero amable que lo había perdonado hacía mucho tiempo por su irrespeto juvenil hacia sus mayores y por la casi destrucción de la aldea. La parka que usaba ahora era simple pero fina en comparación a aquella gastada que había usado en su primer encuentro. Una sonrisa de felicidad le iluminó el rostro cansado y anciano cuando Katara hundió la cara en su hombro, antes de volverse a Sokka quien fingió que no le gustaban los abrazos, pero que sin embargo devolvió cálidamente el abrazo de su hermana.

Sokka llevaba la misma clase de parka ceremonial que su padre y tenía una trencita de cuentas colgando de su sien ahora. Como Zuko en Omashu, el Príncipe del Agua estaba recibiendo bastante atención de los transeúntes femeninos mientras esperaba para darle la bienvenida a su hermanita. Pero, a diferencia de Zuko, Sokka sí notaba las miradas furtivas y las risitas ahogadas y guiñaba el ojo y sonreía de vez en cuando desde detrás de la espalda de Katara.

Zuko sonrió y sacudió la cabeza, pensando en la Nación del Fuego donde un palacio vacío era el escenario de su propia soledad. Y mientras observaba la conmovedora reunión familiar con una mirada melancólica deseaba poder ver a su madre descendiendo los anchos escalones de la entrada del palacio para recibirlo, las mangas largas de sus batas rojas agitándose cuando abriera los brazos para abrazarlo…

Finalmente, Katara se desenredó de los brazos de Sokka y se giró para hacer una respetuosa reverencia a su viejo sifu, antes de arrojar los brazos alrededor de Maestro Pakku también. Las facciones severas del Maestro se suavizaron y sonrió con afecto devolviéndole el abrazo a su nieta política. Al casarse con Kanna el anciano había migrado de la Tribu Agua del Norte a la familia real de la Tribu Agua del Sur, el único punto de azul oscuro entre los azules claros de su nueva familia. Bajo la influencia de ella se había convertido en un hombre mucho más tranquilo que la persona que Katara había conocido en el Polo Norte. Había devenido en un abuelo orgulloso que había desarrollado un gran cariño por su nieta política.

El Maestro Pakku también gozaba de la gran estima de la Tribu Agua del Sur. Era la persona que había dirigido la reconstrucción de la ciudad y había entrenado a su Princesa para que se convirtiera en la poderosa maestra agua que era.

La mirada de Zuko se dejó estar sobre las facciones severas y ligeramente de reproche del anciano: Maestro Pakku de la Tribu Agua del Sur, maestro de agua control miembro del Consejo del Loto Blanco. La persona cuyo consejo necesitaban en su viaje para salvar a la Orden del Loto Blanco. La persona que ahora le dirigía fugazmente una mirada fría y dura antes de corresponder el abrazo de su nieta. Eso le heló la sangre al joven.

Finalmente, Katara se enderezó y pareció ligeramente sorprendida de que la multitud vitoreara por su regreso. En el viaje por las montañas de Omashu Katara había mencionado que le gustaba más cuando Zuko la llamaba "campesina", pero en ese momento, se inclinó respetuosamente ante ellos, ya no dudaba como en la Aldea de la Llanura. Y el corazón de Zuko se llenó de orgullo, se alegraba de haber podido ayudarla a encontrar una manera de aceptar finalmente quien era, quien había sido siempre, se corrigió Zuko avergonzado. Hakoda siempre había sido al menos Jefe de una aldea y el líder de los guerreros de la Tribu Agua.

Sokka entonces alzó la vista y sus inteligentes ojos deambularon hacia el barco donde Zuko todavía estaba parado.

-¡Oye, Zuko! –La voz de tenor resonó por el puerto al saludarlo-. ¿Vas a bajar o qué?

Esto sacó a Zuko de sus pensamientos y con una inclinación de cabeza se dirigió a la plancha, siempre con la mirada fija de la multitud de la Tribu Agua sobre él. De inmediato, oyó su nombre zumbando alrededor mientras se acercaba a la Familia Real de la Tribu Agua.

