Hola! Y mis musas siguen activas, señoras y señores! Eso es bueno, muy bueno.
Muchas gracias por sus reviews a: Ana Guirola, arolin . alcantara, tysha, Annykzhenn, Pam Malfoy Black, Isela Malfoy, Cignus Black, ivicab93, lizzielpz, Sara Magu, espiroket, MissMalfoyGranger05, Alleejjaa, Fangirl's pride, Tayler-FZ, Sally Elizabeth . HR, Monsther Malfoy, RosebellaCullen, Shikara65, CarolineRuiz, Luna-Maga, bellezakarla, Emdreams Hunter, anabel Malfoy, Toka, stphie, Brenda Nott Hgo, pudin-chan'y'cherry-chan, Andrea . allam, MarianaOjeda1, MRS Taisho-Potter, abril p, cannismalfoy, y 2 Guest que dejaron review sin poner su nombre.
De verdad que aprecio mucho que se tomen el tiempo de decirme qué les parece la historia, conocer sus opiniones y reacciones.
Como ando escasa de tiempo, no he podido responder uno por uno sus reviews. Sin embargo, consideré que ustedes preferirían muchísimo más tener un nuevo capítulo escrito y publicado, así que ¡a leer!
Capítulo 14
Draco entró en el apartamento de Hermione, en el mismo momento en que Damiana Weasley se abalanzaba sobre ella. Con el corazón lívido de horror, Draco sacó su varita y se abalanzó hacia ellas, con mil preguntas en su cabeza: ¿Cómo localizó el apartamento de Hermione? ¿Cómo hizo para burlar a Potter? ¿Cómo derribó las protecciones que tanto Potter como él mismo habían colocado en la chimenea y el apartamento de Hermione? ¿Cómo demonios había burlado a los Aurores que se suponía la tenían bajo custodia en el hospital?
—¡Quédate donde estás! —Le gritó Hermione.
Draco frenó en seco, pero Damiana se había vuelto hacia él. Y entonces para su sorpresa, Damiana se transformó en Voldemort. Hermione empalideció y Draco comprendió lo que estaba sucediendo.
—¡Ridikulus! —dijo convirtiendo el Voldemort-boggart en una carpa de circo.
Hermione movió su varita y encerró el boggart en un baúl. Ella respiraba con dificultad, como quien se ha estado ejercitando por horas y recién se da un descanso. Draco estaba estremecido, de pie todavía a varios pasos de la chimenea y le dedicó una mirada asesina.
—Dime que no estás haciendo, lo que creo que estás haciendo —le dijo él con voz tan en calma, que Hermione supo que Draco estaba haciendo todo lo humanamente posible para no estallar de furia.
—No sé qué es lo que tú crees, pero estoy practicando con un boggart para superar mi fobia a Damiana Weasley —le respondió ella con voz segura y cruzándose de brazos frente a él.
—Por los cojones de Merlín… —exclamó Draco y con expresión cansada se frotó el puente de la nariz.
—¡Ay no te pongas así!
—¿Y cómo quieres que me ponga Hermione? Primero me pegas el susto de mi vida y ahora resulta que yo soy el exagerado. Una advertencia no hubiera estado de más. Gracias.
Hermione sabía que Draco tenía razón. Si hubiera pasado a la inversa, seguramente ella también estaría muy enojada.
—Lo siento —dijo al fin con un suspiro—. Sé que debí advertirte lo del boggart, pero pensé que terminaría más temprano y que cuando vinieras ya habría finalizado con esto.
Draco suspiró resignado y se acercó a abrazarla. Hermione era testaruda y cuando se enfocaba en algo, no había poder ni muggle ni mágico que la hiciera cambiar de opinión. Ella enterró su rostro en su pecho y se abrazó a su cintura. Ella inhaló ese aroma tan de Draco. Era una sensación nueva pero a la vez, ella comenzaba a acostumbrarse a su cercanía. Se sentía tan bien no andar reprimiendo sus sentimientos.
Ella estaba con su cabello recogido en una coleta, pero aún así su cabello alborotado le hizo cosquillas a Draco en el rostro. Él primero le dio un beso en la coronilla y luego, empujó uno de sus hombros para instarla a levantar el rostro. Se dieron un pequeño beso en los labios. Ella le sonrió feliz.
—¿Qué tal las cosas en el hospital? —preguntó ella, separándose de él para sentarse en el sofá.
