Disclaimer: Ni la historia ni los personajes me pertenecen. La historia le pertenece a la autora Gigi256 y los personajes son de Richelle Mead, yo solamente me encargo de traducirla.
Capítulo 14 "Prostituta de Sangre"
En la mañana, después de haber acompañado a Vasilisa a su habitación y a tomar su desayuno dónde indudablemente Rose me relevaría para cuidarla, me dirigí de regreso a mi apartamento para alistarme para mi propio turno del día. Hoy estaría trabajando en turnos divididos monitoreando algunas de las clases matutinas, y después tendría que hacerme cargo de uno de los turnos de patrullaje en los dormitorios durante la noche. Estaba feliz por el fácil horario de hoy ya que también tenía que terminar algún papeleo y me beneficiaría descansar un poco ya que no había dormido mucho la noche anterior.
Pude ver los rumores empezando a correr temprano esta mañana. Estaba seguro de que la gente se había enterado del segundo ataque. Eso, más los eventos sucedidos durante la visita de la reina, eran más que suficiente para alimentar los rumores el día de hoy. Desafortunadamente, Vasilisa, y por ende Rose, eran el centro de ambas historias. Decenas de ojos las seguían durante todas sus clases. Había pensado que las clases de combate de Rose le ofrecerían algo de alivio, pero incluso ahí pude ver las miradas de soslayo e incluso algunos la señalaban directamente.
Me molestaba que ambas muchachas estuvieran siendo sometidas a tanta molestia, pero en su mayor parte Rose no parecía darse cuenta. Sabía que estaba al tanto de la atención no deseada, pero estaba dejando que esta se resbalara de sus hombros. Podía ver su "registro" de vez en cuando de la mente de Lissa para asegurarse de que estaba manejando bien las cosas, pero aparte de eso parecía despreocupada por todas las habladurías a su alrededor. Peleó bien en contra de sus compañeros usando algunas de las técnicas que le había enseñado para defenderse y vencer a oponentes más grandes.
Por un momento me sentí orgulloso, no solamente por lo bien que había adquirido sus habilidades en los entrenamientos, sino también por la manera en la que había estado actuando recientemente: serena y madura. Aún tenía sus momentos imprudentes al estilo Rose, pero la mujer que estaba viendo ahora era completamente diferente de la muchacha a quién había tenido que arrastrar de regreso a la escuela solamente un par de meses atrás. Esa Rose había sido como un fuego fatuo, una simple chispa podía encenderla completamente antes de que quemara a cualquiera que se interpusiera en su camino sin importarle las consecuencias. Ahora se asemejaba a un fuego controlado, aún tenía el potencial de ser letal, pero tenía dirección y propósito. Mostraba control cuando era necesario y usaba la fuerza cuando lo necesitaba. No la llamaría exactamente mansa, estaba lejos de ello, pero se estaba convirtiendo en alguien que sería considerada con respeto y admiración en lugar de miedo y desdén.
Aunque la mayoría de las clases que monitoreé eran clases para los dhampir novicios, mi clase final fue una especial para estudiantes Moroi. Lissa se sentaba cerca del frente del salón, tomando notas diligentemente y escuchando la lección. Era una clase de poesía antigua y aunque reconocí algunos de los viejos clásicos rusos citados, era algo que difícilmente atraparía mi interés. Pasé la mayor parte de la clase en guardia al fondo del salón y perdido en mis propios pensamientos errantes. Me di cuenta de algo en particular. De alguna manera, parecía haber menos burla alrededor de Lissa. No me malinterpretes, aún había bastante, pero pensé que sería más obvio aquí. Los estudiantes Moroi solían estar más enfocados en las políticas escolares y los rumores que las formaban que los novicios. Además, aunque parecía que los nombres de Rose y Lissa siempre estaban conectados el uno con el otro, Lissa debería haber sido el mayor centro de atención, no Rose. Aunque esto no me perturbaba demasiado. Sabía que Rose preferiría que Lissa se ahorrara cualquier atención desagradable, y yo estaría de acuerdo con ella. Lissa aún era demasiado frágil, incluso si hoy estaba actuando de una manera muy valiente.