Pero Sokka ignoró a los transeúntes dedicándole al maestro fuego una sonrisa de oreja a oreja de disculpa y lo palmeó en el hombro.

-Cielos, ¿nosotros éramos así de pegajosos?

Zuko le devolvió el rápido abrazo y la palmada en el hombro al Príncipe de la Tribu Agua, contento,

-¿Estás tratando dejarte crecer la barba? –Observó Zuko. Fijó los ojos sobre el vello hirsuto que cubría la barbilla del muchacho.

La sonrisa de Sokka se ensanchó.

-¡Sí! ¿Se nota?

Zuko rió ahogadamente.

-Con lupa -la sonrisa de Sokka decayó-. Como sea, ¿qué dice Suki de eso?

Sokka alzó el mentón, desafiante.

-Ella es la que lo sugirió. Dice que se vería bien el día de nuestra boda –entonces fue que su expresión derivó en una de entusiasmo-. El halcón mensajero anunciando su llegada vino de la Isla Kyoshi. Vieron a Suki, ¿no? Tienen que contarme todo sobre ella.

Zuko le sonrió con indulgencia a su perdidamente enamorado amigo.

-Por supuesto, pero déjame saludar a tu padre y abuelos primero.


Tan pronto como Katara llegó al palacio de inmediato dos criadas se la llevaron, pero Sokka guió a Zuko hasta el cuarto de invitados.

Era una habitación cómoda con pieles sobre la cama y el piso además de algunas que colgaban del techo. Había grandes almohadones azules delante de un fuego crepitante, que mantenía el cuarto en una temperatura agradable, sin riesgo de derretir las paredes.

-Hice que trajeran algunas de mis cosas aquí, para que las uses -le dijo Sokka y dio un vistazo alrededor, claramente tenía algo más que decir ya que permaneció en la habitación.

Zuko había dejado la mochila junto a la cama y ahora se estaba quitando la capa de lana mientras esperaba pacientemente que llegara la pregunta de Sokka. Estaba empezando a sospechar que dirección iba a tomar esa conversación.

El Príncipe del Agua balanceó su peso de una pierna a la otra y lo miró por el rabillo del ojo.

-Entonces… ¿cómo es viajar, solo, con mi hermana?

Zuko le devolvió la mirada, tenía una expresión cautelosa.

-Está bien, supongo. Katara y yo nos llevamos bastante bien. ¿Por qué preguntas?

No necesitaba que el charlatán Sokka supiera como su hermana ocupaba su mente más y más con cada día que pasaba. Por un momento, pensó en todas esas veces en las que ella se las había arreglado para acelerar sus latidos, algo para lo cual no estaba preparado siquiera para reconocerse a sí mismo.

-Mmm, por nada –respondió Sokka, mintiendo obviamente, y lo palmeó en el hombro, como despedida. Sus ojos azules, muy parecidos a los de su hermana, se entornaron hasta proyectar una última mirada escrutadora sobre Zuko, antes de dejarlo para que desempaque.

-Sokka –el nombre se le había escapado antes de que Zuko se diera cuenta siquiera.

El hermano mayor de Katara se volvió con una expresión constante en sus inteligentes ojos azules. Como hombre de la Tribu Agua, se había vuelto ancho y más robusto que Zuko pero su altura todavía era igual a la del Señor del Fuego. Los años de trabajar como urbanista para reconstruir la capital de la Tribu Agua y sus responsabilidades como Príncipe Heredero le habían dado una expresión más serena a sus rasgos cincelados.

Zuko se mordió la lengua y se maldijo por su momentánea debilidad, pero sabía que ya no se podía retractar. Y una parte de él ansiaba saber.

-¿Hakoda aprueba que Katara y yo viajemos juntos?

Trató de mantener una expresión indiferente lo mejor que pudo, no quería que Sokka viera la esperanza que no podía reprimir. Aunque no estaba seguro de haberlo logrado, porque Sokka sonrió con aires de suficiencia y contestó:

-Si quieres saber, tendrás que preguntarle tú mismo. Pero no veo por qué tendría algún problema con eso. ¿A menos que haya algo de qué preocuparse?