Draco gruñó con cansancio mientras se quitaba la túnica de Sanador y la colocó sobre el respaldo de uno de los sillones laterales. Luego se acomodó junto a Hermione y pasó su brazo sobre sus hombros atrayéndola hacia sí. Él había tenido que quedarse unas horas más después de su turno, siempre por cosas relacionadas al caso Weasley y Hermione se había retirado a su apartamento acompañada de Harry.
—Complicadas —le respondió Draco—, pero estamos cada vez más cerca de terminar con este caso. Acabo de salir de la reunión con la comadreja y sus padres. Les explicamos la situación...
Hermione lo vio expectante, sentía curiosidad por la reacción de los Weasley.
—… y claro, la comadreja siendo la comadreja, se exaltó un montón, sacó a bailar a todos mis ancestros, diciendo que todo era un complot Malfoy para hundir el buen nombre de los Weasley en el fango.
A Hermione, esa reacción de Ron no le extrañaba nada. Draco continuó:
—El Sanador Andrews lo calló de tajo cuando le preguntó si creía que los Sanadores en jefe de San Mungo tomaban decisiones médicas serias, basándose solo en rivalidades de colegio entre un sanador en prácticas y el padre de una paciente. No voy a negar que esa aclaración de Andrews escoció un poco —se volvió hacia Hermione y le dijo en un tono conspirador—: es cierto que tú y yo todavía estamos especializandonos, pero no somos cualquier Sanador residente, estamos muy por encima de la media —Hermione soltó una risa divertida—, pero eso tuvo la virtud de cerrarle el pico.
—Se nota que Ron no ha cambiado nada —reflexionó Hermione.
—Nop. Sigue siendo el mismo imbécil del colegio —afirmó Draco. Exhaló con cansancio y dejó caer su cabeza hacia atrás, apoyándose en el respaldo del sofá, con los ojos cerrados. Demonios, sí que se sentía fundido
—¿Arthur y Molly?
—Si no me hubieras contado las actitudes de mamá-comadreja hacia ti, quizás le habría tenido un poco de compasión. Pero no. Sin duda estaban los dos muy consternados, sobre todo cuando vieron las múltiples evidencias, los vídeos y todas las pastillas recuperadas por las enfermeras de la misma boca de la pequeña. Pero ellos se merecen toda la culpa y remordimiento que puedan sentir en este momento —dijo Draco, mostrando una severidad que sorprendió un poco a Hermione.
—Draco… —comenzó Hermione.
—Ah, no —la interrumpió él adivinando sus palabras y sobre todo, adivinando la intención detrás de ellas. Se irguió de nuevo en el sofá para verla directo a los ojos—. Si tu corazón Gryffindor perdonará la crueldad con que te trató esa gente, esa eres tú. Yo no estoy obligado a tenerles ninguna consideración.
Hermione suspiró. Sabía que Draco tenía razón pero ella no era de esas personas que guardaba resentimientos. Había crecido con los Weasley, y el aprecio que ella y Harry les tenían, así como los buenos recuerdos de la adolescencia se mantenían. Por eso le había dolido tanto la postura que ellos adoptaron durante la ruptura con Ron, sobre todo Arthur y Molly, los hermanos habían sido un poco más ecuánimes pero solo un poco. Tampoco es que hubieran hecho mucho por ayudarla.
Pero también decidió que no valía la pena discutir con Draco a causa de los Weasley. Y permaneció en silencio. Draco continuó con el relato de lo sucedido en el hospital:
—En la reunión también estaba Gawain Robards.
—¿El Jefe de Aurores?
—Sí, Andrews y Donovan no querían darle ni un mínimo de oportunidad a Damiana La Loca, así que todas las evidencias fueron entregadas y puestas en custodia de la Oficina de Aurores. Robards procedió al arresto —le relató Draco.
Hermione contuvo la respiración. Al fin esa mujer iba a quedar al descubierto y pagaría por todas las intrigas, las mentiras, los ataques y todo el daño que había hecho. Ella que tanto se vanagloriaba de ser esposa de uno de los héroes de guerra, que se creía alguien de prestigio dentro de la sociedad mágica inglesa, quedaría marcada por siempre como una abusadora de menores y de haber dañado de gravedad a su propia hija.