Después de que la clase terminó, seguí silenciosamente a Lissa a la cafetería para la hora de almuerzo. Me mantenía a cierta distancia para no llamar la atención sobre ninguno de los dos. Aunque odiaba la idea de no confiar plenamente en los otros guardianes y personal de la escuela, la verdad era que no nos encontrábamos más cerca de encontrar a la escoria de la noche anterior. Era posible que no pudiera vigilar a Vasilisa cada momento de cada día, pero sí quería estar para ella tan a menudo como fuera posible. Esperé dentro de las puertas de la cafetería hasta que se encontró con Rose, quién sabía era más que capaz de cuidarla durante lo que restaba de la tarde. Entonces salí en dirección a la oficina de los guardianes de la escuela para recoger los registros de las entradas de las últimas semanas para llevármelos a mi apartamento y comenzar a buscar posibles sospechosos.
Después de mi propio almuerzo, no me encontraba más cerca de resolver el misterio de lo que lo estaba en la mañana. No había ni siquiera dos visitantes que coincidieran. Sabía que hacer esto era casi como caminar a ciegas, pero había tenido algo de esperanzas ya que hubiera sido mucho más fácil interrogar a cinco personas más o menos que a la población escolar entera. Una vez que mi mente alcanzó su límite respecto al tema, al menos por el momento, programé la alarma de mi teléfono y traté de tomar una pequeña siesta. Solamente tenía unas dos horas antes de mi práctica con Rose, pero a pesar de mi fatiga física y mental, me encontré a mí mismo desando su compañía.
Nuestras sesiones de entrenamiento habían comenzado a ser una especie de respiro para ambos. Aunque su charla ociosa y a menudo sarcástica me molestaba demasiado cuando comenzamos nuestra rutina, ahora se había convertido en una broma mutua que hacía que el tiempo pasara más rápido e incluso aliviaba parte del estrés causado por nuestros horarios ocupados. Ambos parecíamos relajarnos más durante nuestras sesiones de entrenamiento que durante cualquier otro momento. Todavía tenía dificultades para considerar a Rose como una amiga, ya que sabía que esto suavizaría la estricta relación mentor-estudiante que se suponía que debíamos compartir, pero también era cada vez más difícil no admitir que ella era lo más cercano que había tenido a un amigo real desde la muerte de Iván. He tenido compañeros de trabajo y conocidos, pero nadie con quien me sintiera cómodo compartiendo algo más allá de unas cuantas bromas superficiales. Rose parecía hacerme sentir bien y me permitía abrirme más de lo que lo había hecho en años. En realidad ahora disfrutaba de nuestras conversaciones.
Pero no hoy aparentemente.
Quizás debería haber notado que algo estaba mal cuando llegó temprano, pero realmente no me pareció que no era la misma de siempre hasta después de nuestra carrera, y ya habíamos estado practicando casi 15 minutos. Había estado contestando todas mis preguntas con monosílabos o con una simple palabra. Al principio pensé que tal vez estaba cansada. Se veía bastante normal esta mañana, incluso aunque estuviera extrañamente desconcentrada. Ahora, se veía… distraída. Podía verla poniendo más fuerza de la necesaria en cada golpe, era como si estuviera luchando por ganar alguna clase de control. Había tenido una reacción similar después del primer ataque. Pero también era diferente de alguna manera. No estaba tratando de lastimarme a mí, sino a ella misma. Sus técnicas eran descuidadas y estaban causándole más dolor.
—¡Rose! ¡Mantén tu muñeca recta, vas a lastimarte!
Lo único que me indicó que me había escuchado fue una breve vacilación antes de continuar con la combinación de movimientos en la que estábamos trabajando. De repente, comenzó a golpear el blanco en mi mano con una técnica casi perfecta. No solamente había corregido la posición de su muñeca, también había corregido casi todos los otros puntos débiles de su postura. Una luz roja se encendió en mi mente, ella estaba haciendo esto a propósito.
Cambié al entrenamiento con pesas esperando que no se lastimara a sí misma, pero incluso ahí me di cuenta que estaba forzándose a sí misma más de lo que debería. Sabía que debería decirle algo, pero no sabía qué. Cada vez que le hacía una pregunta y trataba que se abriera conmigo, solamente me respondía con monosílabos. Y si contestar con un monosílabo era imposible, simplemente me ignoraba y no contestaba nada. Después de solo 20 minutos en las pesas, la detuve por su propio bien. Estaba tentado de simplemente darle el resto de la tarde libre… pero tenía una sensación en la boca del estómago de que eso era lo último que ella necesitaba. En cambio, decidí ofrecer mi propio cuerpo como saco de boxeo. Combatimos.