Sokka no esperó la respuesta, pero sonrió dejando rápidamente la habitación. Y Zuko lo observó marchar, confundido.


Había pasado mucho tiempo desde que Katara había estado tan feliz. Ella sabía que solo estaría allí por unos días como máximo y que quizás debieran irse al instante de hablar con su Gran-Pakku. Pero, todavía se sentía como si esa visita marcara el final de sus viajes sin propósito alrededor del mundo, indicando que finalmente regresaría a casa donde pertenecía. Por lo tanto, no importaba si iba a irse otra vez pronto, porque este viaje tenía un propósito, y un final.

Era también un viaje en el cual se sentía útil. Algo que no había sentido desde el final de la guerra tres años atrás. El objetivo era simple: encontrar a la madre de Zuko para salvar a la Orden del Loto Blanco. Pero después de viajar como un maestro aire por tres años, le daba una nueva perspectiva. Y su cansado corazón lentamente empezaba a abrirse a la mentalidad similar de su compañero.

Mientras le recogían el cabello en un rodete elegante y hábilmente hecho, los pensamientos de Katara volvieron al momento en que la nave entraba al puerto. Zuko había parecido notar que la estaban sobrepasando las emociones por el regreso. En silencio le había tomado la mano, ofreciéndole la seguridad que necesitaba en ese momento con tanta desesperación.

Agradecida, ella había ceñido el agarre sobre su mano y él le había rodeado los dedos protectoramente alrededor de los suyos, ofreciéndole una sonrisa consoladora cuando ella lo miró. Y cuando el barco empezaba a atracar en el muelle un pensamiento perturbador pero secretamente excitante se le había ocurrido: había sido un maestro aire el que le había mostrado el mundo, pero se necesitaba de un maestro fuego para traerla a casa.

Katara contempló atentamente el enorme espejo, sus propios ojos como platos le devolvieron la mirada a ella vestida con largas batas de seda parecidas a las que solía usar la Princesa Yue. De repente, sintió culpa por lo que estaba a punto de hacerle, hacerle pasar por eso otra vez. Pero él se lo había prometido y Zuko no era la clase de hombre que se retractaba, incluso si quería hacerlo.

Se dio cuenta que la necesidad de saber se había despertado cuando él había tocado el Cuerno Tsungi para ella, pidiéndole silenciosamente que entendiera. También sentía que la pregunta había abierto una brecha en la última pared de pie entre ellos y sabía que la respuesta cambiara su relación para bien. De qué manera, no lo podía comprender, pero aún así no tenía miedo.

Sin embargo, al girarse con el susurro de la seda, el terciopelo y la piel, sabía que, a pesar de las consecuencias, ella estaba lista para saber las partes finales faltantes de la vida de Zuko.


El iglú más grande en el corazón del Palacio Real de la Tribu Agua del Sur, rodeado por incontables iglúes más pequeños, estaba diseñado para albergar los grandes salones en los que el Jefe de la Tribu Agua del Sur llevaba a cabo los asuntos de estado. El salón del trono y el de baile estaban ubicados en esa parte del palacio, así como el gran salón donde se realizaban los banquetes.

El salón de banquetes estaba decorado con valiosas pieles que cubrían el piso y finos tapices bordados con brillantes tonos de azul e hilo de plata colgando de los altos techos brillantes. Brillaban a la luz del fuego que rugía.

Era en ese salon en el que el Jefe Hakoda había decidido que la familia cenara, en honor a la visita del Señor del Fuego, por más misteriosa que pudiera ser su discreta visita.

Tras su llegada con Sokka, Zuko se sentó en uno de los almohadones ricamente ornados que rodeaban la chimenea en el medio de la habitación. Reconocía el impresionante salón, que estaba a la altura de su propio salón de banquete en la Nación del Fuego, de la vez que había asistido a la toma de mando de Hakoda como Jefe de la Tribu Agua del Sur.