—Se puso histérica, Hermione. Los alaridos se escuchaban por todo el hospital y ella, como siempre vociferò en tu contra, pero Robards le lanzó un hechizo silenciador y dijo con voz fuerte y clara que tù no estabas involucrada con la investigación del hospital y que las pruebas serían entregadas al Wizengamot para someterla a juicio. ¿Y a que no sabes que pasò? A la mujer le dio un ataque allí mismo. No sé si es muy buena actriz o en verdad el susto fue de tal magnitud, que hubo que sedarla y ha quedado en el hospital, bajo custodia de los Aurores.
Hermione suspiró con fastidio.
—Así que todavía está en el hospital. ¿No sabes por cuánto tiempo?
—El necesario para estabilizarla y trasladarla a Azkaban. No creo que tarden más de veinticuatro horas. Está monitoreada 24/7 para evitar que haga algo idiota como suicidarse o atacar a Maddie.
—Bueno, en medio de todo, me alegra que el próximo turno será el último con el que tendré que lidiar con la presencia de esa mujer en el hospital. Harry estará más tranquilo porque mañana se reincorpora a su trabajo en el Cuerpo de Aurores —le soltó ella.
—¿Disculpa?
—Sí, me llamó esta tarde para avisarme que su jefe le mandó una lechuza ayer cuando estábamos en el hospital. Era urgente que volviera a su puesto porque su ausencia se había extendido por muchos días.
—¿Cómo te sientes por eso?
—¿La verdad? Me sentía un poco temerosa. Sin ofender, porque tú y Luna pueden ser de mucho cuidado frente a un oponente…
—Pero el Elegido, es el Elegido —la interrumpió Draco con cierto retintín irónico.
—Harry es Harry, mi hermano del alma que siempre ha cuidado mis espaldas —afirmó Hermione y ella continuó como si Draco no la hubiera interrumpido—. Así que ahora que el caso de Damiana está por resolverse y que ella está custodiada por Aurores me siento más confiada. Por eso también la urgencia de practicar con el boggart. Aunque salga libre, esa mujer no volverá a meterse conmigo otra vez.
Lo dijo con tanta resolución y fuerza que Draco no pudo evitar darle un gran beso allí mismo. A él no le importaba protegerla de esa loca, pero era tan tranquilizador verla tomar las riendas de la situación. Además, para Draco los labios de Hermione eran adictivos. Simplemente no quería dejar de besarla, pero después de un rato, Hermione le ofreció algo de comer y se movieron a la cocina.
Ella comenzó a cocinar algo sencillo. Draco solo la observaba. Para qué iba intentar ayudarla si lo más probable era que se le quemara hasta el agua. Jamás había puesto un pie en la cocina de Malfoy Manor por iniciativa propia, y las veces que lo había hecho había sido por alguna emergencia. Tenía elfos que cocinaban y le servían en su habitación o donde lo solicitara. Y sin embargo, disfrutó de ayudarle a preparar la mesa, sacar los platos y sentarse a comer, con esa familiaridad que solo lo cotidiano podía darles.
Hermione estaba feliz y relajada. Se le notaba. Nada que ver con la Hermione de un par de meses atrás que siempre observaba por encima de su hombro llena de paranoia.
La noche avanzó tranquila pero Draco no solo había llegado pararon a tener una cita con ella. Aunque la verdad, los dos morían por tener una cita de verdad, salir a cenar o ir al teatro y que el mundo mágico se pusiera frenético con el chisme de su relación, pero el tiempo para presentar su tesis se acercaba y necesitaban dedicarle más tiempo para avanzar en ella. Se habían instalado en la isla que le servía de comedor y que estaba en la cocina, pues era un poco más cómoda que quedarse en la sala, cuando unos golpes secos e insistentes sonaron en la puerta de Hermione.
Hermione levantó su mirada del libro que devoraba en ese momento y vió sorprendida a Draco.
—Yo no he dado mi dirección muggle a nadie.
De inmediato, ambos sacaron sus varitas y sigilosamente se acercaron a la puerta.
—Mira quien es —le dijo Draco en un susurro.
Hermione se acercó a la mirilla de la puerta y Draco solo la observó abrir más sus ojos sorprendidos, como si no pudiera dar crédito a lo que le decían sus propios ojos.
—Es Ron —le informó al fin siempre en voz baja—, y no sé cómo pudo averiguar mi dirección, ni quien fue capaz de dársela...