Solamente una vez que comencé a luchar con ella, pude darme cuenta de lo realmente inestable que se encontraba. Podía sentir su tensión literalmente mientras le hacía un candado al brazo. Derribarla fue casi demasiado simple el día de hoy. A pesar de todo esto, pude ver como se relajaba más con esto que con cualquier otra cosa que habíamos hecho durante la práctica, así que silenciosamente la dejé atacarme. Todo lo que hice fue prepararme para recibir sus golpes.
Con un gruñido feroz, me lanzó una patada que fue más salvaje de lo que pretendía y antes de que hiciera contacto conmigo, Rose cayó al suelo. Había sido derribada por su propio desequilibrio. Esta vez no se levantó.
La observé mientras permanecía ahí inmóvil por un minuto. Estaba a punto de revisarla para ver si se había hecho más daño de lo que había pensado inicialmente cuando de repente comenzó a golpear la colchoneta varias veces. Finalmente, se sentó con su cabeza apoyada sobre sus brazos que descansaban sobre sus rodillas dobladas.
Volteó a verme, por primera vez, mientras su respiración se estabilizaba, y lo que vi me congeló. Esta no era la joven novicia protectora y enfocada de la noche pasada. Esta no era la muchacha despreocupada que había visto interactuar con sus amigos en la academia. Ni siquiera era la niña salvaje y agresiva que había conocido en Portland. No, esta era una chica… rota. Era cómo un pequeño ciervo cegado por las luces de un camión, asustado y perdido. Por un segundo pareció como si estuviera a la orilla de un acantilado, y supe que tenía que tratar de alcanzarla para alejarla de allí, pero no lo hice.
Miró hacia otro lado, se puso de pie, y salió del gimnasio sin una palabra.
Y yo la dejé irse.
Aún me encontraba de pie en el mismo lugar tres minutos después antes de recoger finalmente mis cosas y dirigirme hacia los vestidores. Mi mente aún seguía hecha un caos mientras me encontraba en la ducha, y continúe aturdido mientras me dirigía hacia el salón de guardianes.
Estaba tratando de llenar algunos reportes sobre el progreso de nuestras seciones de entrenamiento pero estaba desconcentrado. Afortunadamente, no era necesaria demasiada energía mental para este tipo de reportes. Más sin embargo me tomó mucho más tiempo del necesario, pero aún tenía tiempo antes de mi siguiente turno. A cada rato mi mente volvía a Rose y a la mirada en sus ojos. Sabía que los eventos del día anterior no eran los causantes de tanto dolor y sufrimiento. Algo más había sucedido, pero no sabía qué. Estaba tan pérdido en mis propios pensamientos que casi brinco cuando Alberta se sentó enfrente de mí.
—¿Cómo está? —preguntó gentilmente. Me sorprendió el hecho de que la mujer enfrente de mí pudiera parecer mortal o maternal, dependiendo de su estado de ánimo.
—¿Quién? ¿La princesa? Aún se encuentra bastante frágil, pero creo que está bien dentro de lo que cabe y dadas las circunstancias. —Después de lo sucedido el día de ayer, creía que Alberta aún seguía preocupada por ella—. Parece ser que los rumores ya están circulando, pero no han habido amenazas directas.
—No estoy hablando de Vasilisa. —Su tono de voz decía que esto era obvio, y me di cuenta que me había perdido de algo—. Me refiero a Rose… ¿cómo está Rose?
Fruncí el ceño y me pregunté a qué se referiría exactamente. No quería dar demasiada información acerca de su actual estado anímico cuando ni siquiera yo mismo lo entendía—. Está… distraída después del incidente del conejo. Por otra parte su entrenamiento va muy bien, incluso mejor de lo que nos habíamos imaginado.
Soltó un suspiro de frustración y supe que había contestado mal de nuevo.
—Bien. —Junté los papeles frente a mí y la miré directamente. Odiaba compartir con alguien más la extraña actitud de Rose, pero confiaba en la Guardiana Petrov y sabía que se preocupaba por ella tanto como yo. Tal vez ella pudiera darme alguna idea de lo que estaba sucediendo—. Está actuando… raro. Realmente ni siquiera está actuando. Toda la práctica estuvo callada y parecía estar cerca del punto de ruptura. No lo entiendo, parecía estar bien esta mañana… pero en nuestra práctica vespertina, era como si no estuviera ahí. No sé que le sucedió, nunca la había visto así.
