Capítulo 13
No sabía cómo exactamente, pero Sydney estaba ahora abrazada a él y… ¿estaba llorando?
-¡Nigel! Tenía tanto miedo… ¿Cómo has salido de la habitación?
-Pues… por increíble que parezca, Sarah me llevó hasta un pasadizo. ¿qué haces tú aquí?
-Margaret me condujo de vuelta a la cripta, me dijo que abriese la trampilla y que caminase hacia aquí.
-¿Este pasadizo lleva hasta la cripta?
-Sí- la profesora consiguió soltar a su asistente-, también lleva hacia otro sitio si se camina en la dirección contraria. ¿Estás bien?
-Estaré mejor en cuanto pueda respirar aire de verdad- se quejó el inglés. -¿De dónde crees que viene ese olor?
-Probablemente, de ahí- Sydney enfocó la luz de su linterna hacia una esquina. Apoyado en la pared, reposaban los restos de una monja, a juzgar por el hábito que cubría el cadáver, que permanecía en casi un estado de momificación debido a la atmósfera del pasadizo, que había permanecido tantos años en el más absoluto de los olvidos. Nigel hizo un gesto de desagrado- ¿Quién crees que será?- preguntó la cazadora.
-A esta no me la han presentado, no debe ser amiga de la familia… Por cierto, Syd, mira lo que he encontrado en la habitación antes del incendio- el inglés rebuscaba en su mochila y se perdió la mirada de culpabilidad que le dirigía su jefa. Sacó un diario.- Es de Margaret- explicó-, en él habla de una novicia, una tal Mary Richardson… por cierto que no sé dónde he visto yo ese apellido antes… bueno seguro que conocemos a millones de Richardson. Margaret cuenta que tiene sus dudas sobre la vocación de Mary y que Joshua le ha dicho que no confíe en ella, que había llegado al convento para hacerse con el brazalete y que había que evitar que se hiciese con él. También cuenta que fueron a un joyero a hacer una copia del brazalete, copia que Margaret llevaba puesta en algunas ocasiones para que Mary creyese que era el de verdad y no buscase más, mientras el verdadero permanecía escondido.
-Qué idea tan inteligente- se dijo la cazadora- ¿Cuándo has tenido tiempo de leer todo eso?.
-Bueno… digamos que empecé por el final, ya que nos interesaban los últimos días de Margaret. Además, tardé un poco en darme cuenta de que la habitación estaba en llamas- añadió con una sonrisa tímida.- También encontré esta caja- la abrió
-¡El brazalete! ¡Lo has encontrado!
-Tuve suerte, pero al abrir la caja noté el olor del humo y vi el incendio.
Sydney de nuevo volvió a la realidad, el entusiasmo por los hallazgos de su asistente le habían hecho olvidar que casi lo pierde en aquel incendio. Volvió a abrazar a un estupefacto inglés.
-Lo siento, lo siento tanto… nunca debí embarcarme en esta búsqueda, ni arrastrarte conmigo…
Sin saber muy bien cómo reaccionar, o más bien sin saber cuál sería la reacción de su jefa, Nigel acarició la espalda de Sydney intentando reconfortarla.
-No pasa nada- murmuró-, no pasa nada. ¿Crees que esa es Mary?- Si había algo que el británico sabía tras tantos años como asistente de la profesora Fox, era cómo distraerla. Si la volvía a entusiasmar con los descubrimientos, dejaría de pensar en lo que casi había ocurrido, y él le estaría profundamente agradecido por ello, ya que se sentía un poco incómodo y bastante asustado… si no hubiese sido por la pequeña Sarah, probablemente él se encontraría haciéndoles compañía a los fantasmas del tercer piso, vagando en ese convento toda la eternidad. Se estremeció ante la idea.
Nigel giraba el brazalete entre sus dedos sentado en el suelo mientras su jefa examinaba el pasadizo. Algo atrajo su atención.
-¡Aquí hay restos de otra persona!- gritó.
-De todos los conventos del mundo, hemos tenido que venir al de unas monjitas asesinas- masculló el inglés incorporándose. Sydney le miró sin decir nada- ¿Y quién crees que será?
-Las ropas… o lo que queda de ellas, parecen masculinas y el cadáver tiene pinta de ser de alguien de gran estatura y complexión ancha.
Tras pasar un rato observando el nuevo hallazgo sin descubrir nada sobre él, el inglés miró a su alrededor.
-¿Por qué tantos pasadizos? ¿Crees que conducirán al exterior? ¿Habrá más en otros pisos?
-Me he hecho la misma pregunta, no tiene mucho sentido que estén aquí si no sirven para que la gente salga en caso de emergencia.
-Bueno, a mí me ha hecho un buen servicio.-murmuró Nigel muy suavemente para que su jefa no le oyese- Has venido de la cripta, ¿viste algo referente a las tumbas?
-No me dio tiempo, tenía prisa por encontrarte. Vayamos hasta allí. Después podemos investigar hacia dónde lleva el otro lado del pasadizo.
El británico asintió con la cabeza, cualquier cosa con tal de salir de aquel lugar. Sus pulmones clamaban por algo de aire fresco.
-Ahí está la trampilla – anunció Sydney-, tampoco veo forma de ver el interior de las tumbas desde aquí.
-¿No crees que deberíamos avisar a la gente de que el tercer piso está en llamas?
-Nigel, algo me dice que no corren peligro. Al menos el fuego no había salido de la habitación en la que estabas.
-Pero esto está en ruinas, ¿y si se derrumba el edificio sobre todo el mundo?
-Creo que ese fuego era sólo para ti.
-¿Para mí? ¿Por qué? ¿Qué les he hecho yo?
Su jefa se encogió de hombros.
-Encontraste el brazalete.
-Pues no me tranquilizas en absoluto- protestó el inglés-. ¿Hay alguna razón por la que los espíritus no quieren que encontremos la joya?
-Bueno, si te parecen poco seis cadáveres…
Nigel no pudo evitar mirar divertido a su jefa.
-¿Cuándo hemos intercambiado los papeles?
La profesora Fox sonrió.
Caminaban por el pasadizo hasta que llegaron a una puerta. Tras ella, unas escaleras parecían, por fin, comunicar los tres pisos con el exterior. Habían dado con la salida de emergencias que estaban buscando. Las escaleras les llevaron hacia un bosque, cerca de desahuciado lugar en donde se encontraba la tumba de Claire.
-¿Y ahora qué?- preguntó Nigel sin disimular su alivio por verse al fin libre del enrarecido ambiente del pasadizo.- tenemos la joya pero seguimos sin saber qué ha ocurrido aquí, ¿hemos terminado nuestra búsqueda?
Sydney se giró para decir algo, pero una voz le interrumpió.
-Espero que no.