Los golpes en la puerta continuaron. Hermione, ¿estás allí?, le escucharon preguntar casi a gritos.
—Espero que no haya sido alguien del hospital, que mañana exigiré su despido —dijo Draco con tono seco—. Bien, veamos qué quiere la comadreja.
—Draco, no quiero meterme en pleitos innecesarios. Prefiero ignorarlo y no abrirle.
—No son innecesarios —replicó Draco—, y èl es el necio que viene a tocar a tu puerta ahora que todo lo de Damiana está al descubierto de la familia. Yo prefiero que se quede tan lejos de ti como ha estado todos estos años. Para eso, tenemos que cortar de tajo lo sea que quiera hablar contigo. Déjalo pasar y con mucho gusto le informaré que no tiene nada que buscar aquí.
Hermione dejó salir un pequeño suspiro de hastío, ella no era de las que se dejaba mangonear fácilmente pero comprendía el punto de Draco. Ron la había humillado y luego la había borrado de su existencia. No se había acercado a ella en todos estos años, ¿a cuenta de què venía a molestarla ahora que se había revelado la verdad sobre Damiana? Era necesario ponerle un freno de inmediato.
Hermione abrió la puerta levemente, solo asomando la cabeza. Trataría todo lo posible de deshacerse de él sin necesidad de dejarlo pasar. La puerta se mantenía con su cadena de seguridad colocada.
—Buenas noches, Ron.
—Hola, Hermione, necesito hablar contigo un momento —dijo Ron jovial como si nada entre ellos hubiera pasado. Ni el divorcio, ni los años que habían pasado sin dirigirse la palabra.
—Yo no tengo nada que hablar contigo. Regresa a tu casa, a tu adorable mujer y a tu hija —le respondió ella, aparentando que no sabía nada de lo sucedido en el hospital esa tarde.
Ron se rascó la nuca en un gesto nervioso.
—Es sobre eso que debo hablarte…
—Yo no tengo absolutamente nada que hablar contigo. No me interesa nada que puedas decirme —le interrumpió Hermione, quien intentó cerrar la puerta. Ron se apoyó en ella con su cuerpo para evitar que Hermione la cerrara.
—Mira Hermione, es importante que tú...
—Déjalo pasar, Hermione —la voz de Draco sonó fuerte desde dentro del apartamento, interrumpiendo a Ron, quien comenzó a ponerse colorado y su rostro cambió de afable a furioso en dos segundos. Ese era el Ron que ella recordaba tan bien de sus últimos días de matrimonio.
Ella dejó salir un suspiro de hastío y retiró la cadena para dejarlo pasar. Entonces, Ron empujó la puerta, haciéndola trastabillar por el golpe.
—¿Qué está pasando aquí? —preguntó enojado, deteniéndose en el pequeño vestíbulo en la entrada del apartamento para encararla.
—Mi vida personal no es de tu incumbencia —le replicó Hermione muy indignada—. Dejó de serlo hace muchos años.
—¡No me vayas a salir con que te has liado con Malfoy! —le reclamó Ron quien se dirigió hacia la sala como Juan por su casa y con una actitud como si estuviera sorprendiendo a Hermione en una infidelidad.
—¿Y qué si me he liado con él? ¡No es de tu maldita incumbencia! ¿Qué te has creído? No puedes invadir mi apartamento después de todos estos años y tratarme como si yo estuviera haciendo algo indebido. Eres un cínico... —le reclamó Hermione, que caminó tras él varita en mano. La levantó para maldecirlo, al muy estúpido. Pero cuando llegó a la sala del apartamento, paró en seco.
En esos pocos segundos y de seguro con un solo movimiento de varita, Draco había abierto varios botones de su camisa dejando ver su pálido pecho y se había descalzado, dando la impresión de que Ron los había interrumpido en un momento de intimidad. Ron parecía un pez boqueando fuera del agua. Hermione no sabía si agradecer el gesto de Draco o reclamarle, porque era obvia su intención de sacar de sus casillas al otro. Y ella no sabía si eso sería contraproducente, sobre todo sabiendo que Ron Weasley tenía la inteligencia emocional del tamaño de un garbanzo.
No tuvieron que esperar mucho para que Ron comenzara a vociferar.
—¡Ya sabía yo! ¡Siempre lo supe! Eres una perra cualquiera, que se involucra con el primer… —Ron calló de pronto, y se llevó las manos a la entrepierna como si alguien le hubiera pateado.