Todavía se acordaba del baile que había transcurrido después cuando Katara le había enseñado aquella danza Tribu Agua, un baile que secretamente ya sabía. Era la misma danza Tribu Agua que habían realizado durante el festival de la cosecha en la Aldea de las Llanura.

Bajó los ojos hasta el brillante plato ante él mientras recordaba el baile, hasta que Sokka lo distrajo al recordarle en un susurro su promesa respecto a Suki.

Katara fue la última en llegar a cenar. Zuko alzó la vista de su queda conversación con Sokka, cuando escuchó la suave disculpa a su padre. Entonces fue que se quedó sin aire.

Durante ese lapso de tiempo en que las dos criadas la habían secuestrado, la apariencia de Katara había pasado de ser una discreta compañera de viaje a una verdadera Princesa del Agua.

Le habían recogido la mitad del cabello hacia arriba y estaba prendido con una cinta de cuentas simple pero hermosa trenzada entre los brillantes rulos en un diseño intrincado. Un vestido de ceda azul cielo, bordado con gotas de plata, flotaba bajo una parka de terciopelo de una gama más oscura de azul, con el dobladillo de piel blanca.

Estaba tan hermosa que quitaba el aliento y Zuko estaba completamente sin palabras mientras recorría con los ojos su figura delgada, a la cual el vestido de seda e incluso la parka abrazaban muy bien.

La mirada de él finalmente se encontró con la de Katara y él la desvió al plato con rapidez; ella sonrió incómoda y se sentó sobre el almohadón que quedaba vacío a su lado. Se le habían coloreado las mejillas de un agradable rosa, y también fijó la mirada en el plato ante ella.

Él cerró los ojos para contenerse de echarle miraditas a Katara por el rabillo del ojo; Zuko esperaba en vano que Sokka no se hubiera percatado de su desconcierto ante la apariencia de Katara. Pero la risa ahogada que llegó desde su izquierda, no obstante, inmediatamente aplastó cualquier esperanza que pudiera haber tenido de haber escapado a la atención de Sokka. De Sokka y vaya Agni a saber quién más en la mesa se había dado cuenta.

Gruñó internamente, pero entonces también escuchó una risita a la derecha. Levantó la cabeza y se giró para repentinamente ahogarse en un par de brillantes ojos azules firmes en un rostro bronceado enmarcado con suave piel blanca.

-Nunca te había visto usando ropa de la Tribu Agua antes –le explicó Katara con una sonrisa de oreja a oreja, los ojos paseando por encima de su cuerpo. Estaba ligeramente decepcionada que la parka ocultara tanto de su figura tan bien tonificada.

Las prendas obviamente eran de Sokka, quien todavía tenía un gusto excesivo en ropa. Zuko tenía unos pantalones azul oscuro de piel de ante y la parka estaba adornada con piel colgando de los anchos hombros. También se había cambiado las botas finas y flexibles de la Nación del Fuego por un par más pesado de la Tribu Agua. Solos los brillantes ojos dorados, sobre pálidas facciones, y el cabello negro, que lo había recogido prolijamente hacia atrás en un rodete típico de la Nación del Fuego, delataba su proveniencia de esa nación. Formaban una extraña adición al atuendo de la Tribu Agua.

El color azul no se veía demasiado mal en él, meditó Katara por un momento y sintió que le palpitaba con fuerza el corazón cuando dejó la mirada posada sobre el ligero sonrojo que se formó sobre las mejillas en otro momento pálidas. Probablemente porque al fin estaba usando ropa abrigada debidamente.

Él le dedicó una mirada interrogante, ligeramente tímida, pero antes de que se le volvieran a colorear, Hakoda invitó a todos los presentes a cenar.

Por un momento, nadie habló y un silencio pacífico descendió sobre la familia y sobre Zuko mientras disfrutaban la comida. Entonces Hakoda alzó la vista y sonrió con calidez.

-Katara, Zuko, ¿querrían contarnos algo de sus viajes?