De repente, pareció como si la comprensión iluminara los ojos de Alberta—. No lo sabes, ¿cierto?
—¿Qué? ¿De qué habla?
—Dimitri, han habido algunos... rumores circulando por la escuela.
Estaba seguro que la confusión era evidente en mi rostro—. ¿Acerca de lo que sucedió anoche?
—No.
—¿Entonces de qué? No es la primera vez que Rose ha sido el centro de atención de rumores tontos en la escuela. Nunca antes le habían afectado.
Bajó la vista—. No de esta manera. —Hice una pausa y ella continuó—. De alguna manera, alguien descubrió lo que Rose y Lissa hacían mientras estuvieron fuera. Acerca de cómo Vasilisa… sobrevivió.
Escuché mi respiración deternerse abruptamente. Cuando dijo "sobrevivió" se refería a "alimentó." Pero… ¿cómo?, se suponía que ese reporte era confidencial, precisamente por esta razón.
—Desafortunadamente, eso no es todo. Después de que esos rumores comenzaron a circular, algunos estudiantes Moroi decidieron añadir más cosas a la historia. Los estudiantes Moroi masculinos.
De repente todo encajó—. ¿Cuáles estudiantes?
—Principalmente, Jesse Zeklos y Ralf Sarcozy. Hubo una confrontación en la clase del Sr. Nagy, pero Rose se fue de la clase sin agredir a nadie.
Podía sentir la vena de mi cuello pulsando. Tenía los puños apretados sobre la mesa. A pesar de que sabía que los rumores no eran ciertos… esto era lo qe me había preocupado. No importaba si ellos estaban mintiendo, una vez que alguien era etiquetada cómo una prostituta de sangre, siempre era vista como una. Ella sabía esto. De repente el dolor, el miedo, el precipicio de desesperación en el que estaba parada… todo tuvo sentido.
La rabia que había sentido esa noche en ese salón había regresado. Quería estragunlar a esas basuras, pero no podía.
—Dimitri, —devolví mi atención a Alberta—. Rose necesita a alguien en quien confíe, necesita a alguien con quien hablar. Te necesita a ti.
Pero no sabía que decirle. ¿Cómo podía mejorar esto? —Tal vez usted es la más indicada para hacer eso.
—No lo creo Guardián Belikov. La he conocido toda su vida, la veo como a una hija, pero tú tienes una conexión especial con ella que nunca antes había visto. Ella confía en ti, necesita a su mentor.
Permanecimos sentados un momento más antes de que aceptara la tarea con un rápido asentimiento. Aún no sabía que decirle, pero tal vez pudiera aliviar un poco de su dolor. Mi turno en los dormitorios de los novicios era en unos cuantos minutos, pero antes de eso fui a buscar rapidamente a Lissa.
—Princesa, ¿sabes dónde está Rose?
—No, no la he visto desde nuestra última clase. Está molesta, realmente molesta. Supongo que está en su habitación.
Miré alrededor un momento antes de tomar su mano—. Ven conmigo.
Abrí la puerta de las escaleras traseras y la empujé adentro sin que nadie mirara. El toque de queda ya estaba cerca, era muy tarde como para sacarla por la puerta delantera—. Diríjete al piso de Rose, pero permanece en las escaleras. Estaré ahí en un momento.
Asintió y comenzó a bajar las escaleras. Solamente tenía ocho minutos antes de que mi turno comenzara. Entré por la entrada principal y corrí escaleras arriba hacia la habitación de Rose.
Vacilé antes de tocar. Podía oírla sollozar detrás de la privacidad de su puerta. Inhalé profundamente y toqué tres veces.
—Un momento. —Su voz se rompió y con ella mi corazón. Abrió la puerta un momento después y pude ver lo que había estado haciendo. Sus nariz estaba rosa y sus ojos estaban inyectados en sangre. Incluso sus mejillas estaban cenizas por la sal de sus lágrimas. Aún llevaba la misma ropa que traía en la práctica. Su cabello era un desastre y estaba enredado. Había estado llorando durante horas.
Lo único que quería hacer era tomarla entre mis brazos. Quería cerrar la puerta detrás de nosotros y aislarnos del resto del mundo. Quería sostenerla y decirle que todo iba a estar bien. Quería acariciar su cabello y ser su fuerza por un momento. No sabía por qué, pero era verdad. Quería estar ahí para ella.