—Bien, Weasley, es un placer verte. Como siempre eres lo más educado que alguien podría esperar —le saludó Draco con ironía y cruzándose de brazos, con la varita en su mano.
—¿Qué me has hecho?
—¿Yo? Absolutamente nada —respondió él aparentando inocencia y encogiéndose de hombros de manera despreocupada..
—No te hagas el imbécil… —dijo Ron con la voz ahogada.
—El único imbécil aquí eres tú, quien cree que puede venir a gritarle a mi novia como si todavía tuviera algún derecho sobre ella. Ella es una dama y la tratarás como tal.
—¿Tu novia? —preguntó Ron casi escupiendo las palabras.
—Así es, Weasley: . —le respondió puntualizando las palabras—.Y te aconsejo que mantengas las distancias con ella. Suficiente ha tenido que aguantar Hermione con la loca de tu mujer gritándole por los pasillos del hospital. No te quiero cerca de ella, ni a ti ni a nadie relacionado contigo. ¿Entendido?
Ron aún tuvo el descaro de volverse hacia Hermione. Ella lo cortó sin siquiera dejarlo hablar.
—Yo estoy de acuerdo con Draco. No tienes nada que buscar conmigo, no después de haberme humillado como lo hiciste frente a tu familia y nuestros amigos. No tienes ningún derecho de reclamar, ni de exigir, ni de buscarme en mi apartamento. Hace años que perdiste el derecho de siquiera dirigirme la palabra. Ahora haz el favor de retirarte.
—Hermione, tú y yo… —comenzó Ron casi de manera suplicante.
Ella sacudió ligeramente la cabeza con incredulidad.
—¿Tú y yo? ¿Es en serio? ¿Eres tan obtuso que crees que yo pueda querer algo contigo? ¿Después de todo lo que pasé contigo, tu familia y Damiana? Sal de mi apartamento en este instante.
—Yo no me iré de aquí hasta que Malfoy revierta lo que me ha hecho.
—No —dijo un tajante Draco.
—Por Merlín, ¿qué me has hecho? —volvió a preguntar Ron.
—Ya te dije que yo no te hice nada. Como Sanador, puedo diagnosticar que tienes la polla del tamaño de un maní y que tendrás que buscar ayuda profesional para que averigüen cuál es el hechizo y sobre todo, para que encuentren el contra hechizo —Draco le dedicó su mejor sonrisa ladeada. Hermione no lo pudo evitar y ahogó una risita.
—Les diré a todos que tú fuiste el responsable.
—Por mí, puedes publicarlo en El Profeta —le replicó Draco—. Seguro que nadie te creerá. No después del escándalo de lo que ha hecho tu mujer. Siendo yo uno de los Sanadores a cargo del caso, es obvio que estás igual de chalado que ella y por eso quieres manchar la intachable reputación que tengo en el hospital.
—Malfoy, yo no puedo llegar así... al hospital… qué vergüenza…—balbuceó.
Draco se encogió de hombros, despreocupado.
—Para que veas lo que se siente —dijo con la sonrisa irónica—, sí, eso precisamente: lo que se siente ser humillado y no poder hacer nada al respecto. Tal vez así tomas en serio mi advertencia: No te acerques a Hermione otra vez. Ella sabe defenderse, lo sé muy bien. Es incluso más fuerte que cuando lucharon contra Voldemort. Pero que sepas, que yo me cobro las ofensas de manera diferente. Espero que no seas tan estúpido como para comprobarlo de nuevo.
Para sorpresa de Draco, en ese momento Hermione acercó su varita a la sien de un contrariado y sobretodo, desprevenido Ron.
—Obliviate Lectus (1) —le lanzó.
Ron se quedó como pasmado. Draco volvió a ver a Hermione muy sorprendido. Ahora comprendía muy bien la postura de Harry cuando presionaba a Hermione a ponerle un alto a Damiana. Draco estaba comprobando que ella tenía un alto dominio de hechizos defensivos y ofensivos, esa loca no era una rival que le llegara ni a los tobillos.
—Lo siento —se excusó ella encogiéndose un poco de hombros—, pero no estoy con paciencia para lidiar con él.
Draco enarcó una ceja irónica. Entonces ella se paró frente a Ron y le vio directo a los ojos.