Katara y Zuko intercambiaron una mirada antes de que Katara, vacilante, comenzara a narrar sus experiencias en el viaje al Polo Sur. La mayor parte del tiempo Zuko asentía y a veces añadía algo. Para su alivio, Katara se reservó todo los momentos que habían pasado juntos, durante los cuales se habían hecho más cercanos de lo que pudieran haber imaginado alguna vez.

Todo ese tiempo, el Maestro Pakku había estado escuchando la seca enumeración de acontecimientos de Katara con una expresión escéptica en la cara. Pero, se había sofrenado de hacer preguntas, aunque claramente pensaba que había más en la historia que lo que Katara compartía con ellos.

-Y por eso vinimos a ver a Gran-Pakku –concluyó Katara y le dedicó a su abuelo una sonrisa adorable. De inmediato, la expresión severa se suavizó y unos finos labios se curvaron realmente hacia arriba como respuesta.

Al menos Katara sabía como manejar al viejo gruñón, pensó Zuko con un suspiro interno. Si tenía que ser honesto consigo mismo, no esperaba con ansias la confrontación con el representante del Consejo del Loto Negro, ya que siempre había temido al maestro agua un poco. Todavía recordaba la mirada dura que el anciano le había dirigido esa tarde.

Se atrevió a arrastrar la mirada hasta la encantadora apariencia de Katara y al mismo tiempo que asimilaba la cálida sonrisa sobre sus delicadas facciones, sabía que también temía la noche. Esta noche sería la noche en que tendría que responder a su pregunta, eliminando el último interrogante aún de pie entre ellos. Esta sería la noche en que ella probablemente le rechazara para siempre. Temía su herencia, y temía por sí mismo que cargaba su herencia con él. Y aunque sabía que no podía esperar lo contrario, todavía esperaba con todo su corazón que ella no lo hiciera.

Eso era si es que podía contarle, de lo cual no estaba seguro de poder. Cuando tocó el Cuerno Tsungi había sido fácil demostrar sus sentimientos a través de la música, pero contárselo realmente era algo totalmente diferente.

Nunca se lo había contado a nadie en realidad.

No había necesitado hacerlo antes; todos aquellos cercanos a él ya lo sabían y nunca hablaban de ello. El resto no había necesitado saber. Pero incluso Mai solo sabía los hechos y no se preocupaba por saber más. Era algo que pertenecía al pasado y pensaba que era mejor evitar el tema. A él no le importaba porque no quería discutirlo con ella de cualquier manera.

Pero él quería que Katara de alguna forma supiera. No solo los hechos, sino la historia completa. Él quería que ella supiera de la desesperación y la profunda pena, que entendiera la ira y el dolor. Era horrible y estaba seguro que ella no estaba preparada para afrontarlo. Ni siquiera estaba seguro si él estaba listo para enfrentarlo de nuevo o si estaba preparado para su reacción, es más. La reacción que con desesperación quería, pero no podía, prever.

Sabía que le hubiera dicho en las Catacumbas de Cristal si Aang no hubiera irrumpido a tiempo. Cómo había odiado a ese muchacho en aquel entonces. Lo había impulsado a ponerse de parte de Azula por la última vez en su vida; el estado vulnerable en el que Katara lo había dejado atrás lo hizo una presa fácil para su hermana. Y los recuerdos involucrando a su cicatriz habían quedado para siempre bajo una brillante luz verde.

Su reacción a la Dama Pintada le había recordado el hecho de que todavía no había superado lo que había pasado en ese entonces. Pero en la muchacha de la Tribu Agua sorprendentemente cálida al tacto, él había encontrado a alguien que realmente lo escuchaba, alguien que compartía con él el dolor de perder a una madre, que se había sacrificado por ellos, Katara y Zuko. Y él sabía que contárselo, a la chica de la Tribu Agua, valdría la pena.

Él había ansiado contarle desde aquel entonces, aunque se había contenido de sacar el tema. Pero cuando la pregunta, que ya había anticipado en las catacumbas de Ba Sing Se, finalmente llegó, decidió que era hora de responderla. Sin importar el dolor que le causaría. Pero aun así, le había pedido que esperaran hasta llegar al Polo Sur, sentía que el alrededor tranquilo y congelado tendría un efecto calmante sobre el recuerdo abrasador.