Tal vez lo hubiera hecho si Lissa no hubiera estado esperando por nosotros.
—¿Estás bien? —Ya sabía la respuesta. Por supuesto que no lo estaba. Nunca la había visto tan deshecha. Estaba familiarizado con chicas llorando; tres hermanas me habían proporcionado bastante experiencia. Sin embargo, con Rose era diferente. Sabía cuanto se esforzaba por ser fuerte. Sabía que el dejarme verla de esta manera la estaba matando. Incluso ahora estaba tratando de ocultar su rostro de mí. Un rostro que era demasiado hermoso para estar estropeado por las lágrimas.
—Eso no importa, ¿recuerdas? —Me miró y esas horribles palabras que le había dicho volvieron para golpearme en la cara. No importa cómo me sienta, no importa cómo nos sintamos ninguno de nosotros. Pero sí importaba, me importaba a mí.
Después de un momento habló de nuevo—. ¿Lissa está bien? Esto debe de estarla afectando bastante.
Hice una mueca. Incluso después de que su reputación fue cuestionada, burlada, destrozada, y pisoteada… estaba preocupada por Lissa. Recordé algo más que dije esa noche: Piensa en Lissa. Tú misma te haces ver barata… todo esto se reflejará en ella… en mí. Ahora sabía por qué había estado evitando mirarme a los ojos durante la práctica. Estaba avergonzada y sentía que me había decepcionado. Desearía poder regresar el tiempo y tragarme cada palabra dura que le había dicho. No podía soportar que esa parte de su dolor fuera por mí culpa.
A pesar de esto podía ver que estaba genuinamente preocupada por Vasilisa. Tanto, si no es que más que por sí misma. Podía haber cometido muchos errores, pero al menos había hecho una cosa bien—. Vamos.
Me siguió sin hacer preguntas, pero cruzó sus brazos enfrente de ella a modo de escudo.
Abrí la puerta de la escalera trasera y la empujé suavemente a través de la puerta con una simple advertencia—, cinco minutos. —Se veía confundida pero se relajó en cuanto vio a Lissa y lanzó sus brazos alrededor de su mejor amiga. Cerré la puerta.
Mientras montaba guardia sobre su lugar de escondite, encendí mi radio y me reporté para el inicio de mi turno. Después de unos cuantos minutos más golpeé suavemente en la puera y asomé la cabeza para interrumpir su conversación—. Tienes que volver adentro Rose, antes de que alguien te encuentre. Lissa, ¿crees que puedes regresar a tu dormitorio sin problemas? ¿Quieres que te llame a un escolta?
Lissa volteó a verme por un segundo—. No, no se preocupe por eso Guardián Belikov. Estaré bien. —Miró a Rose una vez más antes de dirigirse al pie de las escaleras—. Yo me encargaré de todo esta vez Rose. De todo.
Rose se veía un poco mejor que antes, aunque aún se veía preocupada. Puse mi mano en su hombro mientras la acompañaba de regreso a su habitación. Cuando llegamos a su puerta se dio la vuelta y me miró con gratitud, aunque aún podía ver la tristeza en sus ojos.
Resistí las ansias de abrazarla, en lugar de eso solamente le abrí la puerta. Justo antes de cerrarla detrás de ella… sonrió. Valió la pena romper las reglas por esa sonrisa.
Pasé el siguiente par de horas patrullando los dormitorios de los novicios, y sabía que había pasado más tiempo del necesario en el cuarto piso del area femenina. Cada vez que pasaba por su habitación presionaba mi oreja contra su puerta para revisar como estaba. Las primeras veces podía oírla sollozar. Finalmente, en mi quinta ronda, su habitación estaba en silencio. Se había quedado dormida, y rezé por qué encontrara un poco de paz en sus sueños esta noche.
¡Hola! ¿Qué les pareció este capítulo? Yo me enamoré aún más de mi Dios Ruso. Es tan lindo, y ya podemos ver esos sentimientos empezando a nacer aunque él no quiera reconocer lo que siente.
Muchas gracias por todos sus reviews, me animan a seguir traduciendo. Ya nos falta menos para los 200 reviews, y menos capítulos para llegar al desenlace.
Cuídense y nos leemos el martes.