—Ron, viniste a buscarme y Draco te informó de nuestra relación. Te fuiste después de discutir con nosotros. Alguien te atacó a la salida del edificio. No lograste ver quién era, solo escuchaste que era por culpa del daño que Damiana causó a Madeleine. Una especie de venganza por ser tan poco hombre con tu esposa —habló Hermione como dando un discurso. Draco ahogó un bufido por esto último—. Vas a despertar en el callejón trasero del edificio y te irás a buscar ayuda a casa de tus padres.
Hermione entonces lo tomó de la mano y se desapareció. Draco no había terminado de parpadear por lo repentino de su desaparición cuando ella ya estaba de regreso en la sala. Ella impávida guardó su varita en el bolsillo de su pantalón.
—No sé si estoy sorprendido o asustado.
—Prefiero que estés sorprendido —dijo ella con una sonrisa.
—¿Eres tan buena con el Obliviate que dominas también el borrado de memoria selectivo?
Ella le vio como una niña atrapada en una falta. Poco le faltó para deslizar su pie hacia adelante y hacia atrás, y hacerle un puchero. Pero entonces Hermione se cuadró de hombros y con actitud decidida caminó de regreso a la isla de la cocina donde estaban todavía los pergaminos y los libros. Se sentó en el taburete y le vio a la cara.
—Hay muchas cosas que aún no sabes sobre mí —le respondió ella, mientras Draco mascullaba un Eso es obvio—, pero sí, tengo dominio del hechizo de borrado de memoria selectivo. Es una de las tantas lecciones que me dejó la guerra.
—Sí, tienes razón, la guerra nos dejó a todos varios regalitos —dijo él con un poco de mordacidad.
Draco caminó hacia ella aun descalzo e iba a comenzar a abotonarse la camisa cuando descubrió la mirada de Hermione fija en sus pectorales. Sus ojos se movieron desde su pecho hasta su entrepierna y de nuevo hacia arriba. Su cuerpo reaccionó inmediatamente a la mirada de deseo de Hermione y su pantalón comenzó a sentirse un poco más apretado. Dioses, la deseaba con locura. Hermione le vio directo a los ojos y se ruborizó al verse descubierta observando el cuerpo de Draco.
—¿Admirando la vista? —le preguntó Draco.
—Mucho —respondió ella con una exhalación. Tal vez no fuera su intención, pero Hermione habló como si ver a Draco con la camisa semi abierta la dejara sin respiración.
Él ya no se contuvo más. Se acercó a ella con paso apresurado, enterró su mano en la base de la nuca de Hermione y la atrajo hacia sì, tomando posesión de su boca. La besó con fuerza para luego mordisquear con suavidad su labio inferior. La sintió gemir contra sus labios. Hermione había terminado de desabotonar la camisa de Draco y deslizó sus manos subiéndolas por su pecho y hacia sus hombros retirando la prenda. Se separó ligeramente para admirar el pecho fornido de Draco.
Draco entonces besó su mandíbula y dejó un camino de besos húmedos hasta bajar a su cuello, desabotonándole la blusa y acariciando sus pechos por encima de su sostén. Pellizcó con suavidad uno de sus pezones. Hermione gimió contra su pecho por la caricia y besó su pectoral justo arriba de su corazón. Las manos de la chica bajaron por su cintura, acarició su abdomen, desabrochó el cinturón para abrir sus pantalones.
Ella estaba por meter su mano dentro de los pantalones de Draco para sentir su dureza, cuando él la detuvo tomándola por la muñeca.
—¿Estas segura de esto? —le preguntó él jadeando contra su boca.
—Draco, nunca he estado más segura de algo en toda mi vida —le respondió ella.
Draco gruñó de deseo contra su boca, la tomó por los muslos para levantarla del taburete donde ella estaba sentada. Sin dudarlo, Hermione se aferró a su cuello y enrolló sus piernas en su cintura. Ya no les importó nada. No importó que Ron estuviera inconsciente fuera del edificio, ni el drama de Damiana en el hospital, ni los libros y pergaminos dispersos sobre la mesa con la tesis a medias. Sin decir una palabra más, Draco los condujo a la habitación.
-.-.-.-.-.-.-.-.
Espero que les haya gustado. El capítulo terminó con medio limonazo. Prometo que el siguiente capítulo comenzará con limonazo completo. Palabra de honor.
¡Los reviews son bienvenidos y muy apreciados!