Vio la mirada de Katara destellar sobre él y supo que ella también estaba pensando sobre la inminente conversación. La idea hizo que se le fuera el corazón a los pies.

Luego el Maestro Pakku atrajo la atención de todos al aclararse la garganta y dejar los palillos.

-Debe haber sido por una buena razón que el Gran Maestro puso su fe sobre dos jóvenes, que no son siquiera miembros de la Orden del Loto Blanco, para la preservación de esa misma Orden –anunció, su voz vieja sonaba de alguna forma condescendiente- ¿Aprendieron algo valioso en este viaje tan largo? –su mirada severa fue de unos ojos dorados a los otros azules.

Zuko y Katara se miraron entre sí y ambos enrojecieron avergonzados preguntándose al mismo tiempo qué exactamente habían alcanzado hasta ese momento. Se les había presentado con una adivinanza que no podían resolver, habían conocido a un miembro de la Orden que no sabía nada, o eso había dicho, y la Dama Pintada los había enviado al Polo Sur sin demasiada explicación. Con desaliento, sacudieron la cabeza.

Pero mientras mantenían la mirada gacha avergonzados, los labios del maestro Pakku se curvaron en la más leve de las sonrisas, solo para desaparecer tras un velo de desaprobación una vez que ellos arriesgaron una mirada en su dirección.

-Bueno… en ese caso es claro que los aprendices del Gran Maestro todavía tienen mucho que aprender sobre la facultad perceptiva –su voz se oía fría, casi decepcionada. Se volvió hacia el Jefe, que había estado observando la escena con las cejas alzadas-. Con tu permiso, Kanna y yo querríamos retirarnos.

Hakoda se limitó a asentir, sin desviar la mirada de su hija y del joven Señor del Fuego que contemplaban fijamente sus platos con expresiones abatidas.

Por última vez, el Maestro Pakku se volvió hacia los viajeros mientras ayudaba a Kanna a levantarse.

-He estado planeando verlos a ambos esta noche, pero como veo la cosa los dejaré estar por ahora. Espero su presencia en el patio oeste mañana al mediodía. Usen el tiempo sabiamente.

Cuando Iroh terminó la carta, le brillaban los ojos de emoción; se recostó la silla y contempló el techo oscuro.

-Extraordinario –murmuró, antes de volver a coger la carta para releer los caracteres escritos impecablemente que describían la aparición de la Dama Pintada en el Templo subterráneo del Loto Blanco en la Isla Kyoshi. Luego sacó la ficha del Loto Blanco de la manga y la arrojó en el aire.

-Este viaje valdrá la pena después de todo.


N/A: ¡Y llegaron al Polo Sur! Por supuesto que no me pude resistir a vestir a Zuko con ropa de la Tribu Agua… ahora que llegaron Zuko finalmente le contara a Katara sobre su pasado.

Muchas gracias a todos por los reviews y por supuesto muchísimas gracias a mi beta Lieta!

Hasta el próximo capítulo, el cual promete convertirse en uno muy emocional…


NT: y para terminar el eterno agosto les traigó el capítulo 14 tras una serie de problemillas. Casi me peleó con fanfiction, jaja y nada, acá estamos... y fue más bien un capítulo de transición pero no por eso dejó de ser tan inicialmente Zutara, verdad? Espero que lo hayan disfrutado.

Y en otras noticias: ¡LLEGAMOS A LOS 100 ! ¡Champaña para todos! :D :D :D ¡Fiesta fiesta! Iupiiii *confetiportodoslados*

¡SON GENIALES! :)

¡Elizabeth (el review número 100 "real" ¡champaña y regalos para ella! gracias por leer y comentar!), funny-life (en teoría fue el pm numero 100, regalos para ella también), Heero Kusanagi, Valeria16, Bell Star, Rashel Shiru, Earanel y cassandramalfoy! ¡Gracias, gracias, gracias! ¡Esta traducción es por y para ustedes, así que... nada, espero sigan disfrutando de la historia!

¡Buen finde para todos!